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José Mª Rodríguez Vega



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MensajePublicado: Mar Dic 22, 2009 11:10 pm    Título del mensaje: Armesilla va "Hacia una teoría econo&#769 Responder citando

Esta vez la cosa es un verdadero cardo borriquero:

Hizquierda hispánica, o sea, ese inmenso gentío megalómano que consiste en el solitario Santiago Armesilla y para de contar (hasta que no se nos demuestre lo contrario) vuelve a la carga en elrevolucionario.org con una especie de artículo sobre economía titulado "Hacia una teoría económica materialista", y comienza su odisea con dos citas de Gustavo Bueno. Yo considero la primera cita desfasada y obsoleta -con perdón del maestro- ya que ese texto fue escrito en 1972 y desde entonces ha llovido demasiado (no todo sirve para todo y no todo necesariamente sirve para siempre): nos ha llovido la caída del Muro de Berlín y el "adiós al proletariado" o el fin de esa tan anhelada "superación de la burguesía por el proletariado" y la refutación "de el Capital por la "realización del socialismo llegado a su término". Nada de todo esto es hoy una realidad, sino que la realidad es todo lo contrario. Pues efectivamente, el socialismo (lo que siempre se ha entendió por socialismo) ha llegado a su término: con la clausura de la URSS por un lado y sus países satélites y con la debacle de los partidos comunistas (socialistas) por otro. No podemos decir que Corea del Norte o la China actual sean "socialistas" al estilo antiguo, por muy intervencionistas que sean aunque las enclasemos en la sexta generación de las izquierdas, ya que en ellas el proletariado no ha superado ni a la burguesía ni a ninguna otra clase social. Esto respecto a esas citas de Bueno.

El autor de este engendro parte hacia el viaje en pos de una "teoría económica materialista", ya que postula <"hacer una crítica de la economía política, y establecer las diferencias metodológicas respecto a otras doctrinas político-económicas como son el liberalismo, el marxismo o la socialdemocracia, que serán desarrolladas en próximas entregas. Como no puede ser de otra manera nuestra posición es la que mantiene el Materialismo Filosófico...> Por lo pronto, ante semejante ambición, podemos decir que no vemos por donde y de donde saca el autor la existencia de esta "economía política" de la socialdemocracia, ni si la podemos poner con las teorías liberales (la economía de libre mercado o "social de mercado") o con las teorías menos liberales, socialistas o más intervencionistas. Esto es un "buen comienzo", sobre todo desde que Hayek y cualquiera ya sabía que todo marco y todo mercado económico es un marco y un mercado "social". La economía se refiere a la sociedad, no a la casa -οἰκο- del labriego griego -οἰκονομία-.

Ahora bien, la sociedad y el mercado ya existía antes que la "moneda", por tanto no es muy cierto lo que el autor nos dice:<Dejamos apuntado, de manera muy sucinta, que para que el intercambio de bienes y servicios sea viable resulta imprescindible la invención de la moneda, que funciona como un signo de un lenguaje, como una variable, ya que actúa «como unidad de cambio que hace posible el intercambio equitativo, es decir, el intercambio de los bienes y servicios más heterogéneos según relaciones de igualdad, en el sentido económico (simetría, transitividad, reflexividad) y no ya en sentido ético, moral o político ». (La Vuelta a la Caverna)>

Ignoro en qué parte de La Vuelta a la Caverna está este texto, pero así y con todo, el monetarismo, o para abreviar, la moneda, a veces no es ni dinero, sino una mercancía más como otra cualquiera (oro y plata, como para joyas por ejemplo), y por ello a veces cualquier mercancía fue también a veces dinero o medio universal de cambio, como la sal, por ejemplo. Pero la sal no es una moneda y con ella y mucho antes de ella como dinero que fue, ya había intercambio de bienes y de servicios, pues la sal es un bien primario y el esclavo que acaso la transporta un buen servicio. Por tanto la moneda no es ni mucho menos "imprescindible" para la viabilidad del intercambio de bienes y servicios, como ahí se dice. Parece que aquí y sin acaso saberlo se está aún en la economía antiquísima de Aristóteles, para el cual el dinero sólo aparece con el denostado comercio y no con la "manera natural de enriquecerse" de la familia (Política 1257b). En síntesis sólo nos interesa saber que el dinero como moneda, el dinero amonedado, sólo es este fenómeno histórico como dice Wilhelm Röpke, que se da en "la etapa de una economía de mercado desarrollada que funcione con arreglo a la división del trabajo". Es evidente entonces que "para que el intercambio de bienes y servicios sea viable No resulta imprescindible la invención de la moneda", pero sí resulta imprescindible para una economía de mercado desarrollada que funcione con arreglo a la división del trabajo como dice Röpke. Y no es lo mismo.

Hoy está obsoleta la concepción del cambio entre equivalentes (ese "cambio equitativo"). Ya Marx sabía que el cambio entre equivalentes es una pura necedad que a nada conduce (es el problema discutido aquï: http://nodulo.trujaman.org/viewtopic.php?p=13114#13114 ). Sobre todo cuando desde siempre se ha sabido que hasta las mismas "monedas" -los doblones y los escudos de oro, por ejemplo- poseen un diferente valor respecto y por el lugar donde se hayan (los diferentes mercados) y respecto al tiempo, ya que todo bien presente vale más que los bienes futuros (véase a Tomás de Mercado o a Martín Azpilcueta). Lo mismo se puede decir del dinero y de las divisas, ya que la "apreciación" subjetiva nunca es la misma para los sujetos que intercambian, y por tanto es siempre diferente el valor de los bienes cambiados. La necesidad material del cambio radica, no en lo "equitativo", sino en la diferencia por la variable necesidad. Si las necesidades de los diferentes sujetos son siempre muy diferentes, como muy diferentes son los bienes que se intercambian, no se ve el por qué habría de ser el cambio equitativo, simétrico y reflexivo. Esto es un mito ricardiano y marxiano. El dinero, que no la moneda, es únicamente la regla o medida de los precios, el dinero cumple la función de ser medida de los precios y nada más (Mises: La teoría del dinero y del crédito. Unión Editorial 1997, pág. 21). La moneda, de oro o de plata o de cobre, es una mercancía como otra cualquiera y se enfrenta a las demás mercancías de manera no equivalente y viceversa, y se enfrenta -y hasta entre las diferentes monedas o divisas- según las diversas preferencias de los sujetos en adquirir o desprenderse de ella, de las monedas o de las lechugas y patatas (y hasta como dinero o como "oro para joyas"). No es lo mismo ni nadie los estima en lo mismo un dólar estadounidense que su equivalente nominal al cambio en pesos cubanos por la diferente capacidad de compra. Como dice Martín de Azpilcueta, "el dinero (aun en quanto dinero) es conmutable con otro, para poder ganar trantando con ello", pues si no hay ganancia no hay cambio. La realización del precio -pretium- enmascara la desigualdad y no equivalencia de todos los cambios. Los individuos cambian precisamente porque cambian diferencias buscando satisfacer sus diferentes necesidades materiales bajo las cuales están sumidos o constreñidos por sus diferentes circunstancias. No pueden dejar de hacerlo, pero no son tontos que se dedican a cambiar para quedar en las mismas condiciones que antes, no cambian dos por dos y peras por peras, sino que cambian tres por dos y dos por cuatro, o peras por manzanas y acero por patatas:<Las apreciaciones subjetivas de los individuos son la base de la valoración económica del dinero como de la de los demás bienes...> (Mises. Op. cit. Pág. 71) estimaciones y apreciaciones subjetivas que se derivan de las diferentes valoraciones que los individuos hacen de sus respectivos bienes y de los bienes en posesión de los demás. No existe algo así como una "valorización colectiva o social", pues hasta el llamado "precio justo" no es otra cosa que la confluencia de las valorizaciones de los diferentes sujetos o individuos en un mercado o lugar, el precio medio, ni el ínfimo ni el riguroso como decía el también dominico y escolástico Pedro Fernández. Las agrupaciones a distancia, las clases o los colectivos, no valoran nada de nada, y donde hay sujetos operatorios no existe el valor de la cosa "en sí".
Lo "heterogéneo" de los cuasi-infinitos bienes económicos no es tratado en el mercado bajo y "según relaciones de igualdad, en el sentido económico", sino todo lo contrario: bajo y según relaciones de desigualdad perenne, ya que las preferencias subjetivas que se objetivizan en el intercambio son siempre determinadas por las materiales necesidades diferentes de los diferentes sujetos económicos en el intercambio del mercado, y eso no da nunca como resultado una "equitatividad" o igualdad económica en el cambio, un bis a bis, de d'égal à égal a pesar de las apariencias aritméticas. Dicho en plata: la "simetría y la reflexividad" no existen en ningún lado en el mercado, y la "transitividad" es lo común a todas las mercancías o bienes y servicios que se intercambian, desde las monedas más antiguas hasta un vuelo a Nueva York, y esta sí que es una característica peculiar del dinero mientras no sea considerada esa transitividad, claro es, como un transfert de l'un à l'autre equivalenntes, ya que el dinero es por excelencia, más que un medio de cambio o un índice de los precios, un gran trasladador en el espacio de las diferentes mercancías con sus diferentes valores sitas en el mercado, sea pletórico o no. Lo que transita, lo que se transfiere en una dirección como output, no es el equivalente de lo que viene en la dirección opuesta como input, sino que es lo opuesto de la utilidad marginal para ambos sujetos, ya que la utilidad mínima del output de lo que se desprenden corresponde a ambos, a la vez que ambos buscan en su respectivo input particular la utilidad máxima. Por tanto la trasitividad no es simétrica nunca, sino asimétrica, precisamente por su heterogeneidad, objetiva y sujetual. En esto estriba el intercambio de utilidades, que si fuesen simétricas sería más bien este mundo económico un intercambio de inutilidades, de huevos podridos, que diría Robbins.

El resto mejor lo dejamos (entre otras cosas por hastío ante lo absurdo), que por hoy ya basta. Es extravagante como el autor "define" a porrillos la "idea funcional" de la economía sin saber ni de que diablos va la cosa. Así por ejemplo se nos dice sin rubor que <"la rotación recurrente de bienes y servicios heterogéneos, producidos por las fuerzas de producción y ofertados al mercado,"> Parece aquí que los sujetos reales -subjetivos además de muy objetivos- le den miedo y los oculte, y que los "bienes y servicios heterogéneos" puedan ser cambiados siempre por equivalentes, es decir, que sean por tanto "homogéneos" en su valor (aquí subyace como explicación de esta contradicción o misterio la plusvalía marxista como motor del progreso económico, la "explotación" del trabajo vivo. Resulta de ello que entre capitalistas no se intercambian nada de utilidades, pues D<M en una dirección es lo mismo que M>D en la dirección opuesta suponiendo en ambas las mismas plusvalías)...
Tampoco se "ofertan" esos bienes y servicios "al mercado", como se dice, sino a los actores sujetuales de ese mercado. Es como si para estos septimianos hispánicos el entero proceso económico se realizase fuera de nosotros, fuera de los sujetos actuantes y operatorios, fuera de los hombres de carne y huesos, como si fuera algo puramente objetivo y mecánico y en el cual ese proceso económico para nada necesitase de por medio a las molestas materialidades segundogenéricas (cuerpos materiales al fin y al cabo) con sus aspiraciones y pertinentes deseos y menosprecios. Pero el mercado y las fuerzas productivas o el modo de producción[7i] o el proceso económico estriba precisamente en una y varias instituciones [i]"llevadas a cabo a la existencia por millones y millones de procesos subjetivos que determinan sin dirección de nadie en concreto los fenómenos de la vida económica que aparecen objetivados en el precio, el dinero, el interés y la coyuntura" (Cf. Wilhem Röpke. La teoría de la economía. Unión Editorial 2007, pág. 20).

Adiós y felices fiestas navideñas y un buen año 2010 a todos, hasta incluso a mis "enemigos".
.................

http://www.elrevolucionario.org/rev.php?articulo1635
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José Mª Rodríguez Vega



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MensajePublicado: Mar Ene 05, 2010 6:40 pm    Título del mensaje: Derecho natural y capitalismo. Responder citando

Izquierda Hispánica o la flor de mis entretelas, o sea, el sujeto que se amaga bajo esas siglas (IH), dice alegremente: ( http://www.elrevolucionario.org/rev.php?articulo1641 )<<<La relación de la propiedad privada con el Estado ya fue reconocida por los escolásticos españoles como Vitoria, Luis de Molina, Francisco Suárez y Domingo de Soto, entre otros. Su apelación al derecho positivo como fundamento de la propiedad privada chocaba frontalmente con posturas radicales del pensamiento filosófico anglosajón y holandés que lo hacían a través del derecho natural (Hugo Grocio, John Selden, Pufendorf, Hobbes, Locke, etc.) y cuyos efectos se dejan sentir en el capitalismo realmente existente. Quizás, lo más significativo de la escolástica española fue su perspectiva más filosófica, ya que los derroteros ideológicos de sus adversarios imperiales (holandeses e ingleses, principalmente) devinieron a la larga en una reducción economicista y jurídica acerca de la relación entre el Estado y la propiedad privada. Así, el pensamiento escolástico español aunque reconocía la propiedad privada como un derecho legítimo también ponía límites a la misma en caso de extrema necesidad («Nada es legítimamente mío mientras alguien lo necesite»), algo que podría ponerse en correspondencia con aquella frase de Marx: «Cada cual según su capacidad y a cada cual según su necesidad». Contra estas nociones de la propiedad privada lucharon las escuelas del pensamiento protestante, cuya visión de la propiedad privada más individualista, no tanto grupal como en la escolástica española, les exigía huir interesadamente de otras propuestas que pusieran en peligro sus ideologías.>>>( http://www.elrevolucionario.org/rev.php?articulo1641 )

Que la "relación de la propiedad privada con el Estado ya fue reconocida por los escolásticos españoles" es algo que podemos admitir por lo evidente que resulta -algunas propiedades tenían-, aunque nada se nos demuestra, pues ya que nosotros estamos ad hominem podríamos pedir textos de estos autores que corroboren lo que se dice, ya que se dice según argumentum ad populum o ad verecundiam.
Cum hoc, ergo propter hoc..., se parte del supuesto no demostrado de que los "anglosajones" no fundamentaban la propiedad privada en el derecho positivo (???)...que lo hacían a través del "derecho natural". La afirmación completa es esta:<Su apelación al derecho positivo -por los escolásticos españoles- como fundamento de la propiedad privada chocaba frontalmente con posturas radicales del pensamiento filosófico anglosajón y holandés que lo hacían a través del derecho natural (Hugo Grocio, John Selden, Pufendorf, Hobbes, Locke, etc.) y cuyos efectos se dejan sentir en el capitalismo realmente existente.>

Ya tenemos para entretenernos pues pocas veces encontramos por estos pagos brutalidades tan manifiestas.

