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El mito de la derecha

 
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Santiago Armesilla Conde



Registrado: 09 Oct 2006
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MensajePublicado: Mar Oct 14, 2008 12:50 pm    Título del mensaje: El mito de la derecha Responder citando



Ante la inminente publicación del nuevo libro de Gustavo Bueno, "El mito de la derecha", con un subtítulo que, supongo, será obra y gracia de la editorial ("¿Qué significa ser de derechas en la España actual?"), ya se han publicado breves referencias en páginas de tiendas de libros y editoriales, a mi juicio muy peregrinas y precipitadas, pero todo sea o por vender a un público determinado el libro (peperos) o para volver a sembrar la confusión sobre la figura de Bueno. Esto leí en la web de La Casa del Libro:

Cita:
¿En qué consiste hoy ser de derechas? ¿Puede hablarse de la Derecha como un todo único o existen varias derechas? En este nuevo libro el filósofo Gustavo Bueno aborda éstas y otras cuestiones sobre un concepto que parece haberse desdibujado en los últimos tiempos y que él analiza con el rigor y el estilo combativo que le caracterizan. Además el autor aportará al relato su propio «viaje» político desde la Izquierda.


Mientras, en Libros Lavlan pone esto:

Cita:
¿En qué consiste hoy ser de derechas?
Sinopsis:
¿Qué diferencia hay entre ser liberal y ser de derechas?
¿Puede hablarse de la Derecha como un todo único o existen varias derechas?
¿Cuál es el estado de la derecha española en la actualidad? ¿Es posible la vigencia de la oposición entre derechas e izquierdas?

En este nuevo libro el filósofo Gustavo Bueno aborda estas y otras cuestiones sobre un concepto que parece haberse desdibujado en los últimos tiempos y que él analiza con la erudición, la minuciosidad, el rigor y el estilo combativo que le caracterizan.
Además del análisis, el autor aportará al relato su propio «viaje» político desde la Izquierda en los sesenta hasta la posición en que se encuentra ahora (conservadora para algunos). Una obra de plena actualidad.


¿Es esto cierto? ¿Bueno hablará de sí mismo? ¿A qué clase de viaje se refieren estos libreros? ¿Y Bueno, si es que de verdad habla de ese viaje?

Habrá que esperar a leer el libro, pero no deja de desconcertar este tipo de escritos.

Por cierto, en la página de la Fundación Gustavo Bueno tenemos más información sobre el libro:

http://www.fgbueno.es/gbm/gb2008md.htm
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Antonio Sánchez Martínez



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MensajePublicado: Mar Oct 14, 2008 4:52 pm    Título del mensaje: No puede haber viaje desde "la izquierda" Responder citando

Está claro que Bueno no ha podido aportar
Cita:
al relato su propio «viaje» político desde la Izquierda
, pues "la Izquierda" no existe, como bien sabemos quienes le hemos leído. Lo más probable es que los periodistas no se hayan enterado de lo que leen, o hablen de oídas partiendo de fuentes poco fiables...

un saludo.
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Santiago Armesilla Conde



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MensajePublicado: Mar Oct 21, 2008 3:26 pm    Título del mensaje: Responder citando

Reseña calentita de la presentación hoy en Madrid, España, de "El mito de la derecha":

Cita:
Gustavo Bueno: la distinción entre derecha e izquierda ha desaparecido

El filósofo Gustavo Bueno ha asegurado hoy que los conceptos de derecha e izquierda ya no valen desde la caída del Muro de Berlín, por lo que la distinción entre ambos 'ha desaparecido' con la socialdemocracia y ya sólo sirve 'para confundir'.

En la presentación de su nuevo libro, 'El mito de la derecha', Bueno ha sostenido que la izquierda ha 'secuestrado' el término socialismo porque, a su juicio, 'todo el mundo que vive en sociedad es socialista' y especialmente 'quienes poseen sociedades anónimas'.

Para el autor, la mayoría de la población tiene una concepción 'infantil' de derecha e izquierda, cuya oposición, en su opinión, es un concepto burgués que sólo valió de 1812 a 1912.

El filósofo riojano rechaza también en su libro la identificación entre izquierda y progreso, y entre derecha y reacción, y ha afirmado que el progreso es 'una idea fantástica' y que, en términos físicos, 'quien lo hizo fue el capitalismo'.

El autor ha explicado que el dualismo entre derechas e izquierdas comenzó por ser una distinción 'práctica' -'los de la derecha y los de la izquierda'-, pero que, con el tiempo, la 'derecha primaria' se fue haciendo socialista 'por influencia de la izquierda' hasta el punto de que, ahora, la diferencia 'real de fondo' entre los partidos políticos tiene que ver, en su opinión, con el concepto territorial.

'El único criterio político es la relación con el Estado', ha precisado Bueno, para quien los partidos deben ser 'partes de un todo, y el todo es el Estado', por lo que ha cuestionado la legalidad de los grupos políticos nacionalistas que pretendan derribarlo.

En el libro, Bueno da a estos partidos el nombre de 'extravagantes'.

El filósofo también se ha referido a la situación actual del castellano y ha calificado de 'criminal' considerar secundaria esta cuestión, ya que, a su juicio, el hecho de que se hable esta lengua en España 'no fue cosa de Nebrija', sino consecuencia de una convivencia de siglos, pero eso se rompe 'cuando unos individuos empiezan por dar la espalda para que no les entiendan'.
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Santiago Armesilla Conde



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MensajePublicado: Mie Oct 22, 2008 3:02 pm    Título del mensaje: Responder citando

Una cosa, pido al administrador que ponga bien el título de este hilo de discusión (lo de "Gustavo Bu" queda fatal).

Esta es la reseña del libro de Periodista Digital:

Cita:
'El mito de la Derecha', de Gustavo Bueno

Ficha técnica
Título: El mito de la derecha
Autor: Gustavo Bueno
Editorial: Temas de Hoy
320 páginas
19 euros

Prosigue Gustavo Bueno en su intento de aclarar las ideas y delimitar los conceptos. Si hace cinco años El mito de la izquierda, con el que no tenía otra intención que analizar el modo en que se concibe a la izquierda, motivó una gran cantidad de comentarios, muchos de ellos francamente agresivos, este nuevo análisis, esta vez del mito de la derecha, tampoco dejará indiferente a nadie. Entre otras cosas porque incluso le ha dado tiempo a incluir el intento de Garzón de identificar a todos los desaparecidos a partir del 17 de julio de 1936. Es decir, el autor, tal y como es su costumbre, no rehúye ninguna cuestión por polémica que parezca.

