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La Historia y la Economía
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J.M. Rodríguez Pardo



Registrado: 10 Oct 2003
Mensajes: 1423
Ubicación: Gijón (España)

MensajePublicado: Jue Jul 21, 2005 10:30 am    Título del mensaje: Matizando economía e ideología Responder citando

Estimados amigos:

Por responder a lo señalado por Antonio Iglesias, mis críticas no iban señalando un victimismo sobre el tercer mundo, sino destacando que eso del libre mercado y la economía libre de restricciones acaba como todos los buenos propósitos: en el cementerio. Nadie va a querer comprar Mecca-Cola si se sabe que los beneficios de sus ventas financian el terrorismo palestino. La economía siempre se da en marcos estatales, y son esos estados los que compiten entre sí. Por eso el tercer mundo se queda fuera, porque no es capaz de desarrollarse para competir al mismo nivel del primero. Evidentemente que todo esto no se soluciona con darles más dinero, pues precisamente esas ayudas no son producto de la generosidad, sino que se sabe muy bien que van con el añadido de ONGs que van a intentar crear estructuras precarias, ecologistas que denunciarán políticas contaminantes, etc. Y luego está la propia incapacidad de quienes gobiernan esos países, algo indudable.

Respecto a la ideología y la masa, ideología es la concepción que un grupo social tiene de su lugar en el mundo y de sus intereses. Eso implica la existencia de masas y de ideologías que las distinguen de otras. En ese sentido, puede decirse que el Estado del Bienestar es comunismo implantado en el capitalismo; no hay más que oír a sindicalistas para comprobarlo. Y no creo que eso pueda eliminarse sin más de nuestras actuales sociedades. Las llamadas recetas neoliberales son inaplicables, o más bien si fueran aplicadas llevarían a una oligarquía semejante a la que campa por sus respetos en Hispanoamérica: una élite que tiene derecho a la propiedad, a la seguridad privada, a la medicina privada, mientras los demás quedan sometidos a los vaivenes del mercado y las crisis económicas.

Un cordial saludo,
José Manuel Rodríguez Pardo.
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Martín González Martínez



Registrado: 16 Jun 2004
Mensajes: 196
Ubicación: Valencia

MensajePublicado: Mie Jul 27, 2005 11:55 am    Título del mensaje: Economía política y pragmatismo. Responder citando

Saludos; espero que vaya bien el Verano. Sí puede ser que Antonio Iglesias simplifique en exceso, pero yo creo que lo hace muy sensatamente, porque halla escandaloso el prestigio de una izquierda falsaria que, literalmente, ha perdido la razón, y sólo persigue el ejercicio del poder al precio que sea. Y creo que esto es algo que, con todos las matizaciones que se quieran, compartimos todos. Y o desde luego estoy de acuerdo con él.

Respecto de las observaciones que hacía J. M. Rodríguez Pardo respecto a la carencia de legitimidad a priori de todo proceso revolucionario hay que estar de acuerdo, faltaría más. Pero hay otra cosa, el ejercicio de una política revolucionaria –quiero decir la labor política durante una revolución (o una guerra, por cierto) -¿no destila siempre pragmatismo?

En dichos procesos conflictivos, a la hora de la verdad, cuando ha habido que montarle el cristo al sistema imperante (propio o extranjero), las técnicas estratégicas se han antepuesto a las propias doctrinas e idearios filosóficos revolucionarios (o patrióticos), forzándolos repetidamente, e incluso tal vez a las propias disciplinas estratégicas, más o menos científicas, más o menos tradicionales, que los jefazos de los sucesivos cotarros revolucionarios o bélicos siempre han atesorado, no sin cierta discreción de cara a la galería de las masas, en una tal vez inconfesable esperanza de flexibilizar la puesta en práctica de unas doctrinas, más que rígidas, berroqueñas.

No sé si me explico ¿De qué les hubiera servido a Lenin o a Mao su marxismo, sin sus respectivas, provechosas y heterodoxas lecturas de Clausewitz? Pero sobre todo ¿de qué les hubieran servido tanto el uno como el otro sin la inigualable habilidad de sus subordinados bolcheviques y maoístas para desquiciar los planteamientos tanto del filósofo alemán como del general prusiano a la hora del degüello?

¿De qué le hubiera servido a Cromwell todo su sesudo puritanismo –ya de por sí ecléctico en su dimensión política, y económico-política –sin el cercano ejemplo práctico de otros organizadores de ejércitos privados durante la Guerra de los Treinta Años, como Wallenstein, o sin unas tácticas de uso de fuerzas de caballería polivalente (escopeteros, caballos corazas, dragones) desarrolladas –técnica, no teóricamente -desde las campañas del Gran Capitán hasta las de Gustavo Adolfo? Pero sobre todo ¿de qué le hubiera servido todo lo anterior sin la, digamos, improvisadora creatividad sobre la marcha de los matarifes salmodiantes del New Model Army?

Ahora bien, Cromwell, al menos, a diferencia de Lenin, o de Mao, ¡jamás pretendió, encima, dárselas de demiurgo teórico, científico, racionalista, izquierdoso, mientras atizaba el horno revolucionario a base de técnica, de técnicas, cuando no de macabramente habilidosa improvisación; como sí hicieron los revolucionarios de izquierdas, TODOS ellos!

(Yo, personalmente, así a bote pronto y sin pensarlo mucho, prefiero que los políticos me engañen utilizando a Dios como pretexto –como pretexto al estilo eclético y proto-liberal de Cromwell, claro, no al ideológico integrista de los talibanes, por ejemplo –; en vez de que me engañen utilizando una teoría o una ideología políticoeconómica revolucionaria como pretexto. En el primer caso, de una u otra forma -con un par de genuflexiones y golpes all pecho -yo dispondré de tal o cual teoría o ideología para criticar a Dios sin cabrearlo; pero, ¿cómo criticar una teoría o una ideología revolucionaria imperante sin que la misma te fulmine con sus rayos? Imposible. Y sí, puede que el primer tipo de engaño sea más grave, filosóficamente hablando, pero siempre será más barato en términos económicos y políticos, debido, precisamente, a su flexibilidad, a su falta de rigor doctrinal político o económico. ¿No es esto último lo único que importa a nivel de los sistemas de organización y asignación -ya sean de poder o de recursos económicos -, ser flexibles y adaptables para así ser recurrentes?)

