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Pedro Insua Rodríguez



Registrado: 09 Oct 2003
Mensajes: 279
Ubicación: Madrid

MensajePublicado: Dom Nov 06, 2005 1:04 pm    Título del mensaje: Inn.org Responder citando

Estimados contertulios:
Ayer, en la concentración convocada por el Foro de Ermua en Madrid, hemos conocido a algunas personas que están, en Cataluña, valientemente plantándole cara al secesionismo. Personas muy bien orientadas políticamente, que se han alineado en torno a la asociación Iniciativa no nacionalista, con sede en Barcelona, y que merece la pena que los contertulios conozcan:

http://www.inn.org.es/index.htm

Saludos,
Pedro Insua
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Pedro Insua Rodríguez



Registrado: 09 Oct 2003
Mensajes: 279
Ubicación: Madrid

MensajePublicado: Dom Nov 06, 2005 1:11 pm    Título del mensaje: Responder citando

Cuelgo aquí su manifiesto programático, para que los contertulios se hagan una idea:
Cita:
La Izquierda No Nacionalista
Domingo, 6 de Noviembre de 2005

i.n.n.

Esta iniciativa surge de un grupo de ciudadanos de Cataluña y está destinada a llenar el vacío que, en el espectro político catalán, se halla en el espacio político del centro-izquierda. Los votantes ubicados en esa posición del eje izquierda-derecha, pero que no sienten afinidad hacia el nacionalismo en cualquiera de las variadas formas que presenta en nuestra comunidad, han sido hasta este momento huérfanos políticos.

Estamos convencidos de que los partidos de izquierda catalanes se han olvidado de sus electores y de su identidad política original, al subordinarla a los principios del nacionalismo identitario.

Estamos hartos de oír hablar del Estatut y no de nuestros verdaderos problemas. Estamos hartos de que se nos trate de engañar con el señuelo de que van a resolverse con más autogobierno. Sabemos que, en nuestro contexto, más autogobierno es sinónimo de más discordia.

Queremos una Cataluña leal y solidaria con el resto de España. Queremos una Cataluña cuyas Instituciones respeten la pluralidad lingüística, social y cultural de los ciudadanos.

Queremos un partido y un gobierno que dejen de diluir su incompetencia en el victimismo y de ocultar la corrupción y las redes clientelares bajo la pesada alfombra de la identidad.

Por ello y por muchas más razones, hemos llegado a la conclusión de que es necesario un nuevo partido político en Cataluña.

Saludos,
Pedro Insua
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Pedro Insua Rodríguez



Registrado: 09 Oct 2003
Mensajes: 279
Ubicación: Madrid

MensajePublicado: Sab Ene 14, 2006 12:55 pm    Título del mensaje: Responder citando

Estimados contertulios:
Cuelgo aquì el artìculo de José Ramón Bravo aparecido en inn.org.es en el que se hace un balance, que quiere ser político, del año 2005, y de título bien expresivo (recordando a Isabel II):
Cita:
ANNUS HORRIBILIS

José Ramón Bravo García, 06-01-06

Desde luego, no cabe duda de que el año 2005 que acabamos de dejar atrás hace pocos días no ha sido precisamente el mejor para los no nacionalistas. No es este el lugar para hacer un exhaustivo repaso de todo aquello que, por su interés o incidencia en la propia razón de ser de nuestro partido y en sus futuras acciones, ha acaecido en el pasado año, pero sí sería bueno traer a la memoria, a modo de breve balance-resumen, algunos de los hechos que de manera más directa han condicionado la vida política de nuestro país, y que todo parece indicar que seguirán condicionándola como mínimo durante todo el año que ahora principia…