IH, en su entusiasmo archirevolucionario nos dice que los "efectos" del "Derecho natural" (directum naturale!) se dejan sentir en el capitalismo...¡faltaría más!...¿Se imaginan ustedes una propiedad registrada en "el legajo del Derecho natural"? Es más: ¿Quién puede concebir el ius gentium o el ius naturale posteriores al ius civile y no al revés como en realidad es y fue en Roma y después en la Iglesia de la cristiandad toda? ¿Cabe desgajarlos? NO. No cabe.

Seremos muy breves: Es todo lo contrario si acaso. El derecho natural es católico por antonomasia (además, pues también es parte del derecho "anglosajón" y luterano o "protestante") y poco tiene que ver aquí con los privilegios del ius civile, del que los esclavos, por ejemplo, estaban desprovistos... La propiedad es entonces y siempre objeto del ius civile, del derecho positivo, un privilegio, aquí y ahora y en todas partes donde hay un Status. El capitalismo es por ello antes que nada un sistema basado en las leyes "positivas", basado en el derecho positivo, particular, privado, que no es otro que el ius civile y sus privilegios que el derecho natural de "resistencia" -la acción política- va poco a poco universalizando. Todo derecho positivo se asienta en el derecho natural y de gentes, y esta creencia es común a católicos y protestantes anglicanos y luteranos en general, pues todos venían del mismo tronco católico.
.............
Ius civile (Derecho Civil, positivo). Ius gentium (Derecho de Gentes). Ius naturale (Derecho Natural). Iustitia (Justicia).
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A IH, en su pasión, se le escapa que los anglosajones, esos de "las escuelas del pensamiento protestante"(?) eran católicos antes de ser protestantes, y que ya que se "separaron" de la Iglesia allá por los años de la Contrareforma católica en el 1605 durante el reinado de jacobo I Rey de Inglaterra, es de esperar que ambos se guiasen por los mismos derechos, a saber: por el derecho natural (universal) y por el derecho positivo particular de cada Estado. Ambos derechos ya estaban en Aristóteles, y por ello son comunes a todos, a católicos y a protestantes.

Pero lo más grave de todo -si podemos hablar así- es decir que los católicos, en y por su supuesta "apelación al derecho positivo" como fundamento de la propiedad privada chocaba frontalmente con posturas radicales del pensamiento filosófico anglosajón y holandés que lo hacían a través del derecho natural".
No es muy necesario recordar a Francisco de Vitoria como uno de los más eminentes fundadores del llamado Derecho natural:<Estableció, en De potestate civili, las bases teóricas del derecho internacional moderno, del cual es considerado el fundador junto con Hugo Grocio. Fue uno de los primeros en proponer la idea de una comunidad de todos los pueblos fundada en el derecho natural, y no basar las relaciones internacionales simplemente en el uso de la fuerza........ Francisco de Vitoria... sienta en primer lugar negar los derechos concedidos a los Reyes Católicos. Hay que partir del derecho natural, del derecho de todos los hombres. El mundo debía regirse por un derecho natural, y la guerra se regia por una ley del “ius gentium”>. La Escuela de Salamanca reformuló el concepto de Derecho natural, ya que fue España la primera que tuvo necesidad de él para poder organizarse y organiizar el "nuevo mundo"... Por tanto más bien es al revés de lo que dice el sujeto de IH guiado de su "espíritu weberiano" de su anti-capitalismo.

Claro que la ignorancia también tiene aquí su parte de culpa, aunque es bien cierto que no lo podemos saber todo.

Jacobo Carlos Estuardo (1566 – 1625) fue rey de Inglaterra e Irlanda como Jacobo I desde el 24 de marzo de 1603 hasta su muerte. Este déspota fue uno de los más eminentes particularizadores del Derecho positivo, o sea, que fue este Rey el que a raíz de la "Conspiración de la polvora" -como excusa- se niega a obedecer al Papa y exige el "Iuramento fidelitatis" a todos sus súbditos... Fue por lo tanto uno de los primeros monarcas europeos en usar del "Derecho positivo" (del Estado, de SU Estado: absolutismo) al margen del llamado Derecho natural... Jacobo I fue el "gran desgajador" del derecho positivo del derecho natural y de gentes. Lo hizo "inminente" y no trascendente... Enfrentó su particularismo al universalismo católico, enfrentó su reino "privado" -inglés- al Imperium universalis del Papa de Roma. Para hacerlo tuvo que "romper" el llamado derecho natural con falacias y sofismas...

¿Y quién fue el opositor de Jacobo I aparte del "martillo de los herejes" del Cardenal Bellarmino?

SU OPOSITOR fue el doctor de la Iglesia el español FRANCISCO SUÁREZ.

Y Francisco Suárez, uno de los más grandes y últimos escolásticos españoles y de todos los tiempos, tiene en su magna obra De Legibus ac Deo legislatore, el mayor tratado sobre "La ley eterna, la ley natural y el derecho de gentes", que es así como se llama el capítulo 1º del libro 2º sobre este tema y se puede ver y mirar aquí: Francisco Suárez. De Legibus III, Corpus Hispanorum de Pace Vol. VIII, pág. 4 y ss. C.S.I.C. Madrid 1974. ¡Qué diablos van a venir a enseñarnos nada de todo esto del derecho natural esos bárbaros anglicanos que, aún siguen hasta hace tres días matando católicos en Irlanda basándose en el Derecho positivo de Jacobo I (la razón de Estado, la Razón de Estado de Diego Pérez de Mesa!! Ellos, los anglicanos son los "reduccionistas" al positivismo para poder burlar a la ley eterna del Vicario de Cristo en la Tierra.

Empero con todo, la magistral oposición al "Derecho positivo" de Jacobo I y que éste esgrime en contra del Papa, se encuentra en la obra de Suárez "De Iuramento Fidelitatis" -Defensio Fidei- (Corpus Hispanorum de Pace Vols. XVIII y XIX. C.S.I.C. Madrid 1979), y como comprenderán no voy a transcribir casi nada por ser de todo punto innecesario.

Por tanto, una vez más es todo al revés, la fundamentación del derecho positivo y de la propiedad privada basada en él, se apoyaban a su vez en el Derecho natural: Dice Suárez:<Ergo necesse est esse in mundo aliquam legem aeternam."...O sea que....<"Esto mismo lo confirma San Agustín: Toda ley humana es mutable y susceptible de defecto o error. Luego necesariamente supone la existencia de una ley inmutable que le de estabilidad y sirva como de medida. Sólo si se adapta a ella, quedará rectamente constituida. Y esa ley no es otra que la ley eterna. Por último, toda ley que lo sea por participación, supone otra que lo sea por su propia esencia. Y ley por esencia es ley eterna.">[/b](Corpus Hispanorum de Pace Vol. XVIII y XIX. C.S.I.C. Madrid 1979, pág. 7).

Y está claro que la "ley eterna" es la llamada "Ley natural". Por tanto los escolásticos españoles fueron de los primeros en la modernidad en desarrollar la ley eterna de derecho natural y las leyes positivas y de gentes para los indios de las Españas en las Américas basadas en aquella ley eterna (¡Dios salve la Razón!).

Además: también dieron origen con el oro y la plata de las escalinatas de la Catedral de Sevilla y con el tráfico en Medina del campo al incipiente capitalismo al suministrar el capital originario para la primera reproducción verdaderamente capitalista. La ruina de España y la pérdida del Imperio fue un primer efecto suyo, de ese capitalismo (que es lo mejor que nos ha pasado), pues "de tanto oro y plata como hay no se estima en nada y todo se va para Flandes y Amberes adonde es más caro y se estima en más quedándonos nosotros más pobres que las ratas" (Tomás de Mercado. Suma de tratos y contratos. Cit. de memoria).
Es así que esa "reducción economicista y jurídica acerca de la relación entre el Estado y la propiedad privada" que dice IH es cosa de Tomás de Mercado o Azpilcueta y de todos los precursores de la escuela austriaca de economía, como así demostraron Murray Rothbard y Marjorie Grice-Hutchinson y ahora Jesús Huerta de Soto.
Respecto a la "generosidad" de los escolásticos y del resto mejor y como siempre lo dejamos por irrelevante o por falta de ganas y tiempo Todos los Estados y por serlo han puesto siempre limites a la propiedad privada. Una de esas limitaciones son los tributos, y estos se cobran aquí y en Pernambuco. Vale.
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José Mª Rodríguez Vega



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MensajePublicado: Jue Ene 07, 2010 9:24 am    Título del mensaje: Von Mises y Pardo. Responder citando

http://www.nodulo.org/ec/2010/n095p17.htm <<Volviendo a la armonía preestablecida, la coordinación metafísica de distintos sujetos y el peculiar imperativo categórico como fuentes metafísicas de la ideología de la saga Saw, es interesante analizar semejante esquema causal. Un individuo puede asesinar a alguien: agarra un arma y la usa para matar, en un esquema de causa-efecto indiscutible para la criminología. Pero si prepara una maraña de trampas, y las decisiones de innumerables individuos son presuntamente azarosas e imprevisibles, ¿cómo pueden coordinarse todas ellas? ¿Cómo puede saberse que la persona X se comportará realmente como se dice? Sólo quien tenga en sus manos el conocimiento de la ciencia de la conducta humana, la praxeología de Von Mises, de la teoría de juegos como doctrina general de la conducta humana, podría defender esa posición.

Pero que la praxeología es algo tan genérico y transversal a diversas disciplinas humanas que no puede considerarse ya no una ciencia, sino una serie de estructuras insertas en diversas situaciones, fuera de las cuales sería una mera técnica formal.
Así, convertir el teorema del minimax en la regla general de la praxis humana, pese a ser cierto en sus líneas generales (todos buscamos el mayor provecho y el menor daño), sin tener en cuenta los contextos en los que se produce tal selección es puramente ocioso. Es decir, el minimax sería un teorema fenoménico, en tanto que se observa en distintas disciplinas humanas, sin que por ello podamos darle un carácter esencial a ninguna de ellas. Sustancializarlo sería caer en el fondo en la buena voluntad que representa Jigsaw. O en Economía la ley de la oferta y la demanda, que nos dice que el aumento o la disminución de la primera influye sobre la segunda, pero no nos explica por qué sucede.

De hecho, nuevamente la teoría de juegos en el sentido más individualista, en la suerte de una peculiar praxeología como la postuló en su día Von Neumann o al estilo Von Mises, aparece en Saw V mientras el agente Hoffman busca coartada para sus crímenes ante la investigación del FBI.>> http://www.nodulo.org/ec/2010/n095p17.htm

Esto es lo que dice -para lo que aquí nos interesa- Rodríguez Pardo en el Catoblepas.

De un plumazo se liquida la praxeología de Mises. Pardo parece estar obsesionado con este liberal de Von Mises...Por supuesto no voy yo a defender aquí nada de modo exhaustivo. Esto es innecesario ya que el libro de Von Mises "La acción humana" está ahí al alcance de todos y consta de 1060 páginas.

Sólo deseo mostrarles o recordarles unas palabras del mismo Ludwig Von Mises:

<Cegados por el mito marxista, nuestros coetáneos creen que la moderna industrialización es consecuencia de unas misteriosas "fuerzas productivas" que funcionan independientemente de los factores ideológicos......

La rebelión contra la ciencia económica de esta nuestra época de guerras despiadadas y de desintegración social. Tomás Carlyle tachó a la economía de "ciencia triste" y Carlos Marx calificó a los economistas de "sicofantes de la burguesía". Los charlatanes, para ponderar sus remedios y los fáciles atajos que en su opinión conducen al paraíso terrenal, denigran la economía calificándola de "ortodoxa" y "reaccionaria". Los demagogos se vanaglorian de supuestas victorias por ellos conseguidas sobre la economía. El hombre práctico se jacta de despreciar lo económico y de ignorar las enseñanzas repartidas por meros "profesores".>
(La acción humana, pág. 10. Unión Edirtorial 2004)

<El polilogismo marxista asegura que la estructura lógica de la mente varía según las distintas clases sociales. El polilogismo racista difiere del anterior tan sólo en que esa dispar estructura mental la atribuye a las distintas razas...

Lo más a que llegaron, tanto los marxistas como los racistas y los defensores de cualquier tipo de polilogismo, fue simplemente a asegurar que la estructura lógica de la mente difiere según sea la clase, la raza o la nación del sujeto. Nunca, sin embargo, interesóles precisar concretamente en qué difiere la lógica proletaria de la burguesa; la de las razas arias de las que no lo son; la alemana de la francesa o inglesa...

Por ideología... el marxista entiende una doctrina que, si bien resulta incorrecta analizada a la luz de la auténtica lógica proletaria, beneficia y prohíja los torpes intereses de la clase que la formula.>
(Ibid. Pág. 90 y ss.)

En este texto bastaría cambiar algunas palabras para hacerlo del todo actual. Claro que ya no somos "marxistas" como antes..., ni tan siquiera comunistas... Ahora somos "materialistas" que negamos al sujeto actuante de Ludwig Von Mises que -parece- es anterior al sujeto operatorio de Gustavo Bueno. Por ejemplo.

El sujeto operatorio no "opera" y su praxis o "praxiología", como es "tan genérico y transversal a diversas disciplinas humanas"....ya "no puede considerarse.... una ciencia"...¿Cómo la filosofía misma?

Sobre el viejo polilogismo: http://www.eumed.net/cursecon/textos/Mises-los_objetivos_inmediatos.htm

http://www.desdeelexilio.com/2009/04/17/polilogismos-marxistas-y-experimentos-neurobiologicos/

En fin... A uno le viene a la cabeza el pensamiento de que acaso Rodríguez Pardo ni se haya leído La acción humana de Von Mises.