Cabe decir que este libro no sólo puede ser leído con la intención de saber más sobre el asunto del que trata, sino que es conveniente abordar su lectura provisto de un amplio sentido del humor. Son tantas las imbricaciones entre derecha, izquierda, centro, centro derecha, centro izquierda y casi todos los extremos, que resulta inevitable esbozar una sonrisa. Claro que también quienes esperan que lo escrito coincida exactamente con lo que piensan, pueden enfadarse si no es el caso.
¿Eran de derechas quienes se rebelaron contra los ejércitos de Napoleón? ¿Eran de izquierdas los afrancesados? Se trata de una cuestión tan digna de un análisis detallado como el resto de las que se ofrecen a la consideración de los lectores.

Gustavo Bueno acerca su lupa también a los partidos nacionalistas españoles, en su intento de averiguar si son de derechas o de izquierdas. No olvida a los constitucionalistas españoles y no le tiembla el pulso para emitir juicios categóricos, partiendo de su erudición y una vez hecho el minucioso y detallado análisis.

Se trata de un libro valioso y recomendable para aquellos que no se conforman con etiquetar sin más, partiendo de lugares comunes y premisas facilonas, sino que prefieren tener una idea cabal de las cosas antes de formar su propio juicio.

Vicente Torres
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Santiago Armesilla Conde



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MensajePublicado: Lun Oct 27, 2008 2:09 pm    Título del mensaje: Responder citando

Entrevista a Bueno en El Confidencial:

Cita:
“El PP no sabe lo que quiere: el centro es una excusa para no equivocarse"

Nacho Gay.-27/10/2008 06:00h

A ratos contradictorio. Siempre polémico. Respetado filósofo para unos. Sofista sin escrúpulos para otros. Lo único cierto es que Gustavo Bueno no deja indiferente a nadie. Probablemente ese ha sido siempre su cometido. Hace cinco años desquició a la progresía de este país al cuestionar la mayor parte de sus principios. Destripado ya El mito de la izquierda, el filósofo vuelve dispuesto a hacer lo propio con El mito de la derecha.

EL CONFIDENCIAL: Su nuevo libro lanza en portada una pregunta: ¿Qué significa ser de derechas en la España actual? Se la traslado…

GUSTAVO BUENO: Nada diferencial. Al menos en el terreno político. En otros, muchas cosas. Diferencias siempre extrapolíticas.

EC: Sin embargo algunos sostienen aún que la izquierda representa el progreso y la derecha la reacción, que la izquierda es el socialismo y la derecha el capitalismo…

GB: Son términos puramente propagandísticos. La idea fundamental de mi libro es que la distinción entre derecha e izquierda es en realidad burguesa y superficial. Todo es una mentira, una excusa para enfrentarse al otro. Una de las enfermedades de España es la falta de pensamiento adstrato. Nadie sabe lo que es la derecha o la izquierda, pero todo el mundo apunta con el dedo. Políticamente, nuestro país es de adolescentes.

EC: ¿Y a quién le interesa mantener viva esa dicotomía?

GB: Sobre todo a la izquierda de este país, que se atribuye tantas y tantas cosas. Un hombre de derechas no suele decir que lo es porque eso supondría aceptar las premisas del Antiguo Régimen. Esto sin duda le favorece a la izquierda.

EC: ¿De qué ítems se aprovecha la izquierda para alimentar esta diferenciación que usted entiende mundana?

GB: La izquierda utiliza el aborto, la Iglesia, la Seguridad Social en su propio beneficio cuando, por ejemplo, estar a favor o en contra del aborto es simplemente una cuestión moral, nunca política. En realidad, ambas facciones, izquierda y derecha, desaparecieron con la llegada de la Democracia.

EC: ¿Entonces todos los partidos convergen hoy día en el ‘centro’?

GB: El centro sólo tiene sentido deíctico. Es un concepto vacuo, vacío. Algunos dicen: "Voy por aquí, pero no me pregunto lo que es el centro”, porque en realidad el centro no puede resumir un pensamiento político.

EC: ¿Cuándo Rajoy afirma estar en el ‘centro’ afirma pues estar ideológicamente desubicado?

GB: Rajoy tiene una idea confusa de lo que quiere, no lo sabe muy bien, lo único que tiene claro es que no quiere ser extremista. Pero el que va por el centro lo hace para no equivocarse demasiado. Porque el centro no tiene sentido, ya que la diferencia real entre izquierda y derecha se vino abajo con la Unión Soviética.

EC: ¿Cuál es entonces la diferencia entre PP y PSOE?

GB: Se trata de diferencias accidentales. Sobre todo, la posición ante el Estado. El PP defiende el unitarismo. Zapatero piensa, sin embargo, que la nación es algo desfasado. Por eso se alía con los partidos secesionistas. Aunque un partido político, por definición, no puede ser nunca secesionista.

EC: ¿Está usted diciendo que los partidos nacionalistas son ilegítimos o ilegales?

GB: Son ilegales y deberían ser suprimidos. Cómo coño va a formar parte del Estado un partido que quiere segregarlo. Se trata de partidos extravagantes. Que digan lo que quieran, pero que no utilicen el Parlamento para plantear cosas que van contra el propio Parlamento.

EC: ¿Es usted consciente de que por declaraciones como esta le han tildado a menudo de “facha”?

GB: Constantemente. Pero no me importa, porque quien lo hace es un animal de bellota, una cosa burda, un analfabeto que no sabe nada de la vida.

EC: Usted ha dicho siempre, precisamente, que España es un país de analfabetos…

GB: Sí, de analfabetos funcionales. La gente sabe leer el recibo de la luz, El Marca. Algunos aprenden incluso la palabra adrenalina y luego la utilizan sin saber realmente lo que significa.

EC: Cuanto menos es usted un autor polémico…

GB: Sólo me defiendo de los que me atacan, que normalmente son personas que no entienden nada de lo que digo.

EC: Hablando de ataques. Hace unos años publicó usted El mito de la izquierda y la izquierda de este país se le enfadó mucho. ¿Se le encarará ahora la derecha?

GB: No creo que ni lo lean. Y la izquierda no volverá a decir nada sobre mí, porque si lo hace está comprobado que yo vendo más libros. Habrá consigna. Menudos son. No hay más que verlos.

EC: ¿Podría describirles?

GB: Zapatero es un individuo que no sabe ni quién es Cánovas y que sólo utiliza conceptos como solidaridad o libertad que le permiten no equivocarse nunca. La ministra de Igualdad lo primero que debería hacer es estudiar un poco. Y De la Vega se llena la boca diciendo que si esto o lo otro es “de la derecha de toda la vida”, cuando seguramente no sabe ni qué es la derecha. Esa… que se cambia doce veces de traje al día.

EC: ¿Demuestra el fondo de armario de la vicepresidenta que la izquierda también es capitalista?

