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TEXTOS SOBRE CARL SCHMITT

 
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José Mª Rodríguez Vega



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MensajePublicado: Mar Abr 10, 2007 10:02 pm    Título del mensaje: TEXTOS SOBRE CARL SCHMITT Responder citando

FRAGMENTO LITERARIO: LECTURA

La 'fiesta sagrada' de don Carlos

El homenaje franquista en 1962 al principal jurista del nazismo, Carl Schmitt

Manuel Rivas 02/04/2006
 


Estamos en el salón de conferencias del número 1 de la plaza de la Marina Española, sede central del partido único denominado Movimiento Nacional. "Numerosísima concurrencia", dirán las crónicas periodísticas, con la presencia de dos célebres ex ministros de Franco, Serrano Suñer y Fernández-Cuesta, y numerosas personalidades del régimen, junto con miembros de la judicatura y de la jerarquía eclesiástica. Convoca el Instituto de Estudios Políticos. Su director destaca la trascendencia del acto, en el que se va a homenajear a "una de las figuras más ilustres de la ciencia política europea, especialmente vinculada a España". Se trata de Carl Schmitt. Don Carlos, en confianza, para muchos de los presentes, va a ser condecorado e investido como miembro de honor del Instituto, distinción que se concede por vez primera desde que fue creado en 1939, poco después de la victoria franquista. Este organismo fue concebido como una fábrica de ideas de la dictadura, de legitimación del caudillismo, inspirándose en el modelo de abastecimiento intelectual del nazismo. Uno de los primeros directores, Francisco J. Conde, era un discípulo directo de Schmitt. El actual, Manuel Fraga Iribarne, le va a rendir hoy admiración y le presentará como "venerado maestro". Estamos a 21 de marzo de 1962. La celebración tendrá un broche imprevisto.

