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Habemus Papam: Ratzinger
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José Mª Rodríguez Vega



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MensajePublicado: Sab Abr 30, 2005 3:45 pm    Título del mensaje: Los libros de Joseph Ratzinger (Benet XVI). Responder citando

Un amigo me ha mandado esto sobre Ratzinger, el Benet XVI. Creo que puede interesar a algunos contertulios.

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LOS LIBROS DE JOSEPH RATZINGER
Retrato de un Papa intelectual


OLEGARIO GONZÁLEZ DE CARDEDAL

BABELIA - 30-04-2005
Para entender el camino de hombres como Rahner, Ratzinger y Kasper hay que comenzar recordando un hecho decisivo: en Alemania la teología se estudia en una facultad que forma parte de la universidad del Estado. Hace más de un siglo (1868) esa Facultad de Teología fue eliminada en nuestro país de la universidad estatal. Este hecho, que parecerá baladí, es el eje de toda la estructura intelectual de la teología alemana. Porque en ese espacio universitario abierto, público y crítico, se ha dado el encuentro entre fe y razón; y no en los corros de la sacristía o en los mentideros de la política, como entre nosotros. Éste ha sido el drama de España en el último siglo y medio: una universidad sin teología y una teología sin universidad. Joseph Ratzinger (Marktl am Inn, Alemania, 1927) estudió en Múnich. Aquélla era en ese momento la mejor universidad alemana por doble razón: una porque había desaparecido Berlín, el polo prusiano de la cultura en la primera mitad del siglo XX; la otra porque hacia Múnich habían refluido los profesores de la antigua Breslau, una vez que la ciudad pasó a Polonia.
En su punto de partida y como cimiento de sus preocupaciones quedarán lo que supuso su tesis primera, Pueblo y casa de Dios en la eclesiología de San Agustín (1954): el encuentro con San Agustín, justamente en la medida en que éste se confronta con todo el pensamiento, filosofía, política y religión romanas. La cuestión de fondo que se debatirá es la de la religio vera. ¿Quién tiene razones y hechos que le permitan proponer un camino hacia la verdad y hacia Dios: el paganismo o el cristianismo? San Agustín se encuentra con tres tipos de teología: una theologia mythica (o de los poetas y el teatro), una theologia civilis (o del Estado y los políticos) y una theologia naturalis (la de los filósofos). Ni la primera ni la segunda plantean la preguntan por la verdad última de la vida humana. Esto sólo lo hacen los filósofos. Por eso el cristianismo primitivo no conecta con la religión civil, ni con la poética, ni con el resto de religiones, sino que prefiere el diálogo con la filosófica, que tiende a la verdad, de acuerdo con principio de Juvenal: "Vitam impendere vero = arriesgar la vida por la verdad" (4, 91).
Su tesis de habilitación para el profesorado tiene como centro otro momento histórico clave: el siglo XIII, el encuentro entre lógica aristotélica y exégesis bíblica. Su obra La teología de la historia en San Buenaventura (1959) estudia a este autor sobre el fondo de los movimientos franciscanos, radicales seguidores de Joaquín de Fiore, que creen llegado con San Francisco el momento de la revelación definitiva, el advenimiento del Espíritu, y con ello el fin de la religión de la palabra e iglesia de Cristo, seguido de la instauración definitiva de la libertad del individuo en el mundo. La tesis joaquinita de las tres épocas de la historia (del Padre o Antiguo Testamento; del Hijo o la historia de Cristo desembocando en la Iglesia instituida; la del Espíritu, iniciada por los signos y profetas de aquel momento) ha seguido fascinando tanto a los reformadores y políticos del siglo XVI como a la Revolución Francesa o al idealismo alemán, con Hegel a la cabeza. Ésa será una pregunta clave hasta hoy en la teología de Ratzinger: la relación entre revelación e historia, entre evangelio y subjetividad, entre acontecimiento originario de Cristo y perduración institucional del evangelio, entre Fe y futuro (1970).
Un segundo momento clave en su trayectoria es el paso por las facultades de Freising, Bonn, Münster y Tübingen. Su estancia en esta última se convertirá en la clave para entender el futuro. Las páginas que él dedica a este periodo en Mi vida (1977) han de ser leídas con atención. Hasta aquel momento el panorama teológico había estado determinado por la exégesis crítica, la investigación histórico-dogmática, la teología dialéctica y la teología litúrgica. Finalmente, prevalecía la lectura existencialista del Nuevo Testamento propuesta por Rudolf Bultmann siguiendo las categorías de Martin Heidegger. Ambos son sustituidos de la noche a la mañana por una nueva atmósfera que lleva a cabo un vuelco de la universidad. Las nuevas estrellas son el marxismo y Ernst Bloch, con sus obras El principio esperanza (1954) y Ateísmo en el cristianismo (1973), que públicamente denigraba a Heidegger, ensalzaba a Marx y a Hegel, con remitencias profético-mesiánicas proponiendo una religión del éxodo y del reino, en la que el cristianismo aligerado de teología y cristología sería el agente de la revolución definitiva.

