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el sexto sentido

 
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Íñigo Ongay de Felipe



Registrado: 09 Oct 2003
Mensajes: 371
Ubicación: Bilbao

MensajePublicado: Dom Feb 22, 2004 7:21 pm    Título del mensaje: el sexto sentido Responder citando

Estimados Contertulios;


Esta noche, TVE ofrece la película El Sexto Sentido. Me parece que puede ser una buena ocasión para comentar este filme interesante, ante todo, por constituir un caso modélico de lo que es una película tramposa y de los procedimientos que no deberían emplearse para construir el "suspense" cinematográfico.


¿ Qué opinan los contertulios sobre este asunto?
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Javier Delgado Palomar



Registrado: 09 Oct 2003
Mensajes: 116
Ubicación: Madrid

MensajePublicado: Vie Feb 27, 2004 7:56 pm    Título del mensaje: El sexto sentido y algunas de sus trampas Responder citando

Estimado Íñigo y demás amigos:

Aunque la película está ya un poco pasada, estuve el domingo viendo "El sexto sentido" y la verdad , me pareció que es, como ha dicho Íñigo, un modelo de "película tramposa". No sólo por el inesperado final, que el director se saca de la manga cual as marcado, sino porque como toda la película está montada alrededor de ese giro final, necesariamente tiene que cometer unas incoherencias imperdonables. Y no me refiero a incoherencias propias del género: aquí, en arte, en el cine, tenemos que aceptar que los muertos ven y oyen y que se les puede ver, me refiero a incoherencias dentro de las "leyes de la fantasía" que el director nos ha construido. A parte de los "imposibles" encuentros (que pueden parecer muy naturales, tal y como están rodados) entre el psicólogo y el niño en el colegio, en casa del niño y en la iglesia, se me ocurre también que, el niño que "a veces, ve muertos", cada vez que ve uno de estos espíritus, "siente frío" y "siente que se le erizan los pelillos y pinchazos en la nuca", sin embargo esto no le ocurre cuando ve a Willis... ¿Por qué no reconoce el niño a Willis como a un muerto? Pues porque nos están timando para poder "sorprendernos al final". Al final, todo se precipita: cuando Willis se da cuenta de que él está también muerto, su esposa ya puede sentir frío y echar vaho por la boca, y todo cuadra perfectamente.

Lo mejor de la película, creo que es la interpretación de la madre del exasperante crío, actriz cuyo nombre no recuerdo. Claro que esto es muy poco que salvar en una película que se derrumba. Está claro que nosotros no vemos muertos como el niño protagonista, pero a veces sí que vemos muermos, y estos sí que son peligrosos.

Saludos
Javier Delgado
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Íñigo Ongay de Felipe



Registrado: 09 Oct 2003
Mensajes: 371
Ubicación: Bilbao

MensajePublicado: Sab Feb 28, 2004 12:54 am    Título del mensaje: Responder citando

Estimados Contertulios;

Javier acierta al señalarnos la "falla" de más bulto que atraviesa la película ( y es que efectivamente no se sabe por qué los indicios del "frío" que le sirven al chaval para identificar a los muertos, "falla" a veces, y precisamente con el psicólogo, es decir cuando resulta conveniente para los tramposos planes narrativos del director), sin embargo este agüjero no es ni mucho menos el único que cabe detectar, veamos otros que Javier ha dejado ya sugeridos al referirse a los encuentros imposibles entre Willis y nuestro "sensitivo" niño: ¿ cómo se le ocurre al psicólogo ( que ex hipotheses no sabe que está muerto) visitar a su paciente sin que nadie le llame ni se acerque a la consulta ( hemos de creer, que visita aleatoriamente a todos los niños de la ciudad), ¿ no se da cuenta Willis de que nadie le habla ni intenta comunicarse con él? y si se da cuenta no parece que la cosa le preocupe demasiado, y con respecto a su esposa ¿ cómo es posible que no sea consciente Willis de que su mujer no se percata de su presencia en ningún momento?, la película nos trata de poner en la situación de una "crisis matrimonial" pero ¿ no es este un mcGuffin demasiado endeble para sostener tamaña inconsistencia?.


