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Grupos jacobinos españoles

 
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Autor Mensaje
Santiago Armesilla Conde



Registrado: 09 Oct 2006
Mensajes: 350
Ubicación: Madrid

MensajePublicado: Jue May 17, 2007 12:40 am    Título del mensaje: Grupos jacobinos españoles Responder citando

Navegando por Internet me he encontrado conwebs jacobinas españolas, todas de, supongo, partidos políticos (pongo extractos de sus programas):

Juntas Republicanas:

Cita:
UNA PROPUESTA DE RECONSTRUCCIÓN NACIONAL







1. HACIA LA REPÚBLICA NACIONAL



Ante la terrible crisis nacional que sufre nuestra Patria, entendemos que sólo existe una vía de salvación: la ruptura con el régimen de 1978, que conduce a España hacia la extinción, y el avance hacia la República Nacional.



Proponemos:



a) Una república unitaria de ciudadanos, y no de territorios “étnicos” y cortijos lingüísticos (“comunidades autónomas”, “nacionalidades”, “naciones”, “realidades nacionales”, “Estados asociados”, etc.). Protagonismo de las Provincias y los Municipios, con sus diversas formas de asociación.

b) Una república democrática presidencialista, con elección directa del Jefe de Estado por el conjunto de la Nación. Una única Asamblea Nacional, elegida sobre base provincial, ejercerá

funciones legislativas y de control del gobierno.

c) Magistratura y Fiscalía independiente de los partidos políticos.

d) La lengua oficial de la República, en todas sus instituciones, administraciones y niveles educativos, será el español. Se protegerá y promocionará a las demás lenguas de España sin que ello les confiera el carácter de cooficiales.

e) Una república laica, promotora de una moral nacional basada en los valores de verdad, justicia y libertad.



2. JUNTAS REPUBLICANAS ESPAÑOLAS



Si los patriotas españoles no emprendemos el camino de la acción masiva contra el vigente régimen, en formas cada vez más amplias, nuestro pueblo está perdido. No podemos seguirnos engañando con discursos electorales: todo depende principalmente de la movilización española directa.

Para ello es necesaria la formación de Juntas Republicanas Españolas por provincias, integradas por ciudadanos, sin importar su procedencia política. El ámbito de actuación de las Juntas debe ser nacional y su régimen de funcionamiento interno, democrático.



3. GOBIERNO DE RECONSTRUCCIÓN NACIONAL



La movilización popular estimulada por las Juntas debe favorecer la formación de un Gobierno de reconstrucción nacional de carácter provisional. Su tarea fundamental será la elaboración del proyecto de constitución que organice a España en República Nacional. Dicho proyecto se someterá a referendo constituyente del pueblo español, habiendo garantizado previamente que esa convocatoria se realice en las condiciones de la más completa libertad.



4. DESDE AHORA MISMO



El gobierno de reconstrucción nacional acometerá tareas que las Juntas asumen ya como objetivos orientadores de su acción inmediata:



Desarticulación y encarcelamiento de las tramas del terrorismo etarra y de sus imitadores y colaboradores fuera de Vascongadas. Ayuda material y reparación moral a las víctimas del terrorismo.

Esclarecimiento total, caiga quien caiga, de los atentados del 11 de marzo de 2004.

Reversión a la Administración General del Estado de todas las competencias entregadas a las autonomías en materia de educación, justicia, orden público y régimen penitenciario, hacienda, sanidad, vivienda, relaciones exteriores, urbanismo y ordenación del territorio, medio ambiente e inmigración.

Defensa del español como lengua oficial de nuestra Nación, que todos los ciudadanos tendrán el deber y el derecho de conocer.

Supresión de los contratos basura, del aumento de impuestos indirectos y de la carestía de la vivienda.

Repatriación de inmigrantes ilegales. Adecuación del flujo migratorio legal a las tasas de paro de los trabajadores españoles.









ESPAÑA, VICTORIA, SALVACIÓN





Marzo 2007



Partido Nacional Republicano

Cita:
Programa Fundamental del Partido Nacional Republicano

Aprobado en la V Conferencia del Partido Nacional Republicano, 30 de septiembre de 2006.



El vigente régimen monárquico, con sus partidos corruptos y antinacionales y sus cortijos autonómicos, precipita la destrucción de nuestra Patria. Pero existen, sin duda, españoles dispuestos a resistir. Les llamamos a una lucha sin desmayo por la reconstrucción nacional de España.

No proponemos el retorno a nada anterior. Son necesarias profundas transformaciones democráticas y sociales. En primer lugar, para asegurar la pervivencia de España. Y también, para que España ocupe un lugar destacado en la construcción de una nueva Europa, en lugar de la presente Eurolandia.

Tales tareas hacen preciso un partido político de firme oposición al régimen. Este partido existe y lucha: es el Partido Nacional Republicano. He aquí las bases de afiliación al mismo.



1. República española única e indivisible. La soberanía nacional residirá en el conjunto del pueblo español: ningún territorio, grupo o individuo podrá usurpar facultades inherentes a su ejercicio. Igualdad de los españoles ante la ley y en cuanto a condiciones sociales de desarrollo, con independencia de la región en que hayan nacido.

2. República presidencialista, con elección directa del Jefe de Estado por el conjunto de la Nación y nombramiento del Gobierno por el Jefe del Estado. Atribución de la función legislativa y de control del Gobierno a una única Asamblea Nacional, formada por sufragio universal, libre, directo y secreto, sobre la base de la circunscripción provincial.

3. Magistratura independiente, cuya instancia máxima, el Tribunal Supremo, sea elegida por los propios encargados de juzgar y aplicar lo juzgado. Fiscalía igualmente independiente, con fuerzas de seguridad exclusivamente subordinadas a la misma.

4. Ordenación territorial en régimen de descentralización administrativa, basada en las Provincias y los Municipios, con sus diversas formas de asociación: mancomunidades, áreas metropolitanas y comarcas. Derogación del sistema de las autonomías, tanto en su versión originaria, como en su actual deriva confederal. Abolición de toda forma de régimen foral, conciertos y demás modalidades de privilegio territorial.

5. La lengua oficial de la República, en todas sus instituciones, administraciones y niveles educativos, será el español. Todos los ciudadanos tendrán el deber y el derecho de conocerla. Además se garantizará en los planes de estudios el conocimiento del resto de lenguas españolas en todo el territorio nacional.

6. Sistema educativo enteramente público y gratuito, con una doble función: promover la educación nacional de las nuevas generaciones y transmitirles el saber.

7. Dignificación y nacionalización de nuestras fuerzas armadas: ¡no deben ser lastimosas ONGs, ni tropas auxiliares de intereses ajenos a España!

8. República laica. Autofinanciación de las confesiones. Libertad religiosa y de culto de los ciudadanos dentro del respeto al orden público. Sin embargo, la política migratoria evitará que la religión islámica, contraria a nuestra cultura política, adquiera arraigo masivo en nuestra Patria.

9. Consideración de la seguridad pública como condición indispensable del ejercicio de las libertades y derechos. Preeminencia de la función de ejemplaridad de la sanción penal y de la atención a las víctimas de la delincuencia.

10. Nuevo socialismo para hacer frente a la penetración imperialista, liberar a nuestra Patria del yugo del gran capital, dotar de sustancia efectiva a la igualdad de oportunidades de los ciudadanos y elevar el Trabajo al predominio que le corresponde.

11. Ingresarán en la esfera de la titularidad pública el sistema financiero, sector de la energía, industria electrónica y química, siderurgia, industria farmacéutica, seguros, sistemas de protección social y otros sectores decisivos, hoy en manos de los oligopolios, así como los servicios esenciales (grandes medios de transporte, sanidad, enseñanza, etc.). El mercado será objeto de regulación en tantos aspectos como requieran los intereses nacionales. Asimismo, se habilitará a la Administración general y local para el ejercicio de la iniciativa pública en ese ámbito en cualquiera de sus formas.

12. Plan Nacional de Trabajo, con las siguientes orientacio­nes: máximo fomento tecnológico para un rápido rearme industrial, modernización de la agricultura, cabaña y flota pesquera, y un ambicioso proyecto de reforestación; desarrollo equilibrado de las regiones y el fin de las tendencias al acaparamiento exclusivista de recursos naturales; búsqueda de la suficiencia energética, con recurso a la energía nuclear en condiciones óptimas de seguridad y protección del medio ambiente; efectiva garantía de trabajo para todos los españoles; creación de una institución dotada de financiación y potestad expropiatoria que le permitan la adquisición masiva de suelo, para la construcción de viviendas de protección oficial; fiscalidad basada en la imposición directa y progresiva; cancelación de los compromisos de disciplina monetaria, acuerdos de libre circulación de capitales y mercancías y aceptación de cupos de producción suscritos en beneficio de otras naciones.

13. Salida de España de la OTAN y denuncia del Tratado de Cooperación con EE.UU. sobre bases militares. Eliminación del dominio colonial inglés sobre Gibraltar.

14. Defensa de la españolidad de Ceuta, Melilla y las is­las Canarias. Propuesta de una vinculación federativa a los antiguas provincias españolas del Sahara y Guinea.

15. Rechazo de la actual Unión Europea. Alianza con to­dos los movimientos decididos a instaurar una Europa realmente democrática, socialmente avanzada y articulada mediante fórmulas confederales.

16. Oposición a la inmigración ilegal y a la inmigración legal ilimitada.



Movimiento Ciudadano por la Republica Constitucional

Cita:
Reproduzco la Declaración de Principios y Valores publicada por don Antonio García Trevijano en su página:

I. Porque los seres humanos no nacen iguales en capacidad física y mental, ni en condición social, la Sociedad y el Estado deben garantizar la igualdad de derechos y de oportunidades.
II. Porque existe un imperativo moral en todas las conciencias, es condenable el oportunismo personal, social y político.
III. Porque los individuos no pueden desarrollar sus vocaciones ni sus acciones fuera del contexto social, la lealtad es fundamento de todas las virtudes personales y sociales.
IV. Porque los españoles padecen temores derivados de su tradicional educación en el Estado autoritario, solo la valentía personal puede crear la fortaleza de la sociedad civil frente al Estado.
V. Porque durante siglos se ha sacrificado y despreciado la inteligencia y el espíritu creador, apartándolos de los centros de enseñanza, del Estado y de los Partidos, esas facultades individuales han de organizarse para tener presencia activa en la sociedad civil.
VI. Porque la decencia constituye el decoro de la civilización, la sociedad civil debe civilizar a los Partidos y Sindicatos, sacándolos del Estado.
VII. Porque entre el Estado de Partidos y la sociedad civil no existe una sociedad política intermedia, la parte más civilizada de aquella debe orientar la formación de ésta, sin el concurso del Estado.
VIII. Porque la política afecta al universo de gobernados, si el lenguaje de políticos y medios comunicativos no es directo, correcto y expresivo del sentido común, disimula una falsedad o esconde un fraude.
XI. Porque no son legítimas las razones ocultas del poder político, siempre será ilegitima la razón de Estado.
X. Porque a la razón de gobierno solo la legitima la libertad política de los que eligen el poder ejecutivo del Estado, son ilegítimos, aunque sean legales, todos los gobiernos que no son elegidos directamente por los gobernados y no pueden ser revocados por éstos.
XI. Porque la razón de la ley está en la prudencia de legisladores independientes, elegidos por los que han de obedecerlas, no son respetables, aunque se acaten, las leyes emanadas de Parlamentos dependientes del Gobierno.
XII. Porque la razón de la justicia legal está en el saber experto de una judicatura independiente del gobierno y del parlamento, no pueden ser justas ni dignas las resoluciones de una organización judicial dependiente de ambos poderes.
XIII. Porque la razón del elegido está en el mandato unipersonal, imperativo y revocable del elector, es fraudulento el sistema proporcional de listas, que solo representa a los jefes de partido.
XIV. Porque los medios de comunicación forman la opinión publica, no puede ser imparcial ni veraz la información controlada por un oligopolio de poderes económicos.
XV. Porque la corrupción es inherente a la no separación de los poderes estatales, solo la puede evitar, con su separación, el recelo y la desconfianza entre sus respectivas ambiciones.
XVI. Porque las Autonomías fomentan los nacionalismos discriminadores o independentistas, deben ser compensadas integrándolas en la forma presidencial de Gobierno.
XVII. Porque las Autonomías fomentan gastos públicos improductivos, sus competencias susceptibles de ser municipalizadas deben de ser transferidas a los Ayuntamientos.
XVIII. Porque la Monarquía de Partidos carece de autoridad para garantizar la unidad de la conciencia española, y ha sido foco de golpes de Estado y corrupciones, debe ser sustituida por una República Constitucional, que separe los poderes del Estado, represente a la sociedad civil y asiente el natural patriotismo en la forma presidencial de Gobierno.
XIX. Porque la única razón de la obediencia política reside en el libre consentimiento de los gobernados, éstos conservan su derecho a la desobediencia civil y resistencia pasiva, sin acudir a la violencia, frente a todo gobierno que abuse del poder o se corrompa.
XX. Porque el pasado no puede ser revivido, sin imponerlo la fuerza del Estado, no es posible la restauración pacífica de la II República.
XXI. Porque el sistema de poder de las naciones europeas, ideado para la guerra fría, no es democrático, los españoles están obligados a innovar su cultura política para llegar a la democracia como regla formal del juego político.

Por lealtad a la sociedad civil, los Partidos Políticos, Sindicatos y Organizaciones No Gubernamentales no pueden ser financiados por el Estado; y por lealtad a la conciencia personal de los integrantes de este Movimiento de Ciudadanos, el MCRC no se transformará en partido político, y se disolverá tan pronto como su acción se agote con el referéndum que ratifique la Constitución democrática de la III República Española.

Actualización:

Dada la importancia de esta declaración, y lo necesario que se hace difundirla, he diseñado unos pergaminos con la Declaración de Principios, que enlazadas desde nuestras páginas, o simplemente enviadas en forma de correo, hacen que sea fácil y atractiva la lectura.


Podemos comentar un poco la idiosincrasia de estos grupos.
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José Mª Rodríguez Vega



Registrado: 11 Oct 2003
Mensajes: 1429

MensajePublicado: Jue May 17, 2007 6:48 am    Título del mensaje: Alicios necios. Responder citando

Nunca comentas nada. Entonces parece que no podemos...


