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Desde la materia al canto en el pensar de Protágoras

 
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Luis Alberto Ramos Durán



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MensajePublicado: Mie May 05, 2004 2:44 pm    Título del mensaje: Desde la materia al canto en el pensar de Protágoras Responder citando

0. Introducción

En este ejercicio he intentado, de manera breve aunque esencial, acercarme a la epistemología en un pensar que desde Platón ha sido ninguneado y despreciado por la Academia, la cuál, en el caso en que lo haya incluido entre sus lecciones, lo ha hecho siempre bajo el rótulo de escuelas menores junto a kínicos, epicúreos y estoicos. (Al parecer, lo grande siempre pasará como pequeño.)
Me refiero, claro está, a los sofistas. Un conocer que rompió con las grandes reflexiones primigenias sobre el Ser; un conocer que ya no se interesó por “el por qué de lo existente” sino que partiendo de lo existente como algo dado se aventuró a conocer.
El Ser con los sofistas dejó de ser algo pensable, cognoscible. Si podíamos conocer algo, ese algo eran nuestras sensaciones y percepciones de lo que estaba ahí, y por esto, de lo único que se podía hablar con sentido.(Aunque esto último no lo dijeran tal que así es fácil deducirlo de los escritos en que hablan de la incognoscibilidad del Ser.)
Si lo cognoscible lo era únicamente por los sentidos y éstos nos muestran un mundo cambiante, errático, esperpéntico, es que el mundo era así, es así. Y es que si el mundo no es como nos muestran los sentidos, ¿cómo podemos saber de él? ¿Arrancándonos los sentidos?. Es lógico que Sócrates-Platón pensara que la filosofía, su filosofía, era aprender a morir, a liberar el alma del cuerpo y de los sentidos que nos atan a la tierra; pues si no, ¿qué sentido tendrían las superideas más allá del mundo?
La pregunta es si quedará algo de nosotros para cuando llegue esa liberación de los sentidos. (Por eso la filosofía platónica es tardía, demasiado tardía.)

El sofista, mas que negar el Ser se enfrenta a él, se amolda a él mediante el lenguaje. Si el conocimiento es perspectiva, lo que es será una perspectiva, y como el hombre se mueve y con él las perspectivas, no existirá un solo conocimiento del mundo sino muchos; por lo que un único y definitivo conocimiento, o una de teoría del conocimiento, se revelan como absurdas o aberrantes, dependiendo de las pretensiones.

Pero, ¿no es el conocer sofista un conocer más? ¿Una perspectiva más? ¿O es la Verdad? Es esta última una pregunta muy humana e inquietante pero absurda de todas todas pues, ¿podríamos contestarla? Donde no hay posibilidad de respuesta, ¿qué sentido tiene preguntar?.


1.Perspectiva histórica

Nos situamos en Atenas entre finales del siglo V a.c y la primera mitad del IV a.c. El mundo griego venía de una reafirmación de sus valores tras la victoria ante los persas en las llamadas Guerras médicas. La unidad helénica alcanza su esplendor. Un esplendor que no hace mas que anunciar un declive, el declive de el Ser, de lo Uno, del Todo que se hallaba en la Phýsis (¡hasta los dioses*1!) del pensar del Ser y el Ser del pensar.
El aniquilamiento del Ser-pensar, dice Heidegger en Qué es Filosofía*2, es preparado por los sofistas y ultimado por el irónico Sócrates.
Sócrates desmenuzará todo en una analítica destructiva, demoledora que llevará todo al absurdo, a la nada. Pero Sócrates no se quedará ahí; una vez a diseccionado todo, vuelve a la Unidad, pero a una Unidad que ya no será el Logos Común del que hablaba Heráclito, o la Volkslied del coro trágico sino que será una Unidad corregida, conceptualizada, utilitaria y con pretensiones morales: el asesinato de Dionisos, dirá Nietzsche en El origen de la tragedia*3.
El paso preparatorio del que habla Heidegger es el de los sofistas, que mediante la dialéctica, también coincidirán con Sócrates en el primer paso analítico: la reducción al absurdo. Los sofistas llevarán hasta el límite el lenguaje llegando a conclusiones espeluznantes: todo puede ser verdad o todo puede ser falso, nada existe, lo que es depende de quién lo mire... En fin, estirando el lenguaje nos muestran el poder y lo interesado de este.
Y es que para los sofistas, hablar será construir una verdad, nunca llegar a una Verdad. Y la verdad será de aquél que sea más fuerte, más ingenioso o más bello.
El saber como conocimiento del lenguaje, y el lenguaje como discurso estético de lo que Es. Ser que aparece ahora como múltiple, pero que encuentra su unidad en el hombre-individuo; es decir, el Ser como Uno en lo Múltiple, y como Múltiple en lo Uno.