En fin, me parece evidente que tales añagazas justifican de por sí, el diagnóstico que adelantábamos en el mensaje de presentación de este tema.
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Marcos Morán Gutiérrez



Registrado: 19 May 2004
Mensajes: 7
Ubicación: Gijón

MensajePublicado: Mie Mar 23, 2005 3:24 pm    Título del mensaje: Responder citando

Estimados foristas:
Siento disentir respecto de las opiniones que Íñigo y Javier mantienen respecto de la película El sexto sentido. Mis objeciones a sus críticas son más que nada genéricas y no específicas, a saber, me refiero a que sus posiciones no valen sólo para esa película, sino que valen para todo el cine en general, lo que vuelve sus críticas absurdas (si todo está lleno de dioses...). Serán críticas poco críticas. Me explico, y a ver que le parece esta interpretación a mis compañeros.
Subrayo que las objeciones de Javier y de Íñigo son, aparte de objeciones que todo el mundo ha reconocido (no por ello dejan de ser críticas y de tener un núcleo de verdad), son características constitutivas del cine, y si no me equivoco, de otros muchos discursos artísticos (uso el concepto de discurso en el sentido de logos, o sea discurso como construcción): acaso los molinos con los que un célebre hidalgo chocaba creyéndolos gigantes no es otro truco realizado con tecnologías literarias; acaso los estupendos dibujos de Mauricio C. Escher mostrando las contradicciones formales a las que puede llegar la pintura bidimensional no son trucos (por ej. Belvedere, Cascada, &c.). Para matizar algo más mi tesis: cuando asistimos a una película muchos de los componentes son trucos analogables a los criticados por Íñigo y Javier. ¿Realmente no son trucos las apariencias constitutivas de los escenarios, de las operaciones de los personajes? ¿realmente no es un truco cuando vemos a un actor conduciendo un coche, si sabemos que la mayoría de las veces es un falso coche? ¿ no hemos visto infinidad de fondos doblecalcadosen las ventanillas traseras de los automóviles fílmicos? ¿no son estos otros trucos más burdos aún, y no se critican? Hemos de ser críticos pero en consonancia a la contxtura de losmateriales criticados. Criticar estas cosas es, creemos, no drase cuenta de la estructura constitutiva de la esencia cinematográfica.
De otro modo, cuando Javier expone que lo único reseñable es la actuación de la madre, si no nos equivocamos, está cayendo en una posición profundamente acrítica, porque atribuye categorías dramatico-teatrales a las categorías dramático-fílmicas. Es decir, ¿realmente hay actuación cuando todo lo que presenciamos es un zurcido de pequeñas actuaciones que nunca podrán presuponerse contínuas por constitutivo formal de la cinematografía?. Cuando vemos una secuencia (salvo el célebre plano-secuencia), realmente estamos ante una suerte de concatenación meroscópica, o sea, un zurcido de imágenes (con o sin sonido) en las que la operación de corte por parte del director, y la operación montaje dislocan toda la posible actuación continua, que es lo que sí sucede en el teatro. En el teatro sí hay actuación, en el cine realmente hay apariencia falaz de actuación teatral, y nuestras valoraciones, en tanto que público, tienden a ejercerlas pero movidas por los galardones que valoran actuaciones, &c. No ver eso es a mi juicio un error, pero lo que desde luego no se puede negar es que valorar las actuaciones de los actores de cine es un error, al menos, tan burdo como aquel otro que suscitó nuestra crítica, y que por cierto recuerda demasiado a los comentarios tan recurrentes de la crítica cinematográfica realizada en tv, en la radio o en los culturales.
En fin, creo que este mensaje ya es demasiado extenso. A ver si os parecen sugerentes mis matizaciones. Habría muchas cosas que exponer.
un fuerte saludo.
Marcos Morán Gutiérrez
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J.M. Rodríguez Pardo



Registrado: 10 Oct 2003
Mensajes: 1423
Ubicación: Gijón (España)

MensajePublicado: Mie Mar 23, 2005 4:31 pm    Título del mensaje: Apariencias y engaños Responder citando

Estimados amigos:

Sin querer profundizar en exceso sobre lo que se discute en este tema, sí que me gustaría aclarar, respecto a lo señalado por Marcos Morán, algunos detalles.

Cuando se habla de la película El sexto sentido, entiendo que el calificativo de «película tramposa» que se le prodiga no es por el hecho de ser película, sino por la vulneración de las normas de la verosimilitud, para usar la terminología de Aristóteles, que toda obra artística intenta cumplir. Es decir, que en vez de representar una acción, lo que se busca es directamente engañar al público, del mismo modo que Zeuxis y su rival en pintura rivalizaban para ver quién pintaba la copia más exacta para engañar a quienes vieran sus cuadros, como señala Platón en uno de sus Diálogos.