En este contexto, Ratzinger prepara un curso con el título Introducción al cristianismo (1968), en el que, ante el cuestionamiento de la raíz de la que hasta ahora habían vivido la Iglesia y la teología, decidió comentar el Credo de los Apóstoles para saber si en el cristianismo se trata de un relato de meros hechos históricos, de una ideología revolucionaria o de la propuesta de una revelación divina, a cuyos signos acreditadores se responde con la fe, que vivida en la Iglesia se articula en expresiones normativas (dogma), de donde surge una teología, como inteligencia de esa fe desde una connaturalización con ella, ya que lo mismo que no hay un lugar para pensar sobre la razón fuera de la razón, no hay un lugar externo a la fe que permita descubrir su verdadera y última identidad. La teología nace de una razón iluminada por la fe, lo mismo que los ojos sólo ven la realidad exterior si ellos mismos son luminosos.
Desde su nombramiento como prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe fueron apareciendo nuevos libros de Ratzinger. Hay dos esenciales. El primero es su Escatología (1977), que él considera su libro más elaborado y que abre el horizonte de la historia a su último sentido. La pregunta por el fundamento, consistencia y destinación de la libertad humana, por la verdad y consumación de la persona, por la vida, la muerte y el futuro aparece aquí expuesta desde la perspectiva cristiana, sobre el trasfondo de movimientos como el marxismo, las visiones revolucionarias de los grupos utópicos y la teología de la liberación. La segunda obra clave de este decenio es Teoría de los principios teológicos (1982), que trata de pensar los fundamentos del existir cristiano: relación entre la estructura y el contenido de la fe; principios formales del catolicismo; problemas claves en el diálogo ecuménico; principios estructurales de la teología y su ámbito antropológico. La fase final de su pensamiento se centra en el diálogo con el pensamiento débil de la posmodernidad, nacido tras el ocaso de Marx y la aparición de Nietzsche y para el cual el ser, la verdad, el deber y la culpa carecen de fundamento una vez que Dios ha muerto. ¿Hacia dónde mirar ahora para edificar la casa del hombre y la ciudadanía, alimentar la democracia y salvar el pluralismo para que sea algo más que caótica acumulación de diversidades? La última obra se adentra con coraje en estas avenidas por las que casi nadie hoy quiere deambular: Fe, verdad, tolerancia (2005).

Tras una amistad que ha perdurado durante decenios tengo un testimonio escrito sobre sus proyectos intelectuales, de unas semanas antes de ser elegido Papa. El 12 de marzo me respondía a una carta en la que le invitaba a venir a Salamanca: "He renunciado a dar conferencias. Los años que Dios todavía me dé quiero consagrarlos a un libro de meditaciones sobre Jesucristo en la línea de lo que fue la gran obra de R. Guardini El Señor". Joseph Ratzinger ha sido toda su vida un profesor de universidad para quien la búsqueda y servicio a la verdad del hombre y a la verdad de Dios fue la suprema pasión de su vida.


