nódulo materialista
los foros de nódulo
www.nodulo.org


El Papa y la Libertad
Ir a página Anterior  1, 2, 3, 4  Siguiente
 
Este foro está bloqueado: no se puede publicar, responder, ni editar mensajes en este tema.   El tema está bloqueado: no pueden editarse ni agregar mensajes.    Índice del Foro los foros de nódulo -> Teoría Política
Ver tema anterior :: Ver siguiente tema  
Autor Mensaje
Felipe Giménez Pérez



Registrado: 14 Oct 2003
Mensajes: 1050
Ubicación: Leganés (Madrid, España)

MensajePublicado: Vie Sep 15, 2006 9:26 pm    Título del mensaje: El Papa y el Islam Responder citando

Estimados contertulios: A nadie se le oculta que hoy el Islam es la barbarie. El papa ha estado muy bien condenando la Yihad. Eso está muy bien. Pero se ha quedado corto. Debería proclamar una cruzada contra el moro, contra el turco, contra el bárbaro. El catolicismo y el Islam son incompatibles, inmiscibles, como el agua y el fuego. Tales bárbaros han reaccionado con violencia. No pueden tolerar al catolicismo. A ver si al final se da todo el mundo cuenta de que hay que luchar y enfrentarse necesariamente con el Islam. Lo decía también Oriana Fallaci, que acaba de fallecer a los 77 años. ERa lúcida esta señora, Arriba España.
Volver arriba
Ver perfil del usuario Enviar mensaje privado Enviar correo MSN Messenger
José Mª Rodríguez Vega



Registrado: 11 Oct 2003
Mensajes: 1429

MensajePublicado: Sab Sep 16, 2006 6:52 am    Título del mensaje: Ratzinger ataca de nuevo. Responder citando

¡Viva España!

La eutaxia, Felipe, es el durar, el vivir. Por tanto, Felipe, ¡Viva España! Que no sé a donde diablos la quieres subir con esos arribas tuyos...

Ya dije que este Papa es un Papa sabio y que daría guerra. El Sr. Ratzinger está por la superación de la political correctness... Dice en La provocación del discurso sobre Dios, en los Caminos de la libertad, que: <Prometer que con un rápido giro de la dominación política surgirá el mundo nuevo y desaparecerá la injusticia es, sencillamente, una promesa falsa. Los procesos políticos no se atienen a un dogmatismo político, que sólo admite un pensamiento y da carta de ciencia a lo que no es, en absoluto, científico.> (Ed. Trotta. Pág. 96).

Esta puya contra la luterana Teología de la liberación es un pensar para la recuperación de un pensamiento genuinamente católico, que posterga, como Dios manda, el “nuevo mundo” al más allá, que es su lugar y donde debe estar y nunca debió salir. La fe en la Justicia social aquí y ahora suplió la escatología de la religión, el escato trascendental, por un absurdo apremio histórico/progre que hasta el mismísimo Marx se cuidó mucho de nombrar o especular.
La puya contra el Islam debe enmarcarse en ese camino práctico de la recuperación genuina del pensamiento teológico en pro de la fe católica y de la esencia netamente religiosa que consiste en la separación del reditus cristiano de la redención política auspiciada por las excrecencias de la political correctness de las viscosas y ecualizadas izquierdas.

¡Vica España contra Europa y contra el Islam!
Volver arriba
Ver perfil del usuario Enviar mensaje privado Enviar correo MSN Messenger
Martín González Martínez



Registrado: 16 Jun 2004
Mensajes: 196
Ubicación: Valencia

MensajePublicado: Sab Sep 16, 2006 8:16 am    Título del mensaje: Qué bueno, sí. Responder citando

Saludos, yo también me he alegrado del regletazo “en todo el turbante” que supuso el discurso del Martes en el Aula Magna de la Universidad de Ratisbona. Seguramente ya no corresponde al Papa promover la necesaria, la perentoria movilización para la guerra contra el Islam, pero hay que dejar las cosas claras, y cuanto más a menudo mejor. Benedicto XVI no es Urbano II, y la Cristiandad de hoy que acoge los mensajes del pontífice no es la Europa del s. XI. La Revolución Francesa vino, digamos, a descargar al Papa y sus subordinados de bastantes tareas, y la movilización “propagandista”, militar, contra los enemigos políticos de la Cristiandad presente fue seguramente una de ellas. No se si es paradógico, pero yo diría que así ha venido a reconocerlo -desde luego implícitamente -en su discurso. No me resisto a adjuntar a quí el texto –para que lo disfruten y lo “trituren” lo mejor que puedan, que por muy <<sabio>> que sea este Papa seguramente no es materialista, leñe... -, todo ello a pesar de tratarse de un texto provisional, en palabras de su autor.

http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/speeches/2006/september/documents/hf_ben-xvi_spe_20060912_university-regensburg_ge.html

http://www.zenit.org/spanish/

Cita:

Fecha publicación: 2006-09-13
Discurso de Benedicto XVI en la Universidad de Ratisbona
Una nueva relación entre fe y razón para permitir el diálogo entre culturas y religiones
RATISBONA, miércoles, 13 septiembre 2006 (ZENIT.org).- Publicamos el discurso que pronunció Benedicto XVI este martes en la tarde en el encuentro que mantuvo con representantes alemanes del mundo de la ciencia en Aula Magna de la Universidad de Ratisbona, de la que había sido catedrático y vicerrector. El Papa se ha reservado la posibilidad de publicar en un segundo momento una versión de este texto definitiva con notas al pie de página. Por este motivo se trata de una redacción provisional. El Santo Padre ha dado por título a esta conferencia: «Fe, razón y universidad. Recuerdos y reflexiones».

«Fe, razón y universidad. Recuerdos y reflexiones»


¡Ilustres señores, gentiles señoras!

Para mí es un momento emocionante estar nuevamente en la cátedra de la universidad y poder impartir una vez más una lección. Mi pensamiento vuelve a aquellos años en los que, tras un hermoso periodo en el Instituto Superior de Freising, inicié mi actividad de profesor académico en la Universidad de Bonn. En el año 1959 se vivían todavía los viejos tiempos de la universidad en que había profesores ordinarios. Para las cátedras individuales no existían ni asistentes ni dactilógrafos, pero en compensación se daba un contacto muy directo con los estudiantes y sobre todo entre los profesores.