Por poner un ejemplo que yo he tratado en estos foros: la película The Game, donde Michael Douglas participa de un extraño juego donde, aparentemente, su vida corre peligro: le tirotean, arrojan su coche al mar con él dentro, etc. Pero justo cuando va a arrojarse desde un edificio para suicidarse, atraviesa una luna y cae sobre una enorme colchoneta, junto a todos los figurantes que han intervenido en «el juego», donde se comentan las actuaciones de unos y otros. La moraleja que uno extrae es que la película hace trampa, pues resulta inverosímil que le suceda todo lo que le sucede a alguien, para que después acabe haciendo exactamente todo lo que los figurantes quieren: que Douglas se suicide para que le esperen justo debajo con la colchoneta.

Aprovecho también este mensaje para saludar la intervención de Marcos Morán, que siempre es bienvenida sobre todo en estos momentos de escasa intervención en los foros.

Un cordial saludo,
José Manuel Rodríguez Pardo.
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Marcos Morán Gutiérrez



Registrado: 19 May 2004
Mensajes: 7
Ubicación: Gijón

MensajePublicado: Mie Mar 23, 2005 10:26 pm    Título del mensaje: Responder citando

Estimado José Manuel y demás contertulios.
Creo que no es totalmente correcto decir que se rompen las normas de la verosimilitud, porque verosímil es la película entera, sino dejas de verla, y a otra cosa. En eso somos todos expertos y los cineastas también. El hecho de que el final intente cerrar los cursos causales pragmáticos de los personajes de modo precario nunca puede permitirnos concluir que se rompen las normas de la verosimilitud, al menos, en el cine. Yo más que de verosimilitud prefiero hablar de verdad en sentido gnoseológico. Desde la teoría de las apariencias del materialismo filosófico estamos capacitados para reconstruir ese concepto ne téminos de rerferenciales alotéticos (frente a autotéticos), por lo que en el cine asistimos a un discurso de apariencias en muchos aspectos, unos genéricos a otros discursos artísitcos, y otros específicos. Así cuando en The Game nos resuelven la madeja deducir que hay trampas en función de la verosimilitud acso sea decir muy poco. Claro que nos quiere engañar, pero con eso no avanzamos nada, a mi modo de ver. Porque ¿acaso no estamos pidiendo entonces que el cuadro sea más real aun que los de Antonio López? y sin embargo, nunca dejarán de ser imágenes subjetivas. Del mismo modo en el cine la estructura apariencial en su encadenamiento de imágenes (montaje) conduce a apariencias falaces que siempre están para engañarnos. Pero eso ya lo sabemos, y para eso vamos a ver Troya o Matrix para ver lo que no se puede ver nada más que en el cine. Las objeciones que se plantean a las películas creo que deben ser de otro orden.
En fin, continuaremos con la discusión.
A ver que conclusiones conseguimos entre todos.
Saludos corazonudos o sea cordiales, de esos que te hacen revivir, o sea re-cordar, es decir, pasar otra vez por el corazón.
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J.M. Rodríguez Pardo



Registrado: 10 Oct 2003
Mensajes: 1423
Ubicación: Gijón (España)

MensajePublicado: Jue Mar 24, 2005 12:09 am    Título del mensaje: Apariencias falaces y verosimilitud Responder citando

Estimados amigos:

Precisamente cuando se habla de las películas tramposas se las pone al lado de los autores que, pretendiendo ser demasiado realistas, intentaban engañar a su público. El cuadro de Antonio López no interesa porque sea más real que su modelo, sino por la forma en que presenta el membrillo en flor o su cuarto de baño, la manera en que expresa algo. Del mismo modo, una película que como moraleja nos plantea las falsedades que se ocultan tras una película, como hace The Game, no puede ser una buena obra, porque precisamente quien va a verla lo hace sabiendo que en el cine hay trucos, no necesita que se lo restrieguen por la cara. El director de la película es un nuevo Zeuxis, que al final de ver la película se vanagloria de habernos engañado, haciéndonos creer que un juego de niños se había convertido en un juego verdaderamente mortal, y finalmente diciéndonos que todo era un engaño producto de los trucos cinematográficos: las balas eran de fogueo, el cristal que atraviesa Michael Douglas era tan fino como el papel, etc.

