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Argumento de la Deportividad para demostrar a Dios

 
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Javier Pérez Jara



Registrado: 16 Oct 2003
Mensajes: 39
Ubicación: Sevilla

MensajePublicado: Mar Jun 27, 2006 3:41 pm    Título del mensaje: Argumento de la Deportividad para demostrar a Dios Responder citando

Hola a todos! Aprovechando el repugnante ataque sarraceno, no he encontrado mejor manera de volver a escribir algo en los foros, para así declararme como explícito enemigo de la superstición e irracionalismo islámico, un irracionalismo que suele invocar muchas veces a filósofos como Averroes, ocultando cómo le trataron los musulmanes de su época:

Cita:
es indudable que la persecución de Averroes fue producida por motivos religiosos, aunque quizás hábilmente preparada y conseguida por sus enemigos envidiosos, que al fin hundieron al partido que podríamos llamar filosófico de la corte. Según Ansari, lo que más afectó a Averroes en su desgracia, fue el verse afrentosamente expulsado por el pueblo de la mezquita mayor de Córdoba un día que había entrado en ella con su hijo. El populacho le insultaba también frecuentemente en Lucena, por lo cual huyó del lugar de su destierro, y se refugió en Fez; pero pronto fue conocido, preso y encarcelado. Compadecido Almanzor del desgraciado filósofo, le hizo prometer la libertad y el perdón si se retractaba públicamente de sus anti-mahometanas opiniones en la puerta de la mezquita de Fez; accedió a ello Averroes, abjuró y purgó su herejía, y algún tiempo después regresó a Córdoba, en donde vivió oscurecido, retirado y pobre. (Del Diccionaro de Ciencias Eclesiásticas: http://www.filosofia.org/enc/dce/e01840.htm )


Es cierto que el Dios islámico es en gran medida aristotélico (y por eso el Islam es una religión terciaria y no un mero delirio secundario), pues Mahoma se formó en la escuela nestoriana (y por eso San Juan Damasceno pudo llegar a decir que el Islám era una herejía más del cristianismo), altamente influenciada por Aristóteles. Aunque el porcentaje de musulmanes que conozcan hoy día algo de Aristóteles o de Nestorio no debe ser «demasiado alto», por decirlo irónicamente.
Realmente este mensaje no debería estar en este foro, pues Dios no sólo no tiene nada que ver con la religión, sino que es el fin de la religión, como se ve claramente en Aristóteles, que es precisamente el creador de la Idea de Dios, del monoteísmo metafísico, y del propio rótulo de teología; pero este Dios «en mayúsculas» creado por Aristóteles (aunque sin duda con precedentes eleáticos, platónicos, etc.) es incompatible como decimos con el dios de las religiones, pues un Ser inmutable, eterno, incorpóreo, Acto Puro, es radicalmente incompatible, por no decir la negación categórica, del dios antropomorfo o zoomorfo mítico de las religiones (y por tanto solidario de la finitud, la corporeidad, la temporalidad, etc.), por lo demás siempre solidario del politeísmo, como demostró Wundt en su Elementos de psicología de los pueblos, y que es una de las tesis básicas del materialismo filosófico (esto es, patentizar la incompatibilidad radical entre el Dios de las religiones y el Dios de los filósofos).
Lo cierto es que la mayoría siguen asociando, mediante petición de principio, religión a Dios, y algunos ilustres filósofos plantean serias objeciones frente a los argumentos ateos materialistas; es el caso del Argumento de la deportividad para demostrar la existencia de Dios, elaborado por Juan Arana, filósofo y catedrático de la Facultad de Filosofía de Sevilla, así como experto en Leibniz y filosofía de la ciencia del siglo XX.
Esperemos, no obstante, que los sarracenos no se enteren del impecable Argumento de la deportividad, para añadirlo a su lista de elementos que hacen innegable la existencia y esencia de Dios (aunque no sabemos de cual ¿del de Aristóteles en la línea de Averroes? ¿El de Plotino en la de Ibn Arabí? ¿El de Hegel tal vez? ¿O acaso apunta el argumento de la deportividad hacia el dios de las religiones como Yaveh u Odín?).
El argumento en cuestión se puede encontrar en la ilustrada y racionalista web de conoze:

http://www.conoze.com/doc.php?doc=1558

Web, que, por cierto, también cuenta con otros rigurosos artículos sobre la existencia (y por tanto posibilidad de la esencia) de Dios, algunos de Pío Moa, al que probablemente debería decírsele aquello de Goethe "escultor, esculpe y calla!", donde habría que sustituir el arte de la escultura por el de la historia, donde por cierto Moa se muestra mucho más riguroso que los historiadores «progres», que se ha demostrado explícitamente cómo han deformado hechos históricos de la guerra civil o el franquismo para sus propios intereses partidistas e ideológicos. Esto es algo, por lo demás, enteramente análogo a tantos científicos de nuestros días que cada vez que abren la boca fuera de su especialidad es para segregar una filosofía mundana absurda, infantil y dogmática. Pero no es el motivo de este mensaje comentar la «visión» que tiene Moa del materialismo o del marxismo.
Volvamos a:

http://www.conoze.com/doc.php?doc=1558

Cita:
Existencia de Dios

La negación de la existencia de Dios o de su conocimiento, es contraria a la razón. A lo largo de éstos artículos iremos aproximándonos a la posibilidad tanto de su existencia desde un punto de vista racional como de su conocimiento, por muy imcompleto que sea.

Artículos de este tema:
¿Es posible una ética sin Dios? (Josep Miró i Ardèvol)
¿Es razonable creer en Dios? (Joan Baptista Martínez Porcell)
Dificultades del ateísmo (Pío Moa)
Divagación sobre la no existencia de Dios (Pío Moa)
La añadidura del Creador (Eulogio López)
Einstein y Dios (J.M. Alimbau)
Argumentos para demostrar la existencia de Dios (Juan Arana)
¿El origen es Dios? (Josep Miró i Ardèvol)
Muerte y dolor (Juanjo Romero)


Y vayamos a Juan Arana, que al fin y al cabo es el creador del irrefutable Argumento de la deportividad, y por tanto merece consideración aparte (notas entre corchetes mía):


Cita:
Dios es infinito [aunque admitido ad hominem esto, Dios anegaría el Mundo y la realidad, y por tanto sería imposible escapar del panteísmo o del panenteísmo, y si Dios es simplicísimo, como en la Ontoteología, la pluralidad del Mundo sería destruida]; nuestra inteligencia y las fuentes que la alimentan, limitadas. A pesar de ello, encuentro que es mucho más fácil razonar la existencia del Ser supremo, que la simple presencia del hombre y el universo, despojados de todo rasgo de divinidad. De no haber ninguna potencia trascendente [¿Habla de la cosa en sí kantiana? ¿De la voluntad de Schopenhauer? ¿Del Uno neoplatónico? ¿Pues no es acaso el dios personal de las religiones puramente mundano, ontológico especial, al estar compuesto de elementos de los tres géneros de materialidad, como voluntad, inteligencia, Ideas y esencias, etc.? ¿Acaso no se destruye este dios personal y por tanto mundano en el regressus a M?], ¿qué impediría al mundo crecer y crecer hasta alcanzar las dimensiones de lo incondicionado? ¿Por qué habría de ponerse a sí mismo límites en su ser, poder o conocimiento?


Y sigue «razonando» al más puro estilo geométrico (en una suerte de Geomería del Delirio), posteriormente, para introducir su argumento de la deportividad:

Cita:
De ser así, los argumentos tradicionales (el ontológico, el de la contingencia, el de la finalidad, etc.) no designarían especímenes aislados, sino familias de consideraciones que admitirían tantas versiones como la ejecución de una obra maestra de música.