Pero no sólo para España o para los ciudadanos afines al ideario de INN ha sido el 2005 un año aciago. Varios acontecimientos traumáticos corroboran esta afirmación. Todos recordamos cómo el pasado año irrumpió en nuestras vidas envuelto en la brutal violencia de un maremoto catastrófico –el infame tsunami- que asoló el sureste del continente asiático y causó la muerte de cientos de miles de seres humanos, además de arrastrar a la ruina y la desesperación a muchos otros miles. Varios meses más tarde, exactamente el 7 de julio, la ciudad de Londres era objeto de un atentado terrorista que se cobró la vida de más de medio centenar de personas y dejó más de 700 heridos, muy poco después de haber resultado designada como sede de los Juegos Olímpicos de 2012. En el mes de septiembre, el temible huracán Katrina dejaba un rastro de destrucción en los estados sureños de Luisiana y Misisipí, y fue tal su virulencia y tan profundo el alcance de su devastación que incluso la primera potencia económica y militar del mundo, Estados Unidos, se vio desbordada e incapaz en la práctica de afrontar el desastre en su propio territorio. No bien habíamos empezado a asimilar esta noticia, cuando en el mes de octubre, a muchas millas de distancia de allí, en Pakistán, un fatídico terremoto segaba la vida de más de ochenta mil personas en el país asiático. Ese mismo mes, grupos de inmigrantes que intentaron saltar la valla de Ceuta y Melilla, fueron detenidos, esposados por las autoridades de Marruecos y conducidos al desierto del Sahara, donde se les abandonó a su suerte. Se diría que la Historia, una vez más, se ceba cruelmente con los más débiles, con los desamparados, con los “desposeídos”, que dirían en nuestra entrañable América Latina. Por si todo ello fuera poco, en la vecina Francia se desataban en noviembre feroces disturbios tumultuarios, como no se recordaban en mucho tiempo, en la periferia más conflictiva y desasistida de la gran urbe parisina.

Y en medio de toda esta turbia agitación del mundo, nuestra nación ha iniciado su particular travesía a ninguna parte, tal vez hacia su propia autodisolución, de la mano de unos supuestos responsables (es un decir) políticos, que no se sabe muy bien cómo, cuándo ni por qué –aunque no falten indicios para suponerlo- nos han embarcado en esta aventura, que más bien es desventura, y que consiste en poner en cuestionamiento la legitimidad no sólo del período de nuestra historia que más paz y consenso nos había reportado (aunque todo sea muy mejorable), la transición a la democracia, sino incluso de todo el orden constitucional que en su día instauramos confiando en superar así de manera definitiva las diferencias que de un modo tan cruento y con tan nefastos resultados nos habían enfrentado a los españoles en épocas pasadas.

Porque, en efecto, en línea con los terribles desastres naturales que golpearon al mundo en el 2005, también la vida política española en el pasado año empezó y acabó entre huracanes, sólo que en nuestro caso son de distinta naturaleza, ya que para muchos no tienen apariencia de tales y, además, las consecuencias de sus ataques no sean evidentes sino al cabo de cierto tiempo, y aun así cabe esperar que una vez que se produzcan sus perniciosos resultados, muchos de los que ahora se resisten a dar la voz de alarma no dudarán en culpar a otros, seguramente a sus oponentes políticos e ideológicos –como han hecho repetidamente- o tal vez se llevarán las manos a la cabeza y se quedarán boquiabiertos sin saber explicarse cómo se ha podido llegar a una tal situación, pese a que algunos lo hubiéramos advertido bastante tiempo atrás. El lector ya habrá deducido, obviamente, que nos referimos, por un lado, al denominado Plan Ibarreche (se escribe así en español), que aunque formalmente rechazado por el partido socialista y la mayoría de los grupos parlamentarios a principios del año pasado, sin embargo creó en muchos de nosotros negros augurios sobre el futuro de nuestro país y la senda por la que tal vez se iba a encaminar en el futuro inmediatamente posterior. Y, como era de esperar, el año finalizó con el insuperable escollo de la negociación sobre un incierto acuerdo para la aprobación del futuro nuevo estatuto de autonomía de Cataluña, que ha supuesto, para una nutrida masa de españoles, y en particular para los no nacionalistas (o constitucionalistas o demócratas o simplemente españoles sin más que aman a su país), una auténtica conmoción política, un golpe de primera magnitud.

