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Pío Moa y la Guerra Civil española II
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Antonio Sánchez Martínez



Registrado: 26 Oct 2003
Mensajes: 339
Ubicación: Rivas Vaciamadrid (España)

MensajePublicado: Lun Mar 01, 2004 1:25 am    Título del mensaje: "Adiós, España" de Jesús Laínz Responder citando

Hace una semana compré el libro “Adiós, España” de Jesús Laínz, cuyo subtítulo es “Verdad y mentira de los nacionalismos” (y que en la portada también contiene el título “good Bye, Spain” –con tipografía vasquista en “Spain”- sobre un fondo con la bandera vasca) publicado por la Editorial Encuentro en este año de 2004.
Os puedo asegurar que es una joya (aunque sólo lo he leído parcialmente). En él se hace un análisis detallado de todas las mentiras de los nacionalismos catalán, gallego y vasco, sobre todo de éste último. Aunque la mayoría de sus tesis son conocidas, sin embargo hace un desarrollo detallado de las más importantes.
El único defectillo que le he encontrado, de momento, es el de ver al franquismo de una manera poco contextualizada en algunos aspectos. Por ejemplo se narran las prohibiciones que, sólo al principio de la dictadura, se dictaron sobre el uso público de las lenguas regionales sin resaltar lo suficiente lo que significaba en aquellos años (cuando los mismos nacionalistas habían utilizado la lengua como arma política independentista). Pero el mismo franquismo llegó a permitir, e incluso subvencionar, el desarrollo de dichas lenguas a partir de 1954 aproximadamente. De nada le sirvió para evitar las mentiras y embustes sobre la supuesta “represión” sobre sus “señas de identidad”. La prueba de ello es que los nacionalistas extienden dichas supuesta represión sobre todas las épocas de su pasado, no sólo sobre los primeros años del franquismo. Aún así, es un libro valiosísimo. Dice verdades incontestables, algunas de perogrullo, pero también reconoce que a los nacionalistas les resbalan dichas verdades.
Por cierto, se comentan los “inventos” de nombres propios y ortográficos de los vasquistas (especialmente los forjadores del invento llamado “vasco unificado” –batúa-, a través del cual, paradójicamente, no pueden entenderse los auténticos glosadores de los múltiples dialectos, que nunca fueron escritos), y nos menciona el invento del dígrafo “tx” para sustituir la “ch” española (siempre buscan la solución más alejada del español). Dicha tipografía se tomó prestada del vascofrancés, que al no poseer el sonido español tienen que acudir a dicha digrafía (equivalente al “sh” inglés). A Unamuno le parecía una puerilidad (pág. 434). A algunos historiadores españoles no parecen importarles estas cuestiones, y por eso escriben “Ibarretxe” en vez de “Ibarreche”. No les vendría mal empaparse con un poco de lo que se dice en este libro, aunque lo veo casi imposible.

Un cordial saludo. Antonio Sánchez.
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Íñigo Ongay de Felipe



Registrado: 09 Oct 2003
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MensajePublicado: Lun Mar 01, 2004 8:13 pm    Título del mensaje: Responder citando

Pues yo también lo veo casi imposible, por no decir directamente imposible por entero y ello dado que aunque como ya sabemos, las claves ideológicas que alimentan el nacionalismo fraccionario consisten precisamente en la falsificación de la historia, no por ello deberíamos concluir que los discursos secesionistas aparezcan como más permeables al desenmascaramiento crítico, al contrario justamente;


Cita:
En cualquier caso, lo que no puede subsetimarse es la magnitud de la energía psicosocial que, con planes y programas adecuados, puede desencadenarse en estos movimientos; una energía que, durante siglos, se ha canalizado por otros lados, pero que al concentrarse por la vía de la escisión respecto de las naciones canónicas, puede incrementar asombrosamente su voltaje, convirtiéndose en un torrente impetuoso que no se detiene ante nada ( menos aún, ante cualquier tipo de razonamiento,); tampoco ante las falsificaciones históricas ( lo que quiere decir- y los historiadores deberían tomar nota de ello- que ninguna argumentación histórica, aun dotada del máximo rigor científico, tendrá fuerza bastante para conmover las convicciones del "iluminado"


( Gustavo Bueno, EfE, pág 148)



Con todo, sin duda que el libro del que nos habla Antonio Sánchez se presenta de lo más interesante, espero leer la obra de Jesús Laínz en cuanto pueda ( avalada además por la editorial bajo cuyo sello aparece: la que ha publicado las obras de Moa, Dumont, et al). `Por mi parte, sí que puedo decir que en Vascongadas el ambiente "vasquista" reinante alcanza no sólo a los secesionistas e IU si no, lo que es mucho más grave, a las fuerzas "no nacionalistas" también, ahí está para demostrarlo la trayectoria del PSE ( Partido Socialista de "Euskadi", palabra por cierto, que como nos recuerda Unamuno por activa y por pasiva, nunca fue de uso normal en dialecto vascuence alguno ) e incluso algunos gestos del PP - y sin embargo, justo es reconocerlo, lo cierto es que el "aldeanismo" autonómico del PP es bastante menor en Vasconia que en otras partes de España ( Valencia, Cataluña, Galicia, etc)


Atentamente
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Felipe Giménez Pérez



Registrado: 14 Oct 2003
Mensajes: 1050
Ubicación: Leganés (Madrid, España)

MensajePublicado: Mar Mar 02, 2004 6:10 pm    Título del mensaje: Responder citando

Precisamente por su resistencia al raciocinio, sobran razonamientos para los independentistas. El razonamiento debe ir destinado a los partidarios de España, a los que no son nacionalistas fraccionarios, para fortalecerlos intelectual y moralmente. Con los independentistas sólo cabe la guerra, la resistencia, la firmeza. Hay que aislarlos socialmente. Hay que decirles a los independentistas que el Estado va a impedir con los medios que fueren que se impongan sus planes secesionistas. Lo que hace falta es una política nacionalista española sin complejos, descarada y que apunte a la elaboración de una nueva constitución sin el título VIII. Hay que usar con mayor contundencia a las fuerzas de seguridad del Estado. Hay que suprimir las autonomías que tengan veleidades secesionistas y hay que ilegalizar a todo partido que amenace la unidad de España. Atentamente,
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Íñigo Ongay de Felipe



Registrado: 09 Oct 2003
Mensajes: 371
Ubicación: Bilbao

MensajePublicado: Dom Mar 07, 2004 12:17 pm    Título del mensaje: jesús laínz Responder citando

Estimados Contertulios;

Hace poco tuve la ocasión de adquirir el libro de Jesús Laínz del que nos hablaba Antonio y aunque desde luego todavía no he podido leerlo entero ( es un buen volumen), las diferentes "catas" realizadas en capítulos distintos me permiten de algún modo ratificar ya desde ahora la impresión que nos ofrecía Antonio Sánchez: efectivamente es una joya. Reproduzco en este sentido, unos comentarios de Pío Moa, en torno a este libro, aparecidos en la revista de Libertad Digital:

Cita:
Adiós, España”
Por Pío Moa
Así terminaba un famoso poema de Joan Maragall, y así, en inglés, rezan unas pegatinas que difunde el PNV. Llevan ya un siglo despidiéndose de España los nacionalistas periféricos, interminable despedida cuyas claves nos explica ahora Jesús Lainz en un voluminoso pero muy sustancioso libro del mismo título.
El libro de Lainz llega muy a tiempo y es de lectura obligada para quien quiera conocer unas pseudomitologías que no por absurdas dejan de tener influencia y fundamentar uno de los problemas más importantes, si no el más importante, en el futuro próximo de España. El detenido repaso de Lainz, sobre todo del nacionalismo vasco, aunque también del catalán y el gallego, nos hace ver hasta qué punto son esas ideologías un combinado de vanidad pueril y victimismo paranoico, amasado en una permanente falsificación histórica.

He aquí un ejemplo característico (pero los hay a centenares), que además, de tan repetido, ha llegado a ser aceptado por historiadores no nacionalistas: la frase domuit vascones (dominó a los vascones), atribuida por el PNV y ETA-Batasuna a los reyes godos. El clérigo nacionalista fray Bernardino de Estella afirma en su Historia Vasca, de 1931: “En las crónicas de los reyes visigodos se encuentra una frase constantemente repetida: Domuit vascones. Vencer a los vascos fue la idea que abrigaron todos los reyes visigodos. Pero la frase, siempre repetida hablando del mismo pueblo, indica claramente que jamás lograron dominar a las tribus vascas”. Muy lógico. En la misma idea insisten otros historiadores nacionalistas, como Martín de Ugalde. El cura Anastasio Arrinda insistía, en 1997: “Todos los cronicones de la vida de los reyes godos o visigodos terminan con esta frase lapidaria: Domuit vascones (…) señal de que nunca los subyugaron”. José Jon Imaz atacaba, en un artículo furioso: “No pongáis vuestras manos en la educación de nuestros hijos (…) Para historia nacional, ya tenemos la nuestra” Y se burlaba de “esa lista de reyes godos cuyas biografías terminaban siempre en el domuit vascones”. Y así sucesivamente.

Claro está que el lema altomedieval tiene, sobre todo, una aplicación a la política de hoy, y es invocado por los discípulos de Sabino Arana, terroristas o supuestamente moderados, como augurio de fracaso para “Madrid”. El vascómano useño Mark Kurlansky, en una Historia vasca del mundo muy vendida en Vascongadas, repite la expresión y concluye: “Todos los gobernantes de la Península hasta el actual Ejecutivo español han abrigado la misma intención: Hay que controlar a los vascos”. Anasagasti cultiva el lema: “El frentismo español diseña una vez más el domuit vascones.” Y tantos otros. “Recordémosles la historia de Rodrigo, el último rey visigodo, que por andar entretenido en dominar una vez más a los vascones perdió su reino y su vida. Para que aprendan”, concluyen los batasunos.

La idea tiene el doble componente del narcisismo (“nunca nos dominaron”) y del victimismo (“siempre han intentado subyugarnos”), y de ahí su cultivo incesante como alimento espiritual del odio. Y sin embargo nunca existieron esos cronicones de los reyes godos ni nunca escribió esas palabras Isidoro de Sevilla, a quien también se las atribuyen. Sólo una referencia posterior en siglos, y ceñida a Leovigildo, habla de que venció a “los feroces vascones”. Como resume Armando Besga, doctor de la universidad de Deusto, “aunque parezca increíble, lo cierto es que la dichosa expresión domuit vascones no aparece ni una sola vez en las fuentes de la época de los reinos germánicos, lo que demuestra cómo se ha hecho una parte de la historia de los vascones que, además, ha trascendido mucho”. Parece increíble, en efecto, que una falsedad tan grosera se haya repetido tanto y llegado a fundamentar toda una visión histórica y política actual. Pero tiene una función obvia: es la clase de historia con que los Imaz y compañía quieren embrutecer y fanatizar a “nuestros hijos”.

Otro ejemplo, espigado entre los cientos de ellos que nos ofrece Jesús Lainz: el ex lendacari Ardanza caracterizaba así a Ignacio de Loyola: “Uno de los grandes vascos singulares del siglo XVI que llevaron el nombre de Euzkadi a muchos lugares del mundo”. Evidentemente, el fundador de los jesuitas, que se consideraba español, no pudo llevar a ningún sitio un “Euzkadi”, que es una invención de finales del siglo XIX, a cargo del locoide Sabino Arana, y que además es un disparate en vascuence, pues reduce a los vascos al nivel de vegetales, al emplear el sufijo -di, parecido al castellano -eda en rosaleda, alameda, etc.