Se daban encuentros antes y después de las lecciones en los cuartos de los docentes. Los contactos con los historiadores, los filósofos, los filólogos y también entre las dos facultades teológicas eran muy cercanos. Una vez al semestre había un «dies academicus», en el que los profesores de todas las facultades se presentaban delante de los estudiantes de toda la universidad, haciendo posible una verdadera experiencia de «universitas» --algo a lo que también ha aludido usted, señor rector, hace poco--: el hecho que nosotros, a pesar de todas las especializaciones, que a veces nos impiden comunicarnos entre nosotros, formamos un todo y trabajamos en el todo de la única razón con sus diferentes dimensiones --estando así juntos también en la común responsabilidad por el recto uso de la razón--, hacía que se tratase de una experiencia viva. La universidad, sin duda, estaba orgullosa también de sus dos facultades teológicas. Estaba claro que también ellas, interrogándose sobre la racionalidad de la fe, desarrollan un trabajo que necesariamente forma parte del «todo» de la «universitas scientiarum», aunque no todos podían compartir la fe, por cuya correlación con la razón común se esfuerzan los teólogos. Esta cohesión interior en el cosmos de la razón tampoco quedó perturbada cuando se supo que uno de los colegas había dicho que en nuestra universidad había algo extraño: dos facultades que se ocupaban de algo que no existía: Dios. En el conjunto de la universidad era una convicción indiscutida el hecho de que incluso frente a un escepticismo así de radical seguía siendo necesario y razonable interrogarse sobre Dios por medio de la razón y en el contexto de la tradición de la fe cristiana.

Me acordé de todo esto cuando recientemente leí la parte editada por el profesor Theodore Khoury (Münster) del diálogo que el docto emperador bizantino Manuel II Paleólogo, tal vez durante el invierno del 1391 en Ankara, mantuvo con un persa culto sobre el cristianismo y el islam, y la verdad de ambos. Fue probablemente el mismo emperador quien anotó, durante el asedio de Constantinopla entre 1394 y 1402, este diálogo. De este modo se explica el que sus razonamientos son reportados con mucho más detalle que las respuestas del erudito persa. El diálogo afronta el ámbito de las estructuras de la fe contenidas en la Biblia y en el Corán y se detiene sobre todo en la imagen de Dios y del hombre, pero necesariamente también en la relación entre las «tres Leyes» o tres órdenes de vida: Antiguo Testamento, Nuevo Testamento, Corán. Quisiera tocar en esta conferencia un solo argumento --más que nada marginal en la estructura del diálogo-- que, en el contexto del tema «fe y razón» me ha fascinado y que servirá como punto de partida para mis reflexiones sobre este tema.

En el séptimo coloquio (controversia) editado por el profesor Khoury, el emperador toca el tema de la «yihad» (guerra santa). Seguramente el emperador sabía que en la sura 2, 256 está escrito: «Ninguna constricción en las cosas de la fe». Es una de las suras del periodo inicial en el que Mahoma mismo aún no tenía poder y estaba amenazado. Pero, naturalmente, el emperador conocía también las disposiciones, desarrolladas sucesivamente y fijadas en el Corán, acerca de la guerra santa. Sin detenerse en los particulares, como la diferencia de trato entre los que poseen el «Libro» y los «incrédulos», de manera sorprendentemente brusca se dirige a su interlocutor simplemente con la pregunta central sobre la relación entre religión y violencia, en general, diciendo: «Muéstrame también aquello que Mahoma ha traído de nuevo, y encontrarás solamente cosas malvadas e inhumanas, como su directiva de difundir por medio de la espada la fe que él predicaba». El emperador explica así minuciosamente las razones por las cuales la difusión de la fe mediante la violencia es algo irracional. La violencia está en contraste con la naturaleza de Dios y la naturaleza del alma. «Dios no goza con la sangre; no actuar según la razón es contrario a la naturaleza de Dios. La fe es fruto del alma, no del cuerpo. Por lo tanto, quien quiere llevar a otra persona a la fe necesita la capacidad de hablar bien y de razonar correctamente, y no recurrir a la violencia ni a las amenazas… Para convencer a un alma razonable no hay que recurrir a los músculos ni a instrumentos para golpear ni de ningún otro medio con el que se pueda amenazar a una persona de muerte…».

La afirmación decisiva en esta argumentación contra la conversión mediante la violencia es: no actuar según la razón es contrario a la naturaleza de Dios. El editor, Theodore Khoury, comenta que para el emperador, como buen bizantino educado en la filosofía griega, esta afirmación es evidente. Para la doctrina musulmana, en cambio, Dios es absolutamente trascendente. Su voluntad no está ligada a ninguna de nuestras categorías, incluso a la de la racionalidad. En este contexto Khoury cita una obra del conocido islamista francés R. Arnaldez, quien revela que Ibh Hazn llega a decir que Dios no estaría condicionado ni siquiera por su misma palabra y que nada lo obligaría a revelarnos la verdad. Si fuese su voluntad, el hombre debería practicar incluso la idolatría.

Aquí se abre, en la comprensión de Dios y por lo tanto en la realización concreta de la religión, un dilema que hoy nos plantea un desafío muy directo. La convicción de que actuar contra la razón está en contradicción con la naturaleza de Dios, ¿es solamente un pensamiento griego o es válido siempre por sí mismo? Pienso que en este punto se manifiesta la profunda concordancia entre aquello que es griego en el mejor sentido y aquello que es fe en Dios sobre el fundamento de la Biblia. Modificando el primer verso del Libro del Génesis, Juan comenzó el «Prólogo» de su Evangelio con las palabras: «Al principio era el logos». Es justamente esta palabra la que usa el emperador: Dios actúa con «logos». «Logos» significa tanto razón como palabra, una razón que es creadora y capaz de comunicarse, pero, como razón. Con esto, Juan nos ha entregado la palabra conclusiva sobre el concepto bíblico de Dios, la palabra en la que todas las vías frecuentemente fatigosas y tortuosas de la fe bíblica alcanzan su meta, encontrando su síntesis. En principio era el «logos», y el «logos» es Dios, nos dice el evangelista. El encuentro entre el mensaje bíblico y el pensamiento griego no era una simple casualidad. La visión de San Pablo, ante quien se habían cerrado los caminos de Asia y que, en sueños, vio un macedonio y escuchó su súplica: «¡Ven a Macedonia y ayúdanos!» (Cf. Hechos 16, 6-10), puede ser interpretada como una «condensación» de la necesidad intrínseca de un acercamiento entre la fe bíblica y la filosofía griega.