Profundizando en otras cuestiones, creo que no se puede hablar de apariencias alotéticas en el caso del cine, pues las imágenes cinematográficas no son «transparentes» a una realidad que estaría frente a nosotros, apotética: en cuanto se enciende la luz y deja de funcionar el cinematógrafo, ya no vemos más que la pantalla blanca donde se proyectaban las imágenes. En todo caso, en el cine habría apariencias falaces, en tanto que nos muestran algo que no está realmente ahí, sino grabado.

Precisamente, la diferencia entre La memoria del Logos, del «sabio» de TVE Emilio Lledó y Televisión: Apariencia y Verdad, es que el primero considera que el Mito de la Caverna de Platón es como la pantalla de cine: las sombras de la caverna serían imágenes grabadas que se ponen como entretenimiento a los prisioneros; en cambio, el materialismo filosófico señala que esas sombras son apariencias veraces de una realidad que se encuentra presente, fuera de la caverna, a la que es necesario progresar después para explicar a los demás esas sombras que ven en la pared. Por lo tanto, Lledó necesariamente trastoca el mito de la caverna y, al convertirlo en una metáfora cinematográfica, lo convierte en un mito oscurantista, mientras que el materialismo filosófico señala su pertinencia gnoseológica desligándolo del cine.

Un cordial saludo,
José Manuel Rodríguez Pardo.
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Marcos Morán Gutiérrez



Registrado: 19 May 2004
Mensajes: 7
Ubicación: Gijón

MensajePublicado: Jue Mar 24, 2005 4:34 pm    Título del mensaje: Responder citando

Estimado José Manuel.
En primer lugar, si no me equivoco yo siempre he defendido que las apariencias del cine son apariencias falaces. Pero no vale quedarse en ese margen tan estrecho de definición en lo tocante a las categorías cinematográficas, pues la idea de apariencia (lo cual implica una refencia alotética necesariamente) en el cine queda matizada en función de la apariencia que se nos ofrece de operaciones o cursos de operaciones contínuas por parte de los personajes, ya que las operaciones de los actores sí son reales, sólo que recompuestas en otros esquemas y cursos operatorios que cancelan la recursividad sobre su entorno, o sea que aunque se dan en el presente, sin embargo, yo no puedo responder operatoriamente ante dichas acciones dramáticas, oh paradoja. Con lo que en virtud de los llamados corte y montaje estas apariencias son fundamentalmente falaces. Luego presuponer falacia en partes de una película en virtud de su moraleja final me parece bastante ingénuo. Se pone el ejemplo del cuadro del engañador Zeuxis, pero no alcanzo a ver cómo puede diferenciarse ese caso de otros. Te rogaría que aclarases algo más pormenorizadamente ese aspecto.
Si sostengo que el cine tiene en su estructura constitutiva la característica de apariencia falaz lo fundamento en que hay encadenamientos falaces de cursos operatorios internos al propio cine. También podría sostenerse que hay apariencia falaz de realidad operatorio causal en virtud de una desconexión con el entorno (esto lo ha defendido Bueno en su artículo sobre el cine religioso, y yo lo asumo), pero esa apariencia falaz es genérica pues vale tanto para el cine como para el teatro.
Desde luego que yo no estoy confundiendo la televisión con el cine. Acaso no me he explicado bien. A ver si es correcto lo siguiente. La televisión formal constituye apariencias veraces en virtud de la clarividencia, en tanto constitutivo estructural de la forma de la televisión que no rompe objetos interpuestos entre el objetivo de la cámara y el televisor del espectador (incluso una gastroendoscopia vale como televisión formal), pero la televisión material ¿qué produce? Por de pronto, puede decirse que en el falso directo estamos ante una apariencia falaz de clarividencia o de televisión formal. La estructura alotética remite a un curso operatorio cuyo correlato no es real. Si no me equivoco esa estructura es muy similar a la del cine, o si se quiere a la del teatro grabado. Ahora le añades un montaje y las apariencias no son del mismo tipo nunca.
Se me ocurre otro modo de atacar la cuestión. Porqué no se ven problemas mucho más insoportables en el uso de la banda sonora en la práctica totalidad de la producción fílmica. ¿No nos debe parecer más chocante su empleo? acaso no podría argumentarse que la banda sonora es algo que difícilmente puede presentarse en las acciones no cinematográficas (ni siquiera en el teatro, al menos, en su generalidad), es decir, no es la banda sonora un elemento relacional de los cursos operatorios falazmente continuos de los personajes, mientras que por otro lado, nos pone ante una realidad inexistente, como avisándonos más allá de la voluntad del cineasta (engañador o no) de que ese realto no es real.
Otra cosa es que eso nos obligue a cerrar todo tipo de valoraciones, a suspender el juicio sobre esas producciones tecnológicas. Posición que yo no mantengo, pero que podría deducirse de mi postura opuesta a unas valoraciones, a mi juicio, inconsistentes. Pero no por erróneas, sino por rebuscadas. Qué habrá que decir de los efectos volantes de Hero, por poner un ejemplo.
Me imagino que continuará esta discusión, por lo tanto ruego a mi amable interlocutor responda a alguna pregunta de las que planteo.
Un amable saludo. Marcos Morán Gutiérrez.
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J.M. Rodríguez Pardo