Pardo dice:De hecho, nuevamente la teoría de juegos en el sentido más individualista, en la suerte de una peculiar praxeología como la postuló en su día Von Neumann o al estilo Von Mises,

Dejemos a John von Neumann y si todo esto corresponde a ese "sentido más individualista"... Mises dijo:La práctica de un deporte o juego puede, por tanto, estimarse acción. En cambio, no puede afirmarse que toda acción sea un juego o considerar todas las acciones como si de juegos se tratara...>.........<En una sociedad de mercado no existe analogía alguna entre los juegos y los negocios...>.....<Se equivocan quien interpreta la vida mercantil como un mero engaño.>(Pág. 140)

Pardo dice:<Así, convertir el teorema del minimax en la regla general de la praxis humana, pese a ser cierto en sus líneas generales (todos buscamos el mayor provecho y el menor daño), sin tener en cuenta los contextos en los que se produce tal selección es puramente ocioso.> Algo hemos avanzado cuando reconocemos ese "provecho y daño" de manera subjetiva, pero es triste ver como Rodríguez Pardo busca su "provecho y el menor daño" sin tener en cuenta "los contextos en los que se produce tal selección" suya. Los demás, que no somos tontos presumo, sí que calibramos los entornos nuestros (que no nuestros "contextos") en situaciones de normalidad. Nadie compra naranjas en el dentista, ni nadie va a sacarse una muela a la frutería de la esquina a menos que no esté completamente loco. Cuando se suponen cosas así ( que las gentes no tienen "en cuenta los contextos" o una mínima adecuación material en y con su entorno) uno ya acaba destarturullado, desequilibrado logicamente del todo y ha de refregarse los ojos.

El esfuerzo de un hombre como Ludwing Von Mises -al margen de las críticas veraces que se pudieren hacer de él- es así vulgarizado y tergiversado de manera un tanto soez.
Es innecesario demostrar nada más (y al margen del valor del artículo de Pardo, que yo aquí no discuto).

Vale, por esta pequeña flor en mi Gran Jardín del Edén. Adiós y buen año!
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J.M. Rodríguez Pardo



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MensajePublicado: Mar Ene 12, 2010 12:58 pm    Título del mensaje: Facilitando el análisis Responder citando

Estimados amigos:

Para estimular los análisis realizados en tan interesante tema, publico aquí una crítica en contra de Chávez y el chavismo, por parte de personaje tan letrado como López Padrino:

Represión socialfascista

Un cordial saludo,
José Manuel Rodríguez Pardo.
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José Mª Rodríguez Vega



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MensajePublicado: Jue Ene 14, 2010 8:33 am    Título del mensaje: ¡Eunde errorem continent! Responder citando

¡¡Ja, ja, ja, ja!!!
Me enorgullece enormemente que mi viejo amigo y ahora mi "enemigo" (como él se dice) escriba dos lineas de camuflaje en mi Gran Jardín del Edén.

¿Es camuflaje o una normal equivocación?
Uno no puede estar en desacuerdo con José Rafael López Padrino
Este biólogo y "marxista" nos dice del Chávez entre otras verdades que:<<Su respuesta ha sido: perdigones y gas del bueno, algo muy propio de los proyectos de corte fascista.
Lamentable ha sido el silencio miserable de esa mal llamada izquierda (cínica y oportunista) que hoy apoya a la barbarie militarista del tte. coronel. Seguramente, las mieles del poder ($$$$) los ha hecho olvidar aquellos días cuando muchos de ellos criticaron, con sobrada razón, las aborrecibles prácticas represivas de los gobiernos del pasado.>


Este Chávez se parece a los Lenines y al Stalines del pasado cada día más:<.060.306 personas condenadas, por actividad contrarrevolucionaria y otros crímenes de estado especialmente peligrosos durante los años 1921-1953, a diferentes penas (pena máxima, reclusión en campos, cárceles, otras medidas). 799455 personas fueron condenadas a muerte. (Archivo Estatal de la Federación Rusa. Carpeta clasificada 1. Fondo 9401. Informe 4175. Folios 201-205).>( http://www.rebelion.org/noticia.php?id=35327 ) No se comprende como este José Rafael López Padrino sigue considerándose "marxista".
El presidente de Rusia, Dimitri Medvedev, afirmó este viernes que son inaceptables los intentos por justificar las represiones durante el régimen estalinista bajo el pretexto del interés último del Estado.

Pero no sólo Stalin, también el gran Lenin hizo aquella porquería al ser un eslabón reluciente de esa cadena <...la represión leninista que instaura el Gulag, la ultrarrepresión estalinista que abarrotará el Gulag, los llamados Procesos de Moscú y el pacto nazi-soviético.>, que dijo Carlos Semprún Maura, ese fanático del capitalismo.

¿Y qué les queda a los neomarxistas actuales? Les queda a pesar de llamar a los antiguos camaradas suyos "socialfascistas", el "polilogismo marxista escamoteante", aquí no ha pasado nada, las "verba errorem continent similemque praecedenti. Alius error ibi inclusus." La causa es lineal y directa: redención+polilogismo=totalitarismo.

Es posible empezar de nuevo y desde cero... Bueno, desde cero no, desde la Séptima Izquierda phantasmal que por fuerza habría de ser mejor que todas las generaciones anteriores, ya que a la tercera va la vencida!!

¡Verba errorem continent similemque praecedenti. Alius error ibi inclusus!

<La media verdad del polilogismo Marxista es que nos justificamos, y la otra media verdad que la complementa es que lo hacemos de acuerdo con las demandas íntimas de nuestra naturaleza evolucionada, a través de mecanismos y sistemas de procesamiento neurales de nuestro cerebro..........No justificamos nuestra posición social, aunque en ocasiones podamos hacerlo. Lo que hacemos es justificarnos permanentemente a nosotros mismos y perseverar en el ser y en el yo, como dijera Spinoza. La distinción es importante, porque hace que pasemos de considerarnos como un miembro de un colectivo más o menos ficticio a considerarnos individuos libres y responsables que buscan su interés en un entorno natural y social complejo y competitivo.>

¿Cómo lo haría mejor López Padrino? Respuesta: dejando de una vez por todas de ser "marxista" en sentido militante, haciéndose lo opuesto a Chávez, pero lo opuesto a Chávez es el liberalismo a secas..., para no volver a incurrir en eso de "otro nuevo error", ¡eunde errorem continent!

Adiós.
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J.M. Rodríguez Pardo



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MensajePublicado: Jue Ene 14, 2010 9:46 am    Título del mensaje: Un análisis de Rolando Astarita Responder citando

Estimados amigos:

Un análisis de Rolando Astarita que deja en evidencia la economía neoclásica y su mejor de los mundos posibles, su gran jardín del Edén.

Rolando Astarista, Fundamentos metodológicos en economía neoclásica y economía política

Un cordial saludo,
José Manuel Rodríguez Pardo.
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J.M. Rodríguez Pardo



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MensajePublicado: Jue Ene 14, 2010 10:23 am    Título del mensaje: Segunda y tercera parte del análisis de Rolando Astarita Responder citando

Estimados amigos:

Rolando Astarita, Fundamentos metodológicos en economía neoclásica y economía política: (II) Reduccionismo individualista y (III) Criterios metodológicos en la economía (y en la economía del desarrollo, en particular).

Un cordial saludo,
José Manuel Rodríguez Pardo.
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José Mª Rodríguez Vega



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MensajePublicado: Vie Ene 15, 2010 9:38 pm    Título del mensaje: Sin matemáticas. Responder citando

Bueno... Este Astarita es un genio de la economía (¿hemos de fumarnos eso?).

Yo no. He pasado página en espera de que mi "enemigo" piense de todo esto algo por sí mismo...para que no nos apabulle con estos pegotes de kilómetro y medio.
Como ustedes saben yo no soy "economista", por ello no pierdo nada si me salto a la torera a este inmenso genio del Astarita...¿Por que Walras? Astarita dice una mentira:<<En cualquier caso, es a partir de ambas vertientes –-la influencia de la física y de la matemática axiomática-– que las matemáticas se han convertido en la base imprescindible del edificio neoclásico.>> Esto es mentira. En lugar de poner a Walras o a Krugman, podían haber escogido a Menger o a Böhn-bawerk, o a Hayeko a Von Mises... todos estos criticaron el "matematismo" de Walras, e hicieron economía sin ese "fetichismo de las matemáticas". Esa mentira la repite este farsante de Astarita varias veces:<<Pues bien, esta crítica de Poincaré a Walras, realizada hace más de 100 años, conserva plena vigencia. Es que desde los cursos más elementales hasta los papers más encumbrados, el procedimiento en la economía neoclásica sigue siendo el mismo que Poincaré criticaba a Walras.>> ¡Mentira!
Wikileches:<<Entre los supuestos de enfoque neoclásico está que el comportamiento económico surge del comportamiento agregado de individuos (u otro tipo de agentes económicos) que son racionales y tratan de maximizar su utilidad o beneficio mediante elecciones basadas en la información disponible.>> Nada de "matemáticas" como se ve.

Se inventa este farsante del Astarita los asertos de sus enemigos teóricos para luego pasar a una crítica victoriosa. Por ejemplo:<<consideran (-los autores neoclásicos-) que los hogares (o los consumidores) tienen gustos y preferencias que se pueden identificar de forma independiente del entorno social en que están esos hogares, y de cualquier otra dimensión social.>> Él se lo cuenta y él se lo come. FIN.
...............

Pero... viéndome en una episteme/económica impotente -intelectualmente hablando- parecida a la suya, a la de mi "enemigo", he optado por imitarle y emborracharles a ustedes con otros bonitos pegotes copiados sin ese "fetichismo de las matemáticas". Aquí no hay "metemáticas"...

Vean si no:

................

Lionel Robbins (me gusta más este Robín que no el Astarita ese...)
CONTENIDO DE LA CIENCIA ECONÓMICA

§ 1. El objeto de este ensayo es exponer la naturaleza y la significación de la Ciencia Económica. Su primera tarea es, pues, delimitar el contenido de la Ciencia Económica, ofrecer una definición útil de lo que trata la Economía.

Por desgracia, no es tan sencillo como parece. Los esfuerzos de los economistas durante los últimos ciento cincuenta años han logrado establecer un conjunto de generalizaciones cuya exactitud e importancia medular sólo discuten los ignorantes o los perversos; pero no han logrado la unanimidad en cuanto a la naturaleza última de la materia común de esas generalizaciones. Los capítulos centrales de las obras clásicas de Economía presentan, con muy ligeras variantes, los principios fundamentales de la ciencia; mas los que explican el objeto de la obra todavía presentan grandes divergencias. Todos hablamos de lo mismo, si bien no nos hemos puesto todavía de acuerdo sobre el objeto de nuestra conversación.(1)

En modo alguno es esto una condición vergonzosa o imprevista. Ya Mill hizo notar hace cien años que casi siempre la definición de una ciencia se logra después de crearla y no antes. "A semejanza de la muralla de una ciudad, de ordinario se ha levantado no para servir de receptáculo a los edificios que pudieran erigirse después, sino para circunscribir a los que ya existen."(2) En efecto, la naturaleza misma de una ciencia impone la necesaria imposibilidad de definir su alcance hasta que no llegue a una cierta etapa de su desenvolvimiento, pues su unidad sólo se manifiesta en la de los problemas que puede resolver, unidad que no se descubre hasta haber quedado establecida la interconexión de sus principios explicativos.(3) La Economía moderna nace de varios campos distintos de investigaciones prácticas y filosóficas: de investigaciones sobre la balanza de comercio, de discusiones acerca de la legitimidad del interés.(4) Y sólo en la última época ha llegado a tener suficiente unidad para descubrir la identidad de los problemas comunes a esas investigaciones diversas. Antes, todo intento para descubrir la naturaleza última de la ciencia estaba condenado por fuerza al fracaso. Intentarlo hubiera sido perder el tiempo en vano.

Pero ensayar una delimitación precisa, una vez alcanzado este grado de unificación, no es ya perder el tiempo; se perdería dejándolo de hacer. Sólo un objetivo preciso puede hacer viable la nueva elaboración. La reflexión ingenua no puede sugerir ya los problemas; los indican los vacíos en la unidad de la teoría, las insuficiencias de sus principios explicativos. Se halla uno expuesto a seguir senderos falsos si no se ha entendido en qué consiste esa unidad. Apenas puede caber duda de que uno de los peligros mayores que acechan al economista moderno es la preocupación por las cuestiones ajenas, la multiplicación de actividades que no tienen conexión alguna, o la tienen escasa, con la solución de los problemas estrictamente relacionados con su materia.(5) Asimismo es indudable que la solución de los problemas teóricos centrales se alcanza con mayor rapidez en aquellos centros en que las cuestiones de esta clase están por liquidarse. Más aún, si estas soluciones han de aplicarse con fruto, si hemos de entender con corrección el alcance práctico de la Ciencia Económica, es esencial que conozcamos con exactitud los supuestos y limitaciones de las generalizaciones que establece. Es con una conciencia tranquila, pues, como podernos adelantar hacia lo que, a primera vista, parece ser el problema muy académico de encontrar una fórmula para describir el contenido general de la Economía.

§ 2. La definición de la Economía que lograría más adeptos, por lo menos en los países anglosajones, es la que la relaciona con el estudio de las causas del bienestar material. Es el elemento común a las definiciones de Cannan (6) y de Marshall (7) y elemento que aun Pareto, cuyo análisis (8) es tan diferente en diversos aspectos al de aquellos dos economistas ingleses, sanciona usándolo. También se encuentra implícito en la definición de J. B. Clark.(9)

Y, a primera vista, debe admitirse que, en efecto, parece que tuviéramos con ella una definición que para fines prácticos describe lo que nos interesa. Es indudable que la palabra "económico" se usa en el lenguaje ordinario en un sentido equivalente a "material". Basta reflexionar en el significado corriente de frases como "historia económica",(10) "un conflicto entre ventajas económicas y políticas", para comprender cuán razonable pudiera parecer esta interpretación. Sin duda existen algunas cuestiones que quedan fuera de la definición y que, sin embargo, parecen caer dentro del campo de la Ciencia Económica; aun cuando, a primera vista, bien parece que se asemejan a los casos marginales inevitables en toda definición.

La prueba final de la validez de una definición no es, sin embargo, su aparente armonía con ciertos usos del lenguaje diario, sino su capacidad para describir exactamente el verdadero objeto de las principales generalizaciones de la ciencia.(11) Y cuando sometemos esa definición a esta prueba se ve que tiene deficiencias que, lejos de ser marginales o subsidiarias, equivalen nada menos que a una completa incapacidad para exhibir el alcance o el significado de las generalizaciones más centrales de todas.

Tomemos, por ejemplo, alguna de las divisiones principales de la Economía teórica y veamos hasta qué punto la comprende la definición que examinamos. Todos estaríamos de acuerdo, por ejemplo, en que una teoría de los salarios es parte integrante de cualquier sistema de análisis económico. ¿Podemos estar satisfechos con el supuesto de que los fenómenos de que ha de ocuparse quedan bien descritos diciendo que encajan en el aspecto más material del bienestar humano?

