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La(s) Izquierda(s) y "Europa"

 
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Santiago Armesilla Conde



Registrado: 09 Oct 2006
Mensajes: 350
Ubicación: Madrid

MensajePublicado: Vie Mar 09, 2007 10:50 pm    Título del mensaje: La(s) Izquierda(s) y "Europa" Responder citando

Es sabido que en la práctica totalidad de las izquierdas indefinidas (y definidas) españolas ocurre que se tiene a Europa como la plataforma desde la que sienten poder llevar a cabo sus planes y programas (si los tienen). El Mito de Europa tiene subyugada a la izquierda española. A algunos que les he comentado que el sitio de España podría estar con Hispanoamérica me han contestado prácticamente lo mismo: "Date una vuelta por ahí y verás lo que opinan de nosotros".

¿ A qué se debe esa fascinación por Europa que todas las izquierdas, desde el liberalismo al comunismo, pasando por los socialdemócratas de PSOE e Izquierda Unida, tienen y sienten ?

Es sintomático este texto "europeísta" de Jorge Verstrynge, defensor de una Europa Confederal y Populista (?):

Cita:

Madrid-Paris-Berlín-Moscú

Hablar de la Europa real, es decir, de l´Europe puissance, o de la Festung Europa, en todo caso de la Europa continental, implica referirse, geopolíticamente, a cuatro capitales: Madrid-París-Berlín-Moscú.

Efectivamente, por algo el poder marítimo paso a lo largo de la historia de Vigo a Brest, luego a Kiel, luego a Krondstadt y a Murmansk; y el terrestre, de Carlos V y Felipe II a Luís XIV y Napoleón, y luego a Guillermo II e Hitler, para culminar en Stalin y (aun, guste o no) en Putin. Ciertamente, Europa es mas que eso: excepto China y la India no existe otro gran espacio poblado (y no digamos ya si se amplían sus límites, como lo hacen algunos, hasta la frontera norte del Sáhara, Israel, y hasta más allá de los montes Urales); si sumamos las industrias francesa, italiana, alemana, checa, española, polaca, sueca y rusa, los demás hacen figura de modestos aspirantes a "podercito" económico; no sólo no existe en el planeta espacio geográfico de tal profundidad estratégica (hasta el punto de hacer de una de sus partes, Rusia, un país prácticamente invencible por indigerible) sino que su variedad es planetaria: ¿no dijo un geógrafo que Europa es como la reproducción de toda Asia: la India, Italia; el Ganges, el Po; el Himalaya, los Alpes; Ceylán, Sicilia; el Caucaso, los Pirineos; la Rusia anterior, Francia; Siberia, Alemania del norte; el Yangtsekiang, el Danubio; Indochina-Indonesia, Grecia; "y también Asia se va ensanchando hacia el Este" (Verstrynge, J. El sueño eurosiberiano: ensayo sobre el futuro de Europa, Madrid: Instituto de Europa Oriental, 1992, p. 87).



Pero el eje citado, desde Madrid hasta Moscú, es la espina dorsal del continente. Europa es como una mano abierta hacia el mar: el antebrazo es Rusia, la muñeca Alemania, la palma Francia, y España su dedo índice o extremo (más al norte Escandinavia, más al sur Italia, Grecia y Turquía). Tal triángulo tiene como cúspide a España, puerta hacia América, África y el mar abierto; Francia, núcleo duro euro-occidental, puente entre las islas anglosajonas y la Europa del sur, al igual que entre la Europa central y el Atlántico. Alemania, núcleo duro euro-central y puente entre el mundo oceánico y el continental; y Rusia, la base del triángulo, y puerta hacia Asia, la India y la tierra abierta, y según los geógrafos el centro geoestratégico o el pivote del macro-continente compuesto por Europa, África y Asia, el Hearthland de la World Island de Mackinder...