En realidad, este acercamiento ya había comenzado desde hacía mucho tiempo. Ya el nombre misterioso de Dios de la zarza ardiente, que separa a Dios del conjunto de las divinidades con múltiples nombres, afirmando solamente su ser, es, confrontándose con el mito, una respuesta con la que está en íntima analogía el intento de Sócrates de vencer y superar al mito mismo. El proceso iniciado hacia la zarza alcanza, dentro del Antiguo Testamento, una nueva madurez durante el exilio, donde el Dios de Israel, entonces privado de la Tierra y del culto, se presenta como el Dios del cielo y de la tierra, con una simple fórmula que prolonga las palabras de la zarza: «Yo soy». Con este nuevo conocimiento de Dios va al mismo paso una especie de ilustración, que se expresa drásticamente en la mofa de las divinidades que no son más que obra de las manos del hombre (Cf. Salmo 115). De este modo, a pesar de toda la dureza del desacuerdo con los soberanos helenísticos, que querían obtener con la fuerza la adecuación al estilo de vida griego y a su culto idolátrico, la fe bíblica, durante la época helenística, salía interiormente al encuentro de lo mejor del pensamiento griego, hasta llegar a un contacto recíproco que después se dio especialmente en la tardía literatura sapiencial. Hoy nosotros sabemos que la traducción griega del Antiguo Testamento, realizada en Alejandría --la Biblia de los «Setenta»--, es más que una simple traducción del texto hebreo (que hay que evaluar quizá de manera poco positiva): es de por sí un testimonio textual, y un paso específico e importante de la historia de la Revelación, en el cual se ha dado este encuentro que tuvo un significado decisivo para el nacimiento del cristianismo y su divulgación. En el fondo, se trata del encuentro entre fe y razón, entre auténtica ilustración y religión. Partiendo verdaderamente desde la íntima naturaleza de la fe cristiana y, al mismo tiempo, desde la naturaleza del pensamiento helenístico fusionado ya con la fe, Manuel II podía decir: No actuar «con el "logos"» es contrario a la naturaleza de Dios.

Honestamente es necesario anotar, que en el tardío Medioevo, se han desarrollado en la teología tendencias que rompen esta síntesis entre espíritu griego y espíritu cristiano. En contraposición al así llamado intelectualismo agustiniano y tomista, con Juan Duns Escoto comenzó un planteamiento voluntarista, que al final llevó a la afirmación de que sólo conoceremos de Dios la «voluntas ordinata».

Más allá de ésta existiría la libertad de Dios, en virtud de la cual Él habría podido crear y hacer también lo contrario de todo lo que efectivamente ha hecho. Aquí se perfilan posiciones que, sin lugar a dudas, pueden acercarse a aquellas de Ibn Hazn y podrían llevar hasta la imagen de un Dios-Árbitro, que no está ligado ni siquiera a la verdad y al bien. La trascendencia y la diversidad de Dios se acentúan de una manera tan exagerada, que incluso nuestra razón, nuestro sentido de la verdad y del bien dejan de ser un espejo de Dios, cuyas posibilidades abismales permanecen para nosotros eternamente inalcanzables y escondidas tras sus decisiones efectivas. En contraposicio´n, la fe de la Iglesia se ha atenido siempre a la convicción de que entre Dios y nosotros, entre su eterno Espíritu creador y nuestra razón creada, existe una verdadera analogía, en la que ciertamente las desemejanzas son infinitamente más grandes que las semejanzas --como dice el Concilio Lateranense IV en 1215--, pero que no por ello se llegan a abolir la analogía y su lenguaje. Dios no se hace más divino por el hecho que lo alejemos en un voluntarismo puro e impenetrable, sino que el Dios verdaderamente divino es ese Dios que se ha mostrado como el «logos» y como «logos» ha actuado y actúa lleno de amor por nosotros. Ciertamente el amor «sobre pasa» el conocimiento y es por esto capaz de percibir más que el simple pensamiento (Cf. Efesios 3,19); sin embargo, el amor del Dios-Logos concuerda con el Verbo eterno y con nuestra razón, como añade san Pablo es «lógico» (Cf. Romanos 12, 1).

Ese acercamiento recíproco interior, que se ha dado entre la fe bíblica y el interrogarse a nivel filosófico del pensamiento griego, es un dato de importancia decisiva no sólo desde el punto de visa de la historia de las religiones, sino también desde el de la historia universal, un dato que nos afecta también hoy. Considerado este encuentro, no es sorprendente que el cristianismo, no obstante su origen e importante desarrollo en Oriente, haya encontrado su huella históricamente decisiva en Europa. Podemos expresarlo también al contrario: este encuentro, al que se une sucesivamente el patrimonio de Roma, ha creado Europa y permanece como fundamento de aquello que, con razón, se puede llamar Europa.

A la tesis, según la cual, el patrimonio griego, críticamente purificado, forma parte integrante de la fe cristiana, se le opone la pretensión de la deshelenización del cristianismo, pretensión que desde el inicio de la edad moderna domina de manera creciente en la investigación teológica. Si se analiza con más detalle, se pueden observar tres oleadas en el programa de la deshelenización: si bien están relacionadas entre sí, en sus motivaciones y en sus objetivos, son claramente distintas la una de la otra.

La deshelenización se da primero en el contexto de los postulados fundamentales de la Reforma del siglo XVI. Considerando la tradición de las escuelas teológicas, los reformadores se veían ante a una sistematización de la fe condicionada totalmente por la filosofía, es decir, ante un condicionamiento de la fe desde el exterior, en virtud de una manera de ser que no derivaba de ella. De este modo, la fe ya no parecía como una palabra histórica viviente, sino como un elemento integrado en la estructura de un sistema filosófico.

La «sola Scriptura», en cambio, busca la forma pura primordial de la fe, tal y como está presente originariamente en la Palabra bíblica. La metafísica se presenta como un presupuesto derivado de otra fuente, de la que tiene que liberarse la fe para hacer que vuelva a ser ella misma. Kant siguió este programa con una radicalidad que los reformadores no podían prever. De este modo, ancló la fe exclusivamente en la razón práctica, negándole el acceso al todo de la realidad.


La teología liberal de los siglos XIX y XX acompaña la segunda etapa del proceso de deshelenización, con Adolf von Harnack, como su máximo representante. Cuando era estudiante y en mis primeros años como docente, este programa influenciaba mucho incluso a la teología católica. Tomó como punto de partida la distinción que Pascal hace entre el Dios de los filósofos y el Dios de Abraham, Isaac y Jacob. En mi discurso inaugural en Bonn, en 1959, traté de referirme a este asunto. No repetiré aquí lo que dije en aquella ocasión, pero me gustaría describir, al menos brevemente, lo que era nuevo en este proceso de deshelenización. La idea central de Harnack era volver simplemente al hombre Jesús y a su mensaje esencial, sin los añadidos de la teología e incluso de la helenización: Este mensaje esencial era visto como la culminación del desarrollo religioso de la humanidad. Se decía que Jesús puso punto final al culto sustituyéndolo por la moral. En definitiva, se le presentaba como padre de un mensaje moral humanitario.

