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La razón populista

 
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Autor Mensaje
Rufino Salguero Rodríguez



Registrado: 10 Oct 2003
Mensajes: 88
Ubicación: Madrid

MensajePublicado: Lun Jul 31, 2006 12:19 pm    Título del mensaje: La razón populista Responder citando

Estimados foristas:
En relación a la discusión que en el foro de actualidad se está manteniendo en torno a las elecciones en México y, muy especialmente, en consideración al artículo publicado este mes en El Cato por Gustavo Bueno Sobre el populismo, cuelgo a continuación la siguiente reseña sobre un libro recientemente publicado que trata también de clasificar este témino político.

Cita:
CRÍTICA
Un populismo para el pueblo
Ernesto Laclau desvela en este libro, obra de lectura obligada para los interesados en la política, lo que subyace al exagerado desprecio hacia ciertos dirigentes calificados de populistas. En el fondo de esas descalificaciones se esconde, según Laclau, una concepción elitista de que la gestión pública sólo puede estar en manos de mal llamados expertos.
MANUEL CRUZ
BABELIA - 24-06-2006

LA RAZÓN POPULISTA
Ernesto Laclau
Fondo de Cultura Económica
Buenos Aires, 2006
312 páginas. 12 euros

Difícilmente podríamos encontrar un libro más oportuno que éste. Regresa el término populismo al escenario de nuestros discursos y lo hace, prácticamente sin excepciones, con connotaciones peyorativas. El populismo, es cierto, se dice en la actualidad de muchas maneras pero, en todo caso, ninguna de ellas es buena. Ya en su clásico trabajo de 1981 sobre este tema, Margaret Canovan señalaba no menos de siete tipos de populismo, susceptibles de ser agrupados bajo dos grandes epígrafes, el de populismos agrarios y el de populismos políticos. La tipología tiene mucho de heterogénea y, sobre todo, de convencional, pero sirve de momento para mostrar que nos hallamos ante un fenómeno que, más allá de sus difusos contornos, opera a modo de inquietante indicador de las insuficiencias de los sistemas políticos dominantes en el mundo de hoy.

El desprestigio del populismo, especialmente en los grandes medios de comunicación de masas de las sociedades occidentales desarrolladas, acostumbra a venir provocado por una identificación, no siempre explicitada, entre populismo y demagogia. Identificación a la que a veces se le incorpora un tercer rasgo (asimismo raramente declarado), el del tercermundismo. En nuestros días, un imaginario ranking de populistas vendría encabezado, sin ninguna duda, por figuras como Evo Morales y Hugo Chávez (junto al incombustible Fidel Castro). En algún momento, es curioso, parecía que en ese selecto grupo iban a ser incluidos Kirchner y Lula, pero algo debió haber en su gestión que les ha permitido, por el momento, ponerse a salvo del reproche.

Ernesto Laclau acierta en su sospecha. Lo que subyace al exagerado y displicente desdén hacia ciertos políticos y su gestión (la reacción entre nosotros ante las nacionalizaciones en Bolivia ha tenido en este sentido mucho de paradigmática) es, en realidad, el rechazo de la política y el convencimiento, de inspiración inequívocamente elitista, de que la gestión de los asuntos comunitarios corresponde a un poder administrativo cuya fuente de legitimidad radica en un conocimiento apropiado de lo que constituye la buena comunidad. Tanto se ha generalizado dicho convencimiento que, como señalaba recientemente Paolo Flores D'Arcais, la acusación más frecuente que recibe hoy un político cuando osa cumplir con lo que había prometido a sus electores es que semejante comportamiento no es propio de estadista (el elogio que más halaga el ego del político) sino de ingenuo.

Ello no significa, claro está, que el autor de La razón populista, un libro de lectura obligada para quien se interese por estos temas, reivindique de manera reactiva y mecánica el populismo, sino que se esfuerza, con éxito, en plantear correctamente el problema que representa. El populismo de Laclau constituye un modo de construir lo político que, alejándose de posiciones como las de Slavoj Zikek (distancia que, por cierto, le honra) o Negri, Hart, Virno y otros teorizadores de las multitudes, intenta reconstruir un concepto de pueblo que utilice como categoría central la categoría de demanda (o reclamación). La demanda constituye, en cierto modo, la versión positiva, activa, de aquel otro concepto siempre ensombrecido por una cierta aura de pasividad que era el de necesidad. Las demandas no sólo devuelven el protagonismo a los agentes sociales, sino que les atribuyen la condición de sujetos con derecho a exigir responsabilidad a sus gobernantes. Nada que ver, por tanto, con lo que afirmaba, con lágrimas en los ojos, el protagonista de Gatica, "el mono", la excelente película del director argentino Leonardo Favio: "Yo nunca me metí en política: yo siempre fui peronista".