Pero profundicemos un peldaño más, hacia la "comunidad de Espacio Franca" (a la que algunos llaman ya la "Confederación" o "Republica del Rhin"), o sea, el eje Paris-Berlín, por ahora lo más sólido de entre lo que estamos analizando. Ha costado ciertamente llegar a é1, o mejor dicho retornar a él, desde la catastrófica división del Imperio Carolingio y el cisma entre los francos del Este (que no renunciaron a su lengua) y los del Oeste (que si lo hicieron). La bronca entre ambas partes de un originariamente mismo pueblo es la historia misma (tantas veces lamentable) de Europa, que casi nos llevó al suicidio como civilización. Olvidando incluso aquel viejo adagio geopolítico según el cual tu aliado vocacional es, no el enemigo de tu enemigo, sino tu vecino de medianería, a un lado del Rhin la pregunta fue, durante siglos: "¿Es el diablo alemán?" (ver Jörg Von Uthmann: Le Diable est-il allernand? 200 ans de préjugés franco-allemands, Paris: Denoël, 1984), mientras desde el otro se le hacían guiños a quienes (anglosajones, rusos y españoles) podían constituir un obstáculo para la perennización de Francia como "la Grande Nation". Incluso en esta segunda mitad de siglo (es decir, pasadas las dos masacres civiles que para ambos países fueron también las dos guerras mundiales), cuando ya teníamos una Alemania reventada, perdida la tercera parte de su territorio y ocupada, y a una Francia que tras el mayor derrumbamiento militar de su historia fue ocupada durante cuatro arios y tuvo hasta el Estado desaparecido y la independencia discutida por los USA, incluso así no han faltado meteduras de pata como las dudas de Mitterand en cuanto a la reunificación alemana (que De Gaulle estimaba inevitable), o el intento de París de atar a Alemania económicamente mediante el euro y política y militarmente mediante la creación de una PESC europea (ver de Pierre Béhar, “Entre Paris et Berlin, une alliance de raison”, Le Monde Diplomatique, abril 2004), lo último explicable, quizá, por el deseo de Francia de impedir que otros puedan utilizar Alemania contra ella…



Lo cierto es que, sin embargo, se cocía desde hacía tiempo algo que indicaba que los francos estaban camino de otra onda. No es necesario remontarse a las tentaciones de Napoleón de reconstruir el “espacio núcleo franco” (tal y como lo define históricamente Jordis Von Lohausen en “Les Empires et la puissance: La géopolitique aujourd´hui”, Paris: Le Labyrinthe, 1985, p. 107) o, a la afirmación, a modo de eco, de Ludwing Börne, de que “es en la ribera del Elba como se defiende sólidamente la columna de la libertad francesa” (en Schilderungen aus Paris, 1823); o al facilitamiento de la unidad alemana por Napoleón III, o al desesperado intento de Gabriel Hanotaux, ministro de Asuntos Exteriores francés entre 1896 y 1898, de acabar con el contencioso de Alsacia y Lorena; o lo intentos, antes de la llegada de Hitler al poder, de interrelacionar tan en profundidad las economías francas que ello hiciera ineluctable, tarde o temprano, el camino hacia la unión, mientras Louis Reynaud escribía que las civilizaciones francesa y alemana eran una mutua prolongación (ver su Histoire générale de l´influence française en Allemagne, Paris 1914, p. 489); y si muchos alrededor de 1940 pedirán un “protectorado alemán sobre Francia” (por ejemplo, Raymond Queneau; ver su libro “Un rude hiver”, Paris 1939, p. 161), esa no fue la idea que animó a Hitler a proponer en 1942 a Pétain la unión de los dos países “para lo mejor y lo peor”, adelantándose así al acuerdo secreto de 1957 entre los ministros de Defensa alemán y francés (F. J. Strauss y J. Chaban Delmas) sobre la construcción conjunta de una bomba nuclear franco-alemana. De Gaulle paró esa iniciativa, que consideraba prematura, pero pasó a firmar el Tratado del Elíseo de 1963, que el General intentó hacer cumplir, que fue torpeado por los USA y los democristianos alemanes y franceses, y que también preveía la fusión entre ambos países.



