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El derecho de los bichos.

 
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José Mª Rodríguez Vega



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MensajePublicado: Dom May 09, 2004 7:28 pm    Título del mensaje: El derecho de los bichos. Responder citando

Hola.

<La revista de la corrida hace más estragos que la corrida misma, y estragos de toda clase; si bien es cierto que en general hacen estragos todas las revistas de deportes y juegos, alimento de los espíritus flacos que navegan por la insustancialidad.> (Miguel de Unamuno. La Nación., 21 de Agosto de 1906. De Patriotismo Espiritual. Ed. Universidad Salamanca, 1997. Pág. 55)

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Si la causalidad final y proléptica es lo que caracteriza al eje circular, no hay duda de que el eje angular se halla comprendido en el espacio antropológico, “en la realidad objetiva misma del hombre” (El Animal Divino, pág. 232), por cuanto pudiéramos no ver en los animales esa “causalidad final”, proléptica, propia de la relación entre nosotros mismos, del eje circular. Sin embargo, la comprensión del eje angular es también parte de la misma realidad objetiva del hombre, si bien con y contra o a favor de los animales objetivos, físicos, y no entre y contra o a favor de nosotros mismos. Sea como fuere, la relación angular nuestra respecto a los animales es una relación vista desde la posición <emic>, nuestra, encarada, no contra sujetos u objetos...sino contra sujetos objetuales...físicos, de “nuestro (propio) espacio antropológico”. Dicho de otro modo: el eje angular no es una visión “etic”, una supuesta visión desde los animales hacia nosotros ni de los animales hacia ellos mismos. La distinción de Pike no es operable fuera del espacio antropológico, no puede ser trasladada a la etología, por lo menos por ahora.

Por ello, creo, no es posible la consideración de un supuesto derecho de los animales...como si estos tuviesen o pudieran tener una “causalidad final o proléptica” semejante a la nuestra. De esa creencia es de donde brotó el númen y las diferenciaciones respecto de los animales que posibilitó la <disociación> del eje angular respecto del eje circular (Bueno. Op.cit. 242). Otra cosa sería una confluencia o unificación nueva que hiciese posible la “asociación” o integración del eje angular otra vez dentro del eje circular. Algo similar es lo que subyace en el Proyecto Gran Simio.
Pero eso está aún muy lejos. Hoy por hoy los derechos de los animales serían así simplemente y solamente “deberes nuestros” precisamente por la incapacidad de los animales de una causalidad final proléptica, de dotarse así mismos de derechos positivos. Poco importa el reconocimiento del alma sensitiva, ni la consideración de que todo movimiento de cualquier alma sensitiva esté o no dirigido por la presciencia divina, como afirmaban los tomistas y escolásticos y para los cuales esa presciencia divina siempre antecede a toda libertad de todas las creaturas de este mundo, incluyéndonos a nosotros mismos. Ya vivió Luís de Molina y ya fue hecha la inversión teológica (Apología, de Domingo Bañez. Pentalfa, 2002).

Para Jesús Mosterín (El País. Domingo, 25 de abril de 2004), y con motivo de que Barcelona ha sido declarada por su animalesco alcalde “ciudad antitaurina”, el no ser torturado es, según él...el derecho animal que más adhesiones suscita...es una anomalía moral intolerable, dice Mosterín.
Mosterín equipara así a los “animales humanos” con los toros, los osos, perros y gallos...y equipara también y a raíz de la perduración en nuestra piel de toro (por no haber sabido coger el tren de la Ilustración europea-¡sic!), el maltrato “a las mujeres y la tauromaquia”. Nunca mejor dicho que todos somos muy animales. Ni Unamuno llegó a semejantes conclusiones a pesar de no apreciar las corridas de toros.
La iniciativa bellaca o la bellaca iniciativa del Sr. Clos declarando a Barcelona ciudad antitaurina es para el animal de Mosterín motivo de júbilo, ya que esto se enmarca al asumir Barcelona el papel de...“vanguardia espiritual y de servicio a los valores universales” (sic!), valores universales de los animales, supongo. Los toros son para este cándido animal entre animales una “sórdida herencia de la España negra”...dice que es “contrario a todo prohibicionismo, excepto en los casos extremos, como la violación de niños o la tortura de animales...las corridas de toros son un caso extremo”...y dice que “por muy liberales que seamos, si no tenemos completamente embotada nuestra sensibilidad moral... y nuestra capacidad de compasión, tenemos que exigir el final de esta salvajada”, (según parece, embotada la sensibilidad debe tenerla el torero y todo aficionado a los toros a pesar de ser también animales “sensibles”)

