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EL QUIJOTE
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Antonio Romero Ysern



Registrado: 12 Oct 2003
Mensajes: 386
Ubicación: Aracena (España)

MensajePublicado: Vie Sep 17, 2004 10:29 pm    Título del mensaje: EL QUIJOTE Responder citando

Estimados amigos:


Parece que es oportuno abrir, con motivo de la próxima celebración de la publicación de la primera parte del Quijote, un tema en el que tratar la obra de Cervantes. Mi intención es sólo apuntar algunas pistas de cómo afrontar desde el materialismo filosófico la figura novelesca de Don Quijote, esperando que otros amigos del foro con más conocimientos puedan hacer aportaciones de interés.

Estas aportaciones supongo que tendrán que venir, por ejemplo, de quienes estén en mejores condiciones que yo para exponer y clasificar las interpretaciones de la obra cervantina que habrá que enfrentar y a las que habremos de enfrentarnos. Por ejemplo, las interpretaciones que quieren ver en el pensamiento de Cervantes algún tipo de erasmismo, como ocurre con uno de los hitos de las lecturas del Quijote, la de Americo Castro. Interpretación que habrá que tener en cuenta, aunque decir, como hace José Luis Abellán, en su Historia del pensamiento español, que hasta la publicación de El pensamiento de Cervantes en 1925 "prácticamente no se ha escrito nada importante" quizás sea una afirmación aventurada, áunque sólo sea recordando la Vida de don Quijote y Sancho (1905) de Unamuno, las (1908)Interpretaciones del 'Quijote' de Menéndez Pidal (1908) o las Meditaciones del Quijote (1914) de Ortega.


La trascendencia de la interpretación de Castro es difícil de exagerar si tenemos en cuenta que hasta el propio Bataillon, artífice mayor de la "erasmomanía" de historiadores de las letras y las ideologías españolas, a causa de su Erasmo y España (1937), confiesa que fue Castro "quien me comunicó el afán de buscar huellas de Erasmo en la literatura española" (El pensamiento de Cervantes en el pensamiento de Américo Castro, en M. Bataillon, Erasmo y el erasmismo, Crítica, 1977, pág. 347). Ahora bien, como señala Bueno en España contra Europa, esa erasmomanía en la mayor parte de los casos más que explicar las cosas:

Cita:
(...) debe ser el mismo explicado como efecto de ese "complejo de inferioridad" de los españoles que creen que sólo si un modo de pensar puede ser caracterizado por algún ismo europeo, ese modo de pensar pudo haber existido en España (...)
(España contra Europa, pág. 64)

Las anteojeras de los buscadores de erasmismo han podido obviar, como sigue diciendo Bueno, tendencias y líneas de fuerzas ya presentes en España:

Cita:
El erasmismo español habría que entenderlo, según esto y a lo sumo, antes como una "encuadernación" de ideas que fluían internamente de la sociedad española del siglo XVI, que como una revelación, prodcedente del exterior y de lo alto, de ideas nuevas y revolucionarias
(España contra Europa, pág. 66)


En cualquier caso, independientemente de la mayor o menor fuerza que pueda tener una intepretación erasmista del Quijote, parece claro que la interpretación erasmista tiene conexiones muy fuertes con una determinada idea de España. Una idea que concebirá a España como el problema y a Europa como su solución, que entenderá el Imperio como un fugaz episodio del XVI, y que hablará de nuestro secular retraso a la hora de tomar "el tren de la modernidad", a pesar de los esfuerzos ilustrados, etc... Idea cercana a la de las dos Españas, representadas incluso en Don Quijote y Sancho, que impiden con su lucha fratricida el triunfo modernizador de una tercera España, esbozada incluso en Cervantes o Jovellanos que, a pesar de todo, terminaría triunfando en el espíritu conciliador de la Constitución de 1978 y nuestra incorporación a Europa (veáse a este respecto la conferencia España, anticipo de España contra Europa).

Frente a esa (y otras) ideas de España, el Imperio es considerado desde el materialismo filosófico como esencial a España misma, no como un ensueño del que habría que haberse olvidado cuanto antes ("doble llave al sepulcro del Cid" del regeneracionismo, "muera Don Quijote" -la blasfemia que el propio Unamuno reconoció haber pronunciado al mismo tiempo que se arrepentía de ella ):

Gustavo Bueno escribió:
La constitución del Imperio católico, lejos de poder reducirse a la condición de un ensueño que algunos (o muchos) hombres pudieron padecer en unas circunstancias determinadas, mientras mantenían sus rutinas cotidianas, fue ella misma (esa constitución) la condición para que la existencia real de esos mismos hombres (de algunos de ellos, al menos, pero capaces de arrastrar a los demás, de grado o por fuerza, como arrastró don Quijote a Sancho) saliera de sus rutinas cotianas y para que ellos emprendieran unos rumbos efectivos que, de otra manera, no se hubieran tomado. Sobre todo, porque el ejercicio de las empresas orientadas por el Imperio constituyente, determinó unos efectos en los que nosotros mismos estamos comprometidos
(de España, subrayado nuestro).

Unos efectos, por cierto, por los que España ocupa en la segunda mitad del siglo XX el noveno lugar en cuanto a nivel de desarrollo industrial, con todo lo desaparecido que se quiera el Imperio. Desaparición que plantea el "problema de España", que en cuanto problema filosófico aparece inmejorablemente simbolizado en el Don Quijote de la Mancha. Si la esencia de España consiste en su existencia como Imperio, el declive de este Imperio, al topar con sus limites, implica entonces a la propia esencia de España también. Y cuando esa esencia es vista como si fuera un delirio, la existencia del proyecto decae:

Gustavo Bueno escribió:
La esencia u objetivo de su vida de caballero andante (incluso si esta condición la recibe "por escarnio") exige su realización;es su existencia de caballero la que realiza su esencia, porque es esta esencia la que exige existir, como esencia práctica, y no meramente especulativa o soñada, "delirante". En el momento en el cual Don Quijote [Hernán Cortés, Pizarro], ante las razones prosaicas que le convencen de la realidad de su existencia imaginaria, contingente, es decir no implicada en una esencia que le oblige a existir como caballero andante, es este mismo momento Don Quijote decae, por desfallecimiento de su esencia y por muerte o el fallecimiento de su existencia: Don Quijote "entregó su alma a Dios", quiero decir (aclara Cervantes) que se murió
(España contra Europa, pág. 365)

En fin, sólo pretendo que estas cuantas referencias a la interpretación
del Quijote como estrechamente ligada a la idea de España defendida desde el materialismo filosófico , pueda servir como portal para empezar a celebrar este quijotesco aniversario, poniendo de nuestra parte para que tal celebración no sea exclusivamente sanchopancesca.

Un saludo.
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Antonio Sánchez Martínez



Registrado: 26 Oct 2003
Mensajes: 339
Ubicación: Rivas Vaciamadrid (España)

MensajePublicado: Dom Sep 19, 2004 1:44 pm    Título del mensaje: El Quijote, el Imperio Español y el Franquismo Responder citando

La brillantísima introducción de Antonio Romero ha despertado en mis mientes un montón de elucubraciones (que si tienen algo de valioso se debe al MF) que plasmo en este foro para su discusión.