Te recuerdo, apreciadísimo Armesilla, que esto no es un Foro de "comentarios", sino de debates. Yo, por ejemplo, hago todo lo posible para ser odiado.
...................
¿No te parece una completa indecencia ese "Movimiento Ciudadano por la Republica Constitucional" del sinvergüenza del Antonio García Trevijano?

El punto IV suyo es particularmente asqueroso y su punto VII ya es el colmo:

Cita:
<<IV. Porque los españoles padecen temores derivados de su tradicional educación en el Estado autoritario, solo la valentía personal puede crear la fortaleza de la sociedad civil frente al Estado.

VII. Porque entre el Estado de Partidos y la sociedad civil no existe una sociedad política intermedia, la parte más civilizada de aquella debe orientar la formación de ésta, sin el concurso del Estado.>>


Me pregunto quién -aparte de su subjetivo e idealista "imperativo moral de su conciencia" aludido en el punto II-, puede o debe educar a la sociedad civil en su fortaleza, y quién educa a la "parte más civilizada" del Estado de partidos o de la "sociedad civil"...(¿habrán visto alguna vez estos lumbreras un "Estado sin partidos"?), y se habrán puesto a pensar cómo es posible cualquier "educación" de la sociedad civil sin el concurso del Estado..., cuando decir educación es decir Estado? ¿Cómo se puede educar a la sociedad civil por el Estado de partidos sin el concurso del Estado... de partidos?
Claro es que Estado sin partidos y sociedad civil sin Estado sólo significa Partido Único y Estado autoritario. ¡Menudos majaderos!

Es muy gracioso eso del punto XIX, ("derecho a la desobediencia") ya que eso supone tener un derecho para vulnerar ese mismo derecho. Ni se enteran que la desobediencia no es cosa del "Derecho", sino de la "Política", que como esencia libre que es, puede enfrentarse a todas las demás esencias cuando le de su real gana. Desobedecer no es un "derecho", sino un acto de la voluntad que anula precisamente el derecho..., pues así como no hay un "derecho natural" a la obediencia, tampoco lo hay a la desobediencia.

Más que jacobina, como dices, parece que esta web del Trevijano y su entero partido es pura estupidez. Su punto XI dice: <Porque no son legítimas las razones ocultas del poder político, siempre será ilegitima la razón de Estado.> Como ves es un verídico almodovariano digno del planeta Invertina visitado por el piloto Pirx. Y es también un completo traidor a la Patria y a la "sociedad civil" de esa Patria, ya que quién niega la "Razón de Estado" afirma la Razón de los demás Estados contrarios y está dispuesto siempre a desvelarla, esto es, a traicionarla, pues quién no tiene secretos no tiene interés o tiene el interés en otra parte. ¿Cómo pueden saber si son o no son legítimas esas razones "ocultas"? Quién no oculta nada será engañado por todos.

En fin, que más que jacobinos estos son imbéciles o listillos, alicios necios que predican una inanidad (pensamiento alicio y maléfico siempre) para y con la esperanza de chupar poltrona, bien en el Estado que denostan (desde el Estado), bien en el partiducho que se han fabricado para la horma de su engaño. Los excrementos andan siempre en todas partes. Un asco. Adiós.
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Santiago Armesilla Conde



Registrado: 09 Oct 2006
Mensajes: 350
Ubicación: Madrid

MensajePublicado: Jue May 17, 2007 2:48 pm    Título del mensaje: Responder citando

Ciertamente, con Trevijano el jacobinismo es más que discutible. Así que me centraré en el Partido Nacional Republicano (PNR).

En ciertas páginas web como la de la "Asociación de Técnicos de Informática", el PNR está ubicado dentro de los partidos de derecha, junto con el PP (por cierto, ahí no aparecen ni CiU ni el PNV). Pero, leyendo los postulados del PNR, yo al menos niego que éste sea un partido de derecha, más bien al contrario.

Cita:
Un nacionalismo español de liberación

Extractos de las resoluciones programáticas fundamentales aprobadas por el Congreso Constituyente del PNR (mayo de 1996), con las modificaciones introducidas por la I Conferencia Nacional (septiembre de 1999) y la III Conferencia Nacional (julio 2001).



1. LA NACIÓN ESPAÑOLA COMO PARADIGMA DE LIBERTAD E IGUALDAD

“El PNR pretende el acabamiento completo de nuestra construcción nacional. Ello le opone sin remisión al régimen actualmente vigente. Éste incluye residuos del mundo pre-moderno, empezando por la propia institución monárquica, una situación de privilegio para la iglesia católica y la pervivencia de anacrónicos regímenes forales. A ello se han sumado, desde 1978, las comunidades autónomas, unas nuevas feudalidades territoriales que buscan regresar más allá del orden medieval, al tiempo de las tribus. Todo ello con el apoyo de los grandes poderes económicos y el adorno de un tenderete parlamentario liberal”.

“El PNR asume la concepción nacional cívica y republicana, lejana heredera de Roma, que fue desplegada por algunas corrientes de la Gran Revolución de 1789. De acuerdo con ella, postula la constitución de España en comunidad política unitaria: en vínculo de ciudadanía capaz de aunar en la misma tarea histórica a personas diferentes en cuanto a lengua, características físicas, ideas religiosas o costumbres; en proyecto colectivo a cargo de ciudadanos iguales, no sólo en derechos constitucionales, sino también en cuanto a condiciones sociales de desarrollo”.

“El PNR es un partido promotor de un nacionalismo de liberación española integral. Ello implica, de cara afuera, liberación respecto del dominio imperialista. Y de cara adentro, liberación respecto de la hegemonía del gran capital, del poder oligárquico de la vigente partitocracia monarco-liberal y de la obra desintegradora y opresiva del secesionismo de ricos operante en regiones enteras de España.

A la vez, el PNR rechaza otros conceptos de la Nación y del nacionalismo. En primer lugar, la concepción liberal de la Nación, identificada con la "sociedad civil", un agregado de individuos en la esfera del mercado y la cultura. Rechaza también el nacionalismo "identitario", cuyos soportes son la raza, la lengua y la religión ancestral en proporciones variables y una de cuyas versiones fue el nacional-catolicismo franquista. Ambas concepciones aparecen empotradas en la vigente Constitución. La primera de ellas reduce España a la categoría de un animal invertebrado, a una suma de productores-consumidores y contribuyentes que pueblan un territorio determinado bajo un artilugio llamado "Estado español". La segunda, adosa torpemente al mencionado "Estado español", con la excusa de diferencias culturales respetables, unos proyectos políticos de índole divisionista, otorgándoles patente de corso sobre zonas enteras, las llamadas "nacionalidades".



2. SOBERANÍA NACIONAL

“Con el derrumbamiento del llamado "mundo socialista" y el triunfo del llamado "mundo libre" se ha ido instalando un escenario, el Nuevo Orden Mundial (NOM), que tiene como cabeza directiva a USA, como brazo armado a la OTAN, como mecanismo de legitimación a la ONU -en el caso en que Washington se digne consultarla- y en el que el liberal-capitalismo aparece como "fin de la historia" y único sistema posible a escala planetaria. Dentro de la ideología de ese imperialismo ocupan un lugar fundamental los "derechos del hombre": son esencialmente los derechos del individuo liberal, un propietario egoísta celoso de su "libertad". Invocando su defensa, USA y sus satélites proceden a continuas "injerencias humanitarias", pisoteando la soberanía nacional de pueblos enteros y devastándolos mediante aniquiladoras "guerras humanitarias.

El PNR preconiza una política exterior española autónoma respecto de los dictados del NOM. Esto implica reactivar las exigencias de salida de España de la OTAN y de denuncia del Tratado de Cooperación con USA sobre bases militares. Dedicar las fuerzas armadas a la defensa estricta de nuestros intereses nacionales, frente a su actual papel de comparsas del Pentágono en la agresión y masacre a otros pueblos, o de guardias de tráfico en conflictos suscitados por otros, poner fin al dominio colonial inglés sobre Gibraltar. Defender de modo intransigente la españolidad de Ceuta y Melilla”.

“La actual Unión Europea (UE) es básicamente una Eurolandia liberal capitalista con la que las naciones más poderosas del continente ponen las demás a su servicio, de cara a la concurrencia inter-imperialista mundial. Trama fundamental de este proyecto ha sido la orientación trazada desde Mastrique, que ha culminado con la entronización del euro. Paso a paso, ha significado la subordinación de los diversos Estados europeos a cumbres socio-políticas alejadas de cualquier posibilidad de control democrático, la imposición de disciplinas monetarias promotoras del paro en masa, la fractura social y las desigualdades territoriales, el sometimiento de las economías nacionales mediante la cadena de los Bancos centrales subordinados al Banco Central Europeo (BCE) -trasunto del Bundesbank y de la reserva federal norteamericana- y la libre y omnipotente circulación de los grandes capitales. Respecto de los países del Sur, entre ellos el nuestro, los fondos europeos y de cohesión han servido hasta el momento para anestesiar la ruina de campos y fábricas.

Eurolandia ha introducido factores de rígida centralización mediante instituciones pretendidamente técnicas, neutrales, como el BCE, guardianas de políticas que arrebatan a los Estados nacionales la posibilidad de dirigir aspectos esenciales de su vida económica. Pero esta centralización por arriba se combina con fuertes impulsos hacia el descoyuntamiento de dichos Estados por abajo. Eurolandia se abre paso a través de un amplio proceso de desvertebración nacional. Tras la partición de Checoslovaquia hemos asistido al sangriento estallido de Yugoslavia, secesionismo de Bossi, intentos de "federalización" de Italia y de "regionalización" de Portugal, avanzados procesos de desintegración en España, agresión contra Yugoslavia en apoyo al movimiento separatista de Kosovo, etc.”

“El PNR advierte que ni la "globalización", ni la "mundialización", suponen la superación del Estado nacional. Suponen tan sólo la crisis de los Estados nacionales débiles y desquiciados, como la España actual y, a la vez, imponen la necesidad de confluencias más amplias: bien sea para la promoción de bloques imperialistas, bien sea para alentar alternativas frente a esos bloques. El PNR se alinea en esta segunda posición.

Por ello, el PNR preconiza un impulso europeo diferente del actual, el de cuantos movimientos acepten como principios fundamentales la eliminación de la influencia USA sobre el continente y la sustitución de la actual Eurolandia y su dictadura del monetariado por una Europa solidaria del Trabajo, que avance a través de fórmulas confederales, respetuosas de las especificidades nacionales”.



3. LA REPÚBLICA COMO CRISOL DE LA NACIÓN

“La refundación nacional de España por la que lucha el PNR ha de significar la constitución de nuestro pueblo en República. La Nación política se identifica con la República democrática unitaria en tanto que nuevo modo de vida global. La República no agota su significado en la sustitución de un monarca por un presidente, aunque la englobe. La República ("res pública", cosa pública) aparece como contenido ético y conjunto de virtudes cívicas comunitarias que afirman la preeminencia de la "salud pública" sobre cualquier interés particular o sectorial, como haz de deberes y derechos que fundan la condición de ciudadano, una condición política no "natural", como entramado jurídico e institucional de una auténtica democracia.

La democracia no se limita a las libertades de expresión y de organización de partidos políticos, como creen las corrientes liberales. Democracia es, ante todo, formación y realización de la voluntad nacional con la máxima identificación entre gobernantes y gobernados. Su existencia efectiva hace necesario un sistema que posibilite a los ciudadanos una participación intensa y lo más directa posible en unos u otros tramos de la construcción política; el acceso de los ciudadanos a las funciones directivas con igualdad de oportunidades y en el grado que dicten el empeño y las capacidades de cada cual, y la selección y revocación de los dirigentes sobre la base de los criterios de competencia y de responsabilidad ante la Nación. Tales exigencias son burladas por el actual Estado de partidos, pajes de la monarquía, que promueven una forma de dominio oligárquica y antinacional”.

“El PNR defiende la abolición de la institución monárquica, que impide acceder a la Jefatura del Estado a los españoles capacitados para ello; bendice la dominación rapaz de las finanzas y el sometimiento a los dictados del Nuevo Orden Mundial; otorga investidura a una partitocracia corrupta y degenerada y preside la desintegración de España mediante el "Estado de las Autonomías".

“El PNR lucha por una República unitaria, dotada de instituciones que organicen a la Nación española como un todo indiviso y, a la vez, articulen una ordenación territorial en régimen de amplia descentralización administrativa. Piedras angulares de esta nueva ordenación serán los Municipios, con sus diversas formas de asociación para la prestación de servicios en conexión directa con los ciudadanos (mancomunidades, áreas metropolitanas y comarcas) y las Provincias. Esta ordenación arrumbará el sistema de los actuales parlamentos y gobiernos "autónomos", trampolines de encumbramiento caciquil, dispositivos de asfixia de la vida municipal, pozos sin fondo de despilfarro y focos de cantonalismo mezquino.

Bajo una unidad política clara y total, con una voluntad radical de integración en el proyecto político común de España, se fomentará una completa autonomía cultural, al ser la diferenciación en lenguas y culturas una riqueza más de la Nación española, que debe no sólo conservarse sino también alentarse, en vez de ser, como ha ocurrido entre nosotros, un pretexto para luchas políticas disgregadoras o para su reverso, tentativas de empobrecimiento unilateral del acerbo cultural de España”.



4. POR UN SOCIALISMO MAYOR DE EDAD

“El sistema social capitalista entraña una degradación del trabajo al papel de mera mercancía entre otras mercancías. Reposa sobre estructuras de propiedad en cuyo marco el excedente creado por el conjunto del trabajo nacional adopta la forma de beneficio privado atribuido a una minoría social y se destina principalmente según los intereses de auto-reproducción de la misma. Desencadena una ruina acelerada de elementos ambientales. Abre continuas tendencias a la desintegración social, sólo conjuradas mediante el fortalecimiento de las burocracias y tecnocracias de todo tipo. Perpetúa divisiones sociales que, por un lado, atrofian las facultades de gran parte de la población y por otra, sitúan automáticamente a los grupos económicamente más poderosos en todos los niveles de la hegemonía y convierten en papel mojado los mejores enunciados políticos democráticos. Y propicia que el avance científico y tecnológico se desate como un proceso incontrolado.

