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Los recursos naturales

 
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Antonio Mu√Īoz Ballesta



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Ubicaciůn: Mazarr√≥n (Espa√Īa)

MensajePublicado: Dom Ene 30, 2005 6:05 pm    TŪtulo del mensaje: Los recursos naturales Responder citando

La econom√≠a pol√≠tica tiene en cuenta los recursos naturales -materiales- de los que cuenta o puede contar una sociedad. Pero ¬Ņ son limitados? El economista G.Reisman ha revolucionado la visi√≥n tradicional sobre los mismos:1. El potencial ilimitado de los recursos naturales
El potencial del crecimiento econ√≥mico no est√° limitado en modo alguno por una posible extinci√≥n de recursos naturales. A pesar de la afirmaci√≥n hecha tan a menudo de que estamos en peligro de quedarnos sin recursos naturales, el hecho es que el mundo est√° hecho de recursos naturales ‚ÄĒabarrotado de recursos naturales, que se extienden desde los l√≠mites superiores de su atm√≥sfera hasta su centro, cuatro mil millas m√°s abajo. Esto es as√≠ porque la masa entera de la tierra no est√° hecha de otra cosa que elementos qu√≠micos, todos los cuales son recursos naturales. Por ejemplo, el n√ļcleo terr√°queo est√° compuesto b√°sicamente de hierro y n√≠quel ‚ÄĒmillones de millas c√ļbicas de hierro y n√≠quel. Sus oc√©anos y atm√≥sfera est√°n compuestos de millones de millas c√ļbicas de ox√≠geno, hidr√≥geno, nitr√≥geno y carb√≥n y de menores cantidades, pero a√ļn as√≠ enormes, de pr√°cticamente cualquier otro elemento. Incluso las arenas del Sahara no est√°n compuestas de otra cosa que compuestos de silicio, carbono, ox√≠geno, hidr√≥geno, aluminio, hierro, etc√©tera, todos ellos teniendo qui√©n sabe que utilidades potenciales que la ciencia puede alg√ļn d√≠a descubrir. Tampoco hay elemento alguno que no exista en la tierra en cantidades superiores en millones a las que se hayan podido extraer mediante miner√≠a. El aluminio se encuentra en pr√°cticamente todas partes. Hay inmensas cantidades, incluso de los elementos m√°s raros, como oro y platino, de las que pueden encontrarse trazas en los oc√©anos, por ejemplo.

Lo que es verdad para la Tierra puede aplicarse igualmente a cualquier otro elemento planetario en el Universo. Puesto que el Universo se compone de materia, no se compone de otra cosa que de elementos químicos y, por tanto, de recursos naturales.

Tampoco hay ninguna escasez fundamental de energ√≠a en el mundo. Se descarga m√°s energ√≠a en una sola tormenta que la que produce toda la humanidad en un a√Īo. Tampoco la oferta de energ√≠a se reduce en modo alguno en virtud de la energ√≠a que el hombre captura de la naturaleza. El calor del sol ofrece un suministro constantemente renovado que es miles de millones de veces mayor que la energ√≠a que consume el hombre. La cantidad total de energ√≠a en el mundo permanece constante a todos los efectos, con un exceso incalculable respecto de lo que consume el hombre y seguir√° as√≠ hasta que el sol empiece a enfriarse.

El problema de los recursos naturales no es en ning√ļn sentido de escasez intr√≠nseca. Desde un punto de vista estrictamente f√≠sico-qu√≠mico, los recursos naturales son uno y lo mismo con la oferta de materia y energ√≠a que existe en el mundo y, de hecho, en el Universo. T√©cnicamente, esta oferta puede ser descrita como finita, pero a todos los efectos pr√°cticos, es infinita. No constituye el m√°s m√≠nimo obst√°culo a la actividad econ√≥mica‚ÄĒno hay nada de lo tengamos que privarnos de hacer a causa de que la tierra (dejemos de lado el Universo) corra el riego de quedarse sin alg√ļn elemento u otro, o sin energ√≠a.

El problema de los recursos naturales es estrictamente de usabilidad, accesibilidad y econom√≠a. Esto es, el hombre necesita conocer qu√© diferentes elementos y combinaciones de elementos de los que ofrece la naturaleza son buenos para su uso y adem√°s ser capaz de llegar a ellos y emplearlos en la satisfacci√≥n de sus necesidades sin tener que emplear una cantidad desmesurada de trabajo para ello. Claramente, el √ļnico l√≠mite efectivo en la oferta de esos recursos naturales econ√≥micamente utilizables ‚ÄĒesto es, recursos naturales en el sentido de que constituyen riqueza‚ÄĒ es el estado del conocimiento cient√≠fico y tecnol√≥gico y la cantidad y calidad de los bienes de equipo disponibles.

Puesto que la oferta de recursos que suministra la naturaleza es una y la misma que la oferta de materia y energía, la oferta de recursos naturales económicamente utilizables puede incrementarse de forma virtualmente ilimitada. Se incrementa a medida que el hombre expande su conocimiento y poder físico sobre el mundo y el universo.

Por ejemplo, el petr√≥leo, que ha estado presente en el suelo durante millones de a√Īos, no se convirti√≥ en un recurso natural econ√≥micamente utilizable hasta la segunda mitad del siglo diecinueve, cuando se descubri√≥ su utilidad. El aluminio, el radio y el uranio tambi√©n se convirtieron en recursos naturales econ√≥micamente utilizables s√≥lo durante el √ļltimo siglo aproximadamente. La utilizaci√≥n econ√≥mica del carb√≥n y, m√°s recientemente, del silicio, se incrementaron grandemente mediante el descubrimiento de nuevos usos adicionales.

La oferta de recursos naturales econ√≥micamente utilizables se incrementa no s√≥lo por el descubrimiento de utilidades para cosas que previamente no ten√≠an utilidad en absoluto o por nuevas utilidades adicionales para cosas que ya ten√≠an usos conocidos, sino tambi√©n por los avances que permiten al hombre facilitar el acceso a esas cosas‚ÄĒpor ejemplo, excavando minas m√°s profundas con menos esfuerzo, moviendo mayores masas de tierra con menos esfuerzo, descomponiendo compuestos que antes no pod√≠an utilizarse o hacerlo con menos esfuerzo, consiguiendo llegar a regiones de la tierra previamente inaccesibles o facilitando el acceso a regiones ya accesibles. Todo esto incrementa la oferta de recursos naturales econ√≥micamente utilizables. Todos ellos, por supuesto, al mismo tiempo otorgan el car√°cter de bienes y riquezas a lo que hasta entonces eran simplemente cosas.[1]

Hoy día, como resultado de dichos avances, la oferta de recursos naturales económicamente utilizables es incomparablemente mayor de lo que era al inicio de la Revolución Industrial o incluso hace una o dos generaciones. Hoy día, el hombre puede cavar más fácilmente miles de pies en una mina de lo que antes le costaba cavar diez pies, gracias a avances como equipos de excavación más poderosos, explosivos más potentes, estructuras de acero para bóvedas de minas y bombas y máquinas modernas. Hoy día, un solo trabajador de manejando un buldózer o una pala mecánica puede mover más tierra que cientos de obreros en el pasado utilizando pico y pala. Los avances en los métodos de reducción han hecho posible obtener menas puras de compuestos con los que antes era imposible o demasiado costoso trabajar. Las mejoras en la navegación y construcción de vías férreas y carreteras han hecho posible el acceso a bajo coste a importantes depósitos minerales en regiones previamente inaccesibles o muy costosas de explotar.

A la luz de estos hechos, deber√≠amos considerar lo est√ļpido que resulta quejarse, por ejemplo, de que las menas de cobre que hoy d√≠a de extraen contengan s√≥lo un 1 por ciento de cobre puro, mientras que a inicios del siglo veinte la menas sol√≠an contener un 10 por ciento. Con un trabajador en la cabina de una pala mec√°nica capaz de mover cientos de miles de veces m√°s tierra en el mismo tiempo que un trabajador con pico y pala, el volumen de cobre puro removido en el mismo tiempo es ahora notablemente mayor, aun cuando las menas tengan la d√©cima parte de pureza. El recursos a estas menas no es una evidencia de que estamos qued√°ndonos sin suministro, sino de que hemos sido capaces de crear fuentes enormemente mayores de suministros que nunca antes. La verdadera realidad de que explotamos esos dep√≥sitos es la evidencia de los progresos que hemos hecho. Puesto que no podr√≠amos explotarlos en ausencia de grandes mejoras en la productividad del trabajo.