El Quijote es una obra de dialéctica noemática, con componentes abstractos que se pueden desenvolver en múltiples niveles y escalas reales (ética, moral, política nacional o internacional)
D. Quijote representa, en principio, la generosidad límite (pero sin canalización básica adecuada si no se conjuga con Sancho, si nose sanchifica). Sancho representa la firmeza límite (pero que se vuelve depredadora, egoísta y “pancista” si no sabe conjugarse con D. Quijote, si no se quijotiza). Al principio de la obra D. Quijote es un aluvión de proyectos generadores, pero sólo podrá llevarlas a cabo al lado de su escudero (luchar contra los gigantes que hay detrás de las simples apariencias en las que se quedan los pancistas –la apelación a la “panza” no es casual-, liberar a presos que para Sancho son aún simples delincuentes que no se merecen sino atenerse al “status quo”, como Irak, sin que nadie se preocupe de meter en vereda a los Sadam Husein de turno.
Pues bien, según se va desarrollando la obra, como reconocen algunos autores, D. Quijote se va sanchificando (va dándose cuenta de que son precisas plataformas idiográficas para desarrollar todo proyecto, de que no cabe sacrificar el presente en aras exclusivas de generaciones futuras –como le pasó en gran parte a la URSS, y a la primera China). D. Quijote representa los proyectos universales, transcendentales, que asumen que tienen que enfrentarse no sólo a los particularismos (nacionalistas, en España) sino a otros proyectos universales contrarios, pero con plataformas distintas y, quizá, incompatibles…
Y, por otra parte, Sancho se va quijotizando, como se pone de manifiesto en la ínsula de Barataria, donde imparte justicia con criterios que no buscan la simple “legalidad” (el Estado de Derecho…).
Podríamos decir que la España Imperial es representada por esa “pareja” de Quijote y Sancho, por su conjugación. Pero su realización efectiva (universal) es imposible, porque la dialéctica histórica no es “perfecta”, porque su aureola de santidad (Quijote) no puede subsistir sin el lado prosaico de la vida, sin la satisfacción de necesidades “animales”, que constantemente amenazan la dignidad de las personas si no se saben canalizar…
La pareja llega a hacer grandes cosas (a la escala en que se desenvuelve el relato), lo mismo que España también las hizo. Pero los proyectos no son eternos, y la generosidad de D. Quijote estaba limitada, entre otros factores, por la dialéctica del tiempo, por la muerte, es decir, por la imposibilidad de que ningún proyecto se “cierre” perfectamente (aunque sólo sea por el hecho de que con cada nueva generación lo conseguido hasta entonces hay que volver a “reconquistarlo”). No es que llegue a haber una rendición –reducción- de D. Quijote a Sancho (ni viceversa), sino que la realidad de M acaba imponiéndose a ambos personajes. La Conjugación de virtudes (en distintos planos) no nos lleva a la Santidad efectiva, aunque nos haga mejores personas.
En la guerra civil ocurrió mucho de esto. Había proyectos universalistas como los de Largo o la Falange, pero les faltaba (sobre todo al de Largo) la conjugación con una plataforma idiográfica “nacional”, así como a ambos les faltaba la compresión de las “leyes del mercado” capitalista, y la comprensión de la necesaria satisfacción de los átomos racionales del presente, de su egoísmo). Los liberales de la CEDA, y algunos monárquicos, eran como el PP actual, demasiado pancista (corriente de Rato ¿y Rajoy?). Lo mismo que los republicanos de Azaña, aunque estos no querían reconocer sus raíces españolas (leyenda negra) y eran fácilmente embrujados por utopismos masónicos superilustrados y afrancesados.
Franco, por el contrario, tenía virtudes que representaban la conjugación de D. Quijote y Sancho. Y en el bando vencedor hubo muchos españoles que supieron morir por las generaciones futuras de “españoles” (más que en el otro bando en que el internacionalismo utópico, la leyenda negra y el anticlericalismo radical hicieron mucho daño). En los primero días del régimen franquista los falangistas y la iglesia, que habían contribuido a la victoria, tuvieron un importante papel, pero según se desarrolló el mismo, y cambiaron las circunstancias internacionales, Franco se ocupó de fortalecer económicamente a España buscando satisfacer, también, los intereses mundanos de los españoles. Intentó (al parecer sin conseguirlo, por lo complejo de la misión) que España recuperara, después del desastre de la guerra, las posibilidades de hacer algo digno en el mundo, retomar algún proyecto univeral. Pero mantener una moral exigente es tarea harto difícil, y el generalísimo fue consciente de que España podía acabar relajándose y pareciéndose demasiado a los países capitalistas de su entorno, con sus virtudes, pero sobre todo con sus vicios, con sus proyectos particularistas o depredadores.
Aznar, frente a Rato (Como dice hoy El Mundo -19 de septiembre de 2004-) no se dejó arrastrar por el reduccionismo pancista de la corriente de Rato, ha querido recuperar un proyecto universalista para España (al hilo de un cambio que parecía apreciarse en los EE. UU. hacia un imperialismo generador, que en gran medida es visto por los dirigentes de USA como la única solución para que su país persistiera). Pero, incluso dentro de las filas del PP, Aznar tiene grandes enemigos, como el Opus Dei, que está empeñado en hacer de España un país de católicos “sobrerracionales” (a pesar de ciertas virtualidades contra el Islam), o como Rato, que sólo apelan al bienestar del presente inmediato, sin querer ver los gigantes que hay que matar para cambiar las estructuras irracionales que se ocultan tras el elitista paraíso actual del que (seguramente por poco tiempo) aún disfrutamos los países “desarrollados”.
De las izquierdas indefinidas y “satisfechas” (malcriadas) del PSOE o IU, o de los nacionalismos particularistas, mejor no hablar. Son lo peor y más bárbaro del personaje Sancho Panza, aunque presuman de querer cambiar el mundo. Eso sí, sin matar gigantes, ni liberar galeotes. Dicen despreciar la violencia y la guerra y esperan la consunción de los tiempos a través del diálogo armonista. Aunque, cuando si se les toca el bolsillo, son capaces de matar al más pintado, sobre el que pronto proyectan sus propios vicios para intentar justificar sus miserias. Han heredado lo peor de Prieto y Negrín, ni siquiera tienen el peligroso encanto de Largo Caballero, o de los anarquistas, y mucho menos la sensatez de Besteiro.

Un cordial saludo. Antonio Sánchez.
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José Mª Rodríguez Vega



Registrado: 11 Oct 2003
Mensajes: 1429

MensajePublicado: Dom Sep 19, 2004 4:50 pm    Título del mensaje: ¿Qué es lo que dicen de mi por ese lugar? Responder citando

Hola.

<¿Qué es lo que dicen de mi por ese lugar? ¿En qué opinión me tiene el vulgo, en qué hidalgos y en qué los caballeros? ¿Qué dicen de mi valentía, qué de mis hazañas y qué de mi cortesía? ¿Qué se platica del asumpto que he tomado de resucitar y volver al mundo la ya olvidada orden caballeresca?> (Don Quijote. Austral. pág. 343)

Yo tal vez no sepa aplicar el MF al Quijote, pero me permitiréis que dude de la traslación que hace del Quijote Antonio Sánchez a nuestros posmodernistas tiempos. Eso es para mi un Quijote invertido...fuera de su tiempo, ahistórico, pervertido.
Yo lo enmarcaría ante el real Imperio y su respectivo fracaso de aquél entonces...Don Quijote sería el ideal de las Españas, el Ideal de España, de la España de la cabeza del real Cervantes manco en Lepanto, de la España Universal y Católica; de la España aún caballeresca en tiempos en que ya la caballería está muriendo, desapareciendo, de la España de Cervantes...Don Quijote es la idea de España...y Sancho es -no España-...sino el Pueblo español al cual es fácil por los canallas de siempre engañar y venderle cualquier ínsula Barataria. Pero Sancho, no es como dice Antonio, < lo peor y más bárbaro> de su actualización gratuita ( hecha por Antonio), encarnando a <las izquierdas indefinidas y “satisfechas” (malcriadas) del PSOE o IU.> ¡Estas sí que se dejan guiar por sus “necesidades animales”!...confunde Antonio a los curas y barberos, a los Carrascos y a los malandrines que ofenden a Dulcinea (España, la eterna novia) con el buen Sancho que llora más que nadie cuando le pide a su señor que no se nos muera (¡que no se nos muera la Idea de España! sino que nos viva muchos años) después de haber sido derrotado por el “moderno” Caballero de la Blanca Luna (el repelente y cuerdo Carrasco) en las playas de la manufacturera Barcelona. Pero un español pierde antes la vida que la honra (entonces), y vencido Don Quijote, vencido el español Cervantes, exclama en él el español de siempre:<Dulcinea (la dulce España) del Toboso es la más hermosa mujer del mundo, y yo el más desdichado caballero de la tierra, y no es bien que mi flaqueza defraude esta verdad. Aprieta, caballero, la lanza, y quítame la vida, pues me has quitado la honra.>
La derrota de la Idea es la muerte de la Dulce España, de Dulcinea...esa p*** a la que por fuerza hay que disfrazar de bella dama...porque lo es...digan lo que digan los cuerdos.

Así, que si me lo actualizan, miren vuesas mercedes de tratarme bien a mi buen Sancho y a su sabio caballero que pierde los estribos por el amor eterno de su amada España, ya que si así no lo hacen, tendrán que medir sus fuerzas a lanzazos conmigo, ¡atajo de malandrines! Voto al diablo que mi Sancho no es Carrasco ni el PSOE ni esos curas de IU, que mi Sancho es el noble pueblo español que enamorado sigue a su señor como buen escudero por los campos yermos de la Mancha en busca de Gloria y de Conquistas que grabar en frente alta de la fama.

Por esto, apreciados MsFs, vuestro método puede ser muy bueno cuando como lo es una buena espada metida en fina vaina; pero los hay villanos y malandrines (como Sansón Carrasco) que escriben estúpidos epitafios en la sagrada tumba de mi alto caballero como si metieran el cipote de un zopenco en la vagina de una mosca, cuando en verdad sólo el Cide Hamete atinó con su noble y fina pluma al colgarla cual espada y decirle esto:<Aquí quedarás, colgada desta espetera y deste hilo de alambre, no sé si bien cortada o mal tajada péñola mía, adonde vivirás luengos siglos, si presuntuosos y malandrines historiadores no te descuelgan para profanarte. Pero antes que a ti lleguen, les puedes advertir, y decirles en el mejor modo que pudieres:

<¡Tate, tate, folloncicos!
De ninguna sea tocada;
Porque esta empresa, buen rey,
Para mi estaba guardada.>


La realidad de `M´ les importa a Sancho y a Don Quijote una higa!
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Atilana Guerrero Sánchez



Registrado: 09 Oct 2003
Mensajes: 99
Ubicación: Madrid

MensajePublicado: Dom Sep 19, 2004 9:21 pm    Título del mensaje: Responder citando

Estimados amigos:
Felicidades por haber iniciado el tema del Quijote con tan gran tino. Y me gustaría sacar de su error a Rodríguez Vega, no obstante su brillante recreación, cuando le pide a Antonio que no malinterprete a la figura de Sancho. Desde mi punto de vista ha demostrado la potencia del Quijote para analizar la política del presente, no porque le imponga desde fuera los conceptos del materialismo filosófico, sino porque la misma novela de Cervantes es ya un libro filosófico, y de filosofía en español. No es extraño, entonces, que desde una filosofía en español que necesita alimentarse de su tradición como es el MF, a la vez que "digerir" la realidad que nos envuelve, se pueda interpretar al personaje de Sancho como el aspecto depredador que el Imperio español contenía, así como la pervivencia del mismo, los "restos del naufragio", en cuantos grupos políticos hoy se niegan a defender a España de los gigantes europeos. Antonio mismo ha hecho referencia a la "quijotización" de Sancho y a la "sanchización" del Quijote, como la necesidad de que en la empresa imperial se conjugaran ambos momentos. Así que Sancho no queda tan mal parado como él piensa. Esto ya está en el Quijote, pues los molinos de viento, símbolo de la industria del momento, del "bienestar" si se quiere, tienen detrás a Holanda, lo que hoy diríamos que es Europa.
En fin, hay mucha tela que cortar, y me parece que habéis ajustado perfectamente el patrón a seguir.
Como una referencia interesante os traigo una noticia del 21 de abril de 1996 en El Mundo sobre la conferencia que Gustavo Bueno dio en la Biblioteca Nacional en vísperas de la Feria del Libro, cuyo titular, palabras de Bueno, rezaba: "Los libros deben hacerse sustancia".
En ella se recogen frases textuales de Bueno sobre el Quijote que resultan imprescindibles para una teoría filosófica de la obra. Paso a copiarla en su integridad para aquellos que no pudieron leerla en su momento:

