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El fundamentalismo democrático

 
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J.M. Rodríguez Pardo



Registrado: 10 Oct 2003
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MensajePublicado: Vie Ene 15, 2010 9:23 am    Ttulo del mensaje: El fundamentalismo democrático Responder citando

Estimados amigos:

El 13 de Enero pasado tuvo lugar en Madrid la presentación del nuevo libro de Gustavo Bueno, El fundamentalismo democrático, dedicado no obstante al análisis de la corrupción política, una de cuyas especies es la corrupción ideológica que constituye precisamente ese fundamentalismo democrático. Desde el aborto hasta la venta de Endesa, pasando por la corrupción autonómica, Bueno alcanza los niveles de Aristóteles y habla de todo lo humano, que es lo corrupto por antonomasia. Lo incorrupto queda para fundamentalismos varios.

Un cordial saludo,
José Manuel Rodríguez Pardo.
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J.M. Rodríguez Pardo



Registrado: 10 Oct 2003
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MensajePublicado: Jue Feb 18, 2010 3:14 pm    Ttulo del mensaje: La prensa burguesa cita a Bueno y defiende a Garzón Responder citando

Estimados amigos:

El colaborador de La Nueva España José Manuel Ponte cita hoy El fundamentalismo democrático de Gustavo Bueno en su colaboración de segunda página. En concreto, se refiere al Complejo de Jesucristo que Gustavo Bueno atribuye al juez Garzón, por su pretensión de querer juzgar a vivos y muertos. Sin embargo, pese a que Ponte resume correctamente las tesis del profesor Bueno, no las sitúa en el contexto del Credo romano, desvirtuándolas al ponerlas al lado de su peculiar visión de Jesús desde los Evangelios. Así, Garzón pasa de ser un juez que pretende usar del Derecho para jugar a vivos y muertos, a un mártir de insidiosas persecuciones políticas, a quien sin embargo le sientan en el banquillo precisamente por excederse en sus atribuciones al prevaricar. Vean y juzguen más abajo.

Un cordial saludo,
José Manuel Rodríguez Pardo.

Cita:


El hombre que empapeló a Garzón

La tesis de Gustavo Bueno y la repentina fama del magistrado Luciano Varela

JOSÉ MANUEL PONTE

El filósofo Gustavo Bueno escribió un libro titulado «El fundamentalismo democrático» en uno de cuyos capítulos se describe al famoso juez Garzón como un hombre que padece el «síndrome de Jesucristo» por su vocación -o delirio- irrefrenable de ejercer como un juez universal con potestad para venir al mundo a juzgar a los vivos y a los muertos. Bueno desecha que esa peculiar forma de actuar del juez pueda atribuirse solamente a su compleja personalidad y a su evidente afán de protagonismo, y prefiere buscar la causa última de su conducta en una interpretación exagerada de la doctrina metafísica de la separación de poderes, según la cual el poder judicial es absolutamente independiente del poder ejecutivo cuando en realidad depende totalmente de éste para dar fuerza de obligar a sus resoluciones. (En ese sentido, parece obvio que la mayoría de las sentencias serían papel mojado si no hubiese una autoridad con poder coactivo que las hiciera cumplir).

La tesis del filósofo tiene una buena parte de razón, pero quizás olvida en su discurso (o al menos yo no lo conozco) que el «síndrome de Jesucristo» debería incluir, en quien lo padece, no sólo la vocación de juzgar sino también, y muy especialmente, la de ser juzgado y ser ofrecido en sacrificio como reparación de los pecados ajenos. Un Jesucristo que juzga, pero al que no se le pasa por la cabeza la posibilidad de ser juzgado, no concuerda con la versión del personaje que dan los evangelistas. Tal como nos lo describen, el fundador del cristianismo era un hombre amante de las paradojas. «No juzguéis y no seréis juzgados», dijo en uno de sus sermones. Desde ese punto de vista, Jesucristo y Garzón no se parecen demasiado.