De forma similar, el desarrollo de fertilizantes químicos y métodos de irrigación de bajo coste han permitido al hombre no sólo incrementar radicalmente la productividad del terreno cultivable, sino de hecho crear más terreno cultivable. Hoy día, terrenos antes desérticos o semidesérticos se han convertido en mucho más productivos que las mejores tierras disponibles para las generaciones anteriores. Israel y California son buenos ejemplos.

No hay l√≠mite para los posibles avances futuros. El hidr√≥geno, el elemento m√°s abundante en el universo, puede convertirse en una fuente de energ√≠a econ√≥mica en el futuro. Explosivos at√≥micos y de hidr√≥geno, l√°seres, sistemas de detecci√≥n por sat√©lites e incluso los propios viajes espaciales abren nuevas e ilimitadas posibilidades de incrementar la oferta de minerales econ√≥micamente utilizables. Los avances en la tecnolog√≠a minera que har√≠an posibles excavar econ√≥micamente a una profundidad de, digamos, diez mil pies, en lugar de las profundidades actualmente mucho m√°s limitadas o cavar minar bajo los oc√©anos, tambi√©n incrementar√≠an la porci√≥n de masa terr√°quea accesible al hombre de forma que todos los suministros previos de minerales accesibles parecer√≠a insignificante en comparaci√≥n. E incluso a diez mil pies, el hombre solo estar√≠a, casi literalmente, ara√Īando la superficie, ya que el radio de la tierra se extiende a una profundidad de cuatro mil millas.

Como ya se ha indicado, son posibles avances igualmente dr√°sticos en el campo de la energ√≠a. √Čstos pueden provenir del uso de la energ√≠a at√≥mica, fusi√≥n de hidr√≥geno, energ√≠a solar, energ√≠a de mareas o energ√≠a geot√©rmica, o incluso por otros procesos a√ļn desconocidos. Las reducciones en los costes de extracci√≥n del petr√≥leo de sedimentos √≥leos y arenas bituminosas proporcionan potencial para expandir el suministro de petr√≥leo econ√≥micamente utilizable con una enorme capacidad multiplicadora respecto de la actualidad. El volumen f√≠sico del petr√≥leo presente en formaciones como nuestras Monta√Īas Rocosas y Canad√° excede con mucho las reservas de petr√≥leo l√≠quido de los pa√≠ses √°rabes. Todo lo que se necesita es la manera de reducir los costes de extracci√≥n.[2] Igualmente tambi√©n hay grandes terrenos carbon√≠feros conocidos en Estados Unidos suficientes para cubrir la demanda de consumo de carb√≥n para varios siglos y todav√≠a capaces de hacerlo de una forma rentable. Puesto que la mayor parte de los productos petrol√≠feros pueden fabricarse a partir del carb√≥n, las reducciones en su coste para esos fines podr√≠an representar el equivalente a un enorme incremento en el suministro de los dep√≥sitos de petr√≥leo econ√≥micamente utilizables.

Puesto que la tierra no es otra cosa que literalmente una inmensa bola s√≥lida de elementos qu√≠micos y puesto que la inteligencia e iniciativa humanas en los √ļltimos dos siglos ha sido relativamente libre para operar y ha tenido el incentivo de hacerlo, no deber√≠a sorprender que la oferta de minerales accesibles y utilizables exceda hoy con mucho a la que el hombre es econ√≥micamente capaz de explotar. Virtualmente en todos los casos, hay enormes reservas conocidas de minerales que no se explotan, por que no es necesario explotarlas. De hecho, si se explotaran habr√≠a una sobreproducci√≥n relativa de minerales y una relativa escasez de otros bienes ‚ÄĒes decir, un despilfarro de capital y trabajo. Virtualmente en todos los casos, es necesario elegir qu√© dep√≥sitos explotar‚ÄĒ esto es, aqu√©llos que, por raz√≥n de su ubicaci√≥n, la cantidad de excavaci√≥n requerida, el grado de concentraci√≥n y pureza de las menas y otros motivos, pueden explotarse con los costes m√°s bajos. Hoy d√≠a, se mantienen sin tocar enormes dep√≥sitos minerales que podr√≠an explotarse con poco trabajo m√°s unidad que lo que costaban los mejores dep√≥sitos explotados hace pocas d√©cadas ‚ÄĒgracias a los avances en tecnolog√≠a minera y la cantidad y calidad del equipamiento minero disponible.

Mientras los hombres preserven la divisi√≥n del trabajo, la sociedad capitalista y sean libres y est√©n motivados para pensar y construir el futuro, el cuerpo de conocimientos cient√≠ficos y tecnol√≥gicos a disposici√≥n de la humanidad crecer√° de generaci√≥n en generaci√≥n, al igual que el equipo capital.[3] Desde esta base, el hombre puede expandir constantemente su poder f√≠sico sobre el mundo y as√≠ disfrutar de una oferta cada vez mayor de recursos naturales econ√≥micamente utilizables. No hay raz√≥n para que, bajo la existencia continuada de una sociedad libre y racional, la oferta de dichos recursos naturales no siguiera creciendo tan r√°pidamente como en el pasado o m√°s a√ļn.

La clave básica para la disponibilidad económica de recursos naturales es la inteligencia humana motivada y lo que significa: una sociedad capitalista. En una sociedad de este tipo, gran parte de la gente más inteligente dedica sus vidas a la ciencia la tecnología y los negocios. Todos están altamente motivados para incrementar la oferta de recursos naturales económicamente utilizables ante la perspectiva de hacer fortuna por cada éxito significativo que obtengan en este aspecto. No puede haber mayor garantía de capacidad humana para disfrutar de una oferta creciente de recursos naturales.

Los principios esenciales relativos a los recursos naturales pueden resumirse como sigue. Los que la naturaleza ofrece es un suministro de materia y energía que a todos los efectos prácticos en infinito. Al mismo tiempo, la naturaleza no ofrece una sola partícula de recursos naturales en forma de riqueza. La concesión del carácter de bienes económicos y riqueza sobre lo que la naturaleza ofrece es la labor de la inteligencia humana. Una tarea económica esencial del hombre es aplicar progresivamente su inteligencia para lograr una creciente comprensión de la naturaleza y para construir progresivamente mayores y más poderosas formas de bienes de equipo que le den cada vez mayor control sobre la naturaleza.

En este proceso, tanto los avances en conocimiento como en bienes de equipo constituyen por s√≠ mismos una etapa para posteriores avances en conocimiento y bienes de equipo, operando as√≠ para dar al hombre mayor comprensi√≥n y poder f√≠sico sobre la naturaleza ‚ÄĒpor supuesto, suponiendo que contin√ļe siendo racional, esto es, que contin√ļe pensando y actuando a largo plazo. Por ejemplo, aprender aritm√©tica es una etapa previa a aprender √°lgebra, que es a su vez una etapa para aprender c√°lculo y as√≠ sucesivamente. Ser capaces de construir las iniciales y primitivas v√≠as f√©rreas y acer√≠as da la capacidad f√≠sica de poder construir m√°s adelante m√°s y mejores v√≠as f√©rreas y acer√≠as. El desarrollo de la industria metal√ļrgica es una etapa para el desarrollo de una industria el√©ctrica y de componentes, que es una etapa para el desarrollo de una industria electr√≥nica e inform√°tica, que a su vez es una etapa para el desarrollo de la capacidad de lanzar naves espaciales y as√≠ sucesivamente. La combinaci√≥n del incremento en el conocimiento y en las capacidades f√≠sicas hace que una fracci√≥n creciente de la masa f√≠sica de la Tierra y por tanto del universo est√° cada vez m√°s bajo el poder del hombre para servir a sus fines y as√≠ continuamente se engrandece la fracci√≥n de la naturaleza que representan los recursos naturales econ√≥micamente utilizables y por tanto la riqueza.