Gustavo Bueno diserta en la Biblioteca Nacional sobre su aproximación a la lectura.
Angel Vivas.
Madrid.-"Uno de los espectáculos más cursis es el del libro y la rosa, dos objetos que no tienen nada en común, salvo que coinciden en las ramblas". La provocadora afirmación del profesor Gustavo Bueno, en vísperas del 23 de abril, tenía por objeto oponerse al fetichismo del libro. "El hecho de ser libro -añadió- no constituye algo esencial. No son todos iguales y los hay que están llenos de estupideces y necedades".
Para más inri, todo lo anterior lo decía en la Biblioteca Nacional, donde participaba en un ciclo dedicado a las bibliotecas particulares, y en el que ya han intervenido Ana Mª Matute, Antonio Gamoneda, Claudio Rodríguez y José mª Guelbenzu. Gustavo Bueno, que fue presentado por Gabriel Albiac como el autor de la obra de filosofía más ambiciosa en España desde el siglo XVII, explicó que su biblioteca personal, debido a la falta de dinero, es imprescindible de puro modesta, compuesta por pocos libros en ediciones baratas.
Por la misma razón, fue un visitante asiduo de bibliotecas desde su juventud. La de Salamanca, llena de libros religiosos y escolásticos, le despertó el interés hacia estos temas por los que sentía poco aprecio, hasta convertirse en un experto."Sentí curiosidad, como ante un órgano antiguo".
Pero los libros que le influyeron en sus años de formación fueron otros. En primer lugar, el Tratado teológico-político de Spinoza, que leía entre las tapas de un devocionario "como protesta contra el cura que predicaba en la catedral". También el primer tomo de El Capital, en la traducción de Wenceslao Roces, Anatole France, Husserl, Freud, Einstein.
En una etapa posterior, la Vida de Jesús,Heidegger y el Tractatusde Wittgenstein que le prestó a Tierno Galván para que este lo tradujera al español. "Aquel tiempo de silencio era relativo. Los libros estaban en las bibliotecas; nadie los leía, pero estaban emitiendo, faltaba el receptor".
Bueno afirmó que el libro tiene una importancia mayor en la cultura protestante que en la católica. "El católico puede ser analfabeto, lo ha sido de hecho muchas veces, porque no necesita leer, escucha la palabra viva, mientras que para los protestantes el soplo del Espíritu Santo está en la Biblia".
No obstante, dos grandes mitos de nuestra tradición invierten esa tesis. "El Fausto protestante quema los libros. En cambio, el católico Alonso Quijano se identifica con ellos hasta el extremo de querer vivir lo que cuentan. Fausto puede interpretarse como una autocrítica; el Quijote muestra que el libro no se agota en sí mismo, sino que debe hacerse sustancia. Yo me inclino por Don Quijote"

subrayado nuestro

Salud,

Atilana
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Antonio Sánchez Martínez



Registrado: 26 Oct 2003
Mensajes: 339
Ubicación: Rivas Vaciamadrid (España)

MensajePublicado: Dom Sep 19, 2004 9:50 pm    Título del mensaje: Sancho como modelo (límite) y su Panza Responder citando

Veo, de nuevo, que o no me explico bien, o Rodríguez Vega no me entiende, o ambas cosas.
Si se fijara nuestro buen Sancho (Vega) en lo que digo vería que yo no digo que el escudero sea esto o aquello, sino que representa, según creo, un desarrollo de la firmeza desconectada de la generosidad. Sancho podría ser una gran persona o no (dependiendo del temperamento, el carácter, etc.), pero su vida habría sido puramente prosaica, o incluso la de un sujeto que se hubiera visto volcado hacia el bandidaje (como Curro Romero), si no hubiera conocido a D. Quijote (si no se hubiera canalizado su actividad a través de un proyecto universalista y generoso). Del mismo modo D. Quijote no podría haber concretado su acción si no es a través de los requerimientos prosaicos de Sancho… Si se considera la España imperial a través de dicha “pareja” (si no recuerdo mal, el mismo Bueno lo sugiere al hablar del grupo más pequeño como “pareja”), y no a través de sus miembros separados, se entenderá lo que quise decir. Y la cita de Gustavo Bueno, que trae a colación Antonio Romero, creo que va en una línea similar:

La constitución del Imperio católico, lejos de poder reducirse a la condición de un ensueño que algunos (o muchos) hombres pudieron padecer en unas circunstancias determinadas, mientras mantenían sus rutinas cotidianas, fue ella misma (esa constitución) la condición para que la existencia real de esos mismos hombres (de algunos de ellos, al menos, pero capaces de arrastrar a los demás, de grado o por fuerza, como arrastró don Quijote a Sancho) saliera de sus rutinas cotidianas y para que ellos emprendieran unos rumbos efectivos que, de otra manera, no se hubieran tomado. Sobre todo, porque el ejercicio de las empresas orientadas por el Imperio constituyente, determinó unos efectos en los que nosotros mismos estamos comprometidos

En un terreno moral (no político), también creo que las virtudes lo son cuando se atemperan y canalizan adecuadamente, en composición con otras, dependiendo de las circunstancias (la prudencia es imprescindible). Y en este sentido la “Panza” de Sancho representa para D. Quijote, si no lo veo mal, ese peligro de dejarse arrastrar por los vicios más básicos y bárbaros (en contra de la constitución de “personas” –civilizadas-). Y esa dialéctica la viven todas las personas, pero unos la resuelven mejor (virtuosamente) y otros peor. D. Quijote y Sancho “representan” los límites posibles de esas tendencias (y en sí mismos dichos límites tampoco son virtuosos, justamente por su falta de equilibrio, prudencia, etc.), pero sin concretar aún sus posibles desarrollos viciosos o virtuosos.
Cuando hablo del PSOE o IU lo hago en general, atendiendo a sus proyectos efectivos (aunque en sus filas haya gente para todos los gustos) en el plano político y en el moral. Y considero que en sus filas siempre han ganado la partida proyectos que no encuadran con el ortograma del Imperio Español. Y en sus filas hubo sujetos que se dejaron llevar por su lado más “pancista” (por los peores desarrollos del “modelo” de Sancho, sin afirmar que éste desarrollase tales vicios en el relato de Cervantes).
Por cierto, bien claro dije que los errores de mis elucubraciones son míos. No sé a qué viene esa ferocidad contra el Materialismo Filosófico que, en lo que tiene de objetivo, está por encima de todos nosotros. Si la ira de R. Vega va contra mí, sólo le podré decir, al estilo de Sancho (también querido para mí), que “el que se pica ajos come”.

Cuando tenía preparado el presente mensaje he leído el de Atilana Guerrero y tengo que decir que estoy totalmente de acuerdo con ella.
Un cordial saludo. Antonio Sánchez
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Antonio Sánchez Martínez



Registrado: 26 Oct 2003
Mensajes: 339
Ubicación: Rivas Vaciamadrid (España)

MensajePublicado: Dom Sep 19, 2004 9:52 pm    Título del mensaje: Curro Jiménez y no Curro Romero Responder citando

Está claro que quise decir "Curro Jiménez" en lugar de "Curro Romero", que no tengo noticias de que sea un bandido, aunque a veces se alejaba de los toros como de los bandoleros de la guardia civil.

Un cordial saludo. Antonio Sánchez
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José Mª Rodríguez Vega



Registrado: 11 Oct 2003
Mensajes: 1429

MensajePublicado: Lun Sep 20, 2004 1:22 pm    Título del mensaje: La sequedad de Don Quijote. Responder citando

¡Tate, tate, folloncicos!

<No más cesen mis alabanzas -dijo a esta sazón Don Quijote-, porque soy enemigo de todo género de adulación; y aunque ésta no lo sea, todavía ofenden mis castas orejas semejantes pláticas.>

Yo Antonio te entiendo, y no tengo ferocidad alguna contra el MF ni ira para contigo, pero tú debes entenderme a mi: que estamos hablando de literatura y ficciones...así que déjame hacer ficciones y un poco de literatura.

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El decirse de sí mismo que es bueno, o un gran filósofo, es una muy grande impostura, pues que bueno sólo hay por lo visto Uno que está en los cielos, por decirlo así...No necesitaron las Españas agasajos de sí mismas sino sólo que sus propios hijos reconozcan de una vez que ...no seremos grandes mientras el español de la América no se sienta tan español como los hijos de España. Lo cual no impide que seamos distintos cada vez que sea necesario, pero sin apartarnos de la más alta misión común. Así es menester que procedamos, si hemos de lograr que la cultura ibérica acabe de dar todos sus frutos, si hemos de impedir que en la América triunfe sin oposición la cultura sajona.> (José Vasconcelos. La Raza Cósmica.)
Eso comparado con el gallinero de la España actual de las Autonomías es pecatta minuta. Hay que averiguar por qué Sancho viaja en burro y Don Quijote en flaco caballo...y cuantas veces se dice la palabra “España” en el Quijote.

<Y así, ¿qué podría engendrar el estéril y mal cultivado ingenio mío sino la historia de un hijo seco, avellanado, antojadizo, y lleno de pensamientos varios y nunca imaginados de otro alguno., bien como quién se engendró en una cárcel... (Don Quijote. Prólogo.)...Y lo que sigue.

Esto de la sequedad de Don Quijote:<Y estaba tan seco y amojamado, que no parecía sino hecho de carne momia.> (Aguilar. 2003, Part. II, cap. I. pág. 295; libro que me acabo de comprar por 5 Euros,) y pasaje que cita el mismísimo Unamuno en su ensayo <El caballero de la triste figura>(austral, pág. 68); esto de la sequedad, digo, es cosa propia del que en su cordura da todo de sí al hablar de la Razón de Estado (¡Aquí el valor de la española tierra! , que de Cervantes metió López de Hoyos en su epitafio a la Reina Isabel de Valois) -(Op. cit. pág, IX)- , al hablar de la Razón de Estado cual “un Licurgo moderno o un Solón flamante” que nada más recuperar la salud mental la pierde por ir contra el turco. ¿Y para qué se ansía la cordura si no es para perderla por España?