Los salarios, en el estricto sentido de la palabra, son sumas que se obtienen por la ejecución de un trabajo bajo la vigilancia de un patrón y de acuerdo con una tarifa estipulada. En el sentido más vago en que a menudo se usa el término en el análisis económico general, equivale a ingresos provenientes del trabajo, pero no de ganancias. Ahora bien, es completamente exacto que algunos salarios son el precio de un trabajo que puede describirse como conducente al bienestar material, los salarios de un pocero, por ejemplo; pero no es menos exacto que algunos salarios, los de los miembros de una orquesta, por ejemplo, se pagan por un trabajo que no tiene ni la más remota conexión con el bienestar material. No obstante, tanto un grupo de servicios como el otro exigen un precio y caen dentro del círculo del cambio. La teoría de los salarios es tan aplicable para la explicación del último caso, como lo es para la del primero. No se limita a explicar los que se pagan por un trabajo que contribuya al aspecto "más material" del bienestar humano, cualquiera que sea el significado de la expresión.

El problema no se resuelve si del trabajo por el que se pagan salarios pasamos a las cosas en que se gastan. Podría afirmarse que la teoría de los salarios queda incluida dentro de la definición no porque lo que produce el asalariado conduce al bienestar material de otras personas, sino porque lo que obtiene le asegura su propio bienestar; pero esto no resiste el análisis ni un instante. El asalariado puede comprar pan con su salario; mas puede también comprar un billete para asistir a un espectáculo teatral. Sería intolerable una teoría de los salarios que desconociera todas las sumas que se pagan por servicios "inmateriales" o que se gastan en propósitos "inmateriales". El círculo del cambio quedaría roto sin remedio. El proceso todo del análisis general no podría emplearse nunca. Es imposible concebir generalizaciones de alguna significación respecto a un campo delimitado en forma tan arbitraria.

No es probable que ningún economista serio haya intentado delimitar la teoría de los salarios de ese modo, por grande que haya sido su tentación de delimitar en esa forma todo el cuerpo de generalización del que ella forma parte. Sin embargo, se ha ensayado negar la aplicabilidad del análisis económico al estudio de la consecución de propósitos diversos del bienestar material. Un economista de la talla del profesor Cannan afirma que la economía política de la guerra es "una contradicción en los términos"(12) basándose, al parecer, en que aquélla se ocupa de las causas del bienestar material y en que la guerra no es fuente de éste, razón por la cual no puede ser objeto de estudio de la ciencia económica. Las censuras del profesor Cannan pueden aceptarse como un juicio moral sobre los usos que se dan al conocimiento abstracto; pero es bien claro, como los propios actos del profesor Cannan lo han demostrado, que lejos de que la Economía no arroje luz sobre la prosecución eficaz de la guerra moderna, es muy dudoso que quienes organizan ésta puedan prescindir de aquélla. Es una curiosa paradoja que esa afirmación del profesor Cannan ocurra en una obra que, como ninguna otra publicada en lengua inglesa, hace uso del instrumental del análisis económico para aclarar varios de los más urgentes e intrincados problemas de una comunidad organizada para la guerra.

Esta costumbre de los economistas ingleses modernos de definir la Economía como el estudio de las causas del bienestar material resulta tanto más curiosa si recordamos la unanimidad con que han adoptado una definición no material de la "productividad". Se recordará que Adam Smith distinguía entre trabajo productivo e improductivo según que los esfuerzos en cuestión se tradujeran o no en la producción de un objeto material tangible. "El trabajo de algunas de las clases más honorables de la sociedad, como el de los sirvientes, no produce valor alguno y no se adhiere o plasma en un objeto permanente o en una mercancía que pueda venderse y que perdure más allá del tiempo en que el trabajo se realiza... El soberano, por ejemplo, y todos los funcionarios tanto civiles como militares que trabajan a sus órdenes, son trabajadores productivos... En el mismo rango deben clasificarse varias de las profesiones más graves e importantes y algunas de las más frívolas: sacerdotes, abogados, médicos, hombres de letras de todas clases; jugadores, bufones, músicos, cantantes, bailarines, etc..."(13) Los economistas modernos, y principalmente el profesor Cannan,(14) han rechazado esta concepción de la productividad como inadecuada.(15) El trabajo de los cantantes y bailarines debe considerarse como "productivo" en la medida en que sea objeto de demanda, ya sea privada o colectiva. ¿Pero productivo de qué? ¿Acaso del bienestar material porque anima a los negociantes y hace acumular nuevas energías para organizar la producción de lo material? Por ahí se llega al diletantismo y al Wortspielerei. Es productivo porque tiene un valor, porque tiene una importancia específica para varios "sujetos económicos". La teoría moderna se halla tan lejos del punto de vista de Adam Smith y de los fisiócratas, que el epíteto de productivo se niega aun a la producción de objetos materiales, si carecen de valor. A la verdad, ha ido aún más lejos. El profesor Fisher, entre otros, ha demostrado concluyentemente (16) que el ingreso derivado de un objeto material debe considerarse en último análisis como de uso "inmaterial". Tanto de mi casa como de mi ayuda de cámara, como de los servicios de un cantante, derivo un ingreso que "perece en el momento de su producción".

Pero si esto es así, ¿no resulta equívoco seguir definiendo la Economía como el estudio de las causas del bienestar material? Los servicios de una bailarina son riqueza. La Economía trata del precio que tienen esos servicios, al igual que del que tienen los de una cocinera. La Economía, cualquiera que sea su objeto, no estudia las causas del bienestar material como tales.

Las razones principales de la persistencia de esta definición son, sobre todo, de carácter histórico. Es el último vestigio de la influencia fisiocrática. Generalmente los economistas ingleses no se interesan por las cuestiones de método y ámbito. Tal vez ha sido tomada en el noventa por ciento de los casos de alguna obra anterior sin someterla a crítica alguna. Su retención en el caso del profesor Cannan, sin embargo, se debe a causas más positivas, por lo que resulta muy instructivo seguir la pista al proceso del razonamiento que la ha hecho admisible aun a ese intelecto tan penetrante y tan agudo.

La razón fundamental de toda definición suele encontrarse en el uso que de ella se hace en la realidad. El profesor Cannan desarrolla su definición en estrecha yuxtaposición con el examen de "Las condiciones fundamentales de la riqueza para el hombre aislado y para la sociedad";(17) en conexión con ese examen usa de hecho su concepto de lo que es y no es económico. Puede sugerirse que no es accidental que, si la aproximación al análisis económico se hace desde este punto de vista, la definición "materialista", como podemos llamarla, alcanza el máximo de su admisibilidad. Esto requiere una justificación un tanto detallada.

El profesor Cannan principia por contemplar las actividades de un hombre completamente aislado de la sociedad, e investiga qué condiciones determinarán su riqueza, es decir, su bienestar material. En esas condiciones una división de actividades en "económicas" y "no económicas" -actividades que encaminan a aumentar el bienestar material y actividades encaminadas a incrementar el bienestar no-material- es en cierta forma admisible. Robinson Crusoe busca su bienestar material o "económico" si cultiva patatas; sus actividades tienen un carácter no-económico si charla con el loro. Aquí surge una dificultad sobre la cual volveremos después; pero prima facie, es claro que en este sentido la distinción no resulta ridícula.

Mas supongamos que se rescata a Robinson y que de regreso en su país sube al tablado a charlar con el loro como medio de ganarse la vida. Es indudable que, en estas condiciones, esas charlas tienen un aspecto económico. Los ingresos y gastos de Crusoe pueden exponerse en función de las categorías económicas fundamentales lo mismo que gaste su paga en patatas o en filosofía.

El profesor Cannan no se detiene a investigar si su distinción resulta útil en el análisis de una economía de cambio, aunque, después de todo es aquí en donde las generalizaciones económicas tienen la utilidad práctica máxima. En lugar de eso, pasa en seguida a considerar las "condiciones fundamentales de la riqueza" de la sociedad considerada como un todo, independientemente de si está organizada sobre la base de la propiedad privada y del libre cambio o no. Y aquí, de nuevo, su definición se hace admisible: una vez más la suma de actividades sociales puede agruparse en la doble clasificación que supone. Algunas actividades se consagran a conseguir el bienestar material, otras no. Así, por ejemplo, imaginamos que las autoridades ejecutivas de una sociedad comunista deciden cuánto tiempo de trabajo se dedica a la producción de pan y qué tanto a la instalación de circos.

Pero el procedimiento, aun en este caso, y en el de Robinson, está expuesto a una objeción que de seguro será aplastante. Aceptemos el uso que el profesor Cannan hace de los términos "económico" y "no-económico" como equivalentes de lo que, respectivamente, conduce al bienestar material y al no-material. Entonces podemos decir con él que la riqueza de una sociedad será mayor cuanto mayor la proporción de tiempo que se dedique a la consecución de fines materiales y menor la dedicada a propósitos inmateriales. Podemos sostenerlo; pero debemos admitir también que usando la palabra "económico" en un sentido perfectamente normal, queda todavía un problema económico, tanto para la sociedad como para el individuo, el de optar entre esas dos clases de actividades: un problema de cómo habrán de dividirse las veinticuatro horas del día entre esas actividades, dadas las valoraciones relativas del producto y del ocio, y las oportunidades de producción. Resta todavía el problema económico de decidir entre lo "económico" y lo "no-económico". La mitad de uno de los principales problemas de la Teoría de la Producción queda fuera de la definición del profesor Cannan.

¿No es éste un argumento bastante para justificar su abandono?(18)

§ 3. ¿Hacia dónde, pues, volver la cara? La situación no es en manera alguna desesperada. Nuestro examen crítico de la definición "materialista" nos ha conducido a un punto desde el cual es posible proseguir en seguida a formular una definición inmune a todas estas censuras.

Volvamos al caso más simple en que encontramos impropia esa definición: el del hombre aislado cuyo tiempo se divide entre la producción de un ingreso real y el placer del ocio. Acabamos de ver que puede decirse legítimamente que semejante división tiene un aspecto económico. ¿ En qué consiste éste?

La respuesta la encontramos al exponer las condiciones precisas que hacen necesaria esa división. Son cuatro. En primer lugar, el hombre aislado necesita tanto el ingreso real como el ocio. En segundo, de ninguno tiene lo bastante para satisfacer plenamente su necesidad de uno y de otro. En tercero, puede consumir su tiempo en aumentar su ingreso real o en prolongar su ocio. En cuarta, y salvo en casos muy excepcionales, puede presumirse que será diversa su necesidad de los diferentes elementos constituyentes de su ingreso real y de su ocio. Por consiguiente, tiene que elegir. Tiene que economizar. La disposición de su tiempo y de sus recursos guarda una relación con su sistema de necesidades y, por ello, ofrece un aspecto económico.

Este ejemplo es típico de todo el campo de los estudios económicos. Las condiciones de la existencia humana ofrecen cuatro características fundamentales desde el punto de vista del economista. Los fines son múltiples, el tiempo y los medios para lograrlos son limitados y capaces de una aplicación optativa. Al mismo tiempo, los fines tienen una importancia diversa. Henos aquí, criaturas conscientes, con mazos de deseos y aspiraciones, con haces de tendencias instintivas, urgiéndonos todos a la acción de modos diversos. Pero el tiempo en que estas tendencias pueden alcanzar su expresión es limitado. El mundo externo no ofrece oportunidades cabales para su logro completo. La vida es corta. La naturaleza es mezquina. Nuestros semejantes tienen otros propósitos. Y, sin embargo, nuestras vidas pueden consagrarse a la realización de cosas diferentes; nuestros bienes y los servicios de otros, a lograr diversos objetivos.

Ahora bien, al economista no le interesa necesariamente la multiplicidad misma de los fines. Si deseo hacer dos cosas y dispongo de tiempo bastante y de muchos medios para hacerlas y no requiero ni el tiempo ni los medios para hacer otra, entonces mi conducta no toma ninguna de esas formas que constituyen el objeto de la Ciencia Económica. El nirvana no es, por fuerza, la única bienaventuranza. Es tan sólo la satisfacción completa de todas las exigencias.

Tampoco la mera limitación misma de los medios es suficiente para dar nacimiento a fenómenos económicos. Si los medios de satisfacción no son susceptibles de un uso optativo, pueden entonces ser escasos, pero no pueden ser económicos. El maná que llovió del cielo puede haber sido escaso; pero no fue una actividad con un aspecto económico si fué imposible aplazar su uso o cambiarlo por otra cosa.(19)

El hecho de que los medios escasos de que se dispone sean susceptibles de una aplicación opcional tampoco es una condición cabal de la existencia de fenómenos como los que estamos analizando. Si el sujeto económico tiene dos fines igualmente importantes y un solo medio de satisfacerlos, su situación será semejante a la del perro de la fábula, paralizado ante dos tortas igualmente atractivas.(20)

Mas la conducta toma por necesidad la forma de una elección cuando el tiempo y los medios de lograr determinados fines son limitados y capaces de aplicarse optativamente y cuando los fines son susceptibles de distinguirse entre sí en un orden jerárquico de importancia. Todo acto que requiere tiempo y medios escasos para lograr un fin, supone la renuncia a usarlos para alcanzar otro fin. Por tanto, ese acto tiene un aspecto económico.(21) Si necesito pan, sueño y el tiempo de que dispongo no me permite lograr cuanto necesito de ambos, entonces quedará insatisfecha una parte de mis necesidades de pan y de sueño. Si durante mi existencia, que es limitada, quiero ser filósofo y matemático, pero mi capacidad para adquirir conocimientos no me permite lograr ambas cosas plenamente, entonces debo renunciar a una parte de mi deseo de ser competente en filosofía o matemáticas, o a ambos.

Ahora bien, no todos los medios para lograr los fines humanos son limitados. En el mundo exterior existen cosas tan relativamente abundantes que el uso de unas cuantas unidades para un fin no supone renunciar a otras unidades para otro. El aire que respiramos es un ejemplo de esos bienes "gratuitos". El hecho de que necesitemos aire no nos impone, salvo en circunstancias muy especiales, ningún sacrificio de tiempo o de recursos. La pérdida de un metro cúbico de aire no supone el sacrificio de otras cosas. Las unidades de aire no tienen un significado concreto para nuestra conducta. Por eso es concebible la existencia de seres vivientes cuyos "fines" sean tan limitados que todos los bienes resulten para ellos "gratuitos", es decir, sin importancia específica.

