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El Anarquismo.
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Autor Mensaje
Juan A. Rodríguez Molina



Registrado: 16 Feb 2004
Mensajes: 306
Ubicación: El Escorial (Madrid)

MensajePublicado: Mar Ene 17, 2006 10:14 pm    Título del mensaje: Dejémoslo, por el momento Responder citando

Desde luego, si no dejarlo, sí que deberíamos esperar a ver si yo acierto a ordenar mis pocas ideas e inseguras intuiciones al respecto. Me creas o no, acepto casí íntegra tu respuesta; es más, sabía que me la merecía, por así decirlo. No esperaba otra cosa. Por conocimientos y experiencia, no puedo enfrentarme a ella (podría, sí, matizar o criticar algo, pero, en este caso, procuro fijarme más en los aciertos del oponente que en sus errores); he insistido en que no se trata de negar lo evidente y en que tampoco creo que lo hagan otros anarquistas (apartemos a los que, en realidad, no lo son, por pasarse o por no llegar) El quid de la cuestión no está en que el anarquismo niegue lo evidente, sino en que lo haga el arquismo. Es éste el que se niega a ver ciertas cosas; en esto baso mi defensa, y si parece “desesperada” es por mi torpeza, por esa falta de ordenación y exceso de palabrería; errores que noto, denoto y sigo cometiendo como un “idioto”.

Una cosa ha de quedar clara: no es simple cabezonería por mi parte. Desde luego que no le doy la razón a cualquiera, no se me convence fácilmente (¿peculiaridad del anarquista?: o se es o no se es; a mí, por lo menos, no me ha perseguido jamás ningún anarquista para convencerme de nada; he sido yo el que, descubiertas algunas coincidencias, he procurado buscar más), pero —o “pues”, tanto da en este caso— cuando veo razón, venga de donde venga, sin prejuicios de ningún tipo, no me duelen prendas en reconocerlo y aceptarla. Ahora bien, el uso de razón es algo completamente individual, personal, propio, no se piensa colectivamente; por eso, «El anarquista es precisamente un individuo desarmónico que no puede nunca por su esencia ideal cuajar en nada y con nada»: ni siquiera en el anarquismo. Y, también por eso, el anarquismo necesita algo en lo que asentarse y ponerse límites; no ser tan «ideal» ni individualista, como tu dices, y dices bien. No sólo porque no haya nada perfecto, acabado e inmejorable, sino porque no podemos pensar que vaya a unirnos, justo, algo que desune: la libertad. Y, menos aún, el librepensamiento (si es que, como dije, existe). Algunos, creen que lo único que puede hacer el anarquismo es ir dejando posos, mas no fue así como consiguió ser una fuerza política digna de consideración... y corto porque este es uno de los aspectos del problema que requiere más ordenación y cuidado. Tampoco creo que el anarquismo, como orden alternativo al arquista, tenga ningún sentido, sería un desastre, sería algo que tú apuntas y yo no me había atrevido a incluir, pero estaba en el original: el fin de la historia. Y no me atreví porque, recordé que el anarquismo serio ha de partir también del materialismo y que surge por reacción; si “eliminara” a su “enemigo”, sencillamente, surgiría “otro”. Es la dialéctica del poder que, lógicamente, se “niega a admitir” quien lo detenta (al enemigo ni agua) y por lo que veo posibilidad al anarquismo (entrado en razón)... No hay derechas ni izquierdas; hay arquismo y anarquismo. El centro es el orden que resulta del enfrentamiento; de ahí que ahora, hoy, todo sea “centro” porque hay un 99% de arquismo y un 1% de anarquismo (y defectuoso, además).

En resumidas cuentas, todo el problema (y el fondo de la cuestión; aunque no sé si fondo, más bien, en sentido de paisaje de fondo), bajo mi punto de vista, puede esquematizarse en tres puntos:
1. La política no es sólo preservar, también hay que modificar. Lo dice Freund, lo dice la historia y lo dice la lógica más elemental: ¿cómo puede haber cambio sin permanencia y a la inversa? Aquí, el anarquismo tiene una desventaja pues siempre es más fácil —en cuestiones sociales— preservar, mantener que modificar, cambiar.
2. Los conceptos son más elásticos que los fenómenos. Aquí la ventaja sería del anarquismo si no fuera por su honradez. La primera escisión del socialismo surge por un simple problema de honradez (mezclado con moral tradicional): el fin no justifica los medios.
3. La honradez no vale para nada, políticamente hablando. El anarquismo huye de la política; quizá debería replantearse la huida, sin caer, claro, en los errores que critica —y quien los comete (el arquismo) se niega a ver.

De aquí, que mi tarea fuera doble e indisoluble (más que disociable): a) criticar al arquismo y b) modificar el anarquismo. Me estaba centrando en b), y no puede ser así por la sencilla razón de que, sin fallos en el arquismo, el anarquismo no existiría. Hay que ver el fallo y, luego, si hay alguna solución. (Salvo que esta discusión fuera entre anarquistas).

Podemos considerar este mensaje, pues, Vega, como una retirada por mi parte; pero retirada táctica. No te fíes. La guerra no ha terminado. (Si es que puede terminar un principio).

Salud

P.S.: Lo mismo digo a Felipe “el Conciso”. Por cierto, vaya resbalón por conciso: ¡Claro que la “sociedad” se “autogobierna”!; por eso es “política”. La política es el autogobierno de la sociedad. Por eso ha de tener cabida en ella el anarquismo, como lo tiene el ateísmo en religión. Aunque, en el caso de la política, el creyente, mira por donde, sea el anarquista.

