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Autor Mensaje
J.M. Rodríguez Pardo



Registrado: 10 Oct 2003
Mensajes: 1423
Ubicación: Gijón (España)

MensajePublicado: Lun Jul 19, 2010 11:57 am    Título del mensaje: Más sobre homosexualidad Responder citando

Estimados amigos:

Pío Moa prosigue hoy en su blog hablando sobre la homosexualidad, en una línea muy cercana a lo que yo defiendo.

Un cordial saludo,
José Manuel Rodríguez Pardo.

Cita:
¿Equivalencia entre homosexualidad y heterosexualidad?
19 de Julio de 2010 - 08:42:37 - Pío Moa



La palabra "normal" puede considerarse en varios sentidos, bien como lo más habitual socialmente o como lo que corresponde a una determinada función o actividad. Una conducta puede ser normal en el sentido de muy extendida o bien en el sentido de corresponder racionalmente a un fin determinado. Así, en el segundo sentido, nos parece anormal arar con un turismo o comer sopa con tenedor.



La heterosexualidad es la forma de sexualidad más normal en el sentido de la más extendida. Ello, en principio, no tiene connotación normativa: puede haber, a menudo hay, conductas minoritarias preferibles en muchos sentidos a las medias o más habituales. Consideremos ahora la tesis de que la homosexualidad es perfectamente equiparable a la sexualidad que solemos considerar normal (algo muy distinto de decir que los homosexuales tienen derechos como ciudadanos). Se trataría, así, de una mera preferencia personal sin mayor efecto, como la de quienes en fútbol prefieren al Real Madrid o al Barça: todas las formas sexuales serían equivalentes, y a cada cual sus gustos. Antes no era así. Se consideraba una forma de sexualidad como correcta en principio, y las demás como desviaciones. Hoy, en cambio, se afirma que todas las formas, en particular la homosexual, deben considerarse de igual valor. No solo se afirma, es decir, lo afirman muchos, sino que se ejerce una presión tremenda desde los medios y el poder para imponer ese punto de vista.



Ahora bien, ¿son realmente equivalentes? Aquí no se trata, como en el fútbol, de que la única diferencia resida en que unos lo jueguen mejor y otros peor. La heterosexualidad se da entre individuos de distinto sexo --¡la naturaleza, llamémosla así, ha creado hombres y mujeres, no sabemos por qué, y hasta las relaciones homosexuales suelen reproducir, en parodia, los papeles masculino y femenino! La sexualidad sigue siendo un gran misterio--. Y no se limita al placer del acto, pues tiende a formar la base no solo de la reproducción humana, sino también de la familia, con sus connotaciones de fidelidad, afectividad más o menos profunda y larga duración en principio, incluso duración por vida, si las cosas marchan bien. Teniendo esto en cuenta, la heterosexualidad es la sexualidad normal, no solo en el sentido de que sea la más corriente, sino la más adecuada a la división en dos sexos y a la reproducción.



Si descartamos los datos de división en sexos, familia y reproducción como elementos constitutivos de la sexualidad, y reducimos esta al placer, parece posible una igualación valorativa entre hetero y homosexualidad, pero tampoco ocurre así. La separación radical entre la sexualidad y la familia es una característica esencial y distintiva de la forma homosexual, no de la otra, y al hacer de ella el criterio valorativo, la sexualidad que tendemos a considerar normal se convertiría, precisamente, en anormal y poco adecuada; la sexualidad quedaría reducida a una diversión placentera, sin más alcance ni proyección, con lo que la reproducción y la familia serían simples consecuencias ocasionales e irrelevantes, incluso indeseables, como cargas que limitan o eliminan la libertad del individuo. En dos palabras, si la relación intersexual, la reproducción y la familia entran como componentes fundamentales de la sexualidad, entonces la normal es la heterosexual. Si se descartan tales componentes, entonces la homosexualidad se convierte en lo normal, no en el sentido de más extendida, sino de más adecuada.



Y tal es, precisamente, la idea que intenta imponerse hoy. Cualquier forma individual de "desahogarse" (la prostitución, la pederastia, el bestialismo, el sadismo, el masoquismo, el autoerotismo, etc.) sería tan buena --en realidad mejor-- como la que venía considerándose normal. Serían todas “opciones libres” (menos libre la heterosexual, por su “carga” familiar), sobre cuyo valor solo podría decidir el individuo en función de la satisfacción que encontrase en ellas o simplemente “porque sí” o porque “le sale de los genes”.