Sólo la verdad tiene derechos
LOS LIBROS DE JOSEPH RATZINGER
REYES MATE


BABELIA - 30-04-2005
Joseph Ratzinger es un teólogo que acaba de ser nombrado Papa, nada extraño entonces que ante un escrito suyo interese más lo que dice que cómo lo dice. En su forma de pensar, de argumentar, podemos buscar claves que trasciendan al escrito y permitan vislumbrar cómo el Papa va a reaccionar ante los problemas de su Iglesia y del mundo. Este libro recoge textos ya publicados que hablan de la relación de la fe cristiana con la cultura de su tiempo y con otras religiones. No es Ratzinger un pensador que oculte sus cartas, al contrario, ante cada situación aplica un esquema muy meditado que revela ese modo de pensar que, debido a su notoriedad actual, va a ser sometido a una investigación detectivesca.
Si analizamos el trabajo que da título al libro, por ejemplo, encontramos que polemiza con contrincantes de talla, en este caso con la posmodernidad alemana. Ésta ha tomado la forma de un neopaganismo o polimitismo que idolatra la libertad, ensalza el relativismo y cuestiona las pretensiones de verdad. Uno de sus portavoces más señalados es Jan Assmann, un egiptólogo que ha reescrito el origen del monoteísmo. En el principio era el politeísmo hasta que llegaron Akhenatón y Moisés "el egipcio" con una especie de contrarreforma monoteísta que alteró totalmente las relaciones religiosas y el destino de la humanidad. Desde la altura de su monoteísmo empezaron a distinguir entre creencia e increencia.
De la mano de Moisés entraba en la humanidad una distinción hasta entonces desconocida: entre verdadero y falso. Nace entonces una idea exclusiva de verdad, un acaparamiento de la universalidad que se traduce en la violencia política de la religión que ha marcado el mundo. Assmann y los suyos quieren que los dioses vuelvan de una manera, eso sí, civilizada, es decir, defendiendo la libertad como manda la ilustración.
Ratzinger reacciona ante lo que llama "la dictadura del relativismo" con una defensa de la libertad "bien entendida", es decir, con una libertad basada no en la autonomía del individuo, sino en la verdad. "La verdad" es el hilo conductor de su discurso y en ella invierte lo mejor de su talento de pensador. Su estrategia no consiste en invocar la autoridad infalible de algún dogma, sino en un discurso registrado al alimón en Atenas y Jerusalén. Pieza capital de ese armazón es la identificación platónica entre bien y verdad: sin la idea de verdad no hay manera de distinguir entre lo bueno y lo malo. Luego vienen los padres de la Iglesia que colocaron al cristianismo no del lado de las religiones, sino junto a la filosofía, es decir, como una posibilidad del conocimiento. Al final el modelo del conocimiento es un reflejo de las relaciones trinitarias, es decir, que pensar bien es pensar "desde" (una exterioridad trascendente), pensar "con" (los demás) y pensar "para" (lograr el fin para el que ha sido creado).

Todos estos escritos tienen un poderoso nervio teórico. Está claro que para este hombre se podrá o no estar en desacuerdo con la fe cristiana. Lo que no acepta es que se la banalice con aggiornamentos que la hacen irreconocible. Eso es un punto a su favor. Lo que pasa es que la claridad y contundencia de su esquema teológico le hace vulnerable a la crítica. Su particular cruzada contra todo relativismo le lleva a simplificaciones peligrosas, como la que hace con el autor de la parábola de los tres anillos, Epfraim Lessing. Éste no renuncia a la pretensión de verdad sólo la traduce por búsqueda -y no posesión- "mientras llega el juez dentro de miles y miles de años". No es un relativista pues en el "mientras tanto" hay un criterio de verdad: ser bien visto por los demás, el reconocimiento por otros.

Un escrito tan decidido como éste obliga a un par de reflexiones críticas. El teólogo sabe bien que la fe del creyente no es un producto de la razón, sino un don. Pero como está convencido de que lo que cree es verdad, da un paso al frente y exige a la razón que acepte su visión del hombre y de la historia. Hacer de esa verdad "la suprema garantía de la tolerancia" infunde mucho respeto. El paso de propuestas razonables a verdades casi de razón coloca a Ratzinger en la órbita del concilio Vaticano I y lejos del Vaticano II. Se echan de menos mediaciones más finas entre lo divino y lo humano.

Tampoco han faltado las críticas a su esquema mental de corte platónico. Joseph Ratzinger se defiende invocando la helenización de la misma Biblia, pero no es lo mismo hacer de la justicia el criterio de la verdad que a la verdad, criterio de justicia, que es lo que él sostiene sin desmayo. Para empezar la tradición profética tiñe la verdad de compasión, algo que no aparece en estas 240 páginas. De ahí las críticas a la impasibilidad de una teología que desenfunda la verdad con inusual ligereza.
Eso le ocurrió en 1998, durante un célebre debate público con Baptist Metz, bávaro de origen como él, pero ideológicamente en el lado opuesto. Alguien le echó en cara la inmisericordia de la Iglesia con los homosexuales, divorciados, amenazados del sida, jóvenes embarazadas...