GB: Eso y las grandes posesiones que tienen y los grandes sueldos que cobran. Antes los ministros solían robar. Ahora ya no les hace falta.
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Santiago Armesilla Conde



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MensajePublicado: Dom Nov 02, 2008 12:43 pm    Título del mensaje: Responder citando

Otra reseña más, de El Semanal Digital:

Cita:
ALDABONAZO DESDE ASTURIAS

Gustavo Bueno da con una nueva clave de los complejos de la derecha

Luis Miguez Macho

Tras desmitificar a la izquierda, el filófoso de la Universidad de Oviedo hace lo propio con el otro lado del mapa político, ahondando en su pluralidad y en los orígenes de su mismo nombre.

2 de noviembre de 2008

GUSTAVO BUENO

El filósofo riojano, asturiano de adopción tras cuatro décadas enseñando en la Universidad de Oviedo, consagra ahora un libro a la derecha como lo hizo recientemente con la izquierda.

ANÁLISIS EN PROFUNDIDAD

Gustavo Bueno. El mito de la derecha. Una visión crítica de la derecha en España. Temas de Hoy. Madrid, 2008. 350 pp. 19 €


Hace ya algunos años que el filósofo Gustavo Bueno ha pasado a engrosar las filas de los personajes incómodos para la corrección política dominante. Y ello, a primera vista, puede parecer difícil de explicar: proveniente del marxismo, fundador de una escuela filosófica que se declara materialista, ateo declarado, cuenta en principio con todas las credenciales para adquirir el máximo grado de reconocimiento público en un panorama intelectual y mediático como el español.

Sin embargo, si mentamos a Bueno a cualquiera de los fautores de la corrección política, lo más probable es que lo catalogue dentro del conservadurismo más extremo -quizá directamente en la ultraderecha-, haciendo compañía a tantos otros izquierdistas que, al paso que evolucionaban, han ido siendo enviados a una especie de muerte civil mediática. Y no es que el filósofo afincado en Asturias haya dejado de profesar un pensamiento materialista y ateo; pero sus pronunciamientos públicos abiertamente patrióticos y su defensa de la superior racionalidad de la tradición católica en estos momentos de combate contra la misma en nombre de un nihilismo contracultural colisionan con el proyecto de transformación social y política en el que nos hallamos inmersos. En definitiva, incurre en el peor pecado posible en nuestros días, que es el de no ser "progresista".

Entre otras tesis suyas molestas, una que ha incomodado especialmente es la crítica de la concepción de la izquierda como unidad ideológica opuesta de forma ontológica a la derecha, desarrollada en el libro El mito de la Izquierda (Ediciones B, 2003). Este estudio acaba de tener continuación ahora en otro dirigido a desentrañar el correlativo "mito de la Derecha" (El mito de la Derecha, Temas de Hoy, 2008), que promete acrecentar su fama de pensador reaccionario.

La derecha como creación de la izquierda

Se compartan o no los presupuestos filosóficos de Bueno, no cabe duda de que son útiles para el análisis de un concepto político como es el de derecha, porque su materialismo le lleva a buscar en la historia el origen del mismo y las transformaciones que ha ido experimentando. De esta forma, el lector tiene garantizado que en este libro se va a encontrar la derecha que realmente ha existido y no cualquier recreación mítica que deforme por motivos ideológicos la realidad histórica en un sentido o en otro.

Esta indagación histórica pone de manifiesto un rasgo inicial de la derecha que sigue explicando muchas de sus características –y complejos– actuales: que, como posición política, es una creación de la izquierda. Es decir, históricamente primero fue la izquierda y después ésta designó a sus enemigos políticos como derecha. De ahí que todavía hoy la izquierda no tenga problema alguno para definirse como tal, mientras la derecha busca una y otra vez subterfugios para no reconocerse en esa posición (y del famoso centro, como se verá, también trata Bueno en El mito de la Derecha).

Por supuesto, esta tesis parte, correctamente, de que es inaceptable hablar de derecha e izquierda antes de la Revolución francesa y, en general, de las Revoluciones liberales decimonónicas. Justamente la primera derecha, o "derecha primaria", en la terminología de Bueno, no es otra que la representada por los defensores del Antiguo Régimen frente a los revolucionarios, que fueron quienes asignaron a aquéllos la posición de derecha.

Bueno explica también de manera muy acertada el proceso histórico a través del cual los liberales, que son esa primera izquierda revolucionaria frente al Antiguo Régimen, acabaron defendiendo muchos de los principios y valores de éste y pasaron a ocupar la posición de derecha ante las nuevas generaciones de la izquierda que surgieron a lo largo de los siglos XIX y XX. Aparece así la segunda manifestación histórica de la derecha, la derecha liberal.

No toda la derecha es liberal

Pero la historia no concluye ahí, como podría llegar a pensarse si se atiende al predominio que ha adquirido en nuestro país en la actualidad el liberalismo dentro del campo político de la derecha, por lo menos en los terrenos intelectual y mediático. El método de análisis de Bueno vuelve a demostrar su utilidad al recordar la existencia de una tercera manifestación de la derecha, hoy casi tan olvidada entre nosotros como la "derecha primaria" de los tradicionalistas: lo que el autor llama la "derecha socialista".

Quizá el lector haya dado un bote en su asiento al leer esto de "derecha socialista", acostumbrado a ver unidos los términos "socialismo" e "izquierda", y todavía se sorprenderá más si digo que en esa posición Bueno incluye a Antonio Maura, al general Primo de Rivera y al general Franco (no, en cambio, al fascismo y a otros movimientos próximos, como el falangismo). Bien, hay que reconocer que, aunque el autor justifique por qué le aplica esa denominación a la corriente de derecha social que en España se inicia con el maurismo, tiene su continuación natural en la Dictadura de Primo de Rivera y desemboca en el régimen de Franco, la utilización del adjetivo "socialista" puede inducir a confusión y oscurecer la cuestión de fondo, que no es otra que la pluralidad de la derecha y la imposibilidad de reducirla artificialmente mediante su encorsetamiento en una de sus manifestaciones históricas, la liberal.

Cuando el liberalismo sufrió la gran crisis de principios del siglo XX, hubo un sector de la derecha, que en nuestro país se situaba en el Partido Conservador, en la facción dirigida por Antonio Maura, que abandonó los dogmas abstencionistas y asumió la necesidad de la intervención del Estado en la vida económica y social sin renunciar al sistema de economía de mercado. El hundimiento del régimen de la Restauración hizo que esas ideas se llevasen a la práctica por antiguos mauristas, como José Calvo Sotelo, a través la Dictadura de Primo de Rivera, paralelamente a la experiencia fascista italiana y antes de que el keynesianismo generalizase en todo Occidente las mismas tendencias.

Las continuidades entre la Dictadura y el régimen de Franco en este campo son suficientemente conocidas, y no es necesario abundar en ellas. Sí hay que hacer notar que la unión histórica entre regímenes autoritarios y derecha social parece haber inhabilitado en nuestro país a esta corriente para desempeñar el papel que le debería corresponder en un régimen democrático como el actual, con el consiguiente empobrecimiento ideológico e intelectual para una derecha condenada fatalmente a dar vueltas en torno a un liberalismo que no tiene todas las respuestas.