J. M. habla también de un éxito –o fracaso -relativo del llamado “bloque comunista”, en cuanto habría generado cambios en las sociedades capitalistas, cambios en la dirección de una mayor intervención estatal en al economía. Pero este argumento es fácilmente reversible, pudiéndose aducir muchos más ejemplos contrarios que nos permitirán concluir que el fracaso económico y político de la experiencia –y sólo de la experiencia –socialista ha sido relativo –hasta el punto de que se alzó sobre el éxito de los demás –y es estacionario –cada día se alza menos, hasta que acabe por zozobrar y hundirse del todo y definitivamente, por así decir, en el infinito de la serie temporal -:

1)El concepto -o por mejor decir el eslógan -de <<Estado del Bienestar>> se halla en franca decadencia precisamente en aquellas economías respecto de las que podemos decir que más se debió, su adopción del mismo, a una <<defensa contra el comunismo>>: Alemania, Francia, Italia, España... Ya no es útil, no defiende de nada, y estorba que no veas.

2)El desarrollo económico del mundo capitalista a lo largo del s. XX produjo <<efectos en el adversario>> mucho más definitivos: el total bloqueo de la recurrencia del sistema. ¿O es que alguien piensa que se colapsó solo? No, claro que no. Si la URSS se murió de éxito el capitalismo sobrevive gracias a su fracaso, y de nuevo, eso es lo único que importa.

3)Lo de la Meca Cola es, en mi modesta opinión, un muy mal ejemplo; primero porque es un rotundo éxito comercial gracias -además de a su sabor, mínimamente soportable y hasta quizá interesante para unos gaznates que tienen proscrita de antemano toda bebida alcohólica –a que parte de sus beneficios se destinan, como todo el mundo sabe, a financiar actividades terroristas (y esque hablamos de un producto astutamente concebido exclusivamente para un tipo de consumidor, politizado, el consumidor musulmán); segundo, porque ¿no resulta un poco insignificante hablar de la Meca Cola cuando a continuación pensamos en el mercado energético, por ejemplo, el de Petróleo, el cual se ríe a carcajadas de Estados y fronteras, o en el mercado de las armas o en el de las telecomunicaciones, o incluso en el mercado negro de la droga, la cual, a pesar de financiar a lo bestia el terrorismo -mucho más que la Meca Cola -triunfa como producto también entre los no musulmanes?
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J.M. Rodríguez Pardo



Registrado: 10 Oct 2003
Mensajes: 1423
Ubicación: Gijón (España)

MensajePublicado: Mie Jul 27, 2005 12:52 pm    Título del mensaje: Re: Economía política y pragmatismo. Responder citando

Estimados amigos:

Procedo a responder a Martín González.

Martín González Martínez escribió:
Saludos; espero que vaya bien el Verano. Sí puede ser que Antonio Iglesias simplifique en exceso, pero yo creo que lo hace muy sensatamente, porque halla escandaloso el prestigio de una izquierda falsaria que, literalmente, ha perdido la razón, y sólo persigue el ejercicio del poder al precio que sea. Y creo que esto es algo que, con todos las matizaciones que se quieran, compartimos todos. Y o desde luego estoy de acuerdo con él.


Me parece muy bien denunciar esas falsedades, pero ya no me parece lo mismo darles un carácter de verdad universal o definir aquello que se denuncia como izquierda. La verdad, si Lenin viera que le comparan con Zapatero, creo que eso serviría para matarle de la risa.

Martín González Martínez escribió:
Respecto de las observaciones que hacía J. M. Rodríguez Pardo respecto a la carencia de legitimidad a priori de todo proceso revolucionario hay que estar de acuerdo, faltaría más. Pero hay otra cosa, el ejercicio de una política revolucionaria –quiero decir la labor política durante una revolución (o una guerra, por cierto) -¿no destila siempre pragmatismo?

En dichos procesos conflictivos, a la hora de la verdad, cuando ha habido que montarle el cristo al sistema imperante (propio o extranjero), las técnicas estratégicas se han antepuesto a las propias doctrinas e idearios filosóficos revolucionarios (o patrióticos), forzándolos repetidamente, e incluso tal vez a las propias disciplinas estratégicas, más o menos científicas, más o menos tradicionales, que los jefazos de los sucesivos cotarros revolucionarios o bélicos siempre han atesorado, no sin cierta discreción de cara a la galería de las masas, en una tal vez inconfesable esperanza de flexibilizar la puesta en práctica de unas doctrinas, más que rígidas, berroqueñas.

No sé si me explico ¿De qué les hubiera servido a Lenin o a Mao su marxismo, sin sus respectivas, provechosas y heterodoxas lecturas de Clausewitz? Pero sobre todo ¿de qué les hubieran servido tanto el uno como el otro sin la inigualable habilidad de sus subordinados bolcheviques y maoístas para desquiciar los planteamientos tanto del filósofo alemán como del general prusiano a la hora del degüello?


¿Y quién ha negado eso? El propio Marx decía que la verdad es lo que está hecho, no lo que uno tiene en las mientes de forma «teórica». De hecho lo que se ve en la URSS es una nueva forma de marxismo. De ahí la estupidez de condenar a Marx por lo sucedido en la Unión Soviética. Si apelamos al pragmatismo, entonces no se ve qué sentido tiene esa apelación.

Martín González Martínez escribió:
¿De qué le hubiera servido a Cromwell todo su sesudo puritanismo –ya de por sí ecléctico en su dimensión política, y económico-política –sin el cercano ejemplo práctico de otros organizadores de ejércitos privados durante la Guerra de los Treinta Años, como Wallenstein, o sin unas tácticas de uso de fuerzas de caballería polivalente (escopeteros, caballos corazas, dragones) desarrolladas –técnica, no teóricamente -desde las campañas del Gran Capitán hasta las de Gustavo Adolfo? Pero sobre todo ¿de qué le hubiera servido todo lo anterior sin la, digamos, improvisadora creatividad sobre la marcha de los matarifes salmodiantes del New Model Army?