Me digo a mi mismo, que para este animal “sensible” los animales “salvajes” deben ser solamente aquellos animales humanos que matan toros y gallos. El toro y mi perro Clemente pasan así a ser animales muy “sensibles”, compasivos, que sufren o pasionan en compañía y por ello ya no los puedo considerar “salvajes”, serán pues animales civilizados por la sensibilidad, por tener verdaderamente, esta vez sí, un “alma sensitiva y muy sensible”.

Para este floreado ecólogo los toros o fiesta taurina y su retórica es una “cursilería estética” que además posee una “abyección moral”...Y para proteger y cuidar a este soberbio animal víctima de nuestra insensibilidad hispana lo único que se le ocurre a Mosterín es crear un Parque Nacional en las dehesas de Extremadura e incluir en ellas “manadas de toros en libertad” (podría construir ese Parque en la puerta de su casa...)
Por la “sensibilidad exquisita” de nuestros turistas fueron abolidas las banderillas de fuego, dice...a esos turistas se les “suponía una sensibilidad menos embotada que a los encallecidos hispanos”.

O sea, que el embotamiento de la sensibilidad es lo que nos hace “salvajes” hispanos...con ello la fiesta taurina pasa a ser cualquier cosa menos un asunto o evento de una peculiar cultura a pesar de que esta costumbre (moral) esté incluso presidida por la autoridad. Bien les va a estos multiculturalistas y armoniosos universales la crítica al socialista alcalde y a todo el Tripartito catalán que hace en esa misma página de La Vanguardia Víctor Gómez Pin cuando les reprocha y recuerda que <“la nueva Cataluña -soberana y eventualmente independiente- se forjaría como crisol integrador de la diversidad de culturas”>...Y es que los toros no son para estas gentes tan sensibles parte de una cultura, sino una mera “salvajada”. Los derechos de los animales lo son por venir del Cielo... ya que debe ser imposible que aquél que los mata y tortura sea el fautor de esos sus supuestos derechos. Todos los animales son buenos...excepto el animal humano que se divide en buenos y malos...estos últimos con una “moral abyecta”.

Dice Gómez Pin sin negar a ningún animal ni la sensibilidad física ni psíquica que:<“No obstante, la cuestión de determinar si la noción de derechos es aplicable a seres a los que se considera exentos de obligaciones es mucho más peliaguda y no está en absoluto dilucidada, ni científica ni filosóficamente”.> Por el contrario, la vaporosa Imma Mayol, de IC, si considera el asunto zanjado al aconsejarnos -según nos dice Gómez Pin- que <“Se debe revisar la cultura que va contra los derechos de los animales”>...No es de extrañar que ante estas lumbreras de nuestra entrañable izquierda ironice Gómez Pin y nos suelte que desde luego <“...ningún ser al que se considere sujeto de derecho ha de ser vejado, pero desde luego aún es menos ético zampárselo, salvo quizá en caso de necesidad imperiosa, que no puede argüir el que para acompañar una copa de cava exige una ostra viva.”> ¿Acaso una buena normativa para matar a los animales y comerlos no es aconsejable? ¿No es una buena normativa el arte taurino? ¿Donde hay más “normas” para cumplir bajo la presidencia de la autoridad incluso? Es evidente que si hubiese de ser solamente la “imperiosa necesidad” la guía nuestra para matar a los animales la cultura entera brillaría por su ausencia. Una de las características que posibilita a toda cultura es el despilfarro acompañado del ocio. La “imperiosa necesidad” sí que es cosa exclusivamente de animales. Para comer simplemente no se necesita de ninguna cultura, nos basta con el hambre. Además: ¿no es la racionalidad -y por tanto la cultura- <una negación de la pura animalidad, una escisión del hombre de su origen animal>? (Victor Gómez Pin: La escuela más sobria de vida. Ed. Espasa Calpe, Madrid 2002. Pág. 220) ¿Y no es esto de Gómez Pin aquella escisión y separación de los dos ejes?