A todas estas críticas de orden general, hay que añadir que en nuestro país el capitalismo ha dado inequívocas muestras de ineptitud y mediocridad. Su inserción en la Unión Europea le ha precipitado por un camino de desarticulación, sin otro horizonte que el repliegue en una subalterna economía de servicios.

El PNR afirma la necesidad de que la nueva República asuma un carácter socialista. Para el PNR el socialismo es, ante todo, musculación defensora de la soberanía nacional frente a la penetración imperialista, es intención de comunidad frente al individualismo liberal y es sustancia efectiva de la igualdad jurídico-política de los ciudadanos. Socialista es también la concepción del trabajo como vía de autoconstrucción del hombre y servicio a la comunidad. Socialista es la voluntad de dominio consciente de las condiciones de existencia frente al despliegue de la economía como un proceso ciego. Socialismo es combate contra el imperio de los poderes económicos privados, experimentando formas de propiedad pública y gestión democrática de los grandes instrumentos industriales. Socialista es la orientación favorable a que el excedente nacional vaya adoptando la forma predominante de fondo comunitario. Socialista es el propósito de reducción sin desmayo de las relaciones de poder social basadas en la posición económica.

Por otra parte, después de la trágica experiencia de los regímenes inspirados en el marxismo, hoy sabemos lo que no debe ser el socialismo. Sobre todo, sabemos que los necesarios procesos de socialización no pueden consistir en una simple estatización del Capital, como si fuese un mero stock de medios de producción, a cargo de una oligarquía política. El Capital no es un stock, una "cosa", sino un flujo: el de acaparamiento y continua acumulación por parte de un grupo social particular, sea de propietarios clásicos o de bonzos del materialismo dialéctico, del sobreproducto nacional originado por el trabajo. El socialismo ya no puede ser confundido con el capitalismo de Estado en que desembocaron esos regímenes antes de derrumbarse. Pero tampoco con las propuestas de "autogestión", "propiedad sindical", "atribución de la plusvalía a los sindicatos", etcétera. Tales propuestas desembocarían en un cutre capitalismo sindical y representan simplemente ensoñaciones nostálgicas del artesano propietario”.



5. GEOMETRIA POLÍTICA ACTUAL

“La nueva configuración imperialista precisa de aliados en el conjunto de los países. Necesita fuerzas colaboracionistas en todos ellos para anular en ella posibles gérmenes de resistencia patriótica y cloroformizar a las masas. En nuestro país, el régimen monárquico constitucional al completo es el nido de colaboradores encargados de someter al pueblo español, de un lado, a los dictados del Nuevo Orden Mundial yanqui y, de otro, a las exigencias de Eurolandia. En esta obra se empeñan desde la Corona a los grandes partidos "nacionales", los vértices de los sindicatos mayoritarios y las fuerzas socioeconómicas hegemónicas, ante todo la Banca. También participan con entusiasmo en ella los partidos nacionalistas vascos, catalanes, gallegos, etcétera, ansiosos de que en su momento la UE los erija en virreyes de sus feudos respectivos, en "gauleiter" de minúsculos "protectorados" modelados a través de la limpieza etno-cultural”.

"Tanto el PP y como el PSOE son partidos adscritos al NOM que preside USA, partisanos de la OTAN, ante cuyos dictados muestran una docilidad perruna y se implican totalmente en el proyecto de la Eurolandia, coincidiendo substancialmente en sus orientaciones económicas pese a pequeñas diferencias de matiz. Ambos se han propuesto acondicionar lo que queda de España a la dominación de los consorcios centroeuropeos, con la liquidación de todo resquicio de soberanía nacional, con tal de que en ese proceso colonizador queden a salvo los intereses de "nuestros" banqueros y, por supuesto, perviva la institución monárquica y sus cortesanos de todos los matices”.

“PP y PSOE se llenan la boca con el nombre de España. Pero constituyen realmente partidos de la traición a España, promotores de su dependencia hacia fuera y de su desvertebración hacia adentro. Con tal de mantener sus prebendas a escala central o regional, no vacilan en pactar una y otra vez con las fuerzas separatistas, dejando sin respuesta sus bravuconadas y discriminaciones y colmándolas de prebendas y privilegios. Con ello allanan el camino a la extinción de España como unidad política, y a su sustitución por una especie de "Commonwealth" de "naciones históricas" que quizá la Zarzuela está dispuesta a sobrevolar”.

“Se constata asimismo la creciente pujanza de la anti-España separatista declarada, un partido del odio que congrega a las fuerzas más heteróclitas. En todos los programas de los grupos de renegados que la componen, pasa a primer plano la definición de la Nación como una entidad "natural", pre-política, cuyas "raíces" raciales y culturales inamovibles se remontan a la noche de los tiempos, y a la que corresponde el "derecho" a formar un Estado independiente, en aras de la eternización blindada de su "diferencia".



6. EL PARTIDO DE LA NUEVA ESPAÑA

“El PNR ha nacido como partido de la esperanza en una nueva España, de lucha por el cumplimiento de unas tareas de "revolución doble" (nacional-democrática y, a la vez, social) que hasta el momento hemos postergado. Unas tareas que exigían enlazar el esfuerzo de superación del Antiguo Régimen, con el de resistencia al naciente mundo del Capital, para una reordenación de la Nación en torno al eje del Trabajo.

Por desgracia, en nuestro país como en muchos otros, el marxismo se hizo con el monopolio de la idea revolucionaria y lo retuvo durante un largo periodo. Las consecuencias han sido claras. Subordinación dogmática a "cosmovisiones" presuntuosas y mesiánicas, ajenas al espíritu científico que invocaban. Adoración beata de las virtudes de una clase social presuntamente redentora de la humanidad. Perversión del concepto de igualdad en un sentido nivelador. Reduccionismo economicista y antiautoritarismo, ambos de cuño claramente liberal, que aspiraban como objetivo histórico ultimo a la "disolución del Estado" en favor de una gerencia de sabios administradores y contables. Añádase a esto un proyecto de socialización burocrático y la incapacidad casi congénita para asumir otras formulaciones nacionales que no sean las étnicas. Sin olvidar la proyección de un "fin de la Historia", también muy similar al soñado por el liberalismo, consistente en una sociedad de consumidores ociosos, nadando en la "abundancia de las fuerzas productivas".

Desde hace unos años asistimos al desmoronamiento terminal de todas las corrientes provinentes del tronco marxista. El PSOE se halla en la vanguardia del proceso que afecta al conjunto de la socialdemocracia europea. Ésta hace ya tiempo dio su bendición a la economía de mercado y a la "globalización". En casi todos los casos ha olvidado incluso las tímidas recetas de intervencionismo estatal que defendía, para transformarse en una fuerza derechista de mero liberalismo social. En nada serio difieren sus propuestas de las de los partidos liberal-conservadores”.

“La izquierda con referencias marxistas sólo sobrevive en el marco de Izquierda Unida, pero lo hace en un estadio de descomposición rayano en la putrefacción: como mero reducto de timoratas propuestas keynesianas, arrastrándose penosamente detrás de los movimientos separatistas, o descoyuntada en mil humanitarismos de ONG a la caza de subvenciones”.

“El proceso de disolución del marxismo en el liberal-capitalismo no significa el fin del proyecto revolucionario en general y del socialismo en particular. El colapso del marxismo ha clausurado únicamente la etapa escolar del combate socialista, la adolescencia burguesa de la idea revolucionaria. Ahora permite a ese combate un importante avance hacia las cotas de lucidez que siempre ha precisado. Queda planteada la construcción de una nueva alternativa transformadora, desembarazada de marxismo. Una alternativa nacional española, frente a los colaboracionistas con el imperialismo, a los proyectos de reblandecer la solidaridad nacional mediante federalismos o confederalismos de base lingüística o racial y frente a los secesionistas "identitarios" que aspiran a desintegrarnos para poder estrangular con sus propias manos a los trabajadores. Una alternativa republicana, frente a los cortesanos de los Borbones. Una alternativa democrática, frente a la que obtiene prebendas del inicuo Estado de partidos. Una alternativa socialista, frente al neoliberalismo y frente a los parches keynesianos de corrección del mercado.
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José Mª Rodríguez Vega



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MensajePublicado: Jue May 17, 2007 4:18 pm    Título del mensaje: Embarre total de la mierda. Responder citando

¿Sabes, Armesilla? Estos Foros se han convertido en una verdadera mierda. Y la mierda nunca es algo alegre.

Nada dices... Ni discutes, ni comentas... Los demás practican el ostracismo, parece ser que a modo de insulto, de menoscabo..., no sé... No importa.

Tal vez es que somos el vivo reflejo de la Nación española, que estamos metidos de lleno en eso de la "liberación española integral", como dicen estos necios. <Liberación respecto de la hegemonía del gran capital>, dicen. ¡Qué estupidez! ¿Qué entenderán estos gilipollas por <"la defensa estricta de nuestros intereses nacionales".>? ¿Para qué seguir leyendo todo eso de la igualdad político-jurídica de los ciudadanos cuando ya se les quita el derecho a la desigualdad, esto es, el derecho a la propiedad y a la multiplicidad de esos "intereses nacionales"? ¿Qué intereses serán esos si no son múltiples? ¿Es que no pueden enterarse que la igualdad ante la ley y la ley misma es para posibilitar la desigualdad y fruto de la desigualdad de logros y esfuerzos, para proteger la desigualdad social, la propiedad privada, lo individual o lo que pertenece a la propia estirpe, familia, grupo, clase, Estado?. ¡Más miseria! Defienden a la Nación y a España, pero no saben ni donde meterlas. Ya ni se atreven a pedir la estatalización o socialización de los medios de producción, pero el espíritu del Deber a la Causa y al Cielo sigue siendo tan pendiente del escathon como antes: Löwith. Historia del mundo y salvación. Léelo, Armesilla. Te hará provecho.

O sea: ¡que se vayan todos a la mierda!

...............

Nota bene: <"El proceso de disolución del marxismo en el liberal-capitalismo no significa el fin del proyecto revolucionario en general y del socialismo en particular. El colapso del marxismo ha clausurado únicamente la etapa escolar del combate socialista, la adolescencia burguesa de la idea revolucionaria. Ahora permite a ese combate un importante avance hacia las cotas de lucidez que siempre ha precisado".> ¡Que tedio! <<la etapa escolar del combate socialista, la adolescencia burguesa de la idea revolucionaria.>> ¡Se podrá aguantar esto! Igual es que están buscando a la Séptima y no la encuentran. Ve tú Armesilla y diles que esa Séptima anda por aquí con una lupa en la mano izquierda buscando la conexión de la universalización biocenótica política y cultural, mientras que con la derecha se aprieta el culo de estreñida y pedorrera que va. ¡Eramos pocos y parió la burra!

La mierda de la izquierda séptima u octava o cualquier otro engendro mental matará al Materialismo andante, porque esa mierda, en su embarre, lo parará. ¿Os jugáis un peine? Adiós.
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Santiago Armesilla Conde



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MensajePublicado: Jue May 17, 2007 4:42 pm    Título del mensaje: Responder citando

¿?

En fín, pasaba de dar explicaciones personales. Pero servidor tiene exámen mañana y no puedo permitirme el lujo de ponerme a escribir y a pensar sobre lo que aquí se discute como a mí me gustaría. Aún así, participo en la medida de mis posibilidades actuales.

Tú, al no trabajar, tienes todo el tiempo del mundo para poder escribir aquí y apretar las neuronas. No todos disfrutamos de ese tiempo que, para bien o para mal, tienes.
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José Mª Rodríguez Vega



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MensajePublicado: Jue May 17, 2007 6:29 pm    Título del mensaje: Responder citando

Todo eso es verdad.
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Santiago Armesilla Conde



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MensajePublicado: Mie May 23, 2007 7:42 am    Título del mensaje: Responder citando

Siguiendo con el Partido Nacional Republicano (PNR), ésta es su propuesta de socialismo. El texto es largo, y me parece digno de consideración, porque puede ser una muestra de socialismo genérico que pretenda conectarse con un socialismo específico. Ciertamente, me parece uno de los grupos políticos españoles más interesantes, aunque pecan de su defensa de una confederación paneuropea "socialista":

Cita:
NUESTRO SOCIALISMO

Extractos de la Ponencia aprobada por la III Conferencia Nacional (julio del 2001).



NUESTRO SOCIALISMO
1. UN NUEVO SENTIDO DEL TRABAJO Y DE LA TÉCNICA
2. DIRIGIR LA ECONOMÍA, NO SUFRIRLA
3. EL BENEFICIO, ACICATE DEL SISTEMA Y FUENTE DE SUS CRISIS
4. LAS FALACIAS DE LA "GLOBALIZACIÓN"
5. EL PLAN DE TRABAJO
6. IR MÁS ALLÁ DEL "PROGRESO"
7. ORIENTACIÓN EXTERIOR
8. ACERCA DE LA DISTRIBUCIÓN
9. MODIFICACIONES DEL RÉGIMEN DE PROPIEDAD
10. LA PLANIFICACIÓN COMO MOVILIZACIÓN INTEGRAL
11. COMUNIDAD POLITICA VERSUS SOCIEDAD MERCANTIL
12. NOTAS



1. UN NUEVO SENTIDO DEL TRABAJO Y DE LA TÉCNICA

“Incontable es el número de quienes no soportan al mundo actual e intentan escapar del mismo. En cierta derecha, sigue hallando predicamento la vía romántica, de evasión ensoñadora, pasiva, hacia un pasado maravilloso. Y, en cierta izquierda, continúa la búsqueda de consuelo mediante construcciones utópicas. Estas utopías siempre han consistido en proyectar hacia el futuro meras inversiones de lo real, destiladas por la impotencia y el resentimiento. Por otra parte, en las últimas décadas, el sistema ha ensanchado considerablemente la oferta de sacramentos químicos para huir hacia "otra dimensión de la realidad".

Estamos también quienes no pertenecemos a ninguna de las razas de hombres en fuga, a ninguna de las estirpes de vencidos por el liberal-capitalismo. En este caso, sólo nos queda una salida: ¡la fuerza contra la fuerza! El sistema actual únicamente puede ser derrocado a partir de otro proyecto de poderío. Sin embargo, no se trata de enfrentarle cualquier fuerza desnuda, elemental, cualquier "voluntad de poder" arbitraria o caprichosa. Se trata de oponerle el combate por un dominio legítimo, correspondiente a un nuevo avance en la instalación de la verdad, frente a la mentira individualista y economicista del sistema actual.