Sólo un enorme desprecio de fondo por los vascos a quienes dicen representar puede permitir a los nacionalistas tratar de engañarles con un fraude tan sistemático. Otro caso: “El visitante del Museo Naval de San Sebastián podrá comprobar cómo, en un museo dedicado a narrar los hechos de los marinos vascos en las edades Media y Moderna, es posible llenar paneles y paneles sin mencionar ni una sola vez la palabra España. De este modo se consigue que cuando se narran las acciones de un marino no se sepa qué causa defendía, en nombre de qué rey tomaba posesión de una tierra, o por qué y contra quién luchaba. Los hechos de los marinos y soldados vascos quedan así fuera del tiempo y del espacio”.

Y así, como digo, a centenares. El problema que se plantea es el de cómo esta sistemática maraña de trolas grotescas ha podido difundirse durante estos últimos veintitantos años sin encontrar una réplica tenaz que la desarbolase. Porque el hecho indudable es que en Vascongadas, como en Cataluña, la propaganda nacionalista más frenética y embrutecedora ha hecho estragos precisamente por no haber encontrado una crítica de igual intensidad. Peor aún: ha llegado a constituir el fondo de la enseñanza perpetrada oficialmente y con dinero público —es decir, sin que a los nacionalistas les cueste un duro— contra las nuevas generaciones. Sin duda la derecha tiene en eso una gravísima responsabilidad, sobre todo en Cataluña, donde la complacencia con el nacionalismo que llaman moderado ha llegado a una auténtica sumisión.

Bienvenidos libros como éste, que tanto ayudan a percibir el abismo de estupidez y rencor al que nos vienen empujando impunemente, desde hace años, unas ideologías absurdas. Libros que, es de esperar, actuarán como revulsivo para cambiar ese ambiente de ceguera voluntaria en que tanto tiempo hemos estado inmersos.
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Antonio Sánchez Martínez



Registrado: 26 Oct 2003
Mensajes: 339
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MensajePublicado: Sab Mar 27, 2004 5:22 pm    Título del mensaje: Enrique Moradiellos y el 11 M Responder citando

Os recomiendo la lectura del último artículo de Pío Moa en “La Revista” de Libertad Digital, que a continuación “pego” para quien quiera leerlo:

Cita:

70 aniversario del comienzo de la guerra civil
Por Pío Moa
¿Por qué la guerra empezó en octubre de 1934 y no en julio de 1936? Como es sabido, uno de los primeros en sostener, implícitamente, esa tesis fue Gerald Brenan, al calificar la insurrección izquierdista del 34 como “la primera batalla de la guerra civil”.
El hispanista inglés percibió cómo entonces se produjeron en escala reducida, y sobre todo en Asturias, los mismos fenómenos que a partir de julio del 36: persecución de la Iglesia, encarnizamiento en la lucha, crímenes de retaguardia, rivalidades entre las izquierdas, tensiones separatistas, etc. Sin embargo, el aserto en Brenan no pasaba de ser una intuición, clara y potente, pero no demostrada.

Según la opinión predominante hasta hace poco, la insurrección del 34 constituyó un precedente de la guerra, pero no el comienzo de ella. Otros señalan un precedente anterior en la “sanjurjada” de 1932. A mi juicio, debemos empezar por distinguir entre ambas. La rebelión de Sanjurjo no fue “de la derecha”, como asombrosamente siguen sosteniendo hoy historiadores que pasan por serios, sino de un sector mínimo de la derecha. No participó en ella el principal partido de la derecha, Acción Popular, eje de la posterior CEDA, ni figuras militares del relieve de Franco. Algunos autores han querido sospechar simpatías con el golpe por parte de Acción Popular, a la espera de cómo saliese la intentona, pero eso no pasa de juicio de intenciones sin base documental. En cambio, la insurrección del 34 la protagonizaron los dos mayores partidos de la izquierda, el PSOE y la Esquerra catalana, más otros menores, como el PCE, el embrión del POUM, o, en Asturias, los anarquistas. Y las izquierdas republicanas, que siguen pasando en algunas historias por moderadas, la apoyaron políticamente en declaraciones explícitas, aunque permanecieran luego pasivas, ante la mala marcha del movimiento. Algo muy parecido sucedió con el PNV.
Por tanto, la insurrección del 34 incluyó, de un modo u otro, a la izquierda en pleno, y no así la de Sanjurjo en relación con la derecha. Añádase que ésta costó diez muertos, casi todos entre los golpistas, sin comparación posible con los casi 1.400 causados por la del 34. Y otra diferencia crucial consiste en las intenciones de cada acción: el PSOE y, de hecho la Esquerra, planificaron su alzamiento como una guerra civil en toda regla, mientras que Sanjurjo pretendía el clásico golpe o pronunciamiento, rápido y poco sangriento.

Observemos de pasada que, contra una opinión muy extendida, la tradición de los pronunciamientos militares proviene de la izquierda, aunque en ocasiones la hayan imitado las derechas. Fueron en el siglo XIX los liberales “exaltados” o jacobinos quienes organizaron la gran mayoría de ellos, y cuando los republicanos se reunieron en 1930 en el Pacto de San Sebastián, pensaron enseguida en traer la república por medio del enésimo pronunciamiento.

Dado el abrumador predominio de la propaganda en la historiografía española sobre el pasado reciente, mucha gente muestra incredulidad sobre el designio guerracivilista del PSOE, pero se trata de un hecho indiscutible y abundantemente documentado. Desde muy pronto el PSOE chantajeó con la guerra civil, un poco como hace Maragall ahora, aunque nadie lo tomaba muy en serio. Así lo hizo cuando, tras aprobarse la Constitución, la derecha sugirió la disolución de las Cortes constituyentes —y por ello preconstitucionales—, para dar paso a un gobierno elegido según la nueva ley. Desde el verano de 1933, antes de salir del gobierno, el sector extremo y dominante del PSOE planteó la vía revolucionaria, multiplicando las incitaciones a la guerra civil, para horror de Besteiro. Y cuando, después de las elecciones de noviembre de ese año —ganadas por el centro derecha—, la línea insurreccional triunfó en el partido, proliferaron exhortaciones como éstas: "¡Estamos en pie de guerra! ¡Por la insurrección armada! ¡Todo el poder a los socialistas!"; "El proletariado marcha a la guerra civil con ánimo firme"; "La guerra civil está a punto de estallar sin que nada pueda ya detenerla"; "Uniformados, alineados en firme formación militar, en alto los puños, impacientes por apretar el fusil. Un poso de odio imposible de borrar sin una violencia ejemplar y decidida, sin una operación quirúrgica". Etc. Las instrucciones secretas para el alzamiento, que he publicado en Los orígenes de la guerra civil, especificaban que el mismo "tiene todos los caracteres de una guerra civil".

Este fervor guerracivilista choca hoy a muchas personas, también del PSOE, pero, como digo, salta a la vista a quien lea la prensa de la época y las instrucciones secretas. La razón de él era doble. La guerra debía abrir el paso a una emancipadora "dictadura del proletariado", que horrorizaba a Besteiro, y por otro lado los dirigentes del partido tenían la seguridad de ganar. Lo exponía Amaro del Rosal, uno de los organizadores del movimiento, en discusión con el besteirista Saborit: "Por encima de nuestra voluntad hay una situación objetivamente revolucionaria. Existe un espíritu revolucionario, existe un Ejército completamente desquiciado, hay una pequeña burguesía con incapacidad de gobernar, en descomposición. Tenemos un gobierno que es el de menor capacidad, el de menor fuerza moral, el de menor resistencia. Ahora todo está propicio".

Queda claramente documentada, por tanto, la decisión del PSOE —el partido más fuerte y mejor organizado, con mucho, de la izquierda— de organizar la guerra civil. Algunos críticos de mi libro han objetado que, con todo, la intentona de octubre fracasó y no dio lugar a una guerra real. Falsa objeción. En el conjunto del país los llamamientos bélicos apenas tuvieron eco entre los trabajadores, pero en Cataluña resultó casi milagroso el rápido éxito de los demócratas frente a la rebelión, largamente preparada, de los nacionalistas de izquierda; y en la cuenca minera asturiana la insurrección ocasionó dos semanas de operaciones plenamente militares por una y otra parte. El ejército peninsular, minado por la infiltración revolucionaria y por su impreparación, se mostró incapaz de reducir a los sublevados, y hubieron de intervenir las únicas fuerzas bien entrenadas, traídas de Marruecos.

Hubo guerra, por tanto, en 1934. Pero, ¿por qué decimos que no se trató de un simple precedente, sino del comienzo efectivo de la reanudada en 1936? Porque sus organizadores no se volvieron atrás de las ideas y planes que les habían llevado a levantarse contra un gobierno democrático. Después de octubre, todos ellos proclamaron el fallido alzamiento como una gloria y siguieron cultivando una propaganda guerracivilista. Hubo, con todo, una diferenciación entre quienes, como Prieto y Azaña, no tenían ganas de repetir la intentona, y quienes mantenían la decisión revolucionaria, como los socialistas de Largo Caballero o los comunistas, aparte de los anarquistas, siempre dispuestos a la acción. Unidos todos ellos en el Frente Popular (con la CNT apoyando desde fuera) ganaron las anormales elecciones de febrero de 1936, dando lugar a la siguiente situación: los revolucionarios provocaron una oleada de incendios, asesinatos y asaltos, impusieron la ley desde la calle e intensificaron la formación de milicias, creando un doble poder de hecho; la derecha se puso al lado y a disposición del gobierno azañista, constituido por los sectores menos extremistas de la izquierda, a fin de que éste frenase el proceso revolucionario; pero el gobierno se deslegitimó decisivamente al negarse a cumplir su obligación fundamental de respetar y hacer respetar la ley.

Llevada a tal extremo, la derecha, que ante el asalto izquierdista del 34 había defendido la ley y las libertades, terminó por alzarse a su vez, a la desesperada, en julio del 36, contra un proceso revolucionario que amenazaba con aplastarla y con desintegrar la nación. En sus planes no entraba una guerra civil, sino un golpe rápido en pocos días. Pero el golpe fracasó y derivó en una larga y cruenta contienda.

Existe, como vemos, una continuidad entre la insurrección del 34 y el levantamiento del 36. En rigor, este último fue la consecuencia directa de aquella, o más propiamente, del hecho de que los revolucionarios mantuvieran sus intenciones después de octubre. La guerra, pues, no estalló en julio del 36, sino que, simplemente, recomenzó.

Este setenta aniversario puede y debe ser la ocasión de aclarar al público en general unos sucesos históricos cuyos ecos no se han extinguido hasta el presente, y cuya falsificación nos sigue condicionando, y no para nuestro bien precisamente.




También son muy recomendables dos artículos más publicados en las páginas de Libertad Digital. El primero es un artículo de Pío Moa (“Las predicciones de Moradiellos” en http://www.libertaddigital.com/./opiniones/opi_desa_17911.html) sobre unas alusiones hechas por Moradiellos respecto al autor vigués con muy poca “lealtad” y honestidad. Transcribo también dicho artículo:

Cita:

Pío Moa
El año pasado el profesor Moradiellos, historiador en la línea de Preston, comenzó la crítica de mis tesis en la Revista de libros y en el El Catoblepas, únicas publicaciones que hasta ahora han aceptado un principio de discusión libre (existe una auténtica censura o autocensura al respecto, impropia de una democracia). Planteó su crítica correctamente, y parecía prometer un debate de alguna altura, cosa difícil en España, por lo visto. El señor Moradiellos se centraba en su especialidad –la intervención internacional en la guerra de España–, apelando a otros especialistas a completar la demolición de mis tesis. Quien quiera leer la polémica sacará conclusiones bastante claras sobre el carácter de las intervenciones soviética e italogermana en la guerra española. Por desgracia, la honrada exhortación del profesor a otros colegas de izquierda para que siguieran su ejemplo, ha sido desoída. Esa sordera voluntaria tiene que ver, sospecho, con el dato de que Moradiellos ha quedado muy lejos de rebatir mis interpretaciones, mientras que las suyas han salido seriamente tocadas de la polémica.