Concedédme, al menos, que la única lucha que se pierde es la que no se libra.
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Felipe Giménez Pérez



Registrado: 14 Oct 2003
Mensajes: 1050
Ubicación: Leganés (Madrid, España)

MensajePublicado: Vie Ene 20, 2006 7:55 pm    Título del mensaje: Autogobierno. Responder citando

EStimados contertulios. El conciso Felipe dice algo real e irrefutable. La sociedad no se autogobierna ni se ha autogobernado jamás. La sociedad política mucho menos. Siempre hay unos gobernantes y unos gobernados. Esta relación es asimétrica. En el fondo, la política es el arte del poder, de la dominación de unos hombres por otros. El anarquismo quiere eliminar eso y no se da cuenta de la necesidad de su existencia. El poder es una realidad inevitable. En toda sociedad humana ya sea prepolítica como, mucho más aún si cabe, política, el poder es la realidad que da orden a todo. No conozco ninguna sociedad que se autogobierne. Atentamente.
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Juan A. Rodríguez Molina



Registrado: 16 Feb 2004
Mensajes: 306
Ubicación: El Escorial (Madrid)

MensajePublicado: Sab Ene 21, 2006 2:13 pm    Título del mensaje: Auto-lisis Responder citando

Reconozco que he vuelto a “hablar de más”. Así pues, seamos concisos: Si los gobernados (algunos de los cuales luchan por el poder) y los gobernantes (donde tampoco ceja la lucha interna) forman parte de la misma sociedad, ¿por qué no admitir que la sociedad se autogobierna? Por supuesto, tal pregunta-matiz no es una genialidad ni lo tuyo un error garrafal. Lo cierto es que dijiste «sociedad política» y esto tampoco es un dechado de exactitud.

Por otra parte, entiendo que no se participe de las ideas anarquistas, pero me cuesta mucho más entender que apenas sirva rectificar las apreciaciones corrientes sobre él. ¿Qué anarquista sensato (salvo que sea imposible unir ambos conceptos en una sola persona) puede negar la existencia del poder o pensar que alguna vez vaya a ser eliminado? Estoy convencido —por eso pretendía (y pretendo) discutirlo sensatamente— de que al anarquismo, con más o menos mala intención (¡a veces, con buenísima intención!) se le envuelve en una teoría tal que transforma en simplismo lo que acaso sea simplicidad, sencillez, pero no estulticia. Aunque sólo sea por lo que de crítica al arquismo conlleva. ¿Será por eso?

Puede ser una buena forma de seguir o re-comenzar la discusión: ¿Por qué se “da cancha” a tanta gilipoyez en política y al anarquismo no “se le pasa ni una”? ¿Por qué no se le mide con el mismo rasero? ¿Por qué no se le considera una opción política como otra cualquiera? ¿Es todo por culpa del propio anarquismo (ciertamente, no “participa”, pero porque le resulta, muy lógica y realistamente, una pura engañifa)? ¿Por qué empeñarse en que parte de presupuestos compartidos con lo que tú llamas «ideologías políticas vergonzantes»? ¿Se ha parado alguien a pensar en qué se basa realmente el anarquismo?

A lo mejor, también hay que distinguir entre el anarquismo y lo anarquista. ¿Intuiciones? Posiblemente, pero, al fin y al cabo, ¿quién manda?; ¿qué gobernante está libre de control?; ¿qué poder dura y cuánto?... No es sólo que la política pertenezca al reino de lo contingente, sino que lo político está archirequetedemostrado, pero nada justificado (como en el chiste: ¿para qué justificar/discutir lo que podemos demostrar/arreglar a hostias?). No lo olvidemos porque no es un clavo tan ardiente que no pueda agarrarse. Sobre todo si se quiere polemizar; que es lo que hay que hacer, ¿no? Pues tampoco es cierto que las Armas estén siempre por encima de las Letras: ¿qué pasa con la “maña”? Con las Armas ocurre como con la Moral, se recurre a ellas cuando el mal está hecho; cuando la maña ha operado todo lo que ha querido. Como vemos en el tema del general Mena, la fuerza que más actúa no es la bruta. Eso sí, ésta es la que “arregla”. Hasta que se vuelva a “estropear”.

Salud
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Marcos R. Márquez



Registrado: 15 Abr 2004
Mensajes: 166
Ubicación: Sevilla

MensajePublicado: Lun Ene 23, 2006 12:14 am    Título del mensaje: Amañando la maña de Molina. Responder citando

Estimados amigos:

Hay una frase de Molina que me gustaría discutir, aunque sea algo tangencial al anarquismo y sólo tenga que ver con él indirectamente. Y es cuando afirma que "con las Armas ocurre como con la Moral, se recurre a ellas cuando el mal está hecho; cuando la maña ha operado todo lo que ha querido". Si no es porque sabemos que Molina es anarquista podríamos fácilmente pensar que se trata de un pánfilo pacifista habermasiano, muy del gusto de la progresía actual. No voy a entrar en la profunda candidez que se esconde bajo esto, sólo en lo que corresponde al asunto: las armas, la maña y las letras. En primer lugar no tengo nada clara la distinción entre armas y maña, salvo que por "maña" se entienda algo muy parecido al "diálogo" de Habermas, pero en cualquier caso conviene ser muy críticos con esto. ¿No es también parte de la maña jugar con las cartas (armas, fuerza, poder) que se tienen sobre la mesa? Cuando hablamos de armas, hablamos de fuerza, de poder. ¿No es una muestra de fuerza (superioridad) el hecho de poder "amañar" las cosas para llevarnos la mejor parte? Todo es parte de lo mismo (armas y maña) y nadie niega una cuando emplea la otra. De hecho, la política es mucho de eso: mucho diálogo (maña) partiendo de unas posiciones de fuerza (armas) muy claras. Molina cree que las armas es lo que hay cuando no queda más remedio. Que antes de las armas las cosas se amañan (o se intenta, claro). Pero en verdad las cosas "se amañan" porque no queda más remedio; es decir, porque las armas (las fuerzas) materialmente "obligan" (aunque la energía potencial no llegue a transformarse en energía cinética). Por ejemplo, si Marruecos -es un decir- pretende atacarnos militarmente, entonces (según Molina) habría que usar la maña (diplomática) para evitar el ataque. Más o menos convencer a Marruecos de las consecuencias políticas y económicas que puede acarrearle a ese país una invasión a un país miembro de la CE y de la OTAN, entre otros organismos internacionales. Pero en verdad lo que está funcionando aquí -aún cuando ni siquiera se utilice- es la persuasión de las armas, que por supuesto es en verdad la materia de la que "se nutre" la maña. Es verdad que cronológicamente la maña (si entendemos por ésta el diálogo) es anterior siempre a las armas (entendidas éstas en su versión "cinética"), pero la maña no es posible sin una posición de fuerza previa (versión potencial). Y la diferencia entre persuadir con las armas (potencial) y usar de facto las armas (cinética) es puramente escolar. No es lo mismo amañar una cuestión territorial (geopolítica) partiendo de una bomba atómica (aunque no se use) que de un ejército convencional mal equipado. Si Marruecos no nos ataca es porque tenemos un ejército y unos buenos aliados que le pondrían las cosas muy difíciles o imposibles. Si las leyes estadísticamente se cumplen -y aquí convendría no elevar la anécdota a categoría- es porque hay policías que las hacen cumplir. Luego podemos amañarlo todo "democráticamente" y parecer muy razonables, dialogantes y civilizados, pero lo que hay debajo ya lo conocemos. Eso que llamamos maña -que se parecería mucho al diálogo habermasiano- es un modo de expresarse la fuerza (poder). Sé que esto incomoda a muchos, que nos gustaría que el mundo fuera de otra forma y bla, bla, bla. Pero es así: contra el idealismo, el hiperrealismo. Vuelve el realista.