Por tanto, la porci√≥n de la naturaleza que representa riqueza debe entenderse como una diminuta fracci√≥n que empieza virtualmente en cero e incluso aunque desde entonces se haya multiplicado en varios centenares, todav√≠a es virtualmente cero cuando se considera cu√°n peque√Īa es la porci√≥n de masa terr√°quea, no digamos del Universo, que est√° sometida al control del hombre y cu√°n lejos est√° el hombre de entender todos los aspectos y utilidades potenciales de lo que ha llegado a estar bajo su control. Parafraseando la afirmaci√≥n de Ayn Rand de que lo bueno es un aspecto de la realidad en relaci√≥n con el hombre: A todos los efectos pr√°cticos, la naturaleza en su infinitud siempre permanecer√° lejos de aquellos bienes en relaci√≥n al hombre que queden por descubrir y dominar respecto de los que hasta ahora se hayan descubierto y dominado, siendo los requerimientos esenciales para avanzar en este proceso la raz√≥n y el capitalismo.[4] La raz√≥n y el capitalismo posibilitan el progresivo engrandecimiento del car√°cter de bien y riqueza de la naturaleza y por tanto un incremento continuo en la oferta de recursos naturales econ√≥micamente utilizables. No s√≥lo no puede encontrarse mejor garant√≠a de la capacidad de la humanidad para disfrutar de una oferta creciente de recursos naturales, sino que la metaf√≠sica subyacente en una naturaleza virtualmente infinita que se enfrenta a una inteligencia humana motivada, que expande continuamente el conocimiento y las capacidades f√≠sicas del hombre, asegura que no es necesaria ninguna otra garant√≠a para el √©xito de la humanidad.

La creciente amenaza a la oferta de recursos naturales de la que la gente empieza a quejarse no es el resultado de nada f√≠sico‚ÄĒno m√°s de lo que lo era cuando se escribieron estas terribles y desesperadas palabras:

Deb√©is saber que el mundo se ha hecho viejo y no mantiene si antiguo vigor. √Čl mismo da testimonio de su propio declinar. Las lluvias y el calor del sol est√°n disminuyendo; los metales est√°n pr√°cticamente agotados; el agricultor fracasa en los campos, el marinero en los mares, el soldado en el campo de batalla, la honradez en el mercado, la justicia en las cortes, la armon√≠a en las amistades, la habilidad en las artes, la disciplina en la moral. Esta es la sentencia dada al mundo, que todo lo que tiene un inicio perece, que las cosas que llegan a la madurez envejecen, la fortaleza se debilita, lo grande empeque√Īece y despu√©s de la debilitaci√≥n y el empeque√Īecimiento viene la disoluci√≥n.[5]

Este pasaje no es una cita de alg√ļn ecologista o conservacionista contempor√°neo. Se escribi√≥ en el siglo tercero‚ÄĒmucho antes de que el primer trozo de carb√≥n, gota de petr√≥leo, onza de aluminio o cualquier cantidad significativa de cualquier mineral hubiera sido arrancado de la tierra. Entonces como ahora, el problema no era f√≠sico, sino filos√≥fico y pol√≠tico. Entonces como ahora, la gente se alejaba de la raz√≥n y se dirig√≠a al misticismo. Entonces como ahora, crec√≠an menos libres y se encontraban cada vez m√°s bajo el poder de la fuerza f√≠sica Por eso cre√≠an, y por eso la gente en nuestra cultura empieza a creer, que el hombre est√° indefenso frente a la naturaleza. No hay indefensi√≥n en absoluto. A los hombres que usan la raz√≥n y son libres de actuar, la naturaleza les da cada vez m√°s. A aqu√©llos que se alejan de la raz√≥n o no son libres, les da cada vez menos. Y nada m√°s.


La crisis energética
Se ha hablado mucho de escasez de energ√≠a. Obviamente no hay escasez de energ√≠a en la naturaleza y no hay raz√≥n inherente por la que la humanidad no pueda ser capaz de continuar con el progreso de los dos √ļltimos siglos y obtener un acceso econ√≥mico a m√°s y m√°s oferta de una energ√≠a natural virtualmente infinita.

Incluso si se secaran los dep√≥sitos de petr√≥leo l√≠quido en los pr√≥ximos cincuenta a√Īos, no hay raz√≥n por la que, antes de que se sequen, los hombres no puedan ser capaces de producir productos petrol√≠feros a partir de sedimentos √≥leos, arenas bituminosas o carb√≥n con menos trabajo que el que se emplea hoy d√≠a para el petr√≥leo l√≠quido‚ÄĒtal y como actualmente se produce hierro y cobre a partir de menas relativamente de menor pureza con bastante menos trabajo que el que se empleaba en menas de mayor pureza. De hecho hoy hay productos petrol√≠feros que se pueden producir a partir de estas fuentes con bastante menos trabajo del que se pod√≠a emplear en el pasado para producirlos a partir del petr√≥leo l√≠quido. El poder de la mente humana, operando en el contexto de una sociedad capitalista y de divisi√≥n del trabajo es evidentemente tal, que no deja lugar a dudas de que se podr√≠an logran resultados beneficiosos similares con respecto a los productos petrol√≠feros en los pr√≥ximos a√Īos.

La crisis energ√©tica de los a√Īos 70 fue puramente pol√≠tica. Esencialmente, fue el resultado de hacer completamente ilegal producir energ√≠a. En casi todos los pa√≠ses extranjeros, la propiedad de los dep√≥sitos de petr√≥leo y gas natural se ha convertido en monopolio del gobierno. Simplemente, es ilegal para los ciudadanos privados producir esos bienes y por tanto su producci√≥n se ha restringido por todas las ineficiencias de la propiedad gubernamental.[6] En Estados Unidos, el Gobierno Federal se atribuye la propiedad de la plataforma continental y de la mayor parte de los terrenos de los Estados del Oeste. A partir de esta atribuci√≥n, y bajo la justificaci√≥n de la ‚Äúpreocupaci√≥n por el medio ambiente‚ÄĚ ha vetado el aprovechamiento de muchas de las m√°s prometedoras √°reas de prospecci√≥n de petr√≥leo y gas. Se han dejado aparte como ‚Äúreservas de la vida salvaje‚ÄĚ y ‚Äú√°reas silvestres‚ÄĚ y as√≠ se ha prohibido su explotaci√≥n. De esta forma, y mediante otras que explicaremos m√°s adelante en este libro, el gobierno hizo ilegal producir energ√≠a. √Čsta es la √ļnica raz√≥n por la que hubo una crisis de energ√≠a.[7] La reducci√≥n sustancial en el intervencionismo estatal que se llev√≥ a cabo a inicios de los 80, sobre todo la eliminaci√≥n de los controles de precios en el petr√≥leo, hizo desaparecer la crisis energ√©tica. Lograr un mercado de la energ√≠a completamente libre asegurar√≠a la recuperaci√≥n de la creciente abundancia de la energ√≠a y la disminuci√≥n del coste real que caracteriz√≥ al mundo occidental en los doscientos a√Īos anteriores a los 1970.

Sin embargo, lamentablemente, la pol√≠tica gubernamental de restringir la oferta de energ√≠a contin√ļa. Contin√ļa preservando cada vez m√°s territorio de su exploraci√≥n y explotaci√≥n: pr√°cticamente toda la plataforma continental de los Estados Unidos tiene vetadas nuevas perforaciones petrol√≠feras y es dudoso que se autoricen nuevas explotaciones en Alaska. El gobierno incluso proh√≠be el uso de instalaciones ya existentes para producir energ√≠a, siendo los dos casos m√°s conocidos la planta de energ√≠a at√≥mica de Shoreham, en Long Island, en el estado de Nueva York y la refiner√≠a de fuel y gas Gaviota, cerca de Santa Barbara, California. La planta de Shoreham, completada en 1984, con un coste de cinco mil quinientos millones de d√≥lares (5.500.000.000$), tiene capacidad para cubrir la tercera parte de las necesidades de energ√≠a de los m√°s de 900.000 hogares de Long Island. Sin embargo, nunca se le ha permitido operar m√°s all√° del nivel de pruebas y en octubre de 1994 se desmantel√≥ de hecho su reactor nuclear.[8] La planta Gaviota, completada en 1987 con un coste de dos mil quinientos millones de d√≥lares (2.500.000.000$), tiene capacidad para refinar 100.000 barriles de petr√≥leo diario. Pero tampoco ha recibido nunca permiso para operar, a causa de las pol√≠ticas medioambientales del Estado de California y el Condado de Santa Barbara.[9]


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[1] La mayor parte de esta sección apareció previamente en mi libro The Government Against the Economy (Ottawa, Ill.: Jameson Books, 1979), páginas 15-19.

[2] En los √ļltimos a√Īos se han hecho progresos considerables en la reducci√≥n de los costes de extracci√≥n de petr√≥leo de arenas bituminosas, hasta el punto de que constituyen aproximadamente una cuarta parte de la producci√≥n de crudo de Canad√°. El petr√≥leo recuperable s√≥lo de los dep√≥sitos de Alberta se estima en 300 mil millones de barriles, frente a los 265 mil millones de barriles estimados para Arabia Saud√≠. Ver el New York Times de 28 de diciembre de 1994, p√°gina C5.