Sólo por eso ya merecería el año 2005 una baja calificación en nuestra escala de puntuaciones (políticas y sociales, o nacionales). Pero es que además 2005 ha sido el año en que el Parlamento ha aprobado una moción que permitía al Gobierno negociar con ETA, y ello se producía en uno de los momentos históricos de mayor debilidad de la banda terrorista, después de que por fin el Estado y la ley, no la claudicación ni la guerra sucia, habían empezado a doblegar y vencer al terrorismo, a través de medidas judiciales y policiales (=legales) e incluso el inicio de un debate público sobre la necesidad de vencer al terrorismo con la ley en la mano y a pocos meses de vigencia del Pacto antiterrorista entre los dos grandes partidos políticos. Tanto buen hacer, para nada. Por otro lado, y por si alguien albergaba aún alguna duda sobre la escasa justicia de nuestro sistema electoral, un partido nacionalista especialmente castigado en las urnas (el BNG), se coaliga con el PSOE para poder gobernar en Galicia, y se pretende trasladar a la opinión pública la idea de que “Galicia” ha votado un cambio (de giro además nacionalista). ¿Cabe mayor hipocresía y tergiversación de la realidad? Ya tenemos, pues, en el ruedo ibérico, una nación más, o con aspiraciones de serlo, y que no querrá quedarse atrás en la reivindicación de mayores “niveles de autogobierno” (de hecho ya empezaron aplicando el clásico irredentismo nacionalista sobre territorios ubicados en las vecinas comunidades de Asturias y Castilla y León). A todo ello se suman hechos como la tragedia de los 17 militares españoles muertos al estrellarse un helicóptero en Afganistán, cuyas circunstancias y causas reales no han sido aún debidamente esclarecidas. Para completar esta antología de despropósitos gubernamentales, el Parlamento aprobó la Ley Orgánica de Educación (la LOE), que a pesar de incorporar más de un centenar de enmiendas supuestamente como consecuencia del clamor social en contra que despertó la Ley (como evidenció que más de un millón de personas se echaran a la calle para protestar contra ella), sin embargo esta LOE no es sino una reedición de la nefasta LOGSE, pues mantiene en lo esencial su modelo de sistema pedagógico-educativo, que, entre otros méritos, ostenta el honor de haber destruido la enseñanza española y con ello ha privado de futuro a generaciones enteras de jóvenes.

En fin, que, como decíamos al principio, no hay espacio aquí para comentar uno por uno todos los disparates que se han sucedido en la vida política de este país, de los que el Gobierno ha sido cómplice y garante (cuando no los ha auspiciado él mismo), por lo que basten como muestra algunos ejemplos al respecto: inadmisible secretismo (en democracia) de las reuniones y negociaciones del Gobierno en asuntos de vital importancia para el devenir de la nación; desastrosa política exterior que nos ha condenado a la máxima irrelevancia en el plano internacional; groseros ataques contra la libertad de expresión y contra los derechos de los consumidores favoreciendo desvergonzadamente a determinados grupos económicos e ideológicos en las antípodas de los intereses generales de los ciudadanos; la no condena de varios atentados terroristas; recibir a líderes independentistas en La Moncloa con todos los honores y exhibiendo una bandera de sus respectivas comunidades autónomas junto a la española (como si se tratara de mandatarios de países extranjeros: una de las dos banderas sobraba); tratar de llegar a acuerdos internacionales, en palabras textuales del Presidente del Gobierno, “como sea”; y marginación e incluso descalificación de las voces discordantes con la política oficial filo-nacionalista procedentes de las mismas filas del partido gobernante. Todo un cuadro.