Ahora bien, Cromwell, al menos, a diferencia de Lenin, o de Mao, ¡jamás pretendió, encima, dárselas de demiurgo teórico, científico, racionalista, izquierdoso, mientras atizaba el horno revolucionario a base de técnica, de técnicas, cuando no de macabramente habilidosa improvisación; como sí hicieron los revolucionarios de izquierdas, TODOS ellos!


Pues peor para Cromwell y para la propia revolución inglesa, que apenas alteró nada, como bien señaló el reverendo Pryce en 1788. Y por eso mismo la revolución inglesa es un simple paréntesis, mientras que la francesa supuso una nueva era.

Martín González Martínez escribió:
J. M. habla también de un éxito –o fracaso -relativo del llamado “bloque comunista”, en cuanto habría generado cambios en las sociedades capitalistas, cambios en la dirección de una mayor intervención estatal en al economía. Pero este argumento es fácilmente reversible, pudiéndose aducir muchos más ejemplos contrarios que nos permitirán concluir que el fracaso económico y político de la experiencia –y sólo de la experiencia –socialista ha sido relativo –hasta el punto de que se alzó sobre el éxito de los demás –y es estacionario –cada día se alza menos, hasta que acabe por zozobrar y hundirse del todo y definitivamente, por así decir, en el infinito de la serie temporal -


El Estado del Bienestar es un nivel histórico que no puede desaparecer sin más, sin mandarnos a todos a las condiciones laborales propias del siglo XIX, con toda la caída del nivel de vida y consumo que se ha alcanzado en la actualidad. Ya le señalé a Martín González que un liberalismo aplicado estrictamente nos llevaría a la situación que vive hoy día Hispanoamérica, con una élite dueña del Estado y la situación de los demás ciudadanos muy comprometida, pero parece que esa afirmación no le ha suscitado ningún problema. Pasemos no obstante a los tres puntos que nos señala.

Martín González Martínez escribió:
1)El concepto -o por mejor decir el eslógan -de <<Estado del Bienestar>> se halla en franca decadencia precisamente en aquellas economías respecto de las que podemos decir que más se debió, su adopción del mismo, a una <<defensa contra el comunismo>>: Alemania, Francia, Italia, España... Ya no es útil, no defiende de nada, y estorba que no veas.


Efectivamente, ahora que ya cayó el Muro de Berlín, se puede volver a las condiciones previas a la Segunda Guerra Mundial, no haría falta seguir manteniendo el Estado del Bienestar. Pero la cuestión es si las masas van a quedarse de brazos cruzados ante un recorte de su nivel de vida. Está claro que no, y la presencia de sindicatos de clase en esos mismos países demuestra que el socialismo triunfó de modo indirecto, igual que el liberalismo en España cuando logró que los absolutistas se tuvieran que travestir de liberales en la Restauración. ¿Se le ocurre a Martín González alguna forma de hacer desaparecer toda la estructura del Estado del Bienestar? Otra cosa es que haya que reajustarlo, pero eso también se antoja difícil, viendo la espiral de intereses que ha creado.

Martín González Martínez escribió:
2)El desarrollo económico del mundo capitalista a lo largo del s. XX produjo <<efectos en el adversario>> mucho más definitivos: el total bloqueo de la recurrencia del sistema. ¿O es que alguien piensa que se colapsó solo? No, claro que no. Si la URSS se murió de éxito el capitalismo sobrevive gracias a su fracaso, y de nuevo, eso es lo único que importa.


Que la URSS colapsó es algo que ya sabemos y ya reconocí, así que no veo muy claro a qué viene semejante descubrimiento. Pero la cuestión es que el fracaso del socialismo no ha supuesto el éxito del capitalismo, sino su supervivencia en una forma más sostenible y «comunista»: el Estado del Bienestar.

Martín González Martínez escribió:
3)Lo de la Meca Cola es, en mi modesta opinión, un muy mal ejemplo; primero porque es un rotundo éxito comercial gracias -además de a su sabor, mínimamente soportable y hasta quizá interesante para unos gaznates que tienen proscrita de antemano toda bebida alcohólica –a que parte de sus beneficios se destinan, como todo el mundo sabe, a financiar actividades terroristas (y esque hablamos de un producto astutamente concebido exclusivamente para un tipo de consumidor, politizado, el consumidor musulmán); segundo, porque ¿no resulta un poco insignificante hablar de la Meca Cola cuando a continuación pensamos en el mercado energético, por ejemplo, el de Petróleo, el cual se ríe a carcajadas de Estados y fronteras, o en el mercado de las armas o en el de las telecomunicaciones, o incluso en el mercado negro de la droga, la cual, a pesar de financiar a lo bestia el terrorismo -mucho más que la Meca Cola -triunfa como producto también entre los no musulmanes?


Creo que no hablamos el mismo idioma. Precisamente por su éxito y el uso de sus beneficios para actividades terroristas, la Mecca Cola no aparece entre los productos de consumo habituales en nuestras sociedades del bienestar. ¿Ha comprado la Mecca Cola Martín González? Yo desde luego que no he visto una sola unidad en ningún lugar de consumo, y supongo que por algo será.

Respecto a que el mercado del petróleo se ríe de fronteras, yo me río cuando veo cómo es EEUU el que asegura, por medio de los petrodólares y sobre todo de sus misiles intercontinentales, la pervivencia de ese mercado. La Economía es Economía Política, y eso no hay liberal que lo cambie.

Un cordial saludo,
José Manuel Rodríguez Pardo.
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Martín González Martínez



Registrado: 16 Jun 2004
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Ubicación: Valencia

MensajePublicado: Dom Jul 31, 2005 11:52 pm    Título del mensaje: Economía Política Responder citando

Bueno, agradezco a J. M. Rodríguez Pardo su atenta respuesta. Estoy de acuerdo –quisiera empezar por dejar claro este punto –en que es una estupidez, en unos foros como estos, ponerse a <<condenar>> el marxismo agitando para ello el espantajo de la URSS o cualquier otro régimen político similar. Si he dado a entender otra cosa con algún comentario tonto pido perdón. Pero hombre, aunque no <<condenemos>> las ideas marxistas, tampoco dejemos ni por un momento de procesar a aquellas doctrinas originadas en el marxismo que hayan sido aplicadas en los mencionados regímenes fracasando de una manera susceptible –éticamente –de ser calificada como criminal.