Así que no es casual que en el homenaje que los jerarcas franquistas le rinden en marzo de 1962, don Carlos invoque a la providencia y hable de una "fiesta sagrada en el crepúsculo de la vida"
Schmitt había ingresado en el partido nazi en 1933 de la mano del filósofo Martin Heidegger, con quien quería ir a la cueva de Platón y apropiarse del proyector de ideas
"Es una coincidencia significativa que el impulso sincero de investigación me haya conducido siempre a España", dice don Carlos el 21 de marzo de 1962 ante las élites del franquismo
¿Quién era aquel "venerado maestro" que merecía tal homenaje en la España de 1962? En la presentación se había destacado su condición de profesor catedrático en Colonia y Berlín y su autoridad en Derecho Constitucional. En realidad, así, sin cronología histórica, era una presentación cauta. Carl Schmitt había sido mucho más que todo eso. Había sido conocido como el kronjurist, la corona o el cerebro jurista del III Reich. El principal artífice de la arquitectura jurídica del nazismo. El diseñador del permanente "estado del excepción", para quien la política es sinónimo de guerra, y el adversario o disidente, de enemigo. El teórico del decisionismo, que lleva al límite perverso la máxima de Hobbes: "Autorictas non veritas facit legem" (la autoridad, no la verdad, es la que hace las leyes). Una actualización de esa otra indisoluble unidad marital, la del trono y el altar, en la que el monarca absoluto es ahora un providencial Führer o Caudillo. En la práctica, una justificación de la tiranía con lenguaje futurista, para la sociedad de masas. A diferencia de otras épocas, en las que la marca del tirano era el obsceno desprecio por la ley, la gran operación de ilusionismo histórico de Schmitt es convertir al tirano en "supremo juez", en fuente de derecho, el que con sus pasos va imprimiendo la ley. Tras la caída del III Reich, Carl Schmitt pasó un breve periodo de internamiento, entre 1945 y 1947, en el campo de Berlín-Lichterfelde-Süd y en Núremberg, en calidad de testigo-acusado; un proceso del que consiguió zafarse con esa habilidad de escurridizo que caracteriza muchos de sus movimientos históricos. Sobre esa experiencia escribió Ex captivitate salus, donde aparece un único simulacro de arrepentimiento mediante una frase latina: "Non possum scribere contra eum, qui potest proscribere". No puedo escribir, dice en aparente clave retrospectiva, contra aquellos que pueden proscribirme. Una equívoca exculpación en un maestro de la escritura oblicua. Sorprende ese recurso en un admirador de Melville y conocedor de la respuesta del escribiente Buterbly ante el encargo que violenta su conciencia: "Preferiría no hacerlo". Hubo quien tuvo el valor de decir que no. Por ejemplo, en el campo jurista, el valeroso Hans Kelsen, con quien Schmitt había polemizado sobre la democracia parlamentaria, y que, proscrito, con el estigma de "enemigo", siguió defendiendo la libertad en el exilio. Hubo quien ejerció al menos la resistencia del silencio ante la aplastante maquinaria totalitaria. Schmitt, no. Al contrario. Su aportación a la ascensión del nazismo fue entusiasta y sistemática, y lo fue en el periodo decisivo, entre 1933 y 1936. Con anterioridad había contribuido a minar la República de Weimar, postulando un presidencialismo de excepción que prefiguraba las formas modernas de dictadura. Ya ocupaba Donoso Cortés, y el hechizo del sable, un lugar de honor en su cabeza. Schmitt había ingresado en el partido nazi en 1933 de la mano del filósofo Martin Heidegger, pronto nombrado rector de Friburgo y con quien compartía la voluntad de bajar a la cueva de Platón y apropiarse del proyector de ideas. "¡Quien ama la tempestad y el peligro debe escuchar a Heidegger!", se dijo el 30 de noviembre de 1933 en Tubinga. Ésa era la clase de retórica que excitaba a Schmitt. También se dijo: "Cuando Heidegger habla desparece la niebla delante de nuestros ojos". Eso quizá le importaba menos. Parte del hechizo que ejerció Schmitt sobre muchos tiene que ver con sus dotes para el enmascaramiento. No obstante, cuando le convenía, con el viento a favor, abandonaba el estilo críptico y su prosa avanzaba con peligrosa determinación. El 1 de agosto de 1934, el ya catedrático de Berlín escribe en Deutsche Juristen-Zeitung, principal palestra, la más osada formulación jurídica de la tiranía en los tiempos modernos: "El Führer es el único llamado a distinguir entre amigos y enemigos. El Führer toma en serio las advertencias de la historia alemana, lo que le da el derecho y la fuerza necesaria para instaurar un nuevo Estado y un nuevo orden. El Führer defiende el derecho contra los peores abusos cuando, en el momento de peligro, en virtud de las atribuciones de supremo juez que le competen, crea directamente el Derecho". No se trataba sólo de un agasajo teórico para Hitler. El texto servía para justificar a posteriori las ejecuciones ordenadas por el Führer el 30 de junio de ese año (la llamada noche de los cuchillos largos). Entre los eliminados figuraba una antigua amistad de Schmitt, el canciller Schleicher y su esposa. Más adelante, igualmente contundentes, sus aportaciones irán también orientadas a legitimar la expansión bélica del III Reich. Hay una idea que atraviesa su obra, y es la de la guerra como partera.
"... Y Caín mató a Abel. Así comienza la historia de la humanidad". Ésa es la lapidaria versión de Schmitt. En una conferencia a los estudiantes de Colonia, en 1940, les alecciona para convertir ideas y conceptos en "armas afiladas". Todo su pensamiento está marcado por una impronta belicosa. Incluso la "verdadera" política, que considera inseparable de la dialéctica amigo-enemigo. Tampoco sus abundantes imágenes o metáforas de inspiración religiosa son ajenas a la idea de un teocrático totalitarismo que tanto influirá en sus amigos españoles. No por casualidad encontrará las mayores afinidades en algunos de aquellos que propugnaban "la santa intransigencia, la santa coacción y la santa desvergüenza". Schmitt se define como "un Epimeteo cristiano". Epimeteo desoye el consejo de su hermano Prometeo y se esposa con Pandora, quien abrirá la jarra o caja de la que saldrán las fuerzas devastadoras. "Yo soy católico no sólo de acuerdo con mi religión", dice en 1948, "sino también de acuerdo con mi origen histórico, y, si se puede decir así, de acuerdo con mi raza". La más acabada construcción de su identidad es el carácter de katechon. Ser un katechon. Un concepto extraído de la apocalíptica cristiana, y en concreto de uno de los textos más enigmáticos del Nuevo Testamento, la segunda Carta a los Tesalonicenses, atribuida a san Pablo. Hay un poder o persona (ho katechon) que frena la llegada del "impío" (ho anomos). Un poder que "mantiene a raya" al diablo. Aquel que se arroga el papel de katechon, y es el caso de Schmitt, estaría cumpliendo una misión providencial, sagrada. Así que no es casual que en el homenaje que los jerarcas franquistas le rinden en marzo de 1962, don Carlos invoque a la providencia y hable de una "fiesta sagrada en el crepúsculo de la vida". ¿Qué había sido de él, del kronjurist o crown jurist del nazismo, antes de llegar a la celebración del crepúsculo en España?
Una falsedad biográfica amable con Carl Schmitt le sitúa fuera de juego a finales de 1936 debido a intrigas interiores del nazismo. No obstante, contó siempre con la protección del todopoderoso Göring. Continuará siendo profesor en la Universidad de Berlín y consejero prusiano hasta el fin de la guerra. Pero el resto no será en absoluto silencio. Su actividad como propagandista del modelo jurídico nazi será intensa y se extenderá hasta casi el final de la contienda por la Europa dominada o afín. En el homenaje de 1962 hace una velada alusión a su estancia en Madrid veinte años antes, es decir, en 1942, el momento de mayor presión para que España se implique plenamente en la guerra. Hay un rastro que lo sitúa entonces como secretario del Instituto Alemán de Cultura en Madrid. "En representación de este Centro y de la Embajada Alemana" (Arriba, 22 de abril de 1942), asiste a un cónclave que inaugura un capo del derecho fascista italiano, Giuliano Mazzoni. ¿Fuera de juego? En realidad, ¿cuál es la misión providencial que lleva a Schmitt a Madrid precisamente en esas fechas?
"Nunca olvido que mis enemigos personales son también los enemigos de España", escribirá a Francisco J. Conde en una carta fechada el 15 de abril de 1950. "Es ésta una coincidencia que eleva mi situación privada a la esfera del espíritu objetivo". Juan Donoso Cortés (1809-1853) es la clave de la temprana relación de Carl Schmitt (1888-1985) con España, o mejor sería decir, con su pensamiento reaccionario. El marqués de Valdegamas había sido un alegre liberal extremeño en su juventud. Hasta que, en su propia expresión, se hizo "un peregrino de lo Absoluto". Un peregrino tan amargado, y que miraba con tanto asco a la pecadora humanidad, que le llegó a parecer merecedora de los periódicos sacrificios purificadores de la sangre. Una orgía de malhumor reaccionario la de Donoso que escandalizaba al mismísimo Menéndez Pelayo (reaccionario, sí, pero más sobrio), quien se horroriza ante algunas afirmaciones del marqués. Por ejemplo: "Jesucristo no venció al mundo ni por la santidad de su doctrina ni por los milagros ni profecías, sino a pesar de esas cosas". Delirante, pensaba el ortodoxo Menéndez Pelayo. Pero acontecimientos históricos posteriores en España, como la bendición episcopal y papal de la espantosa guerra de 1936 como "Santa Cruzada", llevarían la marca de ese delirio.