El uno viene al mundo para dar testimonio de una doctrina considerada herética por las autoridades religiosas de su época y por causa de ello es juzgado y condenado a muerte. El otro, sinceramente, no creo que haya especulado alguna vez con la posibilidad de que otros jueces lo fueran a sentar en el banquillo de los acusados por algo relacionado con su actividad.

El juicio contra Garzón, si es que llega a término, será un juicio inevitablemente político por mucho que los implicados en el procedimiento intenten reducirlo a un intercambio aséptico de tecnicismos jurídicos. Es como pretender que el famoso expediente fiscal contra Lola Flores no desbordase los límites del papeleo burocrático hasta convertirse en un espectáculo de masas, con la tonadillera en el papel de víctima desmelenada. Para bien o para mal, Garzón es un «juez estrella». Lo de menos será dilucidar si hay o no razón para juzgarlo, y lo de más discutir, con apasionamiento de grada de toros, sobre las aviesas intenciones de quienes lo juzgan. El instructor de la causa, el juez Luciano Varela, ha emergido de la sombra institucional donde permanecía confortablemente oculto y en unos días se ha convertido también en un personaje popular. Los fotógrafos le aguardan a la salida del Tribunal Supremo y su imagen aparece con profusión en los medios. En el Viejo Oeste, los pistoleros que acababan con la vida de bandidos famosos compartían fama y leyenda con aquellos a quienes ajusticiaban en singular duelo. «El hombre que mató a Liberty Valance» fue una conocida película sobre el tema. Luciano Varela, quiéralo o no, pasará a la historia como el hombre que empapeló al juez Garzón.
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J.M. Rodríguez Pardo



Registrado: 10 Oct 2003
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Ubicacin: Gijón (España)

MensajePublicado: Vie Mar 05, 2010 11:42 am    Ttulo del mensaje: El fundamentalismo democrático en LD Libros Responder citando

Estimados amigos:

En el Suplemento semanal de Libros de Libertad Digital, aparece ayer mismo una reseña sobre El fundamentalismo democrático firmada por Agapito Maestre que intenta analizar la obra de un modo peculiar al que me gustaría referirme.

Cita:
NUEVO LIBRO DE GUSTAVO BUENO

El fundamentalismo democrático

Por Agapito Maestre

El descubrimiento de los males de la democracia a través de una nueva y más amplia idea de corrupción, que traspasa las fronteras del ámbito delictivo, es la principal pretensión que satisface este libro. Un nuevo ensayo para levantar acta del fracaso de la democracia española.


Un comienzo que prueba la peculiar interpretación de Agapito Maestre es afirmar que Bueno levante «acta del fracaso de la democracia española». No es el caso del libro que nos ocupa: Bueno se limita a analizar lo que supone la corrupción aplicada a la democracia, precisamente una forma de gobierno que desde el fundamentalismo se considera incorrupta.

Cita:
Tres pasos son fundamentales para entender ese fracaso. En primer lugar, Bueno trata de fundamentar una nueva noción de corrupción. En segundo lugar, hay una descripción crítica de los defensores fundamentalistas de la democracia: quienes, lejos de contribuir al desarrollo del la democracia, vendrían a convertirse en los principales ideólogos de las democracias corruptas; el caso de la España de Zapatero es todo un arquetipo de corrupción democrática. Y, en tercer lugar, Bueno reitera la defensa de la nación española a través de la descripción y análisis de la mayor de las corrupciones del sistema político español, a saber, la utilización de los mecanismos democráticos para negar el fundamento del propio sistema político: el Estado-nacional. Al final, la corrupción máxima estudiada en este libro es una traición a la nación. A España.


Con este fragmento sí que estoy de acuerdo.

Cita:
Hace ya algunos años que Gustavo Bueno se ha unido, sí, al club de quienes venimos denunciando, hace décadas, las diferentes formas que adopta esa traición. Esa agonía. Por fortuna, como reconoce el propio Gustavo Bueno, la muerte "definitiva" aún no se ha producido. Su libro quiere contribuir a que eso no suceda nunca.