Registrado: 10 Oct 2003
Mensajes: 1423
Ubicación: Gijón (España)

MensajePublicado: Vie Mar 25, 2005 3:55 pm    Título del mensaje: Apariencias falaces, veraces y televisión material Responder citando

Estimados amigos:

Paso a responder a Marcos Morán.

Marcos Morán Gutiérrez escribió:

En primer lugar, si no me equivoco yo siempre he defendido que las apariencias del cine son apariencias falaces. Pero no vale quedarse en ese margen tan estrecho de definición en lo tocante a las categorías cinematográficas, pues la idea de apariencia (lo cual implica una refencia alotética necesariamente) en el cine queda matizada en función de la apariencia que se nos ofrece de operaciones o cursos de operaciones contínuas por parte de los personajes, ya que las operaciones de los actores sí son reales, sólo que recompuestas en otros esquemas y cursos operatorios que cancelan la recursividad sobre su entorno, o sea que aunque se dan en el presente, sin embargo, yo no puedo responder operatoriamente ante dichas acciones dramáticas, oh paradoja.


Evidentemente, las apariencias del cine son falaces, en eso estamos de acuerdo. En lo que no estamos de acuerdo es en el tipo de imágenes que aparecen. Las operaciones que vemos en la pantalla de cine (la interpretación de los actores) sin duda tuvo lugar en algún momento en el tiempo, y no puede considerarse un engaño por sí misma, una apariencia falaz. Pero lo que sí le da el carácter de falaz es el haber sido grabada, es decir, el estar siendo emitida en el celuloide y no retransmitida en directo. En ese sentido, Marcos Morán parece estar de acuerdo conmigo cuando dice:

Marcos Morán Gutiérrez escribió:
Por de pronto, puede decirse que en el falso directo [televisión material, cine] estamos ante una apariencia falaz de clarividencia o de televisión formal. La estructura alotética remite a un curso operatorio cuyo correlato no es real. Si no me equivoco esa estructura es muy similar a la del cine, o si se quiere a la del teatro grabado. Ahora le añades un montaje y las apariencias no son del mismo tipo nunca.


Que cuando nosotros vemos algo esas imágenes no son el objeto de visión, sino los objetos apotéticos, está también claro. Las imágenes que percibimos son alotéticas, pero las imágenes proyectadas en la pantalla de cine no, y es ahí donde se disuelve la paradoja. Yo voy a ver en el cine en un presente, pero lo que me ponen delante no es presente, sino algo grabado, por lo tanto las imágenes cinematográficas sólo son televisión material.

Ahora bien, la cuestión clave en este debate es el tema de la verdad gnoseológica y su pertinencia o no a la hora de analizar el cine. Si suponemos que las imágenes del cine no hacen referencia a un curso operatorio real, no hay imágenes alotéticas en la pantalla cinematográfica, en el sentido que las entendemos cuando vemos algo en presente real, no cabe hablar de verdad en sentido gnoseológico. Cabría hablar de la verosimilitud producida por las técnicas cinematográficas, pero no de una verdad que no se busca en la concatenación de imágenes. Veamos:

Marcos Morán Gutiérrez escribió:
Con lo que en virtud de los llamados corte y montaje estas apariencias son fundamentalmente falaces. Luego presuponer falacia en partes de una película en virtud de su moraleja final me parece bastante ingenuo. Se pone el ejemplo del cuadro del engañador Zeuxis, pero no alcanzo a ver cómo puede diferenciarse ese caso de otros. Te rogaría que aclarases algo más pormenorizadamente ese aspecto.