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Eliseo Rabadán Fernández



Registrado: 12 Oct 2003
Mensajes: 567
Ubicación: España

MensajePublicado: Mar Ago 01, 2006 10:51 am    Título del mensaje: Texto desde Chile: rehuyendo el populismo Responder citando

Me parece interesante aportar algunos textos donde se hace referencia a la cuestión del populismo. En torno a esta cuestión vemos que hay una importantísima conexión con los procesos electorales de las democracias del presente en todo el mundo, de ahí la relevancia del estudio de la "categoría" política de populismo . También se observan implicaciones de carácter económico decisivas en los Estados.

En el siguiente artículo se ve cómo este concepto se puede aplicar de diversos modos, según contextos y otros factores tales como los que advierte el artículo de Gustavo Bueno de El Catoblepas de julio de 2006

Cita:

1
REHUYENDO EL POPULISMO.
Alejandro Foxley
La Segunda
30 Julio, 2004
La Segunda publicó la semana pasada un estudio sobre las empresas más admiradas
en Chile. Copec obtuvo el primer lugar. Era natural, entonces, entrevistar a su principal
ejecutivo. Felipe Lamarca se plantea en esa entrevista de La Segunda con un sentido de
país, una franqueza y coraje en sus opiniones que es muy poco frecuente en nuestro medio.
El antipopulismo.
El dilema de las empresas exitosas
Lamarca describe un grupo de empresas exitosas cuyo objetivo ha sido crecer hacia
los mercados mundiales desde Chile “invirtiendo, invirtiendo e invirtiendo”. Enfatiza el
dilema que en los próximos años enfrentarán las 15 empresas más grandes del país: cómo,
dónde y en qué invertir sus excedentes y advierte acerca de los riesgos de concentración
monopólica en varios sectores de actividad económica en el país.
Lo planteábamos en un artículo anterior: el crecimiento potencial de la economía en
los próximos diez años va a estar fuertemente determinado por las estrategias de desarrollo
de esas empresas. Estas podrían intentar repetir el ciclo de los años 90, en que las
principales empresas invirtieron sus excedentes en países vecinos. Invirtieron unos 24 mil
millones de dólares en Argentina y perdieron un 40% de ese capital después de la crisis
que hizo colapsar a la economía de ese país.
Alternativamente, las empresas podrían globalizarse convirtiéndose en accionistas
de empresas neozelandesas, australianas, finlandesas o canadienses, como dice Lamarca.
Pero la tercera alternativa es la de mayor valor para el país: embarcarse en inversiones en
Chile que les diversifique su perfil productivo, agregando valor y tecnología a sus recursos
naturales.
Es el camino más complejo. Es uno que requiere de algún grado de acuerdo entre
las empresas y las agencias gubernamentales para facilitar ese proceso, desregulando, y
reorientando esos 500 millones de dólares que se distribuyen entre docenas de programas
de fomento que no producen mayor impacto.
2
El argumento abrumador a favor de esta tercera alternativa, es que ese ha sido el
camino seguido exitosamente en los últimos 20 años por todas las pequeñas economías de
mercado ricas en recursos naturales que hoy son países desarrollados. Como para pensarlo.
El financiamiento electoral
Lamarca hizo otra contribución importante: llamó la atención sobre las
incoherencias de la recién aprobada ley de financiamiento de las campañas electorales. Esa
ley, además de ser notablemente engorrosa en su aplicación práctica, adolece de un error de
enfoque. Establece un sistema de donaciones de las empresas a los candidatos y, obliga a
que esas donaciones tengan el carácter de reservado. Este criterio contradice el sentido de
las reformas de modernización del Estado, cuyo objetivo principal ha sido la plena y total
transparencia en las platas públicas y privadas que dicen relación con los asuntos públicos.
En las democracias avanzadas, se prohíbe la donación de empresas, y se permite sí
la de individuos con un techo (de 2000 dólares por persona en EEUU) y con un incentivo
tributario parcial. Se podría decir: ¿y por qué aprobaron ustedes ese proyecto? La respuesta
es que éste fue el resultado de un acuerdo político entre el Gobierno y los jefes de partido
de la Concertación y Alianza. Sin la reserva en las donaciónes de empresas, la Oposición
no apoyaba el proyecto.
El Populismo en la política.
Hemos destacado las opiniones de Lamarca no sólo porque las compartimos, sino
sobretodo porque representan un estilo de decir las cosas por su nombre, no rehuir lo que
puede ser impopular e ir a la sustancia de los temas que preocupan al país.
Distintos han sido los planteamientos de la Oposición frente al proyecto de ley del
royalty. Desde el candidato presidencial hacia abajo, se transmitió el siguiente mensaje.
Primero, el sector minero debe contribuir más al desarrollo del país, manifestando con ello
un acuerdo con el planteamiento de fondo del Ministro de Hacienda como justificación del
royalty. Segundo, el mecanismo debe ser subir las patentes mineras en vez del royalty. La
ventaja sería que se recaudaría nuevos recursos para el Estado inmediatamente, en lugar de
después de un período de transición hasta 2007, como proponía el gobierno. Y tercero,
esto se gastaría en el crédito fiscal universitario en vez del desarrollo tecnológico del país.
3
La propuesta se asemeja demasiado, a mi juicio a concesiones populistas que hace
una alianza política, demasiado ansiosa por llegar al poder. No se atreve a oponerse a la
tributación adicional, probablemente porque ha visto las encuestas en que hay abrumador
apoyo de la población a la iniciativa del gobierno, que es percibida como justa. Propone
una “solución” aparentemente equivalente. El único detalle es que el pago de patentes se
descuenta del impuesto a la renta. La medida ni recauda ni afecta a las grandes empresas,
a las que la Derecha les está pidiendo “una mayor contribución”.
Y no resiste la tentación de hacer un guiño a esos estudiantes universitarios que
aparecen en los noticieros de la televisión, exigiendo más recursos para el crédito
universitario. En vez de apoyar el proyecto que el gobierno ha presentado para resolver de
verdad ese problema del crédito universitario, securitizando los pagos futuros del sistema
con garantía estatal, prefiere el gesto fácil de proponer una solución “inmediata” mediante
un tributo que prácticamente no recauda.
Si menciono lo anterior, no lo hago para marcar puntos fáciles en un debate preelectoral.
Hago el contraste de ese discurso, con el de un ejecutivo de empresas que con
seguridad es votante de la Alianza, pero que rehuye el populismo, se atreve a plantear los
problemas en toda su dificultad, e invita a discutirlos entre todos, sin formulas mágicas ni
efectos especiales para la televisión. Eso es lo que el país urgentemente necesita, aunque las
recetas fáciles y populistas parecieran marcar más rating por el momento.
Total Palabras 960