No cabe duda, como ya señalé en otra ocasión, de que este profesor ha demostrado una honestidad intelectual muy por encima de la común en el gremio de historiadores de izquierda –muy bien retratado en un reciente trabajo de Stanley Payne–, incapaces de apartarse del panfleto y de la incansable repetición de los tópicos propagandísticos stalinianos, presentados como democráticos. Pero no aprecio tanta honestidad en una comunicación suya, citada en un reciente artículo del profesor Antonio Feros en el New York Times sobre la incidencia de la guerra civil en la actualidad política española. Dice Moradiellos al día siguiente de las pasadas elecciones: “Predigo que pronto los comentaristas conservadores dirán que los resultados de ayer son similares a los de febrero de 1936, que, de acuerdo con Moa y otros historiadores conservadores, fueron robadas por el Frente Popular y marcaron el comienzo de la senda hacia la revolución y la disolución de la integridad nacional”. Y eso, asegura él, es lo que ha sucedido.

No ha podido suceder porque, para empezar, yo nunca he afirmado que las elecciones del 36 comenzaran el proceso revolucionario y de desintegración nacional. Éste ya se había manifestado con plena fuerza en octubre de 1934, y con la voluntad explícita de promover la guerra civil. Las elecciones del 36 fueron un nuevo y decisivo paso en ese camino, al dar el triunfo a quienes en 1934 se habían levantado contra un gobierno legítimo y democrático. Sin el 34 no se entiende el 36.
Y ni la derecha en general, ni yo, personalmente, hemos dicho que las elecciones del 36 fueran un robo, sino que sus numerosas anomalías y violencias volvieron su legitimidad muy dudosa. Aun así, la derecha se situó entonces detrás de Azaña, esperando que éste cumpliera sus promesas iniciales y frenase el proceso revolucionario. Pero Azaña obró exactamente al revés. La revolución avanzó, se impuso la ley desde la calle, se implantó un doble poder de hecho, los asesinatos e incendios se volvieron “normales”, y la dudosa legitimidad del gobierno acabó de hundirse al negarse a aplicar la ley y detener la marejada de violencias. Vale la pena comparar el golpe izquierdista del 34 con el derechista de julio del 36. En el primero, la derecha en el poder no cedió a la tentación de replicar con un contragolpe, sino que defendió la Constitución y las libertades. En el segundo, la izquierda en el poder replicó armando a las masas, y abriendo paso definitivamente a una revolución que no había sabido ni querido refrenar previamente.

Seguramente todos los comentaristas “conservadores” (Moradiellos debe presumir de radical) observan las semejanzas, pero también las diferencias entre 2004 y 1936, porque muchas de ellas son obvias. Por señalar algunas, en 1936 la derecha era moderada en su mayoría, y ahora también. La izquierda era muy extremista, y ahora sólo bastante extremista; era en gran parte revolucionaria, y ahora apenas lo es. Entonces el peligro fundamental era el revolucionario, ahora es el separatista. Entonces la violencia interna era mucho más intensa que ahora, y no había ataques del exterior; ahora, el atentado último, al parecer islamista, ha introducido una nueva dimensión externa, que explota e incide muy peligrosamente sobre las tensiones internas. La falta de respeto a la ley y a las normas democráticas por parte de la izquierda se ha repetido en las dos elecciones, pero ahora con rasgos menos brutales. Rasgos denunciables, desde luego, pero sin duda más soportables, por el momento.

Ningún comentarista “conservador”, creo, piensa en un peligro de guerra interna ni de golpe de estado, al menos a corto plazo. Hay, en cambio, la sensación de que toca a su fin la pasable tranquilidad con que, salvo en Vascongadas, hemos vivido en el último cuarto de siglo. La sociedad española no desea percatarse de que se halla ante muy serios desafíos, y ha dado el poder a unos políticos vanos y necios, cuyas capacidades para afrontar los retos nos parecen irrisorias a muchos comentaristas. Ojalá nos equivoquemos.
Concluye Moradiellos: “El uso de la guerra civil para interpretar el presente es muy peligroso, y temo que si continuamos haciéndolo podríamos provocar una radicalización política, con frutos indeseados”. Estas frases revelan algo de hipocresía. Quienes año tras año han utilizado la guerra civil para sembrar crispación y odio han sido las izquierdas, y lo siguen siendo. ¿Quiénes, previamente a estas elecciones, han resucitado sin tregua los viejos fantasmas, hablando de la represión franquista y olvidando la contraria? ¿Quiénes han vuelto a emplear la consigna del “no pasarán”, han amenazado con montar “un drama”, o volver al 36? ¿Quiénes han empleado el lenguaje guerracivilista de “asesinos” contra los que han defendido a la sociedad de los verdaderos asesinos –casualmente de izquierdas también–, o han pactado, unos directamente, otro indirectamente, con los terroristas? ¿Cómo puede ponerse en el mismo plano a una derecha que planteó las elecciones con el “perfil” más bajo posible, con la máxima moderación, creyendo, erróneamente, que el radicalismo y la demagogia hundirían a sus contrarios?

Y, volviendo al terreno académico, Moradiellos encubre con su argumento su renuncia a sostener un debate racional sobre la guerra civil; llama a silenciarlo, no vaya a tener “resultados indeseables”. Pero la única forma de evitar que “los muertos maten a los vivos”, de evitar el empleo de argumentos guerracivilistas en la política actual, consiste en esclarecer la verdad de aquella contienda, situándola en el plano intelectual que le corresponde 70 años después. Renunciar a ello significa, precisamente, lo que Moradiellos dice temer.




Como vemos, Moradiellos pretende hacer creer a la opinión estadounidense que en España es la derecha la que está tratando de hocicar en el pasado con intereses políticos presentes. Pero nosotros pensamos que, en todo caso, es la Izquierda la que ha levantado la veda en este terreno, como reconoce Gustavo Bueno en El Catoblepas 24. La izquierda se ha visto en la necesidad de “recuperar la memoria histórica” cuando las circunstancias políticas eran poco favorables para su recuperación del Gobierno. Además, como hemos comentado en la polémica sobre estos asuntos, la visión de la guerra civil que tiene la progresía es una de las posibles, ni mucho menos es “objetiva”, ni “neutral”. Pío Moa se niega a que nos sigan engañando con la versión que se empezó a imponer estando aún vivo Franco. Además, es sintomático que a este autor se le tache de “asesino”, “terrorista”, etc., para censurarle, para evitar entrar en el contenido de sus tesis. Sin embargo a terroristas que también son “izquierdistas”, como los de ETA, que también se opusieron al régimen de Franco, sin embargo se les mira con mimo, incluso se les perdonan sus crímenes actuales. La razón es clara: a ETA se la sigue viendo (más aún hoy día, tras las entrevistas con Carod Pérez Rovira y tras el 11 M) como allegada al bando de los progres, enfrentada a la “reacción españolista”, al “fascismo”, etc. (en su mismo “bando”). Se intenta hacer ver en ETA a un grupo con el que se puede dialogar. Más aún, se dice que es el PP el que no quiere “dialogar” con nadie, y que la pobre ETA ha matado por culpa de esa falta de cortesía de los españolistas, que no acaban de asumir, al menos en este caso, que “hablando se entiende la gente”. De esta forma se intenta presentar al PP como el único partido “antidemocrático”. De hecho incluso algunos de sus dirigentes han caído en esta trampa dialéctica. Pero sobre cuestiones de “secesión” no cabe diálogo posible, aunque se “camuflen” detrás de un democraticismo metafísico o de un federalismo republicano. ETA no ha rectificado como lo hizo Moa (que también fue antifranquista, aunque internacionalista), y esto es lo que no se perdona al historiador gallego, que hoy día se muestra como enemigo de la interpretación progresista de España.
Por otra parte, como dice Moa, nadie cuestiona los resultados de las elecciones de 1936, sino la situación de “guerra fría” que la rodeaba. Una guerra que comenzó en 1934 cuando las divergencias objetivas entre los bandos enfrentados llegaron a un “punto crítico”. Las elecciones que sí que se han cuestionado son las de 1931, a pesar de que algunos no quieran reconocerlo o lo oculten.

El segundo artículo es de Cristina Losada (http://www.libertaddigital.com/./opiniones/opi_desa_17996.html), que trata sobre este mismo asunto, y que también transcribo:


Cita:

Artículo en NYT
El poso de la Guerra
Cristina Losada
¿Resuena en España algún eco de la guerra civil? En la prensa extranjera se han publicado estos días varios artículos que tratan esa cuestión, a tenor de lo ocurrido entre el 11-M y el 14-M. Uno de los primeros que la abordó fue el historiador Antonio Feros, en un excelente artículo sobre la influencia de la memoria de la guerra civil en la política española ("Civil war still haunts Spanish politics", New York Times, 20-03-04). El profesor Feros ofrecía una base argumental para entender por qué un conflicto ocurrido hace casi setenta años sigue siendo “punto de referencia” en nuestra política, y presentaba distintas opiniones tanto sobre ese aspecto como sobre la interpretación de la guerra, que existen en España.

Pese a que la mayoría de los españoles ha consignado la guerra al pasado, y lo hizo antes ya de que llegara la democracia, “lo del 36” no ha dejado de estar presente en nuestro teatro político. Es comprensible que un suceso traumático como aquel deje un poso en la vida política de un país, y no se puede descartar que el poso vuelva a enturbiar las aguas. En la medida en que la guerra se instale, no como suceso histórico a analizar y debatir desde la perspectiva de que pertenece al pasado, sino como arma del combate político presente, aumentará la probabilidad de que así sea.
Desde la Transición, ha sido la izquierda la más interesada en mantener a la guerra civil “operativa” en el escenario político. Lógicamente, puesto que extrae de su interpretación de lo sucedido, tanto legitimidad para ella misma como deslegitimación para la derecha. El profesor Feros recogía este punto de vista citando un artículo mío (“Por qué mis amigos no quieren revisar sus ideas sobre la guerra civil”, La Ilustración Liberal nº 17).

Pero también señalaba yo allí otra ventaja más coyuntural que le reporta a la izquierda su versión de la guerra, y que explica, en parte, el “desentierro” de los últimos años: le permite “sanar” el daño provocado por su larga estancia en el poder. Los abusos cometidos por el PSOE en sus trece años de gobierno fracturaron la confianza en él; darle nuevo lustre y publicidad al pasado glorioso y mítico de la izquierda era un modo de recuperar prestigio, y de reagrupar a su base social.

Los profesores Santos Juliá y Paloma Aguilar indicaron a Fores que si bien el PSOE vinculó al PP al franquismo -y con ello al bando que “aplastó la democracia”- en las campañas electorales de 1993 y 1996, no lo hizo en la del 2000. Pero si no agitó tanto el fantasma del doberman y la derechona, no fue porque lo enterrara definitivamente, sino porque en el 2000 ya había gobernado durante cuatro años la derecha y no había pasado nada de lo que había hecho temer la propaganda de la izquierda: el tema ya no era útil. Pero lo sería poco después.