Seca es la España exhausta que soñó aquellas gestas. Seca por expandirse...y avellanada, también acaso, por los plagios y empujes zaragozanos y sajones a que fue sometida...y porque no puede engordar quién en tantos desvelos vive. ¿Pero como quiere Antonio que la Idea de España sea algo diferente de lo que es su sanchopanzesco pueblo?... ese peligro de dejarse arrastrar por los vicios más básicos y bárbaros...¿pero qué de bárbaro tiene estar cuerdo y hartarse de ajos y queso y ver doxamente que la Idea es una santa locura propia de héroes? ¿Hace el pueblo verdadero otra cosa? España no sólo es la Idea...España también es realidad tosca, es cuerpo, materia sin forma...¿Y cómo una Idea iba a cabalgar en Rocinante/raciocinio y rocín por esos campos de Dios en solitario y sin cuerpo, sin el escudo escudero que la soporta?
Porque lo que de esos “dichos límites tampoco son virtuosos, justamente por su falta de equilibrio, prudencia, etc.), pero sin concretar aún sus posibles desarrollos viciosos o
virtuosos.”
...es muy discutible, y con las gestas y palabras de mi Don Quijote mismo se te podrían refregar tales malandrinadas por las mientes.
Aquí la única falta de virtud está en los curas y barberos del PSOE e IU, esa caterva de abogaduchos que ni tienen ideas ni son el pueblo. Pero al gordo pueblo hay que darle una Idea, un caballero noble y seco y enjuto que le de forma, aunque a la materia informal o deformada, al pueblo, le ocurre que es casi siempre como esa “natural condición de mujeres -dijo Don Quijote-; (que) desdeñan a quien las quiere y aman a quién las aborrece. Pasa adelante, Sancho.” (pág. 107)
Pasa adelante con el relato, Sancho. La seca Idea nada es sin ajos y quesos. Los ajos y los quesos, y hasta las morcillas de mi Chirinos son tan santos como la Idea. Y tu panza Sancho, tú santa panza. Esa es la verdadera “imbricación”..., y el libro y Cide Hamete Benengeli su tercer componente genérico. Al fin y al cabo no hay idea que ande sola y sin morcillas por el mundo desde que este otro Quijote nuestro, el Bueno de Bueno, montado en su symploké las ha superado y las ha hecho tan imbricadas con ajos y morcillas que la cosa es ya una perfecta tortilla, tan española como la que más y para envidia del mundo.

Esa es la imagen: A la mediodía, cuando el sol achicharra y ensordece la cigarra, está Sancho a la sombra de una encina empinando el codo, levantando su bota de buen y rancio vino..., y a cuatro pasos y a pleno sol su seco caballero, o lee a su Amadís de Gaula, o da volteretas con sus mondos y secos huesos (es lo que hacen todas las ideas) u ora al Altísimo por la virtud de su Dulcinea, de su España. Pues no es lo mismo la Idea de España que la p*** de España. Cada cual lee lo que quiere y los curas y barberos sólo ven en ella una p***...pero mi buen Sancho...mi buen Sancho acaba viendo las verdaderas realidades de su señor Don Quijote y creyéndoselas tanto como él mismo: no hay locura mientras haya España. Pero ¡ay! ¡ay si se nos muere Don Quijote! pues sin Idea de España no habrá España...<no se nos muera vuesa merced!...que la mayor locura que puede hacer un hombre en esta vida es dejarse morir, sin más ni más...> ¿Y acaso los curas y barberos hediondos no han convencido al buen Sancho de que Don Quijote está muerto y bien muerto? ¡Hideputas!
Y es que la imagen, el símbolo es imprescindible y <el pintarlo quijotescamente es buena filosofía. como símbolo vivo de lo superior del alma castellana.> (Unamuno. El caballero de la triste figura. Austral. Pág. 85)...ese símbolo -no ya del alma castellana, sino del alma española- ¿es empresa de pintor español actual?, se pregunta y nos pregunta Unamuno. ¿Lo es?, pregunto yo.

<El alma de un pueblo se empreña del héroe venidero antes que éste brote a la luz de vida......no es el héroe otra cosa que el alma colectiva individualizada...>, dice Unamuno (y de Unamuno, ese otro Quijote, teníamos por fuerza que hablar aquí y sin nombrar por ahora su Vida de Don Quijote y Sancho).

¿Y qué o cual es ese héroe venidero para la España nuestra de hoy día? ¿Torrente? ¿Bono/Rubalcaba? ¿ZP?...¿O Fodro el de los anillos? ¿Es cierto hoy día aquello de que “la gloria de haber emprendido esta hazaña no la podrá oscurecer malicia alguna”? (Quijote. Austral, pág. 520)...No lo sé, dados los inmensos molinos de antenas sin viento que hay por todas partes. Sea como sea nos quedará el libro, y eso ya es no poco. Vale.

...
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Miguel A. Navarro Crego



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Ubicación: La Felguera (España)

MensajePublicado: Mar Sep 21, 2004 4:16 pm    Título del mensaje: uijo9te" Responder citando

Estimados contertulios:
Evidentemente y como dice Atilana hay mucha tela que cortar ,y el hecho de que Gustavo Bueno al abordar el problema de España, como problema genuinamente filosófico,tenga que diagnosticar "El Quijote" es ya una senda a transitar.
Por lo que veo, habeis comenzado por un tratamiento "in medias res", coordinando ontológicamente la obra de Cervantes con el Imperio. Pienso que con ser esto muy legítimo, cabe introducir la perspectiva gnoseológica. Y esto no por razones neutrales . Ya que en la medida en que el diagnóstico gnoseológico del "Quijote" sea acertado, nos remite el mismo a su significado ontológico.
Mucho hay escrito sobre la "novedad literaria" del Quijote, siendo un lugar común decir que es la "primera novela". Este ha sido el "ámbito semántico" de trabajo de muchos hispanistas, propios y foráneos. Evidentemente , a nosotros, con no ser despreciables esas perspectivas más epistemológicas que gnoseológicas, lo que nos interesa es la dimensión gnoseológica en cuanto que está en conexión dialéctica con la ontológica. En ese sentido es donde la tesis según la cual "El Quijote es todo un tratado de Filosofía" cobra pleno sentido. Esta tesis que Bueno ejerce en su artículo "España" de "El Basilisco Nº 24" yo ya se la conocía de diálogos y entrevistas anteriores a la publicación de dicha Intervención el 14 de abril de 1998 en la reunión "Hispanismo en 1998" (Club de Prensa Asturiana, Oviedo).
Esta tesis se opone a la de Foucault que desde la "Teoría de las Epistèmes" afirma en "Las palabras y las cosas" ( perpectiva hermenéutica, nietzscheana.. que también ejerce en " La Arqueología del Saber") que "El Quijote" representa el triunfo de "lo Mismo" frente a lo Otro, en el seno del paradigma o epistème renacentista. El mismo diagnóstico hace Foucault sobre el cuadro "Las Meninas " de Velázquez.
Creemos, que "El Quijote" sería la representación " del pathos mundano" que hace posible el ortograma Imperial (como Imperio cristiano católico), pero también sus límites ( 2ª Quijote). "El Quijote" estaria ejerciendo el "territorium" referencial sobre el que la "Ontoteología escolástica española " también trabaja, y esto con independencia de que haya una tradición "naturalista" moral, o erasmista ( por ejemplo contra el automatismo de las bestias de Gómez Pereira y la ulterior tradición cartesiana) . En ese sentido, la "locura de Quijote-Sancho" es ontológicamente objetiva y es consustanciual a la empresa imperial.
La identidad genoseológica de la segunda parte del Quijote, es más compleja que la primera. Frente a la "quema de libros" de la primera, el segundo "Quijote" no se puede entener sin el primero y sin el de Avellaneda. Lo ya escrito, cobra identidad propia y autorreferencial. Así , de tal suerte, que el personaje "Quijote" ya no se puede pensar sin esa mediación dialéctica del libro. Ahí se produce la "inversión teológica". El "mundo" ,la identidad del sujeto Quijote, se construye frente a lo escrito, frente a lo formado y deformado por la imprenta. Pero también la identidad del "Sancho más disparatado" cobra una altura nueva.
Disculpad si lo que digo no está muy fundamentado. Evidentemente " la significación filosófica" del Quijote desde las coordenadas del materialismo filosófico ( p. e. la inversión teológica, en cuanto inversión ontológica y gnoseológica) es trabajo para toda una muy amplia Tesis Doctoral.
Atentamente Miguel Ángel.
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José Mª Rodríguez Vega



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MensajePublicado: Mar Sep 21, 2004 11:21 pm    Título del mensaje: El burro de Sancho. Responder citando

¡Que burro es este Sancho!

¿No veis al popular Sancho tirando de las bridas de su burro con su maltrecho señor encima del jumento mientras las enmohecidas armas del derrotado caballero van cargadas sobre el cansino Rocinante?
Suben una cañada después de ser molidos a palos y buscan lugar donde reposar de tantas fatigas y trabajos. La Idea ha de ser arrastrada por el Pueblo. Si una Idea no es ayudada por el pueblo, por buena que sea, la Idea se pierde, se enmohece y acaba derrotada y fracasando.
Pero es claro que la astucia de los duques y sicofantes, curas y barberos y demás ralea urdirá continuamente lisonjas y estratagemas como cuando al pueblo se le promete su gobierno y autogobierno en su ínsula del Parnaso, que de lo que se trata es de alejarlo de su caballero para que ni le lleve su cuerpo cuando esté maltrecho a lomos de su burro, ni arrastre sus armas oxidadas en los lúgubres momentos de la triste derrota. Al pueblo pan y circo, fútbol y caza y así quedará “desencantada” de una vez por todas España, digo...Dulcinea, como se relata en el capítulo XXXIV de la Segunda parte:

<<De los osos seas comido
como Favila el nombrado.

—Ese fue un rey godo —dijo don Quijote— que yendo a caza de montería le comió un oso.

—Eso es lo que yo digo —respondió Sancho—, que no querría yo que los príncipes y los
reyes se pusiesen en semejantes peligros, a trueco de un gusto que parece que no le había de ser, pues consiste en matar a un animal que no ha cometido delito alguno.