Para Carl Schmitt, el sinarquista Joseph de Maistre, el tradicionalista Louis de Bonald y el fundamentalista católico Donoso Cortés configuran la tríada doctrinal sobre la que levantar "el nuevo orden" de un totalitarismo de cuño teocrático. La nueva versión del Sacro Imperio. Donoso Cortés había sido el autor del único gran discurso que el integrismo absolutista español del siglo XIX consiguió exportar con cierto éxito al resto de Europa. No es de extrañar. El llamado Discurso sobre la dictadura, pronunciado el 4 de enero de 1849 en el Congreso de los Diputados, es una de las intervenciones más espantosas, en el sentido de estremecer, de las que seguramente se pronunciaron nunca en una cámara de la representación popular. Los bravos y aplausos de la mayoría conservadora forman parte vibrante del discurso. Donoso no duda en asimilar la dictadura a un hecho divino, a una orden de la providencia. Rancio en el contenido, el impacto del discurso, el eco que alcanzó en la Europa conservadora, tiene que ver con el estilo directo y apodíctico y su remate intimidatorio. Es probablemente el primer discurso fascista en el sentido moderno. Ya a principios de los años veinte había encandilado a Carl Schmitt, nacido en Plettenburg, Westfalia, en un ambiente católico muy conservador. En 1929, el profesor y jurista alemán comparece por vez primera en Madrid para pronunciar una conferencia. ¿De qué habla? Viene a redescubrir Donoso Cortés a los españoles: "Se trata de escoger entre la dictadura que viene de abajo y la dictadura que viene de arriba: yo escojo la que viene de arriba, porque viene de regiones más limpias y serenas; se trata de escoger, por último, entre la dictadura del puñal y la dictadura del sable: yo escojo la dictadura del sable, porque es más noble [¡bravo, bravo!]". El interés por la historia de España tiene otro referente. En uno de los textos en que destila antisemitismo, utiliza como precedente la expulsión de los judíos en el periodo de los Reyes Católicos.
He aquí el curioso círculo que traza la historia. El demiurgo en el que se inspiran los juristas del franquismo para presentar el ilegítimo régimen como una creatio a Deo ("Franco, caudillo de España por la gracia de Dios"), está a su vez inspirado en el ideario enloquecido de un reaccionario español de la primera mitad del siglo XIX. Además de la comunidad de ideas, en él encontró Schmitt el rasgo principal que debe caracterizar a un führer, duce o caudillo: "la ferocidad del discurso". Liberal en sus años mozos, la crítica al liberalismo por Donoso llegará a expresarse con una ferocidad extrema, esa que le lleva a asociar la dictadura con la forma de gobierno que corresponde a la ley divina y natural.
Pero hay un trazo del liberalismo político que concentra todo su desprecio, toda su repulsión. El liberalismo es... frívolo. ¡Frívolo! ¡Dios, qué repugnancia! He ahí una marca de Donoso en Schmitt y que éste subraya muy pronto en su crítica al sistema liberal y a las democracias parlamentarias. La frivolidad. He ahí el terrible pecado, equivalente al relativismo en religión, según el Syllabus. Un híbrido de Donoso y Schmitt, Eugenio Montes, primero mascarón de proa intelectual contra la II República y luego botafumeiro del dictador, publicará en 1934 el Discurso a la catolicidad española, tan celebrado por la derecha de la época, en el que deja claro que no cabe concesión alguna a la forma de gobierno: "Todo relativismo, por el hecho de serlo, ya es anticatólico. Convertir la relatividad en norma ideal o hábito de conducta equivale a entregarle el alma al demonio". ¿Por qué toda la ira totalitaria se concita en esa idea cascabelera de "frivolidad" hasta convertirla en el peor de los insultos? La "frivolidad" liberal pretende que la política sea un campo neutro, tratando de evitar la confrontación. Pero la política "en serio", para los Donoso de ayer y de hoy, es eso precisamente: la confrontación con el enemigo. Y si no hay enemigo a la vista, hay que buscarlo. Ya aparecerá.
"Es una coincidencia significativa que el impulso sincero de investigación me haya conducido siempre a España", dice don Carlos el 21 de marzo de 1962 ante las élites del franquismo. Y habla, cómo no, de la guerra: "Veo en esta coincidencia casi providencial una prueba más de que la guerra de Liberación Nacional de España es una piedra de toque". Los presentes comparten muchos sobreentendidos. En realidad, este reconocimiento no es un hecho excepcional. En 1952, la revista Arbor, dependiente del Consejo de Investigaciones Científicas y uno de los medios más relevantes de expresión de la intelectualidad franquista, publica la exégesis 'Carl Schmitt en Compostela', escrita por el romanista Álvaro D'Ors, miembro destacado del Opus Dei y catedrático en la Facultad de Derecho de Santiago. Será también aquí, en 1960, donde la editora Porto y Cía. publique la versión española de Ex captivitate salus (Experiencias de 1945-47). El libro es recibido y comentado por la prensa de la época con ciertos honores. La obra fue traducida al castellano por su única hija, Ánima, casada con un catedrático de Historia del Derecho, Alfonso Otero, a quien había conocido en Alemania. Esta edición española incluye como novedad un interesante prólogo que Schmitt escribió en Casalonga, una casa de campo en las afueras de Santiago, en el verano de 1958. Trece años después del hundimiento del III Reich, no hay en ese prólogo ni una nota, ni una gota de arrepentimiento, ni una alusión a los horrores de la guerra y a la política de exterminación racial conocida como Holocausto. El único campo de concentración del que se habla es aquel en el que estuvo internado un breve periodo de tiempo después de la guerra y el único lamento es el que denuncia la "criminalización" de la Alemania vencida. A principios de los sesenta, en las veladas compostelanas, Carl Schmitt, tan crítico siempre con la democracia norteamericana, empieza a mostrar un inusitado interés por un político llamado Barry Goldwater, antiguo soporte de McCarthy y senador por Arizona. ¿Qué opinan de Goldwater?, pregunta don Carlos a sus amigos españoles. Este Goldwater será padrino político de Ronald Reagan e inspirador del neoconservadurismo.
Volvamos a Madrid, a la plaza de la Marina, en 1962. Manuel Fraga Iribarne elogia el pensamiento de Carl Schmitt, "hoy más vigente que nunca", y expone una síntesis perfecta: "La política como decisión, la vuelta del poder personalizado, la concepción antiformalista de la Constitución, la superación del concepto de legalidad... son estas cotas ganadas de las que no se puede volver atrás". Todo el discurso del director del Instituto y de la ceremonia, él mismo investido de la condición de jurista, es una apología del kronjurist. "La ley es algo así como un cañón de largo alcance", había escrito Manuel Fraga en la Revista General de Legislación y Jurisprudencia en 1944. Ahora, el jurista con visión de artillero, en vísperas de ser nombrado ministro de Información de la dictadura, coloca la condecoración en la solapa del "venerado maestro" Carl Schmitt. Y subraya emocionado que éste es "un momento culminante de su carrera". Tras la salva de aplausos habla don Carlos. El hombre de la sombra se convierte en centro. Tiene 74 años; se conserva bien, robusto, y sabe que el uso solemne del lenguaje le va a hacer crecer en estatura ante una audiencia entregada. Hacer notar el "poder presencial" que le atribuyó su antiguo amigo y camarada, el escritor Ernst Jünger. Él sí que parece plenamente consciente de lo que está viviendo. El hecho insólito en el orbe de que se esté condecorando en 1962 al principal jurista del III Reich. Al fin va a transgredir en público la consigna que se marcó después del hundimiento nazi: refugiarse en la cripta del silencio. En España encuentra su refugio intelectual y, en gran manera, vivo y triunfante, su modelo de Estado. El escenario donde ejemplificar la derrota de la democracia parlamentaria. Incluso puede gozar, como cuando se encuentra con reaccionarios cultos como D'Ors, con la retórica propia de un reducto imaginario del Sacro Imperio. Al igual que al anfitrión, no se le escuchará ni una sola palabra de autocrítica ni un trazo de duda o incertidumbre. Será él quien haga su mejor elogio. A diferencia del fogoso predecesor, él habla con calma, realza las escogidas palabras para que aflore ese "poder presencial" del que habló Jünger. Habla con ademán litúrgico. ¿Qué ha dicho? "Una fiesta sagrada". Si, Carl Schmitt, don Carlos, proclama que este reencuentro con sus amigos españoles es "una fiesta sagrada en el crepúsculo de la vida". En ese momento, justo en ese momento, y según el testimonio extasiado del escritor falangista Jesús Fueyo, "se fue la luz". La prensa de la época destacó el acontecimiento. Se habló en grandes caracteres del homenaje a Carl Schmitt. Distintos medios reprodujeron una entrevista publicada inicialmente por Arriba "por su gran interés", seguro eufemismo del mecanismo "de obligada inserción". "Es posible que todos los países europeos tengan que acreditarse ante España", decía Schmitt. Pero en ningún medio, en ningún periódico, se informó del apagón. Nadie contó entonces que justo cuando el jerarca prendía la insignia en el pecho de don Carlos, el salón de actos de la sede del Movimiento Nacional se quedó a oscuras. Completamente a oscuras.
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En: http://www.elpais.com/articulo/reportajes/fiesta/sagrada/don/Carlos/elpdomrpj/20060402elpdmgrep_13/Tes
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Felipe Giménez Pérez