Saludos cordiales.
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José Mª Rodríguez Vega



Registrado: 11 Oct 2003
Mensajes: 1429

MensajePublicado: Lun Ene 23, 2006 11:12 am    Título del mensaje: Fuerza y diplomacia. Responder citando

Hola.

Cita:
<<Es verdad que cronológicamente la maña (si entendemos por ésta el diálogo) es anterior siempre a las armas (entendidas éstas en su versión "cinética"), pero la maña no es posible sin una posición de fuerza previa (versión potencial). Y la diferencia entre persuadir con las armas (potencial) y usar de facto las armas (cinética) es puramente escolar.>>


Sobre si la maña o la diplomacia y la fuerza y cual es antes, si estas o aquellas (aunque parezca trivial)... Yo digo que siempre es antes la fuerza que no la maña o diplomacia, que históricamente antes es la guerra que no la diplomacia ni la “maña”. Estas surgen de aquella como parte de la paz que se inaugura al acabar toda guerra (¿cómo escarmiento mutuo?. La diplomacia como “maña” o la diplomacia sin guerra se da en un orden ya establecido anteriormente por la fuerza, y eso sin olvidar que en la guerra y durante las guerras la diplomacia está más activa que nunca como “política de guerra”, pactos, treguas y armisticios se dan aún en la guerra y durante la guerra. El desaparecido en el siglo XII “Juicio de Dios”, el duelo o batalla entre dos paladines por el derecho a una plaza o a lo que fuere, fue antes que la ley que lo suplantó y relevó y que dio comienzo así a las gestiones diplomáticas de los juristas (Así comienza la película Troya, por ejemplo). Claro es que también parece cierto y de no menor “raíz etológica” la diplomacia que se vislumbra o constata ya en las relaciones de subordinación pacífica en las bandas de papuínos u otros animales, aunque para llegar a eso parece necesario en un momento u otro echar antes un “pulso” de fuerza por ver qué macho es el dominante, pulso que a veces se repite hasta el logro de un cambio del status asentado en la banda o en la piara.

Ahora pido a Molina que trate de conjugar todo esto con eso de “la justificación”. Dice:
Cita:
<<No es sólo que la política pertenezca al reino de lo contingente, sino que lo político está archirequetedemostrado, pero nada justificado (como en el chiste: ¿para qué justificar/discutir lo que podemos demostrar/arreglar a hostias?).>>


En primer lugar y bien entendido –creo- la justificación, lo “justo”, ya ha sido discutido anteriormente a “hostias” (paratéticamente). La justificación es la Ley, el Derecho... que está basado en una determinada y concreta y real fuerza: el poder lo es por la capacidad que tiene de imponerse a otros, según el espinosiano aserto de Weber y otros. El Poder no puede ni busca la justificación (el ius) fuera de sí mismo, sino que toda iustificación radica en él. El poder político es el poder apotético que se basa en la continuidad de una amenaza real más o menos velada, y su “contingencia” radica en que siempre a una voluntad política dada se le puede oponer otra, que le eche un nuevo “pulso” para tratar de desbancarla de su logrado status. Esto es evidente.
¿Qué significa eso de que “lo político” no está para nada justificado? Es que Molina cree o piensa que hay o es posible una iustificación extraña a la misma contingencia política? ¿Divina acaso?
Pues es todo lo contrario: <La defensa de la paz, la primera responsabilidad del príncipe, le valió a este el poder de decidir sobre la confesión de fe. El carácter político de la decisión, que se hizo patente en los estados cuyo príncipe cambió de religión, pudo entenderse como defensa de la fe católica.....Antes de que se descubriera la utilidad de la tolerancia, que conduce a la libertad religiosa, la persecución de los delitos contra la fe contribuyó a hacer mayor el poder real.>, dice Miguel Artola en La monarquía de España.

Primero es el Poder –al defender la paz-... que es el que establece el derecho, la justificación, incluso su “divina justificación” (la justicia es una moral impuesta).

¿Pero qué es “lo político”? Tal vez Molina se refiera a lo político como aquella actitud <zoológica> a la cual siempre se pueden retrotraer los sujetos operatorios políticos, que buscan un cambio en su status. Si es así, evidentemente que eso es la guerra (abierta o latente), civil o interestatal, ya que “la guerra y su resultado nunca son algo absoluto” al decir de Clausewitz, y que para los contendientes, por tanto, nada importan anteriores justificaciones o derechos.