De cualquier modo yo simplemente pretendía, en mi anterior mensaje, señalar el hecho de que no por ser más racional una doctrina revolucionaria, ha sido jamás, el pragmatismo imprescindible para efectuar su realización, menos criminal. (Me inclino a pensar que lo ha sido MÁS, pero reconozco que no tengo ni idea de por qué.)

Bien, bien, claro que la extraña revolución cromwelliana <<apenas alteró nada>>. ¡Alteró sólo lo que tenía que alterar, el Absolutismo filo-católico que rebullía en las <<mientes>> de Carlos I, segándolo a nivel del cogote! ¿Qué más había que alterar que no hubiese sido alterado y bien alterado a lo largo de los casi cien años anteriores a la primera guerra civil (empezando por la expropiación de las tierras de la Iglesia y su apropiación por parte de la nueva clase, la gentry rural puritana)? El Absolutismo y nada más, una doctrina –no se si hago bien en llamarla así –mucho más moderna, racional, y hasta yo diría que revolucionaria que aquella casi romántica Good Old Cause que aglutinaba al abigarrado bando parlamentarista, el cual ni muchísimo menos se limitaba a la nueva clase, sino a buena parte de la nobleza, el capesinado y la burguesía urbana. ¿No resulta paradógico el que precisamente una mentalidad política revolucionaria sin ninguna pretensión racional auténtica detrás, obrase una labor política y económicamente más “pulcra”, infinitamente más eficaz tanto desde el punto de vista de la eutaxia como de la recurrencia del sistema económico, que cualquiera de las revoluciones guiadas por la <<racionalidad>> pura y dura?

J. M. Rodríguez Pardo escribe:

Cita:
El Estado del Bienestar es un nivel histórico que no puede desaparecer sin más, sin mandarnos a todos a las condiciones laborales propias del siglo XIX, con toda la caída del nivel de vida y consumo que se ha alcanzado en la actualidad. Ya le señalé a Martín González que un liberalismo aplicado estrictamente nos llevaría a la situación que vive hoy día Hispanoamérica, con una élite dueña del Estado y la situación de los demás ciudadanos muy comprometida, pero parece que esa afirmación no le ha suscitado ningún problema.
...
Efectivamente, ahora que ya cayó el Muro de Berlín, se puede volver a las condiciones previas a la Segunda Guerra Mundial, no haría falta seguir manteniendo el Estado del Bienestar. Pero la cuestión es si las masas van a quedarse de brazos cruzados ante un recorte de su nivel de vida. Está claro que no, y la presencia de sindicatos de clase en esos mismos países demuestra que el socialismo triunfó de modo indirecto, igual que el liberalismo en España cuando logró que los absolutistas se tuvieran que travestir de liberales en la Restauración. ¿Se le ocurre a Martín González alguna forma de hacer desaparecer toda la estructura del Estado del Bienestar? Otra cosa es que haya que reajustarlo, pero eso también se antoja difícil, viendo la espiral de intereses que ha creado.


Vuelve por segunda vez a este topic el confuso término <<condiciones>> -más arriba fueron las <<condiciones de vida>> y ahora son las laborales -. Yo no sé lo que son las <<condiciones laborales propias del s.XIX>>. ¿Se refiere J. M. a las condiciones jurídicas, el marco de derecho laboral, contractuales...? Esas son meramente formales y sólo adquieren significado económico cuando las ponemos en relación, como J.M. hace oportunamente, con <<el nivel de vida y el consumo>> y su evolución, por ejemplo. Pero el caso es que entonces deberíamos hablar de un <<nivel de vida y consumo>> propios del siglo XIX, no de la <<actualidad>>. Pues el nivel de vida en términos de poder adquisitivo –renta per cápita respecto de nivel de precios -es mayor que el del s.XIX aunque hubiese <<caído>> un tanto en los últimos meses, o años, cosa muy discutible.
¿Son, por ventura, las condiciones físicas de los entornos físicos de trabajo? Pues sucede algo parecido. ¿Son condiciones, digamos, sociales? Ocurre lo mismo. ¿O son todas ellas juntas? Pues nada, lo mismo.
Hablar de <<condiciones>> es hablar de cien mil factores además de tales o cuales medidas políticas estatales puntuales recurrentes (que son las conformadoras del Estado del Bienestar). Para empezar, es hablar del “estado de la tecnología” de R. M. Solow, y es muy dudoso que, por poner un ejemplo extremo, privatizar la Sanidad, nos retrotraiga ipso facto al uso de la quinina para tratar la fiebre del proletariado.
Vamos a ver, si como creo hace referncia J. M. al nivel de vida cuando habla de condiciones laborales –que me corrija si me equivoco -entonces resulta redundante hablar a continuación de <<caida del nivel de vida y el consumo>>. Ocurre que no podemos –en el ámbito de nuestra economía capitalista –hablar de nivel de vida en términos distintos a la renta per cápita respecto del nivel de precios (poder adquisitivo de la economía sin atender, en principio, a la distribución efectiva, poblacional, del mismo). El nivel de vida no es ninguna valoración del bienestar, sino más bien una cuantificación del poder adquisitivo. No sé, tal vez podríamos hablar de alienación, pero ese concepto apesta, no es operativo económicamente... También, admitiendo sin problemas (¿cómo no?) que la <<Economía es Economía Política>>, podría concluirse lo siguiente: el ejercicio de las “políticas del Estado del Bienestar” no tiene relación directa con el nivel de vida... pero sí puede tenerla con la recurrencia del sistema económico desde la eutaxia porque, más que ser <<comunismo dentro del capitalismo>>, se trata de un con cepto esencialmente democrático, literalmente una compra de votos –¿quizá una puja particularmente “sonora” sobre el <<arbitrio estadístico>> del que habla Gustavo Bueno en la pág. 155 del “Panfleto contra la Democracia”? -con una contrapartida en <<bienestar>> IMPOSIBLE de ser cuantificada, sino valorada en términos ideológicos, “de clase”. Pero atención, que esto no nos impida ver la relación inversa –esta sí perfectamente medible en términos cuantitativos –entre el ejercicio de las políticas propias del Estado del Bienestar y la pérdida de competitividad económica, con todo lo que ello significa (nada bueno) sobre el nivel de vida entendido como renta per cápita y estabilidad de precios, es decir, como poder adquisitivo en la economía. Toda medida política intervencionista tiene un coste de eficiencia en un contexto o espacio no socialista, sino parcialmente liberalizado.