Hay otras derechas; lo que no hay es centro

Bueno también se ocupa de otras derechas, a las que califica de "no alineadas" por salirse de la continuidad histórica que une a las derechas tradicionales en su relación con la trasformación revolucionaria del Antiguo Régimen. En esta categoría incluye, por ejemplo, al fascismo italiano y al nacionalsocialismo alemán, otra vez con todo acierto, porque ambos fueron movimientos populares que combinaron características de la derecha y de la izquierda –ni de derecha ni de izquierda, decían los falangistas españoles-, por más que la izquierda haya querido siempre ocultar por todos los medios su parentesco con aquéllos, hasta el punto de lograr imponer la visión de los mismos como la expresión más extrema de la derecha.

Igualmente "no alineadas", pero por motivos bien distintos, serían las derechas secesionistas. En este caso, su separación del resto de la derecha se debería a que no comparten la lealtad a la misma comunidad nacional; así, de idéntica forma en que no se pueden situar en el mismo plano las derechas de países distintos, Bueno sostiene que otro tanto ocurre con los grupos políticos que, dentro de un país, pretenden romperlo para crear unidades políticas nuevas. Otra reflexión de gran interés, que deberían estudiar con atención todos aquellos que se lamentan de la incapacidad del PP para pactar con los nacionalistas de derecha, frente a la facilidad que tiene el PSOE para hacerlo, sin reparar en el grado bien diverso de adhesión a la idea nacional española que hoy mantienen los dos grandes partidos.

En una reseña como ésta no es posible extenderse más, pero hay que dejar constancia de que el autor no se olvida de movimientos como el de la "Nueva derecha" de Alain de Benoist, que analiza dentro de las "derechas no alineadas", poniendo en cuestión su propia calificación como "derecha", o del populismo liberal del difunto Jörg Haider y el nacionalismo francés de Jean-Marie Le Pen, que tampoco despacha sin más con la calificación de "ultraderechistas", como suele hacer la corrección política imperante.

Lo que Bueno no acepta es la existencia del centro, poniendo de manifiesto que siempre es centroderecha o centroizquierda, es decir, una situación relativa dentro de la derecha o de la izquierda, la más cercana a la posición contraria. Por eso si, como ocurre hoy en España, en uno de los sectores, pongamos la derecha, no hay más que una fuerza política representativa, es de todo punto imposible que la misma pueda ser el centro de nada.

Será mucho pedir, desde luego, que los ideólogos de nuestra derecha intelectualmente anémica y perpetuamente acomplejada lean y mediten las profundas enseñanzas que se desprenden de este libro esclarecedor. Pero hacerlo les ayudaría a comprender la pluralidad histórica de la derecha, lo inútil y contraproducente que es tratar de ahogarla en el uniformismo de una determinada interpretación del liberalismo y la ridiculez que supone el empeñarse en negar la propia identidad política mediante conceptos vacíos como el de centro, que, además, no engañan a nadie.
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Santiago Armesilla Conde



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MensajePublicado: Jue Nov 13, 2008 6:17 pm    Título del mensaje: Responder citando

Extraído de: http://www.estrelladigital.es/ED/diario/48268.asp

Cita:
Gustavo Bueno: "Los partidos nacionalistas son una secta"

El filósofo presentó 'El mito de la derecha', una obra en la que habla de "la derecha" y "la izquierda", dos términos que generan gran confusión al hablar de ellos

El filósofo Gustavo Bueno presentó este martes en Madrid su nuevo libro, El mito de la derecha . El polémico autor de obras como La fe del ateo o Zapatero y el pensamiento Alicia; un presidente en el país de las maravillas habla en esta ocasión de la oposición existente entre "la derecha" y "la izquierda", dos conceptos que generan una gran confusión, a pesar de ser tan utilizados en la vida política, debido a la falta de definiciones existentes sobre ellos. En una rueda de prensa, celebrada en la sede de la editorial Planeta, Bueno se mostró muy crítico con los partidos nacionalistas, fuerzas políticas que como PNV, ERC o BNG "tienen como objetivo derribar la unidad española" y que, según él, "son una secta".

ARTURO CARRETERO

MADRID



"La izquierda" y "la derecha", conceptos que se utilizan cada vez más en nuestros días y que no tienen en algunas ocasiones, según la opinión del filósofo Gustavo Bueno, ningún sentido.

El riojano habló en la sala de prensa de los tópicos que traen consigo estas palabras, y puso como ejemplo el de una persona en concreto que es etiquetada como de derechas o de izquierdas según sus actos y sus ideas. Concretamente, el filosofo se refiere a la imagen que los españoles creamos de un individuo determinado dependiendo de la opinión que mantenga acerca de la familia, del aborto, de las uniones entre homosexuales o de la Iglesia.

Ese encasillamiento es del que huye el profesor, que afirma que ser de izquierdas o derechas no tiene nada que ver con la posición que mantenga una persona con respecto a un tema u otro.

Bueno intenta demostrar en este libro lo que es la derecha para así "entenderla objetivamente" dice. Este autor, al que muchos califican, según sus palabras, de "facha" o "fascista", sobre todo tras su polémico libro El mito de la izquierda , habla también de la idea arraigada y equívoca de que la izquierda "es el progreso" y "el socialismo" y que la derecha es "la reacción" y "el capitalismo". Y es que, "la diferencia entre izquierda y derecha es territorial" asegura el riojano, refiríendose así al diferente modelo territorial que pueda implantar uno u otro partido.

Por todo ello, por la falta de definiciones, por la confusión entre las mismas, se ha constituído un auténtico "embrollo" que se "ha trasladado un gran grado de estupidez" a nuestra sociedad. "La definición de izquierda y derecha es una definición burguesa", prosigue, que solo se utilizó un verano, "concretamente el de 1812" y de la que ni siquiera hay constancia en nuestra constitución.

El socialismo

Pero el profesor no solo aborda el origen, la clasificación y el concepto de la derecha, sino que también habla del socialismo, en el sentido de "concepto malformado", que se acuño junto al término solidaridad, otro "concepto malformado", en la Francia decimonónica en la que vivió Pedro Lerroux.

El filósofo habla esto de esto porque, "si se partía del supuesto de la naturaleza grupal (social, y no solo política) del hombre, dondequiera que existiesen grupos humanos, sería necesario reconocerles su socialismo, así como su solidaridad ante terceros gtupos. No cabría oponer, por tanto, socialismo a capitalismo. El único concepto opuesto al de socialismo sólo podría ser el de solipsismo, propio de individuos egoístas o insolidarios".

Asimismo, Bueno también habló, aunque en su libro lo trata más en profundidad, de la idea de "centro" político, una expresión que, a su juicio, "es penosa", sinónimo de que la gente "no sabe lo que dice? porque "el centro es un concepto geométrico" y no político.