Esa nueva alternativa de dominio comporta un nuevo sentido del Trabajo. Base y objeto primario de la nueva República por la que lucha el PNR será el Trabajo, manual, técnico, intelectual, directivo, en todas sus manifestaciones, entendido como servicio a la Nación y como única fuente legítima de sustento y desarrollo personal y de reconocimiento social. Estimamos que el Trabajo no debe quedar enclaustrado en la significación económica que innegablemente posee. Ha de trascenderla, para ser conceptuado como deber y derecho político decisivo y abarcar todas las ocupaciones vitales para la comunidad nacional.

Tal concepción no podría concretarse sin romper con las nociones dominantes en la actualidad. Desde el punto de vista de los grupos socialmente hegemónicos, el trabajo se reduce a un mero instrumento de la acumulación de capital que, con cada variación de las bases técnicas, se reestructura dejando en la cuneta a millones de residuos sociales. Y, para los grupos sociales dominados, equivale a un simple medio de subsistencia o, en el mejor de los casos, de imitación rebajada de los modelos de consumo de los grupos sociales hegemónicos.

Se impone, por tanto, una crítica radical a la consideración actual del trabajo, siempre economicista -es decir, exclusivamente remitida a las categorías de producción y consumo- y, además, fuente de extorsión de valor mercantil. Es necesaria una nueva concepción, asociada a las ideas de comunidad nacional y potencia creadora, una afirmación del valor directo del trabajo como escuela y palanca de despliegue de las facultades de la ciudadanía. ¿Cuándo va a dejar de pesar sobre nosotros la noción bíblica del trabajo como maldición, castigo o mal necesario?

También atribuimos una relevancia decisiva a la Técnica. Así corresponde a nuestra tradición originaria: a la tensión creadora que atraviesa lo mejor de la experiencia europea. Esa alternativa aceptará tanto la herencia heroica de servicio a la verdad que funda la comunidad, como la herencia prometeica, de transformación del mundo. Heracles y Prometeo dejarán de estar manipulados y torturados por los dioses, finalizará su enfrentamiento estéril y se pondrán a trabajar, codo con codo, en la gran mutación socialista que imponen los retos del siglo XXI.

Para ello, será necesario que la técnica sufra también un cambio de sentido. Durante milenios, la mediación técnica entre el hombre y la naturaleza no se autonomizó. La técnica se interponía entre el hombre y el resto de la naturaleza según la voluntad del primero. Con el paso de la herramienta a la máquina, paso empotrado dentro del ascenso capitalista, tiene lugar un cambio radical en las mencionadas relaciones. La técnica se superpone al hombre. Por ello, en contraste con las apologías del "Progreso", también es corriente escuchar la denuncia de la "transformación del hombre en apéndice de la máquina". Ahora bien, esa autonomización de la técnica actual no se deriva de su complejidad, sino de su papel de elemento de una dinámica económica que ha devenido proceso ciego. La tecnología es una mercancía que, como todas las demás, sólo atiende en sus destinos, desarrollos y aplicaciones a la posibilidad de incremento del valor del capital. Ello impone permanentes restricciones a las propias posibilidades de la investigación y la técnica. El nivel tecnológico puesto en obra no depende tanto del esfuerzo conscientemente realizado, de la inventiva de los hombres, como del grado de integración que alcance la investigación en el capital, con la estricta finalidad de auto-reproducción del mismo, para resolver las crisis periódicas de acumulación en que se desenvuelve.

En una comunidad merecedora de futuro, como debe ser la España y la Europa socialistas por las que luchamos, el hombre no entrará en competencia con la máquina ni se sentirá un mero accesorio de la misma, pues dejará de ser un simple "factor de producción" y de subordinarse de forma ciega y fatalista al "Progreso". Y recurrirá a las máquinas no con vistas a un ocio que le reduciría a la atrofia de un estado fetal, sino como medios de impulso de la potencia de la comunidad nacional y del crecimiento y diversificación del desarrollo de sus ciudadanos.

En multitud de campos, la nueva forma de vida no sólo seguirá impulsando las conquistas técnicas, sino que lo hará con mayor rapidez que el sistema actual. Es frecuente extasiarse frente a los adelantos técnicos de hoy. En realidad, haría falta extrañarse todavía más ante la lentitud con que muchos descubrimientos penetran en la industria. Grandes sectores de la industria actual viven de los avances realizados hace decenios. Los vehículos basados en el motor de explosión y la energía petrolífera son auténticos fósiles respecto de lo que permiten investigaciones ya realizadas y experiencias iniciales. La automación se halla tan sólo en sus balbuceos y avances en terrenos de importancia vital, como el de la fusión nuclear, se están registrando con un dramático retraso. La República del Trabajo no topará con la inercia de las actuales relaciones sociales, que permiten modificar las bases técnicas únicamente cuando las tasas de beneficios se han hundido, o cuando accidentes históricos obligan a variar los aprovisionamientos y mercados.

La nueva República alentará una decisiva implicación de los medios de fomento tecnológico, gracias a unas posibilidades de concentración de recursos y decisiones que el presente sistema no conseguirá jamás. Podrá poner en pie complejos industriales que no resultan rentables desde el punto de vista de los actuales grupos privados, pues verá en ellos ventajas que no son percibidas desde el punto de vista de la mercancía. Pero ese Estado no vacilará en recurrir a procedimientos que en la actual perspectiva son desdeñados como arcaicos, si así lo aconsejase el mantenimiento de ciertos equilibrios ambientales, el hábitat, el desarrollo de las capacidades físicas de los miembros de la comunidad, etc. Antiguas técnicas artesanales serán reexaminadas en todos los campos.

Otro orden de razones impone disociar tajantemente el genio de la Técnica respecto del imperio de la Mercancía. La adhesión aquí manifestada a la investigación y a la técnica persigue un dominio creciente sobre la naturaleza, incluida la parte que algunos llaman "naturaleza humana". Pero dominio y victoria no son forzosamente sinónimos de vampirización sañuda de lo que nos rodea. Han de ser inseparables de la generosidad, del intento de devolver a la vida más de lo que ella nos ha dado, de la solidaridad con las generaciones venideras, de la previsión responsable de las consecuencias de nuestros actos. La pasión por plegar los elementos a nuestra voluntad, debe ir a la par del esfuerzo por un creciente dominio de nosotros mismos.

En cambio, el sistema actual proporciona vuelo a una tendencia a la degradación del entorno, a la explotación indiscriminada de materias primas y otros recursos y a opciones miopes e insensatas en cuanto a las fuentes de energía.
No obstante, hay que aclarar que esta línea de protección del medio ambiente se distancia abismalmente de la mayoría de las corrientes ecologistas, cuyos idearios "naturalistas" se reducen a pura ecolatría. El ecólatra no defiende los derechos del hombre a vivir dignamente sobre la Tierra, como afirma en sus manifiestos, sino los derechos de la Tierra (junto con sus animales, plantas, mares, oxígeno, etcétera), a no ser perturbados por el hombre. Lo que venera el ecólatra no es logro de un hábitat adecuado para los hombres, sino la "pureza" de una naturaleza en la que el hombre esté ausente. O, peor aún: en la que el hombre siga presente, pero no al modo humano, es decir, emprendedor, proyectivo, creador, sino al modo animal y, si es posible, vegetal. La ecolatría es un subproducto nihilista de algunas de las grandes crisis ideológicas de nuestro tiempo. Es un dogma para beatos sin fe, comunistas sin comunismo y fascistas sin fascismo”.

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2. DIRIGIR LA ECONOMÍA, NO SUFRIRLA

“Los cambios antes aludidos en los contenidos del trabajo y en la función de la técnica, expresión de profundas transformaciones en las metas de la comunidad nacional, conducen a una impugnación del mundo del Burgués. Durante el pasado periodo, tal impugnación se resumió en la denuncia del capitalismo como sistema de expropiación que, a su vez, debía ser expropiado. Esta acusación no ha perdido vigencia, pero es preciso subordinarla a un ángulo de impugnación mucho más importante, que tiene como raíz la responsabilidad histórica.

El mundo de las máquinas, ha provocado un trastrocamiento integral de la existencia. Ha convertido de modo irrevocable la relación del hombre con la naturaleza en una empresa cada vez más colectiva, que establece apretados lazos de dependencia reciproca entre millones de hombres e instaura una realidad cada vez más compleja. Ha convocado poderes inmensos, que permitirían una formidable ampliación de horizontes. Existe un gigantesco material que aguarda con impaciencia que se le impregne de un sentido legítimo. Una colosal acumulación de medios de poder se halla dispuesto para un nuevo dominio histórico. El sufrimiento del mundo, un sufrimiento de signo universal, es que el mencionado dominio no se ha plasmado todavía. El dominio del Burgués subordina todo ese inmenso caudal de posibilidades a los "derechos del Individuo" y a la búsqueda frenética de su felicidad consumista. El resultado no ha sido "la Libertad". Han sido las formas más monstruosas de tiranía y, sobre todo, el desarrollo de un proceso económico que se superpone al hombre como un gigante desencadenado, incapaz de frenarse. ¿Qué son las crisis periódicas, sino la demostración de que el trabajo y la técnica no pueden ser racionalmente organizados desde las categorías políticas y económicas del individualismo?

El mundo del Burgués nació glorificando al Individuo. Pero el Individuo, que no tolera el "gobierno de los hombres" [1], ha terminado siendo un lamentable esclavo de las cosas. La economía se ha autonomizado, convirtiéndose en proceso, en movimiento dotado de vida independiente, que los gobiernos tratan de controlar. Pese al creciente refinamiento de los instrumentos de previsión y de coordinación de actuaciones, el estallido siempre recurrente de las crisis es una muestra de que los gobiernos fracasan a la postre en su empeño. Se ha descrito frecuentemente al capitalismo como un aprendiz de brujo. Las consecuencias de su dominio hubieran dejado estupefacto a cualquier hombre de épocas anteriores: crisis de penuria no originadas en catástrofes naturales sino en el hecho de producir demasiado en relación con las tasas de beneficios que pueden obtenerse en un momento determinado, creación del "subdesarrollo" por la penetración del "desarrollo", consumo inducido en aras de la producción, etc.

El carácter procesual y anárquico del capital ha sido frecuentemente ignorado o incluso negado por quienes proclamaban su oposición al sistema. Muchos de ellos han tendido a presentar la historia moderna como fruto de una todopoderosa maquinación del "capitalismo internacional", el "judaísmo mundial", "las multinacionales" u otras versiones laicizadas de la omnipotencia divina.

Es cierto que las cumbres de la burguesía de los países más poderosos concentran formidables cuotas de hegemonía social, gracias a los resortes de poder económico que controlan, y ello les permite disponer de recursos políticos decisivos. Pero, al mismo tiempo, una y otra vez las vemos doblegarse ante las exigencias del capital como proceso. Detentadoras de la parte fundamental del capital, deben obedecer, sin embargo, a una fuerza que las arrastra, las trastorna y reiteradamente las hace fracasar. Los individuos, las empresas y los gobiernos cuentan indudablemente con un margen de maniobra, pero no siempre pueden navegar contra la corriente.

El capitalista, sea individual o colectivo, aparece como la personificación de una porción del capital en concurrencia con las demás porciones. Marx definió apropiadamente a los capitalistas como "funcionarios de la acumulación de capital". Los burócratas marxistas que durante décadas han gobernado en la URSS y países parecidos, han proporcionado el ejemplo más acabado de esa definición.

En los años 50 y 60 se multiplicaron las previsiones de una pronta eliminación del proceso anárquico del sistema gracias a diversos cambios. Por una parte, las intervenciones del Estado iban a garantizar el carácter equilibrado del crecimiento y el pleno empleo. Por otro lado, las condiciones de monopolio permitirían inversiones más planificadas que casuales y precios más administrados que libres, así como una mejor investigación de los mercados.

Es innegable que, tras la segunda guerra mundial, el Estado se ha dotado de instrumentos capaces de atajar fenómenos especulativos y de contener quiebras financieras en cadena que fueron fatídicas en 1929. Pero la previsión de una eficacia más general del intervencionismo mostraba un vicio fundamental de planteamiento. Eludía considerar si es posible para un gobierno de la actual forma de vida, es decir, un gobierno orgánicamente encargado de la defensa del sistema de producción de beneficio, impedir la manifestación de las crisis que se derivan de ese sistema y cuya erradicación exigirían atacar al beneficio. La única posibilidad de cerrar el paso decisivamente a la superproducción hubiera sido un curso sostenido de aumento de capacidad adquisitiva de la población sin paralelo incremento de precios. Pero esas medidas no podían, ni pueden, ser llevadas a cabo de forma duradera y a gran escala por gobiernos vinculados a la hegemonía del gran capital. De hecho, ninguno de los gobiernos ha intentado jamás la superación de la crisis por esas vías. En cambio, han preferido recurrir a innumerables paliativos que, como la morfina, sólo depararan efectos temporales.

Tampoco es cierto que la monopolización de la economía pueda erradicar el carácter anárquico del curso capitalista. En primer lugar, no existe nada similar al monopolio absoluto. Lo que existe es el mundo de los oligopolios, entre los que se produce una concurrencia intensa. Además, bajo el capitalismo, incluso un sector reducido a una sola empresa toparía rápidamente con la competencia de las mercancías sustitutivas de sus productos.

Por otra parte, cuando se habla de mercado desde principios del siglo XX, hay que entender que ello se hace referencia al mercado mundial. Es en este marco donde hay que situar el papel de las regulaciones internas de los Estados, extendidas desde la suave programación indicativa de los gobiernos demoliberales, hasta los rígidos planes que puso en obra el "socialismo real". En ninguno de estos supuestos el dominio del mercado y su anarquía han resultado abolidos. A través de tales intervenciones, cada Estado nacional ha intentado paliar los desequilibrios en su interior, para ganar eficacia en el plano de la concurrencia exterior, o resistir sus presiones. El resultado de esos esfuerzos ha sido, normalmente, desplazar la anarquía del plano nacional al internacional.
No está de más señalar que aunque todas estas previsiones se hubiesen verificado, ello no hubiera supuesto un motivo de orgullo para el sistema. Habría significado aceptar que los mecanismos mercantiles de adaptación automática, presentados como la suprema creación del capitalismo, no funcionan en modo alguno. Ya no se les podría atribuir la realización espontánea de la racionalidad económica, mediante la competencia entre innumerables unidades de negocio cada una de las cuales toma decisiones de acuerdo con sus intereses a partir de los "atributos de las cosas".