Si algo de todo esto es verdad, no sería difícil encontrar nuevas formas de llegar a la misma conclusión. Aportaré una que probablemente no sea original [suponemos que por aquella famosa sentencia de que «no hay estupidez alguna que no haya sido dicha por un filósofo»], pero que se me ocurrió el otro día mientras conducía tediosamente mi coche por las interminables rectas de una carretera de la Mancha. Podría llamarse argumento de la deportividad, y se plantea así: Hoy día abundan las llamadas a tomar la existencia como un juego, vivir cada día como una aventura, mantener el espíritu joven y recibir con buen humor las peripecias por las que hemos de pasar, aunque no sean las más deseables. Me parece una receta excelente, en el supuesto de que sea posible aplicarla, lo cual resulta dudoso cuando las cosas se ponen muy cuesta arriba, como, por ejemplo, si uno está internado en el campo de Auschwitz, embarcado en una patera que naufraga, contaminado por un virus que no perdona, etc. Sin ponernos tan dramáticos, lo mismo ocurre si simplemente uno ya no es tan joven, guapo, sano, ocurrente, triunfador y querido como debiera o quisiera. Igualmente, es mucho más fácil comportarse con deportividad cuando se gana que cuando se pierde. Y, sin embargo, la esencia del fair-play es más fácil de reconocer cuando se arrostra con elegancia la condición de perdedor. Para conseguirlo son necesarias dos cosas: asumir que el juego es importante, que merece ser practicado con pasión, y, al mismo tiempo, tener muy claro que hay algo más importante que el juego mismo, más decisivo que ganar o perder, que disfrutar con él o sufrirlo. Ahí está el secreto de la deportividad, lo que funda el respeto al adversario por encima de la competencia. Para poseer ese secreto es esencial darse cuenta que la relación que se entabla entre los jugadores es mucho más valiosa que lo que se juegan.

Pasando ya a la formulación del argumento, diría que Dios [¿el de Aristóteles, que ni siquiera conoce el Mundo? ¿El de Kierkegaard, garante de la desesperación y la angustia? ¿el celoso e infantil Yaveh de los judios?] es el elemento indispensable para tomar la vida con deportividad [algo que la verdad es que tiene sentido con el Dios que dispensa la gracia como en una loteria del protestantismo], lo único que puede aparecer como más importante que lo que nos jugamos aquí abajo (felicidad, placer, realización personal, empresas, etc.) Sin Dios no hay forma de evitar que la vida se convierta en un juego a cara de perro, en el que todo vale, en el que lo importante no es participar, sino única y exclusivamente ganar.

Podría seguir desarrollando mi argumento de tarde manchega, pero espero que lo indicado sirva para sugerir que, efectivamente, son muchos, inagotables, los argumentos que nos conducen al reconocimiento de la existencia de Dios. Tal vez el lector encuentre el suyo a poco que se esfuerce en buscarlo.


Lo curioso de todo esto es que este argumento no ha sido desarrollado por un albañil o un fontanero, sino antes bien por alguien que cuenta con formación filosófica, domina varios idiomas, y es catedrático de filosofía en la Universidad, a parte de contar con numerosos libros, ser traductor de Leibniz, etc. Por lo que me pregunto ¿hasta qué punto puede llevar al delirio, por no decir a la locura objetiva, o incluso al humor surrealista y onírico las religiones? ¿Cómo el materialismo puede luchar contra el Argumento de la Deportividad? ¿Qué futuro espera, desde el materialismo, a la universidad española con filósofos como éste, el cual es sólo uno más de los todavía solidarios de la dogmática Ontoteología católica, y que encima sabe más filosofía que la mayoría de tantos profesores, por ejemplo los posmodernos que anidan en tantas facultades, diciendo continuamente basura retórica, sin ningún atisbo de rigurosidad y calificando de dogmáticos a todos aquellos que no siguen la propia ortodoxia marcada por Lyotard, Rorty o Vattimo, los cuales piensan a su vez que el culmen del saber es ser experto en Nietzsche y Heidegger (y coste que, contra muchos, tanto Nietzsche como Heidegger me parecen filósofos con estudios de gran importancia para el materialismo, como es el caso del concepto de Esfera del materialismo filosófico, tallado fundamentalmente sobre la analítica existenciaria del Dasein de Ser y tiempo)? Parece que entre los ontoteólogos, posmodernos, idealistas y cientificistas, el materialismo filosófico tiene aún un duro camino para abrirse paso en esta sociedad llena de mitos irracionales y metafísicos en el sentido más peyorarivo del término. Habrá que trabajar duro.