Los nacionalismos

El también ensayista también tuvo tiempo en la rueda de prensa para hablar, a su manera, de los nacionalismos. Para ello hizo primero una breve definición de lo que son los partidos políticos, según él "aquellas partes del Estado que son del Estado", y destacó el concepto de "nación" por encima de todo.

Es por ello que Bueno no entiende como partidos como el PNV, ERC, PCTV o NBG son legales si "tienen como objetivo derribar la unidad española" y quieren separarse del Estado si pertenecen a este. "¿Cómo se forma un partido político que quiere destruir España?" se pregunta el filósofo. "¿Como entender a estos partidos extravagantes que quieren conseguir una nación fuera del territorio?".

"¿Hablan de libertad de pensamiento?", pues "que escriban teorías, que digan lo que quieran" pero "que no se le de un cauce a un partido que quiere exponer sus ideas" dijo. Para el escritor estos partidos "son como una secta" que "confunde el tocino con la velocidad" y que, por si fuera poco, "se consideran de izquierdas", se supone que porque "lucharon contra Franco" concluyó.
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Santiago Armesilla Conde



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MensajePublicado: Jue Nov 27, 2008 1:40 pm    Título del mensaje: Responder citando

Dos referencias en La Nueva España:

Cita:
Del fenómeno real al dualismo metafísico

Tenemos un nuevo mapa de las ideologías. En 2003 Gustavo Bueno publica "El mito de la izquierda." Ahora en 2008, ese libro se cierra con "El mito de la derecha".



SILVERIO SÁNCHEZ CORREDERA

Tenemos un nuevo mapa de las ideologías. En 2003 Gustavo Bueno publicaba El mito de la izquierda. Ahora, en 2008, ese libro se cierra con El mito de la derecha, su simétrico necesario, según el atento lector podrá constatar. Se trata de dos obras que son en realidad una, en cuanto que en ellas el materialismo filosófico cartografía la historia de las ideologías políticas de los dos últimos siglos.

1. Marco histórico

Las izquierdas y las derechas cobran sentido conceptual a partir del derrumbamiento del Antiguo Régimen, y desde este marco histórico original las izquierdas significan las sucesivas formas de alejarse de las monarquías absolutas y las derechas, los sucesivos modos de corregir esos intentos de las izquierdas. De esta manera, izquierda y derecha son dos conceptos que hay que entender dinámicamente, en su despliegue histórico, y no como dos realidades esenciales (mitificadas) previas y exentas de un orden político concreto: el que va de 1789 a 1989.

Si tenemos asumido el inicio de una nueva edad histórica en 1789, ¿cuál es el criterio para fijar su final en 1989?: la caída de la Unión Soviética y la entrada en una sociedad pletórica de mercado y de democracia homologada, como modelo único, suponen el fin de la lucha por sustituir las instituciones de un Antiguo Régimen que ha sido ya trascendido por el propio curso histórico.

Lo que queda ahora, en concreto en España, son sus inercias y un estado de transición en el que los valores bipolares anteriores se van ecualizando. Queda, también, un futuro ideológicamente incierto.

2. Marco geográfico

Si hay un marco histórico en el que los conceptos de izquierdas y derechas cobran significado, hay también un marco geográfico. Fuera del contexto europeo (Francia, España, Italia...) en donde nace esta confrontación entre las izquierdas y las derechas, y teniendo en cuenta su irradiación exterior (sobre todo a América), estos conceptos pierden su significado preciso.

Además, estas confrontaciones ideológicas adquieren pleno sentido sólo en el interior de cada Estado concreto (como totalidad atributiva). Las coaliciones internacionales suponen una red organizativa supranacional, es obvio, pero cada partido político se define realmente en función de sus programas internos.

3. ¿Por qué mitos?

¿Por qué mitos: de la derecha y de la izquierda? Porque aunque esos conceptos han ido significando fenómenos reales bastante circunscritos (jacobinos, liberales, absolutistas, carlistas, leninistas, falangistas, etcétera), a la vez, en su desarrollo, se fue fraguando un dualismo metafísico borroso, según el cual «se es de derechas o de izquierdas constitutiva, ontológica o antropológicamente», y de aquí la forja de estos relatos míticos falsos y envolventes.

Aunque los mitos impulsan sin duda a las conciencias, la política concreta se movía, de hecho, en el contexto de sus tres capas efectivas: la «conjuntiva», la «basal» y la «cortical», que podemos traducir y simplificar, respectivamente, por las capas gubernamental, económica y defensiva, en el marco no de un reino de ideas proyectadas y utópicas, sino en el de la eutaxia (o buen orden) de cada Estado concreto.

4. Modulaciones de la derecha

Frente a las seis generaciones de izquierdas (jacobinos, liberales, anarquistas, socialdemócratas, comunistas y maoístas), Gustavo Bueno señala tres modulaciones que se van sucediendo en la derecha: la derecha primaria, la derecha liberal y la derecha socialista.

La derecha primaria está representada por quienes reaccionaron desde los supuestos del Antiguo Régimen contra la Revolución Francesa y contra el anarquismo, y más tarde, por aquellos partidos que siguieron manteniendo intacta la pretensión de volver a modelos o instituciones del Antiguo Régimen. En España, los serviles de Cádiz, los carlistas y los requetés son sucesivas expresiones de esta modulación.

La derecha liberal es, paradójicamente, la misma izquierda liberal en aquel momento de su evolución en el que su proyecto político pasa a conectarse con hilos provenientes del Antiguo Régimen y a enfrentarse de esa manera a otros modelos de izquierda más revolucionaria. Los Espartero, O'Donnell, Cánovas y Sagasta son ejemplos de esta modulación, a pesar de que alguno de ellos pudiera autodefinirse en sentido contrario.

La derecha socialista es aquella modulación, ya en el siglo XX, que se da como cometido enfrentarse a la socialdemocracia y al comunismo, a la vez que se aleja de las tesis liberales, y sin recaer en las pretensiones de la derecha primaria. El maurismo («revolución desde arriba a favor del pueblo»), la dictadura de M. Primo de Rivera y el régimen de Franco son catalogados aquí, rompiendo por completo más de un tópico.

5. Derecha absoluta, derechas efectivas (tradicionales) y derechas no tradicionales.

Obviamente, la primera generación de izquierdas y su modulación respectiva de derechas no nacieron de la nada. Provienen de la «derecha absoluta» (o virtual), concepto con el que se define el modo de apropiación del territorio correspondiente al Antiguo Régimen. Contra esta estructura de apropiación se levantaría la primera generación de izquierdas, la Revolución Francesa, y frente a ella, desde el núcleo generador de la derecha absoluta, se desarrollaría la primera derecha efectiva (real, siendo la derecha absoluta sólo virtual). Las distintas generaciones de izquierda irán sucediéndose, y a ellas irán respondiendo las modulaciones de la derecha, como ya hemos apuntado.