La meta fundamental era hacer que el cristianismo estuviera en armonía con la razón moderna, es decir, liberarle de los elementos aparentemente filosóficos y teológicos, como la fe en la divinidad de Cristo y en Dios uno y trino. En este sentido, la exégesis histórico-crítica del Nuevo Testamento restauró el lugar de la teología en la universidad: Para Harnack, la teología es algo esencialmente histórico y por lo tanto estrictamente científico. Lo que se puede decir críticamente de Jesús, es por así decir, expresión de la razón práctica y consecuentemente se puede aplicar a la Universidad en su conjunto.

En el trasfondo se da la autolimitación moderna de la razón, expresada clásicamente en las «críticas» de Kant, que mientras tanto fue radicalizándose ulteriormente por el pensamiento de las ciencias naturales. Este concepto moderno se basa, por decirlo brevemente, en la síntesis entre el platonismo (cartesianismo) y el empirismo, una síntesis confirmada por el éxito de la tecnología. Por un lado presupone la estructura matemática de la materia, y su intrínseca racionalidad, que hace posible entender cómo funciona la materia funciona como es posible usarla eficazmente: esta premisa básica es, por así decirlo, el elemento platónico en el entendimiento moderno de la naturaleza. Por otro lado, se trata de la posibilidad de explotar la naturaleza para nuestros propósitos, y en ese caso sólo la posibilidad de la verificación o falsificación a través de la experimentación puede llevar a la certeza final. El peso entre los dos polos puede, dependiendo de las circunstancias, cambiar de un lado al otro. Un pensador tan positivista como J. Monod declaró que era un convencido platónico.

Esto permite que emerjan dos principios que son cruciales para el asunto al que hemos llegado. Primero, sólo la certeza que resulta de la sinergia entre matemática y empirismo puede ser considerada como científica. Lo que quiere ser científico tiene que confrontarse con este criterio. De este modo, las ciencias humanas, como la historia, psicología, sociología y filosofía, trataron de acercarse a este canon científico. Para nuestra reflexión, es importante constatar que el método como tal excluye el problema de Dios, presentándolo como un problema acientífico o precientífico. Pero así nos encontramos ante la reducción del ámbito de la ciencia y de la razón que necesita ser cuestionada.

Volveré a tocar el problema después. Por el momento basta tener en cuenta que cualquier intento de la teología por mantener desde este punto de vista un carácter de disciplina «científica» no dejaría del cristianismo más que un miserable fragmento. Pero tenemos que decir más: si la ciencia en su conjunto no es más que esto, el hombre acabaría quedando reducido. De hecho, los interrogantes propiamente humanos, es decir, «de dónde» y «hacia dónde», los interrogantes de la religión y la ética no pueden encontrar lugar en el espacio de la razón común descrita por la «ciencia» entendida de este modo y tienen que ser colocados en el ámbito de lo subjetivo. El sujeto decide entonces, basándose en su experiencia, lo que considera que es materia de la religión, y la «conciencia» subjetiva se convierte en el único árbitro de lo que es ético. De esta manera, sin embargo, la ética y la religión pierden su poder de crear una comunidad y se convierten en un asunto completamente personal. Este es un estado peligroso para los asuntos de la humanidad, como podemos ver en las distintas patologías de la religión y la razón que necesariamente emergen cuando la razón es tan reducida que las preguntas de la religión y la ética ya no interesan. Intentos de construir la ética a partir de las reglas de la evolución o la psicología terminan siendo simplemente inadecuados.

Antes de esgrimir las conclusiones a las que todo esto lleva, tengo que referirme brevemente a la tercera etapa de deshelenización, que aún está dándose. A la luz de nuestra experiencia con el pluralismo cultural, con frecuencia se dice en nuestros días que la síntesis con el Helenismo lograda por la Iglesia en sus inicios fue una inculturación preliminar que no debe ser vinculante para otras culturas. Esto se dice para tener el derecho a volver al simple mensaje del Nuevo Testamento anterior a la inculturación, para inculturarlo nuevamente en sus medios particulares. Esta tesis no es falsa, pero es burda e imprecisa. El Nuevo Testamento fue escrito en griego y trae consigo el contacto con el espíritu griego, un contacto que había madurado en el desarrollo precedente del Antiguo Testamento. Ciertamente hay elementos en la proceso formativo de la Iglesia antigua que no deben integrarse en todas las culturas, Sin embargo, las decisiones fundamentales sobre las relaciones entre la fe y el uso de la razón humana son parte de la fe misma, son desarrollos consecuentes con la naturaleza misma de la fe.

Y así llego a la conclusión. Este intento, hecho con unas pocas pinceladas, de crítica de la razón moderna a partir de su interior, no significa que hay que regresar a antes de la Ilustración, rechazando las convicciones de la era moderna. Los aspectos positivos de la modernidad deben ser conocidos sin reservas: estamos todos agradecidos por las maravillosas posibilidades que ha abierto para la humanidad y para su progreso que se nos ha dado. La ética científica, además, debe ser obediente a la verdad, y, como tal, lleva una actitud que se refleja en los principios del cristianismo. Mi intención no es el reduccionismo o la crítica negativa, sino ampliar nuestro concepto de razón y su aplicación. Mientras nos regocijamos en las nuevas posibilidades abiertas a la humanidad, también podemos apreciar los peligros que emergen de estas posibilidades y tenemos que preguntarnos cómo podemos superarlas. Sólo lo lograremos si la razón y la fe avanzan juntas de un modo nuevo, si superamos la limitación impuesta por la razón misma a lo que es empíricamente verificable, y si una vez más generamos nuevos horizontes. En este sentido la teología pertenece correctamente a la universidad y está dentro del amplio diálogo de las ciencias, no sólo como una disciplina histórica y ciencia humana, sino precisamente como teología, como una profundización en la racionalidad de la fe.

Sólo así podemos lograr ese diálogo genuino de culturas y religiones que necesitamos con urgencia hoy. En el mundo occidental se sostiene ampliamente que sólo la razón positivista y las formas de la filosofía basadas en ella son universalmente válidas. Incluso las culturas profundamente religiosas ven esta exclusión de lo divino de la universalidad de la razón como un ataque a sus más profundas convicciones. Una razón que es sorda a lo divino y que relega la religión al espectro de las subculturas es incapaz de entrar al diálogo con las culturas. Al mismo tiempo, como he tratado de demostrar, la razón científica moderna con sus elementos intrínsecamente platónicos genera una pregunta que va más allá de sí misma, de sus posibilidades y de su metodología.