J. M. sostiene, a mi entender, que es más fuerte el efecto positivo que el EDB conserva a día de hoy sobre la recurrencia a través del <<bienestar>> "ideológico" a que supuestamente da lugar, yo sostengo que lo es más su efecto negativo sobre la recurrencia a través de la competitividad, y se pueden aportar datos estadísticos sobre este efecto (en realidad efectos) y su correlación con la existencia de políticas de EDB.

Pero hay algo más, me parece, y es que aunque el efecto negativo del EDB –en la teoría marginalista, pero de acuerdo con la estadística -sobre la eficiencia, dificulte la recurrencia del sistema económico, tal vez no -en la Europa de los EDB –la eutaxia, o no tanto. El motivo me temo que tiene que ver con la vergonzante carencia que tiene la Europa de los EDB de un ejército o ejércitos propios, más allá de la juguetería humanitaria, y la subordinación de toda macroestrategia política a los intereses del Pentágono. Ello podría haber hecho divergir los objetivos de las políticas económicas de los de las po líticas a secas en los EDB. No simplemente por el hecho harto dudoso de que las Naciones de Europa Occidental continental hubieran podido seguir manteniendo sus EDB de haber tenido que financiar por completo sus políticas de defensa frente a la URRS; sino porque el efecto de tal estado de cosas sobre la ideología puede haber resultado devastador al cabo de unos decenios. En este caso, la supervivencia de los EDB, lejos de indicar la pervivencia de una conciencia de clase, indicaría la existencia de una mala conciencia de clase, patéticamente distorsionada, la de unas masas de votantes que se creen una especie de proletariado cuando no son –somos –sino privilegiados a los que se ha consentido demasiado y se ha eximido, gratis total, de mirar de frente al Mundo en el que viven o vivimos.
Sea como fuere, tengo escasas dudas sobre cual sería la forma más rápida de hacer desaparecer el EDB: que el Imperio retirara sus legiones, y Europa tuviese que rearmarse. No digo que abogue por ello, pero es lo que se me <<ocurre>>. No me negará J. M. que tendría su gracia ver precipitarse la espiral esa de los intereses como una abracadabrante serpentina, el día en que hubiera que financiar con febril urgencia, junto al sacrosanto EDB, ejércitos de verdad, ¡y no sólo financiar, sino nutrir de soldados!

Por cierto, en cuanto a la situación en Hispanoamérica ¿Qué puedo decir? Claro que no me ha suscitado ningún problema. ¿Es que acaso Chile no ha aplicado con éxito las “recetas”? ¿Qué culpa tiene el mercado de que los políticos, los empresarios, y buena parte de la ciudadanía corriente y moliente de Hispanoamérica no tenga ningún respeto por sus propias leyes? Con todo, están mejor como están, que no añadiendo rigidez a las transacciones y dejando constante el factor corrupción... Miremos a este respecto a Venezuela o, cada vez más, Bolivia. Allí el Estado, más que dueños lo que tiene son chulos.

En fin, creo que de momento sólo me queda referirme al tema de la Meca Cola. Tiene razón J.M. en que su distribución, al menos por lo que yo he visto, se restringe a comercios para musulmanes y seguramente poco más. Estos días he curioseado un poco y sólo la he visto en los estantes de ciertas tiendecillas cercanas a la mezquita del Barrio de San José, aquí en Valencia. Pero vaya, permítame que insista, no creo que el mercado tenga la menor culpa del uso criminoso que tal o cual ciudadano, como el dueño o los dueños de Meca Cola, haga de su dinero. Peor para el muy sinvergüenza, no sólo se buscará problemas con la Ley, sino que se verá reducido el beneficio distribuible de la empresa. No es delito vender un refresco, y la comercialización de la Meca Cola sólo reporta ventajas para la toda la Sociedad. Saludos.
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Antonio Iglesias Díez



Registrado: 12 Nov 2003
Mensajes: 59
Ubicación: Ávila

MensajePublicado: Lun Ago 01, 2005 8:09 pm    Título del mensaje: Economia y mas cosas Responder citando

Solo una observación sobre la situación social y económica de Hispanoamérica. Que me perdone Rodríguez Pardo pero ahora soy yo quién veo simplista su visión del problema que dicen padecer por allí con la políticas neoliberales.

La larga tradición de toda la América hispana de golpes de Estado, de pronunciamientos y de dictaduras militares, de corrupción, de guerras civiles y revoluciones llenas de terror y sangrientas, se remontan al período mismo de acceso a la independencia de esos países hace ya dos siglos. Y cuando parecía que empezaban a consolidarse, algunos muy prometedoramente, llega la presunta idea definitiva de cómo acabar con los males de los pueblos. Primero las teorías marxistas y luego sus inmediatos parientes los de la Teología de la Liberación. Con esa historia es difícil que no campeen por allí las miserias de todo tipo.

Dice el que era Cardenal Ratzinger (Conferencia del 13-5-2004 en el Senado italiano publicada en el Corriere sobre los Fundamentos espirituales de Europa) sobre la disolución de la herencia católica en América: “(...) Se podría observar también que los EE.UU. promueven ampliamente la protestantización de América Latina y, de ese modo, la disolución de la Iglesia Católica a través de la formación de iglesias libres. Todo eso porque tienen la convicción de que la Iglesia Católica no puede asegurar un sistema político y económico estable, ya que fracasa como educadora de las naciones. En cambio, esperan que el modelo de las iglesias libres haga posible un consenso moral y una formación democrática de la voluntad pública, similares a aquellos de los EE.UU. Para complicar todavía mas el panorama se debe admitir que actualmente la Iglesia Católica forma la comunidad religiosa mas grande de los EE.UU. Esta Iglesia, en su vida de fe, está decididamente de lado de la identidad católica; sin embargo, los católicos, por lo que se refiere a la relación entre Iglesia y política han recibido las tradiciones de las iglesias libres protestantes, es decir, que una Iglesia que no se confunda con la política y el Estado garantiza mejor los fundamentos morales del todo”.