[3] Ver George Reisman, Capitalism (Ottawa, Illinois: Jameson Books, 1998), páginas 123-128, para una explicación de cómo la división del trabajo ofrece un marco para el crecimiento económico continuo. Ibídem, páginas 176-180, una explicación de cómo, en una sociedad con división del trabajo la expectativa de ganancias conlleva un crecimiento económico continuo y también, páginas 622-642 para una explicación del proceso de acumulación del capital.

[4] Ver Ayn Rand, Capitalism: The Unknown Ideal (New York: New American Library, 1966), p√°gina 14.

[5] En W. T. Jones, The Medieval Mind, volumen 2 de A History of Western Philosophy (New York: Harcourt, Brace, and World, 1969), p√°gina 6.

[6] Ver George Reisman, Capitalism, p√°ginas 303-304, para conocer las razones por las que la propiedad gubernamental de una industria causa ineficiencia.

[7] Ibídem, páginas 234-237.
[8] ‚ÄúCompletado el desmantelamiento de la Planta Nuclear de Shoreham‚ÄĚ, New York Times, 13 de octubre de 1994, p√°gina B6. Ver tambi√©n ‚ÄúNuevo episodio en Shoreham: New York pleitea para quedarse con la Planta‚ÄĚ, Ib√≠d., 29 de junio de 1990, p√°gina B3. Es de destacar que los ecologistas que destruyeron la planta de Shoreham atacaron a su propietaria, la compa√Ī√≠a Long Island Lighting (Lilco), por tener tarifas el√©ctricas altas, aunque sus pol√≠ticas no tengan nada que ver con estas tarifas. Adem√°s, parece que la aceptaci√≥n de Lilco en su eliminaci√≥n total se obtuvo mediante una oferta de adquisici√≥n de 9 mil millones de d√≥lares por parte del Estado de Nueva York, que se va a financiar con la venta de bonos municipales por esa cantidad. Si se hace efectiva esta oferta, se repetir√≠a la secuencia evidenciada previamente en la adquisici√≥n gubernamental de la industria ferroviaria americana, esto es, en primer lugar, la destrucci√≥n gubernamental de la rentabilidad de una industria o compa√Ī√≠a, seguida por el alivio comparativo de la socializaci√≥n a un precio que al menos ofrezca en cierto modo una compensaci√≥n. A partir de un comunicado oficial sobre la oferta de adquisici√≥n, que inclu√≠a un precio de compra de acciones de Lilco a 21,50$ la acci√≥n, √©stas subieron de 25 c√©ntimos a 17.375$ en la Bolsa de Nueva York. (Wall Street Journal, edici√≥n Oeste, 28 de octubre de 1994, p√°gina A9.)

[9] Ver ‚ÄúLas crisis de Oriente Medio pone de nuevo la atenci√≥n en una refiner√≠a abandonada en California‚ÄĚ, New Tork Times, 1 de septiembre de 1990, p√°gina 1.
Gentileza de Mariano Bas Uribe.
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Eliseo Rabad√°n Fern√°ndez



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MensajePublicado: Dom Ene 30, 2005 11:54 pm    TŪtulo del mensaje: Ha o√≠do usted hablar del Pick Oil item ? Responder citando

Ante esta cantidad de argumentos sobre la supuestamente falsa tesis de la limitación de los recursos naturales, lo que me interesa es preguntar:

1-¬Ņ Ha o√≠do usted, don Mu√Īoz Ballesta, hablar del Pick Oil item ?

2-¬ŅConoce usted el grave problema que hay para repartir y controlar el agua en la frontera EEUU - M√©xico desde hace ya alfgunos a√Īos?

3-¬ŅEl recurso acu√≠fero y la enorme relevancia estrat√©gica qe tiene para Oriente Medio y para el Conflicto √°rabe israel√≠ en las Zonas Ocupadas no es muestra de la falsedad de la tesis de los recursos naturales como algo que se supera o es inexistente, si pensamos teos√≥ficamente al modo de Ayn Rand ( v√©ase su cita , en nota N¬ļ 4) ?


Para terminar:
¬ŅCree usted realmente viable analizar esta cuesti√≥n echando mano de Ayn Rand, la fundadora de la Teosof√≠a ?

Un saludo

Eliseo Rabad√°n
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Antonio Mu√Īoz Ballesta



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MensajePublicado: Dom Feb 06, 2005 1:16 am    TŪtulo del mensaje: Los recursos naturales II Responder citando

Para resolver la cuestión hay que seguir el análisis de la recurrencia económica de las sociedades políticas, expresado por el materialismo filosófico. El materialismo filosófico no admite como racional tal "teosofía".
Obviamente el conflicto entre las unidades políticas puede expresarse o estar causado por motivos concretos de adquisición de determinados recursos naturales que consideran, en un determinado momento, como escasos.
Atentamente,
Antonio
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Antonio Mu√Īoz Ballesta



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MensajePublicado: Dom Feb 06, 2005 1:25 am    TŪtulo del mensaje: Cien a√Īos Responder citando

Por otro lado la vida e ideas de Ayn Rand son muy interesantes.A. Greespan lleg√≥ a besarle los p√≠es.Hace cien a√Īos, el 2 de febrero de 1905, naci√≥ Ayn Rand. Es una buena ocasi√≥n para recordar su vida y obra.
El peso del yugo rojo

Nació, como digo, hace un siglo, en la Rusia zarista. A muy pronta edad, por lo tanto, tuvo que ser testigo del terror desatado por la Revolución de Octubre y el caos en que se sumió ese inmenso país. Su familia perdió sus propiedades y ha habido quien ha especulado con la posibilidad de que alguna persona muy especial para ella fuese deportada a los campos de Siberia .

Apenas hab√≠a cumplido los veinti√ļn a√Īos cuando en 1926 logr√≥ viajar a los Estados Unidos con un permiso temporal para visitar a unos parientes. Obviamente, jam√°s regres√≥ a su tierra natal.

Pronto empezó la Gran Depresión con lo que las perspectivas de encontrar trabajo para una inmigrante rusa que todavía no dominaba el idioma eran más bien escasas. Así que fue alternando empleos en la industria cinematográfica de Hollywood. Trabajando como extra conoció a Frank O’Connor, que más tarde se convertiría en su marido. Trabajó después en el servicio de guardarropa de los estudios RKO; fue allí donde empezó a trabajar en Los que vivimos, una novela semibiográfica sobre una joven, Kira Argounova, que ha de enfrentarse al comunismo ruso protegerse a sí misma y a su amado Leo Kovalensy.

Pero antes de terminarla, en 1931, empezó a escribir el guión para una película titulada Red Pawn (Peón Rojo) que presenta fortísimas similitudes con Los que vivimos. Consiguió venderlo por 1.500 dólares a los estudios Universal Pictures, que después lo revendieron a la Paramount. De momento, sin embargo, la película sigue inédita si bien su guión está publicado . Aunque es su primer escrito de importancia, ya se encuentran en él todas las características de Rand.

Estas características, que después irán desarrollándose en las demás obras, son principalmente la lucha de un hombre justo contra un entorno hostil. Y el amor con una mujer que comparte sus valores. Pero más importante todavía es la fe razonable en el triunfo del bien sobre el mal; con esa eclosión del espíritu libre que contempla las recompensas del haber obrado rectamente.


Las principales novelas

En 1932 volvió a ponerse manos a la obra con Los que vivimos, pero de nuevo interrumpió esta tarea para escribir un guión. Esta vez se trató de La noche del 16 de enero, que se estrenó primero en Hollywood en 1934 y más tarde en Broadway. Finalmente, a finales de 1933, se publicó Los que vivimos. Una década después, sirvió de guión para dos películas italianas: Noi vivimi y Addio Kira.

En 1935 empezó a escribir El manantial pero, como con su primera novela, interrumpió la empresa varias veces para componer obras menores.

Entre ellas, destaca la que apareció en 1938, ¡Vivir!, un cuento breve sobre los efectos terribles del colectivismo sobre el espíritu humano. El protagonista se inmuniza contra el letargo de unos hombres que no se atreven a pensar por sí mismos y que, por lo tanto, conforman una sociedad en la que el progreso y la felicidad triunfal son completamente desconocidos mientras la más brutal sumisión al caudillo es rutina.