En fin, saludos «deportivos»,
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Lino Camprubí Bueno



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Mensajes: 85
Ubicación: Sevilla

MensajePublicado: Jue Jun 29, 2006 8:58 am    Título del mensaje: argumento de la victoria Responder citando

Je, je, este Arana nuestro es verdaderamente un genio.

Como entran ganas de romper algo tras leer sus delirios opusinos, romperé una lanza a su favor recordando que un argumento aparentemente parecido está en la base del triunfo del espíritu santo en la tierra durantes siglos, cual es el que utilizó, ni más ni menos, el emperador Constantino: si venzo en la batalla del puente Milvio portando la cruz, es que Dios (pero no el Dios indefinido de la demostración de la deportividad, sino el cristiano) existe.

Pero la semejanza de ambos argumentos es engañosa, tanto que son contradictorios. Constantino cree que Dios es Cristo porque destruye a su adversario mientras Juan Arana, en su tarde manchega, pensaba en llevarse bien con él. Por otro lado, el uno fue un gran emperador y su demostración absolutamente efectiva y el otro catedrático de filosofía y su argumento mueve a risa o a llanto. Cualquier tiempo pasado fue mejor.

Lino
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Antonio Romero Ysern



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Mensajes: 386
Ubicación: Aracena (España)

MensajePublicado: Lun Jul 03, 2006 12:20 pm    Título del mensaje: Homenaje a Borges Responder citando

En homenaje al escritor argentino (al que creo que Don Juan Arana ha dedicado algún libro), se me ocurre este otro argumento, a añadir a la lista de argumentos de Don Juan:

"Cierro los ojos y veo una panda de pájaros dando clases en la Facultad de filosofía donde hemos estudiado Javier Pérez Jara, Lino Camprubí o yo mismo. Aunque la visión dura cinco cursos, sin embargo no sé cuántos pájaros exactamente tuve como profesores. ¿Era definido o indefinido su número? El problema involucra la existencia de Dios. Si Dios existe, el número es definido, porque Dios sabe cuántos pájaros vi dando clase. Si Dios no existe, el número es indefinido, porque nadie pudo llevar la cuenta. En tal caso, vi menos de diez pájaros dando clase (digamos) y más de uno; pero no vi nueve, ocho, siete, seis, cinco, cuatro, tres o dos pájaros. Vi un número entre diez y uno, que no es nueve, ocho, siete, seis, cinco, etcétera. Ese número entero es inconcebible, ergo, Dios existe.”
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Javier Pérez Jara



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Mensajes: 39
Ubicación: Sevilla

MensajePublicado: Lun Jul 03, 2006 4:20 pm    Título del mensaje: Responder citando