—Antes os engañáis, Sancho —respondió el duque—, porque el ejercicio de la caza de monte es el más conveniente y necesario para los reyes y príncipes que otro alguno. La caza es una imagen de la guerra: hay en ella estratagemas, astucias, insidias, para vencer a su salvo al enemigo; padécense en ella fríos grandísimos y calores intolerables; menoscábase el ocio y el sueño, corrobóranse las fuerzas, agilítanse los miembros del que la usa, y, en resolución, es ejercicio que se puede hacer sin perjuicio de nadie y con gusto de muchos; y lo mejor que él tiene es que no es para todos, como lo es el de los otros géneros de caza, excepto el de la volatería, que también es solo para reyes y grandes señores. Así que, ¡oh Sancho!, mudad de opinión, y cuando seáis gobernador, ocupaos en la caza y veréis como os vale un pan por ciento.

—Eso no —respondió Sancho—: el buen gobernador, la pierna quebrada, y en casa.
¡Bueno sería que viniesen los negociantes a buscarle fatigados, y él estuviese en el monte
holgándose! ¡Así enhoramala andaría el gobierno! Mía fe, señor, la caza y los pasatiempos más han de ser para los holgazanes que para los gobernadores. En lo que yo pienso entretenerme es en jugar al triunfo envidado las pascuas, y a los bolos los domingos y fiestas, que esas cazas ni cazos no dicen con mi condición ni hacen con mi conciencia.

—Plega a Dios, Sancho, que así sea, porque del dicho al hecho hay gran trecho.

—Haya lo que hubiere —replicó Sancho—, que al buen pagador no le duelen prendas, y más vale al que Dios ayuda que al que mucho madruga, y tripas llevan pies, que no pies a tripas; quiero decir que si Dios me ayuda, y yo hago lo que debo con buena intención, sin duda que gobernaré mejor que un gerifalte. ¡No, sino pónganme el dedo en la boca, y verán si aprieto o no!

—¡Maldito seas de Dios y de todos sus santos, Sancho maldito —dijo don Quijote—, y cuándo será el día, como otras muchas veces he dicho, donde yo te vea hablar sin refranes una razón corriente y concertada! Vuestras grandezas dejen a este tonto, señores míos, que les molerá las almas, no solo puestas entre dos, sino entre dos mil refranes, traídos tan a sazón y tan a tiempo cuanto le dé Dios a él la salud, o a mí si los querría escuchar.>>


No pida vuesa merced peras al olmo que para el pueblo es la doxa y para mi señor la episteme. Que morcillas y doxa llevan episteme, que no la cabeza a las tripas. Y aquí no se hable más; aunque yo, mi señor Don Quijote, sin vos no podría vivir.





http://cvc.cervantes.es/obref/quijote/indice.htm
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Felipe Giménez Pérez



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MensajePublicado: Mie Sep 22, 2004 1:07 am    Título del mensaje: Pesimismo, realismo Responder citando

Estimados contertulios: El Quijote siempre me hizo reír mucho, tal y como ya en el siglo XVII era un libro cómico. Parece ser que se leía mucho en los pueblos y provocaba la risa al vulgo y es claro que la ironía presente en tal novela tiene una intencionalidad a mi juicio: despreciar lo que hoy llamamos progresismo: Don Quijote está loco y eso quiere decir que todo lo que hace y dice es propio de un loco, queda descalificado de antemano. Cuando libera a los galeotes D. Quijote, Cervantes, como buen conservador y de orden, desprecia la idea de la reinserción y todas esa bobada progresista de que el delincuente es bueno. Igual ocurre cuando D. Quijote por ejemplo elogia la edad de oro entre los cabreros hablando de un comunismo primigenio, el estado del buen salvaje. Ese planteamiento hecho por un loco, queda descalificado. Quiero decir que Cervantes era realista y pesimista, no creía en las utopías, era un conservador de orden. Claro, habría que analizar toda la novela entera, pero por ´mi lectura del Quijote, justamente, los proyectos utópicos quedan desacalificados por completo. La novela es una enérgica apelación al realismo. Atentamente,
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José Mª Rodríguez Vega



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MensajePublicado: Jue Sep 23, 2004 10:16 am    Título del mensaje: La seriedad de Don Quijote. Responder citando

Pues a mis entendederas de ganapán les parece que no es ese, el de Don Felipe, mi Don Quijote, sino precisamente todo lo contrario; que este inmenso libro hay que leerlo riendo y llorando a la vez y que en él no se relatan locuras de un loco, sino las locuras únicas que sólo pueden tener los cuerdos...Que por los libros no se vuelve uno loco, sino muy cuerdo; y que locos están todos los que nunca leen libros y por eso jamás tratan de hacer grandes corduras...Solo a un loco se le podría ocurrir tratar las aventuras de la vida de este mi caballero, tan sin lozanía y avellanado, no haciendo <otra cosa que buscar un libro que los acote todos, desde la A hasta la Z>, y citando a porrillo a los Santos Tomases y a los Ovidios y Virgilios como al Genio le aconsejó su amigo, aquél amigo “gracioso y bien entendido” que interrumpiéndole en sus meditaciones para el prólogo tan oportunamente le aconsejó aquello de que aunque < hubiere algunos pedantes y bachilleres que por detrás os muerdan y murmuren desta verdad, no se os dé dos maravedís, porque, ya que os averigüen la mentira, no os han de cortar la mano con que lo escribistes.>

A lo que el Genio Cervantes se contesta:

<< Con silencio grande estuve escuchando lo que mi amigo me decía, y de tal manera se imprimieron en mí sus razones, que, sin ponerlas en disputa, las aprobé por buenas y de ellas mismas quise hacer este prólogo, en el cual verás, lector suave, la discreción de mi amigo, la buena ventura mía en hallar en tiempo tan necesitado tal consejero, y el alivio tuyo en hallar tan sincera y tan sin revueltas la historia del famoso don Quijote de la Mancha, de quien hay opinión, por todos los habitadores del distrito del campo de Montiel, que fue el más casto enamorado y el más valiente caballero que de muchos años a esta parte se vio en aquellos contornos. Yo no quiero encarecerte el servicio que te hago en darte a conocer tan noble y tan honrado caballero; pero quiero que me agradezcas el conocimiento que tendrás del famoso Sancho Panza, su escudero, en quien, a mi parecer, te doy cifradas todas las gracias escuderiles que en la caterva de los libros vanos de caballerías están esparcidas. Y con esto Dios te dé salud y a mí no olvide. Vale.>>

Con lo que el Genio de Cervantes, acaba diciéndonos que él también cree en la verdadera realidad de Don Quijote, la cual se hace y desarrolla por los reales campos de Montiel y contornos...¡Os averigüen la mentira!, dice el “gracioso y bien entendido” impertinente de su amigo..., y que <...con estos latinicos y otros tales os tendrán siquiera por gramático, que el serlo no es de poca honra y provecho el día de hoy.>

Con semejantes entendederas no se va a ninguna parte. Y Cervantes, claro es, no hace ni puñetero caso a su “gracioso y bien entendido” amigo.

¡Cuidado con descolgar la pluma de Cide Amete!:

<¡Tate, tate, folloncicos!
De ninguna sea tocada;
Porque esta empresa, buen rey,
Para mi estaba guardada.>


Y es que la traslación de nuestros conceptos actuales al tiempo de Cervantes nos puede hacer que no encontremos a Don Quijote por ninguna parte. Precisamente porque Cervantes no creía en las utopías y era un hombre de orden, es por lo que Don Quijote por fuerza ha de aparentar (aparecer) y ser un loco (para escándalo de la ideología dominante). Tampoco podemos olvidar el cristianismo católico de Cervantes que no tenía menos locura cuerda que el mismo Don Quijote, no en vano Unamuno compara a Don Quijote con San Ignacio de Loyola, otro caballero de otra diferente pero parecida Orden, según dice Unamuno. La piedad era común en todo bien nacido por aquél entonces.

La para-doxa de Don Quijote hay que entenderla de igual manera a como se entiende el “escándalo” de la cruz, del cristianismo, esto es, la paradoja del Jesús de los Evangelios y de Tertuliano: el escándalo a la razón. Eso es lo que mamaba Cervantes y lo que mamaban todos los caballeros que por el mundo y en aquellos tiempos se desparramaban buscando y expandiendo a la vulgar y p*** María de Magdala Aldonza Lorenzo para convertirla en la bella Dulcinea, en la España universal y perdonada; no otra cosa hicieron los Cortés y Pizarros y los Covarrubias y Las Casas y otros muchos.
El Quijote no es un libro de chistes...es una tragedia en el tiempo en el que ya no es posible la existencia real de aquellos caballeros, en que esos caballeros con Santiago Matamoros en cabeza, están siendo relevados de su ideal holótico por los curas y los barberos, por los comerciantes y los magnates pequeñoburgueses y padres del actual capitalismo depredador. Don Quijote muere porque con los tiempos de Cervantes muere aquélla Idea de España: el Imperio no es posible sino con la muerte misma de España y por eso a Don Quijote no le queda otro remedio que usar de la bacia de un barbero: ya no hay celadas nobles de viejos guerreros que meterse en la cabeza y todas las armas antiguas están arrinconadas y enmohecidas.
Don Quijote no es un mito falso, es un mito verdadero, como el mito del Cid y el de Don Juan o la Celestina como ya vio bien Ramiro de Maeztu. Por eso el Quijote es una novela “realista”, porque ese es el realismo de su tiempo, no del nuestro.

http://cvc.cervantes.es/obref/quijote/parte1/prologo/

-----------

Cualquier historia cuadra bien para hablar de la verdadera cordura de nuestro entrañable loco: En el Cap. XVII de la segunda parte, Don Quijote se emperra en batirse con dos fieros leones y es aconsejado por el hidalgo a que tal locura no haga:

<< —Pues ¿tan loco es vuestro amo —respondió el hidalgo—, que teméis y creéis que se ha de tomar con tan fieros animales?

—No es loco —respondió Sancho—, sino atrevido.

—Yo haré que no lo sea —replicó el hidalgo.

Y llegándose a don Quijote, que estaba dando priesa al leonero que abriese las jaulas, le dijo:

—Señor caballero, los caballeros andantes han de acometer las aventuras que prometen
esperanza de salir bien dellas, y no aquellas que de todo en todo la quitan; porque la valentía que se entra en la juridición de la temeridad, más tiene de locura que de fortaleza.
Cuanto más que estos leones no vienen contra vuesa merced, ni lo sueñan: van presentados a Su Majestad, y no será bien detenerlos ni impedirles su viaje.