2. El conocimiento sofista

Vistas, de manera breve aunque esencial, las dos posiciones rupturistas con respecto a lo Uno, podemos seguir el rastro a ambos pensamientos para ver, también de manera fugaz, que consecuencias han tenido uno y otro a lo largo de la historia
A dónde ha llevado el pensamiento socrático: Todo el pensamiento platónico-socrático tiene como fin la Verdad última de todo y sobre todo; la búsqueda de una Verdad que nunca nadie ha encontrado, y cuando se ha creído encontrarla, se ha expresado en Guerras de religión, en campos de concentración, en Superideologías, en Voluntad tiránica de poder disfrazada de alma bella y buena; ¡ y Todo para nada y por nada!. ¿De dónde nos vendrá esa manía de hacer todo uniforme a lo bruto?.
Pero quizás lo más triste sea que a esa manía la seguimos considerando Conocimiento, Sabiduría. ¿Llegaremos algún día en Occidente a entender el siguiente poema ontológico del Tao te king?:

He visto fracasar varios intentos de conquistar y manipular el mundo.
El mundo pertenece al espíritu, por lo tanto, no debe ser manipulado.
Quien lo manipula, lo corrompe, quien pretende conservarlo, lo pierde.
Las cosas, ora son fuertes, ora débiles, ora flotan, ora se hunden...

El occidental, en este caso yo, se preguntaría: ¿pero no es esto una manipulación más?, ¿no estamos condenados a ser humanos, a pecar, a poner un límite?, ¿ no es el conocimiento El Pecado Original?. ¿Podrá convertirse el conocimiento en bautizo para una nueva vida? : ¿el conocimiento del no-conocimiento?, ¿el conocimiento de callar donde no podemos saber más?: ¿serán estas las pantorrillas de La Sabiduría?; entonces habrá que ser amable, pues es toda una Señora.

Qué consecuencias ha tenido el conocimiento sofístico: El conocer sofista ha estado desde Platón, su gran enemigo, muy desprestigiado e infravalorado; Se le ha acusado de inmoral, de ilusionista, de pendenciero... Bien, no negando ninguna de estas acusaciones (aunque habría que ver si la implantación de las morales de los moralistas han tenido mucho de moral o más bien se han servido de métodos inmorales) es innegable que el movimiento sofístico dejó en evidencia a la razón; nos mostró sus miserias e incluso sus peligros, nos enseñó que la razón llega a todo porque llega un momento en que no dice nada.

Los sofistas nos mintieron y con la mentira demostraron la falta de Verdad en Todo y de El Todo: Si hay tantos Todos como personas, ¿cuál es el verdadero?. Es por esto por lo que el sofista se aleja de la verdad, pues hablar de la verdad será hacerlo desde algún lugar determinado e interesado, nunca desde el vacío o desde la Verdad misma. Hablar será hacer comprensible, humano, delimitar en definitiva. Es decir, la humanitas del hombre como perspectiva, siendo esta perspectiva una perspectiva más. Pero, ¿no es esta una manera de estancamiento, de conservadurismo?, si la verdad no se puede alcanzar, ¿todo vale?. En cierto sentido todo vale, sí, pero no todo vale lo mismo. Si el sofista se caracteriza en algo es en su posición jerárquica. El sofista no puede aceptar un empate, una igualdad triunfante; alguien debe ser mejor, más fuerte o más bello. Y para ser más fuerte, más bello o mejor es necesario conocer. El sofista funda el conocimiento en el lenguaje, en la lógica y la retórica; porque más importante que lo que se dice es cómo se dice, pues es en el cómo donde aparece la medida que mide al hombre. Al hombre ahora se le mide por sus efectos (no por consideraciones abstractas), por lo que es capaz de generar en el oyente. El sofista no sabe ni puede saber lo que es el alma pero sí moverla; sabe que no puede saber nada que esté más allá (verdad, dioses, belleza...), pero por eso mismo canta libremente. El sofista, no es que niegue el conocimiento, sino que niega una clase de conocimiento. Su conocer es el conocer las herramientas de las que dispone el ser humano: el lenguaje y la lógica.
Por tanto, sí hay conocimiento en los sofistas, y es auténticamente serio y científico. Ya Plutarco*4 consideraba a Protágoras un maestro en el pensamiento de gravedad, científico y alejado de toda superstición.
El sofista conoce lo que puede conocer e inventa lo que no puede conocer. (Que no por ser desconocido deja de ser esencial para el ser humano; hablamos de lo místico; a saber: estética, ética, ilusión... Vivir en definitiva.)
Por tanto, podemos entender a los sofistas como abuelos de las ciencias empíricas modernas, como los primeros positivistas occidentales; y por esto, como escépticos o nihilistas de toda ciencia que intente ir más allá del mundo o fundamentar algo de una vez por todas.
Que hubo sofistas que fueron unos canallas, muy cierto es, pero eso no resta nada a la potencia y coherencia de su pensar; además, si de canallas se trata, también es muy cierto que ha habido más en las iglesias de todo el mundo que entre los sofistas; y si alguien ha matado a alguien, esas han sido las religiones: ¡Y en el nombre de Dios!.