Supongo que Molina no es un verdadero anarquista, pues quiero creer que él está más por la eutaxia y la estabilidad y la paz de un Estado que no por la guerra abierta y permanente cual un trostkista fanatizado por su odio a las clases dominantes.
Justificación es la que hay, la ley positiva en España, en Francia, &c. Si esta justificación no gusta o basta, entonces uno se pone en pié de guerra para imponer otro orden o régimen o para imponer el mero desorden por el desorden mismo (los actuales asociales). En ambos casos, en ambos pulsos, todo régimen –cualquiera que sea- tiene una buena justificación para perseguirlo y para condenarlo y hasta para matarlo.
La lucha por un ideal –por algo que aún no existe- no es una justificación, ya que para que se dé la justificación es necesaria la victoria, la establece la real victoria. Lo demás es mera ideología y subjetivismo.

Según Clausewitz “todas las guerras pueden considerarse como acciones políticas”, y esto hace parecer evidente que no todas las acciones políticas puedan considerarse como guerras, entendiendo la guerra como el “tratamiento grave para asuntos graves” (una “guerra económica” no es aún una guerra militar). Y la cosa empieza a ser grave cuando ya no se cree ni confía en la justificación de la legitimación dada en una victoria y como fruto de esa victoria. Adiós.
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Juan A. Rodríguez Molina



Registrado: 16 Feb 2004
Mensajes: 306
Ubicación: El Escorial (Madrid)

MensajePublicado: Mie Ene 25, 2006 9:34 pm    Título del mensaje: La maña es un arma Responder citando

Para responder a Marcos y Vega —aunque no haga mucha falta, pues no parece que se les haya escapado— conviene empezar recordando que forma parte de un párrafo que es un conjunto; podría decir que unas frases (me) han llevado a otras. No obstante, hay dos partes algo diferenciadas: la primera, hasta lo del “polemizar”, se debe al propio tema (el anarquismo); la segunda, no voy a negar que está influenciada por la actualidad, y más concretamente por la discusión que otro tema, el del teniente general Mena, ha provocado aquí sobre la fuerza en la política. Debería explicar con más detalle la primera parte porque es la que propicia la otra, pero no quiero enrollarme con asuntos que, insisto, prefiero “ordenar” bien; tan sólo diré que La esencia de lo político me sigue pareciendo una obra «magnífica», pero hay cosas en ella que no terminan de convencerme; y da la casualidad de que, por ahora, giran sobre —o derivan de— el método elegido (muy sensatamente, sin embargo) por su autor, Freund. Ya dije que ayudaba mucho a comprender el anarquismo. De hecho, pensar que ese libro “justifica” el arquismo sería un grave error. Como erróneo sería pensar que la mejor justificación es la demostración histórica y empírica, pues estaríamos olvidando el indiscutible presupuesto: la fuerza. No siempre vence quien “tiene razón”, sino el más fuerte; que no el más bruto.

Claro está, Vega, que no me refería a ese concepto de “justificación” que tú empleas, sino al que usa, a mi entender, Freund, justamente para diferenciarle del de “demostración”, que también maneja de forma peculiar; creo que con éste se refiere a “lo que ha sido” y con el otro a una búsqueda de razones, pero ya con unos fines (morales, religiosos, económicos) en mente que, por tanto, colorean la visión y la alteran. Lo que yo sostengo (polémicamente) es que, siendo sensata su elección, también colorea... pero volvemos a la necesidad de ordenación... No obstante, en una discusión teórica la única fuerza, arma y maña, es la razón. Para asentar esto no necesito ni relecturas ni ordenaciones. Así, pregunto: ¿no hay razones suficientes para sospechar de un ejercicio lógico, razonado, que maneja intelectualmente conceptos que, desde luego, han de corresponderse con fenómenos, pero no hace más que recurrir, como única base real de razonamiento, a unos fenómenos que, por mucho que los conceptualicemos, observamos con claridad meridiana que no han empleado la razón y los conceptos más que de forma secundaria pues no han sido éstos los que han determinado la victoria? Claro que esto lo sabe todo el mundo y, precisamente por eso, hay que fijarse en el fenómeno, no en su conceptualización. Entonces, para no incurrir en el escepticismo más circular y vicioso, ha de ocurrir que la teoría política, como fenómeno, es política y no politología. ¿Quién es, pues, más escéptico respecto a su instrumento y, por tanto, más contradictorio, el politólogo “demostrativo” o el “justificativo”? Tanto a uno como a otro, hay que criticarle en función de su punto de apoyo, no en el de su éxito político o histórico. Desechemos la utopía, pero no a todo lo que haya recibido este calificativo porque, a lo mejor, no lo es; por haber sido calificado por la política, no por la politología, es decir, por algo en lo que ha influido más la fuerza que la razón. No sé si me explico. (Al final, me he enrrollado sin la eutaxia necesaria).

Respecto a Marcos, Molina no «cree que las armas es lo que hay cuando no queda más remedio.» Las armas, como disuasión, ahorran muchos problemas, pero, añado, niegan la evidencia con una facilidad pasmosa. Niegan la evidencia porque acojonan y obligan a ser prudentes o mañosos, pero cobardes, a fin de cuentas.