—Váyase vuesa merced, señor hidalgo —respondió don Quijote—, a entender con su
perdigón manso y con su hurón atrevido, y deje a cada uno hacer su oficio. Este es el
mío, y yo sé si vienen a mí o no estos señores leones.>>


Queda claro que es “atrevido y no loco”...y queda muy claro que cada uno ha de “hacer su oficio”. Si tomamos por cordura al hidalgo y por loco a Don Quijote, la catarsis queda mermada, vulgarizada; y esta gran novela y tragedia queda reducida a simple ingenio de gracias vulgares. Lo grande del Quijote es que entre la ficción nos entromete la realidad, pues que también las ideas son reales, una realidad que nada tiene que ver aquí con el atuendo metrosexual del hidalgo y su compostura:<Váyase vuesa merced, señor hidalgo, a entender con su perdigón manso y con su hurón atrevido.> Esto no es París...sino España. Revale.

http://cvc.cervantes.es/obref/quijote/parte2/cap17/
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José Mª Rodríguez Vega



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MensajePublicado: Vie Sep 24, 2004 8:46 am    Título del mensaje: El guerrero don Quijote. Responder citando

Capítulo LVIII+

Que trata de cómo menudearon sobre don Quijote aventuras tantas, que no se daban
vagar unas a otras.

Cuando don Quijote se vio en la campaña rasa, libre y desembarazado de los requiebros de Altisidora, le pareció que estaba en su centro y que los espíritus se le renovaban para proseguir de nuevo el asumpto de sus caballerías, y volviéndose a Sancho le dijo:

—La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los
cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre; por la libertad así como por la honra se puede y debe aventurar la vida, y, por el contrario, el cautiverio es el mayor mal que puede venir a los hombres. Digo esto, Sancho, porque
bien has visto el regalo, la abundancia que en este castillo que dejamos hemos tenido; pues en mitad de aquellos banquetes sazonados y de aquellas bebidas de nieve me parecía a mí que estaba metido entre las estrechezas de la hambre, porque no lo gozaba con la libertad que lo gozara si fueran míos, que las obligaciones de las recompensas de los beneficios y mercedes recebidas son ataduras que no dejan campear al ánimo libre.
¡Venturoso aquel a quien el cielo dio un pedazo de pan sin que le quede obligación de
agradecerlo a otro que al mismo cielo!

—Con todo eso —dijo Sancho— que vuesa merced me ha dicho, no es bien que se quede
sin agradecimiento de nuestra parte docientos escudos de oro que en una bolsilla me dio el mayordomo del duque, que como píctima y confortativo la llevo puesta sobre el corazón, para lo que se ofreciere, que no siempre hemos de hallar castillos donde nos regalen, que tal vez toparemos con algunas ventas donde nos apaleen.


Para un guerrero como es don Quijote, lo principal no es la vida, la cual se puede aventurar por la libertad y la honra, esto es, por la dignidad de la persona, dignidad que es libre cuando no está por completo engolfada en el mercado pletórico (“aquellos banquetes sazonados y de aquellas bebidas de nieve”) que no eran suyos, hijos de sus propias obras, sino que esas “mercedes recebidas son ataduras que no dejan campear al ánimo libre”. Esta es la pobreza de don Quijote, su estoicismo cristiano tan propio de la prédica de tantos y tantos sabios...¡Pero ay! Una cosa es la Idea de una España sin ataduras y libre para hacer su genuino andar, y otra muy diferente la realidad de la dependencia, de la “codeterminación” frente a los demás. El Pueblo lleva el emplasto sobre el corazón porque él es lo puramente dependiente y necesita para poder ser, prevenir los tiempos y las ventas donde tal vez le apaleen. Al pueblo las más de las veces no le va la honra ni la libertad, sino la seguridad parca del consumo “confortativo”...La Idea no parte ni puede partir de él...él sólo se limita a ayudarla con sus morcillas y jumento, pues cuando la Idea es apaleada sólo le resta como alternativa buscar reposo en el regazo único del pueblo, que es su acervo.

Y un poco más abajo vemos como don Quijote es, como he dicho, un guerrero:

<< Rióse don Quijote y pidió que quitasen otro lienzo, debajo del cual se descubrió la imagen del Patrón de las Españas a caballo, la espada ensangrentada, atropellando moros y pisando cabezas; y en viéndola, dijo don Quijote:

—Este sí que es caballero, y de las escuadras de Cristo: este se llama don San Diego
Matamoros, uno de los más valientes santos y caballeros que tuvo el mundo y tiene
agora el cielo.>>


O sea, que ya ven vuesas mercedes como mi Quijote es una Idea guerrera, como guerrera que es toda Idea verdadera...Y como lo más alejado que poder hubiera de mi don Quijote es ese cura y barbero convertido por las artes encantadoras de Merlín al pacifismo traidor y mojigato de los que arrancan las imágenes de Santiago matamoros de sus históricos lugares para contentar al nefasto moro y a su bárbaro Dios.

<< Luego descubrieron otro lienzo y pareció que encubría la caída de San Pablo del caballo abajo, con todas las circunstancias que en el retablo de su conversión suelen pintarse.
Cuando le vido tan al vivo, que dijeran que Cristo le hablaba y Pablo respondía:

—Este —dijo don Quijote— fue el mayor enemigo que tuvo la Iglesia de Dios Nuestro
Señor en su tiempo y el mayor defensor suyo que tendrá jamás: caballero andante por la
vida y santo a pie quedo por la muerte, trabajador incansable en la viña del Señor, doctor de las gentes, a quien sirvieron de escuelas los cielos y de catedrático y maestro que le enseñase el mismo Jesucristo.

No había más imágines, y, así, mandó don Quijote que las volviesen a cubrir y dijo a los que las llevaban:

—Por buen agüero he tenido, hermanos, haber visto lo que he visto, porque estos santos y caballeros profesaron lo que yo profeso, que es el ejercicio de las armas, sino que la diferencia que hay entre mí y ellos es que ellos fueron santos y pelearon a lo divino y yo soy pecador y peleo a lo humano. Ellos conquistaron el cielo a fuerza de brazos, porque el cielo padece fuerza, y yo hasta agora no sé lo que conquisto a fuerza de mis trabajos; pero si mi Dulcinea del Toboso saliese de los que padece, mejorándose mi ventura y adobándoseme el juicio, podría ser que encaminase mis pasos por mejor camino del
que llevo.

—Dios lo oiga y el pecado sea sordo —dijo Sancho a esta ocasión.

Admiráronse los hombres así de la figura como de las razones de don Quijote, sin entender la mitad de lo que en ellas decir quería. Acabaron de comer, cargaron con sus imágines y, despidiéndose de don Quijote, siguieron su viaje.>>


Si España (Dulcinea) “saliese de los trabajos que padece...mejorándose mi ventura, mi Idea...así se me “adobaría” el juicio y podría encaminar mis pasos por un camino mejor del que llevo como guerrero. Estar loco es querer y amar la Idea, la Idea de las Españas...estar cuerdo es ser y parecerse a los hombres que sin entender de las palabras y las razones de don Quijote ni “la mitad de lo que en ellas decir quería”, ni saben qué imágenes llevan ni a donde las llevan, que no tienen ni imaginación ni idea alguna.

http://cvc.cervantes.es/obref/quijote/parte2/cap58/

Sobre la profesión guerrera de don Quijote -pues no hay Idea de Estado que no sea una idea guerrera-, véase el cap. XIII de la 1ª parte, Austral pág. 67 y http://cvc.cervantes.es/obref/quijote/parte1/parte02/cap13/, donde se nos enseña entre otras cosas como un buen caballero se encomienda antes a su señora Patria que no a su Dios verdadero, pues “que tiempo y lugar les queda para hacerlo en el discurso de la obra”. ¿Pero qué obra es esa si no es únicamente la construcción de España con Santiago Matamoros en cabeza?

Si don Quijote andase por estos andurriales y viese a ZP y al analfabeto del Llamazares endosarnos el líbelo cusano del “pacto y la convivencia entre civilizaciones” y demás estupideces...¡les metería un lanzazo que las tripas les caerían al suelo!
El Quijote es una épica, es la épica más grande jamás escrita porque es la epopeya verdadera de la verdadera construcción de un Pueblo, de España; que se hizo y se ha de hacer por necesidad de las cosas políticas “atropellando moros y pisando cabezas”. Vale.
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José Mª Rodríguez Vega



Registrado: 11 Oct 2003
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MensajePublicado: Lun Sep 27, 2004 4:07 pm    Título del mensaje: Madre querida, España. Responder citando

En 1571, nuestro héroe participa en la batalla de Lepanto y allí le hieren el pecho y en la mano izquierda que le queda inútil, en 1573 y con otros reconquista la Goleta de Túnez, y cuando regresa a su patria, a su España, su galera se tropieza con cuatro galeazas turcas y es hecho prisionero acabando con sus huesos junto con los de su hermano Rodrigo en Argel, donde en 1578 recibe dos mil palos por intentar la fuga y allí queda maltrecho hasta el 1580 en que es rescatado por Fray Juan Gil.