Es claro, que, como fácilmente ve Gómez Pin, el asunto en manos de IC y Imma Mayol es de otro orden, a saber: diferenciarse de España y despreciarla al acogerse esta sensible Cataluña al pensamiento correcto en boga de los derechos supuestos de los animalitos. España usa el símbolo del toro como muestra de su “salvajismo” carpetobetónico...nosotros los catalanes usamos por el contrario el símbolo del pacífico y civilizado “burret”, tan trabajador él, tan antaño esclavo él... La política inventada de la diferenciación cultural cuaja a la perfección con la multiculturalidad del Foro de las Culturas. Viva el moro y abajo España!

Todo derecho atribuído a cualquier animal es sólo una obligación nuestra. La libertad no puede ser el límite entre nosotros y ellos...ya que nuestra libertad (libero arbitrio) sería - para los que aún andasen con Dios en la cabeza- una mera proyección de la presciencia y los designios del Plan divino. Y las cosas son como son. Ese plan divino no sólo se refiere a los animales “irracionales”, también nos incluye a nosotros los animales humanos racionales y prolépticos y nuestra libertad una manifestación de esa Gracia divina. Matamos toreando porque, según parece, Dios así lo sabe y no puede querer ninguna otra cosa ni de ninguna otra manera que sea contraria al bien (Bañez. Op. cit. pág. 99).

No se trata, creo, de negar sensibilidad o intelección a los brutos. De lo que se trata es de que indudablemente al ser nosotros los que nos imponemos nuestros derechos y deberes le damos con ello a los demás animales el estatuto que se merecen dentro de nuestra única y humana relación angular: Los animales están para matarlos trocearlos y comérnoslos porque así lo decidimos nosotros, ya que esta relación angular con ellos es en el fondo una relación circular entre nosotros mismos. la dignidad para con el animal es sólo la dignidad para con nosotros mismos. Otra cosa acaso nos pueda privar del cava, pero no de la ostra aunque sea comiéndola hervida. Una religión cuaternaria llevada al límite nos mataría indudablemente de hambre. Y de risa. Vale.
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J.M. Rodríguez Pardo



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MensajePublicado: Lun May 10, 2004 11:30 am    Título del mensaje: Derechos animales y espacio antropológico Responder citando

Estimados amigos:

Estoy conforme con Rodríguez Vega acerca de la imposibilidad de aplicarles derechos a los animales, máxime cuando ellos no pueden reivindicarlos. De acuerdo que el comportamiento humano requiere de unos contextos que le dan un sentido muy distinto al de los animales. Así, por ejemplo, el estatuto catalán para esas «malas bestias» secesionistas. Ahora bien, condenar por absurdas las demandas de Jesús Mosterín y del menos versado Gómez Pin no aclara por qué hoy día existen tantos frentes de liberación animal ni adoptamos esa actitud tan dañina hacia nosotros mismos por liberar a los animales de su sufrimiento. Se me ocurre que esto está muy presente hoy día en el cine, incluso con un cierto tono crítico. Recuerdo ahora mismo la película británica 28 días, en la que un virus letal es desencadenado por unos defensores de la liberación animal que irrumpen en un laboratorio para liberar a conejillos de indias sobre los que se experimentaba ese virus.