Fue bajo el primer gobierno del PP cuando empezó a tomar fuerza un movimiento por la “recuperación de la memoria histórica”, que promovía actividades como la excavación de fosas, que bien podían haberse realizado mucho antes. También fue cobrando vigor la tesis de que la Transición había sido “amnésica” y que era hora de “hacer justicia”, cosa que sorprendía que no se hubiera hecho ya. Y fue en el 2003, a las dos décadas de finiquitado el franquismo, cuando se plantea en las Cortes una condena de sus crímenes, y se organiza un Congreso de víctimas. No es de extrañar que uno de los asistentes declarara: “Parece increíble que haya habido que esperar 25 años”. No lo parecía, lo era.

La revitalización del tema de la guerra civil durante los últimos años adquiere sentido, en mi opinión, si se interpreta como parte de una estrategia para la recuperación del poder por el PSOE. Ante la dificultad de hincarle el diente a la labor de gobierno del PP, la dirección socialista opta por convertirlo en bestia negra. A la creación del monstruo contribuye vincularlo al bando que “asesinó a García Lorca” e identificarlo con la “derecha genéticamente antidemocrática”, o “fascista y asesina”, de toda la vida. Es por ello que la guerra civil regresa al primer plano de la escena.

El PSOE, junto con otros partidos de izquierda y los nacionalistas periféricos, apostó por exacerbar la polarización, dividiendo el campo entre unos “buenos” y “malos”, que corresponden a los viejos bandos de la guerra. De momento, eso ha permitido que minorías agresivas –hasta ahora, sólo de izquierdas- puedan marcar el clima político e influir en la situación, como con el insólito acoso a las sedes del PP el día antes de las elecciones.

El profesor Enrique Moradiellos, según recogía Fores en su artículo, advertía que “el uso de la guerra civil para interpretar el presente es muy peligroso”. En mi opinión, el peligro radica en que se convierta en arma política, que es lo que da pie a que se introduzca en el análisis. En manos de los partidos que la usan está que se entierre definitivamente el hacha de la guerra.
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Felipe Giménez Pérez



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MensajePublicado: Sab Abr 10, 2004 9:36 pm    Título del mensaje: El 14 de abril Responder citando

Estimados contertulios: Parece lo suficientemente probado que la Segunda República Española fue un régimen en el que las libertades públicas estaban bastante recortadas y que por su carácter sectario llevó a España a la guerra civil. Lo terrible es que el 14 de abril de 2004 haya muchos sedicentes progresistas que celebren tan infausto acontecimiento: un régimen político que se implanta como resultado de un golpe de Estado derivado del resultado de unas elecciones municipales. Han transcurrido 73 años y todavía se hace política en España con la Segunda República considerándola como un régimen político maravilloso. Creo que España no cambia ni avanza. Hace tiempo que deberían ser dejadas de lado estas supercherías. El régimen de 1978 nada tiene que ver con el de 1931. El franquismo eliminó a los republicanos y así fue posible la democracia de 1978. Sin embargo, hoy en 2004, parece que el PSOE y sus aliados planean un cambio de régimen. Algunas veces creo que esta situación actual guarda asombrosas analogías con la del año 1934. Atentamente,
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Íñigo Ongay de Felipe



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MensajePublicado: Jue Abr 22, 2004 5:25 pm    Título del mensaje: Responder citando

A vueltas con el tema de la manipulación ideológica que campa a sus anchas en el terreno de la "basura historiográfica" elaborada por tantos y tantos pseudohistoriadores, resulta particularmente recomendable la lectura del último artículo publicado por don Pío Moa, en Libertad Digital, lo reproduzco en lo que sigue:


Cita:
Historia y propaganda
Las palabras y los hechos
Pío Moa

Mientras investigaba sobre la Guerra Civil me asombraba el cúmulo de falsedades que han pasado en estos años por historiografía seria. En casi cualquier tema que abordase, la mentira, a veces realmente grosera, estaba presente en un grado escandaloso. Con frecuencia era innecesario descender a los hechos para descubrirla, bastaba aplicar un poco de lógica para notar la imposibilidad de muchas afirmaciones. Así en casos como los de Reig Tapia o Blanco Escolá. ¿A qué obedecía esta constante mixtificación? No cabe pensar que tantos estudiosos fueran mentirosos compulsivos. Las causas son menos personales. En primer lugar, los historiadores marxistas, empezando por Tuñón de Lara, creen su deber tomar partido ante la lucha de clases que, en su irreflexiva opinión, ha marcado y explica la historia. Y ese “compromiso” con lo que ellos llaman el proletariado les conduce fatalmente a desvirtuar por sistema los hechos. Para ellos, la historiografía se reduce a propaganda.

Pero topamos con el mismo problema en estudiosos no marxistas, en Juliá o Tusell, por poner dos casos típicos. En parte ello obedece al enorme y aún persistente influjo del marxismo en las disciplinas académicas desde los años 60. Tusell, por ejemplo, siendo más bien democristiano, siente por Tuñón, padre del marxismo cañí, una admiración beata. E influye el prurito de pasar por progresista o antifranquista. Esto pesa mucho en el ánimo de bastantes funcionarios de la universidad, donde la presión “progre” en estos años se ha vuelto asfixiante, y peligroso desafiarla para la promoción profesional. Para los progres un libro de historia no es ante todo más o menos verídico o falaz, sino franquista o antifranquista, reaccionario o progresista. De ahí que autores clave como los hermanos Salas, Martínez Bande o Bolloten sean preteridos, no digamos ya Ricardo de la Cierva, atacado con saña por quienes tan inferiores le son. Con el enfoque progre, el arduo problema de la verdad histórica se esfuma, y todo se reduce a emplear las etiquetas adecuadas. He ahí una causa de la mediocridad intelectual de la universidad española, denunciada hace poco por Stanley Payne.

Falsear la historia de modo tan sistemático exige método. En gran medida éste consiste en sustituir los hechos por las palabras. Toda persona cae en contradicciones, y todo político sabe decir frases biensonantes (es parte de la profesión). El historiador debe distinguir qué palabras son relevantes, cosa a menudo difícil. Azaña, por ejemplo, tiene frases humanitarias y sectarias, liberales y antiliberales, a favor y en contra de la democracia. Basta, por tanto, seleccionar las de sentido humanitario y democrático para crear una leyenda; y, sus enemigos pueden realizar la operación contraria para crear una impresión desfavorable, pero igualmente falsa o incompleta. La cuestión sólo puede resolverse atendiendo a los hechos. La actitud de Azaña ante la quema de conventos y bibliotecas fue un hecho, acompañado de una frase célebre. Con la Ley de Defensa de la República cerró más periódicos que nunca antes, hizo detener sin acusación a cientos de personas y practicó una serie de arbitrariedades culminadas en la matanza de Casas Viejas. Relacionar palabras y hechos puede parecer una obviedad, debiera serlo, pero no lo es. Los panegiristas de Azaña no suelen hacerlo, u olvidan simplemente los hechos, o los minusvaloran. Naturalmente, la historia resultante no puede ser muy seria, y basta hundir el aguijón crítico para percibir la flojera de tantos y tantos estudios.

Estas reflexiones me vienen a la cabeza por una reciente entrevista a Paul Preston en El País, con motivo de un libro que prepara… ¡para el otoño del año próximo! Sirva de ejemplo de cómo hace la izquierda sus campañas, sin complejo alguno: un año y medio antes ya empieza a publicitar y poner en candelero un libro que le conviene. Yo estoy teniendo dificultades para convencer a mucha gente de prestar atención al 70 aniversario de la guerra civil, que se cumple este año. La derecha suele ser así de obtusa y pasiva.

El nuevo libro de Preston será… como todos los suyos, es decir, un cúmulo de desvirtuaciones. Podría parecer injusta o apresurada esta opinión, pero la entrevista no puede resultar más reveladora. Dice el autor: “el capitán Gonzalo de Aguilera, otro oficial del Ejército de Franco, que era el enlace entre las columnas y la prensa extranjera, afirmaba que en el siglo XIX la gente de bien había cometido el error de promover la higiene y las alcantarillas, alejando así el fantasma de la peste, que antes de eso, por voluntad de Dios, se ocupaba de diezmar los barrios obreros. Ésa era la razón, según él, por la cual los militares debían encargarse de esa depuración. Una anécdota así cuenta más que cualquier estadística”. ¿De veras? Para un propagandista tales palabras constituyen una verdadera joya, y le importará poco si fueron pronunciadas como una broma o una boutade. Pero un historiador sólo puede encontrarlas relevantes si se traducen en hechos: si el régimen de Franco hubiera destruido las alcantarillas y propiciado la suciedad pública. Sin embargo sabemos que hizo exactamente lo contrario. ¿Cómo lo sabemos? Por los índices de mortalidad. En la zona nacional, durante la guerra, la sobremortalidad por enfermedades fue incomparablemente menor que en la zona izquierdista. Y después de la guerra, a pesar de las difíciles condiciones materiales, la mortalidad continuó bajando, y muy señaladamente la infantil, con un descenso más rápido que en cualquier período anterior. Así pues, y contra la opinión del propagandista Preston, un historiador debe dar más valor a los hechos y a las estadísticas que a las frases, y relacionar unas con otros constantemente. Debiera ser obvio, ya lo he dicho, pero está claro que no lo es.

Otra idea de propagandista y no de historiador: “Sadam Husein admiraba muchísimo a Franco (…) La represión y la crueldad también los asemejan. Las fosas comunes halladas en Irak no difieren mucho de las que se están encontrando en España”. ¿Admiraba Sadam a Franco? Tal vez, pero en los hechos Sadam se relacionó especialmente con la URSS, lo cual jamás hizo ni habría hecho Franco. Y, a la inversa, quienes más sintieron el derrocamiento de Sadam y le apoyaron directa o indirectamente, o disimularon sus crímenes o dieron mayor énfasis a la supuesta mortandad causada por Usa, fueron países como Francia y, en general, la opinión internacional de izquierdas, cosa que nunca habrían hecho con Franco. Por otra parte, Sadam perpetró grandes matanzas hasta casi su último día, y Franco sólo fusiló a gran número de personas a raíz de una guerra en que sus enemigos habían hecho lo mismo, o en mayor escala. La afirmación de que las fosas comunes de Irak, con miles y miles de personas asesinadas, incluyendo niños y mujeres, se parecen a las de Franco, no pasa de pura palabrería. Los grupos dedicados a abrir fosas en España, en cuatro años de trabajo intenso sólo han encontrado 200 cadáveres en decenas de fosas, muchos de ellos víctimas, con toda probabilidad, no de fusilamientos, sino de combates (Los desenterradores no suelen distinguir, como no suelen hacerlo entre los inocentes y los culpables de graves crímenes fusilados después de la guerra).