Es cierto que en medio de este marasmo de nuestra democracia ha habido algunas grandes noticias positivas por las que cabe felicitarse, como por ejemplo que el piloto de Fórmula 1 Fernando Alonso lograra erigirse en campeón del mundo o que el tenista Rafael Nadal ganara en total 11 torneos, incluido el Roland Garros. Pero el lector convendrá con nosotros en que no ha sido esa, lamentablemente, la tónica general del año. De ahí que, a pesar de la infinita paciencia con que hemos tenido que afrontar la sarta de tropelías políticas de este año que se fue, aún nos queden ánimos para esperar y desear a todos que este año que entra sea el nuestro, el de los que nos oponemos a esta política y esta manera de gobernar hecha al margen de la ciudadanía o basada en su manipulación, o que al menos no sea el suyo, el de los que, más allá de sonrisas vacuas y frases ocurrentes, hace tiempo que perdieron la vergüenza en el camino al poder. Que este annus horribilis que hemos dejado no se convierta al acabar el 2006 en un biennium horribile.

Por ello, y porque la indignidad de nuestros actuales gobernantes no merecen más que la justa denuncia y pasar página, nosotros, desde nuestra pequeña tribuna, queremos cerrar la crónica de este azaroso año que fue el 2005 rindiendo un sentido homenaje a los once jóvenes que murieron en el mes de julio en el incendio forestal de Guadalajara, trabajadores de un retén de bomberos que lucharon a cuerpo limpio y a brazo partido contra el fuego que acabaría arrasando miles de hectáreas del Alto Tajo (en esa pobre Castilla tantas veces injustamente insultada, atacada, difamada), y que entregaron sus vidas por hacer lo que se esperaba de ellos: salvar el monte, el bosque y las personas -aun a costa de ellos mismos-, con la profesionalidad, la abnegación y el valor de que sólo son capaces aquellos que, en su honestidad e integridad, aún no han sido envilecidos por las miserias de un poder corrupto. Gente sencilla y decente, en definitiva, lo más granado de nuestra ciudadanía, aunque en el mensaje de fin de año el Presidente de su comunidad autónoma, de cuyo nombre no quiero acordarme, ni tan siquiera se dignara mencionarlos o al menos evocar un mínimo recuerdo hacia ellos, mientras afirmaba por televisión, eso sí, que el 2005 había sido “un año apasionante”. El Gobierno que él preside se negó orgullosamente a aceptar la ayuda de otras comunidades autónomas como Madrid, Castilla y León o Valencia (qué casualidad, todas gobernadas por el PP, su “enemigo”), de modo que nada se pudo hacer por salvar sus vidas. He aquí el triste resultado de una política consistente en vaciar al Estado de unas competencias que deberían estar centralizadas o al menos coordinadas para una gestión eficaz de los asuntos públicos, no en cederlo todo sin más a las comunidades autónomas, sin otro fin ni sentido real que el mantener a una turba de funcionarios incompetentes (a pesar de tanta “competencia” cedida) a costa de nuestros impuestos. El Presidente del Gobierno tampoco visitó el lugar mismo de la tragedia. No merecen más comentarios este par de individuos. Pero para ellos, para nuestros muchachos, nuestro recuerdo y nuestra eterna gratitud. No os olvidaremos: Pedro, Alberto, Julio, Manuel, José, Jesús, Jorge, Luis, Sergio, Marcos y, por último, Mercedes, la única chica del grupo, que a sus 24 frágiles años, sin suficientes medios y sin experiencia apenas, dio lo mejor de sí misma, como el resto de sus compañeros, en el desempeño del que era seguramente su primer trabajo. Por todos vosotros, in memoriam.

José Ramón Bravo García

Enero de 2006


Existen ciertos deslices en la argumentaciòn, por ejemplo la alineaciòn del "7J" en la serie de catástrofes (junto al Katrina...), que ciertamente me parece excesiva, si no se matiza el asunto, o como contrabalancear las "malas noticias", relativas al panorama político con las menciones a Alonso y Nadal; pero bueno, en general, no me parece un mal balance, aunque, insisto, convendría matizar algunas cosas.
Saludos,
Pedro Insua
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