Ahora bien, si se llega a tales extremos es porque se considera a los animales como seres dotados de voluntad e incluso de cierto entendimiento, como el Sultán de Kohler, capaz de unir cañas para alcanzar los plátanos, lo que demuestra que veía una relación efectiva entre los instrumentos y el fin [proléptico, aunque por lejana analogía] a alcanzar. Y es que el espacio antropológico también puede ser sustituido por un espacio etológico con sus respectivas relaciones circulares, angulares y radiales, por muy rudimentarias que estas sean (Ver Gustavo Bueno, «La Etología como ciencia de la cultura», El Basilisco 9 [1991], págs. 35-36). Al menos, si resultan ser voluntades y poseer un cierto raciocinio, no meras máquinas o sensibles, para usar los términos del cartesianismo o de la escolástica, respectivamente, podrán mantener relaciones con su entorno más allá de las puramente vegetativas.

Es decir, que podemos reconocer lo ridículo de humanizar a los animales. Pero entonces habrá que explicar por qué se animaliza el hombre ya desde Darwin, desde esa perspectiva que tiende a considerar al animal como «humano, demasiado humano». Y si no lo explicamos, nos quedamos en una crítica puramente negativa, sin capacidad de criba.

Un cordial saludo,
José Manuel Rodríguez Pardo.
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Felipe Giménez Pérez



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MensajePublicado: Lun May 10, 2004 4:41 pm    Título del mensaje: Derechos Responder citando

Estimados contertulios: Lo erróneo es creer que hay sujetos de derechos per se, por naturaleza previos a la existencia del Estado. Ni hay derechos humanos ni animales. Es el Estado el que por razones políticas o eutáxicas determina los derechos humanos vía derecho positivo. Asimismo será el Estado el que determine si ello es conveniente, los derechos de los animales. Por lo demás, como los animales ni tienen reglas éticas ni morales, no se vé muy bién qué sentido tendría concederles derechos o prerrogativas. ¿Por qué hoy hay tanto ideólogo sobre los derechos animales? Se ha debilitado la religión monoteísta católica y han proliferado los ideólogos zoofílicos. Atentamente,
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José Mª Rodríguez Vega



Registrado: 11 Oct 2003
Mensajes: 1429

MensajePublicado: Mar May 11, 2004 9:28 am    Título del mensaje: Derechos y cultura animal. Responder citando

Hola.

<...la única conclusión posible es que el toreo es una ceremonia angular, cuya explicación, por tanto, sólo puede ser dilucidada en clave religiosa.>(G. Bueno. El animal divino. pág. 421)

Aún y reconociendo lo que dice Rodríguez Pardo, a saber, que
Cita:
<“el espacio
antropológico también puede ser sustituido por un espacio etológico con sus respectivas
relaciones circulares, angulares y radiales, por muy rudimentarias que estas sean (Ver Gustavo Bueno, «La Etología como ciencia de la cultura», El Basilisco 9 [1991], págs. 35-36). Al menos, si resultan ser voluntades y poseer un cierto raciocinio, no meras máquinas o sensibles, para usar los términos del cartesianismo o de la escolástica, respectivamente, podrán mantener relaciones con su entorno más allá de las puramente vegetativas.”>


Aún y reconociendo eso (no poseo ese número del Basilisco), ese espacio “etológico” sería un espacio “nuestro”, de los animales humanos. Explíqueseme esto pues de otra manera no lo comprendo.
Si los animales están incapacitados para darse a sí mismos derechos mucho más lo estarán para dotarse de un “espacio etológico”, a menos que creamos que esos “espacios” son una relación natural...pues si esto fuera así, lo que sobraría sería el “espacio antropológico”. Nos bastaría el espacio etológico por ser todos indudablemente “animales”.

Yo comprendo que los monos tengan una “cultura” o protocultura, lo que ya dudo mucho es que ellos lo sepan...esa cultura monil es un resultado de la cultura nuestra a raíz de sus actos ciertamente objetivos, físicos, no producto de nuestra psicología o “interioridad” subjetiva...es una especificación nuestra.