Ratzinger no negó la dureza del trato. Exigió, eso sí, respeto a su postura porque estaba "contra cualquier dictadura doctrinal". A la vista de lo que ha hecho con los disidentes, queda la duda sobre si su constante invocación de la verdad era protesta contra la dictadura doctrinal o expresión de la misma. La solución, mañana.


GUÍA DE LECTURA

OBRAS BÁSICAS
Introducción al cristianismo (Sígueme). La obra fundamental de Ratzinger. El equilibrio entre la revelación y su actualización histórica.
Fe, verdad y tolerancia (Sígueme). La famosa polémica "contra el relativismo".
Mi vida (Encuentro).
Autobiografía intelectual desde su nacimiento hasta 1977, es decir, el nazismo, la II Guerra Mundial y su relación con teólogos como Karl Rahner y Hans Küng.
El nuevo pueblo de Dios (Herder). Ratzinger progresista. Textos para el Concilio Vaticano II.
Informe sobre la fe (BAC). Las claves de la vuelta a la ortodoxia. Una larga entrevista mantenida con el periodista italiano Vittorio Messori.
La sal de la tierra (Palabra) / Dios y el mundo (Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores). De la crisis de valores a la biogenética. Dos diálogos con el periodista alemán Peter Seewald.
ENSAYOS DIVERSOS
Teología e historia. Notas sobre el dinamismo histórico de la fe (Sígueme).
Teoría de los principios teológicos. Materiales para una teología fundamental (Herder).
Iglesia, ecumenismo y política. Nuevos ensayos de eclesiología (BAC).
El espíritu de la liturgia (Cristiandad).
Un canto nuevo para el Señor. La fe en Jesucristo y la liturgia hoy (Sígueme).
La fraternidad de los cristianos (Sígueme).
Ser cristiano en la era neopagana (Encuentro).
Una mirada a Europa (Rialp).


Benedict0 XVI de primera mano JOSEP M. SARRIEGUI

BABELIA - 30-04-2005
www.aciprensa.com/benedictoxvi/
El papa Benedicto XVI a través de una selección en castellano de sus principales escritos. Incluye la biografía oficial publicada por la Santa Sede; lo que pensaba Juan Pablo II de su sucesor; la traducción de una reveladora entrevista con el entonces cardenal realizada en septiembre de 2003; su ya famosa homilía al comienzo del último cónclave y la primera ofrecida como nuevo pontífice.
www.iveargentina.org/Foro_Exegesis/Articulos_Varios/magisterio_exegesis_ratzinger.htm

Relación entre magisterio de la Iglesia y exégesis es una ponencia del Papa redactada con ocasión de los cien años de la constitución de la Pontificia Comisión Bíblica. Fue publicada en la versión española por L'Osservatore Romano en mayo de 2003. Es un texto nuclear, puesto que, como dice Ratzinger, en él entrevera su pensamiento teológico con su biografía.

www.ewtn.com/new_library/Spanish/dominus_iesus.htm

Dominus Iesus. Declaración sobre la unicidad y la universalidad salvífica de Jesucristo y la Iglesia (agosto de 2000). Uno de los textos más polémicos de Joseph Ratzinger y Tarscicio Bertone bajo el papado de Juan Pablo II. Dio lugar a las protestas de decenas de teólogos progresistas de todo el mundo, entre ellos Hans Küng, Jon Sobrino y Leonardo Boff.

www.vatican.va/roman_curia/congregations/cfaith/documents/rc_con_cfaith_doc_20021124_politica_sp.html

Nota doctrinal sobre algunas cuestiones relativas al compromiso y la conducta de los católicos en la vida política es un escrito de la Congregación para la Doctrina de la Fe, firmado el 24 de noviembre de 2002, en el que Ratzinger denigra el relativismo y se posiciona en torno a la laicidad, admitiéndola como "valor adquirido y reconocido por la Iglesia".

www.interrogantes.net/includes/seccion.php?IdSec=147

Selección de artículos y conferencias de Ratzinger sobre la relación entre fe y sociedad. Entre ellos, La marginación de Dios, Cristianismo e islam, Católicos, ¿futuro de minoría?, El Papa sufriente, El fundamentalismo islámico y Fundamentos espirituales de Europa.

http://es.catholic.net/conocetufe/633/1804/articulo.php?id=3401

La notificación por la que, en 2001, el teólogo español Marciano Vidal, autor de Diccionario de ética teológica y Moral de actitudes, era censurado y conminado por Ratzinger a reelaborar sus escritos en función de la ortodoxia impuesta por la Congregación para la Doctrina de la Fe.

http://dspace.unav.es/retrieve/402/01.+Investidura1+1998-2.pdf

Discurso de investidura de Joseph Ratzinger como doctor honoris causa por la Universidad de Navarra en 1998. En formato PDF.

www.ratzinger.it/

Documentos de la Congregación de la Doctrina de la Fe bajo dirección de Ratzinger. En italiano.