Asegura Preston que las víctimas de la represión franquista ascienden a unas 100.000, e intenta desenterrar los odios, cultivando artificialmente el horror: “Si consideramos el horror mundial que hubo, por ejemplo, ante los crímenes de Pinochet, que ocasionaron entre 3.000 y 4.000 muertos, la diferencia es abismal”. Los estudios más solventes revelan que el número de fusilados por los franquistas está en torno a 60.000, contra otros tantos o algunos más por sus contrarios. Y, cierto, los 3.000 ó 4.000 muertos de Pinochet causaron más horror, seguramente, que los dos millones de Pol Pot o las decenas y decenas de miles de Sadam y de tantos otros tiranos “progresistas”. Lo cual sólo demuestra que la propaganda de los Preston y compañía ha sido mucho más eficaz que la contraria. Y que ha destruido y sigue destruyendo en buena parte la verdad histórica.
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J.M. Rodríguez Pardo



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MensajePublicado: Sab May 01, 2004 12:32 am    Título del mensaje: Alberto Reig Tapia, un maestro de la mentira y la calumnia Responder citando

Estimados amigos:

De forma casual he encontrado en internet un artículo de Alberto Reig Tapia, profesor [SIC] de Ciencia Política en la Universidad “Rovira i Virgili” de Tarragona. Se trata de la respuesta a un comentario realizado en un foro por Rafael Múgica. Al parece Múgica citó como muestra de la incapacidad de la historiografía universitaria el debate sostenido en El Catoblepas con Enrique Moradiellos y Pío Moa, entre otros. Este artículo no merecería mayor comentario, pues dice que los libros de Pío Moa son una vulgar copia de los publicados en su día por Joaquín Arrarás, como aquí señalamos

Respuesta al comentario 82 sobre Historia de la guerra civil española de Rafael Múgica de 24 de febrero.

Alberto Reig Tapia

MAS “GUERRITA”


Alberto Reig Tapia escribió:
[...]“Los mitos de la Guerra Civil” a lo largo de cuyas voluminosas páginas no se acompaña el aparato crítico inexcusable en una pretendida obra historiográfica. “Ni una” sola cita de las escasísimas notas con que trata de apoyar sus apolillados argumentos tiene la menor relevancia historiográfica. ¿Desde cuándo pueden ser tomadas en la menor consideración citas indirectas o fuentes secundarias para una pretendida “reinterpretación” de supuestos temas controvertidos? Digo lo de “apolillados” porque don Pío no agrega nada nuevo a la mejor propaganda franquista de sus corifeos más destacados a lo Joaquín Arrarás de hace 60 años. Si al menos fuera capaz de añadir algún nuevo insulto a la inteligencia dentro de la abundante y tediosa hagiografía de entonces, la cosa podría tener su morbo.


Ciertamente, quien comienza descalificando de forma tan grosera (cualquier lector de Los mitos de la guerra civil habrá podido leer que Moa señala que Arrarás es autor sectario, con lo que difícilmente podría ser éste su modelo historiográfico), no merecería comentario alguno, pero ya que ha tenido la oportunidad de citar la revista El Catoblepas, merece la pena detenernos sobre sus argumentos [?¿?¿?], para conocer el alcance de los que imparten lecciones universitarias, así como su predisposición al debate.

Alberto Reig Tapia escribió:
Insiste con inconsciente audacia y torpe actitud (como el que se agita en un pantano de heces movedizas) en “la larga lista de improperios, adobada con alguna que otra mentira señalada”, exigencias de “censura” e “impotencia intelectual” para, a continuación, decir que al señor Moradiellos “le dieron dialécticamente para el pelo y se retiró, por usar otro símil coloquial, con el rabo entre las piernas”. Por la boca muere el pez. Le traiciona el subconsciente a nuestro brillante ateneísta. Improperios, mentiras, censuras, impotencias intelectuales”... ¡Oh-lá-lá! Como se ha visto fehacientemente, las suyas, y nada más que las suyas. Pura impotencia intelectual. La huera retórica habitual. Mera frustración y resentimiento de quien quiere pero no puede. “La diferencia entre querer ser y creer que ya se es, es la que va de lo trágico a lo cómico”, dijo sabiamente Ortega. El señor Moradiellos sencillamente comprendió la inutilidad absoluta de tratar de llevar a la lógica de la razón, y convencer sobre la base de la carga de la prueba y la evidencia empírica, como profesional de la historia que es, a meros pseudofilófos virtuales ociosos, demasiado ocupados en la metafísica de su propio ombligo como para hallar tiempo en hacer auténtica investigación histórica.


Como vemos, Reig Tapia toma partido por la metodología de Moradiellos, presuntamente empirista y descriptiva, pero que fue desenmascarada como una simple recolección de citas al azar, para intentar demostrar tesis que no se sostenían. Nadie negó la importancia de los datos en historiografía, pero lo que se probó en la polémica (Moradiellos fue incapaz de refutarnos una sola línea), desde diversas posturas, fue que tales datos no sirven para nada si no se acompañan de una teoría (historiografía) concreta que permita su interpretación. Desde luego que intentar probar que Pío Moa se equivoca en sus tesis por medio de «evidencias empíricas» que nada tienen que ver con la trilogía del autor vigués, ni con Los mitos..., como intentó realizar Moradiellos, no puede ser sino considerado como falacia. Respecto a la acusación de «pseudofilósofos virtuales ociosos» con la que nos obsequia el tal Reig Tapia, debería aplicársela a sí mismo, pues no hace falta ser muy aplicado para verter estas descalificaciones sin demostración alguna. Al menos, que realice referencias concretas o no podrá ser considerado más que una mera descalificación.

Alberto Reig Tapia escribió:
Remite este nuevo corifeo al señor Quiles a la revista virtual “El Catoblepas” como si esta fuera fuente de toda luz y verdad historiográfica. Señor, señor... ¿Así que la tal revista ha “consagrado” a don Pío como el potencialmente merecido próximo premio Nacional de Historia, de ensayo, de literatura o de la crítica? Bien. ¿Qué es lo que hallamos en tan “apetitosas” paginas virtuales?, pues hallamos, dada la libertad absoluta existente de “publicación” y sin límite de espacio que tan audazmente practica la mentada revista (“qué error, qué inmenso error”), el sumidero intelectualoide de pretendidos autores que no disponen de otro lugar donde colocarnos sus irrelevantes “ladrillos”, tan inacabables como hueros, reproduciendo largos textos de sus “enemigos” como si por ellos mismos pudiera deducirse cosa distinta que la solvencia de quienes pretenden descalificar y la irrelevancia de su inútil glosa.


Aquí Reig Tapia no tiene tapujos en quejarse de que se permita la «libertad de expresión» en la revista El Catoblepas, pues al parecer da pábulo a que se convierta en una suerte de «sumidero intelectualoide de pretendidos autores que no disponen de otro lugar donde colocarnos sus irrelevantes “ladrillos”, tan inacabables como hueros». Yo ciertamente dispongo de más lugares donde colocar mis escritos, para información de tan nefando personaje. Pero considero que, mejor que en ningún sitiio, se encuentran en El Catoblepas, pues en esta revista pueden leerlos más personas, sin sectarismos de por medio. Pueden leer sobre la polémica personas que simplemente entiendan el español y que dispongan de conexión a internet, lo que puede elevar el número de consultas a millones. ¿Cuántos ejemplares vende de sus libros Reig Tapia? ¿No existirá cierta envidia en este impostor universitario frente a quienes intentan polemizar sin ser académicos?

Pues bien, al menos en El Catoblepas se permitió que existiera un debate, cosa que autores de quinta fila ensoberbecidos por poseer una cátedra universitaria (como si eso garantizase algo en una institución tan decadente y putrefacta como la universitaria), como este tal Reig Tapia, ni se molestan en permitir. De hecho, autores tan prolíficos como este podrían haber ayudado a Moradiellos a defenderse de estas acusaciones que considera tan hueras. Sin duda que, de ser tan endebles nuestras argumentaciones, Reig Tapia no tendría ningún problema en destrozarlas por medio de una réplica (de hecho, la polémica aún no está cerrada, la pelota se encuentra en el tejado de Moradiellos, si desea replicar). Pero vemos que no hay valor. Es muy fácil vivir en el ocioso mundo universitario, pero bajar a la arena y debatir supone tener un mínimo de decencia. De eso no hay en la Universidad de Tarragona.

Además, en ningún momento hemos pretendido desde El Catoblepas agotar la temática de Filosofía de la Historia, y no de la historiografía (al menos por mi parte), en la polémica, ni consagrar a Pío Moa como el autor oficial de nadie. De hecho, yo al menos realizo algunas críticas sobre ciertos enfoques que utiliza Pío Moa, lo que implica que no busco elevar a las alturas a nadie como si tuviera la verdad absoluta, cosa que sí intenta Reig Tapia con su tono ensoberbecido e irrespetuoso con sus amados Preston, Moradiellos, etc.

Alberto Reig Tapia escribió:
¿Pero es que se creen que a estas alturas del curso nos chupamos el dedo? Denuncian escandalizados la permanente tergiversación de todos los historiadores profesionales de prestigio acreditado y reconocida obra historiográfica. Frente a tales tipos se encuentran “ellos” los nuevos cruzados de La Verdad. Los historiadores se hallarían en su totalidad atrincherados en su “cerrazón ideológica” no produciendo otra cosa que “basura historiográfica” (en su estupidez mental no se dan cuenta que son términos excluyentes). Su lista de insolventes no excluye a nadie (Paul Preston, Edward Malefakis, Julio Aróstegui, Javier Tusell, Santos Juliá, Enrique Moradiellos, Gabriel Cardona..., etc., etc). Y, ¿quiénes son estos nuevos reputados historiadores que sagazmente denuncian a toda -sí, toda- la historiografía contemporaneísta española..., pues unos prestigiosos “filósofos”..., sí, han leído ustedes bien (lo de prestigiosos -confieso- va con retintín), tan consagrados como Sanchez Martínez y Rodríguez Pardo(¿!), es decir los avispados investigadores Dupont & Dupont de Tintín. Eso sí, apelando de vez en cuando para sus escarceos dialécticos a la autoridad filosófica de don Gustavo Bueno, autoridad que ni se me ocurre discutir un solo momento y cuya obra sobre “el cierre categorial”, según los expertos, (no me refiero claro está a los Dupont-Dupont) es una de las pocas aportaciones españolas relevantes a la Filosofía moderna... Pero, ¿qué tiene que ver todo esto con la solvencia profesional de los mentados “filósofos” y la de Pío Moa? Nada, claro. Estos destacados “pensadores” son unos auténticos aprendices de la sofística más pedestre. Mucha ontología, gnoseología, heurística, teoreticismo, ortogramas y nematologías varias y variopintas (de nuevo, perdón) con la vana pretensión de desmontar la ausencia total de base empírica inherentes al historiador y que, en realidad, no logran encubrir con su jerga ridícula, o mejor dicho con su fatua jerigonza, sus extravagantes pretensiones “teóricas”.


Como vemos, intenta Reig Tapia tergiversar los contenidos de la polémica, diciendo que hemos despreciado a Preston y compañía. Sin embargo, yo me serví para escribir mi artículo «La historiografía universitaria y El mito de la izquierda» de las siguientes obras históricas, que sólo un necio consideraría escritas por autores de segunda fila:

-Gabriel Jackson, La República española y la guerra civil. Grijalbo, Barcelona 1976.

-P. Preston, La destrucción de la democracia en España. Grijalbo, Barcelona 2001.

-P. Preston, Las tres Españas del 36. Plaza y Janés, Barcelona 1998.

-Ignacio Iglesias (fundador del POUM, Partido Obrero de Unificación Marxista, liderado por Andrés Nin), León Trotsqui y España. Júcar, Gijón 1987.

-E. H. Carr, El ocaso de la Comintern. Alianza, Madrid 1986.

-E. H. Carr, La Comintern y la guerra civil española. Alianza, Madrid 1986.

-Ricardo de la Cierva, Brigadas Internacionales 1936-1996. La verdadera historia. Mentira histórica y error de estado. Fénix, Madrid 1997.

- Enrique Moradiellos, «La Segunda República y el Maniqueísmo Histórico. Comentario a Pío Moa, El derrumbe de la Segunda República y la guerra civil.», reseña publicada en el Centro de Estudios Republicanos.

- Manuel Tuñón de Lara, Historia de España, Tomo IX: «La crisis del estado: dictadura, república, guerra (1923-1939)». Labor, 1983.