3. El conocimiento en Protágoras

He querido exponer, brevemente como todo este comentario, de manera general los comienzos, y posterior andadura (queda para otro ejercicio la relación de los sofistas con la política actual o con autores como Hegel o Nietzsche...) del pensamiento sofístico para ahora en la segunda parte centrarme más específicamente (aunque lo esencial ya está dicho) en la teoría del conocimiento (y esta expresión es una mera formalidad) en el mayor de los sofistas del siglo V: Protágoras.
Es posible que a Protágoras se le pueda entender como un jugador irónico del conocimiento, y digo irónico, porque al tracio no se le podría comprender sin la época inmediatamente anterior (la de los grandes sabios como Anaxágoras, Heráclito, Empédocles o Parménides que centraron toda su reflexión en el Ser de todo lo existente) y la critica burlona a que la somete. Burlona no porque no sea serio en sus razonamientos sino porque al profundizar al máximo la lógica y el lenguaje crea la sensación de juego. Y es que Protágoras trata de argumentar dos posiciones contrarias como verdaderas; y lo sorprendente es que lo consigue; demuestra que toda argumentación correctamente realizada sobre cualquier tema es verdadera y falsa, por lo tanto, concluye, la verdad última sobre algo(o sobre el Ser, que es lo mismo) no es argumentable (y por lo tanto incognoscible) puesto que su contraria también tiene una correcta demostración y sentido; por lo tanto, todo es verdad.
Por ende, el sofista no es que aniquile el pensamiento sobre el Ser como dice Heidegger, ni que su discurso deje de ser esencial; el sofista simplemente habla de las cosas partiendo de un individuo que abarca la mayor cantidad de perspectivas: Lo uno en lo múltiple y lo múltiple en lo uno, como señalamos al principio. El sofista no habla del Ser, se dedica a ser, a pensar.