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3. EL BENEFICIO, ACICATE DEL SISTEMA Y FUENTE DE SUS CRISIS

“Toda forma de vida humana que eleve su productividad global más allá de la satisfacción básica de las necesidades que engendra, tiene la posibilidad de crear un "excedente". En el sistema actual, el excedente, que refleja el fuerte ascenso de la productividad global propiciado por el impulso tecnológico, asume la forma concreta del "beneficio", atribuido al propietario privado. La búsqueda del beneficio constituye el alfa y omega de la dinámica capitalista.

Ahora bien, hay que destacar que la propia producción de beneficio señala los límites del sistema, dando vida a las contradicciones que estallan en las crisis. La creación de riqueza tiene lugar a través de la concurrencia entre diversos polos de producción privada, enfrascados en la maximización de sus propias ganancias. La competencia acarrea innovación tecnológica, que reemplaza esfuerzo humano y, con ello, introduce la tendencia a una sobreacumulación de "capital constante" en relación con la masa de valor añadido que la burguesía es capaz de extirpar a los trabajadores. A la vez, la estratificación económica en clases reproducida por el sistema, llega a dificultar una distribución apropiada de las capacidades masivas necesarias para acceder a la riqueza que se ha producido. Por estas razones, entre otras, las crisis capitalistas periódicas se manifiestan entonces como crisis de sobreproducción. Y no es un exceso de producción en relación con las necesidades de la población, puesto que suele coexistir con grandes espacios de pobreza, e incluso miseria. Es sobreproducción en relación con la posibilidad de los capitalistas de obtener las tasas de beneficio suficientes para seguir valorizando el capital acumulado.

Ya en los años 20, Grosmann señaló que el proceso capitalista se despliega a través de ciclos que engloban una fase de calentamiento, el embalamiento de la misma hasta la explosión de la crisis de sobreproducción y un momento de "purga" que asienta las premisas del relanzamiento de otro ciclo expansivo. Esa fase destructiva comenzó operándose en los siglos XVIII y XIX por los medios mercantiles "normales" y "pacíficos" de las quiebras. Pero con la construcción del mercado mundial se alcanza un punto en que la guerra constituye el expediente más eficiente para la destrucción de la masa de capital que está de más, tanto "constante" -cosas- como "variable" -personas-.

La Primera Guerra Mundial no fue inmediatamente seguida de un impulso expansivo. La reconstrucción topó con grandes dificultades, sobre todo en Europa, de modo que la crisis capitalista que había desembocado en la primera gran conflagración, se prolongó hasta la segunda. Se impuso entonces la revisión que se conoce con el nombre de "revolución keynesiana": un intento de relanzar las tasas de beneficios mediante intervenciones estatales que habían sido condenadas como heréticas por la economía liberal.

Tras la reconstrucción que siguió a la última gran guerra, las recetas keynesianas y su concreción europea en las fórmulas del Estado del Bienestar, se emplearon a fondo en la tentativa de evitar, o cuando menos amortiguar, el retorno de la crisis de sobreproducción. Estos expedientes consiguieron aplazar el estallido de las contradicciones orgánicas del sistema, pero al precio de crear otras nuevas. El resultado de esta experiencia a mediados los años 70 era un déficit público pavoroso y el paso de una inflación reptante a una inflación galopante, sin que por ello se frenasen las tendencias al estancamiento y la reaparición del paro masivo.

El primer medio de relanzamiento de la tasa media de beneficio ha sido el impulso de la revolución tecnológica que se extiende hasta nuestros días. Pero ello no se ha desarrollado sin contradicciones.

La introducción de la microelectrónica en los procesos económicos, a diferencia de cuanto ha ocurrido en el pasado, ha supuesto una amplia destrucción de puestos de trabajo en las zonas industrializadas de Occidente. Por primera vez en la historia del capitalismo moderno, a un nuevo estadio tecnológico no le ha correspondido una extensión de la base económica que permitiese, junto al crecimiento de la productividad del trabajo, un crecimiento cuantitativo de las fuerzas laboriosas. Las modernizaciones basadas en la microelectrónica han puesto en obra tecnologías esencialmente sustitutivas de mano de obra, impidiendo con ello el aumento de valor agregado mediante un crecimiento de los trabajadores ocupados en el Primer Mundo.

Todo esto exigía el despliegue de mecanismos de compensación. El primero de ellos forma parte de los recursos clásicos del capital: un incremento de la extorsión de valor del trabajo, tanto absoluta (alargamiento de la jornada), como relativa (mayor grado de explotación científica), al que se han sumado ataques al "salario indirecto": apuntan al desmantelamiento de las instituciones de protección y aseguramiento social -la liquidación de pensiones que se creían un derecho adquirido para siempre.

Otro recurso fundamental es el impulso de la devaluación permanente del trabajo a través de diversas vías. La revolución de los medios de telecomunicación y la simplificación del trabajo, consecuencia del avance de la automación, han posibilitado la transferencia de importantes segmentos productivos hacia áreas con un coste del trabajo extremadamente bajo y la utilización de mano de obra cada vez menos cualificada y menos costosa, incluso en los procesos productivos más complejos. A esto hay que añadir el impulso de gigantescas oleadas de inmigración hacia las zonas industrializadas. Resultado de todos estos expedientes, es una desvalorización del trabajo y generalización de una estructura salarial flexible que permite a las empresas modular las remuneraciones según las más leves oscilaciones de la coyuntura. A la vez, avanza sin tregua, cualquiera que sea el signo político de los gobiernos, la privatización y mercantilización de los servicios.

El incremento del "capital constante" ha disparado una frenética "fiebre de fusiones". Hasta el momento, el proceso de más intensa concentración técnica y centralización financiera capitalista tuvo lugar entre finales del XIX y comienzos del XX. Supuso el advenimiento de la era de los monopolios, que conformaba definitivamente al capitalismo como sistema imperialista, mediante un reparto o "cartelización" del mercado por los grandes trusts. El inicio del siglo XXI parece estar alumbrando una nueva furia monopolizadora, equivalente o superior a la anterior. Un torbellino de fusiones, adquisiciones, "opas", etcétera, sorprende por su gigantesca magnitud y se acompaña de "nuevos paradigmas". Parece que hemos entrado en una nueva "edad dorada", en la que ya no rigen las viejas reglas: por ejemplo, la de que todo lo que sube puede bajar.

Pero las contradicciones siguen su curso. Así, la presente reestructuración capitalista ha tenido consecuencias más amplias que las directamente concernientes a la esfera de la producción. La reducción de la mano de obra ha determinado una caída de la demanda global en muchos sectores y ha planteado problemas de mercado enormes a todos los grandes productores. Por ello, conforme muchos mercados nacionales se estrechan, cobra importancia creciente el mercado internacional, desencadenándose una lucha sin cuartel por acapararlo. El incremento incesante de la competitividad es el imperativo que orienta las opciones estratégicas de todos los grandes países industrializados. Pero ello significa mayor innovación tecnológica, con lo que la contradicción que alimenta la caída de la tasa de beneficio tiende a replantearse a escala más vasta y los impulsos hacia la internacionalización se hacen cada vez más potentes. Pero aun así, grandes masas de capital no encuentran la suficiente remuneración en los procesos productivos normales y se lanzan por la vía de la especulación financiera.

Desde finales de los 70, ha sido incesante la dilatación del mercado financiero: una esfera parasitaria, que no crea el más mínimo valor, sino que constituye una dinámica de expropiación de unos capitales por otros y que puede utilizar para sus fines todos los privilegios de la informática y la tecnología punta. La movilidad del capital alcanza con ello la velocidad de la luz, destruyendo el espacio gracias a la reducción del tiempo. De esta destrucción del espacio nace un "ciberespacio" de abstracciones, una realidad virtual reemplazando la realidad de los seres humanos vivientes.
La monstruosa burbuja financiera inflada a lo largo de las últimas décadas es producida por la crisis de sobreacumulación del capitalismo que busca como salida volar al éter del espacio bursátil planetario. Este huida hacia adelante -mejor, hacia arriba- crea las condiciones del aprendiz de brujo”

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4. LAS FALACIAS DE LA "GLOBALIZACIÓN"

Economistas, intelectuales y políticos de los más diversos pelajes parlotean sin cesar de la "globalización", presentándola como un Edén producido por la definitiva afirmación de la libre concurrencia mundial. La globalización es definida como un mercado químicamente puro a escala planetaria, en el que la libre concurrencia no tendrá límites y será por fin "perfecta", como defendían los manuales clásicos, con lo que el equilibrio económico será determinado "naturalmente" por el libre juego de la oferta y la demanda. Esa economía mundial integrada y liberada de las nefastas interferencias de los Estados nacionales, excluirá pacíficamente a las empresas menos competitivas y significará con ello el triunfo de la racionalidad y la eficiencia, productoras del bienestar y, finalmente, de la democracia.

Estas elucubraciones son la apoteosis del pensamiento liberal victorioso, dispuesto a completar la abolición de todo obstáculo ante el movimiento de los capitales, de toda protección social y de toda regla que pretenda limitar la explotación del trabajo. Son teorías que empezaron a desarrollarse tras el agotamiento de la "edad dorada" de reconstrucción de la posguerra y la emergencia de la crisis, primero a mediados de los 70, con la quiebra de los acuerdos monetarios de Bretton Woods (1944) y después con dos sucesivas explosiones de precios del petróleo.

Sin embargo, estas teorías no aportan nada nuevo. Ya a comienzos del pasado siglo, en el mismo momento en que se aceleraba la primera "fiebre de fusiones", se abrió paso en la socialdemocracia la concepción de un idílico desenvolvimiento económico y social. Igual que ahora, múltiples teorías sobre la "mundialización" y la "globalización" inundaron el "mercado" para sostener que la conformación de los monopolios y el paso al "superimperialismo" jalonarían una "vía indolora hacia el socialismo". Hoy el socialismo ha sido sustituido por la "aldea global".

Todas estas teorías eran reduccionistas y unilaterales. Surgían para camuflar que la tendencia a la monopolización y, a partir de la misma, a la internacionalización del capital no cerraba el paso a la tendencia a la nacionalización del capital, al cierre de fronteras y, finalmente, a la guerra. Sino que se producía a través de ella y a ella se sometía. La socialdemocracia, como sus herederos los social-liberales de nuestros días, negaba que el capitalismo sea una "unidad de contradicciones", no quería reconocer que el proceso de movimiento de la sociedad capitalista es un proceso de reproducción ampliada de esas contradicciones.

La "socialización técnica" de la producción ejecutada por el capital financiero y celebrada por Kautsky y el proceso de fusiones monopolísticas jaleado por Hilferding en su teoría del "ultraimperialismo", no condujeron a una "transición pacífica al socialismo", sino a la primera y segunda guerras mundiales. Los "cárteles" se deshicieron y los diferentes Estados imperialistas se despedazaron en aras de su afán por dominar mercados. La visión de la mundialización del capital que lo presentaba como una realidad unitaria, se redujo a una quimera con la mera finalidad de embaucar y desarmar a los pueblos frente a las contradicciones insalvables del régimen capitalista y la barbarie que este régimen acumula.

Ni el capital es una "cosa" totalmente unificada, ni algo que se mueva en el mercado entendido como un espacio mundial abstracto. Se mueve en un sistema concreto de economías nacionales, en un marco de entidades territoriales y políticas, que suponen formaciones sociales distintas, unidas por el intercambio mundial de mercancías y enfrentadas por la concurrencia que a la vez supone. Hay un proceso de "socialización mundial" de las fuerzas productivas, de "internacionalización del capital", pero es bajo el dominio del imperialismo USA y de sus competidores alemanes y japoneses, sin olvidar los avances que están experimentando los gigantes asiáticos continentales. No compartimos las visiones simplistas acerca de un "capital mundial" y una "burguesía cosmopolita" que sobrevolarían a los Estados nacionales.

La concurrencia lleva al monopolio y, teóricamente, la monopolización debiera llevar a la mundialización del capital; esto forma parte de su reproducción ampliada lógica. Sin embargo, salvo para una visión economicista, el capital no puede prescindir de su marca de origen, o más rigurosamente, jamás podrá perder su condición nacional sin privarse de los atributos que le han permitido consagrar su dominación, esto es, el Estado y los medios puestos a su disposición. La tendencia a la internacionalización crea y se somete a la nacionalización (imperialista). Del mismo modo, la tendencia hacia las fusiones (concentración), presupone también la tendencia contraria. Los mismos Estados que alientan la concentración de sus oligopolios para salvarlos de la crisis, pueden actuar de forma diferente forzando incluso la no realización de ciertas fusiones, o imponiendo fragmentaciones.
Y, en fin, las falacias sobre la "globalización" y la "mundialización" pretenden extender la mentira de un imperialismo que no sería ya prepotente -o sólo lo sería un poquito- contra el mundo semicolonial o los "ex socialistas", y camuflar la nueva dinámica de conflictos inter-imperialistas que germinan”.

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5. EL PLAN DE TRABAJO

*

“El nuevo dominio histórico implicará la sustitución del paisaje individualista que ha moldeado el liberalismo, por el despliegue del Plan Nacional del Trabajo. Es ésta una tarea política de una República socialista, a través de cuyo cumplimiento la Nación española retome firmemente las riendas de sus destinos. Y no se trata de que lo que hoy se llaman "necesidades humanas" (en buena parte, las de un individuo economicista), sean por fin satisfechas. El Plan del Trabajo englobará el campo de la producción para el consumo, pero irá más allá del mismo, subordinándolo a una política globalmente penetrada por valores meta-económicos como la fuerza creadora o defensiva de la Nación y la justicia.

En lugar de la actual "sociedad de mercado", la comunidad nacional del Trabajo pondrá en pie una planificación tan ambiciosa como flexible, capaz incluso de servirse de los diversos elementos mercantiles que seguirán presentes en la nueva forma de vida. Tales elementos serán conceptuados, en primer lugar, como un segmento especial dentro de la estructura económica general. En segundo lugar, como un mecanismo imperfecto y, por tanto, necesitado de regulación, de una determinación política de sus condiciones ejercida mediante el control de precios, el sistema fiscal, la política monetaria, etc. En tercer lugar, como un espacio al que no es posible confiar instrumentos económicos fundamentales de la comunidad y que, finalmente, ignora las metas extra-económicas de la misma.