La razón científica moderna tiene que aceptar la estructura racional de la materia y su correspondencia entre nuestro espíritu y las estructuras racionales que actúan en la naturaleza como un dato de hecho, en el que se basa su metodología. Incluso la pregunta ¿por qué esto tiene que ser así? es una cuestión real, que tiene que ser dirigida por las ciencias naturales a otros modos y planos de pensamiento: a la filosofía y la teología. Para la filosofía y, si bien es cierto que de otra forma, para la teología, escuchar a las grandes experiencias y perspectivas de las tradiciones religiosas de la humanidad, de manera particular las de la fe cristiana, es fuente de conocimiento; ignorarla sería una grave limitación para nuestra escucha y respuesta. Aquí recuerdo algo que Sócrates le dijo a Fedón. En conversaciones anteriores, se habían vertido muchas opiniones filosóficas falsas, y por eso Sócrates dice: «Sería más fácilmente comprensible si a alguien le molestaran tanto todas estas falsas nociones que por el resto de su vida desdeñara y se burlara de toda conversación sobre el ser, pero de esta forma estaría privado de la verdad de la existencia y sufriría una gran pérdida».

Occidente ha estado en peligro durante mucho tiempo a causa de esta aversión, en la que se basa su racionalidad, y por lo tanto sólo puede sufrir grandemente. Hace falta valentía para comprometer toda la amplitud de la razón y no la negación de su grandeza: este es el programa con el que la teología anclada en la fe bíblica ingresa en el debate de nuestro tiempo. «No actuar razonablemente (con «logos») es contrario a la naturaleza de Dios» dijo Manuel II, de acuerdo al entendimiento cristianos de Dios, en respuesta a su interlocutor persa. En el diálogo de las culturas invitamos a nuestros interlocutores a encontrar este gran «logos», esta amplitud de la razón. Es la gran tarea de la universidad redescubrirlo constantemente.

[© Copyright 2006 - Libreria Editrice Vaticana]

Volver arriba
Ver perfil del usuario Enviar mensaje privado Enviar correo
Felipe Giménez Pérez



Registrado: 14 Oct 2003
Mensajes: 1050
Ubicación: Leganés (Madrid, España)

MensajePublicado: Sab Sep 16, 2006 6:17 pm    Título del mensaje: Razón, fe e Islam Responder citando

Estimados contertulios. Ciertamente, el Papa, como Santo Tomás de Aquino, trata de cohonestar el cristianismo, el catolicismo, la fe, con la razón, con la filosofía occidental. Hay una crítica al fideísmo luterano y al irracionalismo islámico, como religión bárbara. El voluntarismo teológico lleva al irracionalismo: Nazismo e Islam. Lástima que no sea más radical.
Creo que es el comienzo de un nuevo posicionamiento de la Iglesia frente a la barbarie islámica y a favor de Occidente, de la civilización frente a la barbarie islámica, valga la redundancia. Quiere restaurar a la Ecclesia Triumphans en lucha contra el Turco y los herejes. Atentamente.
Volver arriba
Ver perfil del usuario Enviar mensaje privado Enviar correo MSN Messenger
Felipe Giménez Pérez



Registrado: 14 Oct 2003
Mensajes: 1050
Ubicación: Leganés (Madrid, España)

MensajePublicado: Sab Sep 16, 2006 6:36 pm    Título del mensaje: Los bárbaros Responder citando

Los moros, esto es, los bárbaros atacan. No toleran la crítica del Pontífice Máximo.Mohamed VI, el amigo de ZP llama al embajador en la Santa Sede. ZP, el progre guarda silencio cobarde. El PP igual. Es la Maricomplejines. Tenía razón Oriana Fallaci, Occidente se suicida. Preparémonos para la Cruzada. Lo vamos a pasar mal con esta panda de bárbaros analfabetos fanáticos. El mundo musulmán siempre fue enemigo de Occidente, de la Civilización, de la Iglesia, de España. Hace lo que siempre hizo: Atacar. Seguimos en guerra santa desde el 622, año de la Hégira. Cuanto antes comprendamos la verdadera naturaleza del Islam y de la guerra santa y que nosotros somos Dar al Harb, territorio, de guerra, de conquista, tanto mejor nos irá. Arriba España.
Volver arriba
Ver perfil del usuario Enviar mensaje privado Enviar correo MSN Messenger
Felipe Giménez Pérez



Registrado: 14 Oct 2003
Mensajes: 1050
Ubicación: Leganés (Madrid, España)

MensajePublicado: Mie Nov 29, 2006 6:25 pm    Título del mensaje: El Turco Responder citando

El Papa va a visitar al Turco, al infiel, al bárbaro, al cafre. ¿Qué le hacen? Le insultan, le descalifican. Atacan a los cristianos, a los católicos, a los ortodoxos. Mientras existan las religiones habrá que contar con ellas como serios factores de poder. Algunos hombres superiores pueden vivir sin Dios, pero la mayoría necesitan a Dios. para ellos Dios no ha muerto. Por lo demás, el Islam es una religión peligrosa, terrorista, implacable, con un ansia de Imperio superior a las demás. Van a por todas y por Alá. Sin embargo, el Papa ha dicho que la libertad religiosa irrestricta es necesaria y también que el Estado y la Iglesia deben estar separados. La religión no debe controlar el Estado ni la sociedad ni apelar a la guerra para imponer sus puntos de vista. Crítica pues a la barbarie islámica. No, si al final el Papa es más listo que los progres, claro que para ser más listo que un progre no hace falta un especial esfuerzo intelectual. Atentamente,
Volver arriba
Ver perfil del usuario Enviar mensaje privado Enviar correo MSN Messenger
Felipe Giménez Pérez



Registrado: 14 Oct 2003
Mensajes: 1050
Ubicación: Leganés (Madrid, España)

MensajePublicado: Dom Dic 03, 2006 6:21 pm    Título del mensaje: Estado e Iglesia Responder citando

Estimados contertulios: Acaba de escribir un obispo español que el Estado no tiene derecho a quitar los crucifijos ni a obligar a quitarse el velo. Creo que es una comparación desafortunada, pero desde un estricto punto de vista filosófico-político, el Estado puede hacerlo todo. Todo depende de su poder, de su fuerza, de su potencia. Es el Estado el que establece los derechos y la propiedad privada y es el Estado el que decide qué creencias relgiosas tolera o prohíbe. Otra cosa es la prudencia política que obligue a la tolerancia, pero hablando estrictamente, la Iglesia y el Islam no tienen derecho a nada. Esa cuestión la decide el Estado, el Leviatán. Atentamente,
Volver arriba
Ver perfil del usuario Enviar mensaje privado Enviar correo MSN Messenger
B. Rodríguez Bernardo