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MensajePublicado: Jue Abr 12, 2007 6:18 pm    Título del mensaje: Carl Schmitt Responder citando

Estimados contertulios: Manuel Rivas es un escritor progresista de la España actual, o mejor dicho, de la antiespaña actual. Creo que la descripción de los hechos es correcta. Pretende descalificar la doctrina de Carl Schmitt descalificando la persona de Carl Schmitt por su conducta política. Yo podría descalificar entonces a Manuel Rivas literariamente apoyándome en su progresismo, en su impresentable conducta política como ciudadano de Nunca más y otras lindezas semejantes. Carl Schmitt era un genio. También fue nazi, Sí. Era amigo de los franquistas y los franquistas eran amigos suyos ¿Y Qué? Schmitt es uno de los grandes filósofo del derecho del siglo XX. Manuel Rivas a lo mejor no pasará a la historia de la literatura española. Atentamente, Arriba España. Viva la pena de muerte.
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José Mª Rodríguez Vega



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MensajePublicado: Jue Abr 12, 2007 6:47 pm    Título del mensaje: Responder citando

¡Bravo por ti, Felipe!
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José Mª Rodríguez Vega



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MensajePublicado: Mar Abr 17, 2007 12:11 pm    Título del mensaje: El orden del mundo. Responder citando