En realidad, me ocurre como a tí: «no tengo nada clara la distinción entre armas y maña». Si usé “maña” fue por el refrán: más vale maña que fuerza. Es, desde luego, más a esta maña a la que yo me refiero que al diálogo habermasiano, que, sinceramente, ni se me había pasado por la cabeza. O sea, y por ir trasladándolo al terreno político, sin alejarnos de la sabiduría popular: lo del león y el zorro (generalmente, por cierto, en femenino, la zorra) de tanta fábula. (Quiza, “el animal y el hombre”, de Maquiavelo). Además, para manejar las armas, se necesita maña; o, dicho de otra forma, siempre serán más útiles con habilidad que con torpeza; ¿cuántas veces no han resultado inútiles ante la astucia de un enemigo peor armado? Pero hay una prueba mucho mejor: un garrote implica maña; no digamos nada de la sofisticada técnica que contienen las armas actuales (algunas con perversidad manifiesta: las bombas “corta-margaritas” o como se llamen y demás; otras, “prohibidas”, incluso, en estos tiempos que corren: químicas, bacteriológicas...). Las armas que defendía Don Quijote (un “quijote”, ¿no?) requerían la mano, pero dirigidas por un cerebro y, además, en su caso, lleno de moral, pues era un imprudente que no se achantaba ante un gigante ni todo un ejército, es decir, independientemente de cómo estuviera armado el enemigo. ¿Qué pensaría nuestro caballeroso prototipo de las armas actuales? No hace falta, pues sabemos, gracias al artículo de M. A. Navarro en El Catoblepas, lo que pensaba de las de su época —una época, ya, nada caballeresca, por cierto; y suponiendo que una época así haya existido alguna vez fuera de la literatura. Aprovecho para decir, de paso, que tampoco veo muy clara, por innecesaria, la distinción de Bueno entre armas-máquina y armas-instrumento. En realidad, un arma es una prolongación del cerebro, no de la mano, que es arma («orgánica») de por sí. ¿He de recordar otro dicho, el de lo peligroso que es un niño con una pistola? Por no hablar del cura “ahorra-gendarmes”.

En el fondo, todo consiste en si nos ponemos a difuminar o nos ponemos a distinguir. El propio Bueno hace ambas cosas, casi seguidas: distingue entre las armas y, luego, resulta que decir armas es decir guerra. Y es que hay que hacer ambas cosas.

Hasta la ciencia más exacta y objetiva (cosa que las sociales no serán jamás) no deja de ser una operación sobre la realidad; no la realidad. ¡Por eso hay política! Política que, como dije y sigo diciendo, es continuación de la guerra y no a la inversa, mas no por lo que dice la teoría política, Freund incluído; pues lo que ocurre y, cada vez veo más claro, es que se mezcla con suma facilidad la politología con la política. Dicho de otro modo: lo que ha sido no es lo que ocurrió realmente; la Historia no hace fotos ni radiografías; como muy bien dice Freund —aunque no siempre lo tenga en mente— ... en fin, por no enrollarme, ya lo ordenaré. Hay política porque siempre hay dos, al menos, interpretaciones de los resultados sobre la misma operación sobre la realidad; una vencedora y otra vencida (o convencida). Es curioso que de los tres presupuestos de lo político advertidos por Freund el que más se le haya discutido haya sido, según otros, el más acertado: el de amigo-enemigo. Es éste el que puede tanto sostener como desmoronar a los otros dos, ya que entre amigos no hay ni privado-público, por un lado, ni mando-obediencia, por otro. Al menos, en su sentido politológico.

Lo cual no es un canto al pacifismo y al diálogo en sus múltiples (y todas inútiles —y no siempre bienintencionadas— variantes). Es un ejercicio de sentido común: al fin y al cabo, son grupos enemigos, ¡¿de amigos?!, los que conforman la política, ¿no? (A ver si va a ser lo menos acertado, en efecto, de Freund).

Salud

P.S.: Lamento no haber sido, una vez más, muy concreto. ¿Será superior a mis fuerzas?
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Marcos R. Márquez



Registrado: 15 Abr 2004
Mensajes: 166
Ubicación: Sevilla

MensajePublicado: Vie Ene 27, 2006 2:25 am    Título del mensaje: Apuntes sueltos. Responder citando

Estimados amigos:

En lo sustancial -en la parte del texto que Molina me dedica- no tengo mucho que comentar porque sus matizaciones -engarzadas con la polémica que mantiene con Vega sobre el anarquismo- han quedado diáfanas. No obstante, hay algo que sigo sin ver nada claro. A ver si Molina nos lo puede explicar. Y es cuando afirma esto:

Cita:
"Las armas, como disuasión, ahorran muchos problemas, pero, añado, niegan la evidencia con una facilidad pasmosa. Niegan la evidencia porque acojonan y obligan a ser prudentes o mañosos, pero cobardes, a fin de cuentas."


¿Qué evidencia es la que niegan? ¿No son las armas también partes "evidentes" de la realidad? Otra vez vuelvo a sospechar que Molina lleva -como si fuera un erasmista- las armas al terreno irracional (aunque su espléndida explicación de la habilidad y las armas luego digan lo contrario). Una evidencia es una certeza absoluta (un concepto claro y distinto, que dería don Gustavo) de la que no se puede dudar. ¿Qué certeza niegan entonces las armas? ¿Tal vez la razón? ¿De quién? Entonces si hay razones, no hay una certeza absoluta; luego, ¿qué evidencia niegan? Aquí convendría hilar muy fino porque volvemos otra vez al concepto de "fuerza bruta" sin más, cuando las armas son -para bien o para mal; qué más da- productos racionales que actúan en la razón también (no están aisladas de ésta como algo irracional): surgen de la racionalidad y no de la irracionalidad (como pretendía Erasmo). Pero como es mejor poner un ejemplo para entenderlo, vayamos con uno:

¿Qué evidencia negó, por ejemplo, la guerra de Iraq? Yo más bien diría que esa guerra constató una evidencia (la "reforzó", nunca la negó): que EE.UU. y sus aliados necesitaban tomar el control estratégico de un mercado del crudo que podía caer peligrosamente en manos asiáticas. La guerra no negó ninguna razón, simplemente siguió una razón. Me da igual si la razón es ésta o cualquier otra. Y también me da igual si los aliados desde las coordenadas emic engañaran al Pueblo (el engaño político de Maquiavelo destinado a la eutaxia) para no crear desorden social interno en nuestras "frágiles" democracias de mercado pletórico. Las armas no niegan ninguna evidencia: actúan desde la más absoluta evidencia.