Yo no veo ridículo “humanizar a los animales”...para eso están (no les queda otro remedio), para ser “humanizados” de muchas maneras, incluyendo en ellas la funesta manía nuestra de pensar y clasificar todo, de pensarlos y clasificarlos a ellos como animales (el espacio antropológico es nuestro y sólo nuestro)...Ya anteriormente he sido reacio a eso de que el hombre “animaliza al hombre”, como dice Rodríguez Pardo. Eso es sólo un insulto muy...político, y muy humano, no se sale del eje circular. No hace el concepto a la cosa.
Sea como fuere, lo relevante es que los derechos de que pudiéramos dotar a los animales serán únicamente deberes nuestros (radiales), precisamente por la [b]<disociación> del eje angular respecto del eje circular>
que ya dije en mi mensaje anterior citando a Bueno.

Es evidente -para mi- que la “ideología zoofílica”, como dice Felipe, arranca de un efecto de la cursilería del consumidor en el mercado pletórico. En mi reciente viaje a Asturias, pude comprobar en una casa del concejo de Salas que un perro atado permanentemente de por vida en la entrada de una casa (para vigilancia y espanto -relación radial y angular-), cumple una función muy diferente al perrito faldero atado perentoriamente con una cadena de oro en su periódica visita al veterinario (doctor de caniches) de turno (relación sólo angular). Ambos son perros y habrían de tener los mismos derechos (derecho a la libertad ¡sic!)...sin embargo allí sus dueños (pues sobre los animales sólo cabe tener propiedad sobre ellos muy diferente por otra parte a la propiedad sobre el esclavo, cuya relación es siempre circular) ignoran por completo qué es eso de los derechos de los animales...el animal doméstico aún no se ha convertido en animal de lujo y despilfarro. Allí son católicos (derechos radiales). En nuestra opulenta sociedad se <“reviven los rescoldos de una cierta piedad hacia nuestros dioses olvidados”> y se les interpreta desde una moral, ya que no podemos hacerlo como lo que es: un asunto religioso (A. F. Tresguerres. Pentalfa. pág. 225). El perro atado del concejo de Salas está inmerso en una relación radial nuestra...el caniche atado por el mimo de los modernos urbanitas del mercado pletórico lo hemos afincado en una relación angular, como objeto de lujo, como hedonismo religioso, como un dios olvidado. Los urbanitas somos luteranos embebidos hasta la médula en derechos angulares.

<“Dicho de otro modo: los derechos radiales del animal son vistos siempre como relativos al ser humano y a las necesidades de éste.
Un animal tendrá derechos radiales en tanto que el reconocimiento de éstos no supongan una dificultad importante para el hombre ni pongan límites infranqueables al derecho que también éste tiene a usar de los animales en vista a su propio beneficio”.>
(Tresguerres. Op. cit. pág. 226)

De los derechos “angulares”, dice Tresguerres que “estos ya no se presentan como relativos, sino como verdaderamente absolutos: el derecho a la dignidad, al respeto (aún después de muertos), a no ser degradados ni a sufrir...&c. (ver pág. 227), como una forma larvada de religión, como una moral y piedad...Si hemos de respetar al toro en el coso también habremos de respetar a las ostras y a nuestros propios piojos...