Pero en general, la actividad humana, con su multiplicidad de objetivos, no goza de esta independencia de tiempo y de recursos específicos. El tiempo de que disponemos es limitado: el día sólo tiene veinticuatro horas. Tenemos, pues, que elegir las actividades a desarrollar en esas horas. Los servicios que otras personas ponen a nuestra disposición son limitados. También lo son los medios materiales de lograr esos fines. Nos arrojaron del Paraíso. Nuestra vida no es eterna ni disponemos de medios ilimitados de satisfacción. Hacia cualquier parte que volvamos, si optamos por una cosa, debemos renunciar a otras, a las que en circunstancias diversas no habríamos querido renunciar. La escasez de los medios para satisfacer fines de importancia variable es casi una condición omnipresente de la conducta humana.(22)

En esto estriba, pues, la unidad temática de la Ciencia Económica: las formas que reviste la conducta humana al disponer de medios que son escasos. Los ejemplos que hemos examinado están en armonía perfecta con esta concepción. Tanto los servicios de la cocinera como los del cantante son limitados en relación con la demanda y son susceptibles de usos distintos. Esta nueva definición abarca en su integridad a la teoría de los salarios. Igual puede decirse de la economía política de guerra. La conducción satisfactoria de la guerra supone por necesidad desviar de otros usos bienes y servicios escasos. De ahí que presente un aspecto económico. El economista estudia la distribución de medios que son escasos. Se interesa en la forma en que los diversos grados de escasez de los diferentes bienes originan distintos coeficientes de valuación entre ellos, y en la forma en que los cambios en las condiciones de escasez afectan a esos coeficientes, ya provengan de modificaciones de los fines o de los medios, de la demanda o de la oferta. La Economía es la ciencia que estudia la conducta humana como una relación entre fines y medios limitados que tienen diversa aplicación.(23)

§ 4. Es importante advertir de una vez ciertas deducciones que pueden derivarse de esta concepción. La que rechazamos, la que considera a la Ciencia Económica como el estudio de las causas del bienestar material, puede considerarse como una concepción clasificadora. Separa ciertos tipos de conducta humana -la que se encamina a conseguir el bienestar material- considerándolos como el objeto de la Economía. Los otros quedan fuera de sus investigaciones. La concepción que hemos adoptado puede llamarse analítica. No intenta escoger ciertos tipos de conducta, sino que enfoca su atención a un aspecto particular de ella, el impuesto por la influencia de la escasez.(24) De esto se concluye, por consiguiente, que todo tipo de conducta humana cae dentro del campo de las generalizaciones económicas en la medida en que presenta ese aspecto. No decimos que la producción de patatas es una actividad económica y que no lo es la producción de la filosofía. Más bien decimos que tiene un aspecto económico cualquier tipo de actividad en la medida en que supone la renuncia de otras cosas. La Ciencia Económica no tiene más límites que ése.

Algunos escritores, no obstante, si bien rechazan la concepción de la Economía como ciencia cuya preocupación es el bienestar material, han procurado imponer a su campo una restricción de otra naturaleza. Han insistido en que la conducta que concierne a la Economía es en esencia un cierto tipo de conducta social: la que suponen las instituciones de una economía individualista de cambio. Según este punto de vista, la que no es concretamente social en este sentido preciso, no es materia de la Economía. El profesor Amonn, en particular, ha dedicado esfuerzos casi infinitos a elaborar esta concepción.(25)

Ahora bien, puede admitirse sin reserva que la atención de los economistas, dentro del ancho campo de nuestra definición, se enfoca principalmente sobre las complicaciones de la economía de cambio. La razón de ello es de interés. Las actividades del hombre aislado, como las de la economía de cambio, están sujetas a las limitaciones que consideramos; pero, desde el punto de vista del hombre aislado, el análisis económico es innecesario. Se dan los elementos del problema a la simple reflexión. El examen de la conducta de un Robinson puede ser extraordinariamente ilustrativo como ayuda para estudios más avanzados; mas es obvio que, desde el punto de vista de Robinson, ese examen es extra-marginal. Lo mismo sucede en el caso de una sociedad comunista "cerrada". También la comparación de sus fenómenos con los de una economía de cambio puede ser muy ilustrativa para un economista, pero para sus funcionarios ejecutivos las generalizaciones de la economía carecerán de interés. La posición de ellos será análoga a la de Robinson: su problema económico sería meramente el de aplicar la fuerza productiva a esto o a aquello. Ahora bien, como el profesor Mises lo ha subrayado, dentro de un sistema de propiedad centralizada y control de los medios de la producción, queda excluido por definición el registro que hace un mecanismo de precios y costos de los tirones y resistencias individuales. De esto se deriva, por consiguiente, que las decisiones de las autoridades ejecutivas tienen que ser por fuerza "arbitrarias",(26) es decir, han de basarse en sus estimaciones y no en las de los consumidores y productores. Esto simplifica inmediatamente la forma de la elección. La organización de la producción, a falta de la guía de un sistema de precios, dependerá de las valoraciones del organizador final, de la misma manera que la de una hacienda patriarcal desconectada de una economía monetaria dependerá de las estimaciones que haga el patriarca.

Pero la situación es mucho más complicada en la economía de cambio. Las consecuencias de las decisiones individuales rebasan las repercusiones que tienen sobre el individuo: puede uno darse cuenta cabal de las consecuencias para uno mismo de la decisión de gastar dinero en una forma y no en otra. Mas no es fácil seguir los efectos de esa decisión sobre todo el complejo de las "relaciones de escasez" sobre los salados, las ganancias, los precios, el ritmo de capitalización y la organización de la producción. Por el contrario, se requiere un esfuerzo extremo del pensamiento abstracto para idear generalizaciones que nos permitan entenderlos. Por esta razón, el análisis económico es más útil en una economía de cambio y es innecesario en una economía aislada. En una sociedad estrictamente comunista, por su razón misma de ser, se ve privado de generalizaciones, excepto de las más simples. En cambio, está a sus anchas cuando en las relaciones sociales se permite al individuo tener una iniciativa independiente.

Pero una cosa es sostener que el análisis económico tiene mayor interés y utilidad en una economía de cambio y otra que su objeto se limita a ese fenómeno. Dos consideraciones pueden demostrar, de manera concluyente, lo injustificado de esta última pretensión. En primer lugar, es claro que la misma limitación de los medios con relación a los fines que condiciona la conducta en una economía de cambio, condiciona también la conducta ajena a ella, razón por la cual la segunda puede incluirse en las mismas categorías fundamentales.(27) Las generalizaciones de la teoría del valor son tan aplicables a la de un hombre aislado o a la de la autoridad ejecutiva de una sociedad comunista, como lo son a la de un hombre que actúa dentro de una economía de cambio, aun sí en los primeros casos no son tan esclarecedoras. Las relaciones de cambios son un incidente técnico, incidente que, ciertamente, da lugar a casi todas las complicaciones interesantes, pero que, a pesar de ello, es subsidiario del hecho fundamental de la escasez.

En segundo lugar, es claro que los fenómenos de la economía misma de cambio sólo pueden ser explicados penetrando esas relaciones e invocando el funcionamiento de esas leyes de la elección que se perciben mejor al observar la conducta de un hombre aislado.(28) El profesor Amonn parece admitir que semejante sistema de economía pura puede ser útil como auxiliar de la Ciencia Económica, aunque él mismo lo excluyese como base del sistema principal postulando que el objeto de la Economía debe definirse en función de los problemas que Ricardo examina. Es admirable la opinión de que una definición debe describir el conjunto actual de conocimientos sin señalar límites arbitrarios; sin embargo, puede preguntarse ¿por qué detenerse en Ricardo? ¿No resulta claro que las imperfecciones del sistema ricardiano se deben justamente a la circunstancia de que se detuvo en las estimaciones del mercado sin llegar a las del individuo? ¿El gran mérito de las teorías más recientes del valor no consiste en haber traspasado esa barrera?(29)

§ 5. Por último, podemos volver a la definición que rechazamos y compararla con la que hemos escogido ahora.

A primera vista es posible subestimar la divergencia entre ambas. La una considera como objeto de estudio de la Economía la conducta humana concebida como una relación entre fines y medios, la otra como las causas del bienestar material. Pero ¿acaso no es más o menos la misma cosa hablar de escasez de medios que de causas del bienestar material?

Tal pretensión, empero, descansaría en un equívoco. Es cierto que la escasez de materiales es una de las limitaciones de la conducta; pero no es menos importante la escasez de nuestro propio tiempo y de los servicios de otras personas. La escasez de los servicios del maestro de escuela y de los del pocero tienen, cada una, su aspecto económico. Sólo diciendo que los servicios son vibraciones materiales, o algo por el estilo, se puede estirar la definición para que abarque todo el campo; pero no sólo resultaría deficiente, sino también equívoco. En esa forma la definición puede cubrir todo el campo mas sin describirlo, pues no es la materialidad, aun de los medios materiales de satisfacción, lo que les da su condición de bienes económicos; es su relación con las valoraciones. Lo importante es su relación con determinadas necesidades y no su sustancia técnica. La definición "materialista" de la Economía disfigura, pues, la ciencia como la conocemos. Aun si no nos conduce decididamente a un equívoco en cuanto a su ámbito, deja por fuerza de darnos un concepto adecuado de su naturaleza. No parece haber argumento válido para no rechazarla.

Al mismo tiempo, es importante entender que lo que se ha rechazado no es sino una definición. No rechazamos el conjunto de conocimientos cuya descripción pretendía. El sistema de quienes la han adoptado encaja perfectamente dentro de la otra definición que se ha sugerido. No hay ninguna generalización importante del sistema del profesor Cannan, por ejemplo, que no sea compatible con la definición del objeto de la Economía en función de la disponibilidad de los medios escasos.

Es más, el mismo ejemplo que el profesor Cannan elige para ilustrar su definición encaja mucho mejor dentro del marco de la nuestra. "Los economistas -dice- convendrían que la pregunta ¿Bacon escribió la obra de Shakespeare? no es un problema económico y en que la satisfacción que los creyentes de la criptografía sentirían si eso fuera universalmente aceptado, no sería una satisfacción de carácter económico... Al contrario, convendrían en que la controversia tendría un aspecto económico si los derechos de autor fueran perpetuos y los descendientes de Bacon y de Shakespeare estuvieran disputándose la propiedad de las obras."(30) Exacto. Pero ¿por qué? ¿Porque la propiedad de los derechos de autor supone el bienestar material? Pero todas las regalías pueden ir a parar a asociaciones de beneficencia. Es indudable que la cuestión tiene un aspecto económico simple y sencillamente porque las leyes relativas a la propiedad literaria harían escaso el uso de las obras en relación con la demanda de ellas y a su vez darían a sus propietarios un poder sobre medios de satisfacción escasos que de otra manera se habrían distribuido de modo diverso.

1. Añadiré en seguida algunas definiciones características para que no parezca una exageración, limitándome a la literatura anglosajona, porque, como se verá más tarde, fuera de ella comienza a prevalecer un estado de cosas más satisfactorio. "La Economía es el estudio de la humanidad en los asuntos ordinarios de la vida; examina el aspecto de la acción individual y social que se relaciona más de cerca con el logro y con el uso de las condiciones materiales del bienestar" (MARSHALL, PrincipIes, 1). "La Economía es la ciencia que trata de los fenómenos desde el punto de vista del precio" (DAVENPORT, Econornics of Enterprise, 25; La Economía de la Empresa, Madrid, Aguilar). "El propósito de la Economía Política es explicar las causas generales de las que depende el bienestar material de los seres humanos" (CANNAN, Elementary Political Economy, 1). "Hablar de la Economía como de la ciencia que se preocupa del aspecto material del bienestar humano, es definirla con una amplitud excesiva." La Economía es el estudio de los métodos generales con los cuales los hombres cooperan para satisfacer sus necesidades materiales" (BEVERIDGE, "Economics as a Liberal Education", Economica, I, 3). La Economía, según el profesor Pigou, es el estudio del bienestar económico y éste, a su vez, se define como "la parte del bienestar que puede ponerse en relación directa o indirecta con la vara de medir del dinero" (Economics of Welfare, 3ª ed., 1; La Economía del Bienestar, Madrid, Aguilar). Se irá viendo, en lo que sigue, la gran divergencia que ofrecen las inferencias de cada una de estas definiciones.

2. Unsettled Questions of Political Economy, 120.

3. "Nicht die sachlichen Zusammenhänge der 'Dinge' sondern die gedanklichen Zusammenhänge der Probleme liegen den Arbeitsgebieten der Wissenschaften zugrunde" (MAX WEBER, Die Objectivität sozialwissenschaftlicher und sozialpolitischer Erkenntnis, Gesammelte Aufsätze zur Wissenschaftslehre, 166).

4. Ver CANNAN, Repaso a la Teoría Económica [México: Fondo de Cultura Económica, 1940], 1-31, y SCHUMPETER, Epochen der Methoden- und Dogmengeschichte, 21-38.

5. Ver cap. II, § 5, especialmente la nota de la p. 69, para una mayor elaboración de este punto.

6. Wealth (1ª ed.), 17.

7. Principles (8ª ed.), 1.

8. Cours d'Économie Politique, 6.

9. Essentials of Economic Theory, 5. Ver también Philosophy of Wealth, cap. I. Las dificultades que se examinan después se reconocen explícitamente en ese capítulo; pero, con gran asombro, en lugar de que conduzca a rechazar la definición, conduce apenas a un intento un poco extraño de cambiar el significado de la palabra "material".

10. Ver, no obstante, el capítulo siguiente para un examen de la validez de esta interpretación.
11. A este respecto quizás valga la pena aclarar una confusión que no sin frecuencia ocurre en las discusiones de terminología. A menudo se afirma que las definiciones científicas de las palabras empleadas, tanto en lenguaje ordinario como en el análisis científico, no debieran diferir del uso diario de esas palabras. Sin duda es un consejo muy bueno y en principio debe ser aceptado. Es cierto que se crea una gran confusión cuando una palabra se usa en un sentido dentro de la práctica de los negocios, y en otro en el análisis de esa práctica. Basta pensar en las dificultades que han creado esas divergencias respecto del significado del vocablo capital. Pero una cosa es seguir el uso diario cuando se adopta un término y otra pretender que el lenguaje ordinario es la corte suprema de apelación cuando se define una ciencia, pues, en este caso, el sentido importante de la palabra es el objeto de las generalizaciones de la ciencia. Y sólo refiriéndose a éstas puede establecerse finalmente la definición. Cualquier otro procedimiento sería intolerable.