Las posiciones gnoseológicas*5 de Protágoras como la destrucción de las visiones anteriores. Es más, podemos afirmar que el pensar sofístico es una primera destrucción de la metafísica(especialmente la parmenídea) en pos del conocimiento. Un paso de los grandes vuelos primigenios al hombre como centro de todo conocer mundano; un paso decadente o ilustrado, según se mire.
Decadente, si pensamos que el Arjé, el Ser, es el principal o incluso el único tema de la filosofía, y que su olvido conlleva el distanciamiento del hombre de su verdadero centro, y por lo tanto, un deambular inauténtico por el mundo. E ilustrado, si por el contrario pensamos que el verdadero avance y progreso del hombre solamente puede acaecer por medio de la ciencia y la técnica, es decir, del conocimiento racional.
Resulta difícil elegir, y más cuando el positivismo extremo sabemos ya desde Nietzsche que lleva al nihilismo, a la absoluta negación de todo impulso creador, vital. Pero por otro lado, ¿cómo negar la técnica, el conocimiento racional cuando si el hombre ha sido algo ha sido el animal técnico?(Técnica que por otro lado, ha sido cada vez más mortífera; desde la primera flecha construida para poder matar desde lejos a un animal hasta los misiles Tomahoe.)
¿Es necesaria una reflexión ontológica? Pero, ¿no es toda reflexión ontológica una lógica de la ilusión? ¿Entonces nos centramos únicamente en los hechos empíricos? Lo que aquí se está planteando, no es baladí, ni se aleja de la gnoseología; lo que se plantea es que si todo lo que podemos conocer son hechos empíricos ¿cómo interpretar esos hechos empíricos?, y eso ya no es tarea de la ciencia o del conocimiento racional (científico se entiende) pues un hecho en sí, desnudo, no dice nada. (Qué dice que Hitler matara a un millón de judíos.)
La ciencia sólo puede decir qué pasa aquí, es decir, sólo puede descubrir fenómenos(movimientos de cosas) con ayuda de la técnica. ¿Tiene que decir la filosofía algo más de lo que se pueda decir con sentido?, si lo dice, ¿cuáles son las pretensiones del que habla? ¿Qué quiere? ¿Adónde pretende llevarnos? A este nivel, ya no se trataría de hablar de la verdad sino del Sentido mismo, es decir, de lo Absolutamente Universal, de Dios en definitiva. ¿Y qué decir de Dios, de lo Universal Absoluto, cuando sí somos honestos sabemos que hablamos desde una perspectiva determinada?. Quizás lo más honesto sea decir: cree lo que quieras, ten fe en lo que quieras, di lo que quieras, pero eso sólo vale para ti y para los que se encuentren seducidos por esa forma de Sentido, pues sobre la Verdad no has dicho nada. Se puede decir lo que uno quiera porque, a ese nivel, todo vale lo mismo, es decir, nada. Y es posible que esta sea una posición ilustrada, fina, consecuente; que hace ciencia hasta donde se puede hacer, y tras ese límite, canta.

Por tanto, y a raíz de lo expuesto, el periodo sofístico lo podemos considerar como un periodo ilustrado; ilustrado porque la ciencia que practica no es una ciencia nihilista sino que deja espacio a la ilusión, a la poesía (otra cosa es cómo y para qué la utilizaron algunos sofistas), a la vida.
Por otra parte, el período sofístico, como toda época ilustrada, tiene una tremenda fe en la educación, en la enseñanza y en la mejora moral del hombre. Una mejora que no está basada en mandamientos, o sea, en hieráticos conceptos; sino en la belleza. La mejora moral, vista con Protágoras, como formación de hombres más bellos, más políticos, más vitales en definitiva.
El método de Protágoras será el conocimiento del lenguaje y sus posibilidades discursivas: La persuasión como convencimiento, el convencido como entusiasmado(estar poseído por Dios) y el sofista como afamado sabio: estas son las pretensiones y el método de Protágoras
Por ende, y a modo de conclusión, podemos considerar al conocimiento del sofista como un conocimiento jugador, divertido, pero que nace de una tremenda seriedad cognoscitiva. Protágoras juega a jugar con el lenguaje, y por eso mismo piensa. El sofista pensó con la toga granate de los antiguos rapsodas, y eso es todo.

Pero ahondemos un poco más en la epistemología protagoriana: Quizás la proposición*7 más conocida del tracio sea la de que “el hombre es la medida de todas las cosas, de las que son en cuanto que son y de las que no son, en cuanto no son”.
Esta proposición ha generado mucha tinta filosófica*5, en especial la significación del concepto "hombre", en donde unos autores como Zeller se inclinan por traducirlo por individuo, otros como Gomperz por humanidad, y otros como Untersteiner, consideran que no existe distinción alguna, es decir, que con el término"hombre" Protágoras quiere referirse tanto a la humanidad como al individuo.
Aquí, la posición más acertada nos parece la de interpretar el concepto "hombre" como humanidad e individuo sin distinción alguna, pues ya vimos al comienzo de este ejercicio como el sofista piensa en una lógica en la que lo múltiple se sostiene en lo uno y lo uno en lo múltiple. Por tanto, el hombre en Protágoras puede ser entendido como humanidad, pero una humanidad que no tiene sentido sin lo uno, en este caso el individuo.