<.....La prensa de la época destacó el acontecimiento. Se habló en grandes caracteres del homenaje a Carl Schmitt. Distintos medios reprodujeron una entrevista publicada inicialmente por Arriba "por su gran interés", seguro eufemismo del mecanismo "de obligada inserción". "Es posible que todos los países europeos tengan que acreditarse ante España", decía Schmitt. Pero en ningún medio, en ningún periódico, se informó del apagón. Nadie contó entonces que justo cuando el jerarca prendía la insignia en el pecho de don Carlos, el salón de actos de la sede del Movimiento Nacional se quedó a oscuras. Completamente a oscuras.>

Este acontecimiento (o conferencia de Carl Schmitt) de que habla aquí arriba este manipulador de Manuel Rivas, está recogido en una pequeña edición del Instituto de Estudios Políticos de 1962 y que consta de 30 páginas. Lleva por título "El orden del mundo después de la segunda guerra mundial".

En cuanto pueda lo transcribiré para que todos ustedes lo gocen. Leer este escrito de Schmitt y luego volver a ojear a este Manuel Rivas es un verdadero revulsivo contra estas gentes antiespañola. Adiós.
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Felipe Giménez Pérez



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MensajePublicado: Mar Abr 17, 2007 3:22 pm    Título del mensaje: Antiespaña Responder citando

Estimados contertulios: Manuel Rivas es la Antiespaña, un libelista o escritor agitador progresista al servicio de los enemigos de España. Carl Schmitt siempre amó a España y eso le honra. Los herederos de Carl Schmitt son españoles. Eso hay que considerarlo significativo. Manuel Rivas es uno de esos degenerados agitadores de Nunca Mais, esto es, de nunca más. Pero ¿En qué cabeza cabe que nunca más vaya a haber un accidente? Es como si mañana hiciéramos una manifestación contra el cáncer diciendo "Nunca más el cáncer". Mero voluntarismo animista que cree que con decir algo, el tal algo tiene lugar y felices parpadean de felicidad. Ahora los progres del MEC acaban de declarar que se podrá suspender la mitad de las asignaturas de 1º de Bachillerato y pasar a 2º de Bachillerato. Esos malditos progres bastardos y analfabetos han destruido la enseñanza. Arriba España y viva la pena de muerte.
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José Mª Rodríguez Vega



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MensajePublicado: Jue Jul 05, 2007 9:47 pm    Título del mensaje: Leo Strauss y Carl Schmitt. Responder citando

<"El fundamento esencial del derecho es el principio de la maldad natural del hombre; dado que el hombre es malvado por naturaleza, por consiguiente necesita un dominio. Pero los dominios solamente pueden establecerse, es decir, los hombres pueden unificarse, tan sólo en una unidad en contra; contra otros hombres. Toda asociación de hombres es necesariamente una separación de otros hombres. La tendencia a separarse (y con esto el agrupamiento de la humanidad en amigos y enemigos) está dada en la naturaleza humana; es en este sentido, destino, y punto".>(Correspondencia de Leo Strauss al "jurista nazi" Carl Schmitt. 4 de septiembre de 1932).

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Leo Strauss y Carl Schmitt, el jurista de Hitler

por Barbara Boyd

Aunque los periódicos de todo el mundo han reproducido la denuncia de Lyndon LaRouche, del hecho de que los neoconservadores que actualmente dominan el Gobierno del presidente estadounidense George W. Bush —tales como el secretario de Defensa Donald Rumsfeld; el vicepresidente Dick Cheney; el jefe de la "agencia de inteligencia" de los también llamados gallinazis, Abram Shulsky; el subsecretario de Defensa Paul Wolfowitz; el director ejecutivo del proyecto Nuevo Siglo Americano, Gary Schmitt; y el procurador general de los Estados Unidos, John Ashcroft— son partidarios compulsivos del finado profesor de la Universidad de Chicago, Leo Strauss, muchos de ellos también procuran mitigar la reacción política de horror ante esta denuncia.

Por ejemplo, el New York Times del 4 de mayo presenta una caricatura de Paul Wolfowitz vestido de legionario romano, con un ejemplar de On Tyranny (Sobre la tiranía) en la mano. Ese es el libro que documenta la correspondencia entre Leo Strauss y Alexandre Kojève, el sinarquista satanista con sede en París a quien Strauss le enviaba regularmente a sus alumnos estadounidenses. En su artículo sobre los straussianos, el Times menciona una sola vez (y sin explicación alguna) a Kojève, a quien LaRouche ha identificado como "la conexión francesa de Dick Cheney", y omite cualquier referencia al padrino intelectual de Strauss, Carl Schmitt, el jurista nazi de la corona cuyos escritos fascistas —en gran parte financiados internacionalmente por los straussianos de la Fundación Lynde y Harry Bradley (ver recuadro)— tienen una gran acogida en los EU.

Kojève, un ideólogo del fascismo universal, del satanismo y de la violencia catártica como medios para revitalizar el orden social, también fue una figura destacada entre los poderosos círculos fascistas de la Francia del siglo 20, los sinarquistas. De hecho, el Movimiento Sinarquista del Imperio, fundado a principios de los 1930, era parte de un aparato europeo de empresarios, banqueros y funcionarios de gobierno consagrados a una Europa fascista unificada, con Adolfo Hitler como su instrumento de control.