Mi relación con los animales es puramente radial aunque trate de comprender la relación angular de otros para con ellos. La relación, angular o radial no está en el ser, sino en el uso.
Las relaciones circulares sólo se convierten en relaciones radiales o angulares por motivaciones políticas o protopolíticas que nunca dejan de ser en definitiva relaciones circulares (el hombre es un fin para nosotros, no un medio). Y el derecho es un asunto político, del espacio y eje circular. Darles derechos a los animales no es “politizarlos” o humanizarlos, lo que sería establecer con ellos una relación circular absurda...eso es simplemente una estupidez, por cuanto todo derecho jamás puede salir del ámbito de la relación circular, esto es, política. Efectivamente sólo el Estado puede dar y quitar derechos. “Ser tratado como un animal” (presos de Guantánamo) no entra aunque lo parezca en las relaciones angulares. Ser tratado un hombre como un animal es quitarle sus derechos (es darles negativamente un relación circular)...pero a los animales no humanos no se le quitan “sus derechos” por la simple razón de que no los tienen sino en la medida en que nosotros se los damos (en la relación nuestra angular y radial). La diferencia es clara: ellos no se dan a sí mismos sus derechos y nosotros sí. Nosotros nos podemos quitar a nosotros mismos nuestros propios derechos (relación circular)...pero ellos no (porque no saben relacionarse políticamente, y esto a pesar de una hipotética sustitución del espacio antropológico por un espacio etológico -eso es hilar demasiado fino-). La desposesión de algunos hombres de los derechos positivos, a la libertad, a la vida, &c. es también una relación circular, por cuanto una relación angular o radial sólo puede establecerse donde no hay política. Y recordemos que el hombre es el zoom político, mientras que los demás animales se quedan meramente en lo de “Zoo”, en un zoom sin política. Lo único que nos faltaría es darles el derecho al voto. La lucha etológica no es una lucha política, aunque ésta, la lucha política tenga mucho de lucha etológica. Adiós.
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J.M. Rodríguez Pardo



Registrado: 10 Oct 2003
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Ubicación: Gijón (España)

MensajePublicado: Mar May 11, 2004 2:01 pm    Título del mensaje: Una aclaración Responder citando

Estimados amigos:

José Mª Rodríguez Vega escribió:

Aún y reconociendo lo que dice Rodríguez Pardo, a saber, que <“el espacio
antropológico también puede ser sustituido por un espacio etológico con sus respectivas
relaciones circulares, angulares y radiales, por muy rudimentarias que estas sean (Ver Gustavo Bueno, «La Etología como ciencia de la cultura», El Basilisco 9 [1991], págs. 35-36). Al menos, si resultan ser voluntades y poseer un cierto raciocinio, no meras máquinas o sensibles, para usar los términos del cartesianismo o de la escolástica, respectivamente, podrán mantener relaciones con su entorno más allá de las puramente vegetativas.”

Aún y reconociendo eso (no poseo ese número del Basilisco), ese espacio “etológico” sería un espacio “nuestro”, de los animales humanos. Explíqueseme esto pues de otra manera no lo comprendo.
Si los animales están incapacitados para darse a sí mismos derechos mucho más lo estarán para dotarse de un “espacio etológico”, a menos que creamos que esos “espacios” son una relación natural...pues si esto fuera así, lo que sobraría sería el “espacio antropológico”. Nos bastaría el espacio etológico por ser todos indudablemente “animales”.


En esta referencia debo corregir el aserto de Rodríguez Vega, pues no se trata de que los animales se doten de nada. Se trata de reconocer que, si los animales son voluntades no humanas y no meras máquinas, en consecuencia han de relacionarse con su entorno. Y puede hablarse de relaciones circulares en los animales, o interespecíficas, relaciones radiales, con su entorno, y relaciones angulares, con otras especies animales. Los animales no usan el concepto de espacio, pero tampoco los aborígenes que, según Levi-Bruhl, se encontraban en el estado prelógico, y de ambos podemos estudiar sus relaciones circulares, radiales y angulares. Es evidente que esto no implica negar las diferencias entre hombres y animales, pero tampoco se puede negar que nos encontramos ante dos sociedades.