Por tanto, la gnoseología del tracio comienza en el hombre, y decir en el hombre quiere decir en los sentidos, en las sensaciones, en las percepciones. Por esto mismo, su manera de entender el conocimiento se sitúa justamente en el polo opuesto de la escuela eleática que negaba la veracidad a toda opinión que partiera de los sentidos. ¿¡Qué mejor manera para negar la multiplicidad que considerar a las sensaciones como meras ilusiones?!.
El sofista es un ser positivo que afirma el mundo, pues es lo único que podemos conocer; ¿cómo no iba Platón a lanzar sus más mordaces críticas contra él?¿Qué sería de su Sol si sólo existiera la carne?.
El sofista no es que rompa Todo, es que demuestra que no hay nada más allá de lo que podamos expresar, y si lo hay es algo que no se puede saber*8. El ataque sofista va a la raíz, al núcleo, al criterio de verdad; para el sofista no existe una realidad estable o única. (Que es lo mismo que afirmar que la Realidad no existe.)
Si acaso existe algo estable son las convenciones sociales(entre ellas el lenguaje) pero estas no dicen nada sobre la verdad; las convenciones sólo son una manera de entendernos, de organizarnos, una forma de voluntad de poder de los pueblos. ¡Lo malo es como se ha jugado con la voluntad de los pueblos a lo largo de la historia!¡Y todo en nombre de la Verdad!
Para Protágoras ninguna opinión es más verdadera que otra, nadie está en derecho de decir a nadie que su opinión es falsa, si acaso que es pobre o inadecuada o vana para un mejor vivir; y es que lo importante en el conocimiento del tracio es la vida, y para hablar de la vida es más importante la elocuencia que la razón; una elocuencia que aniquila serena y burlescamente toda opinión con pretensiones absolutas.
Y es que si el pensar de Protágoras destaca por algo es por su sencillez abrumadora; es la sencillez del que se sabe sabio, y por eso mismo, sabe que sólo dispone del pensar(del lenguaje) y de ninguna verdad o ídolo.
La gnoseología en Protágoras no trasciende a la caverna, disfruta con las sombras y el conocimiento de las ficciones porque la caverna no tiene afuera. No sabemos por qué estamos ahí, pero sí que estamos ahí, y es lo único que podemos conocer. Y ese conocer (el ahí) es un conocer común, de todos; por eso nadie conoce falsamente, porque es una opinión en la caverna y desde la caverna.
Y es que en la caverna sólo hay situaciones y perspectivas, el fuego alumbra a todos y no sólo al basilei. El fuego alumbra a todos pero no todos saben o aprenden a mantenerlo y avivarlo. Y es aquí donde nace la sabiduría protagoriana: en la conservación y superación desde lo que está-ahí por medio del lenguaje. Por tanto, a este nivel cognoscitivo (la superación del ahí mediante la lógica de la ilusión) el artificio y el engaño(por utilizar términos nietzscheanos) son deseables, vitales.
Así, en Protágoras podemos encontrar dos tipos de conocimiento:
1º El común a todos, que nace en lo que está-ahí y es captado perceptivamente.
2º El jerárquico, que parte de lo que está-ahí. Pero ahora se trata de hablar de lo que está-ahí para saber como convivir con ello de la mejor manera posible. El hablar de lo que está-ahí ahora dependerá de la elocuencia y belleza de cada uno, es decir, de la sabiduría alcanzada. Esta sabiduría es la ligereza del círculo, de la caverna, del mundo. Por medio del lenguaje, el tracio crea la ilusión de la posibilidad, la belleza del porvenir, la esperanza del horizonte, la valoración, el gusto, la jerarquía necesaria para no caer en el abismo que sustenta todo. Se trata en definitiva en este segundo nivel del conocimiento de mover(las cosas, lo que está-ahí) y de conmover (el espíritu por medio del lenguaje) para vivir.
Por tanto, el conocimiento en Protágoras aparece como superación de un primer conocimiento común-percibido que anhela lo mejor(anhelo que se articula mediante el conocimiento del lenguaje y su uso retórico) y convencer a otros de lo mejor; y lo mejor, como aquello que convence por su belleza.
La pregunta que ahora nos asalta: ¿podría darse el segundo conocimiento sin el perspectivismo del primero? ; es decir, ¿sin la visión de que nada es verdad(o de que todo es verdad, que da lo mismo), habría posibilidad honesta a una lógica de la ilusión?.
Es evidente que no, pues una epistemología que intente llegar a la verdad de todo, a saber incluso de la famosa cosa en sí y sus atributos, estará haciendo lógica de la ilusión pero con un plus charlatán(al creer hacer conocimiento)pues como ya demostró Wittgenstein, los límites del lenguaje son los límites del mundo, es decir, de la proposición con sentido. Así que donde se cree ver ciencia, sólo hay charlatanería, o teología que es aún peor, pues la teología es al fin y al cabo una manera de voluntad de poder interesada que carece de la inocencia del niño heraclitiano que despreocupadamente construye y destruye castillos de arena.