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Juan A. Rodríguez Molina



Registrado: 16 Feb 2004
Mensajes: 306
Ubicación: El Escorial (Madrid)

MensajePublicado: Sab Abr 30, 2005 7:00 pm    Título del mensaje: ¡Gracias! Responder citando

A mí, desde luego, me interesa mucho. Gracias, Vega. Pues aunque alguna idea tenía de lo que dicen González de Cardedal y R. Mate (saben de lo que hablan, desde luego, pero es curioso como se les ve al plumero a ambos en tan breve muestra) me has ahorrado el trabajo de reunir una bibliografía de Ratzinger que, para empezar, no está nada mal.

¡Ay! si la CNT fuera la que pudiera ser y la Iglesia no dejase de ser la que debería ser... podríamos asistir a una disputa realmente histórica: la verdad como libertad adversus la verdad como religión. Libertad y Religión, bien entendidas, claro está. O, al menos, bien tratadas (¿Razón-Fe?) Todo ello regado de tolerancia balmesiana; más Romana que el Derecho y, seguramente, con la que desea bendecirnos Benedicto XVI. (Balmes, al que seguro ha leído Ratzinger, es un personaje nada despreciado por algunos “anarquistas” con dos dedos de frente. Yo, como no tengo tanta frente, me limito a aconsejar su lectura —sin esos puñeteros prejuicios que tanto opacifican y tan españoles, o más que el “anarquismo”, son— para entender mejor a Benedicto XVI).

Salud
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Antonio Iglesias Díez



Registrado: 12 Nov 2003
Mensajes: 59
Ubicación: Ávila

MensajePublicado: Sab Abr 30, 2005 8:46 pm    Título del mensaje: Sí por Ratzinger Responder citando

Hola de nuevo.

Tiene razón G.Bueno. Que los jefes de estados se arrodillan ante Benedicto XVI. Eso es lo importante. Es importante para la tranquilidad del mundo. La causa es que el vulgo en todas partes es muchísimo mas sensible a las “pruebas” de la existencia de una causa primera inteligente que ordena y da sentido a la existencia, que a toda las metafísicas oscuras e incomprensibles y a los endiablados argumentos científicos, inaccesibles para la inmensa mayoría de los humanos. En cuanto a los materialistas, hay demasiados, y cada uno con su “verdad”. (Y la mayoría groseros). ¡Así no podemos vivir los que no somos filósofos!. (Y si los católicos no pueden, habrá que imaginarse lo que pensaran de los infieles materialistas los moros de las narices. No me extraña que tambien por eso nos quieran borrar del mapa).

Sobre los materialistas una vez leí a uno que se declaraba ateo (no me acuerdo de quién se trataba) y negaba al mismo tiempo la materia. Decía que todo era sueño. En fin, que después de 600.000 años de religiosidad, el ateísmo, con sólo dos o tres siglos de existencia, producirá, si prolifera a nivel general, el caos mas descomunal que imaginarse pueda. “La única verdad es la mentira que puede ser útil para la vida” . Y si la verdad es absurda (acaso la existencia no tenga sentido, Bueno dixit) ¿qué diablos tiene de malo en que lo inventemos y qué de irracional hay en ello, si la cruda realidad lo es también a rabiar para miles de millones de humanos?. Puestos a elegir me quedo con Benedicto.

Me gusta El Papa. Le estoy leyendo y lo que dice del relativismo moral y cultural esta muy bien traído. Y lo hace sin basar sus argumentos en dogmas ningunos. Puro sentido común.

Saludos. Antonio
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Juan A. Rodríguez Molina



Registrado: 16 Feb 2004
Mensajes: 306
Ubicación: El Escorial (Madrid)

MensajePublicado: Lun May 02, 2005 4:22 pm    Título del mensaje: Ateísmo eterno Responder citando

No sé de dónde saca Iglesias que el ateísmo tiene dos o tres siglos. Evidentemente no puede haber ateísmo sin dioses, pero no siempre ha habido dioses y te aseguro que desde que los hay también hay ateos.