Al a√Īo siguiente, en 1939, escribi√≥ una adaptaci√≥n de Los que vivimos, que se estren√≥ en Broadway bajo el t√≠tulo The Unconquered (El inconquistado) y Think Twice (Piensa dos veces), que jam√°s lleg√≥ a estrenarse.

Durante la Segunda Guerra Mundial, en 1943, se public√≥ El manantial. Y tres a√Īos despu√©s Warner Brothers la llev√≥ a la gran pantalla con Gary Cooper en el papel de Howard Roark, el arquitecto innovador que se niega a rendir su obra a los bur√≥cratas. Su rival es Ellsworth Toohey, el arquetipo del par√°sito que no soporta contemplar el √©xito de los dem√°s pero cuyos frutos reclama para s√≠ en nombre de la sociedad. Entremedio hay una serie de personajes, principalmente el mediocre arquitecto Peter Keating, el editor populista Gayl Winnand y la bella Dominique Fran√ßon que se debaten entre el bando de los creadores y el de los aprovechados.

A principios de enero de 1945, Rand comenz√≥ a escribir una novela a la que titul√≥ The Strike (La huelga), en la que narraba la lucha de unos empresarios contra la sovietizaci√≥n de la sociedad americana. Su intenci√≥n era describir el mismo duelo entre el genio creador independiente y el par√°sito que se esconde detr√°s de las faldas de la turba para hacerse con lo que √©l jam√°s se esforz√≥ por crear. Aunque si bien el segundo se nutre del primero, no se da a la inversa; as√≠ que la autora plante√≥ la situaci√≥n de un creador que se declara en huelga. Y el p√°nico del par√°sito que se queda sin su odiada v√≠ctima. Sin embargo, en esta ocasi√≥n no iba a tratarse de un cara a cara entre dos hombres sino de un choque a nivel mundial que trazar√≠a las l√≠neas de batalla a lo ancho de toda la sociedad. Si El manantial se centraba en el creador para glorificarlo en su b√ļsqueda de la prosperidad a pesar de los par√°sitos, The Strike ten√≠a que centrarse en las consecuencias a las que ha de enfrentarse una sociedad que se traga el credo del parasitismo. Seg√ļn las propias notas que escribi√≥ cuando estaba empezando a trabajar en esta obra:

En El manantial no mostr√© cu√°n desesperadamente el mundo necesita a Roark; excepto por implicaci√≥n. Lo que s√≠ ense√Ī√© fue cu√°n viciosamente el mundo le trata y por qu√©. Mostr√© principalmente lo que √©l es. Era la historia de Roark. √Čsta ha de ser la historia del mundo; en relaci√≥n con sus principales motores. (Casi una historia de un cuerpo en relaci√≥n con su coraz√≥n; un cuerpo muriendo de anemia). [Las cursivas son de Rand]

Once a√Īos despu√©s de empezar a trabajar en este gran proyecto, acept√≥ un t√≠tulo diferente que su marido le sugiri√≥. Se public√≥ en 1957 en Estados Unidos como Atlas Shrugged (literalmente: ‚ÄúAtlas se encogi√≥ de hombros‚ÄĚ, pero en los pa√≠ses de habla hispana se public√≥ como ‚ÄúLa rebeli√≥n de Atlas‚ÄĚ).

Despu√©s de La rebeli√≥n de Atlas, Rand juguete√≥ con la posibilidad de escribir una nueva novela larga pero sin la densidad filos√≥fica de aquella. Quer√≠a volver al esp√≠ritu colorido y vital de aquellos guiones que escribi√≥ en los locos a√Īos veinte, al estilo de la colorista y enamoradiza Good Copy. Deb√≠a tratarse de una glorificaci√≥n de la felicidad triunfal, algo fresco y estimulante como la Sinfon√≠a de Halley que se menciona en La rebeli√≥n de Atlas o la Canci√≥n de las Luces Danzarinas de Red Pawn. Lleg√≥ a ponerle nombre al protagonista, Faustin Donnegal, pero nunca la concluy√≥.
En 1962 escribió la introducción a la traducción que hizo Lowell Bair de El noventa y tres de Victor Hugo, su autor preferido :

La distancia entre su mundo y el nuestro es sorprendentemente corta (muri√≥ en 1885), pero la distancia que separa su universo del nuestro ha de medirse en a√Īos luz est√©ticos [...] No digas que las acciones de estos gigantes son ‚Äúimposibles‚ÄĚ pues son heroicas, nobles, inteligentes y hermosas. Recuerda que lo cobarde, lo depravado, lo descerebrado y lo feo no son todo lo que le es posible ser al hombre [...] Descubr√≠ a Victor Hugo cuando ten√≠a trece a√Īos, en la sofocante y s√≥rdida fealdad de la Uni√≥n Sovi√©tica. Uno tendr√≠a que haber vivido en alg√ļn planeta pestilente para comprender plenamente lo que sus novelas, y su radiante universo, significaron para m√≠ entonces y significan ahora. Y el que est√© escribiendo una introducci√≥n a una de sus novelas para presentarla al p√ļblico americano tiene, para m√≠, un aire al tipo de drama que √©l habr√≠a aprobado y entendido. √Čl hizo posible que yo est√© aqu√≠ y que sea una escritora. [Las cursivas son de Rand]

Aparece el objetivismo

Al cerrar la etapa novelesca, Rand se centr√≥ en los ensayos filos√≥ficos. S√≥lo un lustro despu√©s de La rebeli√≥n de Atlas, apareci√≥ el primer n√ļmero de la revista The Objectivist Newsletter. As√≠ empez√≥ a divulgar su particular manera de entender el mundo, el objetivismo, abarcando desde cuestiones epistemol√≥gicas hasta cr√≠ticas de arte pasando por la teor√≠a pol√≠tica y el comentario social. La revista, bajo diversos nombres, sigui√≥ public√°ndose hasta 1976 . Todos sus libros de no ficci√≥n se publicaron en ese mismo periodo, excepto Philosophy: Who Needs It, que no vio la luz hasta 1982.

La elecci√≥n de la palabra ‚Äúobjetivismo‚ÄĚ ha creado alguna confusi√≥n pues si bien Rand defendi√≥ el laissez-faire en t√©rminos inequ√≠vocos, los principales defensores de este sistema econ√≥mico han destacado por abogar la llamada teor√≠a del valor subjetivo por lo que se les suele llamar ‚Äúsubjetivistas‚ÄĚ. Hasta qu√© punto son incompatibles?

El subjetivismo, dentro de la teoría económica, viene a decir que el valor de un determinado bien no depende exclusivamente de las características del objeto en sí, sino también, e incluso principalmente, de las del sujeto que lo valora. Por ejemplo, uno no valora igual un mismo vaso de agua cuando está sediento que cuando está saciado.

El objetivismo al que se refería Rand consiste en poner el énfasis en que la realidad es independiente de los caprichos del sujeto, esto es, por mucho que me fastidie que esté lloviendo, ese asco no altera la situación meteorológica.

Por lo tanto, la compatibilidad es posible, al menos hasta cierto punto, entre, digamos, el subjetivismo de Ludwig von Mises y el objetivismo de Ayn Rand. Prueba de ello es la obra de George Reisman, que fue discípulo de ambos y es autor del tratado de teoría económica que lleva el explícito título Capitalism.



El desarrollo del objetivismo

En una ocasión le preguntaron que definiera el objetivismo en pocas palabras y respondió:

Metafísica: Realidad objetiva.
Epistemología: Razón.
√Čtica: Inter√©s propio.
Política: Capitalismo.
Los primeros dos puntos se refieren a lo que ya he esbozado: que la realidad es la que es. A es A. No sólo existe una realidad en este universo (punto primero) sino que ésta es discernible (punto segundo). No vivimos en un infierno caótico. Tampoco vivimos en una magma de confusión del que sólo puedan salvarnos las élites intelectuales platónicas con sus conexiones sobrenaturales. Nada de una verdad reservada a los elegidos. Si Victor Hugo fue su inspiración estética, Aristóteles fue la filosófica.

Este racionalismo a ultranza era incompatible con cualquier forma de misticismo o sentimiento religioso. Pero Rand lo llevó hasta el extremo de desechar todas y cada una de las religiones como dogmas totalmente erróneos y viciados de origen. Si bien es innegable que todas las religiones, como todos los hombres, han cometido errores y que la teología está plagada por necesidad de elementos incompatibles con la razón, ello no quita que exista en el sentimiento religioso un anhelo de bondad. Es más, en el caso de la tradición judeocristiana de su amado Occidente, es difícil no considerar la humanización de Dios como, en cierta medida, una divinización del hombre; la exaltación de la felicidad triunfal del hombre creador. Pero el objetivismo, léase Rand, prefirió considerar que si algo bueno había tenido la iglesia en Occidente se lo debía a la filosofía secular.