Pero es posible que todo esto que he comentado esté de más porque Molina nos hable de otra evidencia. Sería conveniente -si tiene a bien- que nos lo explicara.

También quisiera comentar este párrafo donde Molina nos dice esto:

Cita:
"Aprovecho para decir, de paso, que tampoco veo muy clara, por innecesaria, la distinción de Bueno entre armas-máquina y armas-instrumento. En realidad, un arma es una prolongación del cerebro, no de la mano, que es arma («orgánica») de por sí. ¿He de recordar otro dicho, el de lo peligroso que es un niño con una pistola? Por no hablar del cura “ahorra-gendarmes”."


Esa clasificación no es de Bueno, ni siquiera de la filosofía: es una clasificación propia de la etología y son los etólogos quienes la utilizan. Mas es cierto que Bueno la usa en "España no es un mito". Pero conviene matizar lo que dice para ver las razones que han llevado a don Gustavo a utilizar esa taxonomía etológica y así desaparecen las sospechas. Aquí está el matiz que Molina ha omitido (subrayo en negrita las partes que quiero resaltar):

Cita:
"No imaginamos a Don Quijote manejando un arco o un arcabuz. Don Quijote sólo utiliza, como buen caballero andante, armas-instrumento, es decir, armas cuyo impulso lo reciben directamente del cuerpo del caballero, de forma que sea él quien directamente tome contacto con el cuerpo del enemigo y en lucha "cuerpo a cuerpo" con él pueda recibir sus reacciones inmediatas."


Tampoco estoy de acuerdo -aunque esto ya se sale de mi polémica con Molina- en que la política es posterior a la guerra. Si bien es muy discutible también que la guerra sea la continuación de la política (como afirmaba Clausewitz); como si la política quedara eclipsada en un momento de la historia de las naciones (¿y cómo se mantiene la eutaxia sin política en tiempos de guerra?). Yo estoy más con Gustavo Bueno: la guerra es parte de la política; la guerra es también política. ¿Cómo iba a ser de otra manera? La guerra la deciden (declaran) los políticos (aunque sean militares en algunos casos, no dejan de actuar como políticos en ese momento). La guerra es política pura y dura (de hecho, no hay guerra sin Estado y sin política). Si me apuran, política llevada a los extremos, pero sigue siendo política porque al menos en los finis operandis el político persigue el equilibrio dinámico del Estado mediante la guerra (otra cosa es que los planes fallen y luego la guerra resulte distáxica, como le sucedió a EE.UU. en Vietnam o ahora le puede suceder en Iraq).

Espero no haberme extendido mucho.

Saludos cordiales.
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Juan A. Rodríguez Molina



Registrado: 16 Feb 2004
Mensajes: 306
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MensajePublicado: Lun Ene 30, 2006 1:32 am    Título del mensaje: Reconocimiento de errores Responder citando

Reconozco que si en la frase hubiera dicho “arrasa” en lugar de “niega”, hubiera sido mucho más claro y ajustado a la intención. Voy a cambiar la frase y, no obstante, explicarla por si tampoco acierto.

«Las armas, como disuasión, ahorran muchos problemas, pero, añado, arrasan con lo evidente con una facilidad pasmosa.»

Imaginemos que Fulano es dos metros y 100 kilos de fibra elástica y robusta, mientras Mengano es un enquencle de 1,60 m. Supongamos que entre ellos surge una discrepancia clarísimamente favorable a Mengano y Fulano no está dispuesto a reconocerlo ni a perder el tiempo discutiendo; no es ningún supuesto estrambótico o inusual. ¿Quién vencerá? Fulano no es un bruto irracional, pero no quiere aceptar que Mengano tiene razón. ¿De qué le sirve a éste la razón? Independientemente de que Mengano no se acobarde y luche, la Historia, diga lo que diga la abuela de Mengano registrará que venció Fulano. Pasado el tiempo, vete tú a saber quién tenía razón. Pero, si creemos que el parámetro de medida debe ser la razón, indudablemente parecerá que la tenía Fulano que fue quien ganó. Se puede replicar que todos sabemos que en política no decide la razón, lo cual sabemos gracias a ella; pero, entonces, habida cuenta que no nos queda más remedio que emplearla, ¿para qué la valoramos a la hora de enjuiciar asuntos políticos?

Esta es una de las evidencias con la que puede arrasar la fuerza, con razón o sin ella. Ahora bien, no es menos cierto que la fuerza implica maña, las armas —no soy erasmista— no surgen de la irracionalidad o, en todo caso, también la razón surgiría de ella. Si Fulano, con sus dos metros de músculos, rayara la estupidez, Mengano podría llevarle de las orejas a donde quisiera. El caso es que la diferencia entre los cocientes intelectuales de los combatientes (discrepantes, enemigos o enemistados) no suele ser nada grande, pues, además, no cuenta la individual, sino la del grupo, y en todo grupo hay tontos y listos para equilibrar. Lo de Fulano y Mengano era un ejemplo con personas, pero lo que cuenta son “unidades políticas” y el individuo no es tal, aunque algunas doctrinas crean que... se sale del tema. Por otra parte, hay asuntos que no pueden razonarse: ante la invasión de una comunidad vecina, sólo cabe someterse o pelear, no te vas a poner a discutir con ellos. Como tampoco parece muy razonable prolongar indefenidamente una discusión sobre un asunto cuya resolución evitaría males mayores, si tienes fuerza, conviene que la emplees cuanto antes, no vayan a cambiarse las tornas y acabes cornudo y apaleado. El problema es que, si bien la situaciones políticas no suelen estar nada claras en cuanto a la razón, sí suelen estarlo en cuanto a la fuerza; por lo que deberíamos enlazar a la razón con el tema de la decisión frente al diálogo y no con la fuerza. Máxime si, además de distinguirlas (maña y fuerza), se separan; cosa más propia del dialoguista que del decisionista, pues es evidente que tener fuerza ayuda mucho a decidirse. En suma, lo que para la razón es un problema, no lo es para la realidad. Y no sé si por culpa o a pesar de Hegel.