La investigación, la reposición del medio ambiente, los servicios sociales esenciales, la defensa, etc., son ejemplos de planos extra-económicos que se sustraerían completamente al mercado. Este ámbito incluirá el dinero, por estimarlo una forma política, frente a su consideración actual como mercancía, como un bien particular en manos de particulares (los Bancos), como una forma económica privada y no como un regulador central. En el campo propiamente económico se situarán fuera de la órbita mercantil la energía, los grandes transportes y el sector de los grandes medios de producción.

Ya se escucha ya el aullido de la indignación liberal: "¡Quieren el hormiguero! ¡Quieren la planificación, que asfixia la iniciativa y aplasta la creatividad de la sociedad civil!". Cabe, simplemente, recordar que esa sociedad ni siquiera existiría, si el capitalismo no hubiese instaurado, en el ámbito de la empresa, las más exhaustivas e "imperativas" formas de planificación. El liberal, como el dios Jano, es un ser bifronte: en relación con el Estado, es un anarquista furibundo; en relación con el personal de las empresas que regenta, es un monarca absoluto. La necesidad de un grado u otro de planificación se ha hecho sentir desde el momento en que las formas de vida humanas han alcanzado un intenso grado de complejidad, intensificado ante todo por la técnica”.





“Deberán ser conceptuados ejes primordiales del Plan de Trabajo:



· Un tenaz esfuerzo de rearme industrial, modernización de la agricultura, cabaña y flota pesquera, impulso de la reforestación, etc. Esta estrategia deberá poner fin a la línea de desnacionalización económica, inseparable de la desnacionalización política, impuesta en las últimas décadas. Es la línea que inició el PSOE al admitir la autonomía del Banco de España establecida en Mastrique y al comenzar el curso de privatizaciones, y que el PP ha proseguido, dispuesto a llevarla hasta las últimas consecuencias: se dirige a eliminar todo papel directivo del Estado nacional sobre la vida económica, como salvaguarda de la soberanía nacional y como mecanismo promotor de la solidaridad interna, y a privarle de los soportes de propiedad y gestión pública que requiere para no ser doblegado por los poderes del dinero.

· La promoción del máximo fomento tecnológico, tanto en el campo de la investigación como en el de las aplicaciones, coordinándolas y extendiéndolas de modo armónico. En el campo de las aplicaciones otorgará primacía a las redes de comunicación altamente integradas, a los procedimientos biotecnológicos y a los sistemas de cálculo e inteligencia artificial (exigidos en primer lugar por el sistema de planificación). En el plano de la investigación, atenderá con la máxima rapidez a la sustitución de materias primas y fuentes de energía y a la protección del medio ambiente.

· Un esfuerzo intenso y sostenido de inversión con destino a la educación. En las reformas educativas realizada bajo el juancarlismo apenas hay aspectos positivos que deban destacarse, si se exceptúa la extensión de la enseñanza obligatoria. Los contenidos de esas reformas ya han sido reiteradamente denunciados por el PNR. Y a sus resultados catastróficos en el plano del conocimiento, hay que añadir la extensión de las actitudes indisciplinadas, la erosión de la voluntad y un acusado crepúsculo del sentido del deber y la responsabilidad.

· La protección del medio ambiente, con punto de partida en el principio de que ni el suelo, ni el agua, ni el medio natural son bienes "libres", que puedan ser destruidos, dilapidados o acaparados por región alguna. La plasmación de tal principio, además de cuestionar radicalmente las estructuras de la gran propiedad, conllevará una notable modificación de las bases de las materias primas y fuentes de energía utilizables. En relación con estas últimas, no descartamos la utilización de energía nuclear. Pero destacamos que su empleo en condiciones óptimas de seguridad exige un avance técnico y un abandono de las actuales soluciones cómodas de rentabilidad inmediata del capital, que sólo podría asegurar una nueva República Socialista.



A los anteriores ejes cabe añadir:



· Fin de todas las políticas de "laissez faire" liberal en materia de inmigración: contra el fomento de la inmigración masiva y desreglada y la claudicación ante el "sin papelismo". Política de cupos o contingentes con preferencia de inmigrantes procedentes de Sudamérica, antigua Guinea española y Europa.

· Fiscalidad progresiva, basada en un mayor peso de los impuestos directos, frente a la actual línea de bajar los impuestos sobre la renta a los que tienen más y aliviar el descenso de las arcas del Estado mediante el aumento de tributación sobre el consumo. Fin de los privilegios fiscales de tipo territorial.
Mantenimiento y mejora del sistema público de protección social y pensiones, con plena conciencia de que depende de un relanzamiento del crecimiento demográfico, de nuevos impulsos del crecimiento económico y de un formidable salto cualitativo en el crecimiento del empleo”.



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6. IR MÁS ALLÁ DEL "PROGRESO"

“En espacios segregados de la esfera del mercado como los enunciados anteriormente, la nueva República española debe iniciar un proceso de destierro de la concurrencia entre múltiples unidades empresariales independientes.

La comunidad nacional del Trabajador tendrá que comenzar a construirse con ladrillos tomados del edificio del Burgués, ordenándolos en dirección a la configuración de una forma de vida diferente. Una alternativa auténticamente superadora del capitalismo deberá tomar en cuenta los puntos más fuertes de éste. Tales puntos no se sitúan en el mercado hiperpluralista mitificado por algunos. Se sitúan en las tendencias a la concentración técnica y centralización financiera, a la disociación de la gestión respecto de la titularidad de la propiedad y a la programación, con las que el capitalismo intenta defenderse de su propio curso desequilibrado. Son los trusts y grandes consorcios quienes, con las limitaciones propias de la presente forma de vida, han extendido los milagros tecnológicos, impulsando dinámicas de fabricación en constante revolución de procedimientos y métodos, haciendo gala de un prodigioso genio organizativo y "planificador".

El Estado del Trabajo hará descarrilar estas tendencias: las conducirá a la ruptura con los valores y estructuras que hoy se apoyan en ellas contradictoriamente, para acelerarlas y dar comienzo a otro curso, de organización funcional de la comunidad nacional.
Por fortuna, parecen haber amainado las elucubraciones acerca de nuevas formas de "socialización de la empresa", de la "empresa sindicalista” o “autogestionada". Una alternativa al dominio del Burgués debe plasmar un enfoque de sustitución de la empresa aislada, verdadero sagrario de la sociedad actual, por instituciones que realicen la integración de cada rama o sector de actividad como un conjunto. Estos complejos institucionales contemplarán en su seno, obviamente, las necesarias divisiones de procesos de trabajo, así como un escalonamiento territorial de sus actividades. Pero esos factores jugarán como partes de un todo, con instancias unitarias de dirección, que establecerán la localización de sus asentamientos, su dotación, dimensión, etcétera, en función de los requerimientos de la planificación general, las características de los territorios y poblaciones, la facilidad de suministros, la red de transportes, etc. Ello abonaría el terreno para el surgimiento de legiones de dirigentes herederos del ímpetu creativo y emprendedor de los "capitanes de industria" de los siglos XVIII-XIX”.



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7. ORIENTACIÓN EXTERIOR

“El PNR rechaza el proyecto de la actual Unión Europea. Lo hace, en primer lugar, desde una posición de defensa de la soberanía nacional de España. Esta soberanía no se está sacrificando para que nazca una auténtica realidad supranacional, sino en aras de los intereses de otras naciones de Europa, las que albergan los oligopolios y concentraciones financieras más potentes.

En segundo lugar, el PNR rechaza a la UE en nombre de la soberanía popular española, de la democracia. Paso a paso, la UE ha significado la subordinación de los pueblos europeos a las decisiones de instancias alejadas de cualquier posibilidad de control democrático. En concreto, implica el sometimiento de las economías nacionales mediante la cadena de los Bancos centrales subordinados al Banco Central Europeo. El BCE simboliza el sacrificio tecnocrático de la democracia a favor de una eficiencia pretendidamente aséptica.

En tercer lugar, el PNR se opone a la UE pues en su marco peligra la pervivencia de España como realidad nacional unitaria. Eurolandia se abre camino a través de un colosal proceso de desintegración nacional. Durante años, ha correspondido a Alemania la principal responsabilidad en ese proceso. Reconoció de inmediato la independencia de Croacia para extender la influencia de sus "laender", instigando la mortífera guerra de Bosnia y el estallido de Yugoslavia. Apoyó la independencia de Chequia y la separación de Eslovaquia y animó posteriormente las intentonas de montaje de Padania en el Norte de Italia. Ha sido el país pionero en reconocer y alentar a los virulentos movimientos nacionalistas étnicos con los que Europa viaja hacia la barbarie. Mientras tanto, él se unificaba en una única y gran Alemania”.

En cuarto lugar, el PNR se opone a que España tenga como único destino el secundar la formación de un nuevo bloque imperialista. Ya hemos experimentado lo que significa el avance en esa dirección: imposición de disciplinas monetarias promotoras del paro en masa; reformas laborales impulsoras de la precariedad; desvalorización continua del trabajo nacional mediante el fomento a la inmigración ilegal masiva; sustitución de la acción del Estado por la de los "agentes sociales", de la ley por el contrato y de los contratos colectivos por contratos individuales; demolición paulatina de los servicios vitales y de los sistemas de protección social; exclusión de sectores sociales enteros y promoción de crecientes desequilibrios y fracturas territoriales, etc.”.





“El régimen vigente en España se aviene a que ésta se reduzca a una sociedad de servicios esencialmente dominados por el capital extranjero, todo lo más salvaguardando la existencia de varias multinacionales españolas capaces de competir en el mercado mundial y de un par de bancos situados entre los siete grandes de Europa.

El PNR combate para que España juegue en el siglo XXI otro papel: el de nación trampolín de un bloque democrático y socialista euro-mediterráneo, articulado como confederación de repúblicas comprometidas con un nuevo sentido del trabajo, de la técnica y de las relaciones con el Tercer Mundo.

Ese bloque no podría limitarse a ir desactivando la lógica mercantil en su interior, sino que también debería dejar de subordinarse a la misma en el exterior, como condición de su autonomía política y de la protección de su potencia industrial. Su orientación sería la de un espacio con vocación autosuficiente. No tendería a concurrir con las potencias capitalistas en términos de producción de beneficio, aunque sí competiría con ellas como civilización global, lo que implicaría perseguir, entre otras cosas, la superioridad tecnológica y la necesaria capacidad disuasoria militar.

El "libre cambio", junto con el humanitarismo, ha sido la doctrina de Inglaterra y luego de USA para someter a las demás naciones y desarticular sus estructuras económicas. En cambio, la autarquía debió ser practicada por algunos países del continente europeo en su etapa inicial, como premisa básica de su industrialización.

Hoy son muchos los autores que preconizan el fin del sometimiento del Tercer Mundo al neocolonialismo de la política de libre cambio, mediante la construcción de regiones de desarrollo autocentrado, de "autarquía de expansión", organizadas en espacios políticamente homogéneos. La confederación euro-socialista que proponemos también debería adaptarse a esa perspectiva que, por otra parte, es cada vez más compatible con las modernas técnicas energéticas.
Es claro que el aislamiento de un país en la marcha hacia esa Nueva Europa le impondría intercambios con el exterior, fundamentalmente en el campo de la importación de mercancías. Tales actividades deberían ser controladas por los órganos de gobierno de la comunidad nacional. De todos modos, hay que ser muy conscientes de que una prolongada situación de aislamiento daría al traste con las transformaciones parciales efectuadas. En este supuesto, lo mejor seria el reconocimiento claro y terminante de la derrota”.



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8. ACERCA DE LA DISTRIBUCIÓN

La alternativa al mundo de la Mercancía sería insuficiente si sólo afectase al extremo de la producción, sin extenderse a la distribución.

No está en el ánimo de este texto proponer un igualitarismo nivelador, que supondría una reacción de impotencia frente a las jerarquías burguesas, situada en su mismo terreno. El principio de distribución correcto debe ser: "de cada cual según su capacidad, a cada cual según su esfuerzo". Sin embargo, es conveniente que desde un principio se dispongan medidas estructurales y educativas que vayan debilitando el papel del incentivo económico como único aguijón de la actividad.

Hay que esperar de nuevo el griterío de la protesta liberal. Se objetará que con la reducción del estímulo económico se desalentaría el espíritu creativo del hombre. Pero ni siquiera el actual tipo humano se mueve siempre tras la zanahoria. Un fenómeno constatable en la actualidad es la dificultad con que topan ciertas empresas para conseguir, a cambio de superiores emolumentos, una mayor implicación de personas que han alcanzado determinados niveles directivos. Deben instrumentarse entonces formas de "motivación" diferentes del aspecto puramente retributivo: participación en cursos de formación, no siempre aplicables directamente a las tareas cotidianas; atribución de ciertos poderes de modificación de las condiciones de trabajo; participación en proyectos interesantes. A esas formas u otras similares, cabría añadir las de significado honorífico, las relativas a la atribución de facultades y responsabilidades más elevadas, y no forzosamente mejor retribuidas, dentro de la vida comunitaria, etc.
En la República del Trabajo seguirán manifestándose motivaciones puramente económicas, así como las orientaciones hacia el poder por el poder, típicas de las personalidades mediocres. Pero se tratará de que las motivaciones superiores, las orientaciones hacia el logro, la obra bien hecha, vayan ganando terreno continuamente. En suma, ha de plantearse un continuo esfuerzo para remover las raíces de la concepción que, en todas partes, ha fomentado la comercialización del hombre y el ideal de su "realización" mediante el máximo consumo u ostentación de riqueza. Y con todo esto se sentarán las premisas de una nueva diferenciación, basada en las capacidades personales directas para el servicio a la Nación”.