Pero, volviendo a los dos puntos de partida, esa racionalidad, esa capacidad de entender el mundo no es automática. Requiere un esfuerzo, es un acto volitivo. Rand se refirió a la tentación tan frecuente de no querer enfrentarse a la realidad. La traición de preferir no saber algo pues podría ser demasiado desagradable, la tentación de desear caprichosamente y sentarse a esperar a que suene la flauta. Como el que no hace una pregunta al cónyuge para así no tener la certeza de un desamor. O como el que apretando una tecla espera que un aparato obedezca sus deseos, independientemente de la función de esa tecla en concreto.

Por lo tanto, el √©xito depende de cada uno, ese es el tercer punto: el propio inter√©s. El objetivismo rechaza la noci√≥n de que debamos ayudar a los dem√°s siempre y en todo lugar antes que a nosotros mismos. Las necesidades de los dem√°s no pueden representar una hipoteca sobre la felicidad de uno. Esa ser√≠a una cuenta imposible de saldar. La m√°xima comunista del ‚Äúa cada cual seg√ļn sus necesidades, de cada cual seg√ļn sus posibilidades‚ÄĚ condena a cada ser apto al agujero negro de deslomarse sacrificando todo su ser en el altar colectivo a cambio de nada. No hay nada de √©tico en la crueldad de aceptar culpas inmerecidas. Si no te ayudas primero a ti mismo, de poco valdr√°s a los dem√°s.

Y de ahí, Rand pasa al cuarto punto, el derecho a la propiedad privada, basándose en el principio de autoposesión:

El hombre ha de trabajar y producir para poder sustentar su vida. Ha de sustentar su vida mediante su propio esfuerzo y su propia mente. Si no puede disponer del producto de su esfuerzo, no puede disponer de su esfuerzo; Si no puede disponer de su esfuerzo, no puede disponer de su vida. Sin los derechos de propiedad, ning√ļn otro derecho puede practicarse .

Estos cuatro puntos fueron desarrollados extensamente en la revista que he citado antes y en una serie de libros. Los dos primeros aparecieron en 1963 con la intención de combatir el embiste izquierdista, fueron For The New Intellectual (En pos del nuevo intelectual) y The New Left: The Anti-Industrial Revolution (La nueva izquierda: la revolución anti-industrial).

Al a√Īo siguiente apareci√≥ The Virtue of Selfishness (La virtud del egoismo). Como en el caso del objetivismo-subjetivismo, cabe aclarar a qu√© se refer√≠a exactamente Rand cuando defend√≠a el ego√≠smo y atacaba el altruismo.

Ella se ci√Ī√≥ a la palabra inglesa ‚Äúselfishness‚ÄĚ, que se refiere a la atenci√≥n hacia los propios intereses. Consider√≥, por el contrario, que el altruismo consiste en considerar buena toda acci√≥n cuyo beneficiario sea distinto al que la emprende. Es decir, por altruismo ella entend√≠a, en realidad, esa monstruosidad de reclamar la atenci√≥n y el esfuerzo de los dem√°s como un privilegio propio. O, dicho de otra forma, la repulsa a cualquier tipo de acto beneficioso para uno mismo; el negarle a uno del derecho de vivir su propia vida. En suma, la total sumisi√≥n del individuo a la muchedumbre. Aclarado esto, no puede resultar tan sorprendente que considerara el altruismo una ‚Äúapabullante inmoralidad‚ÄĚ.

En 1966 se publicó Capitalism: The Unknown Ideal (Capitalismo, el ideal desconocido), una recopilación de artículos en defensa de la libertad económica. Como en otras ocasiones, algunos de los artículos eran de colaboradores. Así, por ejemplo, Alan Greenspan, actual jefe de la Reserva Federal americana, escribió un notable artículo en defensa del patrón oro y otro criticando las leyes antimonopolio. Nathaniel Branden escribió sobre cuestiones relacionadas con la psicología y, en especial, sobre su tema predilecto: la autoestima.

Tres a√Īos despu√©s, en The Romantic Manifiesto expuso sus ideas est√©ticas en la que se incluy√≥, entre otros escritos, la mencionada introducci√≥n al Noventa y tres.

Un mundo que iba mal

Cuando la chapuza monumental de la Guerra del Vietnam, Rand escribi√≥ sobre el tema en uno t√©rminos que, como de costumbre, no encajaban ni con los Republicanos ni con los Dem√≥cratas. Como con los individuos, Rand consideraba que era una aberraci√≥n exigir el sacrificio de un pa√≠s para sacarle las casta√Īas del fuego a otro. Peor todav√≠a, era una cruel hipocres√≠a derramar sangre americana en las junglas lejanas en nombre de la libertad cuando los Estados Unidos se estaban desplomando por el precipicio de la dictadura socialdem√≥crata hacia el abismo rojo. Como cuando en Vietnam la Fuerza A√©rea no pod√≠a bombardear los santuarios del enemigo por orden presidencial o cuando tras el 11 de Septiembre se piden cuentas al s√°trapa de Irak pero no al de la monarqu√≠a wahabista que financia y jalea el terrorismo.

Y así, lamentablemente, como seguimos viendo hoy, el aberrante ideal de sacrificarse por los demás a cambio de nada bueno sigue guiando la política exterior de Washington.

La pol√≠tica exterior americana es tan grotescamente irracional que la mayor√≠a de la gente piensa que debe de tener alg√ļn motivo sensato. La magnitud de la irracionalidad act√ļa como su propia protecci√≥n: como en la t√©cnica de la ‚ÄúGran Mentira‚ÄĚ, la gente asume que un mal tan grande no podr√≠a ser tan malvado como parece y, por lo tanto, alguien debe de entender su significado, aunque a ellos se les escape.


El grupo cerrado

Pero, con el paso de los a√Īos, el grupo de objetivistas fue cerr√°ndose sobre s√≠ mismo. Y el control de Rand era total. Triste contradicci√≥n de la que tan vehementemente hab√≠a defendido la independencia de cada individuo. Pero buscando a personas que coincidieran al m√°ximo con sus propias ideas se aisl√≥, priv√°ndose de la capacidad para contrastar y batirse con sus rivales.

Dicen las malas lenguas que en una ocasión Alan Greenspan llegó a besar literalmente los pies de la maestra. Pero eso no es nada en comparación con lo que se dice de la relación de Rand con Branden. Hoy es conocido que los dos mantuvieron relaciones íntimas con el consentimiento de sus respectivos cónyuges pero, previsiblemente, a pesar de tan generosa aprobación, la cosa acabó con un sonado desplante.

No fue este el √ļnico trapo sucio que sali√≥ de la ‚Äúsecta‚ÄĚ objetivista, como algunos la llamaron. Murray Rothbard fue un miembro destacado del seminario de Rand e hizo esfuerzos por acercar a √©sta y a su mentor, Ludwig von Mises. Estos esfuerzos se fueron a pique cuando el joven economista fue expulsado del grupo de Rand. Se dice que el detonante fue la negativa de Rand de dar su visto bueno al matrimonio de Rothbard con una persona que manten√≠a creencias religiosas. Justamente decepcionado pero manteniendo su humor, Rothbard escribi√≥ una breve obra teatral mof√°ndose de Rand y su forma claustrof√≥bica de acaudillar su movimiento objetivista.



La di√°spora

Cuando Rand muri√≥ en 1982, leg√≥ el control del grupo objetivista a Leonard Peikoff. Peikoff no s√≥lo se encastill√≥ en el ateismo militante sino que ha llegado a abogar por una pol√≠tica exterior americana de intervencionismo galopante. Si a Rand la hab√≠an llamado sectaria, a Peikoff llegaron a colgarle el sanbenito de ‚Äėestalinista‚Äô. Lo cual ha tendio, de hecho, un efecto muy saludable: los seguidores de Rand se dispersaron en una multitud de grupos que reinterpretaron a la escritora, al margen del objetivismo oficial de Peikoff.

Ha habido, como he comentado, autores que han compaginado las visiones de Rand con las de la Escuela Austríaca. Ha habido quien ha matizado la cuestión del ateismo y quien ha reconsiderado la epistemología randiana.