Los nazis nombraron a Schmitt "jurista de la corona del Tercer Reich" por su papel protagónico en la subversión de la Constitución alemana de la República de Weimar, y porque aportó las torcidas teorías jurídicas que legitimaron al Estado totalitario nazi y su sed de conquista imperial. La Fundación Rockefeller le otorgó una beca a Strauss para emigrar de Alemania, gracias a los esfuerzos de su maestro, Carl Schmitt. Las notas de Strauss en las que adula el libro más famoso de Schmitt, The Concept of the Political (El concepto de lo político), que reduce toda relación política a la del amigo y el enemigo, aún circula en los EU hoy.

Al igual que el straussiano procurador general de los EU John Ashcroft hoy, Schmitt citaba la "situación excepciónal" del incendio del Reichstag —acto terrorista organizado en realidad por Hermann Göring— para justificar la suspención de las libertades civiles en Alemania. Como parte de sus acciones para convertir a Europa al fascismo, Schmitt se reunió con Benito Mussolini, a quien promovía y con quien intercambiaba comentarios sobre Friedrich Hegel, y desempeñó un papel destacado en la creación de los mitos fascistas de la España de Francisco Franco, al revivir al medievalista católico Juan Donoso Cortés.

Después de la guerra, Schmitt sostuvo correspondencia con los sinarquistas y con Kojève, tomando como blanco al Estado nacional estadounidense y su paradigma cultural de progreso científico y tecnológico, para sustituirlo por un sistema feudal fascista de imperios, cuyos súbditos son gobernados mediante mitos y desinformación.

La autora corroboró el renacimiento americano de Schmitt, en un intercambio telefónico con la revista Telos el 14 de mayo. Telos, fundada como la revista teórica de la "nueva izquierda" estadounidense en mayo de 1968, sirve de foro para las ideas de Schmitt y trabaja con proponentes del fascismo universal como Thomas Fleming del grupo Southern Partisan —a favor de la Confederación sureña—, Alain de Benoist de la nueva derecha francesa, y Norberto Bobbio y el movimiento separatista italiano Lega Nord. Cuando llamé, les expliqué que estaba profundamente intrigada con Carl Schmitt, pero que no había llegado más allá del hecho de que era un nazi. "Estadounidenses estúpidos", respondió el representante de Telos, "ustedes desconocen y nunca han leído los escritos de Schmitt posteriores a la guerra". No obstante, mi interlocutor dejó claro que no afirmaba que Schmitt había dejado de ser fascista. "Sí, sí", dijo, "Schmitt fue un criminal terrible y moralmente despreciable, pero qué no ves que algunos criminales horrendos seguido tienen las ideas más interesantes".

Intrigada por esa definición de Schmitt como el Hannibal Lector de la política moderna, presioné más, y supe que parte de la facinación de este grupo con Carl Schmitt viene de su odio violento contra los EU y de su afán por promover la Confederación sureña como modelo político.

La carrera de Carl Schmitt en la posguerra

Luego de que los estadounidenses lo encarcelaron, interrogaron y liberaron en Nuremburgo, Schmitt se retiró a su hogar en Plettenberg. Como castigo por participar en el ascenso de Hitler al poder, y por no someterse a la desnazificación, confiscaron la biblioteca de Schmitt y le prohibieron enseñar, bajo el argumento de que sus enseñanzas "seducían" a los jóvenes estudiantes.

Schmitt vivía del subsidio de los industriales y oligarcas alemanes que habían apoyado la imposición de Hitler. Por ejemplo, Schmitt le dijo a Kojève que mantenía un contacto continuo con el Ministro de Economía de Hitler, Hjalmar Schacht, el agente de Montagu Norman, el Banco de Inglaterra y los Harriman que organizó el financiamiento del proyecto Hitler. Schmitt lamentaba que Schacht no haya podido dar un discurso a su lado, arreglado por Kojève, en el Club Rhein–Ruhr de Düsseldorf, el cual frecuentaban tanto él como Schacht y antiguos financieros industriales nazis.

Entre 1949 y principios de los 1970 varios filósofos nihilistas y existenciaistas estadounidenses se apropiaban libremente de las ideas de Schmitt, por su notoriedad como nazi y fascista universal, sin atribuírlselas públicamente. Leo Strauss fue quizás el personaje más importante en apropiarse de secciones enteras de las críticas de Schmitt al liberalismo, al moralismo y a la modernidad. Pero Herbert Marcuse, Hannah Arendt y otros miembros de la Escuela de Fráncfort, así como C.J. Friedrich de Harvard, Hans J. Morgenthau, Henry Kissinger y Samuel Huntington, también adoptaron parte de su pensamiento.

Cualesquiera que fuesen las diferencias secundarias de quienes se apropiaron de las ideas de Schmitt, todos coincidían, al igual que él, en que el hombre es incapaz de conocer la Verdad o a Dios, y que la voluntad de poder de Nietzsche, acompañada de la destrucción incondicional y la violencia, y de la guerra de unos contra otros de Hobbes, aporta el marco apropiado para evaluar la condición del hombre y para cambiar las relaciones humanas. En un universo falto de un Dios y una Verdad congnocibles, o con verdadero significado, la desinformación y los mitos propalados por una élite a una población inestable y estupidizada, permite la gobernabilidad y contener a la población. Fuera de la academia, sin embargo, Schmitt siguió escribiendo y difundiendo obras entre estos círculos, hasta su muerte en 1985. Estas obras tratan en su mayor parte sobre una teoría fascista de las relaciones internacionales después de la guerra fría, y plantean la formación de bloques federados o imperios en vez de Estados nacionales soberanos. Cada imperio sería cultural y racialmente heterogéneo, y una potencia dominante gobernante tomaría las decisiones sobre quién sería el enemigo de una región federada dada, y como gobernante protegería a ambas de otros imperios y de grupos terroristas heterogéneos empeñados en una "guerra civil mundial".