Ciertamente el argumento de Arana, aunque riguroso y potente, no es el único que he escuchado por la Facultad de Sevilla. Villalobos, martillo de marxistas y materialistas, en su libro Elogio de la radicalidad, dice que Dios, Alma y Mundo son «Objetividades», y que por tanto no pueden ser negadas. No sabemos si se refiere a negarlas en cuanto Ideas o a denunciar que las Ideas de Dios, Alma o Mundo (en el sentido del monismo creacionista), por contradictorias, carecen de correlatos realmente existentes, lo cierto es que desde ahí deduce geométricamente que el ateísmo carece de sentido y páginas más tarde que el marxismo es un positivismo a lo Círculo de Viena. La verdad es que a veces no es difícil perderse en este entramado de rigurosidad casi matemática.
Jesús Arellano, el insigne fundador de la facultad del Opus Dei, en uno de sus escritos, habla de que la razón natural "nos avisa" de que en la realidad hay tres tipos de entes: el Ente trascendedor (que es el hombre, por poder "trascender" su existencia animal hacia la espiritualidad), el Ente cósico (donde se incluyen tanto a los animales como a las rocas) y el Ente Absoluto Infinito (que es Dios ad hoc, y no sabemos como si es infinito no engulle o anega a los otros «dos tipos» de entes).
Otra profesora, cuyo nombre no recuerdo afortunadamente, dijo una vez en clase el siguiente argumento, a saber «El hombre está incompleto, sus posesiones materiales no lo llenan, luego tiende a un Absoluto. Ese Absoluto [si lo pones en minúsculas te suspenden el examen] ha de existir, porque si no, el hombre no podría tender hacía él». Lo que es una especie de parodia de lo que Puente Ojea llama en algunos de sus libros La falacia conativa, que se podría resumir así «Dios existe porque quiero o necesito psicológicamente que exista».
Y no hay que olvidar a los zubirianos (o zubirianas), que en una especie de ontologismo sui generis (a pesar de que el catolicismo condena como herejía al ontologismo) concluyen que no hace falta demostrar la existencia de Dios (aunque ni siquiera sabemos de cuál se nos está hablando), ya que la evidencia de su existencia se da en la conciencia de la religación del hombre a la realidad, al Ser, transformando el teorema de la apercepción trascendental kantiano en una dirección teológico-delirante. También célebres profesoras, dentro del mundo del racionalismo ilustrado, como Pilar Burguete concluyen con el siguiente argumento: «Si Dios no existe, y lo pones en el examen, suspendes la asignatura, luego si quieres aprobar para sacar la licenciatura, Dios existe» (luego tuve que coger esa asignatura con otro profesor para poder aprobarla).
Otros concluyen «más filosóficamente» que todos los filósofos sostienen la existencia de Dios al sostener la existencia del Ser, como si toda Idea ontológico general (Apeiron, Physis, Uno, Natura naturans, Cosa en sí, Voluntad, Materia ontológico general, etc.) fuese una modulación de la Idea teológica de Dios, que es un subcaso de las Ideas ontológico generales y que, por supuesto, es la negación categórica del dios de amor y consuelo de Jacob, puramente mundano, porque el Ser de la ontología general no puede ser determinado como consciente, a pesar de Santo Tomás, y mucho menos si se lo determina como simplicísimo (ya Plotino argumenta que el Uno no puede tener conciencia, argumento que se suelen saltar completamente a la torera los ontoteólogos católicos), y no digamos ya las contradicciones absolutas entre los atributos de infinitud y conciencia, contradicciones que se dicen explícitamente, por ejemplo, en el caso de Spinoza, argumentando que la res cogitans sólo es un atributo más de la Substancia y que no puede anegar o conmensurar a los infinitos restantes (y aquí seguramente podríamos ver una analogía con el escotismo, frente al monismo tomista), en el de Kant con su famoso teorema de la apercepción trascendental (la conciencia psicológica está constituida espacio-temporalmente, y por tanto es necesariamente finita), como en en el caso de Fichte en la famosa polémica del ateísmo contra Jacobi, donde argumenta con lo que llamaríamos desde el MF la naturaleza alotética de la conciencia; incluso desde el A priori de correlación y la intencionalidad se podría argumentar desde la filosofía de Husserl sobre la necesaria finitud de la conciencia (y eso que Husserl era evangélico, como se sabe). Y digo todo esto porque personalmente he dicho estos argumentos a varios profesores/teólogos de la facultad, con respuestas como «Dios es infinito porque es el Fundamento autofundamentante, como se ve en la zarza que arde del Antiguo testamento, pues es un fuego que se autoabastece», «que Dios sea infinito no sigifica que el Mundo sea un contenido suyo» (sin especificar por qué, esto es, volviendo a repetir la contradicción que yo precisamente discutía), «en el caso del Absoluto, el frágil intelecto humano no puede pretender esclarecer sus misterios, Dios no es una cosa, y no puede ser tratada con la racionalidad científica» (clara tontería que niega la Teología natural del catolicismo en favor de un fideísmo ad hoc para inmunizarse de los argumentos ateos, y que encima dice que Ideas ontológicas como finitud, infinitud, conciencia, etc., son modos de «racionalidad científica»).
No obstante, si alguien ve analogías de la Cosa en sí kantiana o del Uno de Plotino con Yavéh u Alá tendríamos que recomendarle que dejase su régimen de drogas o alcohol, o que dejase de «doblepensar» al modo del 1984 de Orwell.
En fin, como nos avisa Juan Arana en la introducción de su Argumento de la Deportividad, muchas son las vías que conducen a Dios, y con cuantas más vías contemos, mejor. Y vanos son los intentos del materialismo (identificado además con el consumismo, cuando el materialismo está ligado al socialismo e históricamente el capitalismo surge del protestantismo y además la ideología de la iglesia católica en tantos medios es claramente capitalista)
Así pues, el argumento introducido por Antonio también vale y es probable que un desarrollo algo más amplio pudiera servir incluso de tema de tesis doctoral para alguno de los profesores antes citados.
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Carlos Pérez Jara



