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Causalidad en el MF

 
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Guillermo Pérez Álvarez



Registrado: 08 Jun 2005
Mensajes: 74
Ubicación: Huelva (España)

MensajePublicado: Sab Feb 02, 2008 1:33 pm    Título del mensaje: Causalidad en el MF Responder citando

Estimados amigos de nódulo:

Me gustaría saber en cuales libros de G. Bueno y otros autores (o artículos) se habla de forma importante sobe la idea de causalidad del MF. Imagino que en la TCC. por cierto, ¿para cuando los siguientes volúmenes del TCC? Un saludo,

Guillermo
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Pedro Insua Rodríguez



Registrado: 09 Oct 2003
Mensajes: 279
Ubicación: Madrid

MensajePublicado: Dom Feb 03, 2008 9:42 pm    Título del mensaje: Responder citando

Pues, en los Ensayos Materialistas y, sobre todo, en La filosofía de Gustavo Bueno, en el Homenaje de la revista Meta, hay un artículo de Bueno titulado En torno a la doctrina filosófica de la causalidad (p. 207) en que se expone ampliamente. Esto así que recuerde a bote pronto...
Saludos,
Pedro Insua
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Guillermo Pérez Álvarez



Registrado: 08 Jun 2005
Mensajes: 74
Ubicación: Huelva (España)

MensajePublicado: Lun Feb 04, 2008 10:02 am    Título del mensaje: Más cosas Responder citando

Gracias Pedro. Además de lo que me dices, en el diccionario filosófico de Pelayo García hay más información. No se porque no se me ocurrió consultarlo antes. Más aportaciones serán bienvenidas. Un saludo,

Guillermo
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J. Ramón Esquinas Algaba



Registrado: 15 Ene 2004
Mensajes: 66
Ubicación: Malaga

MensajePublicado: Lun Feb 04, 2008 1:58 pm    Título del mensaje: Idea de Causa Responder citando

Aquí va otro texto de G. Bueno sobre la Idea de Causa:

Cita:
PRÓLOGO DE GUSTAVO BUENO A
«LA IDEA DE CAUSALIDAD ESTRUCTURAL»
de Juan Ramón Álvarez
Ed. Colegio Universitario de León; León, 1978


1. [11] El libro de Juan Ramón Álvarez, que el lector tiene entre sus manos, contiene un preciso análisis crítico del concepto de “causalidad estructural”. Este análisis comporta, por un lado, la determinación de los componentes ontológicos de la idea de “causalidad estructural” (causalidad, estructura, causalidad inmanente, causalidad transitiva, etc.) y, por otro, la identificación del contexto en que ha madurado el nuevo concepto (contexto que incluye, desde luego, la problemática en torno a la cual gira la teoría de la “causalidad estrutural”): este contexto está constituido, principalmente, por las relaciones que ligan la base y las supraestructuras de los sistemas sociales.
Es así como el libro de Juan Ramón Álvarez nos pone, inmediatamente, en uno de los más importantes lugares de confluencia entre las corrientes del materialismo histórico (que arrastra la temática de la base y la supraestructura) y del materialismo dialéctico (en cuyo marco se insertan los conceptos de causalidad, estructura, y causalidad estructural: la naturaleza ontológica de estas cuestiones compromente la interpretación epistemológica que los althusserianos han dado del “materialismo dialéctico”).