Otra cosa, si “relativo” ha de oponerse a “absoluto” yo, desde luego, me quedo con el relativismo; ahora abien, si por relativismo entendemos desvalorización de todo lo divino y lo humano (lo sagrado y lo profano), prefiero una Mentira Útil, así, con mayúsculas (si no una verdad absoluta). Por eso espero que de un enfrentamiento entre Religión y Libertad no surga una Verdad Abosulta a modo de síntesis, sino que espolvoree trocitos de aletheia sobre la panda de inútiles que asista, atónita, al combate. Se trata, precisamente, de captar lo útil de cada mentira (las impías y las piadosas), no lo cómodo de cada una, que es lo relativista a la mode. Se trata, pues, de revalorizar, de dar a cada una de ellas el valor que merecen y dejarse de gilipolleces; se trata de limar lo inútil y contraproducente que ambas transportan como rémoras para ellas e imanes para incautos.

Acaso “religión” y “libertad” (ni sus instituciones: Iglesia y CNT), ambas tan útiles como mentirosas, no sean los términos apropiados, pero no creo que pueda captarse algo de aletheia leyendo sólo a Ratzinger o a Bakunin. Ni asistiendo al duelo pasmado y boquiabierto, por supuesto.

No obstante, como parecer ser que tanto las masas como las elites humanas son esencialmente gilipollas (una mezcla de pusilanimidad y tontería, según la RAE) por pura comodidad (por no “romperse la cabeza” ni querer “meterse en líos”), quizá mi esperanza sea una pretensión completamente inútil. O que, aunque prenda en quienes no quieren serlo, al ser tan pocos, no sirva para nada. Pero no adelantemos acontecimientos.

Salud
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José Mª Rodríguez Vega



Registrado: 11 Oct 2003
Mensajes: 1429

MensajePublicado: Lun May 02, 2005 11:02 pm    Título del mensaje: Los monos nunca fueron desnudos. Responder citando

Hola.

Dice Antonio Iglesias Díez:

<En fin, que después de 600.000 años de religiosidad, el ateísmo, con sólo dos o tres siglos de existencia, producirá, si prolifera a nivel general, el caos mas descomunal que imaginarse pueda. “La única verdad es la mentira que puede ser útil para la vida” . Y si la verdad es absurda (acaso la existencia no tenga sentido, Bueno dixit) ¿qué diablos tiene de malo en que lo inventemos y qué de irracional hay en ello, si la cruda realidad lo es también a rabiar para miles de millones de humanos?. Puestos a elegir me quedo con Benedicto.>

A lo que contesta Juan A. Rodríguez Molina:

<No sé de dónde saca Iglesias que el ateísmo tiene dos o tres siglos. Evidentemente no puede haber ateísmo sin dioses, pero no siempre ha habido dioses y te aseguro que desde que los hay también hay ateos.>

Pardiez! Que yo pienso y opino que el verdadero ateísmo... moderno, ya que sólo podemos referirnos al ateísmo moderno..., sólo puede surgir con la llegada al “ápice” de la teología y de la filosofía modernas: Descartes (¿Gómez Pereira?) y Espinosa. Antes podía haber impiedad, pero no ateísmo. La verdadera fuente del ateísmo moderno no es la impiedad, la “increencia”... sino el materialismo moderno que comienza con el panteísmo espinosista.

Y es que –a mi modo de ver- eso que dice Molina de que no siempre ha habido dioses, conlleva el supuesto de que el hombre, incluso en sus prolegómenos como homínido, no poseía ni tenía la experiencia de un “espacio antropológico”, con su eje angular inspirándole sus temerosos númenes. Pues de ser eso así, la categoría de Bueno sería un mero concepto vacío, una hipóstasis meramente abstracta... pero no lo es, como demuestra la abundante arqueología y paleoantropología, por ejemplo, y la lógica más elemental.

Dice Bueno:<Y así como la corriente eléctrica se genera por una diferencia de potencial, así también, podríamos decir, la numosidad se genera en la “diferencia de potencial” entre los hombres que se constituyen en “círculo” (en su banda, con su lenguaje) frente a los animales que quedan en un “ángulo”, fuera de su círculo. La constitución de los animales como númenes es estrictamente correlativa a la constitución de los animales como hombres.>, etcétera. (El Animal Divino, en la última página, en la 411)

Dioses los ha habido, pues, siempre y mientras somos y éramos hombres.