Han aparecido, incluso, cierto grupo de homosexuales, principalmente en Nueva Zelanda, defendiendo su estilo de vida bas√°ndose en el objetivismo, a pesar de que la propia Rand dijo bien a las claras que eso le resultaba repugnante.

Otros, han llevado las premisas iniciales de Rand en materia pol√≠tica hasta sus √ļltimas consecuencias y, m√°s all√° del minarquismo que ella defendi√≥, han abogado por el anarcocapitalismo.

En definitiva, Rand ha entrado a formar parte de las referencias obligadas en el pensamiento liberal y su influencia, combinada con la de otros, sigue surtiendo su efecto. /Gentileza de A.Mascaró R.
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Antonio Mu√Īoz Ballesta



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MensajePublicado: Mar Mar 01, 2005 4:58 pm    TŪtulo del mensaje: Responder citando

Reisman y Gustavo Bueno coinciden en negar las ideologías tipo Zerzan.
La naturaleza real de la civilización industrial
Antes de considerar las afirmaciones concretas que hacen los movimientos ecologistas referidas a los supuestos peligros del progreso económico, es necesario reconocer la enorme contribución que el motor esencial del progreso económico, esto es, la civilización industrial, ha aportado a la vida y el bienestar humanos desde su nacimiento hace más de dos siglos, en la Revolución Industrial.

La civilizaci√≥n industrial ha incrementado dr√°sticamente la esperanza de vida: desde cerca de treinta a√Īos a mediados del siglo dieciocho a unos setenta y cinco hoy d√≠a. En el siglo veinte, en Estados Unidos, la esperanza de vida se ha incrementado de unos cuarenta y seis a√Īos en 1900 a los actuales setenta y cinco. La enorme contribuci√≥n de la civilizaci√≥n industrial a la vida humana se muestra a√ļn mejor en el hecho de que el reci√©n nacido estadounidense medio tiene una mayor posibilidad de vivir setenta y cinco a√Īos que la que tiene de vivir cinco a√Īos el reci√©n nacido medio de una sociedad no industrial. Estos maravillosos resultados se han logrado por una oferta siempre creciente de comida, ropa, refugio, cuidados m√©dicos y todas las ventajas de la vida y una progresiva reducci√≥n en la fatiga y agotamiento humanos. Todo ello ha tenido lugar sobre una base de ciencia, tecnolog√≠a y capitalismo, que ha hecho posible un continuo desarrollo e introducci√≥n de productos nuevos y mejorados y m√©todos de producci√≥n m√°s eficientes.

En los √ļltimos dos siglos, la lealtad a los valores de la ciencia, la tecnolog√≠a y el capitalismo ha permitido al hombre de los pa√≠ses industrializados del mundo occidental poner fin a hambrunas y plagas, y eliminar las antes temibles enfermedades del c√≥lera, difteria, viruela, tuberculosis y fiebres tifoideas, entre otras. Las hambrunas han terminado porque la civilizaci√≥n industrial ha producido la mayor abundancia y variedad de alimentos en la historia del mundo y ha creado los sistemas de transporte y almacenamiento necesarios para ofrec√©rselos a todos. Esta misma civilizaci√≥n industrial ha producido la mayor abundancia de ropa y calzado y de alojamientos de la historia del mundo. Y aunque algunas personas en los pa√≠ses industrializados pueden pasar hambre o no tener un hogar (casi siempre como consecuencia de las destructivas pol√≠ticas gubernamentales), lo cierto es que en los pa√≠ses industriales nadie tiene que pasar hambre o no tener d√≥nde alojarse.<!--[if !supportFootnotes]-->[1]<!--[endif]--> La civilizaci√≥n industrial tambi√©n ha fabricado las tuber√≠as de hierro y acero, los sistemas de bombeo y purificaci√≥n y las calderas, que permiten a todo el mundo tener acceso inmediato a agua potable, caliente o fr√≠a, cada minuto del d√≠a. Ha fabricado los sistemas de alcantarillado y los autom√≥viles que han eliminado los desechos humanos y animales en las calles de las ciudades y pueblos. Ha fabricado las vacunas, anest√©sicos, antibi√≥ticos y dem√°s ‚Äúdrogas milagrosas‚ÄĚ de los tiempos modernos, junto con todo tipo de nuevos y mejores equipos de diagn√≥stico y cirug√≠a. Han sido esas mejoras en las bases de la salud p√ļblica, junto con la mejor nutrici√≥n, vestido y alojamiento, las que han acabado con las plagas y reducido dr√°sticamente la incidencia de casi todos los tipos de enfermedad.

Como consecuencia de la civilizaci√≥n industrial, no s√≥lo sobreviven miles de millones de personas m√°s, sino que en los pa√≠ses m√°s desarrollados lo hacen a un nivel que excede con mucho el de los reyes y emperadores de toda la historia anterior‚ÄĒa un nivel que hace pocas generaciones habr√≠a sido considerado posible s√≥lo en el mundo de la ciencia ficci√≥n. Girando una llave, apretando un pedal y moviendo un volante, se transportan por autopistas en asombrosas m√°quinas a sesenta millas por hora. Pulsando un interruptor, iluminan una habitaci√≥n en medio de la oscuridad. Tocando un bot√≥n, ven sucesos que tiene lugar diez mil millas m√°s all√°. Pulsando otros botones, hablan con otras personas al otro extremo del pueblo o del mundo. Incluso vuelan por el aire a seiscientas millas por hora, a cuarenta mil pies, viendo a la vez pel√≠culas y saboreando martinis al confort del aire acondicionado. En Estados Unidos, la mayor√≠a puede tener todo esto, y casas y pisos espaciosos, enmoquetados y completamente amueblados, con fontaner√≠a, calefacci√≥n central, aire acondicionado, neveras, congeladores y radiadores el√©ctricos y de gas, as√≠ como librer√≠as personales de cientos de libros, discos, CDs y casetes, pueden tener todo esto junto a una vida larga y buena salud‚ÄĒcomo consecuencia de trabajar cuarenta horas a la semana.

La consecución de este maravilloso estado de cosas se ha hecho posible por la utilización de equipos y maquinaria cada vez mejores, lo que suele ser el objetivo principal de progreso científico y tecnológico. La utilización de estos equipos y maquinaria cada vez mejores es lo que permite a los seres humanos conseguir siempre mejores resultados con la aplicación cada vez menos esfuerzo muscular.

Ahora bien, inseparablemente ligado al uso de equipos y maquinaria cada vez mejores ha estado el incremento en la utilizaci√≥n de energ√≠a artificial, que es la caracter√≠stica que distingue a la civilizaci√≥n industrial y a la Revoluci√≥n Industrial que constituye su inicio. A los relativamente d√©biles m√ļsculos de los animales dom√©sticos y los todav√≠a m√°s d√©biles de los seres humanos, y a las relativamente peque√Īas cantidades de energ√≠a disponibles en la naturaleza en forma de viento y ca√≠das de agua, la civilizaci√≥n industrial ha a√Īadido la energ√≠a artificial. Primero lo hizo en forma de vapor generado por la combusti√≥n de carb√≥n y despu√©s como combusti√≥n interna de petr√≥leo y energ√≠a el√©ctrica basada en combustibles f√≥siles o energ√≠a at√≥mica.

Esta energ√≠a artificial y la que se deriva de su uso es igualmente esencial para todas las mejoras econ√≥micas conseguidas durante los √ļltimos doscientos a√Īos. Es lo que nos permite utilizar la maquinaria y equipos mejorados y es indispensable para nuestra capacidad de producir las propias m√°quinas y equipos. Su utilizaci√≥n es lo que nos permite a los seres humanos conseguir con nuestros brazos y manos, simplemente pulsando botones o moviendo palancas, los asombrosos resultados productivos que llevamos a cabo. A las d√©biles energ√≠as de nuestros brazos y manos se a√Īade el enormemente mayor poder que nos da la energ√≠a en forma de vapor, combusti√≥n interna, electricidad o radiaci√≥n. De esta manera, el uso de la energ√≠a, la productividad del trabajo y el nivel de vida se relacionan inseparablemente, de forma que los dos √ļltimos dependen completamente del primero.