Aplaudo el compromiso intelectual y alabo el coraje moral de Bueno. Pero, en mi opinión, para que su apuesta ética y política tuviera mayor eficacia quizá hubiera sido bueno y, por supuesto, conveniente citar, o sea, dialogar y discutir con, otras propuestas, incluidos libros anteriores del propio Bueno, que han hecho hincapié en la traición a la nación. Es menester que nos acostumbremos a dialogar entre nosotros. A sintetizarnos para seguir construyendo categorías que se enfrenten al totalitarismo federal, confederal o, simplemente, salvaje sobre el que está desarticulándose el Estado-nacional. Tenemos que aprender a elevarnos sobre los hombros de otros hombres, a veces, gigantes.


Este fragmento sí que me parece tamizado de una vanidad un tanto pretenciosa: que Gustavo Bueno se sume a los planteamientos ideológicos de otros autores que denuncian la corrupción de la democracia española. Pero Agapito Maestre parece no percibir que el planteamiento de Bueno no es un alegato ideológico, sino un análisis sistemático de la Idea de corrupción y su plasmación en distintas formas en la democracia española, destacando entre ellas precisamente la corrupción ideológica que supone el fundamentalismo democrático. Algo que por otro lado se apoya en obras previas como Panfleto contra la democracia realmente existente o Zapatero y el pensamiento Alicia, por citar algunas de las más recientes. Seguramente por eso no cita a esos «gigantes» que menciona Maestre y cuyo discurrir es otro.


Cita:
Quiero decir que es más que conveniente, sí, es necesario que en momentos de agonía nacional sumemos esfuerzos, o sea, nos hagamos cargo de modo explícito de una tradición que va, por lo menos, desde Unamuno y Ortega hasta César Alonso de los Ríos, pasando por Dieste o Jiménez Losantos, gente que ha subrayado que esa traición a España es otra forma de negar la democracia. O discutimos entre nosotros o seguiremos siendo un signo claro de subdesarrollo intelectual. El verdadero pensamiento casi siempre tiene, como dice Gabriel Zaid, un centro de discusión local. El milagro creador de Sócrates, Platón y Aristóteles se hizo subiendo de nivel la conversación local.


Pero precisamente esta afirmación de Agapito Maestre demuestra que no se pueden sumar esfuerzos cuando los planteamientos son distintos: Bueno en ningún momento habla de que se niegue la democracia, sino en todo caso que determinada corrupción ideológica puede tornarse en amenaza contra la Nación Española. Pese a las semejanzas aparentes, la realidad es que los discursos de los autores citados por Maestre divergen con claridad del planteamiento desde el materialismo filosófico.

Cita:
En cualquier caso, la obra del maestro Bueno tiene grandes aportaciones para seguir analizando la agonía de España. También hallaremos un montón de argumentos para seguir construyendo una teoría crítica de la democracia española; incluso leeremos páginas muy estimulantes sobre una idea de nación que se enfrente a la corrupción del sistema democrático. He aquí, en fin, una argumentación sólida para defender la nación española de los ataques perpetrados por los mecanismos del llamado "Estado democrático de derecho". Bueno analiza motivos, siempre irracionales, y ofrece razones, desde su especial perspectiva filosófica, para contrarrestar a los ideólogos de la democracia realmente existente, es decir, a quienes ocultan la principal realidad de la democracia, a saber, que ésta aloja en su seno la corrupción. Más aún, la corrupción no es algo coyuntural, o perfectible, en los sistemas democráticos, sino que es un asunto estructural.

El ataque a la nación se hace en nombre de la democracia. Esta es la principal corrupción del sistema político español. Es el ejemplo más insigne de corrupción democrática puesto por Gustavo Bueno, de generación de efectos indeseables para la Nación española, de fraude de ley, si se quiere, que la democracia ha propiciado como tal, por lo menos ha facilitado y en todo caso no ha podido conjurar. Esa corrupción es, por expresarlo con palabras de Ortega, en 1917, la democracia morbosa, que más tarde desarrolló el propio Ortega en una obra aún magistral para comprender la corrupción derivada de todo fundamentalismo democrático, La rebelión de las masas.