A la altura del siglo XX, del mismo modo que habíamos visto ya la aparición de las izquierdas indefinidas (la extravagante, la divagante y la fundamentalista), «anomalías» de izquierda por cuanto desatienden los objetivos políticos del Estado en favor de otros intereses «culturales», veremos ahora en esta cartografía materialista a las «derechas no tradicionales» o, también llamadas, «no alineadas» al construir sus proyectos al margen ya del Antiguo Régimen, si bien reteniendo suficientes analogías con él como para ser consideradas derechas (sin perjuicio de que tengan componentes compartidos con las izquierdas): el fascismo y el nacionalsocialismo.

Complementariamente, los partidos secesionistas en el interior de un Estado cabe considerarlos al lado de éstos como derechas no alineadas «extravagantes» (aunque algunos compartan también rasgos izquierdistas).

6. ¿Y el centro?

Gustavo Bueno señala que el concepto de centro, siendo geométricamente muy preciso, es políticamente muy borroso. La situación pura, geométrica, de la que parte el concepto no se hace compatible con las denominaciones políticas conocidas. Creemos haber entendido, dentro de una argumentación cruzada y larga, que la incongruencia del concepto de centro se derivaría de considerar la posibilidad de un lugar «justo medio» entre dos polos opuestos dotadas de esencia metafísica no cambiante.

El centro político, no metafísico, por tanto, en sentido dinámico, vendrá dado por aquellos fenómenos políticos que pragmáticamente delimiten un programa de objetivos que forzosamente deberá ser tomado o de la izquierda o de la derecha de cada tiempo. La posibilidad de la mezcla es prueba fehaciente, entonces, de que se trata no de una realidad bipolar pura, sino de un continuo estratégico vivo con capacidad de ecualizarse.


http://www.lne.es/secciones/noticia.jsp?pRef=2008112700_66_701052__CULTURA-fenomeno-real-dualismo-metafisico
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Santiago Armesilla Conde



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MensajePublicado: Jue Nov 27, 2008 1:50 pm    Título del mensaje: Responder citando

Bueno, en realidad era una y no dos.
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Santiago Armesilla Conde



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MensajePublicado: Vie Nov 28, 2008 1:12 pm    Título del mensaje: Responder citando

Reseña de la presentación en Oviedo de "El mito de la derecha":

Cita:
Gustavo Bueno: «Franco hizo el mismo trabajo sucio que los soviet en Rusia»

«En las democracias homologadas no existe distinción entre derecha e izquierda como no la hay entre Bush y Obama», afirma el autor de «El mito de la derecha»

Oviedo, Javier NEIRA

Lleno en la sala del Club Prensa Asturiana de LA NUEVA ESPAÑA para la presentación de «El mito de la derecha», el último libro de Gustavo Bueno, que, de pie y con su habitual energía, reexpuso durante 89 minutos y sin una pausa las principales tesis de su ensayo. Fue presentado por el profesor Tomás García, secretario de Nódulo Materialista, entidad que gira en torno a la Fundación Gustavo Bueno. El filósofo aseguró que Franco «hizo en España el mismo trabajo sucio que los soviet en Rusia».

En dos palabras: para hablar de la derecha y, claro, de la izquierda, hay que partir de una teoría del Estado y según su planteamiento hay entonces que considerar el Antiguo Régimen, que muere con la Revolución Francesa. Ahí nace la izquierda y consiguientemente la derecha como intento de regresar al Antiguo Régimen.

Con las revoluciones de finales del siglo XVIII e inicios del XIX, afirmó, los antiguos reinos se transforman en naciones políticas. Es el caso de España: ya existía la nación en sentido étnico y en sentido histórico, pero en Cádiz nace la nación política.

La nación política implica soberanía popular vinculada al sufragio universal -aunque no es tal, pues sólo se vota a partir de ciertas rentas y las mujeres no votan- y también a la instrucción pública. El filósofo se detuvo en el caso de Francia y la universalidad del idioma francés, que logra, según él, gracias la guillotina. Los que hablaban patois eran considerados traidores. Añadió que en España ahora el problema del idioma es tremendo.

La izquierda arranca con el derrumbamiento del Antiguo Régimen, que no por su denominación era de derechas. Lo que ocurre es que los restos de ese Antiguo Régimen empiezan a oponerse a las izquierdas y ahí aparece la primera derecha. «Esa primera derecha o derecha primaria es pues contrarrevolucionaria. En España está representada por el carlismo». Se extiende por todo el siglo XIX y reaparece en el primer franquismo.

Esa derecha se opone a la izquierda liberal, a Mendizábal o Espartero. Hasta la I República la lucha está establecida entre liberales y carlistas. La crisis del modelo se plantea con la aparición en la historia de los movimientos obreros. Los liberales quedan a su derecha.

Con la Restauración, España ingresó en el siglo XX de la mano de unos partidos liberales que son los que traen el progreso entendido como industrialización y desarrollo de los ferrocarriles. Bueno advirtió, en ese punto, que iba a exponer la tesis de su libro que considera será más discutida: la derecha se distancia del Antiguo Régimen y se acerca a la izquierda, de manera que la derecha capitalista se empieza a interesar por la cuestión social, término muy propio de la Iglesia, y se plantea demandas socialistas.

Al igual que se habla de democracia de muchas maneras -la democracia popular China, la democracia republicana de EE UU o la democracia de una Monarquía parlamentaria en el caso de España-, también el término socialismo tiene distintos sentidos, hasta el punto de que para Marx, comentó el filósofo, el socialismo es muy propio de las sociedades anónimas que ya no son de una sola persona.

Bueno apuntó tres fases en la derecha española del siglo XX:

1) La de Antonio Maura, un liberal que consagró España al Corazón de Jesús, fundó el Instituto Nacional de Previsión y siempre estuvo muy preocupado por la suerte de los obreros.

2) La dictadura de Primo de Rivera, apoyada por Largo Caballero y los socialistas, que insiste en la cuestión social y desarrolla extraordinariamente las comunicaciones.

3) La dictadura de Franco, que «con todos sus horrores de gestión», consiguió que a su muerte España fuese la décima potencia económica mundial, ya que «hizo el mismo trabajo sucio que los soviet en Rusia con su revolución. Es la tercera versión de la derecha socialista».

La distinción entre derecha e izquierda arranca con la Revolución Francesa en 1789 y muere doscientos años después, en 1989, con el derrumbamiento del Muro y de la URSS. «En las actuales democracias homologadas que son todas cristianas, que tienen como símbolo la Cruz», añadió, «no existen esas distinciones entre derecha e izquierda. No la hay entre Bush y Obama. En EE UU no tienen sentido esos versos de Machado, no se puede decir que una de las dos Américas ha de helarte el corazón».