Claro que yo estoy resaltando más una tendencia que otra, pero lo que parece hoy es que la predominante absoluta es hacia esa “República del Rhin” a tenor de declaraciones de personalidades franco-alemanas de peso… ¿Es quizá lo más fuerte de esa relación el romántico planteamiento de Henri de Grossouvre (en Paris, Berlin, Moscou, Lausanne: l´áge d´homme, 2002, p. 61 y ss) según el cual “la historia de Francia y al de los alemanes y de los rusos. Una parte de nuestra historia es común, el imperio de Carlomagno. Migraciones recíprocas han influido duramente sobre nuestros dos países. Nuestro reino fue fundado por los francos, a los que debemos hasta el nombre… Todas las regiones y países que se hallan entre Alemania y Francia, zona correspondiente a la antigua Lotaringia, tienen una cultura doble, francesa y germánica, y aún hoy son bilingües…”. ¿O quizá este otro punto de vista, explicado por Béhar (op. cit)?: “Cuanto más se amplía la UE, menos disponen Francia y Alemania, por sí solas, de medios para influir sobre el conjunto… [Pero] ni la Gran Bretaña –que sólo entró en la construcción europea para impedir que se hiciera contra ella y con el propósito de limitarla a una mera zona de librecambio-, ni la inestable Italia, ni España, cuyo peso económico y estratégico es aún insuficiente, pueden ofrecer a Francia o a Alemania una alianza de recambio. A lo que hay que añadir el hecho de que los dos países constituyen una continuidad espacial de más de 140 millones de habitantes… [En todo caso] la evolución de las mentalidades, ligadas a necesidades geopolíticas y geoestratégicas, que acercan Alemania a Europa y Europa a Francia…. [reforzarán] esta alianza de razón”. Un Frankenreich, reino de los francos (diferente del Frankreich, Imperio franco; y de la Deutschland, tierra de los alemanes) en torno al “plátano azul” (es decir, la concentración industrial más importante del mundo, alrededor del eje Rhin-Ródano-Po con ramificación hacia Bohemia), que combina un posicionamiento geoestratégico excepcional, los mayores ejércitos convencionales de Europa occidental y central, la única capacidad nuclear realmente independiente en el seno del antiguo “mundo libre”, y una cada vez más marcado sentido de que una cosa son los intereses de Europa, y otra los de los USA, e incluso de los anglosajones. Para Washington, “una pesadilla americana…”. Si a esto se añade la posibilidad de prolongar el eje hasta Moscú, la pesadilla se transformaría en catástrofe histórica. Explicó Putin el 25 de septiembre de 2001 en el Bundestag que “Europa no puede, a plazo, a reforzar su reputación de poderoso e independiente centro de la política mundial si no une sus medios con los hombres, el territorio y los recursos naturales rusos, y con el potencial económico, cultural y de defensa de Rusia”. Y es que a lo ya señalado en este artículo hay que añadir que “Rusia es el socio energético ideal para Europa. Es importante para Europa no depender exclusivamente del petróleo y del gas de Oriente medio, zona políticamente inestable y controlada por los norteamericanos… Rusia posee las mayores reservas mundiales de gas e importantes reservas petrolíferas no explotadas, a la vez que desea aumentar sus exportaciones de electricidad hacia Europa. También ha desarrollado una industria nuclear y al estar en el mismo continente, son más fáciles de establecer infraestructuras para el transporte de energía” (H. de Grosseouvre, op. cit. P. 51). Y precisamente porque el potencial de Francia, Alemania y Rusia unido (y más con España) es inmenso en los ámbitos de los energético pero también de lo científico, de lo económico y de lo militar, es por lo que dicho eje es necesario para reequilibrar las relaciones entre Europa y USA, corregir no pocos efectos perversos de la mundialización liberal, y lograr una Europa segura e independiente en un mundo multipolar. Ya lo dijo De Gaulle desde 1949: “Y yo digo que hay que hacer Europa sobre la base de un acuerdo entre franceses y alemanes… Una vez constituida Europa sobre esas bases entonces podremos mirar hacia Rusia. E intentar, de una vez por todas, hacer una Europa entera con Rusia… Es el programa de los europeos de verdad. Y el mío”.
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J.M. Rodríguez Pardo



Registrado: 10 Oct 2003
Mensajes: 1423
Ubicación: Gijón (España)