Si realmente yo despreciara a todos los autores que han dicho algo sobre la guerra civil española, entonces lo diría directamente. Pero lo cierto es que de la boca de Antonio Sánchez, Pío Moa, Iñigo Ongay o mía jamás se dijo que alguno de los autores criticados fuera insolvente o que su obra no sirviera para nada, así sin más, como pretende hacer creer Reig Tapia. Sin embargo, Moradiellos sí dijo que el británico Burnett Bolloten, que ha dedicado cuarenta años al estudio de la guerra civil española, era insolvente por ser «anarquista» y «anticomunista» [sic], aparte de despreciar a Carlos Seco Serrano y otros autores abiertamente en otras reseñas.

Respecto al aprovechamiento de las obras citadas, he de decir que concretamente, de Preston no he tomado su interpretación, sino sus datos «empíricos», palabra que tanto le gusta a este profesor [sic] de Tarragona, aparte de utilizar al propio Pío Moa, a quien Moradiellos apenas cita dos veces en toda la polémica. ¡Bonita forma de refutar una obra historiográfica, sin ni siquiera citar sus tesis fundamentales! Además, Tapia repite el insulto y la calumnia que ya formuló Moradiellos en su día, diciendo que no piensa debatir con «no-universitarios», y nos desprecia porque, según él, carecemos de prestigio historiográfico. No conoce Reig Tapia al parecer la famosa falacia de autoridad: ni la palabra del más alto catedrático puede probar nada por sí misma, así que si existe un debate, tales argumentos deben ser desechados. Pero Reig Tapia y Moradiellos los consideran válidos, consideran que su palabra de universitarios vale más que la de los no universitarios, lo que ya dice mucho de su peculiar forma de «argumentar».

Sobre el cúmulo final de descalificaciones que vierte sobre nosotros el profesor [sic] Reig Tapia, no demuestra sino su ignorancia e incapacidad para entender una sola de las palabras que señala. Habría que decirle como réplica: «mucho hablar de ontología, gnoseología, heurística, pero no tienes ni pajolera idea de lo que significan esas palabras. Infórmate al menos antes de despreciar desde tu pedantería de universitario holgazán y autosatisfecho».

En fin, aquí podemos ver a la universidad en acción. Yo no entiendo cómo puede haber una sola persona que pueda presumir de su condición de universitario, con semejante gentuza pululando por sus pasillos.

Un cordial saludo,
José Manuel Rodríguez Pardo.
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J.M. Rodríguez Pardo



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MensajePublicado: Sab May 01, 2004 10:49 am    Título del mensaje: Addendum Responder citando

Estimados amigos:

Como añadido al anterior mensaje, debo decir que todas las obras citadas por mí, salvando el libro de Gabriel Jackson que obraba en mi poder, y la reseña en internet del inefable Moradiellos, las obtuve en una biblioteca pública que se encuentra justo al lado de mi casa. Es decir, que para refutar toda esta pedantería mayestática en la que se mueven los universitarios, no es necesario remover archivos ni acudir al Archivo de Simancas a decir que investigué mucho porque me tomé un café con Tussell o cualquier otro. Eso ya dice mucho del nulo nivel que existe en nuestras universidades, y la recomendación de desviar los fondos públicos hacia proyectos más productivos que crear comités de defensa de la revolución progresista en sus facultades.

Un cordial saludo,
José Manuel Rodríguez Pardo.

PD: El libro de Manuel Tuñón de Lara lo obtuve en otra biblioteca pública algo más alejada.
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Eliseo Rabadán Fernández



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MensajePublicado: Sab May 01, 2004 2:21 pm    Título del mensaje: enhorabuena Responder citando

enhorabuena, esto significa que hay que celebrar . Me refiero a que este mensaje de José Manuel Rodríguez pardo es a mi juicio digno de ser celebrado, de regocijo , puesto que al menos tal como lo veo, supone por primera vez, que en estos foros se saque a relucir un problema que hay que denunciar una y otra vez hasta el cansancio, a saber: la labor de mantener aherrojada la búsqueda del conocimeinto de los hechos, labor que los gremios amafiados de profesores universitarios en España, se dedican a hacer con máximo cuidado para evitar que quede en evidencia su parasitismo social, salvo que se entienda su labor como la de guardianes de ciertos grupos que han tomado de facto el control de la enseñanza y la investigación en las universidades del Estado español. Me refiero a los ataques viscerales de profesores como el que menciona José Manule Rodríguez Pardo en sus dos mensajes, el tal Alberto Reig Tapia.Aquí al parecer sólo estos señores profesores universitarios tienen la capacidad de aportar investiaciones dignas de ser respetadas. Los que no se mueven en esos círculos cerrados y mafiosos, han de ser descalificadas.
Lo peor que les puede haber sucedido a estos encumbrados sabios(¿?) es que ahora podemos disponer de publicaciones no controladas por ellos, mediante la red de internet. El Catoblepas y el Proyecto de Filosofía en Español tienen un prestigio entre académicos , estudiantes,y profesionales liberales que se interesan por los asuntos del presente político, económico, religioso, artístico por tratarse de publicaiones que han invitado a colaborar a profesores universitarios y a jóvenes y mneos jóvenes trabajadores de la enseñanza del bachillerato, que estos diosecillos de pasillo universitario desprecian porque les temen, y así se ha ido dando a conocer lo que este señor parece que no pudo ningunear en sus ataques, la obra de Gustavo Bueno , ya puesta a ser ejercida , es decir, capaz de criticar cualquier supueso mito , sea éste de carácter dogmático o de carácter de producto de alguna de las "vacas sagradas" objeto de culto de esots estériles universitarios que son cual las hiedras que sólo viven su hay algún árbol al que asirse.

ENHORABUENA, el materialismo filosófico goza sin duda de buena salud, pese a quien le pese...

Eliseo R
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Antonio Sánchez Martínez



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MensajePublicado: Dom May 02, 2004 10:43 am    Título del mensaje: Alberto Reig Tapia "el miserable" Responder citando

Lo que “demuestra” el texto de Alberto Reig Tapia, citado por José Manuel Rodríguez Pardo, es que a toda la historiografía progre le ha escocido mucho asumir su propia impotencia argumentativa en la Polémica sobre la obra de Pío Moa, aunque la batalla de la propaganda, amparada en la ignorancia, la tienen ampliamente ganada, de momento. De hecho es muy probable que con tales armas se salgan con la suya (conseguir desguazar España), y eso les da renovadas fuerzas (aunque tengan que acudir a la censura y autocensura más miserable). Don Alberto es de los que tira la piedra y esconde la mano. No llega a más su cobardía.
Como no podía ser de otra forma, el Sr. Reig Tapia se limita a construir un texto de pura retórica (arte en el que, hay que reconocerlo, es un auténtico maestro), pero nada más. Ni un solo argumento solvente para la polémica historiográfica, y mucho menos para filosofía de la historia (y de la Historia). Como recuerda Rodríguez Pardo, los amigos de Moradiellos tuvieron, y tienen, la oportunidad de intervenir en la polémica frente a los pobres parias sin canonjías universitarias, pero ninguno ha osado mancharse las manos en tan "desagradable" labor.
Aprovecho para mencionar el libro “El expolio de la República” de Francisco Olaya Morales (Ed. Belacqva, 2004), que acabo de comprar. No he podido más que ojearlo, pero creo que muchos propagandistas podrían aprender del mencionado autor, y no sólo en lo referente a la tarea investigadora (heurística). Don Francisco fue militante de la CNT durante la guerra civil, pero parece que no ha caído en la “cerrazón ideológica” de la que habla Reig Tapia en la que él mismo está sumido (sin entender lo que significa). Y es que las anteojeras del profesor tarraconense cierran tanto su campo de visión que no encuentra otra salida que la de intentar justificar su poder de censor miserable con el insulto (lo que abunda en la impotencia de su verdadera “autoridad” académica). Tan abrumadoras deben ser sus cualidades historiográficas que no se digna a ponerlas de manifiesto en un debate abierto y sin cortapisas (de la que tanto saben los medios de comunicación como EL PAÍS). Apela a la “base empírica inherente al historiador” sin saber lo que dice, y, desde el más especializado analfabetismo, lo único que puede hacer es soltar enrabietadas coces contra nuestra pobre (pero, al parecer, hiriente) filosofía. Eso sí, no se atreve a tocar el prestigio de don Gustavo Bueno, pero tratando de desviarlo hacia los terrenos gnoseológicos, como si la Teoría del Cierre Categorial estuviese desconectada de sus escritos de Ontología de la historia (de los que citamos unos cuantos en la Polémica).
Por lo menos podría explicarnos qué contradicción encuentra cuando dice:
Cita:
<<Los historiadores se hallarían en su totalidad atrincherados en su “cerrazón ideológica” no produciendo otra cosa que “basura historiográfica” (en su estupidez mental no se dan cuenta que son términos excluyentes)>>

De nuevo pretende encubrir con el desdén y el menosprecio su impotencia argumentativa, aunque ponga en evidencia su egoísmo acomodaticio (no quiere sacarnos del supuesto error) y su miseria. Y es que, más allá de lo que dijo el ex-ministro Acebes de su colega Alonso, los miserables han copado buena parte de las instituciones del país, especialmente las docentes, y más aún las universitarias. Con su pan se lo coman, aunque sea a costa de España (de los españoles que, tenemos que reconocerlo, mayoritariamente se lo consienten). Pero, en todo caso, que sepa Don Alberto que, aunque tengamos un poder muy limitado, no dejaremos de poner en evidencia su indignidad, que seguramente le acompañe el resto de sus días, mientras no rectifique. Siempre habrá alguien con el valor suficiente de enfrentarse a tanto canalla, aunque ponga en peligro posibles prebendas a las que tan fácilmente se venden las “izquierdas satisfechas” de este desgraciado país.