2. Uno de los servicios más eficaces del libro de Juan Ramón Álvarez es precisamente este: que restituye las cuestiones a sus quicios propios; que reconstruye los marcos que confieren sentido pragmático a conceptos ontológicos abstractos (la “causalidad estructural”), hasta el punto de hacernos dudar sobre si estos conceptos no habrán sido perfilados ad hoc para recubrir ciertas cuestiones del materialismo histórico; en particularl a cuestión de la conexión entre la base y las supraestructuras de los sistemas sociales. Las certeras observaciones críticas del autor nos inclinan a pensar que los conceptos ontológicos que están involucrados en la teoría de la causalidad estructural no han logrado elevarse a un nivel de generalidad y coherencia mínimo y, por tanto, que su función no es otra sino la de servir a la reexposición de esas “cuestiones pendientes” del materialismo histó- [12] rico, con una concepción ontológica tomada de un “estructuralismo” a todas luces (nos parece) insuficiente. El estructuralismo (según el modo de Lévi-Strauss) pisa el terreno de las supraestructuras; pero la causalidad estructural pretende regresar hacia las fuentes básicas de esas supraestructuras –fuentes que nos remiten a la causalidad histórica-. ¿Qué alcance puede entonces tener el intento de reducir esta causalidad histórica “básica” a los términos de la supraestructura, por medio de la causalidad estructural? “Causalidad estructural” viene a implicar ahora algo así como una “historia de la supraestructura”, aún más, algo así como el “carácter supraestructural de la base”.

3. El materialismo histórico –el del célebre Prefacio de Marx— distingue, en los procesos sociales, la base y la supraestructura. En la base se incluyen los momentos económicos de la producción. La supraestructura aparece como determinada por los procesos básicos

¿Qué tipo de conexión cabe establecer entre ambos términos? ¿Una conexión causal? La base desempeñaría, seguramente, el papel de la causa y las supraestructuras serían los efectos. Pero si se entiende la relación causal en el sentido de las relaciones deterministas (el determinismo de las funciones o aplicaciones “unívocas a la derecha”, en cuanto ellas determinan un valor preciso de la variable dependiente, a partir de un valor –o valores— asignados a la variable independiente), recaemos en pleno economicismo. O, si se prefiere, el economicismo no sería otra cosa sino el resultado de utilizar la forma causal binaria (“mecánica”, “transitiva”…) para pensar las relaciones entre la base y las supraestructuras. Y el mismo Engels, en su no menos célebre carta a Bloch, ya había advertido que también a las supraestructuras les corresponde un papel causal, por cuanto ellas “reaccionan” sobre la base, instaurando una suerte de “causalidad circular”.
¿Habrá que prescindir de la categoría causal, cuando se quieren pensar las relaciones entre base y supraestructura? Podríamos acudir a otras “categorías” –por ejemplo, a la categoría de la esencia, en su relación con fenómeno; o a la categoría de todo, en relación con sus partes. La base asumirá ahora el papel de una esencia –frente a las supraestructuras—, que habrá que hacer corresponder a los fenómenos. Estaríamos así en una interpretación “hegelianizante” del materialismo histórico. Esta interpretación subrayaría la intimidad engre la base y la supraestrutura del sistema social, sobre todo si se acompaña de la tesis según la cual el fenómeno no es una entidad [13] extrínseca, sino un episodio del desarrollo de la propia esencia. Pero, a cambio, esta interpretación hace mucho más débiles (prácticamente, operatoriamente) a las supraestructuras, que, por su condición de puros reflejos (epifenómenos, más que fenómenos) resultarán ser algho pasivo, débil espuma cuyo significado estribará más en servir de testimonio de las corrientes de fondo, que en algo capaz de modificar o desviar tales corrientes. Por supuesto, podríamos también ensayar la compresión de las relaciones entre la base y las supraestructuras por medio de las categorías del todo y de la parte: la base sería ahora el todo, partes suyas son las supraestructuras; o bien, base y supraestructuras son partes de un todo (o sistema) común.

Se diría que el llamado “marxismo estructuralista”, acuñando el concepto de “causalidad estructural”, viene a hacer confluir a la esencia-básica (a través de la idea de totalidad) con la función causal, con objeto de recuperar la causalidad de las supraestructuras adjunta al esquema causal circular. Pero, evidentemente, la causalidad de la que ahora va a hablarse, en tanto comienza “envolviendo” a esta reacción de las supraestructuras, ya no podrá entenderse como una causalidad transitiva, mecánica. Deberá ser entendida como “causalidad estructural”, como una causalidad por medio de la cual la base (sobre todo: su momento económico) mantiene el papel de causa (“determinante en última instancia”), pero una causa que actúa en el ocntexto de un todo complejo (que incluye las supraestructuras) y que, a su vez, modifica a la base, la causa a su vez (quizá según el modo de la diatesis, de la determinación que una parte ejerce sobre otra parte en el seno de un todo estructurado).