Este texto está inserto en el varapalo que les dio a los teólogos de la Liberación, ya allá por los años 80 cuando estaba en su apogeo la idea de que la “Iglesia del pueblo” debía ser la Iglesia de clase, la Iglesia del pueblo oprimido al que ellos habían de concienciar, porque los pobres de Marx era los mismitos que los de las Bienaventuranzas de las Escrituras. Como es lógico, los norteamericanos no estaban dispuestos a permitir que se montara la de dios con lo de la lucha de clases y el mito del pueblo como objeto de fe.

O sea, que hay mucho que decir de lo que pasa por aquellos pagos. No es tanto el neoliberalismo el que ha impuesto la realidad actual, como las realidades históricas de Hispanoamérica las que han facilitado que ejerzan sus prácticas predadoras todo tipo de gente. El ya tradicional acaparamiento de la gran mayoría de las riquezas por una oligarquía de propietarios sin conciencia, la casi ausencia o carencias de un Estado que ponga límites a las aberraciones de la libre concurrencia y a las prácticas salvajes de cierto capital extranjero, por no hablar de la corrupción generalizada, han sido y son el caldo de cultivo.

Saludos. Antonio
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J.M. Rodríguez Pardo



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Ubicación: Gijón (España)

MensajePublicado: Mie Ago 03, 2005 9:03 pm    Título del mensaje: Economia, Cromwell y situaciones objetivas Responder citando

Estimados amigos:

Los mensajes de Martín González y Antonio Iglesias me parecen muy meritorios, y quizás en el escaso tiempo del que dispongo no les haga justicia en mis respuestas. No obstante, me gustaría realizar unas matizaciones a lo que afirmé en mi último mensaje.

Respecto a lo que señala Martín González sobre la revolución inglesa, lo que quería enfatizar es que no produjo unos cambios tan significativos sobre la sociedad inglesa como sí sucedió más tarde en 1789 (incluso la independencia de Estados Unidos trajo mucha más cola, aunque inicialmente siguiera unos derroteros muy similares a los de la de 1688). De hecho, lo que sucedió es que las propiedades pasaron de manos de los católicos (que por cierto censuraban el absolutismo; los libros de Juan de Mariana que invocaban el tiranicidio fueron quemados en Inglaterra, sin necesidad de Inquisición alguna) a los puritanos. No conviene olvidar tampoco que Cromwell fue responsable de un verdadero genocidio: exterminó virtualmente a todos los católicos en Inglaterra e Irlanda. Sin embargo, no creo yo que haya que provocar un escándalo, pues estamos hablando de cifras, estadísticas e historia. Recuerdo a un profesor de la facultad, muy anticomunista, que justificaba el genocidio de Cromwell porque condujo a Inglaterra a un régimen liberal. Justificaciones similares son las que circulan en círculos progresistas respecto a la Unión Soviética.

Respecto a las condiciones del siglo XIX, mi referencia exacta es a las condiciones objetivas, históricas, de una época determinada. Por ejemplo, la existencia de un incipiente proletariado industrial (que no tiene por qué ser sin más equivalente a «la mayoría») que vende su fuerza de trabajo individual en unas condiciones que sirvieron a Marx para postular su famosa teoría de la alienación. Evidentemente, las condiciones objetivas han variado en los países del Estado del Bienestar: no hay proletariado, sino personal del sector servicios mayoritariamente, y el nivel de vida de la población es alto. Sin embargo, no puede decirse que este nivel alcanzado sea eterno, pues pueden acontecer contingencias (desaparición de Estados por conflictos, y con ello la desaparición del Bienestar; eliminación de mecanismos redistribuidores de riqueza) que variarían de forma dramática la situación actual. No digo que tenga que suceder obligatoriamente, pero está claro que una alteración de estos mecanismos bien pudieran llevar a una «gran transformación».

Respecto al Estado del Bienestar también me gustaría introducir una matización, y es que tampoco se puede afirmar sin más que el mecanismo redistribuidor de riqueza sea el mismo: en Estados Unidos, por ejemplo, la sanidad no es pública y los sindicatos tienen un papel ínfimo. Sin embargo, existe la obligación de invertir para las grandes fortunas, o de crear fundaciones para asistencia de los pobres, si realmente quieren librarse de las enormes cargas impositivas que fija el Estado. Eso también es un mecanismo redistribuidor, aunque a este lado del Atlántico nos parezca extraño.

Respecto a la Meca Cola, no trato de culpar al mercado ni del terrorismo ni de nada. Simplemente señalo que el mercado no funciona de forma autónoma, porque los distintos Estados establecen mecanismos de freno o de monopolio para frenar marcas que bien pudieran representar una competencia. A eso me refería sencillamente.

A continuación me referiré al mensaje de Antonio Iglesias.

Un cordial saludo,
José Manuel Rodríguez Pardo.
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J.M. Rodríguez Pardo



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MensajePublicado: Mie Ago 03, 2005 9:38 pm    Título del mensaje: Hispanoamérica Responder citando

Estimados amigos:

Respecto al mensaje de Antonio Iglesias, me gustaría aclarar que no me refería en mis aportaciones a lo que hoy llaman neoliberalismo, sino al liberalismo en su estado puro, en el siglo XIX, que es el que funciona en la independencia de América. De ahí vienen sin duda muchos de los problemas que sufren en esa zona del mundo, no lo niego. De hecho, mi apreciación sobre el liberalismo, como señalo, se refiere a lo que ha traído ese liberalismo: una elite que se ha apropiado del Estado como si fuera su finca particular. De hecho, es lo mismo que pasó en la Unión Soviética; al final hay ecualización entre la izquierda liberal y la izquierda comunista, aunque esto realmente sí que es un trazo muy grueso de la situación.

Y es que un liberalismo a ultranza puede ser soportado por una elite que controla los resortes del poder político y económico (sobre todo el de la acuñación de moneda); esa misma elite que dispone de seguridad privada, mientras la policía estatal vigila por el día y saquea por la noche para completar su sueldo; la misma elite que tiene una exquisita relación médico-paciente, sin los aturullamientos de la medicina pública, previo pago de una generosa cantidad. Señalo estos casos porque el liberalismo actual apela a estas fórmulas como mejores para los ciudadanos, sin mencionar que su coste individual no está más que al alcance de muy pocos.