Así pues, y aunque muchos hallan tachado a los sofistas de charlatanes(que puede que los hubiese) es palmario que Protágoras no lo fue; es más, su posición fue mucho más honesta y coherente que la socrático-platónica, no sólo porque calló donde no podía saber nada sino también porque vivió creyendo en lo que hacía, cosa que en Sócrates- Platón no parece que fuera así. A saber, si la filosofía socrática era un aprender a morir, ¿por qué no se suicidó?¿Por qué bebió la cicuta?¿Tampoco sabía que era “aprender a morir"? , si no lo sabía, ¿por qué tanto empeño en convencer a otros de lo que no sabía? ¿Quién es aquí el charlatán? ¿O es que fue todo una ironía más del bisabuelo?.
Otra de las muchas cosas que se le han criticado al relativismo gnoseológico protagoriano es que este desemboca en un anarquismo moral o inmoralismo. Pero esta posición es no haber captado la esencia del pensamiento de Protágoras, pues la posición de este ante la pregunta moral sería un encogimiento de hombros o un discurso sobre alguna virtud, nunca una doctrina moral.
Como nos cuenta Guthrie*9, Protágoras pretendía cambiar las cabezas de sus pupilos enseñándoles que dominando el arte persuasivo tendrían el mundo a sus pies, ¡otra cosa es lo que hicieran después con él!.¿Es esto inmoralismo? Es sanidad, es la postura de Pilatos: vosotros os lo guisáis, vosotros os lo coméis; yo soy responsable de mí y de lo que enseño, lo que hagáis es vuestra responsabilidad. ¿Que hubo canallas entre los sofistas?, pues sí, ¡pero como si no los hubiera entre los aristotélicos, analíticos, heideggerianos o nietzscheanos!. Protágoras por lo tanto, no es que no pretenda una anarquía moral, es que ni siquiera se la plantea; Protágoras pretende crear hombres más bellos, más fuertes, más políticos, más sociales, y por lo tanto más virtuosos más morales; ahora bien, si lo que se desea es encontrar en Protágoras un pensamiento humano demasiado humano, evidentemente no se encontrará. Por tanto, la acusación de inmoralista al pensamiento protagoriano(desde los que ven la virtud como moralina) se nos revela más como un halago que como una deficiencia o reproche.
Toda esta extraña manera de concebir el conocimiento humano que hemos venido comentando, lleva a Protágoras a negar la escisión entre ser y parecer en la phýsis. En la phýsis pues, no existe ni el calor ni el frío sino que éstos sólo se dan en la medida en que son conocidos por cada individuo; pero, ¿y la Verdad entonces? : Este es el enigma trágico del hombre: parcialidad, limitación, necesaria reducción a una razón vital. La postura epistemológica más sana y honrada parece ser la wittgeinsteiniana: Callar donde no podemos saber más.


1. Es famosa la anécdota en la que Heráclito invita a bajar hasta el sótano donde se encuentra a unos visitantes exhortando: ¡Bajad, no temáis, hasta aquí abajo hay dioses!

2. Martin Heidegger. ¿Qué es Filosofía?, Editorial Narcea, Madrid 1978.

3. Friedrich Nietzsche. El nacimiento de la tragedia. Alianza Editorial, Madrid 2002.

4.Sofistas. Testimonios y fragmentos. Pag 96. Edit. Gredos. Madrid 1988

5.En este comentario, y siguiendo a Ferrater Mora, uso gnoseología, epistemología y teoría del conocimiento como términos sinónimos.

6.Esta polémica sobre la traducción del concepto "hombre" en Protágoras se puede seguir con más detenimiento en Historia de la Filosofía Griega, tomo III, de W.K.C Guthrie. Pag 189 y ss. Edt Gredos. Madrid 1988.

7.Parece conveniente recordar que Protágoras fue expulsado de Atenas, y sus libros quemados, en el año I de la 84ª Olimpiada al afirmar en una obra suya: “Sobre los dioses no puedo saber ni si existen ni si no existen”.

8. W.C.K Guthrie Historia de la Filosofía Griega. Tomo III. Pag189.Edt Gredos, Madrid 1988.
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