Tantos palos o más que su futuro caballero andante -¿y qué español por entonces no era andante?- Buscó la Gloria y la encontró en Aldonza Lorenzo, “moza labradora de muy buen parecer, de quien él un tiempo anduvo enamorado”, según se nos dice en el capítulo primero, esta Aldonza es la misma a la que canta en El Cerco de Numancia y que es nombrada por el ancho Duero:

<Madre querida, España: rato había
que oi en mis oídos tus querellas,
y si en salir acá me detenía,
fue por no poder dar remedio a ellas.>


Y es que una cosa es la realidad tan apaleada, y otra muy contraria la realidad encumbrada a la alta Gloria por la audacia de la Idea. Sea como sea, Cervantes sentía en sus huesos crujir España...Hoy también, como siempre, cruje, pero ya no hay hidalgos “de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor” (aunque aún hay y vuelven las galeazas del turco, del moro). Todo eso es ya muy antiguo y ahora nadie o casi nadie se detiene por no poder dar remedio a las querellas de España, por no “poder dar remedio a ellas”, ahora lo que nos detiene es la parálisis de la esclerosis. Y sin embargo hubo un tiempo en el cual este caballero de la triste figura montó a Cavileño con los ojos vendados, y con su también ciego escudero detrás en la grupa, lanzose por los aires a resolver las querellas de la Madre del Duero, pasare lo que pasare (¡la Idea ciega y el pueblo ciego montan a Cavileño!).
Ahora en lugar de galgos corredores lo que tenemos son ridículos perritos falderos. Todo es tremendamente vulgar...masivo, una total deshonra...cuando creemos ver mucho es que no vemos nada, por eso nos han dicho: <Ya lo veis todo, ya sois la democracia>.
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José M. Gallego García



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Ubicación: Murcia

MensajePublicado: Jue Sep 30, 2004 2:33 pm    Título del mensaje: Responder citando

Saludos,

El pasado domingo publicó don José Perona, en el periódico murciano La Verdad, un artículo sobre el Quijote. Su autor es Catedrático de Universidad de Lengua Española y Lingüística General de la Universidad de Murcia, magnifico conocedor del castellano arcaíco y del latín vulgar.

Con su carácteristico humor, muestra las claves de la obra cervantina. Quisiera destacar lo siguiente, a fin de que los foristas determinen si es "larga" o corta la influencia de Erasmo en Cervantes, o si bien los contenidos humanistas proceden, y en qué medida, de otros autores españoles. " ¿Quién entenderá la larga presencia de Erasmo...?"

Y por último alguién sabe qué es lo del "engaño a los ojos".



TRIBUNA
'El Quijote' en la escuela
JOSÉ
PERONA/


Dice la prensa que el libro de Cervantes va a ser materia de lectura y comentario en las escuelas españolas durante el año de su cuarto centenario. También que algunos centenares de escuelas e institutos van a llevar a los alumnos por las rutas de Don Quijote y Sancho.
¿Qué error! ¿Qué inmenso error! Todo el aprendizaje cognitivo y significativo, todo el montaje comunicativo, todos los procedimientos y actitudes de los últimos veinte años, todos los trabajos sobre la Gestalt del entonno arramblados por esa insensata lectura de un libro, por lo demás, manchego, ajeno a las reivindicaciones nacionalistas.
¿Qué torpeza proponer a los alumnos de la Play Station y de los lenguajes SMS una lectura española del humanismo! ¿Qué locura proponer la lectura en alta voz de esa lengua de comienzos del seiscientos capaz de todas las finuras, de todos los matices! ¿Qué ridículo leer ese minucioso modo de narrar una batalla, de recrearse en la calma de los diálogos renacentistas, de plantear la existencia de los múltiples modos de ver la realidad y los libros! ¿Qué patético ese recuerdo de una forma espléndida de escribir! ¿Qué reaccionaria esa forma de vivir! ¿Qué antiguo ese discurso de las armas y de las letras! ¿Qué despropósito esa manera de resumir una tradición!
¿Qué afrenta al multiculturalismo ese mamotreto de rancio españolismo escrito desde La Mancha profunda contra la diversidad de las Españas! ¿Qué pesadez tener que mirar varias veces el diccionario en cada párrafo, en cada página, en cada capítulo! ¿Qué aburrido! ¿Qué tostón!
Dicen que, a veces, alea en sus páginas una sonrisa culta y cansada, una sosegada actitud ante la vida, una ternura por el personaje o por los personajes. Pero, ¿quién comprenderá las metáforas, las metonimias, el sarcasmo, las referencias precisas o encubiertas si se ha conseguido eliminar el poso del humanismo que lo recorre de principio a fin? ¿Quién entenderá la larga presencia de Erasmo, quién acompañará con risas la risa, con lágrimas el llanto, con mesura el ordenado flujo de los diálogos?
¿Quién la bajada a la cueva de Montesinos, quién a Maritornes y a Clavileño, quién al Caballero de los Espejos o al de la Triste Figura? ¿Qué es eso del engaño a los ojos? ¿Qué es ese juego de refranes? ¿Quién leerá como Dios manda esos párrafos de quince, veinte o treinta líneas sin un verbo, ahora que todo es sujeto, verbo, complemento? ¿Qué es eso de un castillo en el apogeo de las casas rurales? ¿Qué es eso de la orden de caballería? ¿Qué es eso de tener ideales con la que está cayendo?
¿Cómo a estas alturas pretender que exista un tiempo largo, silencioso y lento para el aprender leyendo y releyendo? ¿Qué es eso del Renacimiento? ¿Cui prodest? ¿Qué es ese juego estúpido de los nombres de los capítulos? ¿Qué antigualla es esa?
Repito. ¿Qué error! ¿Qué inmenso error! Habría que encerrar el cadáver del Quijote bajo siete llaves. Máxime si sabemos que el autor era un judío converso que se atrevió, en el colmo de la desfachatez, a negarse al matrimonio de las civilizaciones y a militar en una batalla infame contra la flota turca que quería, aunque alguien lo dude, profundizar en los principios del humanismo europeo. Como todo el mundo sabe, gracias a Lepanto la Europa cristiana se hundió en una aventura intelectual de cuatro siglos de oscurantismo frente al Humanismo turco.
Repito. En este mundo multicultural, rápido, posmoderno, es un error promover en las escuelas la lectura y el comentario de El Quijote. En nombre de los sagrados principios comunicativos, creo que esta elección es un error. Un retroceso epistemológico. ¿A quién se le habrá ocurrido promover una lectura de semanas y de meses en estos tiempos de la gozosa oralidad? ¿Quién librará a los alumnos de las depresiones promovidas por una larga exposición a la lectura y a su meditación? ¿Y si, todavía jóvenes, perpetran la nefasta manía de pensar? ¿Y si se acostumbran a leer a los clásicos? ¿Y si disfrutan con su lectura?
Máxime ahora que los planes de Bolonia, con la impagable ayuda del Ministerio de Educación y Ciencia de España y sus voceros posmodernos, de éste y del anterior y del que venga, han decidido suprimir la carrera de Filología Española de los planes del futuro. Total, ¿para qué dedicar una carrera a una lengua hablada por 400 millones de personas?
Por todo ello, propongo que se retire de las aulas la lectura del Quijote, ajeno a los itinerarios educativos, contrario al currículum de los centros, enemigo del conocimiento de los bables y fablas, ayuno del conocimiento del entorno, falto del espíritu de la multiculturalidad. Cargado, en fin, de mil y una frases de sosiego y de humanismo. Y, por si fuera poco, aunque ustedes no lo quieran ver, es una vuelta de tuerca del centralismo españolista. Y de su lengua.
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José Mª Rodríguez Vega



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MensajePublicado: Sab Oct 16, 2004 12:19 pm    Título del mensaje: «stultorum infinitus» Responder citando

Antes del Quijote nadie en ningún lugar escribió sobre la propia obra que se lleva entre manos. En el Quijote se habla del Quijote, en esta novela se habla de las novelas y de ella misma...Posteriormente a la lectura del Quijote nunca he tenido por bella o me ha resultado bella cualquier obra que hable de sí misma. No todo arte puede hablar de sí mismo: la pintura puede pintar dentro de un cuadro otros cuadros (el Entierro del Conde de Orgaz, del Greco, es un caso muy conocido), la arquitectura puede en su espacio albergar otros edificios, y puede hacerse un film sobre el mismo film, &c. la música no puede hablar sobre sí misma, tampoco la escultura. La razón de esto es evidente.

Es la literatura la que mejor puede “doblarse” sobre sí misma debido a la plasticidad del lenguaje, debido a que el lenguaje puede hablar de sí mismo, de su objeto, con total soltura, y no porque se tenga una idea sobre la misma idea, cosa que sería pura tautología imposible de ser llevada a cabo, sino porque el lenguaje -escrito y hablado- es el único arte junto con la música, que transcurre en el tiempo. La pintura y la escultura pueden hacerlo porque el espacio y las superficies pueden siempre ser más grandes, dar cabida a otros cuadros, a otros edificios dentro de ese cuadro y dentro de ese edificio. La música no puede hacerlo porque el sonido es siempre un lenguaje para un otro objeto, y la escultura no puede porque dos cuerpos no ocupan nunca el mismo lugar.

En el Quijote, capítulo III de la segunda parte, se habla así:

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<<—Callad, Sancho —dijo don Quijote—, y no interrumpáis al señor bachiller, a quien suplico pase adelante en decirme lo que se dice de mí en la referida historia.

—Y de mí —dijo Sancho—, que también dicen que soy yo uno de los principales
presonajes della.

—Personajes, que no presonajes, Sancho amigo —dijo Sansón.

—¿Otro reprochador de voquibles tenemos? —dijo Sancho—. Pues ándense a eso y no acabaremos en toda la vida.

—Mala me la dé Dios, Sancho —respondió el bachiller—, si no sois vos la segunda persona de la historia, y que hay tal que precia más oíros hablar a vos que al más pintado de toda ella, puesto que también hay quien diga que anduvistes demasiadamente de crédulo en creer que podía ser verdad el gobierno de aquella ínsula ofrecida por el señor don Quijote, que está presente.

—Aún hay sol en las bardas —dijo don Quijote—, y mientras más fuere entrando en edad Sancho, con la esperiencia que dan los años, estará más idóneo y más hábil para ser
gobernador que no está agora.

—Por Dios, señor —dijo Sancho—, la isla que yo no gobernase con los años que tengo no la gobernaré con los años de Matusalén. El daño está en que la dicha ínsula se
entretiene, no sé dónde, y no en faltarme a mí el caletre para gobernarla.

—Encomendadlo a Dios, Sancho —dijo don Quijote—, que todo se hará bien, y quizá mejor de lo que vos pensáis, que no se mueve la hoja en el árbol sin la voluntad de Dios.

—Así es verdad —dijo Sansón—, que, si Dios quiere, no le faltarán a Sancho mil islas que gobernar, cuanto más una.