Registrado: 02 Jul 2004
Mensajes: 130
Ubicación: Sevilla

MensajePublicado: Lun Jul 03, 2006 7:11 pm    Título del mensaje: Dios y las putas Responder citando

Saludos, amigos:

Resulta curiosa a la par que divertida la demostración "juguetona" de Borges, adornada por el recuento de pájaros de Antonio Romero Ysern. No obstante, yo, que no he estudiado en la susodicha facultad ("Dios" me libre, claro), pienso que más que pajaros, debe haber en ella muchos pajarracos. Una pintoresca ensalada de cuervos opusdeinianos que más recuerdan a la película de Hithcock- en versión santurrona y fabuladora- que a un documental naturalista de la 2.

Lógicamente, creo que los "argumentos" para "exponer" la existencia de Dios suelen partir de razonamientos semejantes a los de un oligofrénico o un desesperado, pues a menudo se tiende a acudir al:

- criterio melancólico ("Dios es lo que me "falta" para estar completo",
como un bidón de gasolina)

- el histérico ("Dios es todo lo bueno que sucede")

- el porquero ("Dios es amor"...¿amor glandular? ¿forman parte los genitales de cada uno de ese propósito divino?)

- el místico-panteísta, con toques de greenpace y liberad a Willy ("Dios es la naturaleza")

- el mezquino ("Dios está en cada uno, y en cada uno se manifiesta de una forma"), al besugo ("Dios es lo contrario del mal")

- etc, etc.

En definitiva, que hay muchas formas de describir un disparate pero una sola de destruirlo: apelando a la razón. Pues, si nos ponemos como Arana, o si apelamos al comentario que tan oportunamente saca a colación Antonio sobre el texto de Borges (adornado de pajarracos) podríamos recordar ahora una frase del propio Borges entorno a la refutación de la existencia de Dios, tan irónica como el absurdo recurrente de los ya citados autores, Arana a la cabeza, aunque con mucha más base que estas aves de mal agüero, claro.

Se trata de un comentario que hizo el escritor argentino a propósito del terremoto de Lisboa de 1755:

Cita:
La prueba definitiva de que Dios no existe se halla en 1755, con el terremoto de Lisboa. Ésa fue la prueba de fuego, pues mientras todas las iglesias, capillas y santuarios de la urbe quedaron destruidas, de las cuales no quedó un solo ladrillo en alto, todas y cada una de las casas de putas permanecieron incólumes


Saludos
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