Rodríguez Vega escribió:
Es evidente -para mi- que la “ideología zoofílica”, como dice Felipe, arranca de un efecto de la cursilería del consumidor en el mercado pletórico. En mi reciente viaje a Asturias, pude comprobar en una casa del concejo de Salas que un perro atado permanentemente de por vida en la entrada de una casa (para vigilancia y espanto -relación radial y angular-), cumple una función muy diferente al perrito faldero atado perentoriamente con una cadena de oro en su periódica visita al veterinario (doctor de caniches) de turno (relación sólo angular). Ambos son perros y habrían de tener los mismos derechos (derecho a la libertad ¡sic!)...sin embargo allí sus dueños (pues sobre los animales sólo cabe tener propiedad sobre ellos muy diferente por otra parte a la propiedad sobre el esclavo, cuya relación es siempre circular) ignoran por completo qué es eso de los derechos de los animales...el animal doméstico aún no se ha convertido en animal de lujo y despilfarro. Allí son católicos (derechos radiales). En nuestra opulenta sociedad se [b]<“reviven los rescoldos de una cierta piedad hacia nuestros dioses olvidados”> y se les interpreta desde una moral, ya que no podemos hacerlo como lo que es: un asunto religioso (A. F. Tresguerres. Pentalfa. pág. 225). El perro atado del concejo de Salas está inmerso en una relación radial nuestra...el caniche atado por el mimo de los modernos urbanitas del mercado pletórico lo hemos afincado en una relación angular, como objeto de lujo, como hedonismo religioso, como un dios olvidado. Los urbanitas somos luteranos embebidos hasta la médula en derechos angulares.


Estoy de acuerdo en que carece de sentido cuidar a los animales de campo igual que a los de ciudad (urbanitas), pues en el campo han sido hasta reciente fecha parte de los instrumentos de labranza y aún hoy se les cuida para sacrificarlos. Estaríamos ante distintos modos de organizarse la sociedad humana para provecho de los animales. Pero esta perspectiva radial, directamente heredera del materialismo histórico, nos hurta el problema de por qué precisamente a los animales superiores se les «diviniza», al igual que los estudios de Marx sobre la religión nos hurtaban el significado de las figuras animales que aparecían en los templos egipcios, hindúes, etc. No olvidemos que en la India los animales, incluso algunos muy inferiores, han dispuesto siempre de un estatus que no tienen los animales domésticos en nuestra sociedad capitalista.

Rodríguez Vega escribió:
Mi relación con los animales es puramente radial aunque trate de comprender la relación angular de otros para con ellos. La relación, angular o radial no está en el ser, sino en el uso.
Las relaciones circulares sólo se convierten en relaciones radiales o angulares por motivaciones políticas o protopolíticas que nunca dejan de ser en definitiva relaciones circulares (el hombre es un fin para nosotros, no un medio). Y el derecho es un asunto político, del espacio y eje circular. Darles derechos a los animales no es “politizarlos” o humanizarlos, lo que sería establecer con ellos una relación circular absurda...eso es simplemente una estupidez, por cuanto todo derecho jamás puede salir del ámbito de la relación circular, esto es, política.


Esto hemos de considerarlo una contradicción con lo anterior, pues si reconocemos en los animales ciertas voluntades análogas a las nuestras, entonces nuestra relación con los animales será angular. No hace falta mostrar «piedad» hacia los animales como Mosterín para reconocer en ellos voluntad y cierta inteligencia. Creo que volvemos a la discusión sobre Washoe ya realizada en otro tema de este mismo foro.

Un cordial saludo,
José Manuel Rodríguez Pardo.

PD: Zarpax, ignoraba que te hayas pasado por Asturias.
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José Mª Rodríguez Vega



Registrado: 11 Oct 2003
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MensajePublicado: Lun Jul 19, 2004 3:30 pm    Título del mensaje: Las burradas de un animal. Responder citando

Hola.

Uno de los sinvergüenzas más grandes de España, es, para mi, el ignorante y filocorrupciónsociata y almodovariano el Sr. mariquita y animal Antonio Gala.

Como ahora los vientos están poco a poco desvelando las verdaderas mentiras del 11M, este poetastro al cual no soporto (sin ira), se dedica en El Mundo a hablarnos de los derechos de los animalitos, ya que su discurso anti PP ha de ser suplido y desviado por otro igualmente afín a su meliflua personalidad y a la ramplona ideología dominante. Vean:

Cita:
<<Humanos e inhumanos.