De acuerdo con el párrafo, aunque no con la asimilación de Bueno y Ortega, cuyos fundamentos van por otro lado: La rebelión de las masas es una obra formalista, que apela al poder de una élite selecta para gobernar España, sin que en ningún momento se diga qué tipo de élite selecta ha de ser la que gobierne.

Cita:
Discrepo, sin embargo, de Gustavo Bueno cuando mantiene que el fundamento de la corrupción es el "pueblo soberano":

La fuente de la corrupción de la Nación española que su democracia canaliza no se fundamenta en los partidos políticos; se fundamenta en el dictamen mismo del pueblo soberano que se entrega al juego de esos partidos, dándoles su voto mayoritario.

No, no y no, por suerte, eso no es el "pueblo soberano". A eso que Bueno denomina "pueblo soberano" yo, por el contario, le llamo "plebe", o sea, una de las figuras históricas de la rebelión de la masas.


No se ven argumentos más que la propia negación para disentir de lo que afirma Bueno: si los partidos políticos en democracia dependen de su solvencia electoral ante el «pueblo soberano», y éste les respalda, será porque no sólo este pueblo acepta la corrupción del sistema, sino porque cada pueblo tiene el gobierno que se merece. Y si desde luego el pueblo soberano vota a un Zapatero que permite e incluso alienta la corrupción de la soberanía nacional por secesión de una de sus partes, será porque ese pueblo consiente el expolio.

Ahora bien, la afirmación de Bueno tiene mucho de irónico, porque no es sin más «el pueblo», con un acto coyuntural de votación o elecciones, quien debe decidir sobre el futuro de la Nación, sino que es la propia Nación, representada por alguna de sus partes (el ejército, incluso), la que debe decidir sobre ello. La corrupción reside aquí en permitir que sea una voluntad popular coyuntural la que deba decidir si la Nación persiste o no. Esa es la cuestión.

Cita:
A pesar de todo, Gustavo Bueno trata de fundamentar, es decir, dar razones a favor de la famosa frase de Churchill: "La democracia es el menos malo de los sistemas políticos".


No puede ser más inexacto: Bueno analiza la democracia igual que Aristóteles o Platón analizaron los regímenes políticos en su época. Además, el propio Gustavo Bueno termina su libro diciendo que la democracia, aunque no muera por corrupción, sí que huele especialmente mal a causa de ella. Nada puede ser más opuesto a la frase de Churchill salvo el final del libro, salvo que el reseñante se halle comulgado en la evidencia del fundamentalismo democrático que el libro critica.

Un cordial saludo,
José Manuel Rodríguez Pardo.
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J. Ramón Esquinas Algaba



Registrado: 15 Ene 2004
Mensajes: 66
Ubicacin: Malaga

MensajePublicado: Mar Mar 09, 2010 10:44 pm    Ttulo del mensaje: Fundamentalismo democrático Responder citando

Estimados amigos,

El fundamentalismo democrático es tan pregnante que incluso los que se han acercado con benevolencia al reciente texto de Bueno son incapaces de soltarse del lastre. Y es que el nivel de análisis en el que opera Bueno no es coyuntural, sino en el tradicional sentido de la filosofía académica. Por supuesto que el contexto histórico está presente, como no podría ser de otra forma. Pero precisamente la filosofía implantada políticamente supera ese marco, como la clasificación de Aristóteles supera la Grecia esclavista.

El libro de Bueno no es una denuncia al estilo de "Con ZP no hay suficiente democracia". ZP sería dañino para la Nación española aún en el caso de que estuviéramos en la democracia más sublime del universo, si es que tal cosa tuviera algún sentido.

Todavía hay más. Dada la naturaleza cíclica de la democracia bipartidista, un futuro gobierno del PP sólo sería un interím hasta otro del PSOE donde el proceso secesionista se seguiría ensanchando, dado que el PP es incapaz de dar marcha atrás al proceso. Puede, sin duda, poner freno, pero sólo hasta la llegada del siguiente gobierno prosecesionista.