Centrándome en el caso particular de Hispanoamérica, hay que señalar que tras la independencia no todo fueron desastres y sufrimientos. No olvidemos que lugares como Cuba, Venezuela, Méjico, Argentina o Brasil se convirtieron en países muy prósperos y despuntaron entre los más ricos del mundo hace menos de cien años, o menos de cincuenta años en casos particulares como el argentino; y esto sin duda provenía de la herencia civilizatoria que había dejado el tan denostado hoy Imperio español. Apelar a un ocre pasado colonial o a la explotación de Estados Unidos no deja de ser retórica barata. ¿Acaso se creerían nuestros abuelos que en Argentina hay hambre? Ellos, que llegaron a América huyendo del hambre, jamás hubieran llegado a pensar que un país donde las riquezas se les caían de las manos, fuera hoy uno de los más pobres.

Decía Maeztu en su Defensa de la Hispanidad que los criollos, extasiados con Francia y todo lo francés (sin recibir el más mínimo menosprecio de Francia, como bien señalaba Rubén Darío) se despreocupaban de invertir en sus propios países y se iban a gastarlo todo a París, «la ciudad de la luz». Una política más cuidadosa y provechosa en unos países tan cargados de riquezas quizás hubiera determinado que serían los naturales de esos países y no Estados Unidos quienes tuvieran el mando en América. Pero lo cierto es que no es así y es Estados Unidos quien establece las pautas del comercio en esa zona, cosa que no tiene nada de extraño ni de malo, al fin y al cabo para algo lleva a todo el mundo sus empresas y crea puestos de trabajo.

Respecto al marxismo y la teología de la liberación, yo soy más partidario de considerarlas doctrinas antagónicas, aunque puedan seleccionarse distintas versiones que se asemejen más o menos entre sí. De hecho, esta teología fue una jugada maestra vaticana para hacerse con las riendas de los movimientos nacionales de liberación en América (patrocinados y sostenidos por la Unión Soviética), que una vez logrado su objetivo y cuando se estaba convirtiendo en un peligro, porque había sacerdotes que realmente se creían lo de la opción preferencial por los pobres, fue desmantelada en colaboración con EEUU. Doctrinalmente, marxismo y teología de la liberación se mueven por senderos distintos, opuestos incluso diría yo en algunos casos. Por ejemplo, la teología de la liberación defiende la llamada «teoría económica de la dependencia», donde se sostiene que hay unos países pobres que exportan manufacturas y otros ricos que las procesan y las venden; para solucionar esos problemas, se propone como modelo el aislacionismo económico: vamos, como Cuba, pero sin la Unión Soviética sosteniendo el asunto en ningún momento.

Semejante alternativa (sin siquiera centrarla exclusivamente en el caso cubano) es una pura ruina, sobre todo porque ignora algo tan elemental como que sin mercado e intercambio es imposible siquiera pensar en salir de semejante dependencia; sin divisas e inversiones es imposible crear empresas y en consecuencia empleo, y por lo tanto salir de una situación de postración económica. Además, es una teoría ahistórica, que olvida que tal dependencia no existía en América durante el final del siglo XIX y la mitad del siglo XX. Otra vez hay que apelar a Argentina para dar el desmentido. Al final, la teología de la liberación apela a una tesis de perogrullo y falsa: unos son ricos porque los demás son pobres. Pues menuda teoría. Identificar eso con el marxismo demuestra que los vuelos teóricos progresistas (PSOE e IU aquí) están absolutamente por los suelos.

Por lo demás, el texto de Ratzinger es soberbio: aun insistiendo en el carácter cristiano común de católicos y protestantes, señala implícitamente el peligro que suponen los predicadores protestantes para una América católica. Y tampoco se priva de señalar, como así es realmente, que la comunidad religiosa más grande de Estados Unidos son los católicos, lo que también pone en entredicho el mito de lo anglosajón y protestante como superior a lo católico, y más en el caso de EEUU.

En fin, creo que este tema da para mucho y a veces lo imposible es resultar simple o breve en estos asuntos.

Un cordial saludo,
José Manuel Rodríguez Pardo.
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Antonio Iglesias Díez



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Mensajes: 59
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MensajePublicado: Jue Ago 04, 2005 12:50 pm    Título del mensaje: Liberalismo Responder citando

Del todo de acuerdo con Rdguez.Pardo. Cierto que el medio impide muchas matizaciones, pero el fondo se aprecia el mismo.

Lo que sigo viendo difícil es que se pueda hallar un sistema de equilibrio que haga imposible, o casi, los excesos de la práctica del libre mercado, indispensable éste para el intercambio de todo tipo de productos, con las realidades políticas que conforman el mundo tal cual es, con sus innumerables estados y correspondientes soberanías, que a su vez, marchan con ritmos distintos, con sus avatares internos, cambios de gobierno, trastocamientos empresarials y distintas aspiraciones sociales de la población, por decir algo.. (aquí en España tenemos unas cuantas más).

Lo de las élites que se apropian del Estado y de sus intentos de modificar el actual sistema no dejará de producirse mientas no haya más conciencia política ciudadana y mas alturas de mira por parte de la población que permita mayor y mejor control. Del Estado de bienestar abusamos todos. ¿Sabemos que problemas tiene la Sanidad, por ejemplo en Cataluña, en donde deben montón de millones?. ¿A quién se pide responsabilidad, si es la gestión pésima, si no hay fondos suficientes, o si hay, dicen, 300.000 personas incorporadas en los últimos seis años que utilizan sus servicios y no son contribuyentes ni de la Comunidad ni del Estado?. ¿Qué información tienen/se procuran los ciudadanos para saber a quien tienen que castigar electoralmente?

Mire, yo he trabajado en un banco hasta hace nada (me han prejubilado) y le puedo asegurar que vienen personas de niveles muy bajos de renta (no sé como se lo montan) que no dejan de pagar recibos telefónicos (de los otros servicios no hablo) mensuales que ascienden (yo diría de media) algo más de lo que vale una prima de seguro médico privada. Yo pago 8.000 pelas al mes por una que tengo, además de la SS.SS, Sí defendería que la Sanidad sea gratuita y buena, para todo el que no tenga niveles de renta superiores a un sueldo medio decente. El resto, a pagar más. Tampoco me parece bien que los hijos de las clases medias acomodadas (no veo que sean tan pocos como dice Rdguez.Pardo) no paguen lo que vale la Universidad. Lo eximio de las tasas académicas es una tontería comparado lo que le cuestan al Estado las plazas.