Esto parece el colmo de la libertad personal y, por supuesto, no puede negarse a nadie su derecho a ejercer la forma de sexualidad que mejor le plazca, siempre que no perjudique a otros; aparte de que ninguna represión ha podido nunca acabar con la homosexualidad, la prostitución, etc. Pero la libertad deja de serlo si no se acompaña de la responsabilidad personal, y en la sexualidad --exceptuando la masturbación, que diría algún pastor de Porriño--, la posibilidad de dañar a otros es muy grande. Incluso en uniones muy pasajeras existe casi siempre un componente afectivo que suele causar problemas emocionales cuando uno de los implicados piensa exclusivamente en su satisfacción individual o cambia de pareja. Existen parejas homosexuales que se parecen a las normales (cuando estas funcionan bien) en cuanto a afecto, fidelidad y entrega mutua. Pero no solo son poco frecuentes, sino que, en definitiva, son así a pesar, más bien que a causa, de la homosexualidad. Entre otras cosas, el grupo homosexual, por su propio carácter y tendencias, tiende mucho más que la mayoría hetero a la promiscuidad, con las enfermedades e inestabilidad emocional derivadas de ella. También se da en esa minoría una mayor proporción de pederastas y, según he oído, aunque no tengo constancia de ello, de suicidas. De ahí que muchos homosexuales intenten cambiar, con o sin éxito.



Juzgar los casos individuales es imposible, porque hay tantos como personas pero, como “ningún hombre es una isla”, los actos individuales tienen una repercusión social más o menos amplia. Si pasamos del caso individual al social, una consecuencia inevitable de esa ideología, inculcada hoy a presión, es la devaluación de la familia, el aumento de la promiscuidad también heterosexual, de una concepción puramente egoísta del sexo, con sus efectos sobre la reproducción, aumento del aborto, la droga, juventud “botellonera”, etc. Que forman, ya lo he dicho otras veces, fenómenos concomitantes relacionados con las ideologías progres hoy en ascenso: ecologismo (no se olvide su concepción del ser humano como destructor del planeta y de la necesidad de reducir drásticamente la población), feminismo (ideología homosexualista), homosexualismo propiamente dicho, socialismo y otras.



Teniendo esto en cuenta, si bien es imposible analizar la cuestión a partir de casos individuales, podemos en cambio observar con bastante claridad la repercusión social de una ideología. Ocurre como con la violencia doméstica: no podemos calcular su grado de "normalidad" en el sentido de habitualidad, porque no sabemos qué ocurre en la privacidad de las familias, pero a través de sus manifestaciones más extremas e indisimulables, como muertes y lesiones que llevan al hospital, nos hacemos una idea de su amplitud y tendencia. El homosexualismo va mucho más allá del respeto a las personas, homosexuales o no, y está cargado de odio, aunque cree que su odio está justificado y el de los demás debe castigarse. Y tiene consecuencias sociales fácilmente observables. Muy negativas, en mi opinión.
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J.M. Rodríguez Pardo



Registrado: 10 Oct 2003
Mensajes: 1423
Ubicación: Gijón (España)

MensajePublicado: Mar Jul 20, 2010 8:24 am    Título del mensaje: Un mensaje interesante Responder citando

Estimados amigos:

Un mensaje interesante sobre la cuestión homosexual en estos foros:

El orgullo de los gayricones.

Un cordial saludo,
José Manuel Rodríguez Pardo.
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J.M. Rodríguez Pardo



Registrado: 10 Oct 2003
Mensajes: 1423
Ubicación: Gijón (España)

MensajePublicado: Mie Jul 21, 2010 8:32 am    Título del mensaje: Desglose de datos Responder citando

Estimados amigos:

Voy a proceder a exponer algunos datos aportados por el autor intelectual del anterior mensaje acerca de la homosexualidad.