Registrado: 11 Oct 2003
Mensajes: 237
Ubicación: Leganés (España)

MensajePublicado: Mie Dic 13, 2006 6:46 pm    Título del mensaje: Responder citando

Hola a todos.
Comento el último mensaje de Felipe Jiménez:
Cita:
Acaba de escribir un obispo español que el Estado no tiene derecho a quitar los crucifijos ni a obligar a quitarse el velo. Creo que es una comparación desafortunada, pero desde un estricto punto de vista filosófico-político, el Estado puede hacerlo todo. Todo depende de su poder, de su fuerza, de su potencia. Es el Estado el que establece los derechos y la propiedad privada y es el Estado el que decide qué creencias religiosas tolera o prohíbe. Otra cosa es la prudencia política que obligue a la tolerancia, pero hablando estrictamente, la Iglesia y el Islam no tienen derecho a nada. Esa cuestión la decide el Estado, el Leviatán.
Valoro toda cualidad (virtuosa, claro está) que adorna a otro, y mucho más si es una virtud de la que yo carezco; de ahí la alta estima que siento por la forma sintética y determinación con que siempre se expresa Felipe. Yo en cambio tengo el vicio (porque es, en mi caso, extremo) de desmenuzar.

La comparación parece ciertamente desafortunada, pero, sin el resto del texto (y/o el contexto) no puedo saberlo, y no me atrevería a afirmarlo. De cualquier modo, la primera cuestión que me surge ante lo que Felipe dice que acaba de escribir ese obispo es la siguiente: ¿quitar los crucifijos, de dónde? (Lo digo porque no es lo mismo que el Estado ‘quiera’ quitarlos de un sitio u otro: ¿De las iglesias? ¿De las cabeceras de la cama en los hogares españoles? ¿De los pechos de quienes los lucen? ¿De las escuelas? (¿De las públicas o de las privadas? ¿De las concertadas o las no concertadas?) Desde luego no sería lo mismo, ni tendría el Estado el mismo derecho (si tuviera alguno) en unos y otros casos. Y otro tanto (bueno más tanto y menos tanto) ocurriría con el caso del velo.

Lo de que “desde un estricto punto de vista filosófico-político, el Estado puede hacerlo todo”, es simplemente falso. Lo que desde un punto de vista filosófico-político se conceda que puede hacer o no el Estado dependerá, digo yo, de la filosofía política de que se trate. Ni siquiera cabría hacer valer la afirmación de Felipe si nos situamos ya no en un marco filosófico-político, sino fáctico (científico-político o político a secas). La afirmación de que alguien o ‘algo’ (Dios o el Estado o X) puede hacerlo todo (es omnipotente) es metafísica. Decir que el Estado puede hacerlo todo (es omnipotente) y que a la vez no puede hacerlo todo (pues lo que puede hacer o no depende de su poder o fuerza) es confuso, contradictorio, vago y no dice nada: mero flatus vocis. ¿En qué quedamos? ¿Es o no es el Estado el poder, la fuerza, la potencia absoluta – o al menos par excellence?

Felipe acostumbra, tal vez sea la contrapartida de la síntesis—a decir muchas verdades y falsedades al mismo tiempo, y en la misma proposición, lo que pone incluso en duda que lo que dice, en esos casos al menos, sea una proposición, desde el momento en que no cabe verla como verdadera o falsa, pero no ambas. Así ocurre con esta: “Es el Estado el que establece los derechos y la propiedad privada y es el Estado el que decide qué creencias religiosas tolera o prohíbe.” Verdad, a fin de cuentas. Pero falso, pues, una vez que la sociedad política o el estado se ha instituido o dado forma, ha de someterse el mismo (cosas de la eutaxia) a su propia forma, de lo contrario dejaría de ser ese Estado que es para ser otro. Pero aquí, y Felipe lo olvida, estamos hablando de un Estado no en abstracto o en general (desde la filosofía-política) sino de este Estado nuestro realmente existente,, ya constituido y constituido en Estado de Derecho. Y la propiedad privada va en este Estado a misa (por mucho que se ampliara la pública). Pero en la esfera privada (aquella en la que el Estado –la esfera pública-- no puede intervenir, porque no quiere, porque se ha comprometido desde el principio a no hacerlo) no solo se incluye la propiedad, sino también as propias creencias de uno (religiosas o no –como no podría ser de otro modo). La cuestión a debatir sería si una vez contextualizado el lugar del que quiere el Estado quitar los crucifijos, si el Estado, este Estado dado, tiene (porque se ha dado o no) derecho a quitar los, Así es como yo entiendo al Sr. Obispo: Ustedes (poder político) no tienen derecho a quitar los crucifijos (ámbito privado). Pero claro, eso puede ser falso si, por ejemplo, los crucifijos van a quitarse de la Escuela pública. Habrá pues, como dije que contextualizar. Y en nuestro contexto, este Estado de Derecho nuestro, es absurdo decir, como hace Felipe que: “es el Estado el que decide qué creencias religiosas tolera o prohíbe, porque se ha constituido como un Estado que decide que no puede intervenir en ese ámbito, y todas ella, por tanto han de ser permitidas. Claro está que una cosa es permitir las creencias y otras las acciones de los creyentes. Pueden creer lo que quieran los Testigos de Jehová o los musulmanes, pero el estado español no permite ni permitirá que los padres no hagan transfusiones a sus hijos si fueran necesarias para salvarles, como no permite que los padres exploten laboral o sexualmente de sus hijos, ni la poligamia (por mucho que se toleren las creencias al respecto).

Y desde luego no es la prudencia política, como afirma Felipe, la que obliga a la tolerancia, sino la ley (del Estado, por cierto). Como yerra también, cuando afirma que ”la Iglesia y el Islam no tienen derecho a nada”. Esa cuestión la decide el Estado, el Leviatán[/quote] Primero. Si hablamos del Estado español, ya está decidido: y la decisión es la Ley (que tienen derecho a unas cosas si y a otras no). Segundo. Si hablamos en general, eso es totalmente falso, pues en los estados islámicos es el Islam (ergo también la ley, ergo también la fuerza) quien tiene derecho, y quien sienta lo que es un derecho o no.