12. CANNAN, An Economist's Protest, 49.

13. Wealth of Nations (ed. Cannan), 315.

14. Teorías de la Producción y Distribución, 33-46, y Repaso a la Teoría Económica, 41-43 [México: Fondo de Cultura Económica, 1940 y 1942].

15. Aun podría afirmarse que la reacción ha ido demasiado lejos. La clasificación de Smith, cualesquiera que sean sus inconvenientes, tuvo una importancia para la teoría del capital que en los últimos tiempos no siempre ha sido reconocida con claridad. Ver TAUSSIG, Wages and Capital, 132-51.

16. The Nature of Capital and income, VII.

17. Este es el título del cap. II de Wealth (1ª ed.).

18. Hay otras querellas que podríamos escoger con esta definición. La expresión "bienestar material" es estrambótica desde un punto de vista filosófico. Podría admitirse la de "causas materiales del bienestar"; pero "bienestar material" parece suponer una división de los estados mentales que, por esencia, son unitarios. Para los propósitos de este capítulo, sin embargo, parece mejor ignorar estas deficiencias y concentrarse en la cuestión principal, a saber: si la definición puede de algún modo describir el contenido al cual se le pretende aplicar como un marbete.

19. Quizá valga la pena subrayar la importancia de esta limitación. La aplicación de medios técnicamente similares para la consecución, en épocas diferentes, de fines cualitativamente similares da lugar a usos optativos de estos medios. Se pasaría por alto uno de los tipos más importantes de acción económica si no se entendiera así con claridad.

20. Parece éste un refinamiento innecesario; por esa razón no lo incorporé en la primera edición de este Ensayo. Pero la condición de que exista una jerarquía de fines es tan importante en la teoría del valor, que parece mejor exponerla explícitamente aun a estas alturas. Ver cap. IV, § 2.

21. Cp. SCHOENFELD, Grenznutzen und Wirtschaftsrechnung. 1; Hans MAYER, "Untersuchungen zu dem Grundgesetze der wirtschaftlichen Wertrechnung" (Zeitschrift für Volkswirtschaft und Sozialpolitik, 2, 123).

Debiera ser bastante claro que el "tiempo" como tal no es escaso, sino más bien nuestras potencialidades consideradas como instrumentos. Hablar de escasez de tiempo es simplemente una forma metafórica de invocar este concepto un tanto abstracto.

22. Debiera ser claro que no existe oposición entre el concepto de fin empleado aquí -el término de formas especiales de la conducta en actos de consumo final- y el concepto implícito cuando se dice que sólo existe un fin de la actividad: la elevación al máximo de la satisfacción, "utilidad", o lo que sea. Nuestros "fines" han de considerarse como los inmediatos anteriores a la consecución de este fin final. No todos ellos podrán lograrse si los medios son escasos de modo que habrá que renunciar a alcanzar algunos fines de acuerdo con la importancia relativa que ellos tengan y según la escasez de los medios.

23. Cp. MENGER, Grundsätze der Volkswirtschaftslehre, 1ª ed., 51-70; MISES, Die Gemeinwirtschaft, 98 SS.; FETTER, Economic PrincipIes, I; STRIGL, Die Okonomischen Kategorien und die Organisation der Wirtschaft, passim; MAYER, op. cit.

24. Ver el artículo de Irving FISHER, "Senses of Capital" (Economjc Joumal, VII, 213), para la distinción entre definiciones analíticas y clasificadoras. Es interesante hacer notar que el cambio de la concepción de Economía que supone nuestra definición es similar al de la concepción de capital que supone la definición del profesor Fisher. Adam Smith definía el capital como un género de riqueza; el profesor Fisher nos lo haría considerar como un aspecto de la riqueza.

25. Ver su Objekt und Grundbegriffe der theoretischen Nationalökonomie, 2ª ed. Las críticas de Schumpeter y de Strigl, en las pp. 110-125 y 155-156, son particularmente importantes desde este punto de vista. Con el mayor respeto por el agotante análisis del profesor Amonn, no puedo resistir la impresión de que se inclina a exagerar el grado de divergencia entre la actitud de esos dos autores y la suya.

26. Ver MISES, Die Gemeinwirtschaft, 94-138. En su Economic Planning in Soviet Russia, el profesor Boris Brutzkus ha señalado muy bien la forma en que las diversas fases del experimento ruso han ejemplificado esta dificultad.

27. Ver STRIGL, ob. cit., 23-28.

28. El rechazo de la Economía a la Robinson que hace el profesor CASSEL en Pensamientos fundamentales en la economía [México: Fondo de Cultura Económica 1941], parece desafortunado, pues sólo cuando se examinan las condiciones en que vive el hombre aislado salta con claridad a la vista la importancia del requisito de que los medios escasos tengan usos optativos para que haya actividad económica, requisito ése que ya se subrayó. En una economía social cualquiera, la mera multiplicidad de los medios económicos nos conduce a menospreciar la posibilidad de que existan bienes escasos sin usos optativos.

29. Las objeciones esbozadas antes, que se presentan a la definición sugerida por el profesor Amonn, debieran bastar para indicar la naturaleza de las que se hacen a las definiciones en función de fenómenos vistos a través del precio (Davenport), de la susceptibilidad a la "medición con la vara de medir del dinero" (Pigou), o de la "ciencia del cambio" (Landry, etc.). El profesor SCHUMPETER, en su Wesen und Hauptinhalt der theoretischen Nationalökonomie, ha intentado vindicar, con una sutileza inolvidable, la última definición demostrando que es posible concebir que todos los aspectos fundamentales de la conducta íntimamente relacionada con la Ciencia Económica adopten la forma del cambio. Puede admitirse sin dificultad que esto es conecto y que encierra una verdad fundamental para un entendimiento certero de la teoría del equilibrio; pero una cosa es generalizar la noción del cambio como una construcción y otra usarla en este sentido como un criterio. No se discute que puede funcionar en esta forma; pero ciertamente sí que esclarezca al máximo la naturaleza final del objeto de estudio de la Economía.
................

FINES Y MEDIOS

§1. Tenemos ya una definición práctica del objeto de estudio de la Economía. El segundo paso consiste en examinar sus consecuencias. En este capítulo nos referiremos a la naturaleza de los fines y medios según los consideran la teoría y la historia económica. En el siguiente trataremos de la interpretación de diversas "magnitudes" económicas.

§ 2. Examinaremos primero la condición de los fines.(1)

A la Ciencia Económica, como hemos visto, le concierne el aspecto de la conducta que proviene de la escasez de medios para lograr determinados fines. Se deduce que la economía es enteramente neutral frente a los fines y que la consecución de un fin cualquiera, en la medida en que dependa de la limitación de medios, es una cuestión que interesa al economista. Los fines como tales no interesan a la Economía. Supone que los seres humanos los tienen en el sentido de que tienen tendencias que pueden definirse y comprenderse de modo que se pregunta cómo la escasez de medios condiciona el progreso hacia sus objetivos, cómo la disposición de medios escasos depende de estas valoraciones finales.

Debe ser claro, pues, que es del todo equívoco hablar de cualquier fin como "económico" en sí mismo. La costumbre de ciertos grupos de economistas de hablar de "satisfacciones económicas" es ajena al propósito central del análisis económico. Una satisfacción debe ser concebida como un producto final de la actividad. Ella misma no forma parte de la actividad que estudiamos. Sería ir muy lejos sostener la imposibilidad de concebir "satisfacciones económicas", pues tal vez pueda describirse así la que depende de la disponibilidad de medios escasos, considerándola en forma distinta de una satisfacción que depende enteramente de factores subjetivos: la satisfacción de unas vacaciones veraniegas, por ejemplo, comparada con la satisfacción de recordarlas. Esta concepción, sin embargo, no es útil, puesto que, como ya hemos visto, la limitación de medios es tan general que influye de algún modo en casi todos los tipos de conducta. Probablemente lo mejor será desecharla del todo, puesto que manifiestamente no está en armonía con las principales deducciones de nuestra definición.

Se colige, además, que es hija de una equivocación la creencia, dominante entre ciertos críticos de la Ciencia Económica, de que la preocupación del economista es un tipo peculiarmente bajo de conducta. Al economista no le interesan los fines mismos, sino la forma en que el logro de ellos es limitado. Los fines pueden ser nobles o bajos, "materiales" o "inmateriales", si pudiera hablarse de ellos en esa forma. Pero sí la consecución de un conjunto de fines supone el sacrificio de otros, entonces esa actividad tiene un aspecto económico.

Todo esto resulta obvio con sólo considerar la esfera real en que se aplica el análisis económico, en lugar de aceptar las afirmaciones de quienes no saben qué es el análisis económico. Supongamos, por ejemplo, una comunidad de sibaritas, sus placeres sensuales y groseros y sus actividades intelectuales encaminadas a lo "puramente material". Es evidente que el análisis económico puede establecer categorías para describir las relaciones entre esos fines y los medios disponibles para lograrlos. Pero no es exacto, como Ruskin y Carlyle y otros críticos parecidos han afirmado, que se limite a esta clase de cosas. Imaginemos que esta reprobable comunidad recibe la visita de un Savonarola. Sus antiguos fines les repugnarán ahora; los placeres de los sentidos quedan proscritos; los sibaritas se convierten en ascetas. Sin duda que el análisis económico sigue siendo aplicable. No hay necesidad de cambiar las categorías que nos han servido para explicarlos. Todo lo que habrá sucedido es que la curva de la demanda ha cambiado. Algunas cosas serán relativamente menos escasas y otras más. La renta de los viñedos baja y sube la de las canteras de piedra para construcciones eclesiásticas. Eso es todo. La distribución del tiempo entre oraciones y obras piadosas tiene su aspecto económico del mismo modo que su distribución entre las orgías y el sueño. La "filosofía porcina". -para usar el desdeñoso epíteto de Carlyle- resulta abarcarlo todo.

Debe admitirse, para ser sinceros, que éste es un caso en el que hay que culpar en cierta medida a los economistas de sus propios reveses. Su actitud ha sido más o menos intachable, según hemos visto ya; pero sus definiciones han sido equívocas y de excusa innecesaria su actitud frente a la crítica. Aun se dice que algunos economistas de los más modernos, quienes han sido convencidos de la importancia de la Economía y de la preocupación de ella por el "aspecto más material del bienestar humano", se han limitado a comenzar sus explicaciones de Teoría Económica general con la excusa, un tanto pusilánime, de que, después de todo, el pan y la mantequilla son necesarios aun para la vida de las artistas y de los santos. Esto parece innecesario en sí mismo y, al propio tiempo, expuesto a provocar un error en quienes son propensos a considerar insignificante lo meramente material. Sin embargo, si Carlyle y Ruskin hubieran estado dispuestos a hacer el esfuerzo intelectual necesario para asimilar el cuerpo central del análisis legado por los grandes hombres a quienes criticaron tan injustamente, habrían admitido su profunda significación para interpretar la conducta en general, aun si no hubieran podido mejorar la descripción de sus autores. Pero nunca lo hicieron, según se percibe con tanta claridad de sus criticas. No querían: era mucho más fácil y más agradable desfigurar a quienes lo hicieron. Y no había que ir muy lejos para encontrar ocasión de desfigurar una ciencia que apenas era consciente de sus alcances lejanos.

Pero si no hay ya pretexto alguno para que los detractores de la Economía la acusen de que se preocupa de fines particularmente bajos de la conducta, tampoco la hay para que los economistas adopten una actitud de superioridad por lo que toca a los temas que pueden manejar. Ya hicimos notar la actitud un tanto paradójica del profesor Cannan frente a la economía política de guerra. Y, en términos generales, ¿no tenemos razón para afirmar que desde este punto de vista, el profesor Cannan no es el más indicado para que, imitando a San Pedro, pueda decir: "no, Señor, pues nada vulgar ni sucio ha entrado jamás por mi boca"? En el primer capítulo de Wealth (2) el profesor Cannan, abandonando un tanto su posición, afirma que "el criterio de comprar y vender introduce varias cosas en la Economía que comúnmente no son motivo de su estudio ni es conveniente que lo sean. Desde que nació la historia ha existido un tráfico importante para proporcionar ciertas satisfacciones de carácter sensual que nunca se consideran cómo bienes económicos. Las indulgencias para purgar lo que de otro modo sería pecado contra la religión o la moral se han vendido algunas veces abiertamente y en todo los tiempos apenas con un tenue disfraz: ninguno las ha considerado como bienes económicos". No hay duda de que esto es muy discutible. Los economistas, al igual que otros seres humanos, pueden considerar los servicios de las prostitutas como una cosa no "buena" en el verdadero sentido ético último de la palabra; pero negar que semejantes servicios son escasos en el sentido en que usamos el término, y que, por consiguiente, hay un aspecto económico del amor alquilado, susceptible de ser tratado con las mismas categorías del análisis general que nos permiten explicar las fluctuaciones del precio de la retórica pagada, no parece estar de acuerdo con los hechos. Por lo que toca a la venta de indulgencias, en la historia económica la naturaleza de estas agradables transacciones no es objeto, seguramente, de una seria discusión. ¿Esa venta afectará o no la distribución de los ingresos, la magnitud de los gastos en otras mercancías, la dirección de la producción? No debemos evitar las consecuencias de la conclusión de que toda conducta que se halla bajo la influencia de la escasez tiene su aspecto económico.

§ 3. Un ejemplo muy interesante de las dificultades que pueden surgir si descuidamos las consecuencias que hemos venido procurando esclarecer, lo tenemos en un trabajo de Sir Josiah Stamp sobre la Estética como factor económico.(3) Dicho autor, como la mayoría de los hombres de imaginación, se empeña en conservar intactos la campiña y los viejos monumentos. (El motivo de ese escrito fué la decisión de su empresa ferrocarrilera de no destruir un edificio del siglo XVI, Stratford Fouse, en Birmingham y dejar un espacio libre para acomodar una vía secundaria.) Al mismo tiempo, estima que la Economía se ocupa del estudio del bienestar material.(4) Se ve obligado, por consiguiente, a afirmar que "la indiferencia por la estética, a la larga, reduce la producción económica y que la atención del aspecto estético incrementará el bienestar económico".(5) Es decir, que si nosotros hacemos por que impere el reinado de la belleza, el bienestar material se nos dará por añadidura. Y sir Josiah Stamp ha puesto todo el peso de su sólida autoridad al servicio de la tarea de hacer creer en esa verdad al mundo de los negocios.