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9. MODIFICACIONES DEL RÉGIMEN DE PROPIEDAD

“Una fuerza anticapitalista triunfante por vías democráticas, aunque deba ese triunfo a un conjunto limitado de propuestas urgentes, se hallará muy pronto ante desafíos tales del sistema que, o bien deberá renunciar a sus objetivos, o bien deberá pasar resueltamente a un ataque a fondo contra las alturas dominantes de la economía. Vista la cuestión desde otro ángulo: el Plan de Trabajo propuesto por esa fuerza, aunque decidiese hacer uso de la mayor prudencia, toparía con el hecho de que es cada vez menor el número de las medidas que pueden adoptarse aisladamente. Y en múltiples actividades, cualquier punto de vista de rentabilidad económica, incluso provisional, tendría que ser desechado. Otros campos plantearían exigencias apremiantes (vivienda, sanidad, energía y transportes, etc. y sumamente entretejidas entre sí.

Todo ello impondrá la necesidad de una regulación unitaria que no podrá limitares, en todos los casos, a una simple restricción de la libertad de los actuales agentes económicos privados. En concreto, se hará necesaria la transferencia inmediata a manos de la comunidad nacional de todos aquellos instrumentos que, por su trascendencia o la dimensión de sus estructuras, involucran el destino de millones de hombres o comprometen los derroteros del conjunto de la comunidad. Ello afectará al sector financiero, sector de la energía, industria electrónica y química, siderurgia, grandes medios de transporte y comunicación de masas, sanidad e industria farmacéutica, enseñanza, etc.

Esta propuesta impone varias precisiones. El cambio de estructuras de propiedad que supone, siendo condición necesaria del proyecto transformador, es por sí solo insuficiente. Desconectado de otros aspectos -principalmente, la orientación exterior, las formas retributivas y las de ordenación del Plan-, podría incluso convertirse en punto de partida de una reestructuración del capitalismo. Tales transformaciones carecen de significación profunda, si no se entienden como algunas de las múltiples medidas del esfuerzo orientado a hacer cesar el dominio del proceso de acumulación de capital considerado como un todo.

En cualquier caso, el punto de vista nacional-republicano afirma la superioridad de la propiedad y el trabajo comunitarios sobre todas las formas de apropiación anteriores [2]. Pero esta orientación no podrá generalizarse súbitamente. En momento alguno se alentarán medidas de despojo en los espacios que hoy ocupan las pequeñas empresas con asalariados. No se oculta que gran parte de estos sectores preservan formas de actividad y de mentalidad incapaces de afrontar el futuro. Y ello, sea cual fuere la orientación dominante. A largo plazo, y al igual que otras capas abocadas a un completo declive por la evolución tecnológica, deberán tomar una opción. La salida de los gobiernos actuales significa la descomposición de parte de esos sectores y el sometimiento del resto a la extorsión de los bancos, oligopolios y grandes redes de comercialización.

La orientación nacional-republicana, en cambio, será sensible a la necesidad vital de esos sectores, mientras sigan existiendo, de conseguir crédito barato, sentir un alivio de la presión fiscal, cada vez más agobiante, obtener precios accesibles de máquinas, equipos y suficientes infraestructuras y servicios en el caso del campo, etc. Estas capas, al igual que ocurre con los diversos grupos de asalariados, están hoy interesados en una drástica reducción del interés bancario, en el camino de un sistema comunitario que rompa el espinazo a la usura institucionalizada. Bajo la República del Trabajo, es claro que medidas contra la finanza y las grandes concentraciones industriales y de servicios como las antes enunciadas, incluso podrían mejorar las condiciones de existencia de dichos sectores. En este contexto, podrían ir decidiendo por sí mismos acerca de su incorporación a la movilización comunitaria del trabajo, en qué plazos y en qué formas, a la vista de las realizaciones del nuevo sistema de vida.
Esta alternativa comportaría, por otra parte, el pleno reconocimiento a artesanos, profesionales, artistas, explotaciones estrictamente familiares, etc. del derecho a desarrollar sus actividades y a la promoción de las mismas”.

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10. LA PLANIFICACIÓN COMO MOVILIZACIÓN INTEGRAL

“El fracaso de la planificación del socialismo real ha puesto también de relieve que la complejidad y trascendencia del Plan son incompatibles con dictados burocráticos. El comunismo marxista se ha atenido a la misma idea que la socialdemocracia clásica: la construcción de una nueva forma de vida es la tarea de un centro gubernamental que solicita información. Llevando hasta el fin un planteamiento mecanicista y economicista, el marxismo ha pretendido cambiar las mentalidades como producto del cambio de las estructuras económicas, a su vez realizado mediante decretos. Pero el Plan no puede ser una "ukase", una orden emanada de un centro y ramificada por funcionarios y tecnócratas. Ha de ser acción colectiva, trabada e interdependiente.

La planificación comunitaria únicamente es factible en un régimen político plenamente democrático. Y exigirá una participación, compromiso, y responsabilidad que alcancen el nivel de una movilización integral. Serán componentes de la misma tanto amplios niveles de autonomía, como la penalización de las ineficacias. Junto a la movilización, el Plan debe tener como atributos indispensables la flexibilidad y diversificación. La planificación será trazada por el órgano de gobierno general en cuanto a las grandes opciones y magnitudes. Los niveles políticos provinciales y finalmente locales deberían encargarse de escalonar su concreción y aplicación efectiva”.





“En gran parte de las actividades englobadas en el campo de la propiedad comunitaria, sea abrirán vías de gestión funcionalmente descentralizada, mediante entes institucionales reguladores de cada sector de actividad, concebidos como unidades de compromiso, a las que las instancias de gobierno dotarán de los medios necesarios para el cumplimiento de las misiones asumidas. Gozarán de amplios márgenes de autonomía en la gestión y de instancias rectoras en las que participaran todas las categorías del personal, así como la voz de los usuarios, y que contarán con directores vinculados a la obtención de resultados. Bajo la tutela e inspección de los correspondientes órganos de gobierno, no sólo organizaran verticalmente como un conjunto cada rama de actividad, sino que la articularán con otras ramas, a través de relaciones de cooperación, en el cuadro de la planificación global. Estas instituciones contaran con medios idóneos de investigación y unidades de cálculo a diferentes niveles. Darían curso a una amplia posibilidad de iniciativas, apoyadas en facultades de renovación de sus consejos rectores y de sus directivos regularmente ejercitadas, de propuesta y promoción de iniciativas y rivalidad de proyectos.
En el sector privado de pequeños establecimientos con asalariados, el impulso de la participación de los trabajadores en la gestión, exigirá la reforma de la actual legislación sobre los órganos de gobierno de las sociedades”.



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11. COMUNIDAD POLITICA VERSUS SOCIEDAD MERCANTIL

“La reorganización de la Nación española en torno al eje del Trabajo hará de ella una inmensa fragua, alentadora de un colosal esfuerzo de transmutación global de la realidad: un combate permanente que incorporará a todos los ciudadanos a un proyecto unitario. Éste, evidentemente, será muy complejo y dará pie a una multiplicidad de funciones. Pero toda la comunidad nacional asumirá, indistintamente, cada uno de los planes y empresas del Trabajo. De aquí que en la nueva comunidad sólo podría hablarse de una condición, la del Trabajador, una condición política, no exponente de una posición económico-social, sino de la pertenencia a un nuevo Estado nacional, la República socialista.

Desde el comienzo de su instalación, la República procederá a conducir la sociedad civil burguesa hacia el estallido [3]. Precipitará un proceso, sin duda prolongado y complejo, de disolución de todas las clases y grupos socio-económicos derivados de la posición de los hombres respecto de las relaciones industriales actuales. Estas relaciones introducen una discriminación intolerable. Conducen a la cristalización de unas minorías económicamente dominantes, que acaparan el saber, la técnica, la iniciativa creadora y el dominio del Estado, y unos grupos dominados, que no sólo representan la mayoría de la Nación, sino que además constituyen su espina dorsal, y a quienes se veta el pleno despliegue de sus facultades y energías y se condena a un papel subalterno.

En la nueva forma de vida, en vez de las divisiones económicas propias de la sociedad, existirán las diversas funciones del Trabajo, entendido como voluntad de transfiguración del hombre y del mundo que incluiría al investigador y al pedagogo, al trabajador industrial y al soldado, al empleado de los servicios, en la agricultura y al funcionario, al comunicador, al poeta, al deportista y al empeñado en la acción de gobierno, en las filas de un conjunto totalmente movilizado. En él tendrán también su puesto la proeza y la exploración de los confines del universo.

Bajo el régimen socialista del Trabajador se irá evaporando, como un perro en una autopista, la figura del Individuo, un portador de valores mercantiles que lleva su poder social, su relación con los demás, en el bolsillo. Pero este declive del Individuo no conduciría a una comunidad de seres idénticos, repetidos en serie. Haría posible una amplia diversificación de dedicaciones y actividades.
En la nueva forma de vida se irá extinguiendo el poder de los hombres a través de las cosas, la jerarquía social basada en el dinero y en la propiedad. Los hombres deben apoyar su proyección y ascendencia en lo que hagan, no en lo que tengan. La dignidad civil se asentará en la capacidad de servicio a la Nación. El Partido Nacional Republicano rechaza tanto la jungla liberal como el igualitarismo nivelador y preconiza una meritocracia: igualdad de oportunidades y a partir de la misma que cada uno llegue donde alcancen sus fuerzas, sin que eso implique la destrucción o menoscabo de la personalidad de los demás.



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12. NOTAS

[1] Durante milenios, las relaciones entre los hombres, consistentes en determinado tipo de relaciones directas de poder personal, fueron más apreciadas que las relaciones entre hombres y cosas. Uno de los rasgos primordiales de la forma de vida actual es la inversión completa de esa primacía. Marx, siguiendo a Saint-Simon, al enunciar las metas de lo que entendía por socialismo, definió en realidad la meta más radical, "utópica", del mundo del Burgués: "El poder de unos hombres sobre otros será reemplazado por la administración de las cosas". Los resultados de estas expectativas han sido, por el momento, más modestos. El mundo moderno no ha desterrado las relaciones de poder entre los hombres. Pero las ha hecho derivar de las relaciones de poder entre los hombres y las cosas. Ello expresa, de entrada, la emergencia de una nueva concepción de la riqueza. En anteriores formas de vida, la riqueza inmobiliaria (la tierra) se distinguía con gran nitidez de la riqueza mobiliaria. Los bienes raíces eran una cosa, los bienes muebles (el dinero) otra muy distinta. Los derechos sobre la tierra no eran emanación de una "infraestructura económica". Constituían más bien elementos de organización política: acompañaban al poder sobre los hombres, e incluso se derivaban directamente de ese poder. Y estos derechos sobre la tierra, la "riqueza" por excelencia, al implicar relaciones de poder directo entre los hombres, eran intrínsecamente superiores a la riqueza mobiliaria, despreciada como simple relación con las cosas; de ahí la situación marginal de los comerciantes y prestamistas en esas formas de vida.


Ultima edición por Santiago Armesilla Conde el Mie May 23, 2007 8:59 pm; editado 1 vez
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MensajePublicado: Mie May 23, 2007 7:45 am    Título del mensaje: Responder citando

[2] El mundo actual reproduce a un Tipo humano, el Burgués, cuyos valores informan a todas las categorías sociales. Se trata del Individuo, portador de una sustancia básicamente económica, que tiene a la propiedad como apoyatura fundamental. Las constituciones decimonónicas han abierto las puertas al triunfo generalizado del Individuo al situar el papel preeminente de la propiedad entre los "derechos naturales e imprescriptibles del Hombre". Por su parte, la Iglesia Católica, encíclica tras encíclica, ha venido a reforzar el doctrinarismo burgués al proclamar igualmente que la propiedad privada constituye un "derecho natural" y un "atributo esencial de la persona humana".

El mundo del Burgués aparece como un mundo de "individuos iguales": todos ellos son propietarios. El campesino, de su tierra; el capitalista, de sus acciones; el obrero y el técnico, de su capacidad de trabajo. Todos ellos participan "libremente" en un proceso de creación de riqueza que es presentado como intercambio de valores equivalentes. Contra esta visión falaz se levantaron las teorías socialistas de la plusvalía. Iniciadas con Blanqui, adquirieron un tono virulento en Proudhon ("la propiedad es un robo") y una formulación particularmente sistemática en Marx. Según éste, el sistema capitalista tenía como "secreto" la existencia de una mercancía "maravillosa", dotada de un doble valor: el trabajo. La ganancia del capitalista provenía del hecho de extraer un "valor de uso" de la fuerza del trabajo superior a su "valor de cambio", al precio de coste que esa fuerza le había supuesto en el mercado de los "factores de producción".

Se han podido realizar críticas parciales a esa teoría. Pero, en general, la ciencia económica oficial no se ha repuesto jamás del ataque que encierra. Una de las muestras de este descalabro ha sido el abandono de toda actitud objetiva y la escapatoria hacia teorías sicológicas del valor añadido. Entre las más notables se cuenta la que ha pretendido justificar el interés financiero y el beneficio industrial como una remuneración otorgada al capitalista por el "sacrificio" que para él supone la "abstinencia de consumo" en aras de una "libre decisión", la de invertir, que crea empleo y es socialmente benéfica. En realidad, según esta línea argumental subjetivista, tanto los costes de capital como la penalidad del trabajo pueden ser considerados como "abstinencias", quedando en pie de igualdad el beneficio y el salario. De acuerdo con otra teoría subjetiva, la de la "utilidad marginal", el intercambio sirve para satisfacer las necesidades de quienes participan en él, los cuales no pueden dejar de ganar, ya que cada cual valora más los bienes o servicios obtenidos que los que él aporta. El capitalista compra fuerza de trabajo porque para él importa más que la suma de salarios entregados, pero el trabajador vende su fuerza de trabajo porque para él representa menos que el salario que obtiene a cambio. De este modo, todos ganan en el cambio y la acusación de explotación desaparece del horizonte.

Ahora bien, la pervivencia del actual sistema no se debe simplemente al arraigo de las mencionadas elucubraciones mistificadoras. La exterioridad de los asalariados respecto de la titularidad de los grandes medios de producción no les ha impedido perfilar, en múltiples aspectos, comportamientos propios de un grupo particular de pequeños propietarios. Actualmente, el obrero especializado que dispone de una vivienda unifamiliar e invierte sus ahorros en bonos del Estado, o en acciones diseminadas por el "capitalismo popular" o incluso se aventura en las Bolsa, se rasga las vestiduras al unísono con la viuda del pequeño comerciante con sus valores de renta fija, e incluso con la reducidísima capa de grandes propietarios, cuando se implantan determinadas cargas fiscales. No han contribuido a la clarificación las condenas ahistóricas de la propiedad, presentada como "pecado original" dentro de la teodicea laicizada que, en gran medida, constituye el materialismo histórico. Tampoco han facilitado las cosas las experiencias de "socialización" maximalistas desarrolladas por el movimiento anarquista y comunista tradicional.