Un cordial saludo,
Volver arriba
Ver perfil del usuario Enviar mensaje privado
Felipe Giménez Pérez



Registrado: 14 Oct 2003
Mensajes: 1050
Ubicación: Leganés (Madrid, España)

MensajePublicado: Mie Dic 13, 2006 7:16 pm    Título del mensaje: Derechos y Estado Responder citando

Estimados contertulios: Realmente los hombres en sí mismos, naturaliter, per se, carecen de todo derecho. Los derechos los establece el Derecho positivo y el Derecho positivo lo establece el Estado como dice Hobbes y los positivistas jurídicos del siglo XIX o mejor, aún el Estado y el Derecho son lo mismo a decir de Hans Kelsen. El Derecho descansa en la fuerza. Los derechos humanos son disposiciones del ordenamiento jurídico que el Estado ha tenido a bien conceder pero que igualmente puede negar como ocurre muy a menudo. La religión se tolera porque conviene o porque la clase política la estima útil para mantener el bien público en que consiste la tranquilidad pública, vamos, la eutaxia. Felipe III expulsó a los moriscos de España en 1609-1613, unos trescientos mil aproximadamente por la eutaxia. Cuando un Estado advierte que sus intereses vitales están en juego no le hace ascos a nada. Atentamente,
Volver arriba
Ver perfil del usuario Enviar mensaje privado Enviar correo MSN Messenger
B. Rodríguez Bernardo



Registrado: 11 Oct 2003
Mensajes: 237
Ubicación: Leganés (España)

MensajePublicado: Mie Dic 13, 2006 10:09 pm    Título del mensaje: Responder citando

Hola.

Felipe sigue con esa vieja costumbre suya de ir a su bola, en una especie de duracelliano dialogo consigo mismo, si es que cabe llamar dialogo a hilvanar una y otra vez, incansablemente, una sarta de perlas filosófico-políticas, que el repite una y otra vez hasta la saciedad, responda uno lo que le responda, como quien repasa terca, obsesiva y ritualistamente las cuentas del rosario.
Cita:
Realmente los hombres en sí mismos, naturaliter, per se, carecen de todo derecho. Los derechos los establece el Derecho positivo y el Derecho positivo lo establece el Estado como dice Hobbes y los positivistas jurídicos del siglo XIX o mejor, aún el Estado y el Derecho son lo mismo a decir de Hans Kelsen. El Derecho descansa en la fuerza. Los derechos humanos son disposiciones del ordenamiento jurídico que el Estado ha tenido a bien conceder pero que igualmente puede negar como ocurre muy a menudo. La religión se tolera porque conviene o porque la clase política la estima útil para mantener el bien público en que consiste la tranquilidad pública, vamos, la eutaxia. Felipe III expulsó a los moriscos de España en 1609-1613, unos trescientos mil aproximadamente por la eutaxia. Cuando un Estado advierte que sus intereses vitales están en juego no le hace ascos a nada.
¡Pues claro! ¿Y? ¿Qué pretende Felipe decir con eso? ¿Acaso yo –u otro—ha venido a negar tales asertos? ¿Entonces? ¿Escribe Felipe con vistas a que se debata y discuta lo que dice, o busca simplemente ir recopilando material para hacer un libro de sabias y prudentes sentencias?

Un cordial saludo,
Baldomero
Volver arriba
Ver perfil del usuario Enviar mensaje privado
Felipe Giménez Pérez



Registrado: 14 Oct 2003
Mensajes: 1050
Ubicación: Leganés (Madrid, España)

MensajePublicado: Jue Dic 14, 2006 3:01 am    Título del mensaje: Eutaxia Responder citando

Estimados contertulios: Baldomero pretende que el Estado no puede hacer todo. Diré que puede hacer todo lo que puede que hacer, que es más que lo que puede hacer un sólo individuo. El Leviatán está compuesto de individuos. Es un individuo compuesto, como ocurre en Spinoza, por cierto. Entonces Baldomero ¿Qué hacemos? ¿Le damos la razón a los ulemas y a los clérigos? ¿Creemos que hay derechos humanos prepolíticos y presociales inalienables? Creo que lo que he dicho es correcto, salvo que queramos caer en el iusnaturalismo o en el fideísmo religioso y que el Estado sea dirigido aunque sea indirectamente por la Iglesia como afirmaba Francisco Suárez. Atentamente,
Volver arriba
Ver perfil del usuario Enviar mensaje privado Enviar correo MSN Messenger
B. Rodríguez Bernardo



Registrado: 11 Oct 2003
Mensajes: 237
Ubicación: Leganés (España)

MensajePublicado: Jue Dic 14, 2006 9:09 am    Título del mensaje: Responder citando

Hola

Pues claro que la potencia del estado es mayor que la del individuo, y que. por tanto. aquel puede hacer más que éste. No puede ser de otro modo habida cuenta que el individuo es un producto social, de la comunidad política o el Estado. No hay ni puede haber, es evidente, individuos en si y por si surgidos por generación espontánea y al margen de ese Leviatán que está compuesto precisamente por los individuos sociales --socializados: 'ciudadanos' que el mismo fabrica y debe fabricar necesariamente. ¿He afirmado yo lo contrario?

Quitarle, como yo hice ayer, la razón a Felipe no es dársela, como el afirma, a los ulemas ni a los clérigos... Ni es defender que haya derechos humanos prepolíticos o presociales –tesis absurda esa donde las haya, y que he negado siempre. Es simplemente diferenciar el Estado teórico del Estado histórico (real, dado, concreto, instituido, fáctico) como lo es el español que es del que Felipe hablaba. Y desde luego sigo pensando que lo que ayer dijo Felipe no era ni correcto ni falso, sino las dos cosas al mismo tiempo, y por lo tanto: mera abstracción. Y ello no me lleva a caer, como él dice, ni en el iusnaturalismo ni el fideísmo religioso... ni a defender que el Estado sea dirigido (ni directa ni indirectamente) por la iglesia. Basta leer detenidamente lo que dije, para darse cuenta de que Felipe sigue hablando solo.

Lo único que dije es que el Estado histórico (real, conformado) es Orden, y ha de tener por tanto una Forma dada que es precisamente ese orden constitutivo suyo. Y es innegable que todo Estado per se (todo Orden) tiene ciertos pre-requisitos que le vienen dados pues están enraizados en la naturaleza (determinadas condiciones que cumplir y sin las cuales no puede ser factible estado alguno). Más no sólo tienen los estados históricos esas determinaciones ‘externas’, sino también otras ‘internas’ propias del hecho constitutivo mismo de un Estado real histórico dado que, al constituirse como un orden en general y ese orden concreto en particular, se impone, otros requisitos o determinaciones a añadir a las previas (las del estrato natural: M1). El ser es determinado, o no es. Es decir, no hay Estado, hay Estados con una(s) u otra(s) Forma (s). Como no hay democracia sino, como dice Aristóteles, democracias. Y otro tanto cabe decir de la(s) tiranía(s) o cualquier otra Forma o Régimen político. Y si un Estado dado X se instaura como un orden O, ese orden ‘sujeta’ al Estado, pues ha de mantenerse como ese orden dado y no otro, creo. ¿Qué otra cosa cabría entender por eutaxia si no? La eutaxia no lo es de un Estado abstracto, teórico, sino de un Estado histórico y concretito. La eutaxia implica mantener el orden y un Orden dado. Es verdad que un Estado podría ir contra su propio orden si lo concebimos como Felipe dice, omnipotente: sería ese eso si un gran poder el suyo: el poder de autodestruirse (suicidarse) como ese Estado dado, y en consecuencia como Estado. Pero eso son juegos florales.