—Gobernador he visto por ahí —dijo Sancho— que a mi parecer no llegan a la suela de
mi zapato, y, con todo eso, los llaman «señoría», y se sirven con plata.

—Esos no son gobernadores de ínsulas —replicó Sansón—, sino de otros gobiernos más manuales, que los que gobiernan ínsulas por lo menos han de saber gramática.

—Con la grama bien me avendría yo —dijo Sancho—, pero con la tica ni me tiro ni
me pago, porque no la entiendo. Pero dejando esto del gobierno en las manos de Dios,
que me eche a las partes donde más de mí se sirva, digo, señor bachiller Sansón Carrasco, que infinitamente me ha dado gusto que el autor de la historia haya hablado de mí de manera que no enfadan las cosas que de mí se cuentan: que a fe de buen escudero que si hubiera dicho de mí cosas que no fueran muy de cristiano viejo, como soy, que nos habían de oír los sordos.

—Eso fuera hacer milagros —respondió Sansón.

—Milagros o no milagros —dijo Sancho—, cada uno mire cómo habla o cómo escribe de las presonas, y no ponga a trochemoche lo primero que le viene al magín.

—Una de las tachas que ponen a la tal historia —dijo el bachiller— es que su autor puso en ella una novela intitulada El Curioso impertinente, no por mala ni por mal razonada, sino por no ser de aquel lugar, ni tiene que ver con la historia de su merced del señor don Quijote.

—Yo apostaré —replicó Sancho— que ha mezclado el hideperro berzas con capachos.

—Ahora digo —dijo don Quijote— que no ha sido sabio el autor de mi historia, sino algún ignorante hablador, que a tiento y sin algún discurso se puso a escribirla, salga lo que saliere, como hacía Orbaneja, el pintor de Úbeda, al cual preguntándole qué pintaba respondió: «Lo que saliere». Tal vez pintaba un gallo de tal suerte y tan mal parecido, que era menester que con letras góticas escribiese junto a él: «Este es gallo». Y así debe de ser de mi historia, que tendrá necesidad de comento para entenderla.

—Eso no —respondió Sansón—, porque es tan clara, que no hay cosa que dificultar en ella: los niños la manosean, los mozos la leen, los hombres la entienden y los viejos la
celebran; y, finalmente, es tan trillada y tan leída y tan sabida de todo género de gentes,
que apenas han visto algún rocín flaco, cuando dicen: «Allí va Rocinante». Y los que
más se han dado a su letura son los pajes: no hay antecámara de señor donde no se halle un Don Quijote, unos le toman si otros le dejan, estos le embisten y aquellos le piden. Finalmente, la tal historia es del más gustoso y menos perjudicial entretenimiento que hasta agora se haya visto, porque en toda ella no se descubre ni por semejas una palabra deshonesta ni un pensamiento menos que católico.

—A escribir de otra suerte —dijo don Quijote—, no fuera escribir verdades, sino mentiras, y los historiadores que de mentiras se valen habían de ser quemados como los que hacen moneda falsa; y no sé yo qué le movió al autor a valerse de novelas y cuentos ajenos, habiendo tanto que escribir en los míos: sin duda se debió de atener al refrán: «De paja y de heno», etcétera. Pues en verdad que en solo manifestar mis pensamientos, mis sospiros, mis lágrimas, mis buenos deseos y mis acometimientos pudiera hacer un volumen mayor, o tan grande, que el que pueden hacer todas las obras del Tostado. En efeto, lo que yo alcanzo, señor bachiller, es que para componer historias y libros, de cualquier suerte que sean, es menester un gran juicio y un maduro entendimiento. Decir gracias y escribir donaires es de grandes ingenios: la más discreta figura de la comedia es la del bobo, porque no lo ha de ser el que quiere dar a entender que es simple. La historia es como cosa sagrada, porque ha de ser verdadera, y donde está la verdad, está Dios, en cuanto a verdad; pero, no obstante esto, hay algunos que así componen y arrojan libros de sí como si fuesen buñuelos.

—No hay libro tan malo —dijo el bachiller—, que no tenga algo bueno.

—No hay duda en eso —replicó don Quijote—, pero muchas veces acontece que los que
tenían méritamente granjeada y alcanzada gran fama por sus escritos, en dándolos a la
estampa la perdieron del todo o la menoscabaron en algo.

—La causa deso es —dijo Sansón— que, como las obras impresas se miran despacio, fácilmente se veen sus faltas, y tanto más se escudriñan cuanto es mayor la fama del que las compuso. Los hombres famosos por sus ingenios, los grandes poetas, los ilustres
historiadores, siempre o las más veces son envidiados de aquellos que tienen por gusto y por particular entretenimiento juzgar los escritos ajenos sin haber dado algunos propios a la luz del mundo.

—Eso no es de maravillar —dijo don Quijote—, porque muchos teólogos hay que no son buenos para el púlpito y son bonísimos para conocer las faltas o sobras de los que predican.

—Todo eso es así, señor don Quijote —dijo Carrasco—, pero quisiera yo que los tales
censuradores fueran más misericordiosos y menos escrupulosos, sin atenerse a los átomos del sol clarísimo de la obra de que murmuran: que si «aliquando bonus dormitat Homerus», consideren lo mucho que estuvo despierto por dar la luz de su obra con la menos sombra que pudiese, y quizá podría ser que lo que a ellos les parece mal fuesen lunares, que a las veces acrecientan la hermosura del rostro que los tiene; y, así, digo que es grandísimo el riesgo a que se pone el que imprime un libro, siendo de toda imposibilidad imposible componerle tal que satisfaga y contente a todos los que le leyeren.

—El que de mí trata —dijo don Quijote— a pocos habrá contentado.

—Antes es al revés, que, como de «stultorum infinitus est numerus», infinitos
son los que han gustado de la tal historia; y algunos han puesto falta y dolo en la memoria
del autor, pues se le olvida de contar quién fue el ladrón que hurtó el rucio a Sancho, que
allí no se declara, y solo se infiere de lo escrito que se le hurtaron, y de allí a poco le vemos a caballo sobre el mesmo jumento, sin haber parecido. También dicen que se le olvidó poner lo que Sancho hizo de aquellos cien escudos que halló en la maleta en Sierra Morena, que nunca más los nombra, y hay muchos que desean saber qué hizo dellos, o en qué los gastó, que es uno de los puntos sustanciales que faltan en la obra.

Sancho respondió:

—Yo, señor Sansón, no estoy ahora para ponerme en cuentas ni cuentos, que me ha
tomado un desmayo de estómago, que si no le reparo con dos tragos de lo añejo, me,pondrá en la espina de Santa Lucía: en casa lo tengo, mi oíslo me aguarda; en
acabando de comer daré la vuelta y satisfaré a vuestra merced y a todo el mundo de lo
que preguntar quisieren, así de la pérdida del jumento como del gasto de los cien escudos.

Y sin esperar respuesta ni decir otra palabra, se fue a su casa.

Don Quijote pidió y rogó al bachiller se quedase a hacer penitencia con él. Tuvo el
bachiller el envite, quedóse, añadióse al ordinario un par de pichones, tratóse en la
mesa de caballerías, siguióle el humor Carrasco, acabóse el banquete, durmieron la siesta,
volvió Sancho y renovóse la plática pasada.>>

(http://cvc.cervantes.es/obref/quijote/parte2/cap03/)

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Pues no, que aunque infinito es el número de los estúpidos, no todos los estúpidos leyeron el Quijote para así dejar de serlo un poco menos. Como siempre, tiene razón Don Quijote: a pocos siempre ha contentado el Ingenioso Hidalgo, aunque por fuerza ha contentado a todo el que entero lo ha leído.
El Quijote, como la Iliada, como La Divina Comedia, es un libro de minorías aunque esté en todos los anaqueles.
Del Quijote lo que cansa a los «stultorum infinitus», no es su tamaño, sino su seriedad y profundidad, su falta de “mentiras”, de guiños al lector, de coba y adulaciones al lector consumidor. El Quijote no habla en necio al vulgo.

Ayer dieron aquí en Barcelona el Premio Planeta 2004 a no se quién por no se qué -ni nombrarlos pienso- que, como dice El Mundo, parece una entrega a posteriori para cumplir con el talón recibido. Narrativa, llaman a esta bazofia progre para el consumo de la plebe, a este hablar en necio al vulgo que paga. Innecesario es decir que jamás leeré semejantes porquerías llenas (por lo que cuentan y me imagino) de lesbianismos y de sobamientos y adulaciones fáciles a “la mujer actual” (sic!), y que es “una explotación desprejuiciada de erotismo, que no desprecia la opción lésbica”...esta prostituta marrana y anormal que no ha tenido ningún rubor en decir almodovarianamente, al recoger el premio ante el dementefederalista de Maragall, que su novela es “una novela por lo no violencia” en un mundo en que “una guerra para defender a una oligarquía” se encubre como “una guerra para defender la democracia”...pese a que -como dice El Mundo-, en su novela nada se dice ni trata sobre la guerra ni sobre la política. Sencillamente dá créditos y dividendos repetir como una cacatua las ordenes acaso recibidas por la inculta ministra de cultura Carmen Calvo, o que todo ser que vive del intelecto, si quiere forrarse, ha de saber decir eso a la vez que demuestra no “ser como las demás” en el momento que “componen y arrojan libros de sí como si fuesen buñuelos”.
”.
Aquí vemos una vez más como “lo bueno, lo mejor, y lo más bello” es lo que decide la masa por medio de su confluencia fanática en el Mercado pletórico, o como tenemos la porquería de literatura que nos merecemos, ese poner “a trochemoche lo primero que le viene al magín”. Seguro que este otoño es el librito de marras todo un éxito de ventas...Y es que, dado mi aristocratismo y elitismo, yo pienso que precisamente porque es y será un éxito de ventas, es por lo que esa novela es seguro un bodrio como la copa de un pino...Estos periodistas agasajadores y lameculos de la masa masiva “que de mentiras se valen habían de ser quemados como los que hacen moneda falsa”, como bien sentencia mi Don Quijote desde su católica y santa ética. ¡Duro con ellos!.
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