fuente del artículo
http://www.cieplan.cl
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Martín González Martínez



Registrado: 16 Jun 2004
Mensajes: 196
Ubicación: Valencia

MensajePublicado: Mie Ago 02, 2006 4:44 pm    Título del mensaje: Muy curioso Responder citando

Saludos. Sin duda alguna parece ser Chile la una de las naciones hispanoamericanas menos populistas. Al mismo tiempo es la Nación hispanoamericana más próspera económicamente, y la menos vencida militarmente. Por otro lado, siguiendo a Gustavo Bueno en su artículo sobre el populismo, podemos decir que tan "políticamente correcto" puede resultar al cabo un ambiente populista (<<calificativo>>) como un ambiente "fundamentalista democrático" propio de un próspero Estado de Bienestar históricamente derrotado en los campos de batalla, como un ambiente, digamos, "nacionalista patriótico" en un estado victorioso y "orgulloso" de su historia nacional. Los tres ambientes ideológicos se revelarían como necesarios para perseguir una eutaxia tan dependiente de un equilibrio dinámico frente a otros estados como de un equilibrio interno (clases, culturas, etnias...), etc. Me permito reproducir el siguiente párrafo del artículo de Bueno:

Cita:
La cuestión está profundamente relacionada con la idea misma de «pueblo», como entidad política («salus populi suprema lex esto»), en sus conexiones con la idea de «nación política», en cuanto contradistinta con la «nación étnica» o cultural. El pueblo es el conjunto de los ciudadanos vivos, en el presente, que intervienen en la vida «pública»; la Nación política incluye además a los antepasados (a los muertos) y a los descendientes, a los padres (a la Patria pretérita) y a los hijos y descendientes (a la Patria futura). La Nación política es un concepto histórico, la nación étnica o cultural es un concepto antropológico.


En todo caso, resulta curioso, en el caso del populismo, el carácter desgarrado de sus eslóganes (ni patrióticos ni armonistas), y más curioso observar, en efecto, una cierta correspondencia entre las ideologías populistas, y estados extremadamente débiles, carentes tanto de una historia a la que merezca la pena asomar al pueblo, como de un ordenamiento jurídico que tampoco le merezca la pena acatarlo al propio pueblo. El ejemplo de chile, expuesto en el artículo del Sr Folxley, creo que apoya el anterior indicio. Las vigorosas declaraciones de Lamarca en contra de la estúpida ley electoral propuesta, sólo pueden hallar amplia acogida en un ambiente de cierto patriotismo y no tanto de <<refinamiento>> o incluso <<educación>>. Pero es mucho más facil ser patriota -históricamente optimista con respecto a la Nación -en Chile que serlo en Colombia. Al mismo tiempo sólo en un país medianamente próspero como chile pueden llevarse a cabo reivindicaciones como las de Lamarca en un ambiente de cordialidad mediática, sin la más mínima o velada apelación a la necesidad de un uso de la represión.
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