También hay un “materialismo religioso” (o materialistas religiosos, inconsecuentes), como por ejemplo el materialismo de Einstein... Pero de lo que se trata de saber, es sí es posible, que cuanto más retrocedamos hacia el pasado (progresus), cuanto más nos adentremos en lo numinoso de hace milenios, podamos consecuentemente decir que había menos dioses (¿olvidados?), menos religazón... Y yo creo y pienso que no, que cuanto menos hombres somos más dioses hay o había, y viceversa: que cuanto más hombres somos (lamarckianamente, no al modo de Darwin) menos dioses tenemos, más los “humanizamos”... hasta llegar al Dios de Espinosa (causa sui), por “causa de sí”, del comienzo de su Ética: todo en Dios.
O sea, que el ateísmo es un final consecuente con el desarrollo de la idea de Dios y de la transformación de la religión hasta llegar a la cuarta actual del amor a los animalitos, y por tanto sólo puede ser ese ateísmo “moderno”: el mono nunca fue desnudo, pero el mariquita andando por una playa nudista agarrando de la mano a su “compañero/a” (sic!), sí que va desnudo, porque él sí que ya es ateo angularmente... aunque ahora crea en su gato naturalista (¡jo,jo,jo!)

Luego, el aspecto o no de la “utilidad de la mentira”, de la utilidad de la religión como “mentira”, es un asunto netamente político... Pero la anulación de la esencia de la religión, su reduccionismo a lo político, es una quimera..., otra mentira, un intento vano..., ya que la religazón o la numinosidad dada en el espacio antropológico es irrecusable, y lo es a pesar de nuestro ateísmo y a pesar de que un cura nos ahorre diez gendarmes. Pedir una “humanidad” completamente materialista y atea, es lo mismo que cualquier majorennes kantiano: el ateísmo y el materialismo es cosa de los pocos, no de los muchos.

¿Acaso Molina, y precisamente porque se dice ateo, no está religado por su idea de la “libertad”? Lo está. En esto Molina es “neonuminoso”, o sea: aún es un fundamentalista democrático... Ya que lo que se “enfrenta a la religión” no es la libertad, sino otra especie de religión; la religión –por decirlo así- de la deriva hacia el eje radial, hacia el mercado pletórico de cachivaches: Fetichismo de la mercancía, libertad de consumo= idealismo del individualismo posesivo, religazón cósica cuyo resultado es la libertad en y de la confluencia estadística.

Tampoco veo yo que la cosa necesariamente haya de tener remedio: bien podemos dirigirnos hacia una “pavorosa revolución” o hacia una completa y total extinción de la especie. No sería la primera vez.
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Juan A. Rodríguez Molina



Registrado: 16 Feb 2004
Mensajes: 306
Ubicación: El Escorial (Madrid)

MensajePublicado: Mar May 03, 2005 12:43 pm    Título del mensaje: Dios no es igual a religión Responder citando

No sé si te has fijado, Vega, en una frase del mismo mensaje que criticas: «Acaso “religión” y “libertad” (ni sus instituciones: Iglesia y CNT), ambas tan útiles como mentirosas, no sean los términos apropiados,...» Voy a intentar explicarlo breve, concisa y claramente: Dios no es igual a religión.