Es fácil simpatizar con la intención del razonamiento, aunque difícil aceptar que su lógica sea muy convincente. Puede ser perfectamente cierto, como pretende sir Josiah, que los amplios intereses que fomenta el estudio de los monumentos antiguos y la contemplación de los bellos objetos, sean, al mismo tiempo que estimulante de la inteligencia, sedante para el sistema nervioso, y que, en esa medida, una comunidad que ofrezca semejantes oportunidades a dichos intereses pueda ganar en otras ventajas "más materiales". Pero suponer que esto tendrá que suceder necesariamente es quizá un optimismo que no justifica la experiencia ni una probabilidad a priori. Debemos reconocer que el hecho de rechazar el confort material en favor de valores estéticos o éticos no trae consigo necesariamente una compensación material. Hay casos en que la disyuntiva es tener un pan o una azucena. La elección de uno importa el sacrificio de la otra, y aunque podamos estar satisfechos de la nuestra, no podemos engañarnos de que eso fué realmente una elección, y que tendremos más pan después. No es verdad que todas las cosas operen conjuntamente para el bien material de quienes aman a Dios. La Economía, lejos de sostener que existe una armonía de fines en este sentido, nos hace ver en toda su amplitud ese conflicto de elección, característica permanente de la existencia humana. El economista es un trágico de verdad.

Lo que ha sucedido es, por supuesto, que la definición "materialista" a la que se adhiere ha impedido que Sir Josiah Stamp reconozca con claridad que la Economía y la estética no están in pari materia.(6) A la estética concierne cierta clase de fines. Lo bello es uno que se ofrece para elección, en competencia, por así decirlo, con otras cosas. A la Economía no le interesa en modo alguno ningún fin como tal. Se ocupa de los fines en la medida en que afectan la disposición de medios, los toma como proyectados en una escala de valoraciones relativas e investiga qué consecuencias se producen respecto de ciertos aspectos de la conducta.

Sin embargo, puede argüirse: ¿no es posible considerar el procurarse dinero como algo que compite con otros fines, y, si ello es así, no podemos hablar legítimamente de un fin "económico" de la conducta? Esto hace surgir problemas de gran importancia. El supuesto de que el lucro es el único motivo que nos impulsa a actuar lo examinaremos con amplitud en un capítulo posterior con objeto de determinar la parte que desempeña en el análisis económico. Mas, por el momento, puede replicarse que la objeción se apoya en una interpretación equivocada del significado del dinero. Ganar dinero, en el sentido normal de esta expresión, es una mera etapa intermedia entre una venta y una compra. Procurarse una cantidad de dinero mediante la venta de los servicios de uno o del alquiler de lo que nos pertenece no es un fin per se. El dinero es, evidentemente, un medio para una compra final. No se le busca por si mismo, sino por las cosas en que puede gastarse, ya sean elementos constitutivos del ingreso real de ahora o del ingreso real del futuro. En este sentido ganar dinero significa obtener los medios para lograr todos esos fines que pueden lograrse mediante mercancías susceptibles de compra. Es obvio que el dinero en sí mismo es tan sólo un medio: un medio de cambio, un instrumento de cálculo. La existencia de una mayor o menor cantidad de dinero es indiferente para la sociedad desde el punto de vista estático; para el individuo sólo tiene importancia en la medida en que sirva sus objetivos últimos. Sólo el avaro, esa monstruosidad psicológica, desea la acumulación infinita de dinero. En efecto, fuera de este caso excepcional, lejos de considerar la demanda de dinero para acumulación como indefinidamente grande, tenemos la costumbre de suponer que se le desea sólo para traspasarlo. En lugar de suponer que la curva de la demanda de dinero para ese fin es una línea recta paralela al eje y, los economistas acostumbran suponer, como primera proximación, que adopta la forma de una hipérbola rectangular.(7)

§ 4. La Economía, por consiguiente, no puede concebirse como la Ética o la Estética, es decir, como disciplinas que estudian los fines en sí mismos. También es importante que el objeto de su estudio se distinga tajantemente del de las técnicas de producción, es decir, del modo de usar determinados medios. Esto da lugar a problemas de una complejidad considerable que conviene examinar con alguna amplitud.

La relación entre la Economía y las técnicas de producción ha presentado siempre grandes dificultades para los economistas que pensaban que las causas del bienestar material son el objeto de su estudio. Es claro que el bienestar material importa a esas técnicas. No obstante, la distinción entre técnica y ciencia no parece agotar la diferencia, porque mucho del conocimiento científico que está íntimamente ligado a ellas es extraño a la Ciencia Económica. ¿Cuál será, pues, la línea divisoria? Sir William Beveridge ha aclarado bastante esta dificultad en su conferencia sobre la Economía como educación liberal. "La definición de Economía como ciencia del aspecto material del bienestar humano es demasiado amplia. Una casa contribuye al bienestar humano y es material; pero si al construirla se suscita la cuestión de si la techumbre debe hacerse de papel o de otro material, el problema no tiene que ver con la Economía y sí con la técnica de construcción."(8) No se sortea la dificultad al intercalar la palabra "generales" en "causas del bienestar material". La Economía no es la suma de las tecnologías. Tampoco intenta elegir de cada una elementos comunes a varias. El estudio del movimiento, por ejemplo, puede ofrecer generalizaciones aplicables a más de una ocupación; pero nada tiene que ver con la Economía. Y tampoco es capaz de reemplazarla, a pesar de las esperanzas de ciertos psicólogos industriales. La conexión entre la Economía y las artes técnicas de la producción será irremisiblemente obscura mientras nos movamos dentro del ámbito de una definición del objeto de la Economía en función de las causas del bienestar material.

Pero queda perfectamente definida desde el punto de vista de la definición que hemos adoptado. Las técnicas de producción deben agruparse simplemente entre los factores dados que influyen en la escasez relativa de diferentes bienes económicos.(9) La técnica misma de la manufactura del algodón no es parte del objeto de la Economía; pero la existencia de una determinada técnica de diversas posibilidades, junto con otros factores que influyen en la oferta, condiciona la posible respuesta a toda valoración de los artículos de algodón y, en consecuencia, influye en las adaptaciones que constituyen el objeto de estudio de la Economía.

Hasta aquí las cosas son supremamente simples; pero ahora es necesario evitar algunas malas interpretaciones posibles. A primera vista pudiera parecer que el concepto que adoptamos corre el peligro de vaciar la tina con todo y niño. Considerando la técnica como mera información ¿no corremos el riesgo de excluir del objeto de la Economía los asuntos en que el análisis económico se siente más a sus anchas? ¿Acaso la producción no es un problema de técnica? ¿Y no es la teoría de la producción una de las grandes preocupaciones del análisis económico?

La objeción parece fundada, aunque, en realidad, arranca de un grave error que importa disipar para siempre. La actitud que adoptamos frente a las técnicas de producción no elimina la conveniencia de una teoría económica de la producción,(10) pues las influencias que determinan la estructura de ésta no son por su naturaleza puramente técnicas. La técnica, sin duda, es muy importante; pero no es todo. Uno de los méritos del análisis moderno consiste en que nos permite poner a la técnica en el lugar que le corresponde, hecho que merece una mayor explicación. No es exagerado decir que hoy día uno de los principales peligros de la civilización nace de la incapacidad de las personas adiestradas en las ciencias naturales para percibir la diferencia entre lo económico y lo técnico.

Consideremos la conducta de un hombre aislado que dispone de una sola mercancía escasa;(11) por ejemplo, la conducta de Robinson Crusoe frente a una cantidad de madera estrictamente limitada. Robinson no tiene suficiente madera para todos los propósitos que desea satisfacer. En ese momento su acervo de madera es irremplazable. ¿Cuáles son las influencias que determinarán el uso que haga de ella?

Ahora bien, si l
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J.M. Rodríguez Pardo



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MensajePublicado: Sab Ene 16, 2010 10:21 am    Título del mensaje: Alucinante. Qué cinismo. Responder citando

José Mª Rodríguez Vega escribió:
He pasado página en espera de que mi "enemigo" piense de todo esto algo por sí mismo...para que no nos apabulle con estos pegotes de kilómetro y medio.
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José Mª Rodríguez Vega



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MensajePublicado: Sab Ene 16, 2010 9:22 pm    Título del mensaje: Responder citando

Te devuelvo tu moneda.
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José Mª Rodríguez Vega



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MensajePublicado: Lun Ene 18, 2010 10:39 am    Título del mensaje: Rolando Astarita el genio. Responder citando

Nos ha dicho Rodríguez Pardo arriba de toda esta absurda morralla, que...<Rolando Astarita... deja en evidencia la economía neoclásica y su mejor de los mundos posibles, su gran jardín del Edén.>

En primer lugar el Gran Jardín del Edén no es el jardín de la "economía neoclásica" (el enfoque del análisis marginalista), sino que es el jardín del utopismo repugnante socialista -o intervencionista- ideado por menda y representado en estos ámbitos por los sapos y batracios septimianos que creen en eso después de la Gran Hecatombe socialista. Esto ya es de sobras conocido. Ese es el Gran Jardín del Edén y no otro. Por tanto tomad otra marchita flor:

Ahora me dedicaré a este Rolando Astarita en uno sólo de sus argumentos, ya que ni tengo ganas de cuidarme de todo lo que trata en todos sus artículos en El revolucionario.org, ni yo soy un "economista" de reputada fama que se desviva por su ciencia o por un mítico rigor. Yo soy si acaso como mi amigo Kierkegaard: un burlador, y eso es lo que trato de hacer con estos ingenuos septimianos o "intervencionistas".

Astarita centra su crítica en León Walras y en la "Formalización matemática" de la "economía neoclásica" como reza el título de su artículo ( http://www.elrevolucionario.org/rev.php?articulo615 )

Así sus apartados se refieren principalmente a eso, a la "matematización" de la economía neoclásica y marginalista:

I. Formalización matemática y economía neoclásica.
La generalidad del uso de las matemáticas.
El fetichismo de las matemáticas.
4. Matemáticas hermosas para contar mentiras
5. Limitaciones de la física matemática
La matemática podía calcular el movimiento de un satélite de Júpiter, pero no el de un copo de nieve en una ventisca.
Etc.

Astarita está poseído por la oposición a la fiebre del matematismo y cree que eso es un arma dialéctica contra el liberalismo. Hace incluso paralelismo ilegítimos al trasladar el positivismo de las ciencias duras (cerradas) al ámbito de las ciencias blandas o (abiertas) y así nos suelta aquello de...<"Pero si esto sucede con la naturaleza, ¿por qué el economista piensa que puede traducir la economía bajo una forma matemática determinística?">

Toda esta acusación de supuesto "matematismo" de la teoría neoclásica -o marginalista- la podemos resumir en la nota 2 de su artículo contra Leon Walras:<<Walras, por ejemplo, planteaba que la economía política pura, que debía preceder a la economía política aplicada, “es una ciencia semejante a las ciencias físico-matemáticas en todos los aspectos”. De lo cual se deduce que su método es el matemático. “Si la economía política pura, o la teoría del valor de cambio y del intercambio… es como la mecánica, como la hidráulica, una ciencia físico-matemática, no debe temer el empleo de los métodos y el lenguaje matemáticos” [Walras (1987) p. 152].>>

O sea que, según Astarita, Leon Walras considera la "economía política pura... una ciencia semejante a las ciencias físico-matemáticas en todos los aspectos", esto es, una ciencia "alfa operatoria"...¿Tan tonto era Walras que a su disciplina alfa operatoria la definía como "política", como "economía política"? Creo que es este Astarita el que no sabe que nada "político" puede ser enteramente cuantificable, ya que todo ámbito político o cualquier disciplina política tiene que darse en tanto disciplinas beta operatorias.

El artículo completo lo pueden leer ustedes en su lugar: http://www.elrevolucionario.org/rev.php?articulo615 , por lo que me ahorraré de citarlo continuamente y únicamente tendré en cuenta su obsesión por este cierto defecto del matematismo de la teoría neoclásica o marginalista.
Astarita toma esto como una refutación amplia del marginalismo económico, ya que al principio nos desvela que:<Debido a que tanto la exigencia de formalizar matemáticamente, como de derivar de primeros principios, se relacionan con la idea de que el paradigma de la economía está proporcionado por la física, y las matemáticas, haremos varias referencias a estas ciencias.>
Astarita pues, deriva de Walras el nefasto matematismo y aplica esta fiebre por las matemáticas a toda la escuela "neoclásica". Veremos brevemente si esto es verdad, aparte de lo que ya he dicho en el mensaje de más arriba (Sin matemáticas: Vie Ene 15, 2010 8:38 am.) Veremos qué piensan algunos otros marginalistas.

Una de las características principales del marginalismo es sin duda su "subjetivismo individualista" (que no estriba desde luego en considerar al sujeto actuante de Mises un "átomo"; esto es una simplificación grotesca) y por tanto, al partir del matematismo del matemático de Walras, la cosa está ya sesgada en sus comienzos y lo que se ha buscado es un enemigo teórico ya de sobras abatido por sus propios colegas de escuela.
Pues esto del "matematismo" no ha sido superado por el genio de Astarita, sino que ya esa fiebre por las matemáticas se encuentra ausente en Carl Menger, el fundador de la escuela y en casi todos los economistas del "subjetivismo económico" o teoría marginalista posteriores a Jevons y a Walras, aunque ambos no dejaron nunca de poner el principal acento en las preferencias de los consumidores en términos psicológicos, subjetivos, que es lo contrario del "positivismo" del matematismo en el que se ahínca Astarita.