Un cordial saludo. Antonio Sánchez.
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Antonio Sánchez Martínez



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MensajePublicado: Mie Jun 16, 2004 12:59 am    Título del mensaje: Arrecia el "Frente antiPP"- Los Progres contra Pío Responder citando

Estimados amigos, ayer (15-6-2004) apareció en Libertad Digital el artículo de Pío Moa que os transcribo más abajo. Está claro que el PSOE e IU nunca aceptaron la Transición de buena gana, sino por impotencia, pero con vistas a darle la vuelta a la tortilla de la guerra civil en cuanto pudieran. Ahora que se sienten más fuertes y que, sobre todo, no tienen argumentos doctrinales que oponer al PP (al que identifican sin más con el franquismo) están poniendo toda la carne en el asador para acabar con dicho partido a través del agitprop, y de métodos bien conocidos para ellos (especialmente las Checas como parte de su particular “terrorismo” –Ver la definición que da Bueno en su última obra “La vuelta a la caverna”-).
Ya hemos comentado en otras ocasiones que los partidos izquierdistas y nacionalistas españoles están transidos de Leyenda Negra, y de odio visceral a lo que se oponga a sus planes. La Leyenda Negra se ha extendido de manera sistemática sobre todo el siglo XX por parte del PCE, PSOE, y nacionalistas, y es un complemento imprescindible de unos planes que llevan (deliberada o involuntariamente) al debilitamiento y fraccionamiento de España, ya sea a través de una doctrina política cada vez más “indefinida” doctrinalmente, ya sea a través de una concepción independentista que pretende ampararse en los “Derechos de los pueblos”, ya sea por la confluencia de ambas.
La obra de Moa está mostrando a muchos españoles el pelaje de tales partidos durante todo el siglo XX, en contra de lo que predican sus voceros muy cuidadosamente atrincherados en las Universidades y Medios de Comunicación. En la tesitura actual, más aún después del “los agujeros negros del 11 –M” parece que el “Frente antiPP” ha decidido atacar con todas sus armas (y Moa es un enemigo importante a batir). Pero, como decimos, esas armas son las propias de la propaganda más repugnante y torticera, la de la “basura historiográfica” más descarada y la de la doctrina poética y humanitarista más engañosa, detrás de la cual se esconden unas “ansias infinitas de paz” (de “su paz”, a través de la revancha “por todos los medios”, aunque de momento se contentan con el mencionado “agitprop”).
Pío Moa representa, además, al sujeto que abandonó sus filas porque se atrevió a “rectificar”. Y esa “rectificación” es asimilada (por su “falsa conciencia”) como “traición”, porque no quieren o no pueden dar los pasos necesarios para salir de su propia miseria (¡Cuánto trepa-trinca hay en las filas de esas izquierdas que dicen “luchar por los pobres” para tapar sus propios crímenes y sus vergüenzas!).
Diariamente nos encontramos con ejemplos que confirman nuestro diagnóstico sobre la estrategia revanchista de los perdedores de la guerra civil y de todos aquellos que tratan de reforzar su “autoridad” –pocas veces objetiva- oponiéndose al PP, al que sin el menor sonrojo identifican con todos los males, no sólo de España, sino del mundo. Los “recuperadores de la Memoria histórica” buscan la revancha (de manera completamente arbitraria, como dice Pío Moa), pero a ellos se une un amplísimo coro de “enemigos objetivos” de España (aunque ellos no busquen “plegarse” a dicho proyecto destructor de nuestra Patria). Dicho acompañamiento está surtido de sujetos perezosos o incautos que detestan todo el pasado de España, previamente identificado con el Franquismo, y que asumen el discurso de los resentidos sin cuestionar “nada” de lo que les cuentan (les basta con saber que están contra los “reaccionarios” y “capitalistas” de siempre…).
Lo último que ha llegado a mis manos, en este sentido, es la próxima celebración de un <<Concierto-Homenaje a los republicanos- Recuperando Memoria>>, que ha sido planificado para el día 25 de junio por las siguientes instituciones: Ayuntamiento de Rivas-Vaciamadrid, Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica, Contamíname (Fundación para el Mestizaje Cultural), y EVOHÉ (?). Nos dicen que su intención es reunir a 600 personas que nacieron antes de que fuera proclamada la II República [no dicen de qué bando] y <<que alrededor de ellas se encuentren miles de personas que quieran rendirles su particular homenaje>>. Y Continúan: <<Los republicanos y republicanas que construyeron nuestra primera democracia [dejando de lado lo exagerado de tal expresión es curioso que no aprecien como tal la I República] y que han sido víctimas de la guerra, de la represión franquista y del olvido institucional merecen este reconocimiento público. Debemos realizar todos los esfuerzos posibles por reconstruir la Historia hasta darles, a ellos y a sus familias, el lugar justo que les corresponde>>.
En el fondo está claro que, mucho más allá del supuesto espíritu de “reconciliación nacional” que decían asumir en la Transición, lo que buscan es que su política encuentre el apoyo de la gente en tales añagazas, pues su política (económica, educativa, fiscal, administrativa, etc.) deja mucho que desear y, en el mejor de los casos, está “ecualizada” con la desarrollada por el PP. Pero continua el pasquín de la convocatoria: <<Para ello queremos animarte a participar y a que si conoces a alguna persona mayor que quiera estar presente, la acompañes y la pongas en contracto con nosotros. También te pedimos que animes a más gente a venir. Tenemos que ser muchos [más que los del otro bando, supongo]. Es importante. Ellos y ellas son lo mejor de nuestra memoria [lo único digno de mantenerse, les falta decir, como de hecho están haciendo al derribar estatuas de Franco… y colocar estatuas a La Pasionaria…]>>.
En dicho evento, como no podía ser menos <<Ponen la música: Ana Belén, Javier Álvarez, Juan Antonio Labordeta, Luis Eduardo Aute, Luis Pastor, Luis LLach, Miguel Ríos, Paco Ibáñez, Pedro Guerra, Ruper Ordorika, Víctor Manuel y la actuación especial de Bebe>>. Y <<Ponen la palabra: Alfons Cervera, Almudena Grandes, Ángel González, Benjamín Prado, Gran Wyoming, Imanol, José Sacristán, Juan Diego, Juan Diego Botto, Luis García Montero, Mercedes Sapietro y Pilar Bardem>>. Ésta última está agradecidísima al Ayto. de Rivas, pues han puesto su nombre al Auditorio recientemente inaugurado (suponemos que en merecido reconocimiento a su larga trayectoria “cultural”. Y es que “El Mito de la Cultura” está más vivo que nunca).
Todo ello, con un fondo repleto de banderas republicanas (a la que ya se ha apuntado definitivamente IU, al unirse a Izquierda Republicana…) que enmarcan fotografías de la época.
De momento se conforman con estos medios, pero "el espíritu de la Checa" debe estar rondando la cabeza de más de un progresista resentido. Y una vez que se enciende la mecha de la violencia desatada es muy difícil apagarla, y mucho más difícil que no nos afecte a todos, en mayor o menor grado.

Un cordial saludo. Antonio Sánchez.







Campaña difamatoria
El espíritu de la checa
Pío Moa

Uno nunca pierde del todo la ingenuidad. Creía que la canallada de Guerra sobre la que hablé hace poco en el artículo “Un gran hombre”, quedaba liquidada con el comentario, pero veo que no es así. Un amigo me ha alertado sobre otro libro, exculpatorio del GAL, publicado hace poco por el periodista afín al PSOE Diego Carcedo, sobre el general Sáez de Santamaría, en el que repite la misma patraña, puesta ahora en boca del general: yo habría sido el infiltrado que había permitido la liberación de Oriol y Villaescusa en 1977. Por lo tanto, no estamos ante una canallada particular, sino ante una campaña.

Pero quizá me exprese mejor en forma de autoentrevista:

P. ¿Por qué crees que salen con estos cuentos ahora?
R. Porque mis libros, en especial Los mitos de la guerra civil y Los crímenes de la guerra civil, por lo mucho que se han vendido y se siguen vendiendo, han hecho mucho daño al PSOE y a los comunistas, e intentan destruirme de alguna manera por estos métodos. Ya Stanley Payne, en su comentario sobre mis libros, señalaba que los ataques a mis trabajos se realizan “por medio de una suerte de censura de silencio y de diatribas denunciatorias más propias de la Italia fascista o de la Unión Soviética que de la España democrática”. Como vemos, se ha quedado corto: hay más que diatribas.

P. ¿Por qué les hacen daño tus libros?
R. No debieran hacérselo, porque son de historia, y una historia que empieza a ser vieja. Pero para el PSOE y los comunistas, la guerra civil es una fuente inagotable de legitimación política y de deslegitimación de la derecha. La han convertido en uno de los principales pilares de su propaganda, y ahora mismo están volviendo a sembrar los viejos odios, los viejos rencores con sus campañas sobre la represión de la guerra y la posguerra. No tratan esos temas como historia, ya que hablan sólo de las víctimas de un bando, olvidando las del otro y las que se causaron las izquierdas entre sí, y olvidan además quién empezó. Utilizan la historia, utilizan los muertos de una forma inicua y peligrosa. De ahí que no vean mis libros como libros de historia, sino como un ataque a uno de los pilares de su política. Lo que hacen es mucho peor que la corrupción económica.

P. ¿Hay algo de verdad en esas acusaciones de Guerra y Carcedo, y probablemente de muchos otros?
R. Podemos plantearlo así: si fuera cierto, yo habría echado por tierra uno de los atentados terroristas más graves de la transición. Por lo tanto, deberían estarme agradecidos, por un lado, y por otro no deberían decirlo, porque ello equivale a poner mi vida en peligro. Pero, en primer lugar, no lo dicen como un elogio, sino todo lo contrario, lo sitúan en un contexto sórdido. Y en segundo lugar, lo que dicen supone una auténtica colaboración con los terroristas, ofreciéndome a su venganza.

P. Pero, ¿hay algo de cierto en lo que dicen?
R. Es obvio que no hay nada. Carcedo escribe como el clásico intoxicador chequista, poniendo en boca del general Sáenz de Santamaría unas palabras que tendrá que demostrar que las dijo el general. Si el general, que parece exculpar al GAL, dijo eso, es que era un completo inepto, pues sus palabras están llenas de inexactitudes y habla en base a suposiciones que él, como jefe de la lucha contra el terrorismo, no puede hacer: o sabe o no sabe. Son palabras provocadoras, insinuantes, típicamente chequistas, apoyándose en el comisario Conesa, que, claro, nunca podrá desmentirle porque ha muerto, como el propio general. Esas palabras me parecen más propias de un individuo de muy pocos escrúpulos como Carcedo que de quien, por su cargo, forzosamente tenía que saber a qué atenerse. En todo caso tenemos el testimonio de Barrionuevo, y supongo que también de Martín Villa, y de bastantes más. El intento de exculpar al GAL es también significativo. El PSOE practicó hacia el terrorismo una doble política, reflejo de su mentalidad profundamente corrupta: por un lado claudicaba ante los asesinos, negociaba con ellos, incluso pensaba cambiar las leyes a su favor, y por otra imitaba sus métodos. Estudiando al PSOE uno se percata del enorme papel que han jugado en su historia las campañas de calumnias y falsedades contra sus adversarios, es algo estremecedor. Han sido verdaderos maestros de la calumnia y la provocación. Podíamos confiar en que habían cambiado, pero desgraciadamente el cambio ha sido muy insuficiente.

P. Si no hay nada de verdad, el peligro para ti es menor.
R. No, el peligro es igual o mayor. En primer lugar, los terroristas no necesitan una verdad, sino un pretexto para actuar, el pretexto que les sirven en bandeja estos provocadores de estilo tan típicamente chequista. En segundo lugar, no tienen por qué actuar ellos. Un posible atentado contra mí, después de todas estas cosas, les sería enseguida atribuido, aunque podría muy bien proceder de otro lado, máxime teniendo en cuenta experiencias como el GAL.