Es claro que el capitalismo no puede reducirse a la propiedad privada considerada en abstracto. La propiedad ya existía en formas de vida anteriores. Entrañaba regularmente una proyección personal sobre el objeto, ya se tratase del dominio agrario ("no hay tierra sin señor") o del artesanado. Y no siempre la propiedad se ha vinculado al poder fundamental dentro de la comunidad. Pero la propiedad privada ha originado el poder más colosal de la Historia -que se ha impuesto a todos los demás- cuando se ha proyectado sobre un hecho decisivo: el paso de la herramienta a la máquina, el surgimiento de los instrumentos industriales. El capitalismo tiene como primera condición la propiedad privada de máquinas, ayer mecanizadas, hoy informatizadas y automatizadas, con vistas a una producción de mercancías mediante mercancías, entre ellas el trabajo.

Por otra parte, con el desarrollo del capitalismo, la propiedad ha evolucionado hacia formas cada vez más "despersonalizadas". Rasgo fundamental de la dinámica moderna es el impulso de procesos de concentración técnica y centralización financiera. Estos procesos han promovido un desplazamiento de las formas de propiedad privada individual a favor de las formas de propiedad privada "social", colectiva. Tal evolución ha sido instrumentada por formas jurídicas que van desde las primitivas sociedades de responsabilidad limitada, hasta las actuales sociedades anónimas y holding, o a la misma propiedad de los entes públicos bajo el Estado actual. Y se vincula a la tendencia a disociar la titularidad jurídica de las funciones de gestión operativa directa. Los gerentes de las empresas públicas no son propietarios de los capitales que controlan. Pero incluso los directores de las industrias civiles de grandes dimensiones, en el caso de ostentar la condición de propietarios, lo son únicamente de una parte del capital. Hace ya mucho que las necesidades de financiación de los conjuntos socioeconómicos sobrepasan de lejos lo que una fortuna personal o familiar puede aportar. Estos conjuntos funcionan en muchos casos con el capital-dinero aportado por una masa de pequeños accionistas que no tiene el más mínimo poder de decisión sobre dichos negocios.

A la vez, el Estado se ha convertido en todas partes en propietario de grandes recursos financieros e industriales. Pero, en general, esos sectores "nacionalizados" no han perdido su carácter de capital, en competencia con otros capitales en el plano nacional y, en cualquier caso, internacional. La situación de Rusia, países del Este de Europa, China y otros regímenes cortados por el mismo patrón durante décadas no han sido más que una manifestación específica de tendencias generales del capitalismo. Este proceso de abstracción ha servido de pretexto a diversos defensores superficiales del sistema para sugerir que "la cuestión de la propiedad ha perdido importancia en nuestros días". Tal afirmación reposa en la reducción de la propiedad privada a una de sus formas, la propiedad privada individual. Ésta ha perdido, efectivamente, su anterior significación en la configuración de la hegemonía burguesa, aunque no en la reproducción de la mentalidad individualista y "pequeñoburguesa" general que cimienta aquella hegemonía.



[3] Caracteriza al mundo del Burgués la distinción entre poder económico y poder político. Ese mundo ha dado nacimiento a un modo de existencia caracterizado por la disociación estructural entre "sociedad" y Estado y por la subordinación del segundo a la primera. La "sociedad" es un agrupamiento de individuos y grupos de individuos inmersos en una actividad fundamentalmente "civil", económica y cultural. El Estado se alza como un utensilio jurídico-político al servicio de los individuos y sus agrupamientos "societarios", garante del sistema de derechos y libertades de los mismos. El mundo actual se pretende, ante todo, "sociedad civil": una constelación de actividades y relaciones que tienen su epicentro en el mercado. Este se hallaba ya presente en las formas de vida anteriores al mundo moderno. Pero, como ha expuesto Karl Polanyi ("La gran transformación"), obraba como segmento subordinado a instancias distintas de las simplemente económicas. Únicamente en el sistema actual, el mercado ha adquirido un papel primero central y luego omnipresente, imprimiendo el "tono" de todas las actividades. Hoy debe verse al mercado como un modo global de existencia y no como un mero mecanismo económico parcial.
El concepto liberal del "Estado de Derecho" sirve de palanca para hacer del Estado el instrumento de aquella "sociedad civil". Toda la teoría y la práctica del liberalismo se dirigen a la subordinación del Estado a las categorías individualistas contractuales que entretejen el mundo de la economía mercantil. El marxismo ha supuesto tan solo una exacerbación de algunos de estos planteamientos economicistas. Ha reprochado a la sociedad civil burguesa el engendrar conflictos provenientes de las relaciones de clase, que siguen permitiendo la pervivencia del Estado e imposibilitan una plena reabsorción de lo político en lo social. La revolución marxista tiene como meta la armonización de lo social y, con ella, la "transformación del Estado en simple administración de la producción" ("Manifiesto comunista").
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J.M. Rodríguez Pardo



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MensajePublicado: Vie Jun 15, 2007 10:04 am    Título del mensaje: Socialismo genérico Responder citando

Estimados amigos:

Ciertamente lo más flojo del Partido Nacional Republicano es su europeísmo entendido en el sentido del territorio perteneciente al Imperio Romano, junto a su jacobinismo, que es incompatible con el socialismo que propugnan. Además, remontan la nación española muy lejos, no recuerdo ahora mismo hasta dónde, pero para ellos hay nación española en tiempos de los Reyes Católicos. Herencia del liberalismo supongo.

Un cordial saludo,
José Manuel Rodríguez Pardo.
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Santiago Armesilla Conde



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MensajePublicado: Vie Jun 15, 2007 6:09 pm    Título del mensaje: Responder citando

Si, como dice Rodriguez Pardo, estos grupos reivindican la nación española como una creación previa a la creación de cualquier nación canónica (o sea, antes de la Gran Revolución) quiere decirse que incurren en un anacronismo. ¿ No estaremos hablando de un grupo que defiende un socialismo basado en premisas anacrónicas, tan anacrónicas como el socialismo defendido por la mal llamada "izquierda" aberchale ? El PNR podría entonces tener todos los visos de un partido de derecha política, si es que incurrir en hablar de socialismo o de izquierda y de fundamentar estos conceptos en contextos históricos prerrevolucionarios (previos a 1789) no constituya un anacronismo propio de grupos de derecha (neofeudalistas, fascistas, nacionalsocialistas o nacionalbolcheviques). Además, si a ésto unimos el europeísmo militante que defienden, el PNR estaría más cerca del neofascismo que de la izquierda. A sí mismos se denominan "social-patriotas", acercándose así a partidos de extrema derecha como el Movimiento Social Republicano o a ciertas Falanges que por España todavía pululan.

Digamos, entonces, que su jacobinismo me parece muy sui géneris. Que alguien me diga si erro en mis conclusiones.
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J.M. Rodríguez Pardo



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MensajePublicado: Vie Jun 15, 2007 9:40 pm    Título del mensaje: Liberalismo español Responder citando

Estimados amigos:

Pienso que su reivindicación anacrónica de la nación española no tiene tampoco demasiada incidencia. También el liberalismo español del siglo XIX reivindicaba a los Reyes Católicos y los Comuneros de Villalar y no por eso son una continuación del Antiguo Régimen. Capítulo aparte son sus limitaciones por la defensa de lo que denominan "nacionalismo de liberación", opuesto a cualquier Imperio, pero eso ya es otro capítulo.

Un cordial saludo,
José Manuel Rodríguez Pardo.
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Santiago Armesilla Conde



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MensajePublicado: Vie Jun 15, 2007 10:20 pm    Título del mensaje: Re: Liberalismo español Responder citando

J.M. Rodríguez Pardo escribió:
Estimados amigos:

Pienso que su reivindicación anacrónica de la nación española no tiene tampoco demasiada incidencia. También el liberalismo español del siglo XIX reivindicaba a los Reyes Católicos y los Comuneros de Villalar y no por eso son una continuación del Antiguo Régimen. Capítulo aparte son sus limitaciones por la defensa de lo que denominan "nacionalismo de liberación", opuesto a cualquier Imperio, pero eso ya es otro capítulo.

Un cordial saludo,
José Manuel Rodríguez Pardo.


Entonces sólo se trata de una confusión de términos por su parte.
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J.M. Rodríguez Pardo



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MensajePublicado: Sab Jun 16, 2007 10:33 am    Título del mensaje: Programa del PNR Responder citando

Estimados amigos:

Dejo aquí el Programa del Partido Nacional Republicano que servirá para comprender mejor sus postulados.

Un cordial saludo,
José Manuel Rodríguez Pardo.

Cita:
PROGRAMA DEL PARTIDO NACIONAL REPUBLICANO



El vigente régimen monárquico, con sus partidos corruptos y antinacionales y sus cortijos autonómicos, precipita la destrucción de nuestra Patria. Pero existen, sin duda, españoles dispuestos a resistir. Les llamamos a una lucha sin desmayo por la reconstrucción nacional de España.

No proponemos el retorno a nada anterior. Son necesarias profundas transformaciones democráticas y sociales. En primer lugar, para asegurar la pervivencia de España. Y también, para que España ocupe un lugar destacado en la construcción de una nueva Europa, en lugar de la presente Eurolandia.

Tales tareas hacen preciso un partido político de firme oposición al régimen. Este partido existe y lucha: es el Partido Nacional Republicano. He aquí las bases de afiliación al mismo.



1. República española única e indivisible. La soberanía nacional residirá en el conjunto del pueblo español: ningún territorio, grupo o individuo podrá usurpar facultades inherentes a su ejercicio. Igualdad de los españoles ante la ley y en cuanto a condiciones sociales de desarrollo, con independencia de la región en que hayan nacido.



2. República presidencialista, con elección directa del Jefe de Estado por el conjunto de la Nación y nombramiento del Gobierno por el Jefe del Estado. Atribución de la función legislativa y de control del Gobierno a una única Asamblea Nacional, formada por sufragio universal, libre, directo y secreto, sobre la base de la circunscripción provincial.



3. Magistratura independiente, cuya instancia máxima, el Tribunal Supremo, sea elegida por los propios encargados de juzgar y aplicar lo juzgado. Fiscalía igualmente independiente, con fuerzas de seguridad exclusivamente subordinadas a la misma.



4. Ordenación territorial en régimen de descentralización administrativa, basada en las Provincias y los Municipios, con sus diversas formas de asociación: mancomunidades, áreas metropolitanas y comarcas. Derogación del sistema de las autonomías, tanto en su versión originaria, como en su actual deriva confederal. Abolición de toda forma de régimen foral, conciertos y demás modalidades de privilegio territorial.



5. La lengua oficial de la República, en todas sus instituciones, administraciones y niveles educativos, será el español. Todos los ciudadanos tendrán el deber y el derecho de conocerla. Además se garantizará en los planes de estudios el conocimiento del resto de lenguas españolas en todo el territorio nacional.



6. Sistema educativo enteramente público y gratuito, con una doble función: promover la educación nacional de las nuevas generaciones y transmitirles el saber.



7. Dignificación y nacionalización de nuestras fuerzas armadas: ¡no deben ser lastimosas ONGs, ni tropas auxiliares de intereses ajenos a España!



8. República laica. Autofinanciación de las confesiones. Libertad religiosa y de culto de los ciudadanos dentro del respeto al orden público. Sin embargo, la política migratoria evitará que la religión islámica, contraria a nuestra cultura política, adquiera arraigo masivo en nuestra Patria.



9. Consideración de la seguridad pública como condición indispensable del ejercicio de las libertades y derechos. Preeminencia de la función de ejemplaridad de la sanción penal y de la atención a las víctimas de la delincuencia.



10. Nuevo socialismo: para hacer frente a la penetración imperialista, liberar a nuestra Patria del yugo del gran capital, dotar de sustancia efectiva a la igualdad de oportunidades de los ciudadanos y elevar el Trabajo al predominio que le corresponde.



11. Ingresarán en la esfera de la titularidad pública el sistema financiero, sector de la energía, industria electrónica y química, siderurgia, industria farmacéutica, seguros, sistemas de protección social y otros sectores decisivos, hoy en manos de los oligopolios, así como los servicios esenciales (grandes medios de transporte, sanidad, enseñanza, etc.). El mercado será objeto de regulación en tantos aspectos como requieran los intereses nacionales. Asimismo, se habilitará a la Administración general y local para el ejercicio de la iniciativa pública en ese ámbito en cualquiera de sus formas.



12. Plan Nacional de Trabajo, con las siguientes orientacio­nes: máximo fomento tecnológico para un rápido rearme industrial, la modernización de la agricultura, cabaña y flota pesquera, y un ambicioso proyecto de reforestación; desarrollo equilibrado de las regiones y el fin de las tendencias al acaparamiento exclusivista de recursos naturales; búsqueda de la suficiencia energética, con recurso a la energía nuclear en condiciones óptimas de seguridad y protección del medio ambiente; efectiva garantía de trabajo para todos los españoles; creación de una institución dotada de financiación y potestad expropiatoria que le permitan la adquisición masiva de suelo, para la construcción de viviendas de protección oficial; fiscalidad basada en la imposición directa y progresiva; cancelación de los compromisos de disciplina monetaria, acuerdos de libre circulación de capitales y mercancías y aceptación de cupos de producción suscritos en beneficio de otras naciones.



13 Salida de España de la OTAN y denuncia del Tratado de Cooperación con USA sobre bases militares. Eliminación del dominio colonial inglés sobre Gibraltar.



14. Defensa de la españolidad de Ceuta, Melilla y las is­las Canarias. Propuesta de una vinculación federativa a los antiguas provincias españolas del Sahara y Guinea.



15. Rechazo de la actual Unión Europea. Alianza con to­dos los movimientos decididos a instaurar una Europa realmente democrática, socialmente avanzada y articulada mediante fórmulas confederales.



16. Oposición a la inmigración ilegal y a la inmigración legal ilimitada.





¡Viva España!

¡Hacia la III República!

¡Alístate en el Partido Nacional Republicano!





Aprobado en la V Conferencia del Partido Nacional Republicano, el 30 de septiembre de 2006.

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