Como final, Bueno indicó que los partidos secesionistas como el PNV no son aceptables porque formando parte del Estado quieren destruirlo. Consideró que en España hay abierto un abismo social, pues se cultiva la distinción entre derecha e izquierda. «Es inútil debatir, hay que esperar, aguantar el chaparrón y preparar gente en el conocimiento de la historia y de la lógica para que se produzca una reacción».

«La primera derecha, contrarrevolucionaria, está representada en España por el carlismo»

«En las actuales democracias, todas cristianas, no existe la distinción entre izquierda y derecha»

«Los partidos secesionistas como el PNV no son aceptables porque quieren destruir el Estado»


http://www.lne.es/secciones/noticia.jsp?pRef=2008112800_42_701305__Asturias-Gustavo-Bueno-Franco-hizo-mismo-trabajo-sucio-soviet-Rusia

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J.M. Rodríguez Pardo



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MensajePublicado: Mar Dic 02, 2008 9:58 am    Título del mensaje: Comentario en el blog de Pío Moa, Presente y pasado Responder citando

Cita:


De "El mito de la derecha", de Gustavo Bueno

2 de Diciembre de 2008 - 08:11:35 - Pío Moa


(A considerar):



“Esta política ha marchado paralela, como es natural, al que se ha llamado por Jorge de Esteban, huracán estatutario, una carrera hacia la autodefinición de las comunidades autónomas como Naciones (Cataluña, Andalucía, Valencia…), no sólo tolerada, sino alentada por el Gobierno socialdemócrata, que ha dejado abiertos en España una serie de problemas muy graves que no pueden considerarse propiamente como problemas de política democrática parlamentaria entre partidos políticos legales. Son problemas políticos constituyentes, que ya no tienen que ver con la democracia, sino con la realidad misma del Estado.


Problemas cuya condición política es similar a la que pudiera corresponder a un conflicto bélico entre Estados, o entre facciones sediciosas que tratan de despedazar el territorio basal sobre el que se asienta necesariamente el Estado.


Problemas en los cuales las leyes de la democracia, que van siempre referidas necesariamente a cada Estado, como a un todo del cual son partidos o partes atributivas los partidos parlamentarios , ya no tienen nada que hacer; porque cuando una facción separatista (considerada formalmente como partido político, como puedan serlo en España el PNV, ERC o BNG) pretende segregar territorios regionales que son del Estado, no está suscitando cuestiones que puedan ser resueltas en un parlamento democrático. Son cuestiones similares a las que tienen que ver con la injerencia entre Estados, aquellas en las cuales un Estado pretende apoderarse de alguna parte que pertenece a otro Estado, o la parte de un Estado que pretende apropiarse de los territorios basales que pertenecen al Estado mismo.


Las pretensiones de secesión de algunas facciones vascas, catalanas, etc., no son cuestiones que tengan que ver con la voluntad de los vascos o con la voluntad de los catalanes; son cuestiones que están al margen de estas voluntades, porque las tierras vascas o las tierras catalanas pertenecen a España y por tanto a todos los españoles. Y si un grupo faccioso catalán o vasco quiere arrebatárselas, es porque quiere robárselas, sin que pueda justificarse este proyecto de latrocinio por derivarlo de una voluntad de autodeterminación. Cuando los cuarenta ladrones, en virtud de una voluntad unánime, expresada a mano alzada en una reunión, se autodeterminan para apoderarse de una gran cueva o de varias, están proyectando una acción que nada tiene que ver con la democracia, aunque su decisión haya surgido de una asamblea que se haya ajustado a la forma de una democracia procedimental. Contra las decisiones de autodeterminación de los cuarenta ladrones solo cabe una respuesta por parte del propietario, la que tiende a recuperar por la violencia (sea a través de los tribunales, sea directamente cuando los tribunales no son internacionales) los bienes que le han sido arrebatados o pretenden ser arrebatados.


Ante las pretensiones de secesión de las facciones vascas, catalanas, gallegas, de apropiarse de bienes que pertenecen desde siglos a todos los españoles, están fuera de lugar los debates parlamentarios democráticos. Los conflictos entre dos democracias, o entre dos Estados democráticos, no pueden dirimirse democráticamente, sino por vías anteriores a la democracia, la más tradicional, la declaración de guerra. Porque las cuestiones abiertas no se mantienen en los límites de la democracia constitucional, dado que las Constituciones de cada democracia son precisamente las que separan a unas democracias de otras, precisamente por su capa basal.


Parece que nuestros constitucionalistas, con su democratismo infinito, han olvidado que la democracia es una estructura política que únicamente tiene asiento en cada Estado. Parece como si los procedimientos democráticos de la Asamblea general de la ONU les hubieran nublado el juicio hasta el punto de creer que tal Asamblea es democrática en sentido político (…)


Los problemas políticos que España tiene planteados, a raíz sobre todo del reconocimiento como partidos políticos de las facciones autonómicas separatistas, no son problemas de política parlamentaria entre la derecha y la izquierda; son problemas políticos que afectan a la existencia misma del Estado, y ante las cuales es totalmente disparatado intentar aplicar medidas democráticas".

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Mañana, miércoles, día 3, a las 12.30 h. en el hotel Ópera de Madrid (c/ Cuesta de Santo Domingo, 2 (enfrente del Teatro Real), presentación del libro En defensa de España, de Santiago Abascal y Gustavo Bueno.

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http://libertaddigital.com:6680/index.php?action=desaopi&cpn=26653

Sous le ciel de Paris:

http://www.youtube.com/watch?v=dt34oO2tXc8

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En un artículo viejo, a cuento de otra cosa, ya la veremos mañana:

El pensamiento simplón, 1

Parece que vivimos tiempos de barbarie intelectual, en que el pensamiento se vuelve simple. No cesamos de oír a literatos, artistas y filósofos que, con expresión seria y responsable, anuncian su aversión "al poder". No a la tiranía, por ejemplo, sino "al poder", en abstracto. La experiencia más elemental muestra que en cuanto se asocian unas cuantas personas surge naturalmente alguna forma de poder, y los mismos enemigos del "poder" lo prueban: casi siempre forman clanes para ocupar los centros de decisión e influencia en sus medios, casualmente vinculados a los centros políticos de donde manan las subvenciones.

Leo ahora una diatriba de Carlos Fuentes contra los discrepantes de él y de Juan Goytisolo, ansioso éste, es natural, de recobrar antiguas ventajas. Fuentes cita en su apoyo a Emilio Lledó, "gran filósofo español". No soy quien para discutir esa loa, pues no he leído al filósofo. Hoy sólo es posible leer una ínfima parte de lo que se publica, y forzosamente nos perdemos todos muchas cosas, pero el pensamiento que le atribuye Fuentes no es como para lamentarlo en este caso. Lledó según el mejicano, censura al nacionalismo porque "inventa al otro como malo y de inferior calidad, para no tener que percibir nuestra propia miseria". ¡El "otro"...! Nuevo hallazgo del pensamiento simplón que resuena a diestro y siniestro como fórmula orientadora en el laberinto moral de nuestros días: la salvación está en aceptar al "otro", tolerarlo, solidarizarse con él, etc. Apliquemos la receta a Fuentes: ¿percibe él su propia miseria? Nadie lo diría, a juzgar por la arrogancia con que habla y acusa al "otro", al discrepante.