MensajePublicado: Sab Mar 10, 2007 12:13 pm    Título del mensaje: Eje francoalemán, biocenosis e Hispanoamérica Responder citando

Estimados amigos:

Lo que está claro es que si la séptima izquierda no es posible en Hispanoamérica, en una Europa fragmentada y bajo las ínfulas francogermanas menos aún. ¿Cuál sería el idioma común? El inglés, es decir, la hegemonía de Estados Unidos, auténtico fundador de la Europa del Mercado Común y del Estado del Bienestar, algo que personajes con tan pocas luces como Verstringe no pueden efectivamente ver. Uno se pregunta qué peso tendría Madrid en las decisiones europeas salvo el que existe en la cabeza de tan peculiar sujeto. Afirma que el peso de Europa lo llevarían Francia y Alemania, lo cual es cierto a día de hoy, pero sin Estados Unidos ambas naciones no tienen nada que hacer. Son imperios fracasados, que siguen arrastrándose a nivel político buscando una influencia que nunca tuvieron. Especialmente patético es el caso francés, que pretende ser el motor político con la constitución europea que ellos mismos rechazaron en el referendum de 2005. Pero en definitiva la cuestión es que Europa, por su fragmentación política y cultural, no constituye una plataforma continental como sí la constituyen Hispanoamérica, el Islam o Estados Unidos.

Respecto a lo que opinan de nosotros en Hispanoamérica, me parece muy atrevido hablar de una opinión general sobre España. En los sectores de la Iglesia católica más tradicionales, se mira con respeto a España por la implantación del catolicismo, aunque luego esté de fondo el recelo típicamente curil respecto a la unidad continental; a la Iglesia siempre le ha venido bien la fragmentación y debilidad política de los estados, como en la sociedad feudal. En sectores aún afines a la Teología de la Liberación y más "progresistas", la cosa está efectivamente peor: se mira a los españoles como europeos, con cierto respeto (herencia de las oligarquías corruptas que veían en Europa en general y en Francia en particular la salvación de sus naciones, en la famosa y denigrante "Latinoamérica" de Torres Caicedo), aunque no se tolera que se hable sobre la herencia española, que algunos reducirán en su necedad a lo mínimo, hablando de la Inquisición (que era católica, para más señas) y los tópicos de las matanzas indígenas que sólo gente muy sugestionada por argumentos de autoridad universitarios podría sostener. Es más, las tesis mantenidas en ámbitos académicos y universitarios sobre España no constituyen un reflejo fiable del sentir general sobre España. Se acercan más a las tesis de una secta acomodada en sus cátedras que a un estado de opinión firme de las distintas capas sociales del continente.

Después tendríamos a la ciudadanía más indefinida, y también más numerosa, que ve en España la madre patria y mira a los españoles con más cercanía, por aquello del idioma y la emigración conjunta. Está claro que esto no implica nada a los efectos de la unidad política, pero esta identidad común, tanto histórica como a nivel de lengua, da muchas más posibilidades de unidad que desde una Europa históricamente convertida en una biocenosis, donde lo que impera es la lucha constante por todo tipo de intereses, económicos y políticos preferentemente.

Un cordial saludo,
José Manuel Rodríguez Pardo.
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Santiago Armesilla Conde



Registrado: 09 Oct 2006
Mensajes: 350
Ubicación: Madrid

MensajePublicado: Dom Jun 24, 2007 11:44 am    Título del mensaje: Responder citando

Cita:
Zapatero dice que Europa va a ser más democrática, gracias a un Tratado de la Unión, que será ratificado sólo por los políticos y no por los ciudadanos

El nuevo Tratado de la Unión Europea que el viernes, tras una intensa jornada de negociaciones, acordaron ‘in extremis’ los Jefes de Estado y de Gobierno de los Veintisiete no será sometido referéndum. Así lo anunció ayer el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, que señaló que los españoles ya ratificaron sus aspectos esenciales cuando se pronunciaron a favor de la fallida Constitución Europea en febrero de 2005. Además, Zapatero expresó su satisfacción ante el acuerdo alcanzado que ha permitió la UE salir de “una situación difícil” y alumbrará una Europa “más unida, más política, más poderosa, más eficaz” y también “más democrática”.