Según esto, la “causalidad estructural” se aproxima a algo así como a la acción de un “todo complejo” (heterólogico, la estructura) sobre alguna de sus partes (o regiones), a alguna de las cuales, sin embargo, se le mantiene su papel “determinante en última instancia”. Esa acción del “todo complejo” incluye (reflexivamente) a la propia parte determinada que deberá así asumir una coparticipación causal. La relación (“platónica”) entre la esencia y el fenómeno “se dobla” en la relación (“hegeliana”) según la cual la esencia sólo se realiza en el fenómeno. De ahí que la causalidad estructural aparezca como inmanente, no transitiva. El efecto es la misma causa. La supraestructura (el fenómeno) es la re-exposición (Darstellung) de la esencia (de la base) y esa re-exposición (que incluye una re-flexión o re-petición de los fenómenos) es el mismo contenido de la “causalidad estructural” (en la doctrina althusseriana).

4. ¿Qué es lo que se está haciendo con todos estos ajustes conceptuales? Introducir en la idea de causalidad las categorías holísticas, no ya bajo la forma tradicional del organicismo, pero sí bajo la forma (más mecánica) del estructuralismo “a la francesa”. Acoplar a estas estructuras la teoría de la contradicción (contradicciones múltiples, complejas, dadas en diferentes niveles) para sugerir el modo según el cual esa re-flexión del todo sobre alguna de sus regiones básicas, lejos de conducir meramente a una reiteración (o re-producción estacionaria) del todo, puede conducir a una ruptura: cuando las diversas contradicciones se sobreañaden y de su confluencia resulte una sobredeterminación de la parte básica.

5. ¿Por qué llamar a todo esto causalidad estructural —en cuanto causalidad contrapuesta a la causalidad mecánica y transitiva—? ¿Acaso la causalidad no es siempre transeúnte —como dice Juan Ramón Alvarez—? ¿Acaso no es preciso que toda causalidad sea estructural si vemos ya una estructura en el momento en que reconocemos un nexo material entre un efecto (Y) y una causa Ä dados dentro de un “contexto determinante”? Los criterios que separan lo que es inmanente y lo que es transeúnte deben ser dados en cada caso, si no queremos dejar al puro arbitrio la determinación de lo que es interno o externo respecto de su causa.

La idea de “causalidad estructural” –tal es la impresión que sacamos de la minuciosa disección de Juan Ramón Alvarez—es una idea confusa, un pseudoconcepto ontológico, cuya finalidad pragmática acaso no fuera otra sino re-cobrar (para cumplir el “trámite ontológico”, pero sin cuidarse de llevar adelante una concepción coherente de la causalidad) el mismo postulado de la posibilidad de una acción procedente de las supraestructuras, de una “manipulación” de las mismas orientada a conseguir rupturas revolucionarias.

6. No hay aquí una doctrina de la causalidad: hay, más bien, una yuxtaposición de un modelo causal convencionalmente definido como causalidad transitiva (que se aplicaría en las ciencias físicas) y de un modelo de causalidad estructural, propio, al parecer, de los sistemas políticos, sociales, económicos.

Pero ¿cabe siquiera reconocer una causalidad mecánica así definida (como relación binaria)? En esta hipótesis, también habría que aplicar a causalidad estructural a los sistemas inorgánicos (y, desde luego, a los organismos biológicos). Y, además, habría que intentar la reinterpretación de la causalidad estructural como una situación constituida por el “encadenamiento” de causalidades binarias.

[15] Pero acaso ocurra más bien, que la relación causal no sea binaria (relación causa/efecto), que la teoría de la causalidad binaria contenga un concepto “degenerado” de causalidad, concomitante con una cierta metafísica (la creación). Por tanto, que ni siquiera la causalidad mecánica sea binaria y, en consecuencia, que la oposición que quiere ser formulada por medio de la contraposición entre causalidad estrucutral y causalidad mecánica pida ser reformulada de otro modo.