P. ¿Piensas recurrir a la justicia?
R. Sí

P. ¿Tienes confianza en la justicia?
R. La normal.
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Antonio Sánchez Martínez



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MensajePublicado: Jue Jun 17, 2004 11:13 am    Título del mensaje: Analogías y causalidades históricas en la España Actual Responder citando

Hoy (17 de junio de 2004) escribe Stanley G. Payne en El Mundo un interesante artículo titulado “¿Se podría haber evitado la Guerra Civil?” en el que plantea las alternativas políticas fundamentales que se barajaron antes del 18 de julio de 1936 y otras posibles direcciones que pudiera haber tomado nuestro decurso histórico (“Historia contrafactual”). Lo interesante de dicho análisis, según mi punto de vista, es el paralelismo que se puede establecer entre la situación vivida entonces y la encrucijada en que se encuentra la España actual ( paralelismo sugerido ya de manera diversa por varios autores, dado el “presente” de tales acontecimientos).
En el análisis de Payne se pone de manifiesto el papel jugado por varios partidos y personajes, destacando las divisiones internas del PSOE (Prieto / Caballero, fundamentalmente, pues eran las más poderosas de hecho) y el papel jugado por Azaña (que confió demasiado en sus propias fuerzas para dirigir “los brazos” revolucionarios presentes en el Frente Popular). Payne sugiere (como futurible de entonces, o hipótesis contrafactual desde el presente) que la Guerra se podría haber evitado si en el PSOE no hubiera preponderado la corriente caballerista que puso zancadillas a Prieto, o si Azaña hubiese dado su visto bueno a un gobierno de concentración republicana que hubiera contrarrestado el peso de las izquierdas anarquistas y comunistas. Incluso llega a plantear que 5 días antes del Alzamiento esta posibilidad habría evitado la guerra (aunque nos dice que Miguel Maura, republicano liberal, escribió una serie de artículos en El Sol, en los últimos días de junio, en los que concluía que la situación de desorden había degenerado tanto que sólo era posible salvarse –eutaxia- a través de una <<”dictadura nacional republicana”, constitucionalista, un Gobierno especial autorizado por el presidente de la República a legislar por decreto en casos de emergencia>>. Pero ni después del asesinato de Calvo Sotelo cedió Azaña a dichas pretensiones (que suponían el enfrentamiento a las corrientes caballeristas, promotoras de una dictadura del proletariado, además de un intento de control de los colectivismos anarquizantes y las derechas más radicalizadas). Cuando Azaña dio permiso (en la noche del 18 al 19 de julio) a Martínez Barrio para que formase un gobierno con el centro republicano (que, como el PNR de Felipe Sánchez Román, se había negado a integrarse en el Frente Popular) ya era demasiado tarde para impedir lo ya presente: el Alzamiento de buena parte del ejército y el desencadenamiento de múltiples revoluciones izquierdistas, que conducirían a <<una guerra civil total>>.
Otros autores, como Preston, siguen viendo el panorama de muy distinta manera, pero la multiplicidad de testimonios de la época (desde muy distintos ángulos políticos) parecen sostener como más verídica y mejor construida la versión de Payne y otros.
Lo interesante del asunto, como decía, es escudriñar los paralelismos y analogías con la situación actual, que forman parte de un mismo presente histórico en gran medida. En la dialéctica que condujo a la guerra civil fueron fundamentales los movimientos izquierdistas y los nacionalistas. Pero un aspecto determinante fue la formación de un Frente Popular en el que se unieron los principales partidos de ambas tendencias frente a la CEDA (fundamentalmente). Hoy día, sobre todo tras el hundimiento de la URSS, las izquierdas (socialdemócratas y comunistas) han perdido mucho peso (y están derivando hacia la indefinición o hacia el anarquismo). De esta manera están favoreciendo “objetivamente” los proyectos nacionalistas –“plegándose” a sus proyectos- Hay que aclarar que el PSC, en contra de lo que algunos creen, es un partido directamente secesionista, no como el Partido Socialista del País Vasco que se ha plegado, poco a poco, a los fines de los nacionalistas con la inestimable ayuda de los terroristas.
En esta tesitura vemos cómo el PSOE vuelve a ser el partido en el recae la mayor responsabilidad de lo que ocurra. Y no tanto por su comprensión (propagandística, pero muy efectiva políticamente) hacia los “neo-antifranquistas” que se sienten perdedores de la guerra civil, sino sobre todo por su sumisión ante las pretensiones secesionistas. En el fondo la ideología antifranquista actual (que se está poniendo de manifiesto en la formación encubierta de un nuevo “Frente AntiPP”) es un intento de justificar su oposición al PP, a pesar de que en multitud de aspectos concretos su política se ha ecualizado con la de dicho partido. Y dicho interés por resaltar todo lo que le opone al PP conlleva un debilitamiento de lo que le podría unirle a este partido: su españolismo. Es decir, en la práctica el PSOE se está “plegando” a los proyectos secesionistas (de un modo muy parecido a como, antes de la guerra civil, se plegó, junto con Izquierda Republicana, a los proyectos de las izquierdas comunistas –presentes en gran medida en Caballero- y anarquistas). (El Largo Caballero de nuestros días sería Pascual Maragall: del mismo modo en que Caballero tenía muy poco de “socialdemócrata”, Maragall tiene muy poco de “españolista”). De dicho enfrentamiento intentaron sacar tajada los nacionalistas (ERC sobre todo, como se puso de manifiesto en su alianza para el golpe de octubre del 34). Hoy día está ocurriendo algo similar, como pone de manifiesto el tripartito catalán.
El PSOE vuelve a ser el partido “clave” (para nuestra desgracia) , por ser el partido (con gran fortaleza relativa) por el que pasan la mayoría de las “posibles” alianzas y consensos para el futuro, cuestión que se manifiesta en sus múltiples corrientes internas. Y de su deriva confusionaria y timorata se están aprovechando los nacionalistas (hoy día con la inestimable ayuda de ETA, como en su día fue inestimable la ayuda de los terroristas anarquistas y comunistas; la violencia de la “derecha” y los “falangistas” fue más bien de tipo “reactivo”, de resistencia ante el chantaje de sus enemigos). En la misma página en que escribe Payne nos plantea algo parecido Isabel San Sebastián, que también se teme que la corriente más poderosa del PSOE sea la que más ofuscada está en hundir al PP sea como sea. Los movimientos en el Tribunal Constitucional y en otras instituciones de la judicatura parecen indicar que el PSOE sigue en la misma línea que defenestró a Redondo Terreros (que también buscaba un cierto acercamiento hacia el PP que evitase la distaxia de España). En su día tanto Azaña como Caballero se dieron cuenta de lo imprudentes (para España) que eran sus apuestas, aunque intentaron rectificar demasiado tarde. Ya veremos si Zapatero y Cia. es capaz de ver hacia dónde nos conduce su apuesta, y si hay algún poder que evite la distaxia de España, como entonces lo hizo el Movimiento que terminó encabezando Franco. Cuanto más tarde se intente reaccionar, más difícil y costoso será encontrar una solución (para la eutaxia de España).

Un cordial saludo. Antonio Sánchez
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Felipe Giménez Pérez



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MensajePublicado: Mar Jun 22, 2004 10:25 pm    Título del mensaje: La guerra de nuevo Responder citando

Estimados contertulios: Ciertamente los progres-secesionistas están cegados por el odio y el resentimiento. Quieren ganar la próxima guerra civil. Plantean su política como revancha por el legítimo éxito de la derecha en 1939. Creen que pueden ganar, obtusos, cegados por el odio y por aniquilar al PP y por vengarse de la derecha de 1939 y hacer todo lo contrario a lo que hizo el PP por su afan en diferenciarse a cualquier precio del PP aunque ello lleve a España a la catástrofe. Ahora el 13 de junio el PP ha demostrado que tiene muchos partidarios y su solidez electoral es apreciable. Creo que los progres-secesionistas, la AntiEspaña perderán la nueva guerra civil de nuevo. Los malos nunca pueden ganar. Tienen tantas contradicciones internas que no serán capaces de organizar sistemáticamente la aniquilación del PP y de todos los españoles de bien. Atentamente,
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Íñigo Ongay de Felipe



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MensajePublicado: Vie Jun 25, 2004 7:39 pm    Título del mensaje: Responder citando

Estimados Contertulios;


Hoy precisamente aparecía en Libertad Digital, unos interesantes comentarios de Pío Moa sobre los tan traídos y llevados documentos del "Archivo de Salamanca", lo reproduzco a continuación por si resultara del interés de los foristas:


Cita:
Los papeles de Salamanca
Pío Moa

Ha surgido en torno al archivo de Salamanca la enésima polémica con la consiguiente dificultad de entenderse, porque se hablan idiomas diferentes. Pedro Schwartz ha argüido que el archivo debe conservarse tal cual, argumentando la necesidad de superar de una vez la guerra civil. Argumento bien intencionado, pero poco efectivo, porque el nacionalismo catalán, como la izquierda, ha decidido hace mucho no superar la guerra, sino vencer en ella a cualquier precio, derrotar finalmente a Franco. La pretensión es absurda, pero les empuja a mantener la llaga indefinidamente abierta.

Una demostración la tenemos en la réplica del intelectual nacionalista Borja de Riquer a Schwartz: para él la superación de la guerra consiste, en todo caso, en la disgregación del archivo mediante la vuelta a Barcelona de una parte de él. En su opinión se trata de una cuestión de “ética”, de “justicia democrática”, y no de nacionalismos. A su juicio, los papeles del archivo proceden de un “expolio”, por lo cual, se pregunta retóricamente: “¿Perpetuar unas expoliación política, darla por buena, es un signo de reconciliación? (…) Mal servicio se hace a la democracia si con el pretexto de una supuesta “superación” de la Guerra Civil mantenemos y damos por buenos los actos violentos y las disposiciones represivas de la dictadura franquista”.

¿Fue un expolio la requisa de los archivos de la Generalidad por los vencidos? Puede decirse que sí, claro, viene a ser algo parecido a un botín de guerra. Pero ¿es que sólo los franquistas cometieron expolios y requisas, actos violentos y disposiciones represivas? Ni mucho menos. Si en algo destacó la Generalidad presidida por Companys fue, desde 1934, en actos violentos, disposiciones represivas y expolios. En eso se pareció al franquismo, con el agravante de que éste no tiene en su haber el cúmulo de destrucciones del patrimonio cultural que hubo en Cataluña bajo el poder de la izquierda. Una gran parte de los expolios de la Generalidad, incluyendo archivos y bienes muy diversos fue reparada, otra no, desapareció para siempre, como ocurrió en el resto de España; y buena parte de lo destruido fue reconstruido por el franquismo, pero tampoco todo pudo serlo.

¿Qué le parece al señor Borja de Riquer? ¿Hacemos un mal servicio a la democracia si damos por buenos esos actos violentos y disposiciones represivas de la Generalidad? Pues de lo que se trata es de esto, de darlos por buenos porque, supuestamente, se cometieron en defensa de la democracia. Una democracia bajo la protección de Stalin y protagonizada, nos quieren hacer creer, por los autores del intento de guerra civil del 34, por los marxistas y anarquistas, y por los republicanos que en 1933 replicaron con intentos de golpe de estado a la victoria electoral de la derecha. Una larguísima e intensísima propaganda ha hecho comulgar a demasiada gente con tales ruedas de molino, pero ya va siendo hora, también de “superarlas”. Dar por buenos estos hechos, o los del bando contrario, no es hacer un servicio a la democracia, desde luego, pero pasarse la vida exigiendo reparaciones por ellos, renovando los odios y desvirtuando de paso la historia, sí que es hacerle un pésimo servicio. Es, literalmente, sabotear la convivencia democrática que se asentó, no en el olvido, como a veces se pretende, sino en algo así como el perdón mutuo, perdón que una de las partes, y a mi juicio la más culpable, no acaba de conceder. ¿Es un signo de reconciliación cesar en estas rencorosas reclamaciones? Pues yo creo que sí, y que sólo debe volverse sobre ellas si la fraseología victimista persiste en recordar, y obligar institucionalmente a que se recuerden, sólo los desmanes de una de las partes.

El archivo de Salamanca, fuera cual fuera su origen (hay en el mundo muchos archivos y bibliotecas de procedencia irregular) es hoy un archivo muy valioso, en expansión, y de enorme interés para los estudiosos de la guerra civil. Atacarlo como hacen los nacionalistas sólo puede calificarse como ruindad y, desde luego, en nada contribuye a la reconciliación ni a la democracia.

La base de todo ello ya la expuso Tusell con la torpeza que le caracteriza, y aparece de nuevo en Riquer de manera más disimulada. Según los nacionalistas, la guerra fue de España, o de una parte de España, contra Cataluña, y por ello piden “reparaciones”. La realidad es que la guerra civil lo fue en Cataluña exactamente igual que en el resto del país
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