Los logros más difíciles son los que dan más satisfacciones cuando se conquistan y tras el fracaso de la Constitución Europea, y después de que durante buena parte de la cumbre la negativa de Polonia hiciera imposible el acuerdo, la “fumata blanca” que se alcanzó de madrugada en Bruselas deja a todos contentos.

“Europa ha sabido dar respuesta a una situación difícil después de la no aprobación del Tratado constitucional”, aseguró Zapatero que quiso destacar que se ha conseguido “que los aspectos más importantes para el funcionamiento de la UE estén presentes en la reforma del Tratado y, con ello, una Europa más unida, más política, más eficaz, con una voz mucho más poderosa y única en el mundo que va a poder ser realidad una vez que el Tratado sea ratificado y entre en vigor”.

Es decir, a pesar de que no habrá constitución y no se mencionan símbolos como la bandera o el himno -para evitar que el fantasma de un supraestado que absorba en un futuro totalmente la soberanía de los estados miembros-, el acuerdo respeta la esencia de la misma y permite superar dos años de parón en el camino de la UE. Por eso el proceso de ratificación, según anunció Zapatero, será exclusivamente parlamentario y el tratado modificado no será sometido a referéndum. “Los españoles ratificaron un texto y gran parte de este texto va a formar parte de los tratados de la UE”, apuntó el presidente del Gobierno en su comparecencia ante los medios seis horas después de anunciado el acuerdo.

Zapatero insistió en que el de ayer es “un buen día para Europa” y que se ha logrado un texto que mejora “de manera sustancial el funcionamiento de la Unión Europea para hacerla más democrática, más eficaz, para que pueda dar respuesta a los problemas sociales y de los ciudadanos europeos”. Reconoció que fue muy difícil llegar a este acuerdo “después del proceso vivido como consecuencia de los referendos en Francia y Países Bajos” -que rechazaron la Constitución Europea- pero destacó que la “voluntad de todos y un compromiso conjunto por lograr que la UE se ponga en marcha de nuevo” ha sido clave a la hora de lograr el consenso.

El Presidente del Gobierno quiso también asegurar que España puede “funcionar adecuadamente” con el sistema de voto acordado y que retrasa la entrada en vigor de la doble mayoría de población y Estados hasta 2014, permitiendo además recurrir al mecanismo establecido en el Tratado de Niza si el Estado lo considera más beneficioso hasta la primavera de 2017. Esta fue la concesión que se hizo a Polonia y fue clave para lograr el consenso.

PRINCIPALES LOGROS

“No podemos venir a Europa a decir que no haya demasiados temas que se aprueben por unanimidad, por un lado, y a la vez decir que queremos los máximos instrumentos para bloquear, es una contradicción absoluta”, apuntó Zapatero que afirmó que su apuesta es por una Europa en la que “las decisiones se tomen en la mayoría de los casos por mayoría y que no funcione la lógica del bloqueo”.

Zapatero expuso los principales puntos del mandato que tendrá la Conferencia Intergubernamental (CIG) encargada de elaborar el nuevo Tratado de reforma de la Unión y destacó, entre otros aspectos, la consagración de los principios de la Carta de Derechos Fundamentales o que se pasen de 36 a 87 las materias que se adoptarán por mayoría cualificada, reduciendo el derecho de veto y facilitando las decisiones en materias tan importantes para España como la inmigración, la energía o la justicia e interior.

Puso también de relieve su satisfacción porque Europa tendrá una voz “única y fortalecida” en el mundo a través de la figura del alto representante de la Política Exterior y también destacó la política integral de inmigración y el “paso muy importante” que se ha dado en la construcción del espacio europeo de seguridad y justicia. Además Zapatero subrayó que, a propuesta de España, se introdujo en el texto una mención específica, en la política energética, al fomento de las interconexiones entre Estados miembros, y el estatuto de las Regiones Ultraperiféricas.


Rajoy tiene razón. Tenemos que darle las gracias a los gemelos polacos, esos que Cedro Perolo tanto odia.
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