Te recuerdo que me dedico “académicamente” a la historia de las religiones y, por tanto, me considero incapaz de discutir que el hombre no sea religioso desde que, por así decirlo, es hombre. Ahora bien, así como dios no es igual a religión, numen tampoco es igual a dios y no estoy seguro de lo que sea un numen ni termino de captar el pleno significado del término dios, pues, aparte de haber evolucionado éste, yo nunca he sido creyente y sin embargo sí he sido —y puede que todavía lo sea algo o mucho— supersticioso. Tampoco termino de aceptar una visión monista de dios, como podría ser la de Buda; personaje del que, sin mencionar a dios alguno, no se puede decir que no fuera religioso. (Algo muy parecido podríamos decir del místico, pero pagano, Plotino —al cual conocían bien los Padres de la Iglesia— y que decía que se acercara Dios a él). Ni me parece correcto asemejar a dios con el Sumo Hacedor o similar. Yo soy ateo del dios de las doctrinas religiosas conocidas, habidas y existentes. A ese ateísmo (que tú, erróneamente, llamas impiedad) es al que yo supongo existente desde la misma formulación de ese o esos dios o dioses. Porque, claro, tampoco impío es igual a ateo, sino a a-religioso o muy poco respetuoso con su supuesta religión, con la religión de sus padres, hermanos y vecinos. A mí me pasa como a Epicuro —o algo parecido—: respeto la religión de mi ciudad e, incluso, no niego que yo no sea religioso en cierta forma, pero a los dioses y a los númenes... como no sea en los intermundia no los veo por ningún lado. Epicuro no era impío del todo, pero si no era ateo estaba a un paso. Y no es de hace dos o tres siglos. ¡Claro! en lo que no podemos fijarnos es en los irreligiosos que creen en dios (que también los hay) o a la inversa. Ni tachar a todo esto de incurrir en alguna especie de reduccionismo. Es pura constatación histórica. De todo hay en la viña del señor, siempre lo ha habido y siempre lo habrá; la vida es diversidad; sobre la muerte o la pre-vida, ni lo sé ni me importa porque sé que no puedo saberlo. Y es ahí, precisamente, donde entra dios. No confundamos al que no lo ve (ateo) con el que no sabe si lo ve o no, pero ve que otros lo ven y duda (agnóstico). El ateo puede equivocarse, pero no duda ni “pasa”; afirma que no lo ve y que le dejen de cuentos.

Tu error, porque lo es, (lo siento Vega, pero debes repasarte el apdo. 5, “Filosofía de la religión”, del c. IV del Diccionario filosófico, especialmente las entradas 351, 352 y 353) puede venir de eso que dices:
Cita:
«Que yo pienso y opino que el verdadero ateísmo... moderno, ya que sólo podemos referirnos al ateísmo moderno..., sólo puede surgir con la llegada al “ápice” de la teología y de la filosofía modernas: (…)»
¿Por qué? ¡Qué puñetera manía de no ver más allá del Renacimiento y fiarse de lo que éste dijo de la Antigüedad! Igualmente, una cosa es lo que los filósofos llaman filosofía y que viene de los griegos, &c., y otra que antes de esos griegos nadie haya “filosofado”. ¿Es admisible tal majadería? Por supuesto, lo hacían de otra forma pero lo hacían; así como, de otra forma, hacían ciencia pura y dura. Ese negarse a mirar más atrás no es como taparse un ojo, sino ojo y medio, como poco.

No obstante, repito, cuando enfrento Religión y Libertad, dudo de haber elegido los términos apropiados (muchos problemas intelectuales no son más que cuestión terminológica), pero con el primero quiero significar esa religación («religazón») con lo numinoso que ha llevado a cabo el catolicismo y que definiría de una forma muy parecida a como hace el MF ([351], p. 357 del DF) porque los ámbitos “político”, “económico”, &c. está claro que no pueden separarse; mientras que con el segundo, me refiero a la oposición auténtica, genuina, cabal y equiparable a una religación, pero no con lo numinoso e intangible, sino con lo tangible, con una racionalidad más radical que la empleada por el catolicismo. Ambos son, por humanos, religiosos, pero mientras Religión carga las tintas en la estabilidad social, en el vivir establemente, Libertad lo hace en el pensar libremente para que el vivir establemente sea más racional. Por eso, aunque tampoco me termina de convencer, terminológicamente, apuntaba si no deberíamos hablar de Fe contra Razón. ¿Me explico? No creo en la síntesis, pero, sin duda, debe haber tesis y antítesis. Que sea esta guerra inevitable la que lleve a la extinción de la especie, me parece imposible; es más, si no la hubiera habido siempre (no sólo en una “brillante” modernidad), acaso ya no existiéramos. Cuando ahora se acusa de neopaganismo (y otras “neolidades”) lo que se hace es, más bien inconscientemente, recordar la injusta e incompleta victoria que los padres de la Iglesia lograron, en torno al s. IV, frente a los paganos.

Todo cambia. Pero como yo no derivo a un «mercado pletórico de cahivaches», lo “mío” no es la extinción de nada, sino, justamente, la lucha: la supervivencia de la especie; una especie libre de cachivaches materiales e ideales. Libre de gilipollez. ¿Imposible? Posiblemente. No pasa nada. ¡Mejor que no gane nadie! Es en el choque cuando, como una pompa de jabón o una nube de polvo, surge la aletheia; es un instante... ¿mágico?

Salud
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