Para los 1960, a Schmitt ya lo veneraban en las escuelas "posmodernistas" nihilistas que surgieron de las revueltas sociales de la época. Kojève, por ejemplo, en una ocasión salió de un seminario patrocinado por el ultrasionista Jacob Taubes en Alemania, y dijo en público que iba a Plettenberg para hablar con Schmitt, el único hombre "en toda Europa con el que vale la pena conversar". En medio del escándalo resultante entre la comunidad judía alemana, el mismo Taubes reconoció finalmente que él también había viajado en secreto a Plettenberg para reunirse con el infame nazi.

La rehabilitación de Schmitt en los EU

A principios de los 1970 se dieron los primeros pasos para hacer aceptable el fascismo de Schmitt a los estadounidenses, cuando el profesor George Schwab de la Universidad de la Ciudad de Nueva York, alumno de Hans Morgenthau, tradujo sus obras. Schwab y Morgenthau fundaron el Comité Nacional sobre Política Exterior Estadounidense (NCAFP, siglas en inglés) en 1974, como órgano de consultoría avocado a la perspectiva de Morgenthau sobre el "realismo" en la política exterior estadounidense, basado en las relaciones de poder despojadas de nociones "engañosas" de idealismo o moralidad en el trato entre las naciones. Últimamente al NCAFP lo financiaban las fundaciones Olin y Smith Richardson, las cuales, al igual que la Fundación Bradley, destacan por financiar la "revolución conservadora". Los funcionarios del NCAFP incluyen al autor de la política de "contención" de la guerra fría, George Kennan, y al ex presidente de la Reserva Federal de los EU Paul Volcker. Entre los miembros del comité ejecutivo, directivos y asesores, se encuentran: Kenneth Bialkin, ex presidente de la Liga Antidifamación de B'nai B'rith; los ex embajadores estadounidenses Thomas Pickering y Jeane Kirkpatrick; y el ex especialista en asuntos soviéticos del Consejo de Seguridad Nacional, Richard Pipes.

A fines de los 1970 Heinrich Meier, de la Fundación Siemens de Alemania, también empezó a trabajar en una reformulación de Schmitt ad hoc para la naciente revolución conservadora. El straussiano Meier era también protegido del fascista alemán Armin Mohler (autor del libro La revolución conservadora en Alemania: 1918–1932), quien estudió en la universidad con Schmitt. concentrándose en los diarios de Schmitt de la posguerra, su obra inicial con Leo Strauss y en cómo Schmitt resucitó al filósofo español Juan Donoso Cortés para legitimar a Franco, Meier presenta a Schmitt con una nueva cara, como el teórico de la guerra religiosa permanente o de la guerra civil mundial en el nombre del Dios de la religión revelada, cuya teoría escudriñaremos más adelante. El colaborador de toda la vida y albacea literario de Strauss, Joseph Cropsey, de la Universidad de Chicago, le dio acceso a su "amigo" Meier a todos los archivos de Strauss. Esa universidad publicó la versión en inglés de los dos libros de Meier sobre Schmitt, financiados por Fundación Bradley y facilitados por Hillel Fradkin. Fradkin, otro straussiano, enseñaba en el Comité sobre Pensamiento Social en Chicago, fue vicepresidente de la Fundación Bradley de 1988 a 1998, y estuvo a cargo de los programas de la Fundación Olin; actualmente dirige un grupo de asesoría straussiano en Israel, llamado Centro Shalem. Recientemente sustituyó a Elliott Abrams, del Iran–Contra, como jefe del Centro de Ética y Política Pública (EPPC, siglas en inglés) en Washington. Jeane Kirkpatrick preside al EPPC, al que promueven como un centro que busca "reforzar los lazos de la tradición moral judeocristiana y el debate público sobre temas de política exterior y nacional".

Los otros autores importantes de la renovación de Schmitt se concentran en Telos. Por años un bastión del marxismo y de la Escuela de Fráncfort, en 1987 Telos declaró a la izquierda y al Partido Demócrata en bancarrota política, y emprendió "una reevaluación de la historia intelectual del siglo 20, centrándose principalmente en los autores y las ideas reprimidas, comenzando con Carl Schmitt y el populismo estadounidense". Desde entonces Telos le ha dedicado ediciones completas a los escritos y al pensamiento de Schmitt, así como a expresiones parecidas de sinarquismo, aportando también respaldo teórico a los movimientos ecologistas y populistas antiglobalización de los EU.

Paul Piccone y Gary Ulmen, los dos principales promotores de Schmitt en Telos, apoyan la disolución de los Estados nacionales en favor de unidades regionales autónomas de gobierno. Junto con otros, en Telos están particularmente fascinados con el planteamiento de Schmitt sobre el orden de la posguerra, el cual se compondría de imperios o Grossraume, que reemplazarían al Estado nacional moderno, mismo que, para Schmitt, representa el origen de todos los males. En la teoría de Schmitt, Estados culturalmente homogéneos, controlados por un Estado mayor, reemplazarían a los ingobernables Estados nacionales. También han revivido los violentos ataques de Schmitt contra Alexander Hamilton y la Constitución estadounidense, así como los elogios a John Calhoun y la Cofederación, a nombre de su teoría schmittiana del populismo.

El libro de Ulmen sobre Grossraume lo financió la Fundación Bradley. Hasta hace poco la editorial Telos Press también publicaba los documentos del NCAFP de George Schwab.