La politología sigue siendo politica, como la política sigue siendo guerra. Por tanto, Marcos, no estamos en desacuerdo respecto a la tercera parte de tu mensaje, pues, ciertamente, debería haber dicho “lucha”, en lugar de “guerra” —habida cuenta de que he leído La vuelta a la caverna. Lucha, claro, como oposición de fuerzas, con razón o sin ella. O sea, que has hecho bien en mostrar tu desacuerdo.

Sobre la segunda parte también reconozco que debería haber sido más preciso. Me expresé mal al decir que no la veía “clara”, aunque añadiera “por innecesaria”, pues está claro que entendí la diferencia al referirla a Don Quijote (que, por cierto, no se acojonaba) y que, en este caso, no es innecesaria ni mucho menos. La diferencia menos clara está entre máquina e instrumento, pero supongo que es un cuestión de distancia al artefacto y acepto tu comentario.

No voy a poder seguir posponiendo la lectura de Hegel.

Ni seguir haciendo caso omiso del consejo de Ramón y Cajal: tener algo que decir, decirlo y no decir más que eso. Cuidando, claro, la terminología.

Salud
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José Mª Rodríguez Vega



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MensajePublicado: Lun Ene 30, 2006 10:02 am    Título del mensaje: La Razón. Responder citando

Molina trata a la “Razón” como a una señora endomingada ante la cual hay que levantar el ala ancha del sombrero cuando pasa saltarina ante nosotros. Dice Molina:
Cita:
< El problema es que, si bien la situaciones políticas no suelen estar nada claras en cuanto a la razón, sí suelen estarlo en cuanto a la fuerza; por lo que deberíamos enlazar a la razón con el tema de la decisión frente al diálogo y no con la fuerza. Máxime si, además de distinguirlas (maña y fuerza), se separan; cosa más propia del dialoguista que del decisionista, pues es evidente que tener fuerza ayuda mucho a decidirse. En suma, lo que para la razón es un problema, no lo es para la realidad. Y no sé si por culpa o a pesar de Hegel.>

Eso será un problema para la razón enseñoreada y endomingada de Molina, será un problema para sus razones –que aquí parecen ser sus fines “éticos” o morales-, pues claro es que para las situaciones políticas el tener razón es únicamente el durar, esto es, el lograr el fin político de aquella situación (dominio). La razón abstracta es la idea bella de Hegel como Estado, como logro de un fin que la señora historia nos tiene predeterminado y que se despliega a posteriori, que aparece como “razón” después del parto: “la cultura de los mejicanos y peruanos tuvo que hundirse al aparecer el espíritu”... al aparecer el espíritu superior de los españoles.
Cosa esta que Francisco de Vitoria negó con el asunto de su “guerra justa” tal y como lo explica Carl Schmitt en El nomos de la tierra. Pero ¿quién cree hoy en el iustus hostis de los escolásticos?. La razón siempre es puesta en candelero y en la picota por el pueblo más evolucionado técnica y jurídicamente, primero como razón teológica, luego como razón lógica, abstracta... Y en cuanto esa abstracción sube de nivel nos aparecen los argumentos humanitaristas –y anarquistas- apoyados en una Razón universal sin dioses y sin Estado, apoyados en una razón “autónoma” cuya validez reside en sí misma, ya que el mismo Molina nos dice que una vez pasado el tiempo “vete tú a asaber quién tenía razón” (como quién tiene las bridas de su caballo). Así “el vencido trasladará la diferencia entre poder y derecho al plano de las tripas, al plano del bellum intestinum”, como dice Schmitt, y la excelsa razón quedará siempre relegada al ámbito estrambótico de los débiles, de los derrotados, de los que son masacrados en las guerras “injustas”, injusticia de una no cumplida justicia que tampoco tiene tras de sí ni dioses ni Estados. La consecuencia de esta anomalía como victoria ideológica de la lógica abstracta, de la ausencia de una justificación teológica ya nos la muestra Schmitt como el “aumento de la justificación con los métodos de una police bombing, de modo que se está obligado a llevar hasta un extremo abismático la discriminación del adversario”, el “eje del Mal”, &c. (Cf. Schmitt. El nomos de la tierra, pág. 427 de la ed. Centro de Estudios Constitucionales).

Es irracional creer que “el parámetro de medida debe ser la razón”, pues la razón misma es únicamente una ì]iustificación[/i] lógica o teológica (dada por y en el dominio –y recordemos que la eutaxia es un resultado del dominio, no su causa-)... Y como ya no es posible la creencia en una razón teológica nos quedamos con la esmirriada razón lógica hegeliana o con la razón lógica meramente abstracta del humanitarismo gaiano o moderno que hace imposible cualquier guerra para poder con ella acotar la paz. El resultado es, no la paz universal y eterna, sino la desmesura de la guerra o el schmittiano Tantum licet in bello iusto, que sería muy de agradecer –como dice schmitt- que <las nuevas líneas de amistad no surgieran a través de nuevas criminalizaciones>.

Me gusta imaginar que los rituales del despiojamiento entre los monos son un efecto del dominio zoológico y <etológico> del macho dominante. La razón es un efecto muy tardío en el adviento del hombre: sólo se empieza a pensar y a usar razones con el despiojamiento, en el Ágora libre de los que pueden pensar porque pueden perder el tiempo. La razón es un efecto del dominio, no su causa. Es por completo imposible dirimir por la razón abstracta e “imparcial” el dominio iustus de los EE.UU. o China en un conflicto hipotético lo iniciase cualquiera que lo iniciase.