Atribuiremos, por nuestra parte, a la relación causal una estructura ternaria, y no binaria. La concepción de la causalidad como una relación F entre una causa (X) y un efecto (Y) — Y = F (Y) — sería una simplificación metafísica, característica de las doctrinas clásicas de la causalidad (incluida la doctrina de Hume). En el límite, el efecto se concebirá como algo que comienza a existir ex nihilo. El esquema binario sería la fuente de los insolublels poblemas que envuelven al concepto metafísico de causalidad (¿por qué la causa “genera” el efecto distinto de ella misma, cómo mantiene su distancia?), pero también al concepto empirista-formal (¿tiene sentido seguir hablando de nexo causal entre X e Y una vez que se ha evacuado el contenido de los términos, para atenerlos únicamente a sus conexiones de sucesión regular?).

Nosotros suponemos que el efecto no es un concepto absoluto (que cabe dibujar justamente sobre “la Nada”), sino que algo sólo puede llamarse efecto (Y) por respecto a una referencia muy precisa, a saber, un esquema material de identidad (W). Algo es un efecto (Y) sólo en la medida en que se desvíe de un esquema de identidad presupuesto (W) —o quees preciso determinar—. La llamada causa se nos aparece ahora (en el caso más sencillo) como un determinante (X) que, por sí mismo, ninguna eficacia podría alcanzar. Tan sólo al componerse con W puede dar lugar a Y (este X, en Mecánica, se llama fuerza; Y a la aceleración y W, el sistema inercial). Ëntre X, Y, W debe mediar una “continuidad material”, porque las relaciones causales no son, en modo alguno, formales. De este modo, el determinante X tiene por objeto restituir todo cuanto el esquema W “ha perdido” al conducir al efecto Y. En lugar del esquema Y = F(X), escribiremos (para el caso más elemental de nexo causal): Y = F(W,X). De aquí se deduce inmediatamente, por ejemplo, que la noción de creación es absurda (pues entonces W = 0), y nos remite al binarismo. Así también, la causa (X) ha de estar proporcionada al efecto (Y), (v. gr. A la cantidad en la cual W se ha desviado).

[16] No hablaríamos, entonces, de “causalidad estructural” como un tipo de causalidad distinta de la “causalidad mecánica”. La fórmula ternaria Y = F (W,X) contiene modelaciones internas, según las relaciones diversas que Y, W, X mantengan entre sí (relaciones de parte a parte, de parte a todo, etc.). Tampoco el esquema Y = F(W,X) incluye linearidad: él es simplemente abstracto, genérico. Pero puede ir acoplado a otros esquemas, según múltiples signos causales. Por ejemplo: Y1=F(W1,X1) e Y2 = G (W2,X2), de suerte que Y1=W2; Y2= —Y1; X1=X2. Supongamos que atribuimos una estructura causal al infanticidio regular de niñas, en el contexto del control de natalidad (Marvin Harris). Podría desempeñar el papel W1 el equilibrio ecológico (control de la población, medio). Y1 representará la rotura del equilibrio (determinada por X1, en virtud del desarrollo de la población femenina). El equilibrio W1 no implica una situación estacionaria, sino una ratio entre población y medio. Roto este equilibrio Y1=F(W1,X1) “encadenados” a este proceso causal otro, en el cual W2 se “empalma” con el efecto precedente (Y1): es la misma depredación del medio aquello que asume la función de un esquema de identidad, del cual hay que desviarse para obtener como efecto (Y2), precisamente la situación (W1). La matanza de niñas (—X2=X1) restituiría el equilibrio.