Para aclarar aún más mi tesis, diré que no supongo falacia en partes de una película, en este caso The Game, sino que la película en su totalidad, en su estructura, es un engaño al espectador, y su director en consecuencia un falsario. Y mi suposición no es gratuita, sino en base a lo que transmite la propia película: el director nos hace creer que estamos ante un drama perfecto, cerrado, donde un juego en apariencia inofensivo se convierte en el acoso y destrucción de una personalidad, hasta dejarle desposeido de todo lo que tiene: su casa, sus cuentas bancarias, sus amigos, fuera de su país, etc. Sin embargo, y finalmente, por un azar totalmente inverosímil, acaba llegando al lugar donde le esperaban para hacerle una fiesta de cumpleaños. Igual que si Calderón acabase sus dramas del Siglo de Oro salvando al desdichado por medio del calvinismo, que entonces no tenía peso social alguno en España (o por medio de un premio de la Lotería Nacional, que viene a ser lo mismo).

La relación de este ejemplo con Zeuxis es clara, pues si Zeuxis se vanagloriaba de poder engañar a sus seguidores por medio de su arte, el director de The Game presume de haber estado engañándonos toda la película, para al final decirnos que todo era mentira.

La cuestión en definitiva no es si en el cine hay simulaciones o no; ya sabemos que las hay. Nadie va al cine para que le cuenten la verdad purísima, sino a entretenerse y a esperar un mensaje y una moraleja determinados (por eso las grandes obras artísticas, desde la tragedia griega que explicaba a los ciudadanos cómo funcionaba la polis o los poemas de Píndaro que encumbraban a los héroes olímpicos, hasta las películas de acción actuales pasando por los autos sacramentales calderonianos, están plagadas de ideología). El ejemplo de Hero no nos sirve en este caso porque, al igual que les pasaba a los griegos con sus héroes míticos, ya sabemos que no hay hombres voladores en nuestro presente (ni los hubo ni los habrá, añado). Pero en esa película se establecen unas pautas de acción y un argumento con su final que son los que luego sirven para juzgar el valor de la película. Sin embargo, el problema surje cuando esas simulaciones no se usan para contar una historia, sino simple y llanamente para engañar, como acertadamente censuraba Platón en su República. Y esos ejemplos que he señalado son más que luminosos al respecto.

Marcos Morán Gutiérrez escribió:
Si sostengo que el cine tiene en su estructura constitutiva la característica de apariencia falaz lo fundamento en que hay encadenamientos falaces de cursos operatorios internos al propio cine. También podría sostenerse que hay apariencia falaz de realidad operatorio causal en virtud de una desconexión con el entorno (esto lo ha defendido Bueno en su artículo sobre el cine religioso, y yo lo asumo), pero esa apariencia falaz es genérica pues vale tanto para el cine como para el teatro.


En esto no puedo estar de acuerdo con Marcos Morán: las apariencias falaces valen para el cine pero no para el teatro. En una obra de teatro las imágenes que percibe el espectador sí son alotéticas, porque los actores están ahí presentes. La diferencia es que en el cine las apariencias son falaces de presencia (nos muestran algo que en realidad no está), pero en el teatro vemos apariencias que no son ni falaces ni veraces, pues los actores no tratan de engañarnos, al igual que tampoco buscaba engañarnos el caballo «Hans el listo» cuando el condicionamiento operante que moldeaba su conducta nos hacía creer que sabía sumar cantidades golpeando con sus patas en el suelo. Otra cosa es que alguien se piense que cuando se dispara la pistola en la escena y el actor cae, se haya producido realmente un asesinato, cuando en realidad está confundiendo la entidad autotética (la representación teatral) con la realidad alotética de un sonido y el desplome de una persona que identificamos con el asesinato. Esto, a mi juicio, nos lleva a situar el problema del cine fuera de las cuestiones de apariencia y verdad, alotéticas, para centrarnos en el problema de las entidades autotéticas que están en juego, es decir, en el propio lenguaje cinematográfico. A mi juicio ese es el gran problema a la hora de determinar qué cosa sea el cine respecto a otras artes distintas a él.

Un cordial saludo,
José Manuel Rodríguez Pardo.
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