¡Mientras ande yo caliente ríase la gente! Tomar partido. Sólo puede contar esto que es darwinismo puro y bruto: mi razón.
Por tanto da igual cual es la longitud del ánima del fusil, y a eso de Molina de Don Quijote: “¿Qué pensaría nuestro caballeroso prototipo de las armas actuales?”, yo afirmo que las usaría por el iustus hostis suyo de igual manera a como manejaba su orinada y enmohecida lanza, pues él también estaría en contradicción sin duda al estar metido en el mismo abismo en el que nos encontramos nosotros: que las armas modernas son impotentes para acotar la guerra, que al no poderse usar el artefacto nuclear proliferan las guerras en la periferia, en el harland, y que lo hacen con una intensidad en armas no nucleares. Caput!

La ausencia de la Razón no es sólo un disolverse la razón en sí misma, sino que por la razón técnica, nuclear, se hace acaso imposible la guerra, la gran guerra. En eso estamos.
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Juan A. Rodríguez Molina



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MensajePublicado: Lun Ene 30, 2006 11:24 pm    Título del mensaje: No soy filósofo; lo sé Responder citando

Muy interesante el mensaje, Vega, pero por el tono parece que Molina sostiene todo lo contrario y no es así. La frase que citas no contiene ninguna «señora endomingada» ni se emplea en todo el texto el término “Razón”, con mayúscula. Fui consciente de que usaba “razón” de varias maneras y podía ser malinterpretado —por eso, más que nada, incluí, antes de despedirme, la última frase con coletilla—, pero no esperaba serlo tanto ni, menos aún, en el sentido que señalas. Si vengo sosteniendo algo últimamente es que la fuerza en política es fundamental y nunca bruta. Y si meto a la razón es para saber qué pinta juzgando con su rasero fenómenos que la exceden, quedando en simple comentarista de algo a lo que, tan sólo, acompaña. No la estoy enseñoreando ni endomingando, precisamente. Aunque tampoco sea mi intención minusvalorarla.

Me ha extrañado, además, que incluyendo, en la frase por tí elegida, una referencia a algo que Schmitt comentaba de Donoso, no hagas ninguna mención y te vayas por vertientes, relacionadas sin duda, pero algo desviadas de su intención, apoyándote en el mismo Schmitt.
Cita:
Según Donoso, pertenece a la esencia del liberalismo burgués el no decidirse en esa lucha [la del catolicismo contra el socialismo ateo], y, en lugar de ello, tratar de entablar una discusión. Define incluso a la burguesía abiertamente como clase discutidora. Mas de esta suerte queda juzgada, pues ello implica que quiere esquivar la decisión. Una clase que traslada toda actividad política al plano de la discusión en la Prensa y en el Parlamento, no es capaz de hacer frente a una época de luchas sociales. Por doquier se advierten la inseguridad e insuficiencia internas de esa burguesía liberal de la monarquía de julio. Su constitucionalismo liberal trata de paralizar al rey mediante el Parlamento y mantenerle, no obstante, en el trono, con lo que comete la misma inconsecuencia que el deísmo cuando excluye a Dios del universo y, sin embargo, sigue creyendo en su existencia (aquí, Donoso toma de Bonald el paralelismo infinitamente fecundo entre metafísica y teoría del Estado). Así, pues, la burguesía liberal quiere un Dios, pero que no pueda mostrarse activo; quiere un soberano, pero carente de poderes; exige libertad e igualdad y, sin embargo, pide la limitación del derecho de sufragio a las clases acomodadas para asegurar a la cultura y a la propiedad la necesaria influencia sobre el poder legislativo, como si la cultura y la riqueza diesen derecho a oprimir a hombres pobres e incultos; suprime la aristocracia de sangre y de familia y, sin embargo, tolera el insolente dominio de la plutocracia, la forma más necia y ordinaria de aristocracia; no quiere la soberanía del rey ni la del pueblo. ¿Qué es, pues, lo que en el fondo pretende? (Interpretación europea de Donoso Cortés pp. 81-82. Cursivas del original)


Cito largamente por dos motivos: 1) amplía lo que quería decir sobre la “decisión” y la “discusión”; 2) sirve para la actualidad, pues parece que algunos no se enteran del clamoroso triunfo del liberalismo discutidor, que denunciaba Donoso, entre otras cosas, por creer (tal parece) que todo gobierno y toda victoria son eutáxicas. Dejaré de lado el segundo motivo por ser más propio de otros foros y me concentraré en el primero.

Como dice Schmitt, un poco más adelante (p. 87), «La dictadura no es el extremo opuesto de la democracia, sino de la discusión.» Éste es, al menos, el concepto de dictadura del “decisionista” Donoso. Pues sólo ve en tanta discusión «un método para eludir la responsabilidad y atribuir a la libertad de palabra y Prensa una importancia exagerada, con el fin de que, en último término, no haya que decidirse.» O sea, el burgués no quiere ser ni gobernante ni gobernado, rehuye el mando y la obediencia, rehusa amigos y enemigos... ni chichá ni limoná. ¿Es así el anarquista? No, rotundamente; incluso en el «pequeño burgués moralista» que representa Proudhon respecto a Bakunin, reconoce Donoso, según Schmitt, «una grandeza diabólica», pero respetable por ser su «enemigo mortal»; mientras «desprecia a los liberales» (p. 88). A ambos enemigos les resulta inconcebible el «compromiso sistemático y metáfisico» (p. 85). El puñetero fundamentalismo democrático, con sus pánfilas y egoístas secuelas, es responsabilidad —lo pretendiera «en el fondo» o no— del irresponsable liberalismo, como detectó el intuitivo Donoso.

Pero, a pesar de lo rápido que (me) lees, a veces, apreciado Archidiablo Belfegor, una cosa es la discusión en la práctica, con Armas, y otra en la teoría, con Letras. Más bien, lo pregunto; por si acaso. Te recuerdo que no soy filósofo.

Salud

P.S.: Por cierto, estupenda la cita de Marx en el foro “España”, pero Marx decía “digo” y hacía “Diego”.
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