Estamos aquí ante una situación causal en la cual la base económica (digamos: el equilibrio W1) ha sido rota. Como supraestructura (“ideológica”) podemos tomar aquí el conjunto de representaciones (“salvaje”) en virtud de las cuales se atribuye a las mujeres (a las niñas) el papel de fuente de vida y motivo único del mal (=depredación del medio). Desde la “supraestructura” se actúa sobre la “base”, pero sin necesidad de apelar a esa “cualidad estructural” invocada por Godelier o por Althusser, sino, más sencillamente, encadenando otro proceso recíproco destinado a “cegar” la fuente incesante de la vida. La oposición entre los procesos causales de tipo sociológico (como el “infanticidio de niñas”) y los de tipo mecánico (como la “aceleración”) no habría que entenderla como una oposición entre la “causalidad estructural” y la “causalidad transitiva”. Toda causalidad incluye un nexo material (entre Xi, Yi, Wi) y es preciso no “menospreciar” —por decirlo así— a la causalidad transitiva.

La oposición entre una causalidad social (histórica, etológica) y una causalidad mecánica, habría entonces que re-formularla de otro modo. Por ejemplo, apelando a una distinción entre esquemas [17] Wa y Wb (que incluyen prolepsis y fines, que a su vez habría que redefinir en términos no mentalistas).

Como dice Juan Ramón Alvarez, su libro quiere hacer patente la necesidad de volver a plantear el problema de la causalidad estructural sobre bases diferentes, más que dibujar el mero planteamiento de los años por venir. Nosotros creemos, en todo caso, que Juan Ramón Alvarez, que ha logrado “triturar” de un modo tan contundente la doctrina vigente de la “causalidad estructural”, es uno de los pocos hombres que ha demostrado, en su libro, estar en condiciones de madurez para acometer ese replanteamiento “sobre bases diferentes” del tema de la “causalidad estructural” —del tema central en el que confluyen el materialismo histórico y el materialismo dialéctico.

GUSTAVO BUENO
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Eliseo Rabadán Fernández



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Mensajes: 567
Ubicación: España

MensajePublicado: Mie Feb 06, 2008 9:06 pm    Título del mensaje: Causa en (otros) dos contextos del sistema del MF Responder citando

La Idea de Causa , además de otros lugares donde está planteada como problema fundamental de la Filosofía, desde las coordenadas del Materialismo Filosófico, la he encontrado en los siguientes textos de Gustavo Bueno, a saber:

UNO

Confrontación de doce tesis características
del sistema del Idealismo trascendental
con las correspondientes tesis
del Materialismo filosófico
El Basilisco, 2ª época, nº 35, 2004, páginas 3-40

Copio una parte concreta del texto anterior donde se hace directa mención a una consideración materialista de la Idea de Causa , frente a las concepciones idealistas...considero relevante la diferencia FUNDAMENTAL entre el idealismo o el racionalismo , sea idealista o sea empirista y las derivas kantianas , o hegelianas & y el Materialismo Filosófico al hacerse explícita la noción de que posibilidad significa composibilidad y esto en el contexto de las doce tesis del MF frente a doce tesis del idealismo trascendental.

Lo importante del escolio 7 es que se muestra cómo puede ser no solamente representada la cuestión o cuestiones relativas a la Idea de Causa, sino ejercitadas ,en contextos categoriales diferentes tal y como se explica en la Teoría del Cierre Categorial , de aquí , a mi juicio, la importancia clave de conocer a fondo estas correspondientes doce tesis frente a las del sistema idealista trascendetal, pues no solamente se dirigen a Kant ... :
Cita:


Hablar del «regreso a las condiciones de posibilidad» de A no es otra cosa sino reexponer a A como si existiera antes de existir; es tanto como olvidar que posibilidad significa composibilidad, y que las «condiciones de posibilidad» de A se reducen al análisis de su conexión con otras entidades B, C, D, que determinan a A, es decir, a sus causas. (Véase el escolio 7, «Existencia, posibilidad...», de El animal divino.)


DOS
El referido escolio 7 de El Animal Divino
Se trata de un escolio cuya lectura y estudio es complejo pero de una enorme utilidad crítico materialista, como verán al leerlo o al releerlo .

Desde luego , como señala Pedro, estos dos textos son de una conexión plena con el libro Ensayos Materialistas.
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