Desde luego, ese discurso abstracto acerca del Estado abstracto y su absoluto y abtracto poder y otras maravillas (pues de lo que no existe: el estado teórico, puede uno decir lo que le venga en gana), me trae a la mente el idealismo en general y el hegeliano en particular. Y la verdad, prefiero apostar por la Izquierda hegeliana y el lúcido Marx, que por monsergas teórico-políticas o, si se me apura, metafísicas. Cuando hablemos del estado hablemos del estado y cuando del Estado Español, pues de eso.

Un cordial saludo,
Baldomero
Volver arriba
Ver perfil del usuario Enviar mensaje privado
Felipe Giménez Pérez



Registrado: 14 Oct 2003
Mensajes: 1050
Ubicación: Leganés (Madrid, España)

MensajePublicado: Jue Dic 14, 2006 10:17 pm    Título del mensaje: Diferencias Responder citando

Estimados contertulios: Si el núcleo de lo político, del Estado es la eutaxia política, entonces la razón de Estado, los arcana imperii se imponen necesariamente. No veo yo tanta diferencia entre lo que yo afirmo y lo que afirma Baldomero. El Estado a decir de Hobbes era un dios mortal y algo de verdad hay en eso precisamente. Yo digo que el Estado tiene todos los derechos y que puede hacer todo. El Estado tiene los derechos, su potencia y sólo otro Estado puede oponerse y limitar al Estado. Atentamente,
Volver arriba
Ver perfil del usuario Enviar mensaje privado Enviar correo MSN Messenger
B. Rodríguez Bernardo



Registrado: 11 Oct 2003
Mensajes: 237
Ubicación: Leganés (España)

MensajePublicado: Vie Dic 15, 2006 6:37 pm    Título del mensaje: Responder citando

Hola
He aquí una verdad como la copa de un pino:
Cita:
… y sólo otro Estado puede oponerse y limitar al Estado.
. Y he aquí un error, o, en el peor de los casos –pues sería entonces más difícil de ver y/o combatir y/o rectificar-- una verdad a medias:
Cita:
Yo digo que el Estado tiene todos los derechos y que puede hacer todo.
Pues yo digo que no. E insisto en que hay que diferenciar el Estado teórico (abstracto) y el Estado histórico (concreto, realmente existente). Y digo también que una cosa es afirmar que el Estado (el poder explícito, la fuerza, la --no siempre, ni necesariamente desenvainada-- ‘espada’) es origen, fuente y garante último de todos los derechos en sus dominios --cosa esta totalmente cierta. Y otra cosa muy diferente decir que un Estado de derecho (que es una forma, la forma efectiva de ser del Estado español realmente existente de hecho), puede, una vez constituido, romper a su antojo, sin destruirse como Estado, su propio orden, es decir su propia separación y articulación de las tres esferas de la actividad humana que toda sociedad política ha de separar/articular: (I) la esfera privada, (II) la esfera privada/pública (sociedad civil) y (III) la esfera, formalmente y en sentido fuerte, pública (el poder explícito). Es el Estado al constituirse como tal Estado el que sienta en que esferas puede intervenir o no, en qué medida, etc.… Y es este Estado nuestro el que ha instaurado (y defenderá si ha de ser eutáxico a capa y espada) un orden dado que define el campo (también su campo) de ‘juego’. Por eso si los crucifijos se quitaran de las casas o de los pechos de los que lo llevan (esfera privada) sería una cosa, y si lo quitaran de la escuela privada o de las iglesias (esfera público-privada) o de los Ministerios, Centros Educativos Públicas, Hospitales Públicos y otros espacios de los que el poder político es dueño y señor absoluto (esfera pública). Desde luego el Estado Español hoy dado podría devenir totalitario y eliminar al máximo la esfera público-privada y privada incluso, pero ese seria otro (otro ordenamiento, otra forma de) Estado Español diferente, creo.

Por eso en relación a las declaraciones del obispo, es preciso, como dije ayer, matizar. Y es de eso de lo que estamos discutiendo y no de Filosofía Política, creo yo. . Así que sería mejor dejar las frases lapidarias y rimbombantes, y elucidar si, dentro de este orden dado por y constitutivo de este Estado nuestro. El obispo tiene ‘derecho’ a decir lo que dice, o está diciendo, como creo que sucede, tonterías.

Atentamente,
Baldomero
Volver arriba
Ver perfil del usuario Enviar mensaje privado
Felipe Giménez Pérez



Registrado: 14 Oct 2003
Mensajes: 1050
Ubicación: Leganés (Madrid, España)

MensajePublicado: Vie Dic 15, 2006 7:17 pm    Título del mensaje: Obispo Responder citando

Estimados contertulios: Los obispos hablan de sacrosantos derechos de la persona y del individuo que están por encima del Estado y de la sociedad. El Estado si quiere puede establecer un laicismo total como en Francia. Otra cosa es la oportunidad de establecer una república laica. Creo que no sería prudente. Tal vez un régimen revolucionario lo pudiera hacer de golpe y porrazo. Es precisamente en las revoluciones cuando se ve el poder del Estado de hacer y deshacer. Atentamente.
Volver arriba
Ver perfil del usuario Enviar mensaje privado Enviar correo MSN Messenger
Mostrar mensajes anteriores:   
Este foro está bloqueado: no se puede publicar, responder, ni editar mensajes en este tema.   El tema está bloqueado: no pueden editarse ni agregar mensajes.    Índice del Foro los foros de nódulo -> Teoría Política Todas las horas están en GMT + 1 Hora
Ir a página Anterior  1, 2, 3, 4  Siguiente
Página 3 de 4

 
Saltar a:  
No puede crear mensajes
No puede responder temas
No puede editar sus mensajes
No puede borrar sus mensajes
No puede votar en encuestas




Canal rss servido por el trujamán de la comunicación electrónica y digital © 2003 - 2007 Trujamán