Por tanto, no es sorprendente, por ejemplo, que los Estados Unidos disfruten de los m√°s altos niveles de vida del mundo. Esto es consecuencia directa del hecho de que los Estados Unidos tienen el √≠ndice m√°s alto del mundo de consumo de energ√≠a per capita. Estados Unidos, m√°s que cualquier otro pa√≠s, es donde seres humanos inteligentes han confiado en la maquinaria mecanizada para que ofrezca resultados en su favor. Todo incremento sustancial posterior en la productividad del trabajo y el nivel de vida, tanto aqu√≠ en Estados Unidos como en todo el mundo, depender√° igualmente de la energ√≠a artificial y el consiguiente incremento en su uso. Nuestra capacidad de hacer m√°s y m√°s cosas con la misma y limitada energ√≠a muscular de nuestros miembros depender√° completamente de nuestra capacidad de aumentarla con la ayuda de a√ļn m√°s energ√≠a de ese tipo.

Se comprenden tan poco estos hechos elementales que se ha puesto de moda un concepto pervertido de la eficiencia econ√≥mica, un concepto cuyo significado real es precisamente el contrario al de la eficiencia econ√≥mica. La eficiencia econ√≥mica se centra en la capacidad de los seres humanos para reducir la cantidad de trabajo que se necesita emplear por unidad de producto y por tanto para ser capaz de producir m√°s y m√°s empleando la misma o menos cantidad de trabajo. Por supuesto, esto requiere un uso creciente de energ√≠a, tal como acabo de explicar. Sin embargo en la pr√°ctica hoy en d√≠a cada vez m√°s se ve la eficiencia econ√≥mica centr√°ndose cu√°nta menos energ√≠a puede consumirse por unidad de producto, lo que, evidentemente, implica necesariamente una necesidad de incrementar el trabajo humano por unidad de producto. Por ejemplo, un art√≠culo de primera p√°gina del New York Times, del 9 de febrero de 1991 titulaba ‚ÄúEl Plan Energ√©tico de Bush hace √©nfasis en los incrementos en la producci√≥n en lugar de en la eficiencia‚ÄĚ (Bush‚Äôs Energy Plan Emphasizes Gains in Output over Efficiency). Aunque el t√≠tulo parece referirse espec√≠ficamente a la producci√≥n de energ√≠a, la postura real del art√≠culo reduce al absurdo lo que sugiere el t√≠tulo, esto es, que los incrementos en la producci√≥n global de bienes fabricados con la misma cantidad de trabajo humano contradicen a la eficiencia, porque cualquier incremento de ese tipo requiere una mayor producci√≥n y uso de energ√≠a per capita, a lo que el articulo califica de ineficiente. En la misma l√≠nea, un titular posterior en el mismo peri√≥dico dec√≠a ‚ÄúMalas noticias: El combustible est√° barato‚ÄĚ (Bad News: Fuel Is Cheap).La argumentaci√≥n posterior aclarar√° que la perversi√≥n del concepto de eficiencia es filos√≥ficamente consistente con los valores fundamentales del movimiento ecologista.

No s√≥lo el movimiento ecologista o medioambientalista responde a los magn√≠ficos logros de la civilizaci√≥n industrial con la sensibilidad propia de un tronco seco, sino que virtualmente en todos sus aspectos representa un ataque a la civilizaci√≥n industrial, a los valores de la ciencia, la tecnolog√≠a y el capitalismo sobre los que descansa la civilizaci√≥n y a sus frutos materiales, del aire acondicionado y los autom√≥viles a los aparatos de televisi√≥n y las m√°quinas de rayos X. El movimiento ecologista es, como acertadamente lo calific√≥ Ayn Rand, ‚Äúla Revoluci√≥n Anti-IndustrialConsecuentemente con lo que dije anteriormente en relaci√≥n con los valores del capitalismo, nada de lo precedente dice que la vida en el mundo moderno no tenga serios problemas, especialmente en muchas de las grandes ciudades actualesSin embargo hay que decir que los problemas no son consecuencia del progreso econ√≥mico, el capitalismo, la tecnolog√≠a, la ciencia o la raz√≥n humana. Por el contrario, son precisamente consecuencia de la ausencia de estos valores. La soluci√≥n a todos los problemas, del crimen al desempleo, es una combinaci√≥n de uno o m√°s de estos atributos esenciales de la civilizaci√≥n industrial. As√≠ por ejemplo, si el control de las rentas inmobiliarias destruye la calidad de los alojamientos en las ciudades, si la legislaci√≥n del salario m√≠nimo y a favor de los sindicatos causa desempleo, si la inflaci√≥n y los impuestos confiscatorios causan p√©rdidas en el capital y decrecimiento econ√≥mico, si la aceptaci√≥n de la doctrina del determinismo impide el castigo a los criminales‚ÄĒsobre la base de que eso no les ayuda‚ÄĒy aumentan los √≠ndices de criminalidad, si la gente est√° enferma y busca salud, si son pobres y quieren ser m√°s ricos, la soluci√≥n no es destruir la civilizaci√≥n industrial. La soluci√≥n es m√°s de aquello sobre lo que descansa la civilizaci√≥n industrial. Es la libertad econ√≥mica‚ÄĒel capitalismo. Es el reconocimiento del poder de la raz√≥n y por tanto el poder del individuo para mejorar. Y es la ciencia, la tecnolog√≠a y el progreso econ√≥mico./Gentileza de Mariano Bas/
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Martín González Martínez



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MensajePublicado: Mie Mar 02, 2005 11:21 am    TŪtulo del mensaje: Responder citando

Qu√© fuerte, amigos. Casi podr√≠a inferirse que la moda zapateril de los molinos e√≥licos y dem√°s caharrer√≠a alternativa, y la paralizaci√≥n de proyectos de producci√≥n de energ√≠a el√©ctrica por fisi√≥n nuclear... ¬°resulta que est√°n favoreciendo la desaparici√≥n de la capa de ozono, la deforestaci√≥n del Amazonas, el cacareado calentamiento global que hace que √©sta ma√Īana me haya levantado m√°s helao que los pies de Cristo!

De hecho, ¬Ņno ser√≠a "anti-medioambiental", incluso, la financiaci√≥n con dinero p√ļblico de esos monstruosos proyectos de producci√≥n de electricidad por fusi√≥n? ¬ŅNo habr√≠a que aguardar a que la fusi√≥n nuclear se desarrolle solita y tranquilita y en manos privadas, aunque nosotros no lo veamos y/o inauguremos con cinta y fot√≥grafos?

Saludos medioambientales.
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Martín González Martínez



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MensajePublicado: Jue Jun 30, 2005 2:57 pm    TŪtulo del mensaje: Arranca la org√≠a presupuestaria del ITER Responder citando

Parece ser que ya est√° todo apalabrao, ser√° el gobierno franc√©s, que como todo el mundo sabe se halla en una situaci√≥n √≥ptima para embarcarse en experimentos mastod√≥nticos a cuenta del erario, el principal encargado de llevar adelante la construcci√≥n del engendro. Aproximadamente la mitad de diez mil millones de euros en treinta a√Īos, y una legi√≥n de pol√≠ticos listos y arremangados para chapotear en el tsunami de dinero p√ļblico que se acerca.

Los ecologistas mascan ajenjo, mientras tanto, inquietos ante la posibilidad (remota) de que todo el tinglado acabara efectivamente por dar lugar, hacia la mitad del siglo, a una fuente de energía efectivamente limpia e inagotable. Opino que pueden estar tranquilos, el uso de la energía de fusión, como el de TODAS las demás, conlleva un coste de oportunidad (en su caso, los enormes costes fijos), el cual no se reducirá más rápido gracias a los políticos. Por lo demás, los eco-guais no dejarán de vender su indulgencia a cambio de alguna subpartida, si no al tiempo... Aducen, para justificar sus reniegos, los consabidos plantos al paisaje, consideraciones apocalíptico-estéticas, que vienen a unirse a la cruzada contra el cemento, a favor de la quincalla renovable, y el resto de alternativas verdes. Alternativas que no dejarán tampoco de ser exploradas, a buen seguro, por los políticos verdosamente corruptos, siempre y cuando el contribuyente siga igual de verde, es decir, agradeciendo los estacazos con su voto.

Pero lo m√°s triste de todo, a mi modesto entender, es que los beneficios que reporte el ITER en relaci√≥n sobre todo con el I+D, se nos vender√°n como un √©xito total de sus promotores; cuando en realidad no se tratar√° m√°s que de un fracaso relativo (en relaci√≥n con la oportunidad perdida, a saber, el no haber dejado libre el mecanismo de los incentivos privados en el desarrollo de la industria energ√©tica mundial), y m√°s o menos atenuado por los beneficios extraordinarios, no buscados a priori en el proyecto, que siempre pueden tener lugar, nadie lo niega, en este tipo de joint-ventures p√ļblicas. Recemos pues.
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