Heinrich Meier presenta diversos aspectos de los escritos de Schmitt de la posguerra, para pintar al jurista nazi como un místico católico cuya crítica al liberalismo moderno se basa fundamentalmente en la religión revelada, una perspectiva que provoca una respuesta apasionada entre los fundamentalistas cristianos estadounidenses, y legitima las guerras religiosas libradas para regresar a las estructuras sociales oligárquicas de la Edad Media.

Según Schmitt, lo que cuenta para mantener cualquier entidad política es el empuje, la fe, la esperanza y el valor, creando una mitología que despertará y desarrollara esas fuerzas con la mayor intensidad en sus sujetos. Schmitt cita el discurso de Mussolini de octubre de 1922, donde el Duce dijo: "Hemos creado un mito; el mito es una fe, un entusiasmo noble; no necesita ser real, es un empuje, una esperanza, fe y valor. Nuestro mito es la nación, la nación que queremos hacer una realidad concreta".

'O están conmigo o están contra mí'

Meier alega que Schmitt, hacia el final de su vida, optó por la religión revelada como el método más poderoso de control social y, para entonces, había escogido a "Prometeo", el titán que exaltaba la razón humana, como su más acérrimo adversario. Según Schmitt, la arrogancia del hombre en creer que la Verdad puede conocerse, y que Dios y los principios del universo pueden descubrirse mediante avances en el conocimiento humano, ha resultado en una era impía de caos, neutralidad moral, relativismo y esterilidad burocrática, que ha despojado a la vida de todo significado, y a la política de la nobleza, el honor y la religión.

Schmitt sostiene que sin el pecado original no hay orden social. El hombre no es bueno por naturaleza, sino malo, y depende de Dios para su salvación; el hombre perdió la gracia al asimilar el conocimiento. Si el hombre es bueno y no "malo y peligroso", alega Schmitt, Dios pierde su capacidad de exigir obediencia absoluta, su soberanía. De otro modo, pero en palabras de Strauss, "según la Biblia, el principio de la sabiduría es el temor del Señor; según los filósofos griegos, el principio de la sabiduría es la curiosidad". La humanidad debe adoptar una posición entre estas dos opiniones incompatibles, "Atenas o Jerusalén".

Lo terrible del Anticristo, escribe Schmitt, es su devoción por la ciencia —"el siniestro mago recrea el mundo, cambia la faz de la tierra y somete a la naturaleza"— y la promesa de la "realidad de la paz y la seguridad, que el hombre ya no tiene que distinguir entre el amigo y el enemigo y, por tanto, entre Cristo y el Anticristo. . . Quien quiera obedecer el mandamiento de la acción histórica no debe dejarse enajenar ni disuadir por sus enemigos, a quienes la Providencia utiliza y por quienes plantea sus interrogantes".

La revelación es "el único camino permitido hacia Dios", porque "sólo el Dios incomprensible es omnipotente". Dios obliga a hacer algo, no "porque sea bueno, sino porque Él lo manda". La Providencia utiliza amistades y enemistades históricas para poner el orden mediante lo que Dios permite o no permite. El papel del hombre no es el de entender el mandato de Dios, sino el de obedecerlo incondicionalmente. En opinión de Schmitt, las Cruzadas y las conquistas representan las batallas políticas más importantes jamas emprendidas en la historia porque representan el triunfo de los creyentes sobre el "enemigo", los paganos y los judíos.

La Fundación Lynde y Harry Bradley

Hasta el 2003, la Fundación Lynde y Harry Bradley tenía más de 500 millones de dólares en activos. Inicialmente, Bradley financiaba a la Sociedad John Birch y a la revista National Review de William Buckley, pero en 1985 tuvo un cambio total, cuando Rockwell International compró la empresa Allen–Bradley por 1.651 millones de dólares. Bradley, junto con las fundaciones John Olin y Smith Richardson, entre otras que operan desde la Philanthrophy Roundtable (Mesa Redonda de la Filantropía) del American Enterprise Institute (AEI), han financiado la imposición del proyecto neoconservador en los EU, mediante puestos y becas en universidades, periódicos como el Weekly Standard, y cuerpos de consultoría como el AEI y la Fundación Heritate.La Fundación Bradley comenzó su significativo y selecto financiamiento tras reclutar a Michael S. Joyce como director. Joyce, que antes presidía la Fundación John M. Olin y la Mesa Redonda, inició su carrera con su camarada straussiano Irving Kristol y el Instituto de Asuntos Educativos en Nueva York. Entre los miembros y ex miembros del consejo de la Fundación Bradley se encuentran J. Clayburn La Force, (Rockwell International), William Bennett, George Stigler y Frank Shakespeare.

Esto está en: http://www.larouchepub.com/spanish/lhl_articles/2003/EspecialHijosSatanas/StrausSchmitHitler.html
....................

Sobre la Paneuropa tan actual: <"El movimiento sinarquista es uno de carácter internacional, nacido después del Tratado de Versalles, y financiado y dirigido por ciertos grupos financieros pertenecientes a lo más selecto de la comunidad bancaria internacional. Su objetivo consiste esencialmente en derrocar en todo país, donde existan, los regímenes parlamentarios, considerados insuficientemente dedicados a los intereses de estos grupos y, por tanto, muy difíciles de controlar por el número de personas requeridas para hacerlo.>

http://www.larouchepub.com/spanish/lhl_articles/2003/EspecialHijosSatanas/OligarquiaCreaSianquis.html

Sobre Lyndon H. LaRouche: http://www.larouchepac.com/Spanish/z_otros_archivos/sobre_lhl/lhl_biografia.htm
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