Esta época del año es la peor para los animales de compañía, porque sus amos reniegan de ella y de ellos. Y ellos pierden su razón de ser, su forma de vivir, el más o menos sincero sentimiento que respondía al suyo...La dignidad y la dimensión del alma de los humanos se mide, mejor que por otros factores, por su comportamiento con los animales, que son sus hermanos menores, y en particular con sus mascotas, que son una prolongación de sí mismos. Quién lo entienda, que jamás otorgue su amistad, porque no posee tal don y defraudará a quién lo acepte...
Por fin, en octubre, una ley contra los fallos del afecto: quién maltrate a un animal habrá cometido un delito; quién lo abandone una falta. Entre el doliente y el que inflige el dolor, yo sé con cual quedarme. En todo caso.>>


Aquí, como me decía mi amigo Joan Saumell, los animales dejan de ser “objetos de derecho” y pasan a convertirse en “sujetos con y de derecho”. El animal humano pasa a un segundo y vilipendiado lugar en el cual ya no se le ha de dar ni la amistad...¡Qué ecuanimidad! Es tan sensible todo esto... tan “poético”.

Pero los hombres, siguiendo en esto al genio de Maquiavelo, tienen siempre y en todo tiempo más o menos la misma cantidad de virtud. Dudo yo mucho que hoy seamos mejores que los cartesianos de la época de Maquiavelo y de Espinosa, los cuales, indudablemente, sólo tenían a los animales como “objetos de derecho”.

Y es que, según nos cuenta Kuno Fischer en su Vida de Espinosa, éste, nuestro serio y grave Espinosa, se dedicaba a enfrentar a las arañas de su habitación y a las hormigas en una lucha a muerte...y decían los que con él vivían que se le oía reír a carcajadas al contemplar en su cuarto las batallas de semejantes gladiadores. Lamento no poder dar más datos, pero el librito de Kuno Fischer no lo tengo ahora a mano.

Una cosa es comprender la continuidad biológica de las especies y cuidar de nuestra propia dignidad, y otra muy diferente es negar nada a un animal humano por el hecho de que este “maltrate” o abandone a su mascota (siempre y que este abandono no reporte perjuicio a otro humano).
Yo, como de animales y entre animales se trata, prefiero no maltratar a ningún animal humano por mor de unos supuestos derechos de un nuevo e inesperado sujeto de derecho: el bicho. Y yo le llamo bicho porque me da la gana, precisamente porque él no me lo puede llamar a mi.

Repito: no hemos de hacer a los animales sujetos de derechos. Lo que debemos hacer es darnos nosotros a nosotros mismos obligaciones para con ellos. Por tanto, no habríamos de negar nuestra amistad a quién “inflige dolor” al animal...sino dar cárcel incluso al que inflige las leyes, cualesquiera que estas sean, que no es lo mismo. Lo que hay que respetar son las leyes, no los animales. No hay que respetar a las leyes por los animales, sino al contrario, respetar a los animales por el respeto a las leyes. El desmesurado amor a los animalitos se puede convertir en una perversión: en un odio hacia lo humano: almodovarismo, homosexualidad y zoofilia, un piercing en la oreja y un perro en la correa, vegetarianismo, anorexia, obesidad y rock...¡He ahí el signo de nuestra total decadencia! Lo nimio particular elevado a lo general...o sea: la disolución de lo general, de lo común...por eso es que las leyes están cada día más desprestigiadas y los animales cada día más mimados.

Voy a comerme ahora mismo una docena de ostras crudas. Y si encuentro un par de arañas...las pondré a pelear como hacía mi amable Espinosa...a ver como se decapitan las unas a las otras...al fin y al cabo, esto del “derecho” es conforme a cada cual su poder (Espinosa. Etica. Escolio I de la prop.XXXVII de la Cuarta parte. FCE, pág. 203). Y los bichos no tienen poder ninguno.
¿Quién o quienes de los hombres osarían una vez más decir que él o ellos son mejores moralmente que yo? Yo jamás tendré un animal domestico...¡me gustan demasiado los animales para hacer tal cosa! Vale.
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