Cita:
En la encuesta, realizada en 2003 por el Instituto Nacional de Estadística (INE) y la Secretaría del Plan Nacional sobre el Sida, fueron entrevistadas 10.838 personas de 18 a 49 años, pero sólo se preguntó sobre hábitos de promiscuidad sexual a los varones, ya que la transmisión del sida apenas se da en las relaciones entre lesbianas.

De entre los varones que habían tenido relaciones sexuales en los 12 meses anteriores a la encuesta, el 96,12% declaró que sólo fueron de tipo heterosexual; el 2,78%, tanto heterosexual como homosexual, y el 1,10%, sólo de tipo homosexual. De estos dos últimos colectivos (varones bisexuales y homosexuales), el 38% declaraba que con sólo un hombre; el 13,8%, con dos hombres, y el 48,2%, con tres hombres o más.

Entre los heterosexuales, sólo un 17,2% de los que mantenían relaciones sexuales declaraban haberlas tenido en el último año con alguien distinto a su pareja habitual.



Añado otros de mi cosecha.

Cita:
VIH y enfermedades sexuales
“A pesar de toda la educación sobre SIDA, los epidemiólogos predicen que en un futuro cercano el 50% de los hombres que tienen relaciones sexuales con otros hombres serán seropositivos ”.

“Los epidemiólogos estiman que un 30% de todos los homosexuales varones de veinte años serán seropositivos o habrán muerto de SIDA para cuando tengan 30 años. Esto significa que la incidencia del SIDA entre los homosexuales varones de 20 a 30 años es unas 430 veces mayor que entre el conjunto de la población heterosexual.”

“Incluso antes de la epidemia del SIDA, un estudio con hombres que tenían relaciones sexuales con otros hombres encontró que el 63% había contraído una enfermedad de transmisión sexual a través de su actividad homosexual”.

La naturaleza del sexo anal y su mayor frecuencia en homosexuales son una explicación fisiológica de porqué el VIH y otras infecciones se transmiten con tanta eficacia en estas relaciones.

La fisiología humana deja claro que el cuerpo humano no fue diseñado para acomodar esta actividad.

El recto es significativamente distinto a la vagina en lo que respecta a la adecuación para la penetración del pene. La vagina tiene lubricantes y el apoyo de una red de músculos. Está compuesta por una membrana mocosa con un epitelio estratificado en varias capas que permite aguantar la fricción sin daño y resistir las acciones inmunológicas causadas por el semen y el esperma.

En cambio, el ano es un delicado mecanismo de músculos pequeños que forman un pasaje de “sólo salida”. Repitiendo trauma, fricción y estiramiento, el esfínter pierde su tensión y habilidad para mantener un cierre firme. Consecuentemente, la penetración anal conduce al escape de material fecal que fácilmente puede llegar a ser crónico. El potencial de daño se ve aumentado por el hecho de que el intestino tiene sólo una única capa de células separándolo de tejido altamente vascular, es decir, sangre. Por lo tanto, cualquier organismo que se introduzca por el recto tiene mucha mayor facilidad para establecer un punto de inicio para la infección de lo que tendría en una vagina.

Más aún, la eyaculación tiene componentes que son inmunosupresores. En el curso de la fisiología reproductiva normal, esto permite al esperma evitar las inmunodefensas de la mujer. El resultado final es que la fragilidad del ano y el recto, junto con el efecto inmunosupresor de la eyaculación, hacen de la relación ano-genital una manera muy eficaz de transmitir el VIH y otras infecciones. La lista de enfermedades encontradas con extraordinaria frecuencia entre varones que practican la homosexualidad, como resultado de las relaciones anales, es alarmante: cáncer anal, Chlamydya trachomatis, cryptosporidium, giardia lamblia, herpes simples virus, el VIH, el virus del papiloma humano, isospora belli, microsporidia, gonorrea, hepatitis viral tipo B y C, sífilis.

«¿A quién daña la homosexualidad», Forum Libertas, 23-09-2004, http://www.forumlibertas.com/frontend/forumlibertas/noticia.php?id_noticia=792



La «libre elección» de la homosexualidad conlleva la atomización individual y un menor número de años de vida por enfermedades y traumas de todo tipo. Ese es el modelo de sociedad homosexual que nos proponen como idílica desde una postura «liberal».

Un cordial saludo,
José Manuel Rodríguez Pardo.
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