Mises, en su Teoría del dinero y del crédito ya acabó con estos "errores" de Walras y de otros que empañan la limpieza de la doctrina austriaca de la utilidad marginal, esos vestigios de razonamientos de carácter precisamente no "individualista" que aún pervivían en el seno de la escuela. Astarita, pues, está criticando algo ya superado por completo y criticado por otros "marginalistas".
Los austriacos, habían olvidado la norma suprema de su metodología, habían dado cierta acogida a las versiones de Jevons y Walras, intentando ponderar cuantitativamente la utilidad marginal mediante fórmulas matemáticas. Todos los manuales de economía, aún hoy, explican la teoría marginal partiendo de "unidades de utilidad", es decir, de imaginarias cantidades que podrían ser objeto de sumas, restas, multiplicaciones y operaciones aritméticas en general. Está claro que no se puede oír que "cierto sujeto valora en cuatro unidades útiles la libra de mantequilla"". Mises, apoyándose en Franz Cuhel, hizo notar que la utilidad marginal no es cuantitativamente mensurable; en este terreno caben sólo los números ordinales, o sea, órdenes de preferencia del sujeto actuante u operatorio (primero, segundo, tercero). El sujeto puede preferir A a B y B a C, pero nunca recurrir a míticas unidades cuantitativas de utilidad (el doble, el triple o la raíz cuadrada).
Dado que ni el propio sujeto sabe medir su propia y subjetiva utilidad, menos sentido tiene aún el pretender comparar entre sí las respectivas utilidades de personas subjetivas distintas. Y, sin embargo, una y otra vez en lo que va de siglo, estadísticos y políticos, impulsados por afanes septimianos -socialistas- e igualitarios, han pretendido hacerlo. Son ellos los que al tratar de "objetivizar" las valorizaciones subjetivistas caen de lleno en la medición por los costos, es decir, que son ellos los que caen en el "materialismo" del matematismo y cuantitivismo aséptico y exento, desubjetivizado, haciendo de las beta operaciones económicas operaciones alfa operatorias en las cuales el sujeto ha sido segregado por completo.
El argumento de todos estos igualitaristas roza así: si la utilidad marginal del dólar va descendiendo a medida que el individuo incrementa su riqueza dineraria, ¿por qué no ha de poder el gobernante aumentar la "utilidad social" quitándole un dólar al rico y entregándoselo al pobre que superiormente lo ha de valorar, por disponer de menos dólares? La misma demostración de que la utilidad personal no puede ser medida destruye la supuesta justificación marginalista de toda política igualitaria. Pese a todo, los economistas, aún reconociendo la imposibilidad de comparar entre sí la utilidad de personas distitas, no cejan en su afán por contrastar "beneficios" y "costos" sociales como si de sumas aritméticas se tratara.

¿Pero cómo puede ser científica una disciplina donde no cabe la ponderación ni la medición matemáticas? Mises respondió indicando que la ciencia económica, la teoría del actuar humano, cae fuera del mundo de la física, y fuera del mundo de la experimentación (operaciones alfa operatorias). La economía, según claramente vieron los clásicos y los austriacos, parte de muy pocos axiomas generales referentes a la esencia y naturaleza de la acción humana, axiomas que el estudioso descubre por introspección (operaciones ineludiblemente beta operatorias). Las verdades y conclusiones que entretejen la ciencia no son sino derivaciones lógicas deducidas de tales axiomáticos principios: que el hombre actúa y opera; que prefiere unas cosas a otras; que recurre a la acción para alcanzar siempre mudables, pero en cada momento, concretos y específicos objetivos; que el factor tiempo influye en el actuar...(como ya nos enseñó nuestro escolástico Tomás de Mercado).

Por tanto la Human Action, los marginalistas, todos los marginalistas -a parte de Jevons y Walras-, la comprenden sin la necesidad de las matemáticas ni del matematismo alfa operatorio. Con todo, ni a Jevons ni a Walras les faltaron nunca aspectos esenciales subjetivistas, beta operatorios.


.................

Otro ejemplo al azar de la lectura de este Astarita, semejante a un Heinz Dieterich.
Dice este Astarita:<<Por ejemplo, no existe trabajador asalariado real, en el mundo capitalista real, que optimice entre la utilidad del ocio y la desutilidad del trabajo, como sostiene la teoría neoclásica, a fin de construir la curva de oferta de trabajo.>> ( http://www.elrevolucionario.org/rev.php?articulo615 )

Es evidente que sí existe, pues cualquiera "elige" -si es libre y tiene necesidad de ello- y según la ley de Gossen, de alargar su jornada de trabajo haciendo más horas extras, pluriempleo, etc., con el deseo de ganar más, si puede, y viceversa, que al que le basta y sobra mira de reducir su trabajo -y esta es su desutilidad- hasta la medida que lo crea oportuno para tener más tiempo libre, etc. Dependiendo de los salarios ocurrirá una cosa u otra y así se podrá elegir entre la "utilidad del ocio y la desutilidad del trabajo" o entre la "utilidad del trabajo y desutilidad del ocio", y eso, no hay duda, tiene que incidir por fuerza en la curva de oferta de trabajo, y por tanto en su "construcción" aprosimativa. Adiós.

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FUENTE: Murray N. Rotbard y Ludwig Von Mises: Teoría del Dinero y del Crédito.
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J.M. Rodríguez Pardo



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MensajePublicado: Lun Ene 18, 2010 11:18 am    Título del mensaje: Para que los insensatos aprendan Responder citando

Estimados amigos:

Para que los insensatos aprendan a distinguir entre ciencias alfa y beta operatorias:

- «En torno al concepto de 'Ciencias Humanas'. La distinción entre metodologías α-operatorias y β-operatorias»

- Operaciones autoformantes y heteroformantes

Un cordial saludo,
José Manuel Rodríguez Pardo.
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José Mª Rodríguez Vega



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MensajePublicado: Lun Ene 18, 2010 6:22 pm    Título del mensaje: Cardo tras cardo. Responder citando

<Beta operatorio, Característica de las disciplinas en cuyos campos figuran formalmente sujetos operatorios que por consiguiente no pueden ser segregados del campo de esas disciplinas: Glosario de El fundamentalismo democrático, pag. 398.

<<Situaciones β. Situación de aquellas ciencias en cuyos campos aparezcan (entre sus términos) los sujetos gnoseológicos o análogos suyos rigurosos. Esta situación corresponde a la de las ciencias humanas. La demostración de que la distinción entre «ciencias naturales» y «ciencias humanas», a partir del criterio propuesto, tiene significado gnoseológico, puede llevarse a cabo del modo más inmediato: mostrando que la situación β afecta a un conjunto de ciencias que se relacionan con ella, por razón misma de su cientificidad. [433]
Es la cientificidad misma de las ciencias asociadas a las situaciones β (es decir, las «ciencias humanas») aquello que queda comprometido. Mientras en las ciencias naturales y formales las operaciones son exteriores, no sólo a la verdad objetiva, sino también al campo, en las ciencias humanas las operaciones no son externas a ese campo; por ello, constituye un episodio intracientífico que puede formularse como un acontecimiento propio del sector fenomenológico del campo científico. Pues las operaciones son fenómenos de los campos etológicos y humanos: es preciso partir de ellos y volver a ellos.>>
.

Evidentemente lo principal no es aquí saber si la economía reducida a operaciones matemáticas es alfa operatoria o no. A mi modo de ver sí que es una reducción a lo "alfa operatorio", pues los intercambios humanos, de los agentes económicos, por necesidad han de hacerse y comprenderse sin segregar de su análisis a los "sujetos gnoseológicos" y operantes.

<Metodologías β-operatorias: procedimientos de las ciencias humanas en los cuales esas ciencias consideran como presente en sus campos al sujeto operatorio (con lo que ello implica: relaciones apotéticas, fenómenos, causas finales, &c.), y etc.>

Pero si no gusta lo de "beta operatorio" y "alfa operatorio", lo pueden quitar que todo se entiende perfectamente sin eso.

......................

Lo importante es saber que en la ciencia "humana" de la economía el sujeto operatorio o actuante está constantemente inmerso en sus preferencias temporales, categoría esta de la preferencia temporal que en su "praxeología" está siempre operante, que jamás cesa..."Esta dialéctica -también- nos inclina a forjar una imagen de las ciencias humanas en polémica permanente, en cuanto a los fundamentos mismos de su cientificidad". La Human Action de Ludwig Von Mises aporta -además- metodología crítica de los hoy tan en boga sistemas estadísticos y matemáticos -derivados del ideario de Leon Walras, el neoclásico suizo- sistemas que prácticamente han excluido el lenguaje y la lógica discursiva del análisis económico (esto fue dicho en 1973 y pensado en 1949 y antes, un poquito por delante que el gran Astarita soltase sus grandiosas contribuciones al tema).
Mises justificaba así la postura antimatemática de clásicos y austriacos (muchos de los cuales, sin embargo, fueron destacados matemáticos). Porque las tan sobadas ecuaciones, en el mejor de los casos, lo único que describen es aquél mundo intemporal, estático y fantástico (o sea phantasmal) de la economía en equilibrio general, en uniforme giro -como con el socialismo realizado, sin "crisis"-. De ahí que las matemáticas, en el terreno económico, no sólo resulten inútiles, sino además engañosas, tan pronto como se aparta uno de aquél imaginario Nirvana de la regular economía, pretendiendo, en cambio, analizar la realidad que nos circunda, pretendiendo matemáticamente analizar ese mundo donde el factor tiempo opera, donde hay anhelos, donde se hacen planes, donde éxitos se cosechan y fracasos se padecen.

Quisieran los positivistas a ultranza (y los Astaritas quisieran que así fuese para regodeo suyo) convencer a la intelectualidad de que cabe abordar la ciencia económica por la vía del cálculo diferencial, Parten, en su phantasmal lucubración, de un homo sapiens que carecería de -aunque esto no lo dicen- de capacidad volitiva (Del lat. volo, quiero), de personales preferencias y subjetivas ambiciones; parten de un ser que, ante mudadas circunstacias, reaccionaría igual que lo hace un mineral. Partiendo de tan arbitrarias como silenciadas bases, quiere el teórico prever la futura humana actuación con la fría indiferencia del técnico trazando, sobre la cuadrícula, la inevitable trayectoria del proyectil.
No es el anterior el único vicio positivista; otros dos igualmente perniciosos cabe denunciar: notemos, en primer lugar, que el cálculo diferencial, por definición, maneja siempre cantidades infinitesimales, pero la mente humana sin embargo, es incapaz de apreciar cosas de condición infinita, sean grandes o pequeñas, interesando a los mortales únicamente concretos montos y específicos volúmenes. Las matemáticas funciones, por otro lado, jamás reflejan fines y medios, para ellas, causa y efecto es lo mismo, conceptos intercambiables; si x es función de y, y tiene que ser función de x. En el terreno de la física newtoniana, dada la ausencia de agentes volitivos, este procedimiento vale (alfa operatorias). No sucede lo mismo cuando lo que pretendemos es analizar humanas actuaciones dictadas por consciente deseo de trastocar en beneficio propio, situaciones dadas. El precio de los bienes de consumo determina el precio de los factores de producción; al revés, nunca.

Por partir de estadísticas, de datos históricos, de hechos ya acontecidos, inabordables por la vía matemática, ley económica alguna podrá nunca la economía averiguar. Las ciencias físicas, amparándose no en la deducción sino en la inducción, descubren leyes cuantitativas, constantes e invariables, porque todo, en el terreno no humano, es regular e inmutable; los átomos "ni gozan ni padecen". En cambio, cuando de humanas actuaciones se trata -porque los hombres "sí gozan y sí padecen"- el método experimental de la física resulta inaplicable; de nada sirven aquí ni las estadísticas ni la inducción. La individual disparidad valorativa cierra el camino a toda regularidad y a toda constancia.
La falacia econométrica dio pábulo a la actual manía (1973) por predecir "científicamente" (alfa operatoriamente) el futuro económico.

La secuela del matematismo no es el actual marginalismo o liberalismo económico, sino los jirones que aún quedan de "intervencionismo" y de "planificación socialista", que fueron y son paradójicamente, los precursores teóricos del afán del matematismo y de las asépticas operaciones Alfa para el logro del futuro perfecto, del Gran Jardín del Edén.

Tenemos así que Rolando Astarita, ese gran archirevolucionario -supongo- nada nuevo nos ha dicho, pues todo eso ya lo sabían muchos en 1922 y 1949. <Este ideal -de matematizar el funcionamiento de la economía (y la sociedad) siguiendo el ejemplo de la física newtoniana- perdura hasta el día de hoy, como puede verse en los trabajos de Krugman, entre otros.>
Sin embargo, y como dice Mises, la utilidad de las matemáticas en estas materias es mínima. Por tanto ya estaba desnudo el "fetichismo que han hecho muchos de las matemáticas". Astarita no ha "desnudado" nada.
Lo que ocurre siempre es que estos insignes profesores, propaladores de la Ideología Dominante (y la ideología dominante es el socialismo extravagante y genérico e intervencionista, y de los otros mejor no hablar), se ganan mejor la vida soltando ramplonerías comunes y teorías halagüeñas para los oídos de los pánfilos y universalistas majorennes que no acudiendo a las teorías ciertas que no dan ni un duro. Todo esto para el "Diccionario de adioses" de Albiac.

De la cita de Rodríguez Pardo podemos quedarnos con eso de que la "Termodinamica económica" y la "economía clásica" son respectivamente Alfa operatorias: a1 y a2; y que la "Praxeología (de Jevons-?-)" y la "Política económica" son Beta operatorias: ß1 ß2. Y yo, que menos, estoy de acuerdo, pero para simplificar mejor nos quedamos con lo dicho sobre esta cuestión aquí arriba de este mensaje.
Mi enemigo puede ahora meter otra cosa tapaagujeros de las suyas aunque sea de Gustavo Bueno, como eso de las "Operaciones autoformantes y heteroformantes" que aquí y al nivel nuestro no nos sirven para nada, y mucho menos para saber qué es la economía neoclásica o marginalista. Adiós y gracias por el PDF de "Entorno a las Ciencias humanas", ya que no lo tenía.
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FUENTE: Murray N. Rotbard y Ludwig Von Mises: La Acción humana y Teoría del Dinero y del Crédito.

Un cordial saludo.
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J.M. Rodríguez Pardo



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MensajePublicado: Mar Ene 19, 2010 9:33 am    Título del mensaje: Dicho y hecho Responder citando

Para que los insensatos subjetivistas aprendan:

Operaciones autoformantes y heteroformantes..

Un cordial saludo,
José Manuel Rodríguez Pardo.
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J.M. Rodríguez Pardo



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MensajePublicado: Mar Ene 19, 2010 9:35 am    Título del mensaje: Más sobre Von Mises. Responder citando

Para que los insensatos subjetivistas aprendan:

Cita:
Mises fue uno de los principales autores del movimiento libertariano. Su obra La acción humana (1949) ejerció gran influencia en intelectuales de raigambre austríaca, como Federico von Hayek. Mises afirmó que la ciencia económica no podría ser refutada o verificada a través de los datos observables. La Economía sería una ciencia en la que predominaban los juicios a priori, al igual que las Matemáticas, la Lógica o la Geometría, sometiendo la Economía a una ciencia social mayor, la Praxeología. Semejantes resultados equiparan a Mises entre los defensores del idealismo y el espiritualismo.


Luis Von Mises.

Un cordial saludo,
José Manuel Rodríguez Pardo.
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