Salud
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J.M. Rodríguez Pardo



Registrado: 10 Oct 2003
Mensajes: 1423
Ubicacin: Gijón (España)

MensajePublicado: Mie Mar 10, 2010 9:50 am    Ttulo del mensaje: Corrupción y solvencia electoral Responder citando

Estimados amigos:

Tiene razón Esquinas Algaba en su comentario sobre algunas referencias que han surgido en los medios acerca de El fundamentalismo democrático. Yo añadiría algo más: precisamente quienes critican al actual gobierno por no ser suficientemente democrático, también reniegan del actual PP, y acaban situándose en una grave contradicción incluso para su propio fundamentalismo: al renegar de los dos únicos partidos con solvencia electoral, esto es, con capacidad para ganar las elecciones, sus posibilidades de lograr el más mínimo cambio político en la democracia realmente existente son nulas por completo.

Apelan a la posibilidad de que UPyD o Ciudadanos les quiten poder a esos dos grandes partidos, pero lo cierto es que tales partidos pueden a lo sumo recoger el descontento coyuntural de algunos ciudadanos con esos dos bloques solventes de poder, como ha logrado históricamente Izquierda Unida. Además, estos anarcoliberales de Libertad Digital, pese a defender la Nación Española, piden siempre la disminución del poder: pero precisamente es eso lo que piden, además de manera mucho más funcional, los separatistas: la disminución del poder del Estado, esto es, la corrupción de la soberanía nacional española.

La cuestión es que la democracia necesita del respaldo electoral, y porque la gente vote a ZP en lugar de a Rajoy ello no significa que la democracia haya muerto: lo que se manifiesta precisamente es la inconsistencia de quien defiende la democracia como el mejor gobierno de los posibles y, sin embargo, es incapaz de explicar cómo un ser tan dañino para España ha recibido por dos veces el refrendo democrático. Apelar a que los electores son «plebe» o «masa» por haber tomado esa decisión es una petición de principio, mientras no se aclare en qué sentido la plebe o la masa deja de ser un mecanismo de elección válido o no.

En el fondo, la tesis pragmática que anida en Agapito Maestre y otros, es que la Constitución de 1978 murió con el 11 de Marzo de 2004 y su «golpe de régimen», como dice Luis del Pino. Pero lo cierto es que, aun admitiendo que hubo un golpe de estado el 11 M, éste sólo buscaba cambiar el gobierno y no el régimen. Es más: con el nuevo gobierno, el régimen autonómico de 1978 ha seguido desarrollándose a marcha vertiginosa, frenada parcialmente durante los ocho años anteriores del gobierno del PP, como señala Esquinas.

Pero a día de hoy, desde postulados funcionalistas, sólo podemos señalar que el PSOE está desgastado electoralmente y el PP, pese al desencanto de unos cuantos fundamentalistas, se mantiene como un partido solvente capaz de ganar las elecciones. De hecho, la solvencia electoral, el refrendo de los ciudadanos en las urnas, es producto más de la corrupción que de la pureza de principios:

Cita:
Merton, como Huntington, por ejemplo, subrayaron la eficacia de la corrupción en el proceso de integración de los marginados; si la abstención -el verdadero peligro para una democracia- queda frenada en muchos casos y se mantiene dentro de límites razonables, es muchas veces gracias a la corrupción de los votos cautivos, los votos de quienes, mediante ellos, obtienen favores económicos o políticos (en España, suele citarse la institución del PER en Andalucía). [...] es la corrupción, dentro de ciertos límites, la que hace más fluidas, menos burocráticas y aun posibles las relaciones entre gobernantes y gobernados de la democracia, sobre todo cuando hay un «consenso» entre los sobornados, dispuestos a esperar su turno.


Gustavo Bueno, El fundamentalismo democrático, páginas 12 y 13.

Un cordial saludo,
José Manuel Rodríguez Pardo.
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