Sé que no es el sitio quizá, pero la realidad siempre aprovecha. Tengo una pariente, no sospechosa, que es (era) Asistenta Social en una población cercana a Barcelona. En las últimas elecciones perdió CIU y entraron los del Carod y el PSC. A partir de ese momento, le ordenaron que dejara todos los casos que tenía bajo control y seguimiento (situaciones de riego familiar, niños con riesgo de abandono familiar o escolar, drogas, alcoholismo, malos tratos a mujeres, etc), con el consiguiente descalabro y pérdida de tiempo y dinero. Las nuevas consignas eran que debían emplearse mas en detectar casos de absentismo escolar y mal trato infantil, porque en aquella población “era imposible” que no hubiera, según les manifestaban los mismos AA.SS., por el tipo de población obrera que predomina. Les demostraron por las actas, firmadas por maestros y verificadas por ellos, que ellos no habían detectado ninguno en las tres escuelas públicas que hay. El concejal de ERC de Asuntos sociales, un pollo que podía ser el hijo de mi parienta, no sabía ni qué es absentismo escolar y se empeñaba que se acreditaran como tal los novillos de toda la vida. Lo mismo con un par de críos, cuyos problemas no iban mas allá que los de su destartalada familia, a los que se pretendía que mi parienta firmara el correspondiente oficio para denuncia al Juez de posible malos tratos. Al final, a tanto llegó la presión que mi parienta pidió el traslado y su compañero, contrato laboral, se largó. Y es que la mayoría de las situaciones personales y familiares no se reflejan bien en papel; hay que darle forma escrita y contable para que puedan asignar los medios y recursos suficientes: o sea, mas dinero y mas funcionarios afines. En consecuencia lo que sí ha ocurrido es que han entrado “otros” AA.SS. con mayor “conciencia y sensibilidad social” que como es lógico, están en sintonía con el nuevo equipo de gobierno (no como antes!)

En cuanto a los de la Teología de la Liberación yo no sabía que había sido obra del Vaticano, así como suena. Mas bien creía que era una de las consecuencias o interpretaciones del Concilio Vaticano II y de las encíclicas de Pablo VI, sobre todo. ¿podemos tambien decir que los intentos de creación de una Iglesia Vasca, a los que Ratzinger tambien ha puesto en su sitio, fueron o siguen siendo obra del Vaticano?.
No lo sé.

Saludos, Antonio.
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J.M. Rodríguez Pardo



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Ubicación: Gijón (España)

MensajePublicado: Lun Ago 08, 2005 9:44 pm    Título del mensaje: Una aclaración Responder citando

Estimados amigos:

Solamente una aclaración respecto a lo que señalaba de determinados servicios acaparados por elites. Me estaba refiriendo sobre todo al caso de Hispanoamérica, donde la sanidad es mayoritariamente privada (la pública casi no tiene recursos) y concretamente a operaciones costosas que muchas veces son necesarias. Yo no sé hasta dónde cubre un seguro médico; lo que si sé es que tampoco la medicina privada es tan buena, salvo casos muy especiales. No creo que con tener un seguro médico los miembros de una clínica vayan a ser más derrochadores en recursos que en la sanidad privada, ni vayan a establecer esa idílica relación médico-paciente que se defiende desde determinados sectores.

Es más, una clínica privada tiene que mirar por el equilibro de gastos e ingresos, y eso implica que el servicio irá en proporción a la cuota de ese seguro médico. Cosa que por cierto me parece normal, pues los recursos médicos no están para ser derrochados, pero entonces tampoco creo que haya que idealizar la sanidad privada; sería tan absurdo como decir que la escuela privada es mejor que la pública porque permite más libertad de elección, cuando bien sabemos que la inmensa mayoría de esos centros califican según el gusto de los padres, no mirando al rendimiento de los alumnos. Al final, los centros buenos de verdad son los que sólo están al alcance de los ricos.

Sobre la Teología de la Liberación, debo decir que fue una interpretación del Concilio Vaticano II y de las encíclicas de Pablo VI, sí, pero eso desde luego que tiene que ver mucho con el Vaticano. Además, la Compañía de Jesús fue la principal diseñadora de la doctrina, de la que se nutrieron los grandes teólogos de la liberación: Gustavo Gutiérrez, Ignacio Ellacuría, Enrique Dussel, etc., que estudiaron en la Santa Sede allá por los años sesenta. También España, como es natural, tuvo mucho que ver en el asunto: las doctrinas de la Teología de la Liberación se publicaron sobre todo en la Editorial Sígueme de Salamanca. Siendo la Iglesia católica tan celosa en la pureza de la fe, sorprende que tantos libros heréticos circulasen libremente por América y sólo se le pusiera freno cuando el clero se alió con los sandinistas, fortaleciéndoles en lugar de irlos debilitando, como hizo el Padre Llanos con los comunistas en los barrios periféricos de Madrid. Salvo que apelemos al Espíritu Santo, resulta difícil de concebir que la Iglesia hiciera la vista gorda con todo ese fenómeno y no tuviera que ver en el proceso. Y eso sin olvidar que no se entiende qué hacen unos ateos amistándose con unos sacerdotes que son los propagadores del opio del pueblo, como diría todo buen marxista.

Respecto a la creación de una Iglesia vasca, este proyecto tiene una filiación nacionalista muy clara, como se puede suponer, y tiene sus raíces en la peculiar interpretación del «Dios y leyes viejas» de los carlistas, que sin duda tiene relación con el Vaticano, pero habrá que ver hasta qué punto. Decían que Arzallus fue nombrado cardenal in pectore por el anterior Papa, y José Juan Imaz es miembro del Opus Dei. Pero eso tampoco dice gran cosa a mi entender sobre lo que pregunta Antonio Iglesias.

Por último, los casos que nos relata Antonio Iglesias sobre su experiencia personal, me parecen muy interesantes y estoy de acuerdo con lo que señala de ellos. En fin, tenemos lo que nos merecemos.

Un cordial saludo,
José Manuel Rodríguez Pardo.
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