Evidentemente, como en el caso del "poder", hay gran variedad de "otros", unos aceptables y otros no tanto. Me recuerda una escena cómica que presencié en una manifestación ácrata de primero de mayo, en el barrio de Tetuán. Unas mujeres portaban una pancarta a favor de "putas, lesbianas" y no recuerdo qué más. Un obrero mayor les ordenó retirarla, pero otro correligionario, más al día, le recriminó: "¿Es esa una actitud anarquista? ¡Prohibido prohibir!". El obrero, desconcertado, se retiró murmurando "Pues que vengan aquí los fascistas. A ver cómo vamos a prohibírselo".

Fuentes contrapone el estilo e ideas suyos y de Goytisolo (lo "bueno, de superior calidad") a los de sus contrarios, colmo de "lo malo, de inferior calidad", propio de lo que llama, algo toscamente, "la era fascista" española. El "otro" es fascista para Fuentes.... conocido por su productivo acoplamiento en la dictadura del PRI mejicano, por cierto mucho más larga y muchísimo más corrupta que la de Franco.

Que tales formas de pensar, no por simples inocentes, hayan tomado carta de naturaleza en nuestros medios intelectuales, indica dónde estamos.

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Hoy, en El economista:

La farsa de Trillo

Un ministro que no parece haber dejado buen recuerdo en el ejército, Trillo, mostraba hace días entusiasmo por la "política antiterrorista" del gobierno del rojo Rodríguez. Pocos han reparado en la evidencia de que el "diálogo" con los asesinos etarras implicaba por fuerza silenciar a la sociedad y a las víctimas más directas del terrorismo: ahí están las maniobras para dividir a la AVT o el acoso a Alcaraz; o los manejos totalitarios para acallar a Jiménez Losantos. Etc. Todo ello con la complicidad del PP, de sus trillos y futuristas, que ni han criticado en serio la colaboración de Rodríguez con la ETA (salvo alguna muy rara vez, siempre lo han hecho en forma meliflua e inconsistente) ni han defendido con mínima energía a la AVT y a Alcaraz (su "defensa" ha sido más bien una cooperación hipócrita con sus agresores); y no digamos en relación con Jiménez Losantos, a cuyo acoso los futuristas peperos ayudan sin fingimientos, con verdadero fervor.

También he indicado otra evidencia que los políticos quieren ocultar a los ciudadanos: que el "diálogo" entre el gobierno y la ETA tiene firmes bases en una amplia coincidencia ideológica. Los dos dialogantes se dicen socialistas; el PSOE también ha practicado abundantemente el terrorismo; los dos creen que la transición y la amnistía del 77 estuvieron mal hechas; ambos aspiran a demoler la Constitución, y lo están haciendo; los dos son feministas; los dos tienen una pésima opinión de España y su historia. Y así otras coincidencias profundas. Todo esto lo sabe Trillo, pero quizá crea más "moderno" fingir ignorancia al respecto.

No hubo ni hay política antiterrorista del gobierno. Unas Cortes degradadas le han dado permiso para proseguir los diálogos cuando convenga. En esa perspectiva, las detenciones de etarras son el prólogo a su salida de la cárcel convertidos en héroes populares. Siempre lo han sido para los "rojos"



Ultima edición por J.M. Rodríguez Pardo el Lun Dic 22, 2008 10:05 am; editado 1 vez
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Santiago Armesilla Conde



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MensajePublicado: Dom Dic 21, 2008 11:24 pm    Título del mensaje: Responder citando

Me gustaría saber por qué las referencias que aquí pongo de internet no salen en la página de la Fundación Gustavo Bueno, en la parte del libro.
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J.M. Rodríguez Pardo



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MensajePublicado: Lun Dic 22, 2008 10:04 am    Título del mensaje: Repetida Responder citando

Creo que la mejor forma de saberlo es hablar con el webmaster de la Fundación Gustavo Bueno. Por cierto, la última referencia va repetida. Procedo a arreglar el asunto. Saludos.
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J.M. Rodríguez Pardo



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MensajePublicado: Jue Feb 12, 2009 12:12 pm    Título del mensaje: Pío Moa y Gustavo Bueno Responder citando

Estimados amigos:

Aunque no señala directamente al libro aquí comentado, copio esta referencia del blog de Pío Moa sobre el marxismo de Gustavo Bueno, publicada hoy y que por primera vez va un poco más allá de la visión de carton piedra que solía manifestar el historiador vigués hasta no hace mucho.

Pío Moa escribió:
El martes pasado, en El economista:

EL MARXISMO ESPAÑOL

Como es bien sabido, el marxismo español siempre fue nulo teóricamente –si exceptuamos a Gustavo Bueno, cuyo marxismo ofrece rasgos muy especiales–. Tenía mucho de parodia de creencia religiosa, mezclada con resentimiento social y una aspiración absolutamente inmoderada de poder para, entre otras cosas, transformar al ser humano, construir un "hombre nuevo" a imagen y semejanza de aquellos marxistas. Aspiración cómica en su absoluta inmodestia, pues los diseñadores del hombre nuevo se distinguieron siempre por una mediocridad extrema, en rigor por una notable estupidez mal disimulada con una agresividad también extrema adobada con la "lengua de madera" de la doctrina más vulgarizada.

Lógicamente, esta forma de no pensar engarzó bastante bien con los aspectos más toscos del cristianismo a partir del Vaticano II, es decir, con la Teología de la liberación y mejunjes por el estilo: llegó a cuajar una alianza informal entre tales teólogos y revolucionarios, que benefició tanto a los comunistas como perjudicó a los cristianos. Este fue uno de sus mayores éxitos en España e Hispanoamérica, cuyos frutos resultan suficientemente ilustrativos.

La inepcia teórica de nuestros marxistas les impidió el análisis más elemental cuando cayó el muro de Berlín. Incapaces de entender la ineludible relación entre la teoría y la práctica de su doctrina, se recluyeron momentáneamente, confusos y pasmados, ocultaron sus viejas ideíllas sin sustituirlas por nada; y hoy, con la crisis económica, afirman triunfantes el fin del sistema liberal-capitalista y ven no muy lejano el momento en que ellos puedan dictar a la gente lo que ha de hacer, pensar y consumir para ser un hombre nuevo. Curiosamente, es lo mismo que decían y preveían cuando la depresión de los años 30. Su rasgo principal consiste en la incapacidad de cambiar. Ligada, ya digo, a su otra incapacidad, la teórica.
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